LOVE MATER, por Francisco Gómez

Estándar

Me resulta fácil explicar por qué estoy aquí pero más difícil tratar de desenrollar la madeja que provocó mi comportamiento y desenvocó en la tragedia.love-mother-2
Llevó muchos días sin ver el sol, sin moverme apenas de estos limitados metros cuadrados. No me importa. Tengo suficiente con la luz que irradia desde ella y calienta mi indomable corazón. Aquí apenas tengo amigos pero como dice una canción de mi admirado Loquillo: “No vine aquí para hacer amigos”. Estoy en este lugar por una culpa que cometí y que hoy volvería a realizar una y cien veces. Aquí purgo mi pecado de extrema violencia. La violencia es el único lenguaje que entienden algunos y en este ambiente es el caldo ideal para la supervivencia. Con la educación, la cultura, los tipos que están arriba quieren aborregarnos, amansarnos, domesticarnos pero en el interior del hombre corre desbocada la semilla de la lucha, el germen del animal que habita en nosotros y pugna por salir a la superficie para reconquistar el espacio que le han robado los buenos modos y modales, la tolerancia, la convivencia, la integración y todos esos rollos con los que pretenden engañarnos. Si aquí no eres duro y fuerte, te conviertes en un machaca y te pisotean y pasas a ser el hazmerreír de estos tipos. Y de mí no se ríe nadie si yo no quiero y quien ofenda a mi madre probará el sabor demoledor de mis puños.
Las manos de este hombre son duras y ásperas como su vida. Manos grandes y leñosas con dedos robustos y potentes. Manos que temer si pruebas su contacto. Manos de personaje a quien todo le ha costado mucho. En el reverso de los dedos de su izquierda figura la siguiente inscripción grabada en su piel: L en el meñique, O en el corazón, V en el anular y E en el índice, con un corazón en el pulgar. Es decir: LOVE. El pulgar de su derecha arranca con la M, el índice con la A, el anular con la T, el corazón con la E y el meñique con la R. La frase que corona sus dedos esculpida a fuego sobre su epidermis: LOVE MATER.
Sus compañeros lo saben y conocen el motivo por el que está allí. Entienden que no dice las cosas en vano y lo respetan. Casi todos ellos tienen madre y saben que estos seres dignísimos y humildísimos son las únicas personas que nunca les fallarán, aunque ellos se hayan fallado a sí mismos y ahora estén desvinculados del mundo en aquel rincón perdido. Las madres son las personas que jamás les dejan en la estacada a pesar que el hijo sea el mismo demonio.
Pero veamos algo más del entorno que rodea a este hombre envuelto en sus cavilaciones y soledades. Encima de la pared que habita, ha escrito con letras de sangre una frase que se antoja radical y lapidaria. Sus muñecas están vendadas y cortadas pero él está orgulloso de su acto que se le antoja noble. Auténtico. La sentencia dice así: “Tenlo claro, amigo. Nunca nadie te querrá más que tu madre”.
Lo hice una vez pero lo haría dos, tres, cien veces. Estábamos en un bar, olvidándonos de la monotonía y los sinsabores de la semana y el tipo se empinó más de la cuenta. Se metía con todo el mundo e insultaba como una ametralladora. Hasta que sus procacidades llegaron a mí. Si hubiera insultado a mi persona, me la sudaría. Si me hubiera dicho que me follaban daban por culo veinte negros sería indiferente. Pero se metió con mi madre. Con las palabritas que todos pueden imaginar. Y por ahí sí que  no paso.  Le pedí que retirase sus palabras y el tipo se rió de mí en plena cara. Acercó su asquerosa boca a un palmo de mi rostro y siguió con sus maledicencias. Se lo dije por última vez: “O retiras lo que has dicho o te mato”. Siguió insultando a mi madre delante de mí y empezó la guerra. Le solté una ensalada de hostias, una tras otra. Mis manos, mis nudillos se embadurnaron con su sangre detestable. Le reventé la cara a guantazos. Creo que le rompí el cráneo. Le pegué y pegué y pegué hasta que murió. Quedó tendido en el suelo como un guiñapo.
Llegó la policía. Me esposaron y al calabozo. Declaración ante el juez de guardia y a la cárcel. Meses después, juicio y condenado a quince años de prisión por homicidio. El abogado quiso disculparme con la atenuante de locura transitoria. Lo negué. Sabía lo que hacía y actué en conciencia. Aquí estoy. Lo haría una vez y otra, otra, otra. Nadie se mete con mi madre y sale bien parado. Ella ahora no puede defenderse pero tiene a su hijo para protegerla. Respondo de mis actos y los asumo hasta el final. Aunque traigan silencio, incomprensión y soledad. Los golpes me han hecho fuerte y encajo como un fajador los reveses.
Siempre me ha gustado el boxeo, como una forma igual que otra cualquiera de amansar la bestia que vive en mí. He sido esparring de púgiles que nunca han llegado a nada en el cuadrilátero. Si hubiera tenido más suerte y alguien que confiara en mi talento, podría haber sido alguien en este mundo. Desahogaba la rabia, el inconformismo con mis puños ajados contra el saco. Y luego las pesas, los abdominales, las carreras, los compases para esquivar al contrario en la lona. Para acabar siendo el telonero de tipos que nunca ganaron ningún campeonato. Muñecos rotos que acabaron en la indiferencia y el olvido del público. Yo pude ver mi destino antes de tiempo y escapar a la desolación de mi suerte. De soñar con ver mi nombre en los carteles con chicas que esperasen dispuestas al final del combate, acabé como un lobo estepario más y currando como estibador nocturno para una trasatlántica. Seguí dándole con fuerza y desesperación al puching-ball cada madrugada al salir del trabajo.
Mis manos son martillos pilones y mis brazos palancas en tensión. Los oídos del talego funcionan de maravilla y los presos se enteraron rápido del motivo de estar entre rejas. Y sé que algunos quedaron impresionados pero otros tipos querían comprobar si era tan fuerte como aparentaba. Y los kie de los módulos apostaron a favor y en contra de mí. Reconozco que apenas trato con mis compañeros. Me da igual que sean españoles, extranjeros, talegueros, reincidentes, camellos, psicópatas,asesinos o violadores. No tengo nada que ver con ellos ni me importan sus vidas.
Los poderosos de la trena supieron buscarme las cosquillas. Mi vida se centraba en levantarme, desayunar, recuento, bajar al patio y quedarme aislado en un rincón sin hablar con nadie o hacer pesas para fortalecer mis manos, brazos, tórax y espalda. Pero vino ese tipo, alto como una torre, ancho igual que un puente, musculoso como un adonis guerrero y me increpó. Volvió a insultar con las palabras malditas y escupirme en la cara. Lanzó veneno que me emponzoñó otra vez el alma y me levanté. Le solté un gancho en la barbilla que lo dobló. Machaqué sus costillas, le reventé el tabique nasal y dejé sus ojos hundidos como tomates podridos. Él también me sacudió bien pero ya he dicho que soy un fajador que se olvida del dolor propio cuando busca el ajeno. Nos machacamos en medio del cuadrilátero que era el patio, nos destrozamos, nos despedazamos. Pero yo triunfé. El tipo estará de vacaciones en la enfermería una larga temporada y yo estoy aislado en la celda de castigo. No importa. Soy duro y resisto los embates del destino. Ojalá el kie que apostó sus billetes contra mí se haya dejado una pasta gansa.

