Persistencia de Ignacio Fernández Perandones

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Atento a la cerilla

que unos dedos dejaron

al borde del camino

apagada en la piedra.

Varilla diminuta

olvidada y concisa.

Terca raya escondida

en el centro de nada.

Evocación de llamallama-fuego

que pudo iluminar.

Anhelo recortado

hasta llamarse ruina.

Segmento de la vida

que prende y que se inclina

como un mástil caído

en brevísimo lance.

Pero persiste y dura

con su gris “todavía”

en medio de una tarde

asombrada de serlo.

Desierta ya de tiempo,

sólo nos dice: “soy”,

sin nada que añadir

a su pura existencia.

Irritaciones y tristezas, por Javier Puig

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Fuerza mayorEx machinaLa película Fuerza Mayor me resultó irritante. Me pasé buena parte de su duración – al final cejé en mi actitud ilusa – esperando que empezase lo prometido por unos críticos a los que probablemente debieron comprar con una estancia en el lujoso hotel que acapara la película. Un pobre guion, unos actores mediocres, pero eso sí: la extenuante descripción de unas vacaciones familiares en los Alpes.

La película pretende sostenerse y expandirse a partir de una anécdota principal y otras secundarias, todas poco consistentes y muy necesitadas de un enriquecimiento en los diálogos que nunca aparece. Los actores resultan inexpresivos, y solo exponen bien su irreprochable imagen pija. Los reiterativos paisajes nevados, muy probablemente, alguna vez, habrán hecho las delicias de Bárcenas.

Por el contrario, Ex Machina es una película mucho más honesta, más sustanciosa, aunque algo limitada en su aportación al tema que plantea. Su propuesta es muy interesante. A un programador informático, Caleb, le toca, en un sorteo, viajar hacia un centro de experimentación de su propia empresa, en el que tratará con Nathan, el gurú de la misma. Nos encontramos ante un lugar absolutamente recóndito, perfectamente camuflado entre vegetación exuberante, al que se llega a través de un viaje en helicóptero. Allí se esconde una pequeña edificación, cuya parte más importante está soterrada. Las medidas de seguridad son exhaustivas y automáticas. La soledad es agobiante. Las posibilidades de salir de ese lujoso y frío búnker, rodeado de una naturaleza idílica, pasan por el hecho de que Nathan libere informáticamente la apertura de las puertas. Pronto descubre Caleb que ese hombre va a ser su único acompañante y este se le revelará como un puntero y extravagante creador de inteligencia artificial. Cada noche se emborracha y al día siguiente espera redimirse haciendo gimnasia. Es un hombre distante, calculador, que trata al joven programador con un paternalismo nada sentimental, con una superioridad implacable.

La tarea del chico será compartir una serie de sesiones con Ava, la última creación de Nathan, un robot de apariencia femenina al que se le ha implantado un cerebro avanzadísimo. El test de Touring consiste en dilucidar, mediante conversaciones, si una inteligencia artificial ha alcanzado un grado equívoco de humanidad, especialmente en lo referente a la conciencia. El cometido de Caleb es realizar ese test. En los sucesivos encuentros, se va creando una relación cómplice entre el chico y Ava. Esta demuestra una gran inteligencia para la manipulación. Lo utilizará, ganándoselo sentimentalmente. Le transmitirá que Nathan no es fiable. Lo que quiere ese femenino robot es huir. Sueña con situarse en una confluencia de Manhattan para observar la vida en directo, para sentirla, pues hasta ahora la conoce perfectamente a través de la información que se le ha asignado, pero no ha podido vivirla fuera de las paredes en las que está encerrada.

No parece que Ava haya alcanzado la plenitud humana. Me parece que uno de los síntomas que lo atestigua es su incapacidad para la broma, para la sonrisa, para mostrar el apasionamiento que parece moverla. Aunque sí que demuestra aptitud para la espontaneidad, para la pugna con otras psicologías humanas. Ava convence a Caleb de la necesidad de la huida, lo que origina, entre Nathan y él, una terrible desconfianza que da lugar a un juego de pillos. En todas las habitaciones hay cámaras, hay micrófonos. Solo los apagones que provoca Ava pueden conferir unos segundos de confidencialidad que aprovecha Caleb para preparar los pasos a seguir para la liberación que cree necesaria.

Primero él, y más tarde ella, se las ingenian para penetrar en las salas que Nathan preserva de las miradas ajenas. En un amplio armario, cada puerta abierta descubre la sintética desnudez de un cuerpo de mujer cubriendo los cables de unos robots destinados a reproducir fielmente la humanidad, previa implantación de un sofisticado cerebro. Ava desea ser una mujer. Toma de esos cuerpos las pieles y las formas que la completarán en su apariencia femenina, ocultando su vergonzosa artificiosidad.

En ese ámbito reducido, aislado, nadie puede fiarse de nadie. No hay calor humano. Nathan es un frío científico que antepone sus logros, su mundo de mujeres fabricadas, a cualquier otra consideración. Ava ve a los dos hombres solo como obstáculos o como medios para su irrenunciable objetivo. Caleb es el único representante de una categoría humana que aún pretende la preponderancia de los sentimientos.

Ex machina tiene bastante de intriga, de terror, alguna interesante conversación filosófica, una muestra de frío y mortuorio erotismo. Tal vez no se llegue a planteamientos tan elocuentes de relación humana con las máquinas como, por ejemplo, en Her, pero esta película aporta una atmósfera muy interesante, aunque muy triste, algo así como un ahogado, un temeroso grito de advertencia que se erige contra cualquier intento de desastrosa deshumanización.

SOMBRAS, por José Pedro Vegas

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Miro a través de la ventana.
El mundo es pequeño.
Todo cabe en este espacio comprimido
de transparencias,
en este no estar,
en este olvido de hombres y de pájaros.

Miro a través de la ventana.
No llueve. Nadie llora. Nadie existe.
Las figuras se aprietan con vocación de sombras.
Todas las sombras del mundo caben
en este espacio que hago estremecer ligeramentefinestra

al contemplarlo.
(No me atrevo a salir al mundo de las sombras
donde quizás no exista,
donde otras presencias se agitan, invisibles,
como pobres fantasmas sin castillo.)

Miro a través de la ventana.
Quisiera recuperar recuerdos, libros, voces
para poblar esta ausencia
de miradas,
este no estar
estando.