EL NEGOCIO DEL SIGLO, por José Perdro Vegas

Estándar

valores-humanosCreo que voy a montar el negocio del siglo. Un negocio, eso sí, con base científica, como corresponde a un proyecto de altos vuelos. Y un breve estudio de marketing sobre qué es aquello que más añora o necesita el hombre actual me ha proporcionado el quid de la cuestión:  se necesitan urgentemente valores. Así que me he dicho:”Que se necesitan valores? ¡Pues yo venderé valores!” Y me he lanzado sin más a una selección previa de los posibles proveedores con mayor solvencia y seriedad…
Se han presentado un montón de representantes. Un simple anuncio en el periódico (con la nota de abstenerse políticos en activo) y ya no caben en la antesala, el pasillo está lleno, e incluso algunos han tenido que quedarse en la escalera. Traen sus carpetas repletas de todo tipo de ideologías patentadas, algunas con largos años de tradición, otras recientes, aún con el perfume ingenuo de un recién nacido. Han venido chicos jóvenes sobre todo, eufóricos, optimistas, casi avasalladores. Al poco rato se iincrepan algunos, vociferan otros su mercancía, murmuran los más discretos, pero todos quieren ser oídos, todos están seguros de poseer los valores perfectos, ideales, quizá absolutos.
– Calma, calma, señores -procuro hacerme oír-. Vayan pasando uno a uno, que hay tiempo para todos.
Mientras dos discuten blandiendo uno la Biblia y el otro (si mis sentidos no me engañan) una versión a todo color del Kamasutra, se cuela en mi despacho, como quien no quiere la cosa, un Testigo de Jehová.
– Eh, que yo estaba primero, protesta alguien de cabeza rasurada, estilo bonzo, y una voz entre reverente y decidida…
” He aquí el puro afán proselitista”, pienso hasta cierto punto conmovido.
– Bien -me hago oír de nuevo- aquellos que estén dispuestos a prescindir de toda ganancia material serán los primeros de mi agenda. Ustedes perdonen, pero comprendan que mi postura es eminentemente mercantil. Yo voy detrás del dinero y no lo oculto. ¿Quién de ustedes podría prescindir hasta cierto punto de él?
Un murmullos sordo, in crescendo, recorre la antesala, el pasillo y parte de la escalera…Pero nadie se mueve. De pronto, un viejo marxista leninista, puño en alto, me increpa duramente con una voz de barítono nada despreciable:
– ¿Cómo pretende que prescindamos del dinero? La economía es el motor fundamental de la dialéctica histórica. Nosotros presentamos valores realistas. no nos gusta que nos tomen por tontos.
– ¿Cómo sobreviría cualquier movimiento religioso -grita otra voz, esta vez aflautada- sin una base económica que sufrague viajes pastorales, por ejemplo, o soporte la labor realizada por los ministros del Señor?
Caramba, no contaba con esto. Hasta los ecologistas, vegetarianos y naturistas se muestran huraños con mi sugerencia. Que si el dinero es necesario para preservar las especies en peligro, que si es imprescindible invertir en los medios rurales para una cierta vuelta a la sociedad agrícola, que si ojalá pudiera uno pasar del dinero tan fácilmente, pero que la idea es utópica por el momento… Los gestos y las palabras de todos parece que se unan y sumen en contra mía. Veo inquietos a los representantes de la Meditación Trascendental  y técnicas orientales, a los racionalistas, mormones, homosexuales, anarquistas, budistas, epicúreos del sexo, yoguis que me miran desde posiciones extrañas, gastrónomos refinados, monjes con la esperanza de volver a otra Edad Media, astrónomos y conquistadores en potencia, mediums, militares, parapsicólogos…
Tengo que suspender la reunión (no sin esfuerzo) y sólo pido tarjetas de visita con la promesa de que iré llamándoles a todos uno por uno..
Pero no sé, parece que esto del negocio de los valores no es tan sencillo. Todos dependen demasiado del maldito dinero y no me va a ser fácil conseguir un buen producto con amplio margen de ganancia en el mercado…¡Qué le vamos a hacer! Tendré que ir pensando en otra cosa.

