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Visión espiritual y poema de los átomos, Rumí

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Rumí, poeta y místico sufí del s.XII

El poeta del alma.

Visión Espiritual

 

La forma en que miras

es la medida del mundo,

pues tus imperfecciones

son como un velo.

Limpia tus sentidos

con el agua del espíritu,

como los sufís limpian

sus vestiduras.

Cuando te purifiques,

el espíriti te abrirá los ojos

y verás con el ojo de la belleza.

Pero imagina que en su lugar

traes una oreja

y le muestras la hermosura

adorable.

La oreja dirá: “No puedo ver.

Pero suelta un grito y yo oiré”

Y acerca una nariz

y ofrécele la luz,

¿de qué le sirve a la nariz?

Si hubiese almizcle o agua dulce,

la nariz lo sabría,

pues su arte y su ciencia

son el olfato.

¿Cómo puedo ver la cara del amado?

No esperes que sepa quién es Él.

Hasta que mi cuerpo esté purificado,

no podré ver más allá de mí mismo,

pero cuando me libre de mi cuerpo,

mis orejas y mi nariz serán ojos,

cada uno de mis pelos tendrá vista,

pues el ojo no tiene ojos al principio,

es solo un embrión,

carne en el vientre.

Adán nació de la tierra, mas

¿cómo podrá él asemejarse al barro?

El genio nació del fuego, mas

¿cómo podrá no arder?

La vida narra lo inenarrable.

Este es el ojo espiritual.

 

 

http://es.wikipedia.org/wiki/Yalal_ad-Din_Muhammad_Rumi

 

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Matuška Project

Vídeo

Grabaciones de la presentación del libro
Estragos de Javier Cebrián- Colección Le Chat nº 1, ed. Pedro Serrano, Ediciones Frutos del Tiempo.
Viernes 18 de mayo de 2012, La Llotja sala cultural

Acompañamiento musical a cargo de
Matuška Project:
David Matuška, Daniel Vargas y Emilito Ortiz



Acerca de Bagatelas, el magnífico libro poético de Carlos Javier Cebrián, por Javier Puig

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001En su último libro publicado, Bagatelas, editado por Babilonia Asociación Cultural de Valencia, Carlos Javier Cebrián escribe en esa línea fronteriza entre la poesía y la prosa, entre los conatos del poema y del diario. En cualquier caso, es esta una literatura íntima, meditativa; es observación que se nutre del sentimiento elaborado, largamente sucedido; son imágenes que dimanan del resorte interior y de los roces con el mundo.

Con prudencia, con humildad, el autor llama a estos textos cortos, a esta coherente reunión de poemas en prosa, “bagatelas”, aun sabiendo que, en el fondo, no lo son, porque ha puesto buen empeño en ello, ha extraído de esas incursiones en lo minúsculo o en lo reiterado un buen atisbo de su significancia secreta: “En la contemplación de lo considerado nimio se halla el misterio de las cosas…en el análisis de cada objeto, de los adornos superfluos, hermosos; nos aguarda la belleza”. Los elementos que originan estas palabras son el rasgo cotidiano, el asombro ante lo inacabable, la honda huella sentimental que a veces deja la vivencia aparentemente más prosaica. Es prosa, pero no por ello es ilación sin cadencia, composición rutinaria, sino experimentación con el lenguaje, búsqueda de la insólita, inédita unión de las palabras, que se propone sortear la tentación de la autocomplacencia, del consentimiento a la expresión vana, de la adicción al mantra propio. Todo este libro es un victorioso forcejeo con esas inercias, un rebosarse a sí mismo para alentar la creación verdadera y aferrarse al filo de lo innombrado.

En El oficio, el autor se despacha a gusto contra quienes quieren constreñir el acto de poetizar la realidad. Hay que evitar que “las anotaciones prosaicas de la minúscula existencia” sean tan solo eso: una autoauscultación obsesiva y superficial. Por eso, es necesario captar las principales propiedades de lo próximo, su reticente profundidad; y así, ahora, al mirar atrás, al menos: “Sabes cuánta verdad encerraron y encierran, todo el sinsentido que abarcan”. Aunque, a veces – hay que reconocerlo, sin desmerecer nada –: “Decir es solo redundar. Como lo es vivir… Repetirnos en los tópicos. Ese espléndido homenaje de vivir”.

