“THE WAY WE WERE” Aquellos días de risas y rubores. Por Lola Obrero

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descargaPor entonces, Ángeles lucía una larga melena castaña, que cuidaba con esmero, y que otras envidiábamos, y una esbelta figura, vestida con vaqueros Levis, casi siempre, como era habitual en aquellos años setenta y tantos, del pasado siglo.

Ella era mi mejor amiga. Bueno, ¿Qué digo yo? Era mi única amiga, desde el parvulario. Ambas habíamos congeniado desde pequeñas. Salíamos juntas los fines de semana y estudiábamos la misma carrera universitaria, e idéntica especialidad. En nuestra ciudad, por aquel tiempo más pueblo que ciudad, no había apenas sitios en donde divertirse, pero nosotras no necesitábamos gran cosa para pasarlo bien.

Nos gustaba sobre todo ir al cine, y no nos perdíamos ningún buen estreno. Con dieciocho años, nos reíamos de todo, y casi de todos.

Recuerdo la vez que nos expulsaron de clase por no poder parar de reír a mandíbula batiente. Otra, nos llevamos una regañina por silbarle al profe de inglés durante su clase. Después de disculparnos, y enrojecer cual tomates, atribuimos nuestra osadía a una impulsividad incontrolada, y a quedamos tan ricamente delante de los demás compañeros.

Pero la verdad es que a la hora de estudiar para los exámenes, lo hacíamos a conciencia, eso sí, aguantando despiertas a base de bocadillos de jamón y cocacolas, y abundantes cafeteras, sobre todo durante toda la velada previa a la prueba, y sin faltarnos nunca nuestra música favorita.

Aunque éramos distintas en algunas cosas, no sólo físicamente, existía entre nosotras una gran afinidad, y una sintonía de espíritu en relación a la consecución de nuestros sueños, que nos hacía sentirnos cómplices y amigas de verdad. Guardábamos celosamente nuestros secretos de futuro en lejanas tierras, e incluso de amores imposibles.

Nos encantaba la música clásica, y asistíamos a los conciertos de “Amigos de la música, en la sala Capitolio (hoy convertida en almacén de moda), acompañadas siempre por la madre de Ángeles, Josefina, gran aficionada a esta música. Esto era pues, junto con los ciclos de películas X, lo más cultural que por entonces existía en nuestra ciudad, treinta y tantos años atrás.

Fans de Simon & Garfunkel, Neil Diamond, Bob Dylan, Cat Stevens, Carol King a los seguíamos con fervor, y de los que aprendíamos sus canciones en inglés, que luego entonábamos en el bus de ida y vuelta a la universidad. La canción que se convirtió en nuestro himno durante mucho tiempo fue “Youve got a friend” de esta última.

Pero sobre todo, nuestra cantante y actriz preferida en los filmes románticos, y más comprometidos socialmente era sin duda Barbra Streisand, con la que nos identifibamos en muchos de sus papeles, al tiempo que reíamos, o llorábamos a moco tendido.

Así fue en las cuatro veces que vimos The way we were, la película que nos hizo tomar consciencia como mujeres, y babear por el rubio más encantador y atractivo del celuloide. Ambas estábamos falling in love de Robert Redford, de remate, y lo compartíamos en nuestro febril enamoramiento a distancia, como buenas amigas que éramos.

Ángeles tenía una imaginación desbordante, a la que jamás he podido hacer sombra, y una alegría natural desinteresada; era inteligente y enérgica; colaboradora y divertida. Siempre ha ido de frente por la vida y con sencillez. Con algún que otro enfado entre nosotras, a causa de nuestros novios, sobre todo en verano, íbamos superando las etapas conflictivas de nuestra vida adolescente.

Terminamos los estudios, y llegó entonces la madurez, y la distancia física se estableció durante años entre nosotras. Iniciamos y discurrimos mucho tiempo por rutas diferentes, siempre por amor, siempre sin miedo. El tiempo ha pasado, sin darnos cuenta, o quizá sí, adulador y traicionero, agradecido y arrogante.

Durante más de treinta años nuestros trenes circularon por vías distintas, mas no distantes.

El vínculo de nuestras vidas se mantuvo siempre bien unido, y hoy continúa siendo el recuerdo más útil y sincero que conservo de mi adolescencia. Más que adolecer, disfrutamos de una época, en donde la mayoría de la gente estaba inmersa en las circunstancias políticas trascendentales que se vivieron en aquellos años en España.

También esto lo vivimos nosotras, pero a nuestra manera, como Barbra en The way we were.

Lola Obrero

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