LOS EXILIOS Y MORADAS DE JOSÉ LUIS ZERÓN, por Fernado Pastor

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 A modo de advertencia

Siempre he defendido que la poesía, por su propia esencia, es indefinible, inalcanzable en sí misma y, por sublime, etérea. Personalmente—y esto sirve tan sólo para mí, insisto—entiendo la poesía como un ente poliédrico infinito, mágico, multifacético más que polifacético, inmarcesible e inabarcable, en donde, cada faceta, cada una de las caras que conforman su ser, es la visión personal de cada individuo respecto a cuál es la propia esencia de la Poesía, su conceptualización.

Frente a esta visión panteísta, relativista y ecléctica, están aquellos doctrinarios que ponen límites a qué y a qué no es poesía. Mi experiencia me suele alertar contra estos ‘defensores de la Doctrina’, sacerdotes de la verdadera y única iglesia de la Poesía y, de paso, insignificantes revanchistas—muchos doctos ejercientes universitarios— que, con sus dogmas de fe consiguen la atención y el aplauso de su público y, de paso, sentirse algo más que el pequeño caniche que suelen ser. Son los enemigos de la libertad, los creadores de líneas infranqueables, los demiurgos de la Inquisición, en fin, enemigos de algo que justifique su paticorta y mísera existencia.

Comienzo con este circunloquio—con el que estoy seguro (o al menos espero) que pocos concordarán—porque pretec3cc2-deexiliosymoradasndo hacer un ejercicio que no me corresponde y que consiste en comentar un poemario, o mejor, el Poemario más reciente (así, con mayúscula), del gran poeta José Luis Zerón Huguet titulado “De Éxilios y Moradas“; y digo que no me corresponde porque, como ya he dicho en alguna otra ocasión, servidor es poeta (vuelvo a corregir), aprendiz de poeta y no crítico literario, labor que me merece todo el respeto y para la cual ni estoy cualificado ni podría estarlo por no tener la condición natural para diseccionar un libro y ser capaz de ver algo en sus entrañas. Como digo, soy aprendiz de poeta y sólo puedo decir lo que siento desde mi propia visión estética y anímica. Poco más de eso. Por ello, ruego que no busque el lector lo que no es sino unas notas, un comentario, que he pergeñado tras varias lecturas de ese reciente poemario de Zerón.

El poeta

De José Luis Zerón se ha dicho mucho y todo bueno. Dicen los críticos que “…posee una de las voces más personales y ricas del actual panorama de la poesía escrita en castellano, una voz hecha y personal que ha alcanzado su plenitud vital, temática y expresiva…” (Juan Lozano)(1) ; o también: “…desde su poemario ‘El Vuelo en la Jaula’, la poesía de José Luis Zerón, apostó por una depuración máxima, por tratar temas de una profundidad filosófica que se traducían en conceptos clave en sus textos, en un predominio de la sustantividad dentro de su léxico, en una necesidad de explicar que la vida es el envés de una realidad mucho más compleja de la que advertimos…” (Manuel García Pérez)(2) ; o como dice otro de sus críticos: “La poesía de José Luis Zerón nunca es gratuita sino que se reafirma en el cálido o glacial temple al que se adhieren las hondas vivencias, aquellas que traspasan las urgencias cotidianas y se plantean los adentros como la última unidad con lo trascendente.” (Elías Cortés)(3) ; o, este otro: “…José Luis Zerón camina con paso seguro y luminoso por terrenos pantanosos en los que otros se hundirían fácilmente...” (Juan Lozano Felices)(4) ; o este final:”…En sus poemarios, por tanto, el lector descubre la naturaleza como un enigma del lenguaje, del lenguaje-mundo, una encrucijada que incita al acatamiento. ¿Qué acatamiento? Sin dudarlo, el de los presocráticos; somos destrucción y génesis al mismo tiempo. Un fluir que acaba y empieza, que transcurre.” (Manuel García Pérez)(5)

