Demogracia, por Carlos Javier Cebrián

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democraciaNo crean que hay una errata en el título de esta tribuna, no la hay, es de toda mi intención titularla así, porque la verdad sea dicha, a mí me hace gracia la Democracia, esta democracia, la nuestra… queridos conciudadanos.

Intentaré explicarme, ser aclaratorio, conducirles con mi reflexión hasta la tesis formulada. Una vez asumidas la boutade–si me permiten el barbarismo- que contiene el título y la frase con ripio paso a extenderme.

Podemos convenir, creo yo, casi todos, que La Antigua Grecia se considera la cuna de la civilización, de la civilización occidental, de nuestra civilización. Porque, sin duda alguna, somos occidentales o siquiera civilizados ¿verdad? Acudamos pues a las fuentes de nuestra cultura para definir la palabra Democracia. La misma está formada por las palabras griegas Demos (pueblo) y Krátos (gobierno) y el sufijo ia (cualidad), podríamos decir: “El gobierno del pueblo”. Empezamos bien… ¿Es eso, con exactitud, nuestra democracia? ¿Somos nosotros, el pueblo, nuestros propios gobernantes? Bien, sigamos con los griegos; para ellos La Democracia no era la forma de gobierno más deseable… Para Platón, por ejemplo, podían existir otras dos más “ideales”, usaré tal adjetivo porque nuestro griego es el paradigma de lo ideal: La Teoría de las Ideas, lo que ha devenido en Platónico, es decir: ideal pero irrealizable. En la Teoría Platónica había dos formas de gobierno mejores, que son La Monarquía o gobierno de uno solo, y La Aristocracia o gobierno de los sabios, y por último llegaba, exhausta, incomprendida, La Democracia o gobierno de muchos. Adviértase la diferencia, de muchos no del pueblo. Para nuestro filósofo idealista estas tres formas también podían conllevar su forma degenerada, de esta guisa: Monarquía-Tiranía, Aristocracia-Oligarquía, Democracia-Demagogia o Politeia (no ya el gobierno de todos sino el de cada uno). Platón tenía su concepto de Estado o Polis ideal, íntimamente relacionado con su Ética. En la Polis Ideal Platónica debían existir tres clases sociales, que lo eran por vocación y no por nacimiento, ¡ojo! Los Gobernantes, los Guardianes y los Artesanos, identificados de la siguiente manera: los primeros tendrían como labor gobernar la ciudad y serían Los Sabios los más aptos para serlo, debían saber, por conocerlos, qué era el Bien, y qué la Justicia y sus virtudes habían de ser la Sabiduría o la Prudencia, los segundos debían defender la ciudad, y hacer cumplir la leyes, y sus virtudes Valor o Fortaleza, y los terceros, la mayoría de los ciudadanos, estarían dedicados a la producción de bienes y la prestación de servicios y sus virtudes Moderación o Templanza, ¿les va sonando la cantinela? También tenía otras ideas menores, como el sistema de propiedad colectiva, (menudo comunista…) y la abolición de La Familia en las dos clases superiores (me abstengo de cometer la ironía), ambas para evitar que sus miembros se aprovecharan de su situación para acumular bienes y beneficiar a sus familias… ¡Insisto! ¿Les suena?, pero esto lo pasaremos por alto. Su idealismo estaba basado en La Idea del Bien Común, la función educativa de la ley y para abreviar: la sutil idea de que quien conoce El Bien, necesariamente se comporta de acuerdo con él, nadie hace el mal a sabiendas sino por ignorancia, por eso el que delinque debe ser educado y no castigado. Resultado: La Felicidad Colectiva, y con respecto a la ética: La Felicidad Individual. Qué Platónico.

Ahora volvamos a nuestro “Gobierno del Pueblo”, que, hoy, está basado en que depositemos nuestra conveniente papeleta cada cuatro años, en diferentes convocatorias (generales, europeas, municipales, autonómicas, incluso referendos legales o proscritos, según el lugar, la conveniencia o la convicción, con lo que votamos cada año, en un ejercicio cansino de “Democracia participativa y representativa”, que no se nos vaya a olvidar, por eso nuestros candidatos nos llaman a participar (pero con la boca pequeña, no vayan a creer, con una sobreactuación demagógica que, sin duda, da de sí para otro artículo) solo para sentirse un poquito legitimados por las urnas, pero solo un poco hombre, no vaya Usted a excederse… y qué más da si no sabemos qué es la Ley D’Hondt -el procedimiento que se aplica actualmente en España para decidir a qué candidatura corresponde un escaño-. Si no se da la circunstancia actual, donde hemos repetido las votaciones 2 veces, o casi tres, pendientes de abstenciones técnicas, o abstención sin más, pactos, traiciones, “brutadas” (otro día hablaremos del excelso hijo que fue Bruto…la Historia siempre se repite, todo está en la Historia). La Fiesta de la Democracia se me ocurre…

¡Ay!, querido Platón ¿dónde está el Gobierno de los Sabios o, siquiera, el Gobierno del Pueblo o el de muchos? Quede entre nosotros la respuesta: Platón estaba loco, porque a mí me hace gracia su Democracia.

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