Las Almas muertas de Lola Obrero

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El luto interior, que no es aceptado anímica ni  sensorialmente, en cualquiera de sus circunstancias y manifestaciones, y el dolor extremo que éste transporta en algunas de ellas, se instala en las personas que lo sufren, a menudo, como huella indeleble marcada a fuego, apoderándose asi de manera total y absoluta para el resto de su existencia.
El pasado se convierte en una llamada insistente, como un canto de sirenas, que interactúa, e interfiere para siempre en sus vidas,  bloqueándoles así las salidas, y diluyendo incluso, las razones para seguir viviendo de forma positiva; de tal manera que se transforman en seres ya “de otro mundo”, abandonados sólo en sí mismos,  sin más pretensiones que discurrir  sin hacer el más mínimo ruido.
Su escapatoria sólo consiste en el imperativo moral de la memoria, y los recuerdos son los únicos desarrolladores  de su particular mundo, del que ya no pueden ni quieren salir.
El sufrimiento que arrastran los ahoga y a la vez se enraíza en ellos, atornillándolos hacia lo más  hondo en la profundidad de su dolor.
Se convierten sin saberlo, en almas muertas dictadoras de vidas sin apenas vida.

rose-234483_960_720LAS ALMAS MUERTAS

Son cuerpos que soportan el peso
de un alma muerta.
El paso del tiempo vivo,
se les enquista muerto,
como una maldicion  divina.

El alma que los viste y los habita,
está muerta de eterna muerte.
Como esclavos agónicos, caminan.
Un destino desnudo de oropeles
espera impaciente en la colina.

Todo da igual. Nada los anima.
Ya descansan  abatidos,
desterrados de toda gloria
en el palacio del frío.
Su impulso vital callado.
Desean sin decirlo,
convertirse en más muertos
de lo que ahora parecen.

¡Pobres almas!
antaño troncos fuertes,
cascabeles de risas,
forjadoras de sueños
a golpe de martillo y cinceles.
Ya sólo son lejanos satélites,
sin más rumbo a seguir
que la órbita de sí mismas.

El viento caprichoso
los impulsa a placer.
A duras penas  se extremecen.
Balanceantes, son hojas secas,
cayendo suavemente
del que fue árbol de vida.

¡Buenas, almas sencillas!
Prisioneras de suspiros, son
arrojadas al cubo del reciclaje.
Muertas al fin, y al cabo vivas.

           Lola Obrero

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