Y todo esto, sólo en comentarios de este último poemario, prácticamente. Como dice también Manuel García Pérez en otro apunte sobre el poeta: “…la obra de José Luis Zerón ha sido de las más leídas y reseñadas a lo largo de estos últimos veinte años, quizá por su carácter independiente y por seguir indagando en las raíces del símbolo con el fin de explicar qué valor tiene la existencia humana en el caos de la realidad…”(6)

¿Qué se puede añadir a todo esto? Tal vez una reseña de sus obras publicadas, puede ser un buen inicio. Así, encontramos las siguientes:

Solumbre (Ediciones Empireuma, 1993), Frondas (Ayuntamiento de Piedrabuena y Junta de Comunidades de Castilla La Mancha, Ciudad Real, 1999), El vuelo en la jaula (Cátedra Arzobispo Loazes, Universidad de Alicante, 2004), Las llamas de los suburbios (Fundación Cultural Miguel Hernández, Orihuela, 2010), Ante el umbral (Instituto de Cultura Juan Gil Albert, Diputación de alicante, Alicante, 2009), Sin lugar seguro (Ed. Germanía, 2013) y De Exilios y Moradas (Colección el levitador, Ed. Polibea, 2016). Además, existen dos plaquetas: Anúteba, con poemas tanto de Ada Soriano como propios de José Luis Zerón y Alimentando lluvias (Ediciones Empireuma, 1987), y (Pliegos de Poesía del Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, 1997). Además, hay poemas suyos en varias antologías y ha publicado ensayos, artículos, cuentos y poemas en numerosas revistas nacionales e internacionales.

Zerón, ha obtenido, entre otros, los siguientes galardones literarios: Premio Nacional de Poesía “Nicolás del Hierro”, Ayuntamiento de Piedrabuena (Ciudad Real), 1999; Premio Nacional de Poesía Ciudad de Callosa, 2000, Ayuntamiento de Callosa de Segura. Fue finalista del Premio Nacional de Poesía Miguel Hernández, Fundación Miguel Hernández año 2000.Su libro El vuelo en la jaula (Universidad de Alicante, Cátedra Arzobispo Loazes) fue seleccionado para el Premio de la Crítica del año 2004 por los miembros de la Asociación Española de Críticos Literarios y los componentes del jurado.

Fundador y director de la revista sociocultural “La Lucerna” y fundador y director, con Ada Soriano, de la revista de creación “Empireuma”. Ha presidido la “Asociación Cultural Ediciones Empireuma”, que ha publicado más de quince libros.

Todo esto nos acerca a este poeta oriolano en su faceta oficial, pública pero, para servidor de Vds., José Luis es esa persona cercana, amable, de tremenda humildad, persona que no hace jamás alarde de su conocimiento, poeta callado que contempla el sinsentido de la vida y trata de digerirlo de la mejor forma posible, poeta sin aspavientos, sin más orgullo que la desazón que le produce que su obra no tenga la perfección formal absoluta—esa misma que sabe inalcanzable—hombre amante de los suyos y amado por ellos, querido por sus amigos, muchos y buenos; persona siempre dispuesta a echarte una mano y, además, hombre inteligente, cultísimo, con un conocimiento enciclopédico y profundo de literatura, filosofía y de otras muchas ramas del saber que hacen de toda su obra general, un manjar para paladares que gusten de lo exquisito; también, ser humano con sus luchas, con sus infiernos, esos infiernos que tanto nos desgarran a todos y, por ello, excelente intérprete de nuestras propias pesadillas que también son las suyas. Ese es el hombre que admiro, aprecio y del que uno tantísimo tiene que aprender.

