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DARSE POR VENCIDO, por Javier Cebrián

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No has encontrado – no has buscado –

olvido para el suceso de vivir.

Estatua sedente. Francisca Aguirre.

 

Llevo toda mi vida luchando contra molinos de viento, que es lo mismo que decir que no he dejado de luchar contra mí mismo, en todos los aspectos y en todos los campos. La verdad es que esta lucha intestina solo me ha deparado esta triste sensación de acabamiento, de darme por vencido. No sé muy bien si esta determinación es la derrota o todas las derrotas, tampoco sé si darse por vencido implica perder, creo que no es lo mismo la rendición que la derrota.

Dijo Cicerón que “El dolor, si grave, es breve; si largo, es leve”. Aunque, la verdad, a mí esta mezcolanza -o paradoja- entre intensidad y duración no me convence mucho. A mí me persiguen unos versos que escribí hace años “ … con el añadido de comprender, por fin, / que esta vida no he sabido vivirla”.1 Es curioso descubrir cómo la vida puede ser un bucle, que cuando crees haber superado el pasado y sus estragos, estos pueden volver.  Descubrir cómo tus escritos, tus versos, tus poemas, resurgen desde la hondura del pasado, cómo se sitúan junto a ti, contigo. “Sé ingenuo y pueril, / no intentes ser feliz, / no persigas los absurdos ensueños / del ser humano, / simplemente vive, sobrevive, / por el simple hecho de vivir”.2

Es cierto, la vida es un bucle, y qué decir del amor… Yo sé bien que el amor es como el oxígeno, / si tienes mucho, te lleva demasiado alto, / si no es suficiente puedes morir.3 El amor es como el oxígeno cuando lo tienes y cuando te falta,  para ayudarte a respirar  o para ahogarte. Uno siempre está sujeto a las mismas creencias sin reparar en el paso de los años ni en sus pérdidas y vuelve a tropezar con las mismas piedras, con los mismos obstáculos, con las mismas carencias, los mismos fraudes, la misma tristeza, pero ahora con menos fuerzas, para todo, para levantarse o para seguir adelante…

Y en cuanto a la escritura solo alcanzo a tener la sensación de ser ganado por esta intuición de que se me acabó el decir4. Hay poetas que reniegan de sus primeros versos, como si los corroyera la vergüenza, como si estos acecharan para derribar sus poltronas poéticas, en cambio a mí me enorgullecen, con la añadidura de creer que si me hubiera quedado en ellos y no hubiera escrito más, no habría pasado nada… de hecho no ha pasado nada tampoco pese a haber seguido con mis ejercicios de incertidumbre -no son otra cosa mis escritos-.

En lo profesional me he quedado en las orillas de mis glorias, desperdicié mi juventud, no estudié ni trabajé todo lo que debía, y en la cincuentena he intentado volver al estudio, ¿qué ingenuidad!  Estudiar a los cincuenta… y ahí me he quedado en víspera de nada, cedido a mis querencias y a las personas a las que he querido o quiero, sin asumir mi responsabilidad, sin asumir que nada es lo que parece. Sujeto al devenir, al azar, prendido de una ilusión recalcitrante. Paralizado, inerte.

Por otra parte tampoco seguí el consejo que Marcial nos dejó escrito: No te hagas demasiado amigo de nadie: tendrás menos alegrías, pero también menos pesares. Y es verdad, si hago recuento de alegrías y pesares tengo que decir que abundan más los segundos, es más hondo el dolor que te inflige un amigo que cualquier otro dolor sobrevenido. Pero sentirse traicionado solo es una percepción subjetiva, como tantas cosas en este mundo de locos, en lo general y en lo particular.

