PRESENTACIÓN DE EL CIELO DE KAUNAS, DE JESÚS ZOMEÑO A CARGO DE JUAN LOZANO FELICES.

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LUGAR: CASINO DE ELCHE, 3-12-2018.

Buenas tardes. Gracias por acudir a este acto que tiene por objeto dar a conocer esta novela de Jesús Zomeño, “El cielo de Kaunas”, editada por la editorial Contrabando, de Valencia. Luego mantendremos un coloquio con su autor para que nos explique algunas de las claves de la historia, y que así el lector se haga una idea lo más precisa posible de lo que va a encontrar en la novela. Y gracias al Casino por acogernos en este entorno verdaderamente entrañable, aprovecho para desearle a José Esteban una pronta recuperación.

Voy a comenzar por el principio porque quiero que se entienda lo que voy a decir después, voy a contar cómo conocí yo a Jesús. Sería el año 80 u 81, y yo, con la osadía y la irreflexión que da la juventud más temprana, me autodenominaba poeta y quería ser como aquellos poetas que leíamos en el bachillerato. Como Miguel Hernández, como Lorca, como Blas de Otero que entonces estaba muy de moda. Los leíamos en aquellas viejas ediciones de la editorial Losada que venían de Argentina, las hojas no se desprendían como pasaba con los libros de bolsillo de Alianza pero amarilleaban. El caso es que yo tenía un amigo con el que quedaba para salir los fines de semana y él a su vez conocía a otro chico que, según me decía, también escribía y que había ganado un premio de poesía en el instituto. Su amigo era Jesús Zomeño. Jesús fue, durante algún tiempo, como hubiera dicho Henry James, el amigo de mi amigo. Incluso antes de conocerle, a través de ese amigo común, compartimos un disco. El caso es que nos conocimos, ese otro amigo desapareció de nuestras vidas y Jesús y yo nos hicimos inseparables hasta hoy. Han pasado casi 40 años y ni siquiera tenemos ya el consuelo de aquel verso de Jaime Gil de Biedma que decía “Ahora que, de casi todo han pasado 20 años”. Bueno, pese al tiempo transcurrido, aún recuerdo como si fuera hoy el día en que nos conocimos, el intercambio de poemas casi con valor de hermanamiento de sangre….quizás hablamos de política, de chicas, de la ilusión por publicar, de la escritura como necesidad vital … Estos casi cuarenta años han dado para mucho….hemos compartido vivencias, nacimientos de hijos, momentos dolorosos, lecturas, proyectos literarios y personales, incluso en el día a día profesional también hay una intersección que es el mundo del Derecho donde nuestras vidas se vuelven a cruzar.

Bueno, pues quiero que ustedes sepan que el hecho de ser amigo del autor y de conocer muy bien el proceso creativo de una novela como “El cielo de Kaunas”, no me afecta a la hora de sostener que la aparición de esta novela es un acontecimiento de primera magnitud dentro del panorama literario español. También para su autor, “El cielo de Kaunas” marca un punto de inflexión en su ya dilatada trayectoria literaria. Tras haber dejado formalmente la poesía con “Un libro llamado 34 poemas” (Diarios de Helena, 2001), durante algo más de quince años Jesús nos ha legado un corpus narrativo de primer orden, con libros de relatos como “Lengua azul” (Sloper, 2008), “Cerillas mojadas” (Denes, 2012), “Piedras Negras” (Lengua de Trapo, 2014), “De este pan y de esta guerra” (Contrabando, 2016) “Querido miedo” (Sloper, 2016) y “Guerra y pan” (Contrabando, 2017). Ahora cambia de tercio y nos ofrece una novela. Esto, evidentemente, no ha ocurrido de la noche a la mañana. Ha entrañado un proceso más complejo que voy a intentar establecer con una sucinta cronología.

Todo comenzó en el verano de 2015, cuando Jesús me dijo que se iba de viaje a Kaunas. Yo no había oído hablar de esa ciudad y Lituania sólo era, para mí, un país báltico que no hubiera sabido situar correctamente en el mapa, igual que si me hubiesen hablado de la tintinesca Syldavia. Yo, ese verano estuve en Roma y, a la vuelta quedamos para hablar nuestras experiencias estivales. No hace al caso la mía ahora. Durante su estancia en Kaunas, Jesús se había alojado en un hotel llamado Santakos, situado en un punto que conecta el centro moderno con el casco antiguo de la ciudad, famoso por sus excelentes muestras del Barroco tardío. Un hotel, según me dijo, anticuado pero cómodo y tranquilo, donde estuvo perfilando los cuentos de “Querido miedo” para su publicación. Si uno hace una consulta en el Google Maps, tomando como punto de partida el hotel Santakos, comprobará que, en un radio de no más de quince minutos encontramos el Gran Museo de la Guerra, la Alameda de la Libertad, la isla Nemunas, el Museo del Diablo o un restaurante llamado “Bella Italia” en la calle Daukanto. Antes de que alguien pueda confundir esto con una guía turística, debo decir que los lugares citados son los que frecuentó Jesús durante su estancia en Kaunas y luego incorpora a su novela, convirtiéndolos en un itinerario sentimental y vital, como si fueran las arterias y las venas por donde circula la narración y le infunde vida. Quizás sea exagerado decir que uno podría visitar Kaunas con el solo apoyo de la novela de Jesús, pero si deciden viajar a la ciudad báltica (yo tengo pendiente mi visita) harían bien en llevar la novela consigo y recorrer los lugares, ya familiares, que aparecen en ella.

