DIPLOPÍA, ESPEJOS, REFLEJOS Y FULGORES. APOSTILLAS A  “NATURALMENTE, AMARTE”  DE JUAN LOZANO FELICES Por Juan Lozano Felices.

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Aunque no sea muy habitual que un poeta se revele a sí mismo; sin parecer, por otra parte, un ejercicio narcisista, de vanidad o de autocomplacencia, he decidido escribir estas líneas,  para que puedan ser leídas desde la web de Frutos del tiempo. En cualquier caso, todos sabemos que el poeta no explica su poesía, entre otras cosas porque, como dijera Eliot, la poesía es más sensible que inteligible. Es decir, se dirige primero al sentimiento sin pasar por el cálculo intelectual. Como decía también Cocteau, “sentir antes de comprender”. Pretender explicar la poesía es una mistificación. Por ello, quiero hablar en estas apostillas del plasma germinativo que está bajo los versos, de la intrahistoria del poemario, unas notas que puedan acaso iluminar algún ángulo oscuro o, siquiera, sirvan al lector para satisfacer su curiosidad sobre el origen de algunos poemas.

En octubre de 2018 estuve varios días ingresado en el hospital, afectado de un cuadro cuyos síntomas más llamativos fueron una diplopía binocular y una persistente y extraña sensación de luminosidad, como la que percibimos, a veces, tras la fuerte lluvia. La actualidad meteorológica, marcada por la inestabilidad, ocupaba la cabecera de las noticias, donde se hablaba de la llegada de una “gota fría” formada en el litoral mediterráneo. El día de mayor riesgo, a mediodía, se formaron negros nubarrones que oscurecieron el cielo. La habitación daba a campo abierto y desde la posición horizontal en la cama, adormecido por una situación de inercia y de tedio vital,  los amplios ventanales permitían una panorámica perfecta.  Esperé toda la tarde la aparición de la tormenta que habría de sacarme del letargo,  pero el pronóstico no se cumplió. Algunas primeras versiones de los poemas aquí recogidos, donde se habla de la visión doble, de la dualidad en las emociones, de los espejos, de los reflejos… fueron escritas durante aquellos días. En este sentido, tal vez los poemas de hospital sean los más explícitos junto a “De reflejos”. Pero también en “Paseando por el Chiado”, donde ese “y no supiera si estoy saliendo de casa o entrando” sugiere también el rebote de la imagen. También en “Tierra quemada” se plantea el dilema de no saber si estás avanzando o retirándote. En todo caso, quiero decir que, muchas veces, estas conexiones son reconocidas por el propio autor, a posteriori. En torno al tema de la imagen dual, se condensa uno de mis mitos preferidos, el de Perseo en su lucha con la Gorgona Medusa. Como el héroe no podía mirar a los ojos de Medusa sin quedar convertido en piedra, idea un ardid. Guiándose por la imagen de la criatura reflejada en un escudo de bronce pulido, a modo de espejo, la decapita sin tener que mirarla directamente. Yo he pensado, a veces, que también el poeta, como Perseo, puede servirse de un escudo donde se refleje la realidad. Los espejos, al duplicar, como en el Arte, también crean un mundo paralelo. Además, como dice Cirlot en su “Diccionario de símbolos”, la imagen en el espejo es un símbolo de la conciencia, un eco de la realidad. Aunque también el espejo puede deformar e invertir la realidad.

Predomina en todo caso, en el conjunto, el tema amoroso, en poemas como los falsos sonetos “Paseando por el Chiado” y “Naturalmente, amarte”, y en otros como “Piazza di Spagna” y “He puesto a enfriar la belleza”. Incluso habría un anti poema amoroso, en “Carta de amor a Eva Braun”. Tiene su origen en un proyecto fallido, una especie de sainete y, al quedar condensado en un poema, puede haber perdido algo de su mordacidad original.

