PRESENTACIÓN “PATRIK M.” DE DAVID MATUŠKA GASTRO 41 – ELCHE, 29 DE NOVIEMBRE DE 2019., por Juan Lozano Felices

Estándar

 

EL PHATOS Y LA FRAGILIDAD.

por Juan C. Lozano Felices.

Buenas tardes, gracias por su asistencia. Presento por primera vez un poemario de mi amigo, el artista David Matuška, y esto es motivo para mí, de una gran satisfacción. Voy a ser muy breve, porque en realidad lo que importa más de lo que yo pueda decir, es la muestra de la representación de “Patrik” que viene a continuación. Además, tras un prólogo como el de Mariano Sánchez Soler, poco ni mejor se puede decir de este poemario ni de su autor. Más que prólogo, constituye el de Sánchez Soler una lúcida aproximación a la poética de David Matuška, sintetizando cuáles son sus resortes y claves cardinales. Yo, por mi parte, he preparado este texto que he llamado. “Patrik M. El pathos y la fragilidad”.

Para quien no lo sepa, aunque ya serán pocos si los hay, David es checo pero ilicitano de adopción y corazón. En su libro de 2018 “Pasado propio” ya dejaba escrito ese verso memorable de resonancias unamunianas, “Elche me duele”. A David le duelen y se duele de muchas cosas, es el dolor luminoso de quien interpreta el mundo conforme a sus propias reglas y que desemboca en una poesía del desarraigo. David no es precisamente un recién llegado ni a la música ni a la poesía. A principios de la década de los noventa, forma parte de diversas bandas musicales de su país. Ha vivido en diversas partes de Europa desempeñando multitud de oficios y, cuando llega a España en el año 2000, se integra en un par de bandas “Las bombillas fundidas” en Palma de Mallorca y “Los accidentes” aquí en Elche,  hasta reflotar su proyecto Matuška  Project, que combina poesía, música, artes visuales y escénicas y que es sin duda todo un lujo para la ciudad de Elche. En el campo poético, ya había publicado algún poemario en la República Checa y el año pasado como decía antes, “Pasado propio”, editado por Frutos del Tiempo. Y ello sin contar con una importante labor como traductor de poesía checa contemporánea.

Pero, si tuviéramos que definir conceptualmente el campo artístico en el que se desenvuelve David Matuška, probablemente nuestro intento estaría destinado al fracaso. ¿Qué es David? ¿es un músico, en este caso un bajista de jazz? ¿es un compositor?, ¿es un poeta…? ¿Es un músico que también escribe poesía? ¿Es un poeta que también es músico? Y es que, en occidente, estamos acostumbrados a estudiar el arte como si fuese una ciencia exacta donde todo es mensurable y clasificable casi a niveles taxonómicos.  Pero hay determinados artistas en los que la naturaleza de su obra se resiste a la codificación, David es uno de esos artistas. Para mí es un artista donde música y poesía alcanzan una fusión orgánica. Es lo que llamamos un artista multidisciplinar, que no deja de explorar en el mundo del arte para darnos estas formas de fusión, como la que nos ofrece en el espectáculo “Patrik M.”

Pero, al mismo tiempo, en “Patrik M.”, el texto puede funcionar por separado. Y por eso ha nacido este poemario, desgajado de la obra total y, como digo, sin menoscabo de su autonomía porque la poesía, cuando es auténtica, se basta a sí misma.

Cuando David me llamó para preguntarme si le presentaba este libro y quedamos para vernos y que me hablara un poco del proyecto, no lo dudé un momento. Yo tengo que reconocer que mi poesía no tiene mucho que ver con la de David, él fue lo primero que me dijo. David es un caballero y así, muy caballerosamente me dejaba la puerta abierta a la negativa o a poner cualquier excusa, y hubiéramos seguido siendo tan amigos. Pero como digo, no lo dudé porque yo quería formar parte, de alguna manera de, perdón por el neologismo,  este proyecto matuskiano. Así que aquí estamos.

Yo había visto la representación primigenia de “Patrik” del año pasado en el claustro de San José y había sido micro-mecenas de su edición en CD, pero aún la obra guardaba para mí muchas incógnitas. Me preguntaba, sobre todo, cuanto había de la voz interior del poeta en la obra, hasta qué punto “Patrik” representa la voz del autor, como una especie de alter-ego o era uno de los variados registros de los que puede valerse un autor para abordar los temas que le obsesionan. Si era una ficción, una extrapolación donde llegaban los reflejos interiores del caos o era el caos mismo del autor. Y es que, la poesía es al mismo tiempo la pregunta más sencilla y la más compleja de responder. Desde luego, siempre es una experiencia estética que busca comunicarse y el primer compromiso, el poeta lo tiene consigo mismo. Me quedó claro, en ese encuentro, que Patrik M. era el propio David.