La luz del crepúsculo cae sobre los barrotes del chabolo. Alguna golondrina emite su melodía de libertad. Las primeras sombras nocturnas se apoderan del cuadrilátero carcelario. Una voz parece hablarle. Una luz surge en un rincón.

-¿Por qué te haces daño luchando contra los demás en mi nombre?
-¿Quién eres?
-Soy quien tú más quieres
-No puede ser cierto. Tú te fuiste hace mucho tiempo.
-Soy tu madre. Su conciencia. Estoy aquí para hablar contigo, hijo mío.
-Esos canallas maldicen tu nombre y yo te defiendo. Lo hice y lo haría una, dos, cien veces.
-Por favor, no derrames más sangre en mi nombre. La violencia vuelve contra ti y nunca cerrarás las heridas de tu vida, de tu corazón.
-¿A quién le importa?
-A mí. A tu madre.
-La vida es lucha, madre, guerra de todos contra todos.
-También es amor, entrega, generosidad, ternura, besos y abrazos.
-Yo no sé lo que es eso desde hace mucho tiempo. Desde que te fuiste una terrible tarde de verano…
-Ya sé que no has recibido en esta dura tierra el amor que buscabas, el afecto que ansiabas pero siempre he estado contigo, dentro de tu corazón y en tu pensamiento para que busques y encuentres el fugitivo pájaro de la felicidad.

-Mamá
-Hijo mío

Y se fundieron en un abrazo definitivo, infinito. Y se fue con ella a otra tierra más azul.
Francisco Gómez

Del libro “Sueños de nadie”

Sueños de Nadie, El picudo blanco, 2009

Sueños de Nadie, El picudo blanco, 2009

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s