Lugares idos , Prólogo. -Fotografías- por Francisco Gómez

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LA CITY DEVORADORA

Elche, como casi tod@s sabemos, es un espacio devorador. De sus símbolos, de sus espacios, de sus personajes referentes. Esta city corre sin saber muchas veces hacia dónde va. Discurrir su vida, su tiempo, tratando de echar un manto de olvido a su pasado, a las personas que eran referencia y donde much@s se veían reflejados.
Alguna persona me ha acusado formalmente de vivir anclado en el pasado, ser un nostálgico empedernido, un loco soñador que no vive su presente y encara con atención y dosis suficientes el llamado futuro, sucesiones de presente, como dice el maestro Quevedo. Un tipo que vistos estos perfiles no llegará nunca a nada, ni dejará marca ni huella, ni posición, prestigio ni res de res. Un tipo que pasea sus bambas por una city que le ignora y no dejará rastro en sus calles, avenidas, plazas, espacios rápidos, culminación de la indiferencia.
A veces camino por las arterias de la city y pienso: aquí estaba La Royal, el Marfil, el Boquerón de Plata, Biscuter, el Parador, la tasca de Charlie, la cafetería París, Cau d´Art, Directo. La Biblioteca con sus bancos y mesas de madera, la estación de autobuses… Me dicen que aquí estuvo el cine Victoria, el Kursaal, el antiguo Cuartel Viejo, el derruido Paseo de la Estación que sólo he conocido por fotografías. El Paz, el Avenida, el Palacio del Cine, el Gayarre, el Alcazar. La Kentucky, la Dallas, la Mirror, la Sabata…La clínica de Morenilla, la Casa Socorro. Observo fotografías antiguas de cómo eran la geografía urbana y humana de Elche, las casas de planta baja con su patio interior, el ruido de las máquinas para el aparado y el cortado en talleres con las persianas semiclandestinas, las sillas a las puertas de las casas para tomar el nugolet, o la partieta de cartas, al sarangollo, al tute, al subastao, a la brizca, el chinchón. El sopar a la fresca de nit contando los avatares del día entre vecinos y vecinas, en buena armonía…
Las buenas gentes que miran a la cámara en las calles de tierra mientras horadan el suelo los operarios para crear canalizaciones, llevar el agua a las casas…Todos ahora olvidados, perdidos en el laberinto de los días y las horas. Todos condenados a la indiferencia en el trepidar de una city que corre y corre a la búsqueda de nuevas señas de identidad. Cuando el fútbol ya no une los sentimientos de tot el poble, cuando no tod@s se sienten llamados por el cant de l´angel o la baixada del Araceli y la Verge es coronada. Cuando hay gentes que aún no saben qué es el Misteri y para qué sirve…
Miro las evocadoras fotografías de Andreu Castillejos de un arrabal ido, de un Raval vencido por la carrera del tiempo, de niños y niñas que jugaban en la calle bañados por las diagonales de luz. Niños que hoy serán adultos, ancianos incluso y el tiempo habrá caído como una losa sobre ellos.
Uno como pobre tonto, ingenuo charlatán que sabe, aunque le duela reconocerlo, que desaparecerá y será polvo de olvido como tant@s que le precedieron y vendrán, pasea a veces por las calles y echa fotos por casas y plazas, lugares ya sin aparente presencia, que guardaron mucha vida en su interior, donde sus moradores crearon, crecieron, engrandecieron una “city” que los ha condenado a la indiferencia tras la desaparición. Imaginar vidas que no conocí, historias que no traté de primera mano en un inútil intento de captar un aire, una atmósfera que se escapa con una imagen incapaz de descifrar los significados de las vidas que se fueron por los desagües de los días. Las vidas que soñaron, que lucharon, que buscaron, que esperaron, que desearon y ya no están, y ya no importan o apenas en la memoria de algún/a nostálgic@
Bares, cafeterías, edificios olvidados, espacios modificados que ya no responden a su sentido primigenio. Cines marchitos que uno pisó y vio, películas que marcaron su infancia, adolescencia y primeros pasos de juventud. Lugares de marcha donde apenas quedan los rótulos y donde nos perdíamos con nuestros sueños hasta las primeras luces del alba.
Todo sumido en el polvo de la indiferencia y el olvido. Como seremos nosotros. Ellos son testigos de la crueldad de las gentes y los días.
Sabedlo. Tenedlo claro.

Francisco Gómez, escritor

 

 

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