Una amalgama de tristeza son mis días hoy, ambulo y deambulo por las calles, no sé si buscando una explicación o reclamándola. Toda mi vida ha sido un intento baldío por comprender el mundo, este vacío, esta inexplicable peripecia. Muchas personas se pierden las pequeñas alegrías mientras aguardan la gran felicidad 5  Yo creo que soy una de estas personas y en ello he derramado mi vida hasta llegar aquí. La realidad es que a estas medianías o alturas de mi vida no he encontrado mi sitio. Maldita sea la costumbre.

 

1-  “estrago”- estragos – colección le chat 2012

2- “sobrevivir” 2006, Maneras distintas de amar (inédito) Huerga y Fierro editores 2020

3- LOVE IS LIKE OXIGEN

love is like oxigen

you get too much you get too high

not enough and you`re gonna die

love gets you high

Love is like oxigen.

(1978) Andy Scott / Trevor Griffint.  Sweet.

 

4- Juan Bonilla.  NOTA

Hecho en falta. (Poesía reunida).

 

5- PEARL S. BUCK

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Diario de un cinéfilo (37. El padrino III), por Javier Puig

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El padrino III (1990), me ha parecido una película de envoltura muy lujosa, una muy armónica construcción, en la que están perfectamente medidos los distintos elementos, dispuestos a través de un imponente engranaje. Así, he apreciado la habilidad de Coppola para eximir al espectador de un posible empacho momentáneo, evitando la excesiva perduración de alguna de las líneas expresivas en las que se fundamenta la película. Esa continua alternancia confiere la exacta mesura a las distintas escenas. En las festivas, prevalece la música, la amable convivencia entre quienes promueven suciamente sus exitosos negocios y quienes miran hacia otro lado. Junto a ellas, están las que nos muestran, en ámbitos alejados del paripé social o del peligroso trabajo, la intimidad del núcleo familiar, los conflictos, las contradicciones. Y, finalmente, las que directamente encuadran el rostro de la profesional maldad, el mortal riesgo de vivir en esa asesina competencia.

En esta última parte vemos a un Padrino minimizado. Al Pacino tenía cincuenta años cuando la rodó pero a su personaje se le asignó la edad de sesenta, como un momento clave, verosímil principio del deterioro físico, de la enfermedad crónica –en este caso, una diabetes que lo reduce y lo iguala a la máxima expresión de la humana fragilidad—; o como un punto de inflexión psicológico, en el que surgen algunas preguntas que pueden arruinar cualquier intento de feliz retrospección. Michael Corleone aquí se nos presenta débil, aparentemente menos temible, aunque su vigente autoridad le sigue confiriendo el poder de producir muertes con tan solo una discreta insinuación. Ello sitúa al actor en una posición indecisa, menos propicia para la brillantez, más apagada que en las dos partes precedentes, en las que su rostro duro y aquella mirada, a la vez triste y candente, lo dotaban de una especial complejidad. Aquí lo vemos abrumado por sus dudas, arrepentido de haber ordenado la muerte de su hermano. Cuando el cardenal, que luego será Juan Pablo I, lo invita a confesarse, él dice que para qué, pues sabe que no va a arrepentirse de nada. Sin embargo, comienza a hablar. Genéricamente le confía, a ese raro hombre en el que se puede confiar, sus atrocidades, pero distinguiendo muy bien el asesinato de su hermano, que es del único del que está seguro de su error, porque los demás, una vez inmerso en aquel mundo violento, tal vez fueran ineludibles, necesarios para el bien de su familia, que es toda la representación de la humanidad que le importa. Su labor social, sus grandes donaciones a los pobres, son una tapadera, una acción calculada, un movimiento negociante.

Como se trata de cerrar aquí la historia de esa familia tan singular, se incluyen diversos momentos de recapitulación, de reflexiva nostalgia. Para ello, resulta útil la reaparición de Diana Keaton, como ex mujer que sigue sin aceptar la vida del que es el padre de sus hijos; o esos fugaces flashbacks de momentos añorados, de amorosos bailes en la cumbre del poder y de la supuesta felicidad. Por otro lado, está el tema de la sucesión. Aquí, su sobrino, interpretado por un poco expresivo Andy García, representa la fuerza renovada, la impiedad indubitable, la temeraria resolución. Y no podía faltar el amor conflictivo, el considerado incestuoso —son primos— que nace entre el delfín y la hija de la familia. El Padrino, en uno de sus últimos actos de demostración de poder, lo prohíbe.

