Regular, por Francisco Gómez

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people-314980__180Cuando le pregunto a mi padre cómo está, casi una vez sí y otra también me contesta que: “Regular. Ni mucho ni poco”. Esta contestación a la gallega me deja un poco desorientado pues no acierto a saber si está bien, si se encuentra bien, regular o todo lo contrario. Quiero sonsacarle si come bien, y la misma respuesta. “Regular, a veces sí y otras no. Depende”. Y si duerme y la misma salmodia invariable: “Regular pero no muy mal”. Luego vienen sus ángeles vestidos de blanco y me tranquilizan diciendo que come y duerme bien y ya quedo más sereno.
    En estos días me encuentro como mi buen padre. Regular de regulares tirando a mal. O como dice él: “Aquí estamos”. Estamos aguantando la posición malamente (otra palabra suya) como podemos y con lágrimas en las ventanas y un hueco por dentro que grita y grita y no sé cómo se va a llenar y si se llenará otra vez…
    Hay que ver cómo es la vida, !qué te voy a decir, amigo! Siempre te da y te quita. Nunca puedes  tener el pleno y cuando intuyes que es posible, la vida te da un zarpazo imprevisto, traicionero y te muerde donde más duele. Está claro que no es posible tenerlo todo y la justicia vital se encarga , al parecer, de redistribuir los bienes para que nadie crea que es el depositario de todos los tesoros.
    Vuelvo a estar, créeme amigo, con auténtico dolor de corazón y ausencias por un golpe que no esperaba en el camino, ya en las cercanías de los 50 a la vuelta de la esquina. El horizonte torna a ser difuso, impreciso cuando esperaba un camino, una mano y un beso para recorrer juntos las jornadas antes que venga la noche con su manto desarbolado de misterio, soledad y dudas.
    Otra vez caminar, deambular por las veredas cuando ya no lo esperaba y los zapatos que han recorrido tantos espacios y tantos dolores, cansados de encaminar los pasos hacia ningún sitio dónde. El hombre otra vez es el perdedor y trata de “ir tirando” como dice mi padre Francisco. Hacia un paseo de nieblas, vacilaciones, derrotas…
    Entono con fe de devoto: “Mi corazón también espera hacia la luz y hacia la vida otro milagro del otoño”. Y lo recito como una oración para que llegue a lo más alto y se escuche el cántico esperado. Y se cumpla y todo pueda ser bueno y cierto y nuevo otra vez.
    Escucho la letanía de Teresa de Jesús: “Todo se pasa. La paciencia todo lo alcanza”. Sólo queda esperar, “ir tirando” como dice mi buen padre y desear un milagro del otoño que vuelva a iluminar estos caminos, ahora, otra vez, cuando no lo esperaba, llenos de dudas y dolores. Antes que venga el invierno…
    Lo siento, amigo, hoy como mi padre, estoy regular y este es mi canto, mi oración, para mal o para bien.
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