De Exilios y Moradas

De Exilios y Moradas” (Col. El Levitador / No 57. Polibea, 2016) es un poemario abrumador (recuerden esto, que lo mencionaré de nuevo al final de este comentario) Reconocía el autor a Juan Lozano en una entrevista que “…El título viene a ser una metáfora de la existencia del ser humano, incapaz de renunciar a la intemperie a pesar de los refugios que levanta contra ella, y de la naturaleza paradójica de la poesía misma, tan acogedora como inhóspita…”(7)

En un reciente intercambio epistolar con José Luis Zerón, el poeta me ayudaba a interpretar este poemario diseccionándolo para mí con la siguiente explicación que considero imprescindible para el lector: “En síntesis el libro está dividido en cuatro secciones, pero hay dos partes diferenciadas: en la primera sobresale el sentido de la trascendencia, el lenguaje interrogativo. El ser humano no tiene más remedio que conocer para sobrevivir y explicarse; y para llegar a ese sentido de la vida se hace necesario una recuperación de la metafísica y un convencimiento de que solo desde la analogía es posible entender el mundo, pues todo es lucha de contrarios y a la vez reconciliación de los mismos, es decir desde el conflicto o la unidad, todo está relacionado y todo en nexo. Y esos nexos que nos conducen al todo solo se pueden percibir desde el mestizaje, la impureza, la mixtura, el sincretismo.”

“No pierdo el referente numinoso, no puedo ignorar el sentido de la trascendencia o espiritualidad, y no me estoy refiriendo a un estado confesional ni nada que tenga que ver con la dogmática religiosa. Hablo de una convicción laica de apertura, de interacción con el medio, que nos permite soportar la incertidumbre y alcanzar una seguridad ontológica ante el aparente sinsentido del universo y de nuestra propia existencia como seres humanos. Cerrar la vía de lo trascendente es regresar a una vida chata, sin misterio ni energía gnoseológica.”

“En cambio, en la segunda parte -que incluye las dos últimas secciones del libro- trato de transmitir una visión inmanente. La poesía resulta más matérica, más física, y habla de la naturaleza de las cosas y del amor y el desamor. Vengo a decir que las grandes preguntas no tienen respuesta, que el misterio (o concepción de lo sagrado, que es aquello que me interesa de todas las religiones) es inefable, para terminar afirmando el aquí y ahora terrestre, el universo inmanente.”

Como explica el autor, el poemario se divide formalmente en un proemio y cuatro partes: El proemio lo conforma un único poema “Moloch” a modo de invocación jaculatoria o, tal vez, protestación de fe, al modo del siglo XVI o XVII (posteriormente también hablaré de este poema, largo y tendido); las cuatro partes llevan por título los siguientes encabezados: El ruido del mundo, Le dur désir de durer, Razones del corazón y, por último, Hic et nunc.

Hay que añadir por fuerza, el magnífico prólogo de Alberto Chessa bajo el título de ‘El vértigo de la espesura’, una joya de lectura obligada por el exhaustivo análisis que hace de la obra y por la erudición de su contenido. En cuanto al título, sin menoscabo de lo dicho, Chessa ve una referencia a ‘Las moradas del Castillo Interior’ de Teresa de Ávila pero, si bien es cierto que podría haber ese guiño a Las Moradas, yo no lo veo tan claro y me parece más un supuesto intelectual que una realidad cierta. Podría también decirse eso mismo de Lucrecia Romera y su “Exilios y Moradas” o con “Las Moradas” de Amparo Amorós pero que son coincidencias circunstanciales (oigan,que todos usamos el mismo modelo de ordenador-cerebro para funcionar) porque no concuerdo con que haya ningún lazo de unión en cuanto a contenido, intencionalidad ni cualquier otra posible similitud pero esta, claro, es sólo mi opinión ya que no he oido a nadie más decirlo.