Camilo, siempre por Francisco Gómez

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A Javier Cebrián, que ama su música

A mi tío Jesús Rodríguez García

A Francisco Coves

Y por supuesto a Camilo Sesto

Cuando me enteré el domingo a primera hora de la mañana, gracias a mi amigo José Manuel Sánchez Asencio, que Camilo Blanes Cortés, Camilo Sesto para todos sus seguidores (por ser el sesto Camilo de su familia), que el universal cantante, compositor y valiente productor de Alcoy había fallecido por un fallo renal, no me lo podía creer. Sentí de repente que uno de mis enormes referentes de mi educación sentimental se iba y algo de mí se moría también con él. Camilo Sesto me conmocionó con su música desde el principio, cuando no era más que un naciente adolescente que soñaba mundos a los 12 años y escuchaba sus canciones en el programa musical “Aplauso”.

Camilo Sesto, junto a mis amados cantantes José Luis Perales, Luis Eduardo Aute, Nino Bravo y Joan Manuel Serrat forma parte indispensable de la música que venero y llega dentro, a los veneros de mi alma.

Desde Los Dayson cuando empezó en Alcoy para cantar en BBCs (Bodas, Bautizos y Comuniones) hasta apostar por Madrid y malvivir hasta llegar a Los Botines y después conocer al cantante y compositor Juan Pardo que le ayudó a dar el salto en solitario con la canción “Fresa salvaje” hasta su lanzamiento total con “Amor amar” en 1971 y la impresionante “Algo de mí”, la canción que marcó para siempre la música de Camilo.

La inesperada y triste noticia de su fallecimiento en estos primeros días de septiembre fue “trendic topic” mundial pues nuestro cantante a lo largo de sus más de 50 años de carrera vendió (que se dice pronto) más de 100 millones de discos en sus 40 trabajos musicales, los últimos con más repercusión en Sudamérica donde le adoran, me sumió en un halo de tristeza que no sé explicar… Escribo este artículo, recordatorio, laudatio o lo que sea y tengo que hacer esfuerzos para no llorar.

Pero es que Camilo fue un hombre valiente. Cuando nadie en España había estrenado un musical, encima una ópera rock, él se atrevió a estrenar el 6 de noviembre de 1975 “Jesucristo Superstar” en el teatro Alcalá Palace de Madrid, empeñando todo su patrimonio personal en la empresa. Franco agonizaba y los sectores más ultras de la Iglesia le amenazaron con boicotear la obra e incluso recibió una amenaza de duelo, señalada como “obra impía”. Le acompañaban en la ópera Ángela Carrasco y Teddy Bautista. El éxito fue clamoroso.

Un detalle que no conocía y he descubierto a través de los medios de comunicación es que tras protagonizar la ópera rock le pagaron 50.000 dólares por afeitarse la barba y donó todo el dinero a un centro de huérfanos. Este detalle junto a otros muchos que realizó en silencio a lo largo de su vida, demuestran su carácter humano y solidario, el buen corazón de Camilo, más allá de su figura de divo arriba de los escenarios que desmontaba cuando caía el telón y sólo era Camilo, un buen hombre que amaba profundamente la música con una voz prodigiosa que componía sus propia canciones con partitura.

