33 Poemas, La Música de la Memoria, de María Antonia Ortega. Por Ada Soriano.

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“Un poeta debe cuidar, como el jardinero, de sus poemas, pero también de sus lectores”

Llega a mis manos, como un pequeño tesoro, 33 Poemas, La Música de la Memoria, de María Antonia Ortega.
Se trata de una exquisita selección de poemas realizada por la propia autora, una poeta elegante y extraordinariamente auténtica que, con un estilo original y transgresor y un lenguaje magnético, logra atrapar al lector de principio a fin.
Y estos 33 Poemas, esta Música tan íntimamente personal, han sido editados recientemente por ARS POETICA en su preciosa colección BEATUS ILLE. Concebidos por la autora como un libro de libros, nos ofrece además tres poemas hasta ahora inéditos. Feliz aquel, pues, quien se aventure a indagar en estas páginas.

María Antonia Ortega Hernández-Agero nació en Madrid, ciudad en la que reside. Especializada en Derecho civil y penal, opina que es perfectamente compatible su profesión con la poesía puesto que, como ella misma declaró, y con argumentos muy sólidos: “La poesía es para mí como un refugio romántico”.
En poesía ha publicado, entre otros libros: Épica de la soledad, La viña de oro, Descenso al cielo, El espía de Dios, La pobreza dorada, Digresiones y rarezas, Junio López y El emparrado, y en prosa, La vida intranquila y El cuaderno de Liverpool. También son muy destacables sus libros en prosa como La vida intranquila (Ed. Huerga y Fierro, 2016) y El cuaderno de Liverpool, (Ed. Polibea, 2016, con excelente prólogo de José Cereijo).

Buena parte de su obra ha sido incluida en numerosas antologías y ha sido traducida a diversas lenguas. A lo largo de su trayectoria ha participado en congresos internacionales de poesía. También ha ejercido la crítica y el ensayo en Cuadernos del Sur- Diario Córdoba.

-María Antonia, ¿qué ha supuesto para ti la publicación de 33 Poemas, este libro de libros?

Suelo referirme a que sostienen y apoyan mi obra, con la atención que le prestan, la fidelidad de un grupo de lectores y la generosidad de mis editores que siempre se han hecho cargo, en todos los sentidos, de la publicación de mis libros, incluyendo diseño, gastos materiales y distribución, además de su apoyo emocional y psicológico.
Ha sido, en atención a ellos, que he querido preparar un nuevo itinerario y una guía de lectura, seleccionando poemas incluidos en los libros ya publicados y otros inéditos, sin respetar el orden cronológico, pero atendiendo al deseo de ser leída, a ser posible, con intensidad.
Todos los futuros libros en los que, como en éste, se reúnan poemas de los distintos libros, es decir todos los libros de libros, tendrán como subtítulo el de La Música de la Memoria, ya que constituye para mí una definición de la poesía.
Aunque ya disponía de un nuevo libro de poemas, en el momento de publicar 33 Poemas, preferí dar preferencia a reunir y dar antes al lector estos textos, pues el presente de un poeta debe referirse siempre a la totalidad de su obra, y no sólo a los poemas nuevos, y habrá de facilitar siempre a sus lectores leales la lectura de su obra.
Un poeta debe cuidar, como el jardinero, de sus poemas, pero también de sus lectores.
Mantengo la convicción de que la bondad en el hombre actual deberá manifestarse a través de su capacidad de respetar el tiempo de los demás; y el poeta habrá de caracterizarse por facilitar la relación del hombre con el tiempo, garantizando su fluidez, continuidad e intensidad, evitando hacérselo perder, que no es lo mismo que derrochar.

-¿Por qué 33?

Tenía el deseo de poner a alguno de mis libros un número como título; pues ya expresé en El Espía de Dios que busco la palabra exacta, que haga del poema un arte exacto, que convierta a la palabra en número insustituible.
El número 33 es símbolo del amor universal.
Sostengo que el amor del poeta, más que pasional, habrá de ser redentor, el que permite ponerse en el lugar de los demás con todas las consecuencias que ello implica.
En este mismo sentido recuerdo el personaje de Félix, de la novela, o prosa magnífica, de Las Cerezas del Cementerio, de Gabriel Miró, el cual advierte a la mujer de Giner que no la ama por su belleza sino por su desventura.

-¿En qué está basado su diseño, al que tan ingeniosamente denominas Arquitectura de Jardín?

