Los días sin ti, de Francisco Gómez

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LÍNEA ROTA
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    Israel intensifica los ataques selectivos contra el pueblo palestino
    La hambruna vuelva a asolar el Cuerno de África
    Los malos tratos a las mujeres españolas aumentaron un 20% en el 2001
    Los mayores llaman cada vez más al teléfono de la esperanza para mitigar su soledad

Los días sin tiColección Altabix, 2002

Los días sin ti, Colección Altabix, 2002

Él leía con desgarro las noticias que ametrallaban el teletipo de las tristes novedades de la actualidad. Parecía que el mundo lejano y cercano estaba conjurado a sí mismo para hacerse la puñeta. Como si el hombre fuera masoquista y despótico con sus semejantes por naturaleza y la historia de que la finalidad de la vida humana fuera alcanzar la felicidad un camelo chino inventado para ingenuos o para gentes que sólo quieren taparse los ojos de la realidad.
Lo comparaba cada día en el periódico donde trabajaba. Vende el morbo, las desgracias que asolan a los paisanos de la aldea global, las envidias y los cuchicheos de la prensa rosa, el último partido del siglo y la nueva gesta de Raúl o Rivaldo, las salidas de tono de los famosillos del momento pero las auténticas noticias de interés humano, los inventos  descubrimientos de científicos y técnicos anónimos se relegaban a las páginas interiores pares.
Él mismo lo había vivido en su propia piel cuando sucedió aquel accidente múltiple en la autovía en el que se vieron involucrados multitud de vehículos y murieron cuatro jóvenes. El personal se arremolinaba en el arcén, ávido de ver lo más cerca posible los cuerpos sin aliento vital de aquellas mujeres en la flor de la edad. Los guardias civiles tenían que expulsar de la calzada a los curiosos, sedientos de sangre para saciar su morbo y tener algo que contar el día de mañana de sus anónimas y ritunarias vidas.
Ella se lo decía: “Déjalo ya. No vale la pena que te amargues la vida y sufra tu corazón a causa de tantas noticias tristes que escupe ese artefacto”
Sabía que habían salido a la calle cabeceras con el único propósito de sólo contar relatos positivos, alegres donde la bondad de la humanidad, los buenos sentimientos, la solidaridad fueran las únicas protagonistas. Pero se habían ido al garete. Observaba los esfuerzos diarios de la redacción para sacar el periódico adelante, los ímprobos esfuerzos del buceo en la actualidad pura y dura y contarla a los lectores. Un viejo axioma periodístico dice que no hay nada más viejo que un periódico de ayer y él comprobaba personalmente cuando al día siguiente iba a la pescadería a comprar mejillones y la buena señora le envolvía los moluscos con el papel del periódico donde aparecían los titulares de las noticias que sus compañeros y él habían redactado, cuando no se encontraba tirado en el suelo, desportillado el producto de su trabajo o utilizado por un tipo para limpiar los cristales del coche o en caso de emergencia limpiarse el trasero en cualquier descampado tras la defecación inesperada y apremiante.
Se estaba amargando y hundiendo mientras los teletipos seguían con su baile trágico.
    El 10% de la población mundial concentra el 90% de la riqueza del planeta
    Mata a su mujer e hijos y alega que su vida era un infierno
    El paro alcanza ya al 15% de la población activa
“Por favor, acaba ya con ese trabajo. Cada día vienes más triste a verme. Ya no te ríes como antes. Ese maldito trabajo te está matando por dentro. Empieza otra vez de cero. Nos podemos apañar con menos. Tú no vas a solucionar los problemas del mundo ni los de la gente. Cambia tú por dentro y cambiarás a los que te rodean y queremos. No te hundas más, por favor. Te quiero”.
Veía el mundo a su alrededor y no tenía el tono tan absolutamente desgarrado que reflejaban los medios de comunicación. Veía amor, alegría y esperanza en los parques, su paraíso perdido. Veía sonrisas y bellos gestos en la gente de la calle que le rodeaba. Pensó: “No todo está perdido. Quizás ella tenga razón y deba abandonar esta bendita y puta profesión antes de que ella acabe conmigo. O porque me insensibilice ante la desgracia y el sufrimiento humano o porque las noticias me lleven a una depresión irremediable y crónica.
Él se dejó guiar por ella y abandonó mientras la mar que los circundaba inauguraba un día lleno de luz y color. Las olas plateaban su frente, libre de cargas de los dolores y sinsabores de la actualidad.
Relato del libro “Los dias sin ti” (Frutos del Tiempo 2002, Colección Altabix)
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