Escritores bípedos, por Francisco Gómez

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autos_locosDe un tiempo a esta parte he convenido conmigo mismo en fijarme en los pequeños detalles de muchas cosas que forman, conforman, dibujan y diseñan el carácter de personas, lugares, cosas y ciudades. No con ánimo crítico (a estas alturas de la película descarto voluntariamente acumular hiel en los intestinos) sino por simple espíritu observador casi como un juego en el que me recreo para contemplar radiografías.
    Y aquí va uno de esos detalles, una de esas tonterías que dan por pensar para extraer conclusiones que a ningún sitio caminan. ¿Se han dado cuenta Uds, amables lectores que en esta “city”  de las lanzas y la Festa muchos de sus escritores y poetas saben jugársela en el papel o el ordenador para crear sus catedrales literarias y/o poéticas pero en la vida práctica de todos los días son incapaces de conducir un vehículo y muchos de ellos me temo que no tienen ni el carnet de conducir, siendo más de uno tallludito?
    A ver..repasemos con riesgo a equivocarnos. Mi admirado Juan Ángel Castaño, gran poeta, escritor y editor, me parece que no tiene mucha idea de manejar un volante. Su hermano y  amigo, Vicente Castaño, ídem de lo mismo.
    Prosigamos, prosigamos. El editor de frutosdeltiempo, Javier Cebrián, queridísimo amigo, canalla el muy…que el muy ladino se ríe de mis caídas nada provocadas y muy dolorosas, no tiene n.p.i. de conducir un coche. A lo sumo un vespino con cubertería de hormiga atómica y barbas demodé.
    Mi otro buen amigo y poeto, Pedro J. Serrano, tampoco tiene pajolera idea de dirigir un vehículo de cuatro ruedas, medio cegato que está. A lo sumo se contenta con escribir versos bellísimo y satíricos, muy de su gusto de degustador lírico de la resbaladiza realidad.
    Otro escritor y poeta, Eduardo Boix, también está descolocado en el arte de las reglas prácticas de la circulación. No sé si porque las gafas le impiden ver bien los mandos del velocípedo o porque no le llegan los pies a los pedales.
    En iguales condiciones bípedas se encuentra otro gran amigo, el poeta dexorribonucleico y ácido, Antonio Zapata, que escribe versos de hermosa estirpe satírica y socialmente detestables para las élites. Lástima que quizás tenga que llegar a la ancianidad o a la inmortalidad del Parnaso en el que no cree para que su obra sea reconocida fuera del páramo de las lanzas Algunos epígonos ya rastrean sus méritos literarios que no le dan de comer. Y por ahí va el hombre-poeta con su barba, su gorra y sus gafas escépticas lidiando la Avenida arriba abajo, abajo arriba, muchas veces en compañía de su mujer.
    Este pecador que les escribe sí sabe conducir, tiene carnet desde hace años y un caballo blando dos décadas pero algún amigo me ha asegurado que ha aprendido a rezar gracias al muá. Acojonaíto lo dejé y servidor se hizo los esfínteres un día en plena rotonda cuando el coche resbaló sus zapatos y venía un camión por el carril. El meu amic se aprendió de carrerilla el Padrenuestro, el Avemaría y todo el Rosario de la Aurora hasta en griego si me apuran. Menos mal que mi ángel de la guarda estuvo al quite y pude desfacer el entuerto.
    En esta tesitura de ser, sentirnos escritores bípedos cuyo motor de inyección es el coche de San Fernando, deben tener mucho que ver los hemisferios cerebrales. Sin ser neurólogo, neuropsiquiatra, ni neuronada, imagino que el hemisferio que domina la vida práctica, rutinaria y gris lo tenemos un poco atrofiado y poco rodado. En cambio el hemisferio de las ideas, las emociones, los pensamientos y sentimientos es el nuestro y vivimos casi siempre dando mordiscos a las nubes para atrapar la idea salvadora, abrumadora que nos salve de la práctica y repetitiva realidad real. Platón, como todos sabemos, sabía de esto un rato y nos hablaba del mundo de las ideas y los guerreros y artesanos y estas cosas hace un chorro de años.
    Intuyo que somos más imagineros que devotos de la vida práctica y nos cuesta un mundo y tres universos aprender a conducir, llevar un coche con pericia, arreglar enchufes, persianas, poner cortinas, pintar paredes, fregar, barrer, lavar, planchar y demás apasionantes quehaceres de la vida de todos los días.
    Mirando hacia arriba se nos montan los circos prácticos abajo y a ver quién lo remedia. Los escritores bípedos no. Amén gracias.

 

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