No es casualidad que haya elegido el poema de Alberto Bevilacqua como frontispicio del poemario. No es un capricho estético, tiene un valor exegético muy concreto, al igual que las dos citas que cierran el conjunto, de T.S. Eliot y Fernando Herrera. “Anima amante” es un poema en el que, precisamente, aparecen, fundidos,  los dos temas que son básicos en mi poesía, el amor y el paso del tiempo. La poesía, para mí, es un intento de detener el tiempo mediante la reflexión y la evocación. En saber, de antemano, que tenemos la batalla perdida está la grandeza, el esplendor trágico que nos anima. Ese tempus fugit está presente en toda mi poesía, incluso en la culturalista. “Por venir a serlo todo” es mi “No volveré a ser joven”. El paso del tiempo también se refleja en la vejez y enfermedad de los padres. Y en el poema “Il mondo nuovo”, donde un casi anciano Casanova recuerda su juventud mientras sus afeites se cuartean al mismo tiempo que se derrumba un mundo bajo sus pies, el del Ancien Régime. Inicialmente, los poemas “Un lugar en el mundo (II)” y “25-12-2018/ 7:30/  AM. 3º ” estaban unidos. Creo que, al separarlos, ambos han ganado en intensidad. El primero precisa de poca explicación. En el segundo, evoco, al pasar con el automóvil de regreso a casa, un recordado paisaje urbano, familiar en la niñez y hoy desaparecido, y ello da pie a la reflexión final: “era cuando queríamos/ cambiar el mundo/ antes de que el mundo/ nos cambiase/ Era cuando queríamos/apurar la vida/ sin pensar que la vida/ acabaría por apurarnos”.

Pablo Neruda no es, para mí, un poeta de cabecera, en el sentido en que lo son Gil de Biedma, Cernuda o Kavafis. En mi juventud sí lo leí mucho, quizás lo que más te gustó entonces fuese su libro de memorias, “Confieso que he vivido”. Me llamó mucho la atención, hace unos años, la noticia de que iban a analizar sus restos para comprobar si había sido asesinado durante los primeros días del golpe de Pinochet en Chile.  Parece que al final encontraron una bacteria en sus huesos, el estafilococo dorado, que pudo haber acelerado el deterioro de su estado, ya precario por un cáncer de próstata. Pero no se pudo determinar si se encontraba en el cuerpo de Neruda antes de su ingreso. El hospital estaba intervenido por los militares e inocularle la bacteria podía haber resultado cosa fácil.  Pero es algo que nunca sabremos. Escribí el poema “Planeta Neruda” a partir de esas noticias y de los recuerdos que plasma en su libro de memorias, donde el poeta habla de su estancia en Rangún, cuando fue cónsul de Chile en Birmania, o de su estancia en Madrid en los años previos al estallido de la guerra civil o de su exilio en Italia. Capri fue uno de los lugares donde se alojó y donde escribió “Los versos del capitán”.

El otro día, el alma mater de Frutos del Tiempo, Javi Cebrián, nos hablaba del agnosticismo en oposición al ateísmo, porque el ateo niega a Dios mientras que el agnóstico lo busca. Una búsqueda que, congruentemente, se despliega en ausencia de dogmas. Así, nuestra vida está presidida por esa tensión entre razón y fe de la que habló Unamuno y nos movemos en un convulso territorio entre el nihilismo y la incertidumbre, como actitud vital. Desde un punto de vista personal e intelectual, este conflicto está también tratado en un par de poemas. En el poema “oración”, que es una oración descreída dirigida a un ser que podría ser la proyección de uno mismo, se podrá leer “Crea un mundo para mí/ desde los clavos duros/ que terriblemente sostienen/ la verticalidad de tu esqueleto” Y en “Poco, apenas nada”: “Es un día para todo negarlo,/ para que entre tú y yo, Señor,/ sólo una primordial orfandad convenga”.

Creo que, con los que cito a continuación, habré mencionado la mayor parte de los poemas de “Naturalmente, amarte”. “Lux et veritas” es el segundo poema que dedico a “Brideshead Revisited”; el primero, en “Soliloquio del auriga” (Ed.Falsirena, Ávila, 2013), fue “Et in Arcadia ego”. En este de ahora, Charles y Sebastian han llegado a Venezia durante las vacaciones de verano, para visitar al padre de Sebastian.  Éste vive con su amante en un palacete asomado al Gran Canal. Al día siguiente, al abrir las ventanas, una esplendente luz lo inunda todo. “Una colina en Turquía”, sobre el arqueólogo Schliemann, que descubrió las ruinas de Troya,  es un descarte; y, por último, “Una cierta idea del otoño” habla de floristerías, días de lluvia y música de jazz. Son “las viejas ideas, que nos protegen donde cubre”.

Elche, 9-Junio-2019.

 

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Un comentario »

  1. Es muy de agradecer para los que consumimos poesia, que el Poeta , recordándonos a Eliot para que no tratemos de comprender lo inexplicable, nos coja de la mano y nos ayude a desgranar y comprender, ahora sí, los momentos que propiciaron el nacimiento del germen de sus poemas. Despues de la primera lectura, esta segunda con las luces de trafico bien encendidas por Juan Carlos hacen que el paseo por su ” plaquette” sea un gozo nuevo e inolvidable

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