Durante ese otoño de 2015, Jesús comienza, por primera vez, a hablar de que está enfrascado en una novela con cierto aire noir. No me extrañó, era la evolución natural de su narrativa, ya anunciada en unos cuentos que, al final, han quedado inéditos. Precisamente yo, en octubre de 2015, en un diario comenzado por esas fechas y que no continué, veo la siguiente anotación:

Jesús sigue con su novela y quiere volver a Kaunas para terminarla. Como sabe que no puede ser, va a hacer que el protagonista de su novela viaje a esa ciudad y se refugie en el mismo hotel donde él estuvo este verano.

La novela fue terminada en dos meses y, tras una apresurada corrección, pone el punto y final. Era el 31 de octubre de 2015, lo recuerda porque era el último día de plazo para remitirla a un premio literario. No obtuvo ningún resultado, tampoco lo esperaba. Pero, esa primera novela había servido como campo de pruebas para emprender otro proyecto de mayor envergadura y cuyas líneas maestras ya tiene más o menos claras. El 1 de noviembre da comienzo a su segunda novela, que entonces sólo es “la novela de Kaunas” y donde, el mismo protagonista de la primera, un atípico inspector de policía del que no conocemos su nombre, viajará a Kaunas sin un propósito fijo, sólo porque su amante asesinada era de allí. Como quien persigue un rayo de luna, que es lo que le dice Paco, su compañero en la Jefatura. Las dos cabinas de teléfono donde creía haber localizado, por medio del Google Street View a su amante, pese al rostro pixelado, cuando aún vivía en Kaunas, serán el objetivo de su viaje.

El año 2016 será el annus mirabilis de Jesús Zomeño. La editorial Contrabando edita en febrero su libro “De este pan y de esta guerra”, conformado por relatos nuevos que había escrito tras publicar “Piedras Negras” y otros, incompletos entonces o a partir de esbozos, que el tiempo le había permitido retomar y concluir con mejor perspectiva. Tras el verano de 2016, la editorial mallorquina Sloper editaría “Querido miedo” donde Jesús proyecta una mirada entre nostálgica y elegíaca ante la década de los ochenta.  Ambos libros aparecen, entre otros, en 2017 como candidatos a los Premios de la Crítica Valenciana y el galardón se lo lleva “De este pan y de esta guerra”. Luego, en octubre de 2017, aún vendrá “Guerra y pan” que, en principio iba a ser una separata de tres o cuatro cuentos destinada como regalo, tras el premio, a los compradores del libro y que termina siendo un libro con plena autonomía e integrado como tal en el catálogo de Ediciones Contrabando.

Pero durante ese ajetreado año, Jesús no ha dejado de trabajar en su novela. Me habló de que, una vez encontrada la voz y el ritmo, la novela era más lineal y no requería la tensión y concentración del cuento. Según lo entendí era algo así como si uno pusiera el piloto automático. Pero sospecho que, lo que resultaba tan practicable para Jesús, para otros sería un Himalaya inalcanzable. Para Jesús, todo era cuestión de disciplina, de cenar ligero, acostarse pronto y poner el despertador para levantarse siendo aún noche cerrada. Prepararse una taza humeante de café con leche y arrancar el ordenador portátil. Una de sus herramientas, cuyo uso comparte con el protagonista de su novela, es el Google Street View. No voy a desvelar nada más acerca del modus operandi de Jesús. Lo importante es el resultado, y éste es portentoso.