Para acabar este acercamiento formal al poemario, concluiré con lo que Juan Lozano, en su magnífico análisis, indica al decir que “…los poemas que conforman ‘De exilios y moradas’ están escritos en su mayoría entre 2014 y 2015; esto es, tras la publicación de ‘Sin lugar seguro’ (Ed. Germania, Valencia 2013). Si bien no todos los poemas son inéditos, pues algunos aparecieron en distintas publicaciones: La Galla Ciencia, Opticks Magazine, el blog de Antonio Gracia “Mientras mi vida fluye hacia la muerte” o la revista “El alambique”. A última hora se incluyeron, algo remozados, cuatro poemas más antiguos que estaban exentos y que, por su temática, encajaban en el libro; ‘Alto voltaje’, escrito en la década de los noventa y publicado inicialmente en la revista almeriense “Batarro”; ‘Un carnero muerto’ incluido en la antología Nuevos poetas, ed. Seuba de Barcelona, 1994; ‘El lamento de la Sibila’ y ‘El desconsuelo de Orfeo’ se escribieron para Empireuma, apareciendo en un número doble de 2007.”(8) y, dicho todo esto, entro a revisar el poemario desde una perspectiva poética, emocional y anímica, que es lo más acorde a mi gusto y a mis aptitudes.

El primer poema, a modo de proemio, es ‘Moloch’, dedicado a otro gran poeta, José Manuel Ramón. En ‘Moloch’ parte Zerón de una declaración profética cuando arranca el poema diciendo: “Nos fue dada la llama / para alumbrar nuestra / turbación y nos fue / dado el entendimiento…para forjar tenaces creencias, devastadoras/ verdades.”y lo dice rompiendo en el segundo y tercer versos la bíblica frase—cosa que repetirá continuamente en el poemario obligando al lector a prestar atención—y produciendo dos efectos de sobrecogimiento: el uno emocional, el segundo literario; porque, al hecho de que la frase comience casi tan bíblica como aquel “En el principio creó Dios los cielos y la tierra…” de Génesis o el “En el principio era el Verbo…” del evangelio de Juan, se une esa hermosa división del verso que enciende todas las alarmas y rompe las pretendidas normas de los perro-flautas literarios; y uno, que comienza inocente la lectura, confundido, se detiene, se descompone y se pregunta “¿quién nos dio esa llama?” y entonces caes en la trampa de la tela de araña que representa ‘De Exilios y Moradas’ porque lees, por en medio de esa frase entresacada del poema y como aclaración a los cuatro primeros versos:”…no para llegar, no / pues no es posible / alcanzar la lejanía / que toda voz ansía e ignora,…” y te recuerda el mito de Tántalo [Τάνταλος] castigado por los dioses a permanecer en un lago con el agua por la cintura y bajo un árbol de exquisitos frutos pero que, cada vez que intentaba beber o comer del árbol, se apartaban de él haciéndole permanecer eternamente sediento y hambriento. Al igual, nos dice el poeta, somos incapaces de alcanzar la lejanía, la realización de la vida, la meta ansiada (aquí también se ve algo de Schopenhauer en ese ansia humana nunca satisfecha que hace que la vida signifique un tormento básicamente)

Pero continúa diciendo: “También nos fue dado el poder / de alumbrar lo que no ha sido, y de ver / con inocencia, el festivo ajetreo / de lo invisible / urdiendo perpetuamente, / perpetuamente hilando / la apariencia y sus fantasmas…” Aquí habla de un poder creador, capaz de crear ‘lo que no ha sido’ y descubrir lo invisible y oculto con esa mirada inocente que nos lleva a crear continuamente ‘la apariencia y sus fantasmas’ como si siguiésemos en la cueva viendo tan sólo las sombras platónicas y tratando de descifrar su significado, por otra parte, inalcanzable e incomprensible porque, como aclara Zerón, “…la clarividencia / fue abolida…”

Y así, “…Nuestro…egoísmo / y nuestro intenso deleite / en el dolor ajeno / abren un cauce firme / en el sueño del vacío. / Ah escritura en la arena / que las olas borran…”
hace que estemos condenados a tejer y destejer como Penélope, en la búsqueda del “…secreto / del universo que fulge / de muerte sin poder / acceder a otra transparencia/ que no sea la necesidad / de sobrevivir al extravío / de las horas que pasan…” y entonces “…Caminamos sobre / el tejado fangoso / de los muertos tratando / de edificar en nuestro exilio / un lugar de permanencia…” con lo que nos preguntamos: “¿De dónde hemos sido exiliados? o ¿de qué?”

