LA SENDA HONDA de JOSÉ MANUEL RAMÓN (por Juan Lozano Felices) en La Galla Ciencia

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LA SENDA HONDA

de JOSÉ MANUEL RAMÓN:

UNA POÉTICA DE LO ORIGINAL.

No hay mejor manera de acabar el año (o  de empezarlo, según se mire) que con un buen libro de poemas, en el caso que nos ocupa un libro de poemas extraordinario, entiéndase el adjetivo en su acepción de poco común y fuera del orden o regla general. La pasada Nochevieja por la mañana, al abrir el buzón,  me encuentro con “La senda honda” de José Manuel Ramón, acompañado de una generosa dedicatoria de su autor. Esta circunstancia hizo más soportable el atasco en el desagüe del fregadero que sufrimos en casa durante un par de días y que precisamente mostró su aciaga cara esa misma tarde, con gente invitada a cenar. Pero esa es otra historia. Me llega el libro a través de la intercesión de un querido camarada, el poeta José Luis Zerón, prologuista del poemario.  No conozco personalmente a José Manuel,  aparte de haber cruzado comentarios en FB como floretes bajo la luz de la luna,  pero sé que en algún momento su senda y la mía se han de cruzar en una encrucijada poética enriquecedora para ambos.

 

Comenzando por el principio, el magnífico prólogo de José Luis Zerón posee todas las cualidades que debe contener  un texto de este tipo, invitándonos a adentrarnos en el sentido profundo de la obra  que precede, y poco ni mejor se puede añadir a lo dicho por el vate oriolano. Sin embargo, en esta como en otras ocasiones, uno siente la necesidad de expresar, aunque sea sucintamente, las impresiones de su lectura. José Luis Zerón es amigo y compañero generacional de José Manuel Ramón en la Orihuela de los míticos ochenta y según él mismo cuenta, ambos, con otros amigos, fundarán en 1985  la revista de creación y de pensamiento, Empireuma. El autor, según nos revela Zerón, colabora en ésta y otras publicaciones culturales de la época. La edición de la plaquette “Génesis del amanecer”  marca en 1988 el kilómetro cero de una promisoria trayectoria poética,  al tiempo que va gestando la versión primigenia del poemario “La senda honda”. Sin embargo, esta trayectoria queda abruptamente interrumpida y este libro quedará inédito hasta su recuperación editorial de finales de 2015.

Lo primero que me llama la atención al leer el prólogo de Zerón es el paralelismo que yo veo entre la trayectoria poética de José Manuel y la mía propia. En la mía también hay un agujero negro que coincide en el tiempo con el de José Manuel, retomando luego la poesía con más ímpetu. Volviendo la poesía, por utilizar versos del propio poeta,  “con su antigua dicha de frutos/renovados”. Y de ese empuje nace este libro, ya en papel,  que enlaza con el pasado y mira hacia el futuro.

Felizmente la editorial Devenir lo publica ahora, sacándolo del olvido y dándonos  a conocer a un poeta de  voz personal y honda. Creo que esta de Devenir es una apuesta arriesgada y por ello, la publicación es aún más encomiable. El poemario de José Manuel  no es fácilmente acomodable al canon. No precisa la poética de José Manuel Ramón de la coartada maniquea de la renovación del lenguaje ni de estar encuadrada en las modas.  No es una poesía para todos los paladares, pero los auténticos degustadores sabrán reconocer el sello de la auténtica poesía, porque José Manuel sirve a la poesía, no se sirve de ella.  La poesía que hoy se escribe y publica en este país va por otros caminos,  asfaltados o pavimentados. La senda que transita José Ramón es de otra naturaleza, es la suya una senda que va abriéndose en la tierra y en el hombre a medida que avanza.

Más parido que escrito, más dado a luz que compuesto,  esta “senda honda” funciona también a modo de poética y prueba vital y nos da las claves del particular universo del poeta.  La poesía de José Manuel tiene algo de torrencial, de arrebato, de creación continua. Poesía irreductible, donde forma y fondo confluyen. A esta idea quizás coadyuva  el hecho de no contener signos de puntuación salvo el punto final de cada poema. El ritmo es así un ritmo natural que el mismo lector imprime a través de la versificación.  Poesía intimista y profundamente humana, emparentada con lo telúrico, lo magmático y lo metamórfico; poesia  como corriente subterránea, poesía que parece surgir sin esfuerzo aparente, como un géiser, desde no se sabe bien qué profundidades.  Poesía que da forma al caos. Poesía que nombra y al nombrar, crea y ordena el mundo.

No obstante lo dicho, siendo una poesía cuya sustancia temática  se haya estrechamente vinculada al estado natural,  entiendo que no debe ser leída en clave ecológica. Creo que ponerle este sello tan manido  sería devaluarla. Se trata de algo mucho más profundo, más imbuido en una concepción metafísica de la poesía, y en este sentido entronca con los románticos ingleses, en particular con Wordsworth, pero también con nuestro Claudio Rodríguez.  Y por citar al coautor de las Lyrical Ballads, creo que esta definición de poesía es quizás la que más cuadra a la poética de José Manuel: “La poesía es el desbordamiento espontaneo de poderosos sentimientos”. Sí, eso es la poesía de José Manuel y además, una poesía sin fecha de caducidad.

Juan Lozano Felices

*Pincha aquí para leer el artículo de Juan Lozano 

sobre Kavafis, Cartografía poética de Kavafis en España. 

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