A su sepelio que se celebró en la sede de la SGAE (Sociedad General de Autores de España) en Madrid acudieron cientos, miles de personas a rendirle homenaje. El alcalde de Alcoy, Toni Francés, no faltó a la cita. Alcoy es una de las ciudades que ama este corazón. Nunca jamás olvidaré lo bien que nos trataron a mi familia y a mí en el hospital alcoyano cuando mi padre estaba hospitalizado por una insuficiencia respiratoria en el tiempo que vivió en la residencia para mayores de Onil, otra ciudad que guardó en los adentros. Los médicos hicieron lo imposible para poder trasladarlo al Hospital General de Elche. Los acompañantes en la habitación, en los pocos momentos que teníamos que ausentarnos, nos aseguraron que nuestro padre estaría bien atendido y vigilado pues la cama contigua la ocupaba un mecánico del motorista Sito Pons y su familia.

La amabilidad de la gente de Alcoy se me ha quedado grabada en el alma para siempre. Ahora estoy deseando que trasladen sus restos junto a sus padres al cementerio alcoyano y le dediquen un museo en la ciudad, capital de L´Alcoià para realizar un viaje emocional de peregrinación, como much@s personas que amamos su música haremos. Nuestro universal cantante internacional, Hijo Predilecto de Alcoy, con ruta Camilo Sexto en su ciudad por iniciativa de su club de fans y la arteria principal, la Avenida de la Alameda Camilo Sesto desde el 28 de noviembre del pasado 2018, debería alcanzar un grado de peregrinación si no igual, sí similar, al que recibe Elvis Presley en Graceland donde vivió desde los 22 años hasta su marcha en 1977. Camilo, según cuentan las crónicas, estaba realmente emocionado con el pueblo de Alcoy volcado con él. Cantante y ciudad unidos en una hermosa melodía.

El hombre se ha ido. Ahora rebrotará con más fuerza y ya para siempre el mito. Su música queda entre nosotr@s. Ya he cantado como he podido alguna de sus canciones, “Perdóname”, “Algo de mí” y no he podido más que emocionarme. Mi editor y sin embargo amigo, Javier Cebrián, cuando presentó la primavera pasada en el Casino de Novelda su colección de plaquettes de poesía, leyó “El amor de mi vida” cual si fuera un poema y uno se quedó trastornado por su ocurrencia. Me parece que el Cebrián forma parte de su legión de admiradores. Ahora nos espera su Camilo Sinfónico, que será seguro un superventas, que su enorme número de seguidores esperará a un lado y otro del charco.

El cantante, el músico, el compositor era grande, muy muy grande. El hombre, la persona no se quedaba atrás.

Quiero que sepas, Camilo, que formas parte esencial de mi educación emocional y tus canciones siempre tendrán un sitio en mi pobre corazón. Como en muchos corazones que te alojan en sus pechos. Para siempre.

HERMANO LOBO, por Francisco Gómez

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Hace muchas lunas que no te veía y pocas jornadas ha me han dicho que te has muerto. Solo, olvidado, sin nadie a tu lado que te acaricie y ofrezca su mano mientras te vas hacia el último viaje. Tú como yo éramos de la misma especie. Gente que no creemos en las grandes palabras, desgastadas por su manoseo y uso interesado, en esta so(u)ciedad de la indiferencia y la soledad querida o no, donde cada quisqui sólo tiene el objetivo de salvar su culo.

Yo mismo fui un perro traidor que te abandonó a su suerte pues llegó un punto que tu presencia me molestaba y huía de estar a tu lado. Tu cuerpo desprendía un remanente olor a tabaco que fumabas desde tu cara alargada y observadora uno tras otro, y un hálito en tus labios marchitos de café y alcohol. Tu prestancia era singular; un hombre alto, alargado, con barba cana, pitillo siempre en la boca, ojos no demasiado grandes con aire de renuncia, pantalones vaqueros ajustados, quizás para disimular tu creciente delgadez y botas de punta, como un cowboy que galopa en estos tiempos traidores, hijos de las ventanas amuralladas y la renuncia al otro. Un tiempo que tú sabías bien que no tenía remedio y donde ya sé que te habías marcado tu propia autodestrucción.