En los siglos pasados ha habido muy buenos arquitectos de jardines, algunos de ellos extranjeros, italianos, franceses.
Dotaban todavía de más fantasía a la naturaleza.
Ahora, algunos de sus jardines, que conozco, dan la impresión de encontrarse abandonados, y sus caminos están cubriéndose de hierba. También puede haber en ellos, como en el caso de otras arquitecturas, muy bellas ruinas.
Concibo la poesía viva. Y hago esta precisión porque observo que algunas composiciones poéticas, en la actualidad, dan la impresión de constituir un ejercicio de disección, o trabajo de taxidermista, que exigen en ambos casos la muerte del cuerpo con el que se trabaja, el cual deberá ser convertido en cadáver previamente.
Según mi opinión, la innovación nace de la tensión entre lo antiguo, la tradición, y lo nuevo.
Por eso mantengo mi fe en un arte de raíz, como la naturaleza, que crece desde la antigüedad viva, a la que una filósofa reciente francesa equipara con el subconsciente de Europa, con motivo del análisis de la obra de Fortuny.

-Dios está muy presente en tu obra, y también hallo cierta inclinación hacia lo crepuscular.

Hay un crepúsculo de la mañana y otro antes de la noche, ya que el crepúsculo significa tanto la claridad desde que raya el día hasta que sale el sol, y desde que se pone éste hasta que llega la noche.
La claridad está más cerca que la luz de la transparencia. Y Dios no es invisible sino transparente.
Según la antropología del lenguaje, el del ser humano se caracteriza esencialmente porque dispone de capacidad de desplazamiento, es decir que puede referirse a cosas con las que el hablante no tiene contacto inmediato.
Y Dios es la palabra más desplazada de todas.
El problema pertenece a la filosofía, y el misterio a la religión. Y Dios es el mismo misterio inherente al hombre. Y es inconcebible la existencia de un ser humano privado de esta dimensión.
De Dios nos han dado noticia, no sólo los sacerdotes y religiosos, sino también los místicos, los pintores y escultores, los músicos y los poetas; y me han acercado a su misterio Shakespeare, Mauriac, Bernanos, Simone Weil…, y en los últimos días Gabriel Miró y Azorín. Los que le encontraron, y los que le buscaron aunque no lo encontrasen. (Con Dios practico un “leísmo” permitido).

-En tu poesía no hay tristeza por la pérdida, pero si celebración del pasado. ¿Estás de acuerdo?

Sí. Somos lo que hemos sido. El pasado es tiempo convertido en espacio, gozando y disponiendo de la ubicuidad de éste, y abandonando su fugacidad. En el pasado, todo lo que ha sido sigue pasando al mismo tiempo, como en el espacio, en donde hay un lugar para cada cosa, un sitio que puede ser para siempre. El pasado es como la pintura de El Bosco, en donde están representadas al mismo tiempo distintas secuencias del tiempo.
Pero el pasado tiene que estar vivo. Eso es la memoria.
Por otra parte, acabo de oír un proverbio africano que dice: “No te preocupes por los pasos que des sino por las huellas que dejas”. La poesía es una pintura de huellas.

-Sorge es un poema soberbio. Le precede una cita de Gustave Flaubert extraída de La Tentación de San Antonio. ¿Por qué esta cita?

Porque en ella se destaca la piedad.
Sorge es palabra alemana que significa preocupación, inquietud, responsabilidad, alerta por el otro.
Ya escribí, dentro de mi libro titulado DIGRESIONES Y RAREZAS, Postales, Recuerdos, Souvenirs: Un día preferí la piedad, como granado fruto que ardía en mi pecho, y resplandecía alta como una llama, pues es más perfecta que el amor. Con la piedad, aceptamos a los demás como son. Se trata de la realidad iluminando el amor, más bella aún que la luz de un sueño.
En Sorge, sigo desarrollando, levantando su velo, el tema de la piedad; y albergo la sospecha de que la vida carece de ella; y la increpo: Qué tienes, vida, contra el tiempo que pasa, si es el que te da poetas, filósofos, músicos.
Y desearía además que coincidiesen belleza y piedad.

-Has demostrado poseer una excelente capacidad para la crítica, como bien se puede apreciar en tu libro El Cuaderno de Liverpool, en el que hay espacio para el humor.