PARA QUÉ ESCRIBO, por Francisco Gómez

Estándar

   escritor

¿Para quién escribo?, me preguntaba el cronista, el periodista o simplemente el curioso
………….
Escribo acaso para los que no me leen. Esa mujer que corre
por la calle como si fuera a abrir las puertas de la aurora
O ese viejo que se aduerme en esa plaza chiquita,
mientras el sol poniente con amor le toma, le rodea y le
deslíe suavemente en sus luces
En un vasto dominio (1958-1962)

D. Vicente Aleixandre

La literatura no nos dará de comer
A estas alturas lo sé de memoria. Los versos y los relatos escritos no dejarán el peso de la fama en las albardas. Certera comprobación.  Escribir y publicar es empresa de héroes, quiméricas locuras a la caza de editor y la búsqueda de no rascarse el bolsillo ¿Para qué, cojones, escribes si juntar palabras no te dará gloria, fama, dinero, posteridad?  A veces me lo pregunto, a veces. Escribir para tratar de conocer al hombre perdido y desviado en mil meandros. Escribir para comunicar a los demás las aventuras y locuras del siglo nuevo. Escribir y sacar de tu cartera los demonios si quieres ver tus obras en letras impresas. Pero la Literatura ante todo y sobre todo me ha regalado amigos, compañeros de viaje en la incierta mar de las letras, las sufridas letras. Este ejército de mujeres y hombres, ansiosos de contar su canción a quien con ellos quiera marchar Esos extraños seres, enfangados en sus propias piedras de atar, obsesionados en sus nebulosas y sueños, argonautas amigos en las procelosas aguas de este misterio que llamamos Literatura.

Reseña de Julián Montesinos de segunda opinión de Josefa Parra

Estándar

portada segunda opinión0001

http://dontejoquidelapanza.blogspot.com.es/2015/03/segunda-opinion-josefa-parra-dice.html?spref=fb

Dice Beatriz Vanegas Athías en el prólogo que la autora de este libro breve e intenso “es una poeta que nos provee de palabras para vivir, esto es: palabras para sonreír, para apaciguar o enardecer la tristeza; para soportar la soledad; para asumir las paradojas de la carne  y del amor”. Leído y releído el manojo de poemas que nos ofrece la autora, prevalece un agridulce sentimiento, una claroscura visión donde brillan por igual el deseo y su derrota, la búsqueda y la constatación de la pérdida. Porque en este libro hay una sutil lucha de contrarios, como si el poema surgiera siempre de una tensión interna, de una lucha de raíces que se libra en el interior de la autora hasta comunicar su verdad. Y es en esta dualidad (los paisajes exteriores de África, Ammán y su Jerez vivido, junto con el íntimo desconcierto de vivir) donde encontramos los poemas más verdaderos y emotivos.

 

renacimiento

Vuelve Naturaleza a verdear los yermos;

se pintan de amarillo esplendor de margaritas

los collados que ayer desnudos se mostraban.

Sobre todos los campos la vida alza sus signos,

y en las charcas humildes que ha dejado la helada

una nieve de flores desafía al invierno.

Así mi corazón se despereza y viste

las galas abrileñas de Amor, dando alimento

a jóvenes renuevos de palabras fecundas

que puedan devolverle su antigua primavera.

Leo y releo los poemas y recuerdo la voz perfecta de Josefa Parra mientras declama con perfección, como si acariciara estos versos medidos con sabiduría de orfebre hasta conseguir perfectos alejandrinos, endecasílabos y heptasílabos. Leo y releo y sé que antes de que el recitado acabe y el poema sea silencio, la autora nos regalará un final sorprendente: “Pero no quiero aún morir. Que yo tampoco / he visto del Amor el rostro indescifrable”. 

O este otro:

Tu bello corazón,

que no precisa un cuerpo a que aferrarse,

navegando la tierra por raíces tan suaves,

se volverá semilla y, una noche,

florecerá de amor como una enredadera.

Acabo Segunda opinión y pienso que, a pesar de las carencias, es grato compartir el consuelo de seguir viviendo, de seguir leyendo versos. Alta poesía, una suma acertada de emoción y técnica, que se concreta en el siguiente poema:

cosas que no tendremos

Cosas que no tendremos:

Las mañanas de abril largas de amor y sueño.

