GLOSARIO SEIS (47 – 53), por Javier Puig

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Friedrich Nietzsche47.- Mucho tienen que hacer los padres para compensar el hecho de tener hijos. (Friedrich Nietzsche)

¿Es un irresponsable atrevimiento tener hijos? Quienes deciden no tenerlos tal vez no lo hagan por ese egoísmo que se les achaca, sino por miedo, por prudencia o un convencido pesimismo. Los fanáticos de la procreación defienden su sacralidad, el hermoso imperativo de la vida, su indiscutible suceso. Los reacios a propagar sus genes esgrimen la evitación de dolores, la impotencia para educar, para dar forma a un carácter feliz, capaz frente al mundo. Vivir siempre es un riesgo que, si se extiende, se amplifica. Ser padre implica el sentimiento de responsabilidad sobre una vida que, sin embargo, es poco manejable. Producir una vida conlleva la creencia en la sobrevenida obligatoriedad de la existencia, en las oportunidades de emerger del encadenamiento a la debilidad, consintiendo la imposición que cada día se le hace al ser, de luchar cada día para sobrevivirse.

Tener hijos no ha de ser un mal. Es ampliar el ámbito humano susceptible de producir amoroso sufrimiento, una lotería que a veces se impregna del acierto de una dirección benéfica.

48.- La vida sin música sería un error. (Friedrich Nietzsche)

Me causa tanta extrañeza aquel que puede prescindir de la música como me preocupan los que la consideran imprescindible a toda hora, o el que esté infestado todo lugar público de su imposición. Me gusta imaginarme cómo podría sobrevivir un aficionado a la música en los tiempos en que no había transmisiones ni grabaciones, cuando era necesario esperar a la posibilidad de asistir a un concierto para escucharla; cuando, no habiendo oportunidades para su memorización, era también difícil evocarla. La música corriente la popular, como lo es ahora, pero a la fuerza, por existir entonces escasísimas y elitistas alternativas. La música más cercana sería la de las iglesias, aunque casi nunca en sus formas sublimes que ahora conocemos. La música sobrepone de pesadeces, ejercita el sentimiento, eleva el tono vital, nos reconcilia con la realidad. La vida sin música sería más plomiza.

49.- Lo que no me mata, me fortalece. (Friedrich Nietzsche)

Las biografías de quienes mucho han avanzado en sus vidas están repletas del relato de los duros golpes sufridos, de graves hundimientos, de despiadadas adversidades. Su constante es su resarcimiento. Ahí los tenemos, sacando la cabeza siempre, habiendo soltado lastres, felices de saberse capaces de vencer a enemigos tan temibles. No hay golpe permanente si no se lo quiere acoger. Siempre hay periodos que podemos reconocer como nuevos, en los que la fuerza que empleamos para salir del abismo nos puede catapultar hasta acceder a alturas a las que no habíamos osado pretender.

50.- El que no pueda lo que quiera, que quiera lo que pueda. (Ortega y Gasset)

Lo que se quiere es a menudo una abstracción indescifrable. Lo que se tiene, suele ser aquello que nos hemos ganado o nos hemos perdido, a partir de circunstancias generales, ahondando en hábitos, haciéndonos a determinados conformismos. Transcurrido el tiempo, renunciamos a querer; no a todo, sólo a lo inconcebible, a lo que nos alejaría de nuestra seguridad, de ese territorio en el apenas podemos movernos, pero donde nos encontramos salvados de la incierta intemperie. Allí, en aquello que podemos, a veces descubrimos la posibilidad de lo amigo, de construirnos una habitación propia, aunque no nos sea posible cerrar la puerta ni correr los visillos y tengamos que sonreír a lo pasajero. Lo bueno de estar allí es poder abrir los ojos y comprobar la infinitud de lo reductible.

51.- La mayor rémora de la vida es la espera del mañana y la pérdida del día de hoy. (Séneca)

Nos pueden hurtar el día de hoy pero, a menudo, somos nosotros los ladrones de esa posibilidad inmensa. Hay que mirar la inminencia con creatividad, andar por el día, expectantes de nuevas experiencias que hay que invocar con nuestra mente abierta. El día de mañana es una posibilidad aún impracticable, un temor erróneo o una confianza equivocada. El día de hoy es la oportunidad impaciente, un fértil terreno que se nos escurre, al que nos tenemos que acompasar, sin resbalarnos hacia el vacío de las escapatorias.