El humor y la cautela, o prudencia, son ambos consecuencia de la racionalidad, y un modo de ganar en perspectiva, y al poder observar las cosas desde un cierto distanciamiento, poder comparar unas cosas con otras. Todo se puede comparar; si no fuese así, no habría sabiduría, ni sentido del humor, ni lenguaje. ¿Quién ha dicho que hay cosas incomparables?
Más que hacer crítica, lo que he hecho es prestar mucha atención a la obra de muchos autores cuya confianza han depositado en mí, invitándome a que presentase sus libros, o a que los prologase. Y algunas de estas introducciones a las obras de los demás, más no todas, se encuentran recogidas en El Cuaderno de Liverpool, un volumen editado por Polibea, en donde se publicaron por vez primera, reunidos dentro de un libro, algunos textos en prosa de los que soy autora, y que hasta tal momento habían venido apareciendo en publicaciones periódicas, tratándose de “notas de andar y ver” en sentido orteguiano, pequeños ensayos, relatos breves y comentarios sobre libros; y que son aquellos que se editaron, durante un espacio de tiempo que abarcó cerca de un lustro, en el Blog de la Escuela de Letras, después Magaz de Letras; y también los que formaron parte de otra entrega, la que tuvo lugar con motivo de mi participación en unas jornadas que se celebraron en la Universidad de Liverpool, en donde fui invitada para impartir una clase, un seminario, y dar un recital de mis poemas.

-Ahora que se cumplen 25 años del nacimiento del denominado Grupo de la Diferencia, puesto que fuiste considerada la musa de ese movimiento, ¿qué crees que ha aportado a la poesía actual?

La Diferencia fue una acción, en virtud de la cual un grupo de autores, de muy diversas edades y trayectorias, quisieron dar testimonio en favor de unos valores literarios en los que creían, y siguen creyendo. Pero no formaban parte de ninguna escuela, ni sus obras tenían, por lo general, rasgos comunes.
Se trataba de defender el mérito de la originalidad, y de las tradiciones literarias; y de no descartar la genialidad, sino de seguir manteniendo la fe en ella, como sucede en Francia; y de rechazar las obras literarias hechas con plantilla, ajustadas a tendencias dominantes y políticas literarias, impuestas por lo común por las técnicas de mercado y por la metapolítica.
Lo que hace 25 años era una profecía se ha convertido en una realidad.
Los lanzamientos y auto-promociones, las estrategias de marketing, los oportunismos, se han puesto en evidencia de tal modo que ya ni siquiera hace falta denunciarlos.
El movimiento de la Diferencia fue realmente hermoso. Nuestros encuentros se orquestaron, en muchas ocasiones, en las capitales y ciudades andaluzas, y en el entorno de suplementos literarios y publicaciones locales y regionales, con la trascendencia que alcanza siempre la periferia, con su “fuga mundi”, y su capacidad de fascinación.
Guardo, conservo, los mejores recuerdos. Sí, fue una acción; y, como dijo Tristan Tzara, “poesía es acción”.

-Me reconforta que los poetas, como es tu caso, hablen de lectores y no de público, ahora que cada vez se tiende a asociar más la poesía con espectáculo. ¿No te parece?

Para mí, el máximo reconocimiento que puedo recibir es el de ser leída. Y lo digo porque parece que hoy se da mucha importancia, más que al libro, a lo que se escribe sobre el libro, y a su promoción.
La lectura concentrada, en estado de concentración, que es estado de gracias, en estado físico y espiritual, es la literatura en vena que no puede ser sustituida de ningún otro modo.
Si me dieran a escoger un regalo para hacer a la humanidad, después de haber vivido mucho y acumulado experiencia, yo elegiría un consejo, dar un consejo; y éste consistiría, sin duda alguna, en una invitación a la lectura.
Es cierto que el recital alcanza un puesto preeminente en la poesía, ya que además el origen de ésta es anterior al de la escritura, pues era, y es, el arte de la memoria; en Grecia, el de la memoria de los Dioses.
Los ingleses llaman a recitar de memoria recitar “by heart”, con el corazón. Y es verdad que a veces un recital puede alcanzar gran fuerza expansiva, como una trompeta capaz de derribar murallas; o gran capacidad de recogimiento, como el de quien se concentra escuchando el chorro de una fuente, o la cadencia de las olas; pero ya nada puede sustituir a la verdad y profundidad de la lectura.

En Madrid, a 6 de enero de 2018.

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