Superviviente de un campo de concentración, por Alfonso Aguado Ortuño

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Paseaba despacio, con la columna encorvada.

Su compañero el dolor le obligó a descansar.

Le dijo: para un momento, siéntate.

La vida

le preguntó: ¿te gustó vivir? Y el viejo, riéndose,

contestó: bueno…

Sus amigos y familiares

muertos, acercándose a su oído le susurraron:

te esperamos en este lugar intranscendente

e insípido en el que no se es ni se está.

Cuando era

pequeño me hablaban del cielo –musitó–, ¡claro!

yo tuve una vida anterior y como fui malo

me tocó el infierno que es la vida que he vivido.

auschwitz_007

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