52.- No hay viento favorable para el que no sabe dónde va. (Séneca)

¿Adónde vamos? Podemos dejarnos llevar por las circunstancias, por las mareas de nuestro ánimo. Cuando uno sabe adónde va, está más alerta, más sensible a aquello que es afín a su viaje. La visión resulta más selectiva, se hace posible recoger lo útil, lo que ayuda a avanzar, a componer una visión enriquecida de la franja del mundo por la que nos abrimos camino, esa incompleta pero fidedigna reproducción de la totalidad que nos acoge o nos conmina.

53.- No hacer el bien es mal muy grande. (Rousseau)

Una afirmación que nos culpa de cada omisión, de cada instante en el que es imaginable nuestra acción benéfica: una exigencia inabordable si se autoimpone, que tal vez desborde el necesario equilibrio con el mundo.

Tener poca conciencia del mal ajeno probablemente sea tan inhumano como tenerla excesiva. También nosotros mismos somos un prójimo a quien atender, formamos parte del mundo. Somos también alguien que necesita descanso, placer, actividad, y sí, también ejercer la generosidad, pero sin estridencias.

EL VIVO MUERTO, por Francisco Gómez

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Sueños de Nadie, El picudo blanco, 2009

Sueños de Nadie, El picudo blanco, 2009

14 de junio del 2025 a las 14.15 minutos de la tarde. Esa sería la fecha y el momento exacto en el cual Luis Delgado Santacruz iba a morir. Le quedaban exactamente 19 años de vida para hacer realidad sus proyectos o hundirse en la angustia de acongojarse con los minutos que se quemaban día tras día, hora tras hora de manera lenta pero inexorable, lo que incrementaba sobremanera su ansiedad vital, su necesidad de quemar la vida a sorbos largos y su miedo interior a que se acercara el fatídico instante.

