Crónicas de un viaje (V), por Manuela Maciá, (bocetos)

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6 de enero 2015 normal_dsc04476

Día de los Reyes Magos.

Después de desayunar subo a mi habitación y me encuentro con una agradable sorpresa… Los Reyes Magos me han dejado un regalo, emocionada miro el paquete envuelto de color verde, mi color favorito. Lo abro con gestos impacientes y me encuentro que dentro hay un mapa y una nota con instrucciones. Empiezo a leer la nota:

Deberás subir al tren de las 12, 29 hacia el lago Hallstattsee, como siempre disfrutarás del paisaje que el transitar del tren te ofrece. Te bajarás en Obersee, una pequeña estación, en lo alto del lago. Observarás que no puedes cruzar la vía y tampoco encaminar tus pasos hacia la izquierda o la derecha, dentro del corto andén. Fíjate en la pequeña casita de la estación y verás que hay una puerta con una flecha, ábrela y te encontrarás ante un estrecho e inclinado sendero entre dos cercas, ese es el camino. Sí, ya sé que todo es nieve, y mira qué intenso blanco tiene, pero si te fijas hay unas pisadas que van marcando el camino. Un camino que tiene un recorrido de casi cuatro kilómetros y que te llevara hasta la estación de Hallstatt.

¡Empieza a caminar no te embobes! Ya tendrás varias ocasiones a lo largo del camino de saborear el paisaje. Vale, de acuerdo, haz la primera foto, es tan bonito, tan serenamente impresionante. Bien, una vez bajado este sendero, ahora sigue esta estrecha carretera, no te preocupes es un corto tramo, luego ya coges la senda. Sí, este es un pequeñísimo pueblo nacido en las laderas del lago o no, puede que sea un caserío, no veo torre de iglesia alguna, perdona que ignoremos este pequeño detalle. Mira ahí tienes un hombre asomado a la ventana contemplando el lago, salúdale. Tiene cara de aburrido, ¿verdad? puede que por ser fiesta y no tener nada que hacer se aburra. Aquí empieza la senda, entre estas casas, y luego entre los árboles y junto al lago, casi rozando el agua. No lo puedes remediar y te detienes cada poco a hacer fotografías, así no llegarás nunca, claro que tampoco tienes ninguna prisa. Y tampoco tienes frío, ya estás casi sudando, caminar por la nieve en un buen ejercicio de piernas. Lo vezs, esas pisadas son de alguien que ya ha pasado por aquí. Sin duda alguien más madrugador.

¿Y ahora qué ocurre, por qué te paras? Perdona, escuchas el silencio. Nos preguntas a nosotros si este silencio se parece al que hay en un universo de galaxias. Difícil pregunta. Mejor quédate con lo que tú sientes. Podría ser que este silencio se pareciese al sonido suave de un violín, o a una sonata de Chopin. En realidad el silencio siempre habla, siempre nos cuenta algo, pero hay que estar muy atento para escucharlo. Qué paz, será así el paraíso, eso es lo que te preguntas, pero para eso no tenemos respuesta, nosotros andamos muy atareados siempre y no tenemos tiempo para esas cosas.

Mira hacia el cielo, es un globo, te gustaría estar ahí lo sé. ¡Imaginas cómo tienen que estar disfrutando los que estén ahí subidos? Si no fuese tan complicado averiguarlo lo intentarías. Esa es una espinita que tienes clavada: subir en globo. En este caso nosotros no podemos ayudarte. Sigamos, este tramo es estrecho, con pequeñas subidas y bajadas. Mira cómo la montaña coqueta se peina en el lago, qué luz y qué transparencia… De acuerdo haz un vídeo, es nuestro regalo, no podemos negarte nada. A lo lejos ya divisas las pasarelas cosidas a la roca. Es de admirar que las hayan construido para que solo los caminantes pasen por ellas, nada de coches, eso está muy bien. Hay pisadas de ida y vuelta en algunos tramos y te preguntas… ¿Habrá alguien cuya misión sea marcar el camino cuando la nieve lo anula, para que otros lo transitemos? Sin duda, quién sabe si ese hombre que miraba por la ventana tiene esa misión y cuando apenas ha amanecido lo ha marcado. Mira ahora Hallstatt se ve más cerca, qué bonita estampa. Y qué me dices de todos esos patos navegando a sus anchas, se les ve tan plácidamente felices… otra foto, eres incorregible, ya veo que no tienes pereza para eso, aunque cada vez que lo haces: hincas los palos en la nieve, te sacas un guante, conectas la cámara y después el proceso al contrario…Cómo dices, que te sientes impotente al no poder describir con las palabras más adecuadas tanta belleza, Y qué importa. Saboréalo aquí, siéntelo con todos tus sentidos y guárdalo en tu corazón. Ya sé que lo sabes y así lo haces. Cómo, a quién dices en voz alta: guapo, ¿te refieres a alguno de nosotros?… Jajaja es al lago, menos mal que aquí nadie te oye, pensarían que estás loca. Ya sé que eso te importa muy poco, disfruta de nuestro regalo, eso es lo importante.

