Elle, por Mª Engracia Sigüenza Pacheco

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Elle: fascinación, inteligencia y perversidad.elle-258494210-large

La Elle del título, muy acertado en mi opinión, ya que ella es la pieza fundamental de la película, es Isabelle Huppert, una actriz prodigiosa a la que no le queda nada por demostrar y a la que vimos hace poco en la magnífica El porvenir, y que aquí se convierte, con su exquisita naturalidad en Michèle, un personaje provocador, audaz e inquietante y muy rico en matices.

En un contexto como el París actual, el director Paul Verhoeven (Ámsterdam, 1938), que posee una atractiva filmografía y una mente muy bien amueblada (se doctoró en física y matemáticas en la prestigiosa Universidad de Leiden), disecciona, basándose en la novela Oh…, de Philippe Djian, el mundo de la clase alta francesa sin dejar títere con cabeza. La hipocresía, la falta de escrúpulos, la estupidez y el fanatismo conviven con la ostentación, la perversidad y la violencia. Es un mundo despiadado, creado por los hijos de aquellos jóvenes nihilistas que deambulaban por las calles de París en la muy interesante Un mundo sin piedad, dirigida por Eric Rochant en 1989. Y el análisis, no exento de ironía, lo hace a través de un personaje femenino muy potente y nada convencional. Una mujer que ya en la brutal escena inicial nos revela su fortaleza e independencia, su forma de encarar los embates sin amilanarse.

A medida que avanza el metraje, el director nos va introduciendo en una comunidad hastiada, donde salir de la zona de confort solo significa exceso y patología, y observamos que en ese ambiente ella sabe moverse con determinación y aplomo, empoderándose, empeñada en no ser una víctima. Y pronto descubrimos que esa autosuficiencia –una mujer acaudalada, directora creativa en una poderosa empresa de videojuegos, que elige vivir sola y mantener una vida sexual libre y alejada de sentimentalismos-, unida a su inteligencia y a su atractivo, la convierten en objeto de deseo, de amor-odio de todo su entorno.

Y ella lo sabe, sabe a lo que se expone una mujer cuando no quiere renunciar al poder y a la libertad, cuando se muestra agresiva en el trabajo para hacer valer su criterio. Su resistencia y osadía quizá provengan de las vivencias del pasado, cuando siendo niña se enfrentó al horror, o quizá no, nunca llegamos a saberlo. Pero intuimos que para sobrevivir tuvo que protegerse y que se ha hecho a sí misma. Ahora está de vuelta de muchas cosas, y paralelamente al ámbito laboral, donde va dando forma a la guerrera de su videojuego estrella, en lo personal se prepara, se arma, se entrena para la batalla y no huye del miedo. Mimetizada con un entorno perverso y hostil consigue alzarse por encima de la mediocridad que la rodea.

Es una mujer distante y ambigua, que tiene mucho de felina (estupendo el personaje del gato, su cómplice, y ya desde la primera escena metáfora del voyeur, de nuestros ojos o de los ojos del cine) y que nos atrae como un imán, igual que atrae al resto de personajes que orbitan a su alrededor como satélites. La actriz, con su habitual maestría, dota a su personaje de complejidad y por encima de todo de misterio. Algo fundamental, a mi manera de ver, en cualquier obra de arte.

La banda sonora de la compositora británica Anne Dudley, responsable de la música de American History X, Full Monty (por la que obtuvo el Oscar) o Juego de Lágrimas, y que ya trabajó para el director en la estupenda El libro negro, crea una atmósfera perfecta que acentúa la tensión y la intriga.

Rodada mayoritariamente en interiores, la traslación pictórica que siempre descubro en el cine, en este caso me ha remitido, por la temática y el retrato de los personajes, además del Manga (no en vano Francia es el país que más lo edita después del propio Japón), a los cuadros descarnados de Lucian Freud, el pintor de la carne trémula, y al surrealismo de Leonor Fini y Dorothea Tanning; dos artistas en cuyo universo encuentro un simbolismo fascinante y una feminidad compleja y poliédrica, como la de la protagonista, y como la de la mayoría de las heroínas que pueblan la filmografía del director que nos ocupa.

En definitiva, en Elle, su última obra (que ha sido elegida para representar a Francia en los Oscar), el director holandés actualiza temas que ya trataron grandes maestros como Buñuel (El discreto encanto de la burguesía, Belle de Jour)y sobre todo Chabrol (Borrachera de poder, Gracias por el chocolate, La flor del mal, etc.-curiosamente muchas de ellas protagonizadas también por IsabelleHuppert-), y consigue no desmerecer a sus ilustres antecesores. La película es incómoda, turbia e impredecible; una mezcla de comedia surrealista (la cena navideña es un buen ejemplo), thriller y drama social, donde se plantean muchas preguntas, y que provoca perplejidad y desconcierto pero nunca desinterés.

Mª Engracia Sigüenza Pacheco, octubre 2016

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