¿Cómo había llegado a tan extraña pero certera determinación? No podía decirle a nadie que en uno de sus sueños vividos de una manera tangible, un ángel anunciador (o más bien exterminador) le había comunicado esta noticia que para el resto de sus días le sobresaltó el corazón. Dormía plácidamente en su cama cuando una suerte de luz amena se mostró delante de él. “Despierta, Luis, traigo una nueva importante que anunciarte”. Nuestro amigo abrió los ojos, medio cegado por el destello que irradiaba aquel ser a quien la energía que emanaba impedía ver sus facciones. “¿Quién eres? ¿Qué quieres de mí? “Soy tu ángel guardián. Vengo a comunicarte el instante concreto en que cerrarás tus ojos para encontrarte con el Padre”.
¿Cómo, qué? “Esta es una gracia que ningún hombre nacido de mujer ha podido nunca conocer y a ti se te concede esta oportunidad. Para que aproveches el tiempo que te queda por delante y seas muy feliz mientras las partículas de arena precipitan de un vaso comunicante al otro”.
Como pueden suponer, la inesperada noticia no gustó nada a nuestro amigo. El ángel tan pronto lanzo su mensaje se marchó, con un impacto lumínico que cegó a Luis. No hace falta decir que el destinatario de tan extraña novedad ya no pudo dormir en toda la noche, anegado en un mar sudoroso de ansiedad. ¿A quién le gusta saber la fecha exacta de irse al otro barrio?
Luis disponía de una de las llaves que condicionaría su vida hasta el fin. El instante preciso de su fallecimiento. Quizás algún descreído, escéptico, agnóstico o ateo le echara a la cara su incredulidad ante la visita de un ángel, en un mundo donde muchos sólo abogan por la existencia de un universo material y la muerte de Dios. “Grave error”, pensaba Luis. Desde bien joven, nuestro protagonista había percibido la presencia de estos seres que velaban su discurrir vital. La fuerza de los acontecimientos le había forzado a creer en ellos. El momento de la adolescencia cuando un delfín le salvó de morir ahogado en la playa. El accidente de tráfico durante su primera madurez en el lugar aquel donde un coche que no respetó un semáforo les enchufó un golpetazo. Él iba en el asiento del copiloto. Por fortuna (¿o velaba el ángel guardián?), el impacto se produjo en la puerta trasera. Si se hubiera producido en el lugar que ocupaba, hoy estaría muerto y enterrado y esta anunciación no tendría sentido.
Luis estaba convencido que los ángeles vivían entre ellos, sin hacer ruido. Eran tipos discretos, astutos y bondadosos que pasaban por la vida de los hombres sin llamar la atención, pero prestos al quite en las adversidades humanas. Sin embargo, aquella presencia de ángel que postula su finitud, le sumió en un primer desasosiego.
Moriría con 60 años. Ni muy viejo, ni ya joven. En una estación intermedia del camino. Quizás cumpliría algunos sueños. Otros no. Trabajaba en un empleo que le gustaba como ingeniero de una empresa eléctrica. Se había casado tardíamente, a la edad de 40 años en el 2005 y aún no tenía hijos. “Me atreveré a tenerlos”, reflexionaba. “Cuando yo muera, ellos tendrían 20 años y no los veré casarse si algún día deciden dar este paso. No veré a mis nietos, si tienen hijos. ¿Mi mujer seguirá viva cuando yo fenezca? ¿Se unirá a otro o será una viuda solitaria? Son tantas las preguntas y el tiempo tan escaso…
Un proyecto que sí llevaría a cabo sería publicar el libro de poemas que escribió en homenaje a Laura, su mujer, su sur, su destino. Él, que era un hombre tímido e introvertido en épocas de apariencias y mercadotecnias varias, empezó a escribirle pequeños poemitas a vuela pluma al comenzar su relación. Y siguió, siguió con esta afición hasta que se casaron y después. Laura no sabía nada. Era su secreto pero ahora tras aquella sorprendente declaración, el sentido de muchas cosas cambiaba notablemente. Publicaría cinco ejemplares de “Cartas a Laura”. Uno para la dueña de sus besos, otro para su hermano Juan y tratar que perdurase (intento vano) su memoria, otro más para él mismo y dos para los hipotéticos hijos que tendría, con el propósito de que la sangre de su sangre supiera cuánto había amado su padre a su madre.
¿Haría realidad ese viaje alrededor del mundo juntos? ¿Para qué embarcarse en la compra de un chalé a pie de playa, si cuando él se fuera la hipoteca quedaría pendiente? ¿Por qué no comprar la Hartley Davidson de sus sueños juveniles y recorrer la piel del país a lomos de la moto más bella? Parar en cualquier sitio, hacer el amor en calas solitarias, reírnos de todo y beber vino y cerveza en tascas y bares de tercera categoría en ciudades desconocidas. Ser felices hasta reventar, besarnos hasta reventar, amarnos hasta reventar. Reinventar la vida otra vez. Ella y yo. Los dos solos. En nuestro rompeolas frente al mundo. ¡Qué bonito vivir y no pensar en nada pues seríamos amos del tiempo que nos queda sin cortapisas!
¿O quizás pondría en práctica el carpe diem horaciano sin limitaciones, a sabiendas que ninguno de los actos irrefrenables que cometiera le llevaría con los pies por delante antes de momento? Fumar sin comedimiento ni mesura todas las cajetillas que le apetecieran pues la trágica dama no echaría su aliento hasta la fecha determinada, beber como un cosaco del Volga todos los potingues que le agradaran o no, probar las drogas tradicionales y las sintéticas y explorar mundos interiores hacia la autodestrucción, acostarse con mujeres sin pausa o medida, participar en orgías multitudinarias en sesiones maratonianas de sexo entusiástico y follar hasta reventar sin amor. Pero luego pensaba qué mejor manera de vivir el tiempo que le quedara sino estar al lado de la mujer que amaba, junto a Laura, para explorar nuevos caminos del amor y el conocimiento mutuo.
Porque el ángel no le había dicho de qué suerte iba a morir y esta inquietud le desazonaba. Si se rendía a los excesos y a los placeres, corría el riesgo de caer bajo los efectos de alguna maldita enfermedad que mermara sus capacidades físicas y esta posibilidad no le agradaba en absoluto. No estiraría la pata hasta la fecha prefijada pero se encontraría limitado para satisfacer otros anhelos que su alma ansiaba antes de recorrer el vuelo infinito. El ideal de James Dean, de morir joven, rápido y bello no se cumpliría en su caso. Era posible que el fantasma de la enfermedad no amenazara su casa y no sucumbiera a las veleidades de un cáncer, una afección cardiovascular o un ictus. Quizás pereciera a manos de una muerte violenta: un accidente de tráfico, de avión, un atraco donde resultara tiroteado, aplastado por una masa histérica que huyera de un gran susto…o quién sabe si su ángel guardián le anunció la fecha del inicio de la Tercera Guerra Mundial con el masivo aniquilamiento de la especie humana sobre la faz de la tierra.
En estas estaba y pasaron los días y los meses y los años. Trató de serenarse y pensar lo menos posible en su tiempo tasado. Decidió transcurrir una vida llena de felicidades pequeñas. Estar con Laura, amarla locamente todos y cada uno de los días, con el hecho cierto de que cada amanecer le daba un beso nuevo a la vida. Tener hijos con ella, verlos nacer, crecer, sus primeros pasos, la ilusión de sus rostros con los Reyes Magos. Luis sabía que moría cada año pero con Laura y sus hijos se sentía vivo extremadamente y aquella era una muerte gozosa pues estaba amando.
Pasaron los días y los meses y los años y el calendario acarició el 13 de junio del 2025. Nuestro protagonista estaba inquieto aquella noche, la última de su andar vital, pero al mismo tiempo una extraña serenidad le embargaba. Había vivido como quiso y su existencia estaba marcada por la carta de la felicidad. No necesitaba más y el tiempo se estaba cumpliendo. Cayó en un plácido sueño, quizás el preludio del adiós.
-Hola, Luis. Soy tu ángel guardián. Aquel que te señaló el día y la hora de tu marcha. Siento decirte que he cometido contigo un lamentable error. Ayer revisando las fichas, me di cuenta que a quien debía darle la noticia no era a ti, sino a un hermano llamado Luis Salgado Santacruz y tú eres Delgado con “d”. Lo siento, tú no estás convocado al reino de los elegidos. Disfruta de tus momentos y algún día volveremos a vernos.
    Luis sonrió para adentro. Él ya estaba preparado pero su tren se había escapado. Salió de la estación de Tanatos pues la vida en forma de sonrisa le esperaba a su lado en el lecho. Un beso y una flor a Laura eran la tarjeta de embarque a nuevos destinos.
  