Y precisamente en ese punto, en ese instante del poema, se nos recuerda que Moloch sigue estando ahí porque “…la vida todavía avanza con las garras / dispuestas a cebarse / en la carne inocente. / Todavía su violencia / nos exige sacrificios / y nos abandona…/ pero conscientes / de que la herida es frontera común…” de todos nosotros que somos, uno en el destino, en la desesperación, en ser pasto de ese violento Moloch que exige vidas inocentes para alimentar una pasión desconocida e incomprensible; por ello “…Tememos y añoramos la vuelta al útero…” a, como decía Borges, ese ‘hogar primigenio’ pero somos conscientes que no hay Paraíso Perdido porque esa vuelta implica perseguir “…una certidumbre / que nos negamos a reconocer…” porque, pasado y futuro, es decir, nuestra vida “…se fusionan / en un único punto…/ al que llamamos muerte…” y se nos recuerda que “…cuando el infinito / con su infinidad de mundos / se nos eche encima / quedaremos cegados / como ciegos nacimos…”

En este punto del poema, en el verso octogésimo noveno (el ‘ochenta y nueveavo’ para graduados de EGB) (disculpen la broma ¡no he podido resistirme!) se abre un interregno con dos “…Mientras tanto…”, el primero, en el citado verso y, el segundo, apuntando ya hacia el final del poema, en el centésimo tercero; y dice ese primer intermedio: “…Mientras tanto el cuerpo manda / en nuestros vínculos y la memoria / alimenta el tiempo frágil / que ha contemplado tantos / siglos de demoliciones…” y, frente a ese ‘tiempo frágil’ nos recuerda el otro, el infinito e incansable flujo de las eras, del infinito tiempo de un Universo en el que sólo somos una brizna de nada, al decirnos de esta forma tan bella y pan universalista que,”…el tiempo que ordena / y desordena el lecho / de los manantiales, / dueño de un abismo / más profundo….” y divido este último verso para una mayor comprensión, verso que continúa diciendo: “…dios y ángel / y monstruo destructor / y creador en perpetua / vela, en perpetua fuga…” ese tiempo, ese continuo pasar que todo lo cambia, lo erosiona, le da virtualidad o desvirtúa el Universo entero. Y esa definición del tiempo modelando y remodelando el lecho de los ríos, me prende el alma, amigos.

Y llegamos al segundo intermedio, que comienza diciendo “…Mientras tanto arrebatamos / a la desdicha nuestros / propios despojos / e invocamos el placer / y la belleza y bailamos / en tiempo de duelo…” y vuelve a llevarnos a esa clarividencia hebraica al recordándonos aquel “…comamos y bebamos porque mañana moriremos…” del profeta Isaías en su capítulo vigésimo segundo, demostrando lo acertado de alguno de los críticos mencionados al principio respecto a ese misticismo—más agnóstico que laico—en mi opinión, recordándonos que, como decía en un verso anterior, lo que a todos nos une es la certeza de esa confluencia común en la muerte.

Y llegamos a la conclusión con dos afirmaciones, casi dos advertencias o confirmaciones, según se interprete, que dicen: “…Nosotros, ebrios de esperanza, / adoramos la muerte / y la vejamos…” y termina con “…Nosotros…/…nos entregamos a la voracidad.” Terrible acusación que nos espeta el poeta o ¿acaso no? ¿acaso sólo nos recuerda que somos humanos, que esa es nuestra condición y que estamos genéticamente predestinados, obligados por ese código interno, a hacer exactamente eso?

Y esto es el proemio; un solo poema, largo, vale, pero sólo el primer poema en “De Exilios y Moradas”. Luego comienza esa primera parte que, decía, se titula ‘El ruido del mundo’ con el poema ‘La Danza de Shiva’ que ya en su primer verso nos encadena con el previo de ‘Moloch’ al decir: “…No hay quietud sin movimiento / ni silencio sin alboroto…” llevándonos al universo de los contrarios, al ying y yang del taoísmo y, luego nos habla de la fluidez de la danza, de cómo la danza construye y reconstruye la gloria de la vida, de cómo la existencia se expande, de que “…Todo fluye y no hay decadencia / sólo transformación…” como un Heráclito moderno, devolviéndonos a lo ya dicho en “Moloch” respecto al paso del tiempo y las transformaciones que conlleva.

