Diario de un cinéfilo. (21.Paterson), por Javier Puig

Estándar

 

En Paterson (2016), su última película, Jim Jarmusch abandona su lobreguez habitual pero no su fijación en las singularidades, en las rarezas; aunque ahora también estas son menos ostentosas, más integrables en un mundo aparentemente luminoso. Así, lo que serían los diferentes capítulos de esta historia, se inician con el madrugador despertar de la pareja protagonista, marcado por el día de la semana, y se terminan con el deambular ya nocturno de Paterson, paseando a su perro, recalando en un mismo pub, que es el lugar de confluencia con el mundo, en el que es posible una somera pero persistente amistad, después de una tediosa jornada de trabajo al volante de un autobús desde el que oye conversaciones que le hacen gracia, de hombres y mujeres, de chicos y niños con los que simpatiza en silencio.

La película es una descripción de una rutina que ocupa buena parte de un lugar que no es desolador – porque en él hay paz, hay afectos -, pero que no alcanza a llenar a Paterson, que exige de su vida un cotidiano aliento poético, una sutil captación de su encanto secreto. Lo mayoritario es ese remiso paso del tiempo, en esas casi detenidas horas laborables, antes del reencuentro con su compañera que lo está esperando en casa, descansada pero no negligente de su papel hospitalario. Ella es una joven soñadora que se vuelca en su dispersa vena creativa, que lo mismo es plástica, culinaria o afectiva. Y es que esa joven está pugnando por reconducirse rentablemente desde un amplio ámbito al que acude plena de imaginación y de sueños. Cada tarde le cuenta a él sus inquietudes, sus proyectos pocas veces alcanzables. Paterson transige con eso que silentemente tiende a pensar que son caprichos temerarios. No discute su osada imaginación que él solo aplica a sus versos escritos contra su existir apagado, prisionero del puesto de mando del autobús en el que sobrevive diariamente.

Ante ese vacío, esa expropiación del ser íntimo, esa opresión que le inflige lo prosaico, Paterson, en su interior, alberga el minucioso trabajo poético que debería rehabilitarlo. Durante la película, somos testigos de su esfuerzo de poetización, de cómo reescribe la realidad envolvente con tiento inamovible. Aprovecha cualquier momento para refugiarse en su propio interior y acometer desde allí los versos que lo eleven sobre sus días estériles. Lo vemos con su libreta, por las mañanas, antes de tener que arrancar el autobús; o en el descanso de la comida, y en la soledad del sótano de su casa.

Su mujer aprecia esa obra que, como un vulgar adolescente, va escribiendo en una libreta casi secreta, y le anima a que la dé a conocer. Le exige la promesa de que hará fotocopias de sus poemas. Él lo hará, si acaso, por ella, pero no está convencido del valor de su poesía, tan tenaz y arduamente escrita. No sabe si cabe pretender algo más allá de haberla logrado, de su poder intrínseco. Es como si esos versos que habitualmente compone no necesitasen de su aireación, como si ya hubiesen cumplido su cometido erigiéndose firmes dentro de una privacidad incomunicada. Paterson representa la íntima resistencia poética frente al burdo transcurso de la vida, frente al día que intenta, una y otra vez, repetirse con su pesadez implacable. Lo que busca es una pequeña victoria ante el tiempo, esa cuarta dimensión que le resulta mayoritariamente adversa.

Paterson es hombre callado, observador, que rehúsa las modernidades. No lleva móvil, no utiliza el ordenador. Está atento a la realidad, alerta ante cualquier manifestación artística anónima. Se queda admirado del poema de una niña, del canto de un rapero en la soledad de una lavandería. El dueño del pub al que acude también es un resistente. Se niega a instalar un televisor, pone música de jazz, alimenta un mural en el que se describe lo más valioso de la historia de su ciudad.

Al final de la película, el perro de la pareja destroza la libreta donde Paterson ha ido reflejando la construcción de sus poemas. Él no se indigna. Es un hombre aparentemente inmutable, (aunque una vez sí actúa con contundencia, en el pub, en defensa de una joven). Apenas expresa sus sentimientos, pero ahora se le nota que está de duelo, que le resulta muy duro haber perdido sus preciosos poemas, la parte de sí mismo que lo emerge sobre la obediencia a lo anodino.

Amanece. Es domingo y, más allá, no hay nada en lo que pueda reenganchar su pasión callada. No tiene bastante con su dulce mujer. Tiene que buscar su soledad, acudir a ver las cascadas amadas. Allí se encuentra con un poeta japonés que ha venido a conocer la ciudad de su admirado William Carlos Williams. Le pregunta a Paterson si escribe poesía: “No”, le contesta. “Soy solo un conductor de autobús”, afirma. No está seguro de ser algo más. Y es que es tan fácil renunciar a ser poeta, a algo tan poco necesario para el mundo que conoce; y, por otro lado, resulta tan poco cuestionable volver a ser alguien normal, despojado de cualquier arrogante pretensión de percibir la realidad más allá de lo obvio, de su vano juego.

Algunos espectadores han dicho que esta película es aburrida, que en ella no pasa nada. Me parece que no tienen el tipo de sensibilidad necesaria para captar y apreciar ese lento y meticuloso despliegue de una realidad compleja, de un vacío insaciable. Paterson, desde su humildad, desde su ser magnánimo, parece proponernos una renovada mirada al mundo, una indulgencia que no es pasividad sino implicado asentimiento. Lo suyo es una actitud atenta a la máxima humanidad, entendida esta como la más radical oposición al infatigable intento alienante.

Las imágenes, los sonidos, las vibraciones de Paterson me han ido penetrando desde su sobria lentitud, con sus círculos sucesivos, con su aparentemente nimiedad que es, sin embargo, relevancia del alma. Al final de la película he salido reconfortado por ese aporte de frescura que desprende, por ese exquisito alegato a favor de lo sensible frente a la vastedad del tiempo y su propensión aniquiladora.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s