(del libro “Sueños de nadie”)

Cuaderno de lecturas 7, José Corredor-Matheos II

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corredor 1JOSÉ CORREDOR-MATHEOS
SIN RUIDO
ED. TUSQUETS-MARGINALES 284, 2013sin ruido

Estos versos que brotan
del silencio
recogen sensaciones
del instante
y otros que creías
olvidados.
Así vas aprendiendo
a conocer
el gozo y el dolor
de que está hecho,
con los que, deshaciéndote,
te haces.

pág 13

a María Rubio

Bienvenida la lluvia,
que viene a devolverte
esta clara conciencia
de vivir

pág 43

AHORA, mirad en torno: los grandes estandartes, derribados; la historia hecha pedazos, en los contenedores; los valores, negados; las puertas al misterio, bloqueadas, y la naturaleza devastada.
¿Dónde está la memoria del pasado? ¿Dónde la del futuro? ¿Hay alguien que recuerde una canción?

pág 85


sabiendo que no somos
sino un brillo instantáneo
que puede hacerse eterno

pág 105

a Carl Theodor Dreyer
por Orden (La palabra)


Qué gran esfuerzo, en cambio,
es para todos
nosotros el vivir;
resucitar
de nuevo a cada instante.

pág 107

Si el poema se oculta
en el poema,
¿no será porque quiere
huir de ti?

pág 121


Cuaderno de lecturas 6, José Corredor-Matheos I

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desolacion y vueloJOSÉ CORREDOR-MATHEOS,
DESOLACIÓN Y VUELO
POESÍA REUNIDA (1951-2011)
ED. TUSQUETS, MARGINALES 264, 2011

corredor

Si no quieres morir,
no te importe vivir.
Haz como si creyeras
en la vida,
mas no cuentes a nadie
tu secreto

pág 233

Cuando escribes no piensas
en el blanco papel.
No diriges tu lápiz
o tu pluma,
ni rebuscas tampoco
en la memoria.
Cuando escribes estás
tan solo atento
a la abierta ventana
y aguardas la sorpresa
de un solo gorrión,
para poder decir:
no soy yo quien escribe.

