PERDER EL TIEMPO, por Francisco Gómez

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Reconozco que en estos tiempos de utilidades, prisas, estreses y competencias varias, me gusta perder el tiempo y encima soy reincidente. Cuando las lucecillas de la menguada imaginación visitan mi casa, ahí que va uno a perder el tiempo delante de una mesa y se pone a escribir. Redactar líneas en forma de hormigas azules que pugnan por desentrañar el silencio de la página en blanco. Expulsar fuera los demonios interiores que acosan mis momentos.

Escribir es una forma como otra de perder el tiempo. De contarle y cantarle al amor, la amistad, el tiempo, la soledad, la identidad, la muerte…De hablar con quien espera charlar con Él un día. Salirte de este bichito peligroso llamado normalidad. Escribir ya no es una forma de buscar el reconocimiento, el famoseo fugaz, los vanos intentos de trascender a través del reloj y por las letras.

Escribir es una forma engañosa de encontrarte a ti, entre mis sueños, mujer anhelada. Creer que no siempre serás un lobo estepario que aúlla besos, soñar con el amor y la felicidad contigo en el vértice del encuentro de los caminos que convergen en tu presencia. Perder el tiempo con la mar por bandera y tus ojos en mi corazón. Viendo un rostro en cada ola, como imaginara D. Luis Rosales. El tuyo y el de todas las personas que amo, he amado y amaré. Por fortuna, mi corazón es un músculo sano en el que cabe mucha gente.

Perder el tiempo a la vera de la barra del bar Brasil junto a Emilio, en el Ágora, Místic, la Caray o en Cañi, sumergido en las procelosas avenidas de Altabix. Dejar escapar los minutos y las horas mientras observo cómo juegan los niños en los parques de la “city”, cómo reclaman a sus mamás, con qué insistencia demandan los chuches, con qué interés verdadero buscan una y otra vez el columpio y el tobogán. Cómo las buenas señoras se sientan en los bancos. ¡Qué hermoso sería atrapar estos instantes de felicidad y que fueran eternos en la memoria de nuestra biografía sentimental!

Escribir y pensar en ti es todo uno. La soledad y el párpado. La luminosa presencia de seres que se buscan. Una desconcertante presencia de ojos que aman. Una forma tan estúpida como otra cualquiera de no llegar a ningún puerto conocido, de no ganar dinero para tener las cosas que hacen a un tío importante.

Escribir es perderte con la duda en la solapa de no saber si te volverás a encontrar. Escribir y decir que estoy por ti es todo uno. Garabatear estas líneas resulta una posibilidad tan tonta como otra de hacerte perder a ti también el tiempo.

Francisco Gómez

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