Diario de un cinéfilo (12. Paulina y Lluvia negra), por Javier Puig

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PaulinaEl comienzo de Paulina (2015, Argentina, dirigida por Santiago Mitre) es de una enorme intensidad dramática y discursiva. En un largo plano secuencia, padre e hija discuten. Él fue un joven subversivo y ahora está instalado en puestos relevantes de la justicia argentina. Ella, una joven inteligente y muy preparada, con su carrera de Derecho y excelentes perspectivas, que renuncia a seguir el camino prescrito, el del éxito profesional, social, económico, y le anuncia que va a pasar una temporada participando en un programa de desarrollo social, dando clases en una zona muy marginada del país. Él le indica que no encuentra muy eficaz que una joven con posibilidades como ella se limite a ser una mera maestra de escuela. Debería aspirar – si quiere seguir por esa senda – a puestos directivos, para tener una mayor influencia. Pero a ella le atrae esa tarea desde abajo, ese contacto total con jóvenes que casi le dan miedo. Necesita exponerse, salir de la zona de seguridad, para transformar con su ejemplo, con su humilde saber, el mundo.

En ese espacio rural, en el que finalmente recaba, en esa escuela a la que se ofrece como maestra, se encuentra con numerosas dificultades. Frente al descaro de unos alumnos, que se valen de sus bienintencionados métodos didácticos para encontrar vías de escaqueo, no es capaz de llevar a buen fin una clase. Pero, lo peor, es que una noche la violan. Ella sabe que han sido alumnos suyos, pero lo calla. Todo sea por salvar a esos seres desfavorecidos. No quiere dejarlos en manos de una justicia que considera que está del lado de los pudientes y que no contribuye a mejorar la sociedad sino a perpetuar los antagonismos. No los denuncia, pero, con el soporte de su padre, son identificados. Los detienen y los torturan. En el pase de reconocimiento, ella no los delata. El padre está desesperado, su novio tampoco comprende su empecinamiento; mucho menos cuando descubren que está embarazada y el violador ha de ser el padre. Ella no quiere abortar. Lo suyo es la afrenta máxima. Es la transgresión de las normas. La aceptación de un mal evitable. El triunfo de los malvados o tal vez su desconcierto.

Dolores Fonzi está espléndida en ese papel de mujer dolorida, que se interna allí donde va a resultar vulnerable. Mantiene una expresión que está entre el llanto acaecido o inminente. Óscar Martínez interpreta al padre aportándole todos sus complejos matices. Expresa a la perfección esa coexistencia del amor y del rechazo que siente hacia su hija, al ser original que ama y al que emerge poseído por insobornables utopías.

La película plantea las diferentes formas de afrontar la marginalidad. Paulina, en su candidez, cree que no debe participar de las hipócritas acciones que impone la clase poderosa. Debe ponerse verdaderamente en el lugar de los débiles, mancharse de ellos, impregnarse de su desgracia. Es la manera de que el proceso de igualación social progrese, de forma lenta pero irreversible, porque los desfavorecidos se sentirán amados por aquellos que han tenido más suerte. Paulina interpreta la acción de la justicia como una actitud de venganza, de protección de los privilegios, de las seguridades. Viene a ser como una condena que se superpone a la de haber nacido en un entorno difícil.

La posición de Paulina, sin serlo, roza la de la mística, el salto sobre todo lo razonable, para alcanzar directamente la fuerza del espíritu que modificará las actitudes, que alcanzará la esencia de unos seres recubiertos de brutalidad. La escena final es un travelling que antecede y nos muestra el caminar de una Paulina conmocionada. Un caminar solitario, irrenunciable e incierto.

Lluvia negra (1989, Japón, dirigida por Shôei Imamura) es una película precisa, contundente y contenida a la vez. El tema que expone, el de las consecuencias de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, está tratado sin exceso de dramatismos, pero mostrando claramente los daños infligidos, denunciándolos, los cuerpos calcinados, primero, y el diferido pero seguro asomo de las enfermedades derivadas de la radiactividad, después.

A la historia colectiva se le añade otra personal, la de una joven que no encuentra marido porque todas las familias están avisadas de que ella estuvo en contacto con la lluvia negra, ese efecto colateral de la explosión, más lento pero también dañino. Inevitablemente, tarde o temprano, desarrollará las enfermedades que se derivan de ello. Ese estigma condiciona su existencia.

Los personajes están muy bien construidos, certeramente diferenciados, y denotan una vida propia. Muchos son, a la manera del cine clásico japonés – sobre todo el de Ozu – muy amables, deliciosamente respetuosos. Como necesario contraste, no faltan las actitudes egoístas, que se consideran contrarias al bien social.

El tío de la joven se hace cargo de ella. Él y su mujer también se mancharon de la terrible lluvia negra. Es un hombre realmente bueno, íntegro. Alrededor de estos personajes, hay otros aquejados del mal de la locura. Así, el joven traumatizado por la guerra, un escultor que no puede oír el ruido del motor de un vehículo porque se le desatan los resortes de las amenazas que vivió en la contienda. Por otro lado, la madre del tío, aquejada de demencia senil, lanza terroríficas advertencias.

Todo transcurre a un ritmo exacto. Las muertes se van sucediendo, ratificando la oscuridad de todos los pronósticos. La población sufre atónita la sombra de ese mal irreversible. No comprende la justificación americana de que la bomba era una manera de acabar antes la guerra. Él escucha cada noche, en la radio, las noticias de la guerra de Corea. Se habla de la posibilidad de otra bomba y comenta: “Incluso una paz injusta es mejor que una guerra justa”.

La joven, secretamente, empieza a presentar signos de la temida enfermedad; también su tía. Lentamente se va cumpliendo la amenaza bajo la que han vivido los últimos años, va teniendo todos sus efectos aquella decisión que tomó un inconsciente presidente, su enorme e incontrolable alcance, que tendrá lugar en un país lejano, con otras gentes, cuya hermana humanidad esta excelente película nos transmite.

 

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