pág 296

No sé si mis palabras
son de paz y consuelo
o de desolación

pág 367

Nada de lo que has sido
permanece.
No tienes ni pasado
ni futuro.
Y hasta el mismo morir
no es muy seguro

pág 369

SOLO, el verso se escribe

pág 422

El poema se oculta
en el poema
igual que la montaña
se oculta en la montaña
y hasya el nombre de Dios
en los nombres de Dios

pág 423


Escribir todo aquello
que puedas escribir,
sin lastimar a nadie
más que a ti
o callar, callar mucho,
no decir lo que sabes,
aunque sea tan poco.

pág 437

La lluvia te ha llenado
los pulmones
de algo que es un dolor
en todo semejante
a la alegría

pág 467

Si te sientes feliz,
no es que seas feliz
o no lo seas,
sino que ya no piensas
si eres feliz o no.

pág 513


Cuaderno de lecturas nº 9

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la utilidad

LA UTILIDAD DE LO INÚTIL

NUCCIO ORDINE

ACANTILADO

Quaderns Crema, S.A.U. 2013.

Primera parte. La útil inutilidad de la Literatura

Y no sin irónica desolación, Flaubert en su Diccionario de lugares comunes define lapoesía como “del todo inútil” porque “está pasada de moda”, y al poeta como “sinónimo de lelo” y “soñador”. De nada parece haber servido el sublime verso final de un poema de Hölderlin en el que se recuerda el papel fundador del poeta : “ Pero lo que permanece lo fundan los poetas”

pág 13

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El saber constituye por sí mismo un obstáculo contra el delirio de omnipotencia del dinero y el utilitarismo. Todo puede comprarse, es cierto. Desde los parlamentarios hasta los juicios, desde el poder hasta el éxito: todo tiene un precio. pero no el conocimiento: el precio que debe pagarse por conocer es de una naturaleza muy distinta. Ni siquiera un cheque en blanco nos permitirá adquirir mecánicamente lo que solo puede ser fruto de un esfuerzo individual y una inagotable pasión. Nadie, en definitiva, podrá realizar en nuestro lugar el fatigoso recorrido que nos permitirá aprender.

pág 15

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Es doloroso ver a los seres humanos, ignorantes de la cada vez mayor desertificación que ahoga el espíritu, entregados exclusivamente a acumular dinero y poder. Es doloroso ver triunfar en las televisiones y los medios nuevas representaciones del éxito, encarnadas en el empresario que consigue crear un imperio a fuerza de estafas o en el político impune que humilla al Parlamento haciendo votar leyes ad personam.

pág 16

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Si no se comprende la utilidad de lo inútil, la inutilidad de lo útil, no se comprende el arte”, ha observado con razón Eugène Ionesco.

pág 16/17

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Los verdaderos poetas saben bien que la poesía solo puede cultivarse lejos del cálculo y la prisa: “Ser artista-confiesa Rainer María Rilke en un pasaje de las Cartas a un joven poet-quiere decir no calcular ni contar: madurar como el árbol, que no apremia a su savia, y se yergue confiado en las tormentas de primavera, sin miedo a que detrás pudiera no venir el verano”. Los versos no se someten a la lógica de la preciptación y lo útil. Al contrario, a veces, como sugiere el Cyrano de Edmund Rostand en las frases finales de la pièce, lo inútil es necesario para hacer que cualquier cosa sea más bella:

¿Qué decís? ¿Qué es inútil? Ya lo daba por hecho,

Pero nadie se bate para sacar provecho.

No, lo noble, lo hermoso es batirse por nada.