Ya el título, entronca con aquel “Joseph K” de “El proceso” de su compatriota Kafka, que era al mismo tiempo un personaje y el propio autor. Patrick es el alter ego de David, Patrik era uno de los nombres, según me contó él,  que su madre barajaba junto con el de David cuando aún no era más que vida uterina.

En cuanto a estructura y sin menoscabo de su coherencia interna,  el libro está dividido en tres partes, que son: “Casas de piedra” donde, como si fuera una claraboya llegan hasta el poeta la luz y los ecos de la vida pasada y de su tierra natal, el ambiente minero de Silesia, con poemas de imágenes de gran belleza. En la parte central, “Patrik, bastidores de un infierno” vemos al protagonista caminando al borde del abismo, un abismo del que no puede huir y que, para no verlo, opta por llenar por medio de los paraísos artificiales y tendencias autodestructivas y enajenantes. Donde conviven intensidad y levedad, pero en ningún momento persigue David una intención efectista. Es también la parte donde se desarrolla la historia del amor imposible de Patrik y Dana, como si quisiéramos unir el agua y el fuego o dos imanes por el mismo polo magnético. Esta parte podría también haberse titulado “Caminando por el lado salvaje” como la canción de Lou Reed o como aquel verso de Luis E. Aute, “que terriblemente absurdo es estar vivo”. Si buscásemos una analogía musical, esta sería la parte más disonante, más destemplada, más inarmónica. En la tercera parte “Un poco de paz” se produce la aceptación del abismo y en el poema-epílogo, “Una vela encendida”,  se rinde tributo a la esperanza, dejándose un final abierto y sereno para el lector, como un bálsamo. Así,  podemos decir que tiene una estructura laberíntica, con una entrada y una salida. Tres partes conectadas por diferentes leitmotivs, siendo la propia vida del poeta, aquel que reconocemos de una forma más clara y directa. Podemos hablar también de un viaje iniciático, de un viaje interior de autoconocimiento, donde hay mapas que nos guíen. Cuando uno vuelve de ese viaje se ha producido una toma de conciencia de nuestro interior, una aceptación del abismo. Pero ese viaje no sale gratis,  tiene un coste, un coste moral, un coste espiritual, un coste físico. Siempre se sacrifica algo.

Estilísticamente, David utiliza el verso libre, sin sujeción a medida. La medida la da la idea, la imagen. Sorprende como el poeta aquí es capaz de sugerir con una enorme economía de medios. Además un aspecto que a mí me ha llamado mucho la atención es la carga simbólica, con el gran poder asociativo que tienen los símbolos y de multiplicar los significados. La imagen más recurrente en el poemario es la de los ojos, que aparece no menos de 13 ó 14 veces. El ojo en la palma de la mano simboliza acción clarividente. La imagen de los ojos en este poemario es, casi siempre, la de ojos abiertos, nunca cerrados, y simbolizan la percepción de las cosas, la conexión entre el mundo interior y el mundo exterior.

David Matuška cuenta ya con una voz hecha y personal que ha alcanzado su plenitud vital, temática y expresiva.  Sentado esto, también digo que el poemario de David no es para todos los paladares. Al contrario de lo que suele ocurrir con  un determinado tipo de poesía muy en boga donde abunda lo previsible y lo plano,  que además es la que llena los teatros, no es el de David un libro de  cómoda ni fácil lectura. Es un poemario, desde luego, de un alto voltaje poético.  Se trata de una experiencia, es una lectura que pesa y que te carga emocionalmente. Nuestro poeta es plenamente consciente de haberse situado en un territorio difícilmente abordable, pero es su territorio.

Vuelvo para terminar al lúcido prólogo de Mariano Sánchez Soler donde nos dice, “Aquí está el alma de Patrik M., el último poemario de David Matuška, que les invito a leer como si estuvieran ustedes ante su propio espejo”. No puede estar más de acuerdo con el corolario de Mariano, que me lleva a dos reflexiones literarias más, me lleva a Baudelaire cuando nos dice en el poema que da inicio a “Les fleurs du mal”, dedicado al lector: “Hipócrita lector,  mi semejante, mi hermano” y aquello que dijo Walt Whitman de sus Hojas de hierba, “Camarada, esto no es un libro. Quien toca esto, toca a un hombre”.

 

Un comentario »

  1. Pingback: 'Patrik M.' - Opiniones - Boria Ediciones

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s