Mirada, de Francisco Gómez

Estándar

child-420246__180-1Miraba su vida frente a la mar y no veía nada. A estas alturas cuando casi todo tenía que estar medianamente confeccionado, estaba casi todo (por no decir todo) en el más absoluto aire. La vida era todavía y quizás para siempre una gran incógnita por resolver. Lo peor (o lo mejor) es que quizás siempre sería así. Entonces sus grandes proyectos vitales, ¿se convertirían en agua de borrajas?, entonces ¿su vida sólo se antojaría un lapsus de humo y olvido?
Miraba la mar y la veía tan profunda, inmensa. Indescifrable.
Observaba a su alrededor la vida de todos los días y el personal aparentaba felicidad pero quién sabía qué verdadera marejada se ocultaba entre las caretas de sus rostros. ¿Qué verdades ocultaban los ojos cerrados de los edificios?
Lo cierto es que los zapatos cada vez pesaban más, las distancias entre las avenidas eran más lejanas y los centro de atención multitudinaria, espacios más hostiles. Quizás a partir de ahora fuera siempre así in secula seculorum. Y la mar estaba junto a él, frente a él, callada, silenciosa, misteriosa. Arcana como siempre.

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