En el otoño de 2016, un año después de haber comenzado, Jesús termina una primera versión de “El cielo de Kaunas”. Todo el 2017 lo ocupan las correcciones, casi frase a frase. Mientras que, para algunos autores, es la idea la raíz de su proceso creativo y para otros el párrafo, Jesús Zomeño tiene en la frase la unidad que vertebra su escritura. Hasta el verano de 2018 vendrá una última fase de pulidos y detalles, donde además se añadieron los títulos de cada una de las partes, escribió el preámbulo y la editorial trabajó con el diseño. La magnífica portada se debe a Carlos Michel Fuentes y también contiene una ilustración interior debida al artista madrileño Raúl, colaborador en los años ochenta en publicaciones como Cairo, Madriz o Complot. El montaje de Raúl, que alguna vez se valoró como portada, está ubicado al final y es fruto de una concienzuda lectura de la novela, ofreciendo detalles y guiños que harán las delicias de los lectores de “El cielo de Kaunas”.

Jesús Zomeño nos muestra la vida tras el desmoronamiento del modelo soviético, el mundo de los personajes deviene un caos donde la nostalgia será la información que las terminaciones nerviosas están mandando de forma continua al cerebro. Jesús ha escrito una especie de Estación Termino del socialismo real por medio de alegorías y de historias pobladas de unas criaturas que huyen continuamente para seguir tan perdidos como al principio: el francotirador que, como el protagonista, carece de nombre; los personajes convulsos de la segunda parte; el propio inspector de policía…el eje conceptual de la novela, tal como yo lo veo, es la incomunicación y la huida. Sobre el título yo, Jesús, te oí decir el otro día en Orihuela que era un homenaje a El cielo protector, acaso porque los personajes de la novela también busquen el manto protector de un cielo estrellado, sin encontrarlo. Una interpretación literal hace referencia a las condiciones climáticas hostiles y el cielo bajo y plomizo, como amenaza, sobre los personajes. Pero también refiere al techo pintado de nubes de la habitación de los niños, en la casa donde el francotirador sin nombre, pasó su infancia y donde se desencadena la tragedia.

Quizás no sea una novela para todos los paladares, quizás haya asumido Jesús un riesgo excesivo. Quizás en estos tiempos donde impera el fraude de la corrección política, alguien pudiera pensar que estamos ante una historia nada edificante. Nada de eso importa, estamos ante una novela, como dijo Ridruejo de “Si te dicen que caí” de Juan Marsé, de las que nos hacen crecer. Una historia, en cierto modo perturbadora, que habla de la delgada línea que separa al hombre racional de un ser que ya ha roto todos sus vínculos emocionales, intelectuales y culturales con la civilización, capaz de las mayores atrocidades como expresión de dominio. La historia del sanguinario verdugo de Kaunas es una de las más inquietantes del libro.

Alguna vez he dicho, utilizando un símil cinematográfico, que Jesús Zomeño  es un escritor que utiliza el zoom o el travelling de forma absolutamente lúcida; es decir, lleva la eficacia narrativa de los movimientos de la cámara a su literatura. Sus patrones narrativos no han cambiado desde “Piedras Negras” o “De este pan y de esta guerra” y, con “El cielo de Kaunas” lo vuelve a repetir. Si fuera un realizador Jesús no sería Visconti ni John Ford, descubriendo grandes espacios. Probablemente sería el Hitchcock de “La ventana indiscreta” o tal vez Orson Welles, un ilusionista del cine con sus ángulos oscuros y sus contrapicados. Quizás al intentar yo fusionar dos lenguajes distintos, esté planteando problemas de orden semiológico y estético. Admitámoslo si quiera metafóricamente para explicar lo que quiero decir. Un ejemplo, en cada escena del francotirador, eligiendo cuidadosamente a su víctima y preparándose para disparar, la cámara se acerca en un zoom. Cambia incluso el foco. Pasando del narrador omnisciente a un monologo interior, nos ubica directamente en los pensamientos del asesino. El tempo se ralentiza y el autor hace un recorrido para que nos fijemos en todos los elementos de la escena, desde el control de la respiración hasta la caricia del gatillo y por fin la presión del disparo.

A través de su estructura tripartita y con la precisión de un artesanal relojero, Jesús va montando un engranaje perfecto, donde todo encaja al final. O también es posible que esté desmontando el mecanismo, que la narración sea una deconstrucción y al final tengamos las piezas esparcidas sobre la mesa para que sea el propio lector el que las monte.

Hasta aquí la novela, pero este libro nos habla también de la felicidad de escribir, de alguien que disfruta enormemente con lo que hace. Jesús parece haber nacido para contar historias y la escritura deviene él una necesidad vital, tal como me contó en Cau d´Art hace casi 40 años. Ahora comienza para Jesús y para la gente de Contrabando una carrera de fondo que les llevará a presentar la novela en diversas ciudades españolas como Valencia, Alicante, Murcia, Albacete, Cuenca, Palma de Mallorca y Madrid. Solo me resta desearle a Jesús toda la suerte del mundo en este periplo, aunque estoy seguro de que no la va a necesitar si se hace a su novela toda la justicia literaria que merece.

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