Vamos allá, otro empujoncito a buen ritmo. Estás contenta porque tus piernas te responden y esa artrosis que anda por la rodilla parece que está dormida…. Silenciooo no la despertemos. Mira por ahí viene una pareja. Te apartas a un lado. Saluda él y ella ni mira, muy estúpida la señora, no le habrán traído nada los Reyes Magos, claro que con esas maneras. Tendremos que mirar a ver si no nos ha pedido algo.

¿Sabes que eres una cansina con tanta foto? Pero eso solo significa que te gusta, que todo cuanto ves te emociona y quieres atraparlo sin darte cuenta de que es imposible. Mira ahora allá, al otro extremo del lago, se refleja un rayo de sol, y se abre como una luz intensa en el agua, qué maravilla. El agua tiene luces y sombras, parece como que te siguen, pues si tú te mueves ellas también. ¿Te entristece que ya estemos casi terminando? ¿Te gustaría que toda esta belleza tuviese muchos brazos y que todos ellos te abrazaran?… Ahí está la estación de Hallstatt, el reloj marca las dos y cuarto. Por supuesto ya hay tres asiáticos esperando el tren. Son dos chicos y una chica, ella está dentro en el pequeño cuartito de espera con calefacción. Su cara es como la de una Geisha, y está cansada, tal vez se pregunte qué hago yo aquí con este frío estropeando mi piel de porcelana. Los chicos fuman fuera. El barco se acerca, llegan más asiáticos arrastrando sus maletas, entre ellos cuatro españolas jovencitas. No les dices nada, observas y callas. Tienes hambre y estás pensando en el restaurante del otro día, te dijeron que no cerraban.

Llega el tren y en 15 minutos en Bad Goisern, los restaurantes del pueblo cerrados, como imaginabas, caminas hacia el otro y mientras llegas dudas en subir al balneario a ver si allí se puede comer. Es curioso lo que te pasa con el Balneario, llevas aquí más de veinte días y aún no has subido, y eso que está frente al hotel. Te preguntas por qué y no tienes respuesta. Al llegar a su altura decides que lo harás después de comer, ja ja, sigues retrasando el momento. Llegas al restaurante pegado a la carretera, hoy hay muchos coches transitando. Sorpresa, el restaurante está cerrado. Lo siento no habíamos contado con eso. Ahora no te queda más remedio que subir al Balneario, y si allí no puede ser pues al restaurante de tu balcón, ya sabes el menú. Subes la cuesta y entras al Balneario. Elegante, cálido, y nada trasnochado, más bien moderno. En otra dimensión ves una cafetería, bajas las escaleras. Algunos toman café y pastel con el albornoz puesto. Le preguntas a la camarera si se puede comer, y te dice que arriba en la cafetería panorámica. Subes en el ascensor. Te quedas deslumbrada ante las vistas. Te sientas en una mesa mientras te preguntas cómo es que no has venido aquí antes. Tranquila, porque has ido a otros sitios. Las cosas no suceden ni antes ni después sino en su justo momento. Desde aquí se ve todo el valle y las montañas que lo circundan, el sol toca con sus rayos los picos más altos.WebsitePicture-bad-goisern-hummelbrunner-unterwegs-mit-gaesten-c-hummelbrunner-29

Viene el camarero y a trancas y barrancas, con tu inglés, te entiendes. Los precios son fabulosos para el lugar donde estás. Sopa y espagueti, y cerveza, al poco viene y te dice que espagueti no puede ser, a lo que te ofrece le dices que sí, es super amable, te hace sentir bien. Una vez has pedido, vas al aseo. Muy limpios y bien equipados, con líquido para las manos. Al salir ves un ventanal grande y asomas. ¡Qué maravilla, todo Bad Goisern a tus pies, y más cerca todavía la piscina al aire libre rodeada por la nieve y cinco o seis bañistas en el agua… Ya sueñas con mañana estar ahí. Por supuesto haces fotos.

Comes relajada la sopa de fideos y un sándwich mixto (que te recuerda a los del Viena), con ensalada, la cerveza la saboreas con gusto. De postre un café solo.

A través de los amplios ventanales ves caer la tarde y nos das las gracias. Piensas que es hora de volver al hotel, además estás impaciente por preguntar lo que vale venir al Balneario. Bajas hasta recepción. No desesperes tienes que seguir practicando tu maravilloso inglés. ¡Cuanto los sentimos! No sabíamos que para gozar del Balneario hay que estar hospedado en él. Son 95 euros con desayuno y además entra todo. Podrías venir un día, es como si perdieras el tren en Viena y tuvieses que quedarte allí. De acuerdo, te lo piensas…

Ha llegado el momento de despedirnos. Ha sido un placer estar contigo. Nos vamos con la satisfacción de saber que te ha gustado nuestro regalo…Por cierto, no te olvides, al año que viene, de escribirnos una nueva carta.

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