Elizhabeth y su jardín alemán, por Ignacio Fernández Perandones

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Elizabeth von Arnim

En 1898, se publicó esta breve novela, que tuvo gran éxito. Tan es así, que su autora, que se llamaba Mary Annette Beauchamp, cambió el nombre por el de la protagonista de la novela: Elizabeth von Arnim.He tenido la oportunidad y el placer de leer esta breve pero intensa novela, que sorprende por su contemporaneidad y su frescura. Elizabeth es una joven esposa alemana de la burguesía adinerada de la época.

Elizhabet vive con su marido, al que llama “el Hombre Airado”, y sus tres hijas, a las que conocemos sin más por los meses en que nacieron. Este detalle nos da entender el desapego que tiene Elizabeth ante el mundo que le rodea. Ella ha encontrado ya la felicidad. La felicidad no está en reuniones sociales, ni en las tediosas visitas de cumplido, ni en ceremonias ostentosas, ni siquiera en los consejos de su juicioso aunque viperino marido. Su felicidad está en su jardín de la casa de campo que habitan en Pomerania. Jardín que nos describe de mil maneras, deteniéndose en cada uno de sus flores y de sus aromas. Tan es así que Elizabeth nos cuenta sus proyectos, sus dificultades y sus miedos… en torno a ese pedazo de Arcadia, que colma al parecer su sensibilidad femenina.

Aparte de las diversas lecturas e interpretaciones (toda gran obra literaria se convierte, al final, en un pozo sin fondo), compararía yo a la protagonista con el literato, el creador, el poeta, el artista, en fin, el hombre. Todos necesitamos de nuestro jardín. Pessoa decía: “ser poeta no es mi ambición, es mi manera de estar solo”. Es en nuestro propio jardín donde podemos cultivar nuestra personalidad, nuestra sensibilidad, nuestro respirar intransferible. Un jardín (y más si es inglés) es lo menos parecido a un molde. Por eso, los clásicos comparan el alma con un vergel que ha de ser en todo momento objeto de los cuidados de su dueño. Sólo si nos cuidamos por dentro, podremos dar la respuesta adecuada, compartir, existir para los demás. Es una paradoja apasionante (como todas las paradojas).

Recomiendo la lectura de este breve relato que, además, está muy bien escrito y que la editorial Lumen ha tenido la feliz idea de recuperar para los lectores de lengua castellana.

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