Y sigue, y sigue, en otros cuarenta y tres poemas que completan los cuarenta y cinco del libro; ninguno de relleno—como decía Juan Lozano Felices—ninguno sin una maldita, rasgadora, dañina, cicatrizante, salvadora, bendita verdad que descubrirnos. Muchos me han tocado el alma, como a otros lectores, tales como ‘Tiempo y Memoria’, dedicado a ese monstruo creativo que se oculta tras la increíble revista ‘Opticks Magazine’, como ‘Danaides’ I y II o ‘Las Parcas’ o el asombroso ‘Oración a Juan de la Cruz’ o ‘Fuente y Ceniza’ o ‘La Tarea de Morir’, las dos elegías al final del ‘Le Dur Désir de Durer’ o los tres poemas iniciales del ‘Razones del Corazón’, dedicados al hijo pródigo, los dos primeros y a Orfeo, el tercero, el ‘Playa de Poniente’ de los poemas dedicados a Ada, o el bellísimo, bellísimo, bellísimo ‘Poema para mi hija’ con esa súplica desgarrada en el deseo de proteger a su niñita; y ya en ‘Nic et Nunc’, ‘Palabra no dicha’ un dulce poema de amor a la palabra no dicha, no hallada, o ‘Apoyados en la ventana’ y ‘Miro el mundo’.

No me malinterpreten: Menciono algunos de los muchos que me han gustado. Ya me he sobrepasado bastante en este larguísimo pero más que justificado comentario, que no—insisto—crítica. “De Exilios y Moradas” es un poemario imprescindible por contenido, por poética, por lo que descubre y por lo que oculta. Zerón logra distanciarse de “…los grillos que cantan a la luna…” que tanto me desagradan y me deja, tal y como muchos le hemos dicho al comentarle nuestras primeras impresiones, superado; me abruma, me dan ganas de no escribir ni un verso más, porque me encanta el lirismo, la abstracción de lo ordinario, de lo concreto, para ascender a un plano intemporal donde se tratan los grandes temas, las grandes preocupaciones del ser humano.

Pues dicho todo esto, Vds. verán, mis queridos lectores, pueden dejarlo así o pueden buscar este bello y desconcertante poemario y experimentar lo que les he ido explicando en este larguísimo comentario, porque me lo agradecerán. ¡Ea!, dicho queda lo dicho.

Notas

1)De Exilios y Moradas de José Luis Zerón (por Juan Lozano), La Galla Ciencia, 29 septiembre 2016, http://www.lagallaciencia.com/2016/09/de-exilios-y-moradas-de-jose-luis-zeron.html

2)La Editorial Polibea publica De Éxilios y Moradas de José Luis Zerón Huguet, (Manuel García Pérez), 04 julio 2016, Mundiario, http://www.mundiario.com/articulo/sociedad/editorial-polibea-publica-exilios-y-moradas-jose-luis-zeron-huguet/20160704103942062705.html

3)De Sueños y Entrañas, (Elías Cortés), Diario político y literario de Fulgencio Martínez, 23 agosto 2016, http://diariopoliticoyliterario.blogspot.com.es/2016/08/resena-de-elias-diaz-del-libro-de.html

4)Op.cit. nota 1

5)José Luis Zerón Huguet: La poesía y el malditismo del silencio, (Manuel García Pérez), De Lectura Obligada, 7 septiembre 2013, https://lecturaobligada.wordpress.com/2013/09/07/jose-luis-zeron-huguet-la-poesia-y-el-malditismo-del-silencio/

6)Ibidem, Nota previa 5

7)op.cit. Nota 1

8)loc.cit. Nota 1

@Fernando Pastor Mata
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