Las tardes de noviembre con lluvia interminable.

Las noches del verano tercamente estrelladas.

Todas las madrugadas dulcísimas de otoño.

Cosas que me he perdido:

No sabré del sabor de tu boca dormida.

No acunaré a tus hijos. No beberé tu vino.

No lloraré contigo viendo ningún ocaso.

No me amanecerá tu vientre entre las sábanas.

Tengo todo un tesoro de lagunas y ausencias,

un muestrario completo de páginas en blanco.

Poema de JAVIER SECO

Estándar

 

(a Alfonso Aguado –a raíz de leer

Poemas desde mi Jardín–)

 

…Limpiaba una pita vestida

de telas de araña

y daba gracias a la vida por oler su aroma,

mancharme de huerto

y saborear la tierra antes de ofrecer sus frutos.pita-xl-668x400x80xX

De tener sol y amigos

y poetas

que te mandan sus letras

ordenadas

meciéndose sinuosas en blancas páginas.

Imágenes escritas con vivencias,

para ver con los ojos de otro.

http://javier-seco.blog.com.es/

Versos sueltos mojados de lluvia, por José Pedro Vegas

Estándar

lluviaI.

Flotar en el lago de tus ojos
como cisne perdido.
Vadear el río de tus lágrimas
buscando tus orillas.
Saberte al fin el mar:
principio y fin de lagos y de ríos,
profundidad de corazón abierto, náufrago en ti

II,

¿Sabes?
Amarte es como un rito:
Ceremonia de besos y de valses
-trascendida la carne-
tratando de captar el infinito.
Pero…
Amarte es más que incienso y procesión.
Es carnaval, y danzas, y locura.4542103127_03c98fcc20_b
Tus ojos transfiguran mi deseo
emparentando mística y pasión.
En ti se acaba el mundo y la cordura.

Mujeres en el mundo, por Javier Puig

Estándar

historia_intima_OK.inddNunca me ha interesado demasiado la Historia con mayúsculas, la de los grandes nombres, las esplendorosas batallas. Siempre he esperado una historia de las costumbres, de los hombres corrientes. Me ha parecido importante el estudio de las derivas de los movimientos sociales, el aleccionador análisis de la resolución de esos hechos actuales que luego se postergan y se abandonan, incomprendidos. He creído en la necesidad de aprender cómo se originan los sometimientos de la ciudadanía a los caprichos de los poderosos, esas trágicas descompensaciones de fuerzas que permiten dominios trágicos, sufrimientos masivos que fácilmente se podrían evitar. Ahora he descubierto un libro, escrito en los noventa y reeditado el pasado año, que se ajustaría a esa búsqueda: Historia íntima de la humanidad, de Theodore Zeldin.

Los temas sobre los que se centra este libro se estructuran en pequeños capítulos comunicantes. Cada uno de ellos se inicia con una muestra actual de los desasosiegos más primordiales, que no se realiza a través de datos sociológicos, sino de testimonios muy concretos, muy personales, con la característica especial de que son siempre las mujeres las que se manifiestan. Lo hacen en pequeños y profundos trazos. Lo que declaran es su inquietud preponderante, revelando el conflicto esencial de sus vidas. Luego, estos relatos íntimos se continúan con pequeñas incursiones en la historia que nos informan sobre las distintas formas que se han dado de afrontar esas problemáticas. Esta segunda parte de los capítulos nos ayuda a creer, demostrando la volubilidad de los grupos sociales, en una difícil posibilidad de solución, y lo hace a través del somero relato de las actitudes que, en la historia, han prevalecido en diferentes entornos, partiendo de confluencias históricas o humanas muy distintas entre sí. Mediante este recorrido, nos damos cuenta de la fuerza que tiene la implantación social de unas costumbres, de unos valores, frente a la necesidad de afirmación personal no mediatizada que unos pocos ciudadanos sienten ineludiblemente frente a la inmensa mayoría, inmersa en un proceso de perfecta enajenación.