“La poesía-nos recuerda una vez más Ionesco-, la necesidad de imaginar, de crear es tan fundamental como lo es respirar. Respirar es vivir y no evadir la vida”.

pág 17

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No tenemos, pues, conciencia de que la literatura y los saberes humanísticos, la cultura y la enseñanza constituyen el líquido amniótico ideal en el que las ideas de democracia, libertad, justicia, laicidad, igualdad, derecho a la crítica, tolerancia, solidaridad, bien común, pueden experimentar un vigoroso desarrollo.

pág 29/30

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Es probable que el acto creativo que da vida a lo que denominamos literatura se base precisamente en esta simplicidad, motivada tan solo por el auténtico gozo y ajena a cualquier aspiración al beneficio. Un acto gratuito, exento de finalidad precisa.

pág 31

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Ovidio sabe bien que de la poesía no se puede extraer ninguna verdadera ventaja:

“Hasta ahora, ninguna de mis obras, aunque las recuerdes todas, me aprovechó y ¡ojalá que no me hubiese perjudicado ninguna! Las Metamorfosis, I, 5, 27-28

Al contrario: tal vez la causa de sus infortunios debe atribuirse precisamente a sus versos.

Pero, a pesar de todo, ante la pregunta por las razones de la escritura,

“ ¿Te preguntas, pues, admirado, por qué escribo?” I, 5, 29

El poeta no duda en responder que permanece ligado a un estudio inútil:

“ Del mismo modo, yo conservo con constancia esta afición inútil” I, 5, 41

Como le sucede al gladiador que, pese a sus heridas, vuelve a combatir o al marinero que, aun habiéndose salvado de un naufragio, no puede evitar hacerse de nuevo al mar.

pág 52

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“Hay dos clases de utilidad , y el sentido de este vocablo nunca es sino relativo. Aquello que es útil para uno no lo es para otro- Usted es zapatero, yo soy poeta. Para mí resulta útil que mi primer verso rime con el segundo. Un diccionario de rimas, por tanto, me beneficia por su gran utilidad. A usted de nada le serviría para echar suelas a un par de viejos zapatos, y es justo decir que una chaira a mí de nada me serviría para hacer una oda. Théophile Gautier. “El Arte por el Arte” (p.28)

pág 59

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“¿Para qué sirve esto? Sirve para ser bello. ¿No es suficiente?: como las flores, como los perfumes, como los pájaros, como todo aquello que el hombre no ha podido desviar y depravar a su servicio. En general, tan pronto como una cosa se vuelve útil deja de ser bella”. Théophlie Gautier. “Albertus” Prefacio (p.II)

pág 61/62

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“El Arte- había confesado en la frase final al Albertus- es lo que mejor consuela de vivir” (p.V)

pág 62

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Hui-zi a Zhuang-zi: “La doctrina de su Merced no es útil para nada.” “Solo cuando se conoce la inutilidad puede comenzarse a hablar de la utilidad” Zhuang-zi Filósofo chino, siglo IV a C.

Por su parte, el japonés Kakuzo Okakura hace remontar al descubrimiento de lo inútil el salto que ha señalado el paso de la feritas a lahumanitas. En su Libro del té (1906)…_

“Al ofrecer a su amada la primera guirnalda, el hombre primitivo se eleva sobre la bestia; saltando sobre las necesidades burdas de la naturaleza, se hace humano; percibiendo la sutil utilidad de lo inútil, entra en el reino del arte”.

Así, en definitiva, la humanidad ha sabido, con un simple gesto, aprovechar la ocasión para volverse más humana.

pág 73

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Y contra toda perspectiva utilitarista, Italo Calvino nos recuerda que los clásicos mismos no se leen porque deban servir para algo: se leen tan solo por el gusto de leerlos, por el placer de de viajar con ellos, animados únicamente por el deseo de conocer y conocernos

pág 75

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Para Emil Cifran, toda forma de elevación presupone lo inútil: “ Una excepción inútil, un modelo al que nadie haga caso- ese es el rango al que debemos aspirar si queremos enaltecernos ante nosotros mismos”.

Pero- pese a ser conscientes de que ninguna creación literaria o artística está ligada a su fin- no hay duda de que, en el invierno de la conciencia que estamos viviendo, a los saberes humanísticos y a la investigación científica sin utilitarismo alguno, a todos estos lujos considerados inútiles, les corresponde cada vez más la tarea de alimentar la esperanza, de transformar su inutilidad en un utilísimo instrumento de oposición a la barbarie del presente, en un inmenso granero en el que puedan preservarse la memoria y los acontecimientos injustamente destinados al olvido.

pág 76