Presentación de Bagatelas de Carlos Javier Cebrián en Alicante

Estándar

Sábado 14 de enero, 12 horas

Lugar: EL IMPULSO HERÓICO Y LA DIMENSIÓN INSONDABLE

C/ Capitán Amador, 12 (Alicante)

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En su último libro publicado, Bagatelas, editado por Babilonia Asociación Cultural de Valencia, Carlos Javier Cebrián escribe en esa línea fronteriza entre la poesía y la prosa, entre los conatos del poema y del diario. En cualquier caso, es esta una literatura íntima, meditativa; es observación que se nutre del sentimiento elaborado, largamente sucedido; son imágenes que dimanan del resorte interior y de los roces con el mundo.

Con prudencia, con humildad, el autor llama a estos textos cortos, a esta coherente reunión de poemas en prosa, “bagatelas”, aun sabiendo que, en el fondo, no lo son, porque ha puesto buen empeño en ello, ha extraído de esas incursiones en lo minúsculo o en lo reiterado un buen atisbo de su significancia secreta: “En la contemplación de lo considerado nimio se halla el misterio de las cosas…en el análisis de cada objeto, de los adornos superfluos, hermosos; nos aguarda la belleza”. Los elementos que originan estas palabras son el rasgo cotidiano, el asombro ante lo inacabable, la honda huella sentimental que a veces deja la vivencia aparentemente más prosaica. Es prosa, pero no por ello es ilación sin cadencia, composición rutinaria, sino experimentación con el lenguaje, búsqueda de la insólita, inédita unión de las palabras, que se propone sortear la tentación de la autocomplacencia, del consentimiento a la expresión vana, de la adicción al mantra propio. Todo este libro es un victorioso forcejeo con esas inercias, un rebosarse a sí mismo para alentar la creación verdadera y aferrarse al filo de lo innombrado.

En El oficio, el autor se despacha a gusto contra quienes quieren constreñir el acto de poetizar la realidad. Hay que evitar que “las anotaciones prosaicas de la minúscula existencia” sean tan solo eso: una autoauscultación obsesiva y superficial. Por eso, es necesario captar las principales propiedades de lo próximo, su reticente profundidad; y así, ahora, al mirar atrás, al menos: “Sabes cuánta verdad encerraron y encierran, todo el sinsentido que abarcan”. Aunque, a veces – hay que reconocerlo, sin desmerecer nada –: “Decir es solo redundar. Como lo es vivir… Repetirnos en los tópicos. Ese espléndido homenaje de vivir”.

Cebrián aborda los diversos temas que describen la cercanía impregnada de sí mismo, no con la pretensión de una filosófica exhaustividad, de una claridad irrevocable, sino desde el afán de una permeable y emotiva forma de conocimiento. Así, se abunda en la fresca evocación cono fehaciente examen de lo vivido, de aquello que ya es parte definitiva del ser. Uno de estos temas es el amor que mayoritariamente se percibe como una felicidad temporal, un cálido sentimiento que oscila en su intensidad, y que, en los periodos en que remite su intensa fuerza momentánea, se lo considera desde una respetuosa y cauta indagación en sus misterios. Como nada es permanente, a veces sobreviene el repentino silencio, la furtiva mirada, el recogimiento hacia fuera, hacia la lejanía; y crece el dolor de esa distancia imprevista, de esa visión del otro demasiado amplia, en la que cabe el frío proyectado.

El tema de la casa está tratado exultantemente en La victoria: “Al término de la jornada, entrar en casa es un triunfo… Aquí se expresa la juridiscción de la potestad… Las huellas reconocibles que se rastrean sin impedimento. Tus pisadas y sus cicatrices.” El domicilio donde, en la soledad, en la semipenumbra, en el silencio, se puede esperar el cotidiano milagro de la aparición de la amada; el hogar en el que suceden las placenteras intimidades. Pero existe el riesgo de quedarse encerrado en uno mismo: “Vuelves la vista atrás y sabes que sigues mirándote al ombligo, pero ahora tu perspectiva es otra, más exacta, más madura.” Por eso tal vez sea bueno atender el pulso del vecindario, de la ciudad, para resituarse. Entonces, las palabras van más allá de los silencios salpicados de anónimas voces inconexas, van en pos del sentido más sutil y se asientan en la extraña conclusión de un relato que se omite, porque lo que importa aquí es la abierta traducción de esas crípticas sugerencias que se avienen a nuestro reincidente vivir.

Los temas son variados: el ombligo del ser, pero también la perturbadora presencia de un edificio abandonado, o el gato. El paso del tiempo, la abrupta construcción de una biografía íntima. Las hormigas le sirven al autor para reflexionar sobre su lugar en el mundo…Todo es susceptible de ser acercado a la lupa de lo poético. Aquí se habla de lo próximo, se extrae la relevancia de lo pequeño, su decisiva conexión con lo inmenso, el secreto entramado que compone una nueva y poderosa figuración. Como dice Borges: “La literatura no es el espejo del mundo, es algo más, agregado al mundo”. Así pues, estos textos poéticos quieren noticiar una muy particular realidad pero lo que hacen es enriquecerla.

Aunque no versificadas, es indudable que estas prosas cortas son poesía, lenguaje del detenimiento, una mirada que abarca el pasado menos desprendido del presente. En estos textos hay introspección, severa constatación de los transcursos, reproducción de la quebrada línea del ser. La elección de los temas es asunto preeminente en el quehacer poético. Leyendo estas Bagatelas me he sentido muy próximo al autor, y no tanto por algunas coincidencias sino porque en ellas rezuma una humanidad auténtica, una mirada que no se aparta de su deber de consignar el mundo desde la honestidad de saberse limitada por su condición insuficiente, un esfuerzo en acrecentar los vínculos con lo escondido, con lo que hay que ser capaz de decir tan bien para saberlo, para transmitirlo en forma verdadera.

Hace bien el poeta en su ambiciosa humildad: “Yo solo intento explicarme mi propia humanidad, ingente labor desmesurada. Inútil.” La literatura es un imposible que hay que contemplar de cerca, recelando de todos sus deslumbrantes predicamentos. Carlos Javier Cebrián se ha asomado muy terco, muy valiente, a ese fondo que nos conmueve, a esas preguntas que respondemos con nuestras intermitencias. Con trazo certero, con denodado discurso, lo ha dejado bien dicho en estas nada despreciables Bagatelas.

JAVIER PUIG.

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