Los temas son: la soledad, la incomunicación, la difícil singularidad, la sumisión, las relaciones parentales, la necesidad de la huida, la frustración, la amistad… Las historias que cuentan nos hablan de la dificultad de encauzar la vida, de las complejas elecciones y de los pesados lastres. Son mujeres que expresan su frustración, sus luchas, su difícil vagabundeo entre los amplios contornos de su existencia. Y, sin embargo, en sus vidas no prevalece la resignación ni la rendición ante las tristes seguridades. Lo que las insatisface es su precaria orientación en su búsqueda arriesgada, su insuficiente capacidad para escapar de muchas trampas, para asentarse en terrenos, inseguros, pero mucho más favorables que aquellos en los que las originales circunstancias las confinan. Estos pequeños o grandes triunfos, esta activa defensión frente a los coercitivos condicionamientos, no las han eximido de la sensación de lo inalcanzable de una meta plena, de que vivir es una lucha contra la persistente adversidad.

Cada una de estas grandes y mínimas historias podría dar lugar a un relato, a un personaje complejo, a una epopeya íntima, a una melancolía de la lucha eterna. Los problemas con los que se encuentran son de identidad, de fricción con un mundo en el que se sienten desajustadas. Muchas de las historias son de mestizaje, revelan las barreras a los que muchas han de rendirse por su perceptible procedencia. El mundo de estos relatos expresa así la preponderancia de los desencuentros, de los choques, los que se sufren por pertenencia a un género, a una clase social, a unas inquietudes singulares, a un sector cultural extrañado, a una raza minoritaria. El hombre – la mujer aquí, con su añadida relevancia – lucha por levantar la cabeza de su ser único, por encima de los condicionamientos sociales. Y, por otra parte, vemos como las sociedades se desarrollan, a veces en el sentido de una involución opresora, de forma torpe, egoísta; siempre con la prevalencia de los fuertes, de los ricos y su blindaje.

En el tiempo actual, nuestra sociedad nos impone un peso menos constrictivo, que no por ello deja de ser sutilmente influyente. La apariencia de la libertad, su última justificación irrebatible, mayoritariamente no es ejercitada como una estimulante oportunidad, sino solo como un superficial libertinaje. El libérrimo ser occidental se sume en dependencias subliminales, se esclaviza en su acomodaticia ambición, en su codicia grupal, en su consumo patético, y tal vez en ello olvida sus genuinos impulsos, desactiva sus singularidades, confluye abisalmente en un mar de exquisita tosquedad.

El recorrido del hombre hasta aquí, a través de diversas culturas, ha denotado la extrema dificultad de crear un mundo satisfactorio, de consistente solidaridad, de fértil convivencia. Leyendo estas confidencias, sabiendo de la fragilidad, de la pena silenciada, de unas mujeres, muchas de ellas de apariencia fuerte, incluso exitosa, uno se replantea la mirada con la que va a salir al mundo, a mirar, a cruzarse con ciudadanos que van destellando con su cuidada imagen, con sus contrastadas valías, pero que tal vez simplemente estén custodiando su problemática interioridad tras una máscara defensiva, disuasoria.

En el día mundial de la poesía, Poema demasiado largo, de Carlos Cebrián

Estándar

dia-mundial-de-la-poesia

POEMA DEMASIADO LARGO (1985)

Porque la poesía ha vuelto a ser juego

inocente, ingenuo, fantástico, misterioso;

porque hemos naufragado una vez más

y los desiertos y las islas perdidas

no son suficientes;

porque la poesía ha vuelto a ser juego

misterioso, ficticio, grave, terrorífico, peligroso;

porque has vuelto a ser las historias

de mis poemas,

porque hemos bailado alrededor del fuego

y has sido princesa, reina, bruja,

fantasma, heroína, hechicera;

porque la poesía ha vuelto a ser juego

excitante, morboso, obsceno,

y te desnudas,

y es penumbra, es voz

y te deseo impaciencia,

te deseo el deseo;

porque la poesía ha vuelto a ser juego

y nosotros somos su disfraz.

 

portada humo que se va - copiaacceso pdf Humo que se va, Carlos Cebrián