CAPERUCITA CON BOTAS, por Lola Obrero

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nixos_sirios.jpg_1718483346Una mañana, mientras desayunaba en casa, sola, frente al televisor, me inpactó la imagen de una niña, de tez blanca y melena rubia , y de no más de ocho o diez años.
Iba vestida con un abrigo rojo, unas botas negras, un gorro, y una bufanda de color rosa.

En la pantalla, el resto de las imágenes aparecían en blanco y negro, dándole así a ella, más protagonismo ante la mirada del espectador.
Vagaba entre la interminable cola de personas que disciplinadamente, se aferraban a la buena voluntad de los paises de tránsito, en su éxodo hacia otras tierras menos hostiles que las de su origen.

“Los refugiados”, aun hoy sin refugiar, con los primeros fríos sobre su cabeza, provocándoles ya enfermedades, e incluso la muerte, continúan inmersos en un desastre total, en un tiempo que se diría de un pasado bastante lejano y casi ya olvidado.

La niña del abrigo rojo, como la del cuento, se detuvo por un momento ante el objetivo de la cámara, que la había elegido, con carita de sorpresa; pero al instante le quitó importancia al hecho, pues siguió su camino pasando entre  la fila de aturdidos y exaustos caminantes. Peregrinos hacia un mundo mejor.
La niña llevaba una bolsa en una mano, quizá fueran sus escasas pertenencias; mientras que en la otra sostenía apretados unos papeles, que intuí serian sus  documentos personales.
En silencio , iba buscando a alguien, o tal vez esperaba encontrar a quien la estuviera buscando a ella.

La tristeza invadía su carita pálida; y su deambular, lento y pausado, más propio de personas mayores, me hizo preguntarme  por cúantas visicitudes habría tenido que pasar ya, una niña de tan corta edad, hasta el momento; y cuántas más  tendría que ver con su tierna mirada.

El suelo estaba lleno de barro por donde pisaba, pero yo no aprecié que sus botas estuvieran sucias,  o su rojo abrigo manchado, ni tan siquiera lo vi arrugado.
La verdad es que era todo extraño e incluso me parecía irreal.

En pleno siglo veintiuno, en medio de la Europa de las Comunidades libres y modernas, una preciosa niñita rubia, estaba perdida en mitad de un bosque humano desolador. Era igual que un cuento.

Las personas a su alrededor parecían no verla.
Sólo la cámara del periodista la perseguía embelesada, quizá hipnotizada,  por esa Caperucita con botas impolutas, buscando las miguitas de pan, que la condujera a la salida del bosque camino de su hogar.

Las imágenes desaparecieron de repente.
Las noticias matutinas continuaron por otros derroteros más deportivos,  y yo permanecí sentada un buen rato,  frente a mi desayuno, ya enfriado.
No importaba. Me había  quedado sin apetito.
Sentía rabia, impotencia…vergüenza; y una inmensa ternura de madre huérfana.

¡ Cuántas caperucitas deambulan todavía, buscando la salida del bosque para hallar el camino de casa!

                                                  Lola Obrero.

110634-809-550

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