Cebrián aborda los diversos temas que describen la cercanía impregnada de sí mismo, no con la pretensión de una filosófica exhaustividad, de una claridad irrevocable, sino desde el afán de una permeable y emotiva forma de conocimiento. Así, se abunda en la fresca evocación cono fehaciente examen de lo vivido, de aquello que ya es parte definitiva del ser. Uno de estos temas es el amor que mayoritariamente se percibe como una felicidad temporal, un cálido sentimiento que oscila en su intensidad, y que, en los periodos en que remite su intensa fuerza momentánea, se lo considera desde una respetuosa y cauta indagación en sus misterios. Como nada es permanente, a veces sobreviene el repentino silencio, la furtiva mirada, el recogimiento hacia fuera, hacia la lejanía; y crece el dolor de esa distancia imprevista, de esa visión del otro demasiado amplia, en la que cabe el frío proyectado.

El tema de la casa está tratado exultantemente en La victoria: “Al término de la jornada, entrar en casa es un triunfo… Aquí se expresa la juridiscción de la potestad… Las huellas reconocibles que se rastrean sin impedimento. Tus pisadas y sus cicatrices.” El domicilio donde, en la soledad, en la semipenumbra, en el silencio, se puede esperar el cotidiano milagro de la aparición de la amada; el hogar en el que suceden las placenteras intimidades. Pero existe el riesgo de quedarse encerrado en uno mismo: “Vuelves la vista atrás y sabes que sigues mirándote al ombligo, pero ahora tu perspectiva es otra, más exacta, más madura.” Por eso tal vez sea bueno atender el pulso del vecindario, de la ciudad, para resituarse. Entonces, las palabras van más allá de los silencios salpicados de anónimas voces inconexas, van en pos del sentido más sutil y se asientan en la extraña conclusión de un relato que se omite, porque lo que importa aquí es la abierta traducción de esas crípticas sugerencias que se avienen a nuestro reincidente vivir.

Los temas son variados: el ombligo del ser, pero también la perturbadora presencia de un edificio abandonado, o el gato. El paso del tiempo, la abrupta construcción de una biografía íntima. Las hormigas le sirven al autor para reflexionar sobre su lugar en el mundo…Todo es susceptible de ser acercado a la lupa de lo poético. Aquí se habla de lo próximo, se extrae la relevancia de lo pequeño, su decisiva conexión con lo inmenso, el secreto entramado que compone una nueva y poderosa figuración. Como dice Borges: “La literatura no es el espejo del mundo, es algo más, agregado al mundo”. Así pues, estos textos poéticos quieren noticiar una muy particular realidad pero lo que hacen es enriquecerla.

Aunque no versificadas, es indudable que estas prosas cortas son poesía, lenguaje del detenimiento, una mirada que abarca el pasado menos desprendido del presente. En estos textos hay introspección, severa constatación de los transcursos, reproducción de la quebrada línea del ser. La elección de los temas es asunto preeminente en el quehacer poético. Leyendo estas Bagatelas me he sentido muy próximo al autor, y no tanto por algunas coincidencias sino porque en ellas rezuma una humanidad auténtica, una mirada que no se aparta de su deber de consignar el mundo desde la honestidad de saberse limitada por su condición insuficiente, un esfuerzo en acrecentar los vínculos con lo escondido, con lo que hay que ser capaz de decir tan bien para saberlo, para transmitirlo en forma verdadera.

Hace bien el poeta en su ambiciosa humildad: “Yo solo intento explicarme mi propia humanidad, ingente labor desmesurada. Inútil.” La literatura es un imposible que hay que contemplar de cerca, recelando de todos sus deslumbrantes predicamentos. Carlos Javier Cebrián se ha asomado muy terco, muy valiente, a ese fondo que nos conmueve, a esas preguntas que respondemos con nuestras intermitencias. Con trazo certero, con denodado discurso, lo ha dejado bien dicho en estas nada despreciables Bagatelas.