Algunos testigos de tus andanzas nocturnas me comentan, no sé si entre la realidad y la leyenda, que en noches desarboladas recorrías las calles de esta city sin amor, poco humana a pesar de las ventas de los políticos, con una letanía de aullido que manaba desde tu garganta, fruto quizás de tu dolor que te nacía desde el pecho o desde el corazón y tu cabeza ya no era capaz de manejar.

Me contaron que perdiste bien chiquita a una de tus hijas e imagino, aunque no hasta el punto de meterme en tu propia piel, que te reventó el corazón y te diste a la desesperanza, al tabaco sin medida y el alcohol como hermanos de correrías en el desasosiego y la soledad más honda. Dejaste tu trabajo, abandonaste casi todo, me dijeron y te perdiste por caminos umbríos plenos de asechanzas e incógnitas. Meandros de la desolación ante lo incomprensible.

Yo he sido otro maldito perro que te abandonó a tu suerte con mi alejamiento como otros tip@s que nunca entendieron de dónde nacía tu desazón de hombre perdido, parlanchín locuaz y culto a la deriva en tardes y noches como amenazas de guadaña. No sé si podrás perdonarme, hermano lobo, (renuncio a poner tu nombre) pero quiero que sepas que cada vez te entiendo más, comprendo tus cuitas que no tenían fondo ni alivio y enjugabas en café, tabaco y alcohol.

Que los ángeles fumadores, alcohólicos y pendencieros ante las injusticias de la vida, te lleven a la otra morada donde espero que ya estés con quien tú más querías y tus ojos vuelvan a vestir de un color más claro y azul y tu sonrisa luzca otra vez sarcástica pero algo más esperanzada.

Amén y perdóname, si puedes, hermano lobo.

MOSAICUM (18) – CAMILO SUPERSTAR Por Juan C. Lozano Felices.

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La actualidad manda, también el cariño y la admiración. Esta mañana desayunábamos con la triste noticia del fallecimiento de Camilo Blanes, más conocido como Camilo Sesto. Camilo es, con toda seguridad, la mayor aportación alicantina al canon de la música pop española durante la década de los setenta y los ochenta. Fiel al espíritu ecléctico con que nació este espacio, he decidido dedicar esta entrega de Mosaicum a un hito en la historia de la música en España, el estreno del montaje español de Jesucristo Superstar.

Sitúese el lector. Verano de 1975. Un año crucial para la historia de España y también el gran año de Camilo Sesto y que marca, seguramente, un punto de inflexión en su carrera como compositor e intérprete. “Melina” se convierte en la canción más escuchada del verano junto a “Saca el güisqui, cheli” de Desmadre 75, “Bella sin alma” de Richard Cocciante, “Manuela” de Julio Iglesias o “El bimbó” de un Georgie Dann que ya entonces se había convertido en presencia ineludible de la escena veraniega, en los chiringuitos de playa y las verbenas de pueblo. “Melina” es  una de las mejores canciones compuestas por Camilo Sesto y referencia obligada en cualquiera de sus conciertos o recopilatorios. Con ritmo de sirtaki, esta canción estaba dedicada a Melina Mercouri,  artista y política griega, a su vuelta a Grecia desde el exilio, tras la caída de la Dictadura de los Coroneles.

Pero, por si esto fuera poco, el 6 de noviembre de 1975 se estrena la adaptación teatral de Jesucristo Superstar en el Teatro Alcalá Palace de Madrid, bajo producción del propio Camilo Sesto que invirtió doce millones de pesetas de la época. El alcoyano asumió un doble riesgo, el musical moderno no era un género asentado en España y, por otra parte, el tema era problemático. Estamos en los estertores del franquismo, con Franco ya ingresado en La Paz y a catorce días para su fallecimiento. Hubo presiones por parte del grupo ultraderechista Guerrilleros de Cristo Rey y amenazas de bomba. En la prensa se suscitó una desmedida polémica con reto a duelo incluido. Todo había comenzado en febrero de 1975, con el estreno de la película en España (con dos años de retraso), que ya había tenido problemas para proyectarse por blasfema e injuriosa y las presiones de la iglesia católica y los ultras.

