Recordando a Sylvia Plath en el 84º aniversario de su nacimiento, por Ada Soriano

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El paquete sorpresa, de Sylvia Plath. Editorial SM, Colección El Barco de Vapor, Madrid, 1997. Traducido por P. Rozarena e ilustrado por Rotraut Susanne Berner.

Hoy os hablo de un cuento precioso que inspira ternura a la vez que da muestra de la desbordante imaginación de la prestigiosa escritora Sylvia Plath; un cuento hecho a conciencia y de una pulcritud inigualable, elaborado a base de situaciones que se van repitiendo, con un lenguaje coloquial que me trae recuerdos de los cuentos de Andersen.

Nos consta que Sylvia Plath era muy trabajadora. De hecho, por lo que sabemos de ella, escribía a diario de forma metódica. Se trata, pues, de una escritora disciplinada, prolífica y perfeccionista, que cuida con esmero cada detalle; una mujer que deseaba cuanto antes sentir realizado un sueño.

En los primeros párrafos de este Paquete sorpresa comienza a dejar evidente su propia insatisfacción personal en su ansiosa búsqueda por alcanzar la felicidad.

Las descripciones del lugar donde se desarrolla esta historia son encantadoras e idílicas, al igual que ocurre en los conmovedores cuentos de Andersen, a los que tantas veces recurrí durante mi infancia, junto a los de Perrault y los de los hermanos Grimm.

El protagonista principal de esta singular historia es el pequeño Max, el benjamín de una familia formada por papá y mamá Nix y sus siete hijos. Max es el más desfavorecido de todos los hermanos pero, al igual que en “El patito feo”, su vida dará un giro. A pesar de que era un niño feliz, “más que nada en el mundo, Max Nix deseaba tener un traje”. No quería un traje cualquiera sino uno que le sirviera para llevarlo todos los días; que le fuese útil ante cualquier situación.

Todo comienza en un pueblecito llamado Winkelburg, el cual se halla situado “en la falda de una montaña de tres cumbres”. Detrás de la casa de la familia Nix se alza un espeso bosque, y en el hondo del valle se advierte un río “brillante como una diminuta y preciosa cinta de plata”.

La parte central de la trama está elaborada con gracia y desparpajo a través del ya mencionado recurso que tanto utilizó Andersen: repetición de personajes y secuencias. El cartero llega a casa de los Nix portando un paquete donde no consta a quién va dirigido. Entre todos los miembros de la familia abren dicho paquete y, ¡Sorpresa!: descubren un espléndido traje color mostaza. Todos los hermanos se van probando el traje con la ayuda de mamá Nix “que manejaba estupendamente el hilo y la aguja”. Pero todos tienen miedo a que el traje se deteriore salvo Max.

Para el pequeño Max no fue complicado lucir su espléndido traje color mostaza, tanto si se iba de caza o de pesca, o si le sorprendía la lluvia de forma imprevista. “No importó nada”, repite una y otra vez Sylvia Plath con rotundidad y entusiasmo. Obviamente, Max se convierte en un héroe.sylvia-plath-con-sus-hijos

En este hermoso cuento aparecen dos nombres que no dejan indiferente al lector. Entre los hermanos hay uno llamado Otto, al igual que el padre de la autora. También hay otro llamado Hugo, a quien le gusta salir de caza. Sylvia Plath estuvo casada con el poeta Ted Hugues, cuyo apellido es la variante francesa de Hugo. Igualmente, a Ted le apasionaba la naturaleza y solía salir de caza y de pesca.

De nuevo esta excelente escritora deja patente que jamás pudo desasirse de la pérdida. Por un lado, quedó muy afectada debido a la temprana muerte de su padre, a quien nombra con frecuencia de manera explícita o implícita, como en este caso. Por otro, no superó la ruptura con Ted, consciente de que “nada podría reparar lo que se había roto”.

Es triste que S. Plath no hubiese encontrado en su vida ese traje que tanto necesitaba; un traje que, lejos de condicionarle, le habría ayudado a paliar su angustia interior. Aun así, consiguió lo que más deseaba: ser reconocida.

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