001VOYEUR.

Vuelves a casa con la llaga del día en el rostro. Te desnudas en el vestidor. Yo te observo a hurtadillas, con el disimulo delictivo del amante despechado. Con el instinto enfermizo de un perfecto voyeur. Preparamos la cena mientras conversamos banalmente de lo dura que es nuestra profesión, de cuán cabrones son nuestros jefes, de lo contento que nos recibe y agasaja nuestro gato; entretanto yo me relamo con el espectáculo reciente de ver tu ropa interior cayendo como las hojas de los árboles caen en otoño. Lo de menos es la memoria. Y digo esto porque se trata de un cuerpo tan aprendido como el propio, y aun así sigue siendo tan peregrino y vertiginoso como lo fue antes de aprendérmelo. Qué sorpresivo es el deseo,qué contundente. Qué incuestionable y repetitivo

HORMIGAS.

Detesto a las hormigas. Al descubrirlas deambular por el suelo, entre las juntas inferiores de los tabiques de las paredes de la casa, en infame hilera, recolectando restos de migas de pan, esforzadas, me quedo en individuo fuera de sí, perplejo, ausente, invadido. Esto puede parecer una nadería, una simple anécdota, banal, pero de naderías y anécdotas, de banalidades, se conforma el ser humano. En la suma de ellas reside el misterio del ser. Al observar a las hormigas, campando a sus anchas por mi casa, reflexiono acerca del Universo. En cómo el Universo es una suma de universos más pequeños, indescifrables y anecdóticos. En cómo el tiempo es una adición de pequeños lapsos de tiempos ínfimos. En cómo la humanidad es la suma de todos los seres humanos. Reflexiono acerca de la suma de naderías que soy capaz de discurrir. Pienso en la muerte, al tiempo que liquido a todas las hormigas que puedo. Las aplasto, sin concesiones, una por una, o en grupo. Una reacción contra el miedo a lo que no se domina. Una acción tan humana

Bagatelas de Carlos Javier Cebrián

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DOMICILIO.

De vuelta a la intrascendencia, al acecho de las palabras ocultas. En la quietud misericordiosa del domicilio. He aquí el poeta. No hay más pronunciamiento que la incertidumbre. No saberte tan en la distancia abisal de un pasillo amarillo. Solo hubiera de cruzar ese ínfimo trecho para decidirte lejana. De vuelta a la intrascendencia, esta vida; mi vida, acontece maravillosa, sin sobresaltos, colmada de prodigios, tal vez absurdos, en la paz mesurada del domicilio. Te arropo en la noche rutinaria. Sé que sientes frío.

 

CONTEMPLACIÓN.

En la contemplación de lo considerado nimio se halla el misterio de las cosas. En esa prolijidad de lo minucioso reside el enigma de nuestra vida. Sucede que le otorgamos grado de valor superlativo a aquello que no lo merece, a la responsabilidad en las obligaciones, al sufrimiento volátil y olvidamos la importancia de lo cercano, lo que nos es dado, ofrendado como un milagro, lo obvio. La mañana, la noche, la respiración, la brisa, las olas, las miradas, los reencuentros. La seducción improvisada, el amor desdramatizado. En la contemplación de los rincones de este domicilio insignificante, en el análisis de cada objeto, de los adornos superfluos, hermosos; nos aguarda la belleza. Todo aquello que nos es dado cada día reiterado, sencillamente, es el prodigio de estar vivos.

 

 

Título: Bagatelas

Autor: Carlos Javier Cebrián

ISBN: 978-84-945601-1-8

Octubre 2016

Colección:  Pliegos de la palabra, 22

Ediciones Babilonia

http://www.edicionesbabilonia.com/index.php

http://babilonia56.blogspot.com/

precio: 10 euros (incluidos gastos de envío)

pedidos:  babiloni56@gmail.com

 

 

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