Aproximaciones a la poética de Javier Cebrián, por Juan Lozano Felices

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coffee-157458__340APROXIMACIONES A LA POÉTICA DE JAVIER CEBRIÁN O EL CHOCOLATE ESPESO.

El tiempo pasó corriendo,

como un mensajero con una noticia urgente

Wislawa Szymborska

Previamente confabulados por WhatsApp, acudía anoche en compañía de Jesús Zomeño, Pepe Orts y Francisco Gómez a la Sala Cultural La Llotja, a la cita con la presentación de las “Bagatelas” de Javier Cebrián, alumbradas por Babilonia Ediciones. En la puerta ya nos esperaba Julio Soler. Antes habíamos dado cuenta en “Los Barriles” de platos de calamares, patatas con ajo y otras viandas regadas con cerveza. No es sacrilegio ni desvergüenza ir a un acto poético con la panza llena, al contrario. Y más si se va a la presentación de un libro de Javi, porque eso equivale a decir que se va a un evento festivo. Incluso hace años, cuando acudimos al “funeral” de Carlos Cebrián, se trataba de un trance festivo-simbólico. Porque Javi, además de excelente poeta, cantor de las cosas mínimas, es también amigo cumplido y generoso. Creo que lo conocí en el antiguo Café Época, alguna noche de sábado de mediados de aquellos locos ochenta, cuando aún era Carlos y acababa de escribir un poema dedicado a su profesora de Lengua y al ángulo exacto que le permitía descubrir lo que mi discreción omite. Ambos habíamos participado en “Palmeras salvajes” una publicación monográfica dedicada a jóvenes creadores ilicitanos, editada por el Instituto de Cultura Juan Gil Albert. También publicamos al mismo tiempo, en un proyecto que se llamó “Ediciones Inauditas” y de cuya tirada debe haber cajas enteras sin abrir por algún colegio mayor de Valencia.programa de mano.indd

Un artículo en un medio de la época nos emparentaba con sendos mitos, casi paradigmas de la rebeldía con cierta aureola malditista. De él se decía que era un poeta jamesdeaniano y de mí que era un poeta de filiación rimbaudiana. Qué le vamos a hacer, eran los ochenta, época de desajustes y componendas. Quien haya tenido veinte años en los ochenta sabe bien de lo que hablo. En cualquier caso, imagino que los atributos se han quedado en el camino, en un largo camino hecho de alegrías, fracasos, bloqueos, ilusiones, asaltos y desencantos; vividos con la prevención y el aguante que nos da el saber que el día menos pensado el chocolate pueda salir espeso. Hemos compartido cartel en numerosas ocasiones. El último espacio fue hace poco más de un año, en un recital al alimón en la librería Pynchon de Alicante, de tan grato recuerdo. Pese a su breve andadura, Pynchon ha dejado en muchos una huella durable, allí podías encontrar buenos libros y buenos amigos, la combinación ideal. Incluso escuché al maestro José María Álvarez alabar su fondo libresco, experta y amorosamente seleccionado. La librería sigue abierta, pero no he vuelto a cruzar esa puerta desde que, después del verano, perdiese su espíritu benefactor, personificado en Sara y Carmen.

Volviendo a la presentación, tras un introito de espera en el que vimos un fragmento de la película “Brigadoon” (comparto con Javi cierta debilidad por el musical clásico americano) se visionó un video para el que nos había pedido que contestásemos a la pregunta “Qué es para ti la poesía”. Yo había recibido mi correspondiente invitación yendo en el AVE, de Alicante a Madrid. Primero quise grabar el video en El Retiro, pero tuve que desistir por el ruido ambiental. Ahora pienso que tampoco hubiese estado mal como definición de poesía esa intervención en la que sólo se oía el retumbo del viento, palabras sueltas de la gente al pasar y el ladrido de algún perro, y yo moviendo la boca con la estatua del ángel caído de fondo. La presentación acababa con un estupendo recital de piano a cargo del maestro Daniel Rodríguez García, con obras de Beethoven, Brahms y Chopin.

Pese a que las “Bagatelas” de Cebrián son breves textos en prosa, están escritos bajo el signo del poeta. Ahondando más, diría yo bajo la advocación de Juan de Mairena y acaso de la Szymborska. Lo de menos es la línea continua, después de todo los ritmos poéticos son los mismos que marcan los latidos de nuestro corazón. Las coordenadas son un momento vital correspondiente a 2003, un situarse allí y ahora, y una lectura paralela de su colección de textos “Cosas mínimas”, ambos libros de afirmación individualista del yo hacia el tú y hacia el nosotros, sin veladuras. Uno es el reverso poético del otro. Ritmo lento, radiografía emocional del ámbito más cercano al poeta, de los puntos débiles y la agitación común; aunque sabemos también que la tormenta en una taza de té puede tener una proyección universal. Exploraciones de la cotidianeidad y el deseo, del acontecer milagroso de cada día, pequeñas dosis de seducción y contradicción, de rechazo, de erosión, de escepticismo y de recelo. “La domesticidad de la rutina”, en palabras del poeta. Luego, aunque cronológicamente antes si nos atenemos a la edición, aún nos daría “Celebración del milagro” (Ceyla, 2005) y, sobre todo, el que considero su opus magnum, “Estragos” (Le chat, 2012) y que salió del cajón gracias a la porfía de Pedro Serrano.

En su intervención, Cebrián nos habló de su pasado magisterio como hacedor del más suculento chocolate cuyo secreto está en el espesado. Y que para conseguir el espesado perfecto se ha de estar en un estado de gracia similar al del buen hacedor de versos. Si como él dice (pero no creo) ha perdido la gracia, es algo que el tiempo se encargará de decir. Yo creo que Javi aún nos hará muy buen chocolate y muy buenos poemas.

Juan Lozano Felices

10-2-2017

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