AL AGUA DOMADA, por Loli Obrero

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No le pidáis brío al agua domada.
Ni argucias de duendes,
ni alas de hadas.
No la esperéis jocosa,
ni vivaz, ni agreste,
pues el agua tranquila ya no moja,
ni ríe, ni mancha
las briznas de hierba
que están a su lado.

 

El tiempo que muerde,
arrasa y deshace,
es un peregrino tozudo y perseverante,
tránsfuga de vida,
nómada de esfuerzos…
Y a veces cobarde.
A la vez que la enseña a sumar,
la convierte en calmante olvido,
y le resta impulso y coraje.

 

Al agua que fue antaño espumosa ,
de alegres sonidos,
de frescos acordes,
de pronto parece por obra de magia
reducto de pausa,
silencio y saudade.

 

El tiempo y sus fuerzas
cada vez mayores,
al agua consigue robarle humedades.
No le pidáis cantos al agua domada.
Pedirle caricias, besos,
sonrisas, miradas…
y abrazos constantes.

Lola Obrero

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