El 8 de noviembre, dos días después del montaje teatral de Camilo Sesto, se publicaba en la revista Blanco y Negro, de ABC, una entrevista al cantante, bajo el titular “Camilo Sesto y los ultras”. En ella, y preguntado Camilo por un posible boicot a la obra, contesta que ya contaba con la oposición de ciertos sectores, pero que el montaje seguiría adelante pesase a quien pesase. Las reacciones no se hicieron esperar por parte de los lectores, hubo quien calificó la obra de “burda maniobra del comunismo internacional para destruir la fe contra la que han luchado tantos años”. Pero la guinda la pondría el director teatral Pablo Villamar que, como réplica a Jesucristo Superstar había montado “Jesucristo libertador”. Desde las páginas del mismo medio calificaba a Camilo Sesto de monicaco y le retaba a batirse con él en un duelo para lo cual le dejaba escoger el arma, convencido de que la cobardía del cantante le impediría aceptar. Evidentemente, el despropósito no tuvo contestación por parte de Camilo. Villamar no solo arremetía contra el alcoyano:

Si no hubiera sido por estos ‘ultras’, por esa extrema derecha, por estos nuevos Quijotes que no reciben ni han recibido nunca prebenda alguna, tal vez no hubiera existido un Camilo Sesto extranjerizado ni tantos otros ‘cantantes’, más o menos absurdos y miméticos, entre otros el Juan Manuel Serrat (sic) de las narices, a todos los cuales se les ha permitido hacerse millonarios con el Régimen”.

Sin embargo, pese a las presiones, el montaje fue un éxito total de público y crítica. La obra se mantuvo en cartel hasta el 28 de marzo de 1976, clausurándose en la cresta del éxito por cuestiones de contratos previos de Camilo. La dirección fue de Jaime Azpilicueta, la coreografía corrió a cargo de Gelu Barbu. La escenografía y el vestuario fueron diseñados por Moncho Aguirre y la iluminación por Fontanals. Entre los cantantes se encontraban el propio Camilo Sesto en el papel de Jesucristo, Ángela Carrasco como María Magdalena y Teddy Bautista como Judas en los papeles principales. Éste último además se encargó de los arreglos y la dirección musical. Alfonso Nadal como Pilatos, Charly Chausson como Caifás, Jason como Anás, Guillermo Antón como Pedro, Antonio de Diego como Simón el Zelote y Dick Zappala como Herodes completaron el reparto, que fue escogido entre los más de 1.200 aspirantes que pasaron por las audiciones. Joaquín Luque describió el montaje en El Gran Musical como “una gloriosa apoteosis”, Pedro Altares en Nuevo Diario elogió la calidad de los cantantes-actores y la labor de equipo, Luis Carlos Buraya en “Ya” puso al montaje español por encima de la versión teatral inglesa y Pepi Asensi en “Pueblo” lo calificó “el mejor espectáculo jamás montado en España”. El reparto original de las funciones en el Teatro Alcalá Palace entró en diciembre de 1975 en los estudios Kirios de Madrid para grabar el doble LP. Pese al alto precio, casi un lujo para la época, el álbum funcionó bastante bien. El único single fue “Getsemaní” que salió al año siguiente. Y es el elegido para esta ocasión. Camilo, D.E.P.

Historia de una mentira por Joaquín Lloréns

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http://www.agitadoras.com/septiembre%202019/joaquin1.html

Autor: Francisco Gómez. Editorial Frutos del tiempo. 2019

Toda vida merece la pena de ser vivida. Toda vida tiene momentos, experiencias y reflexiones que merecen ser compartidas.

Y eso es lo que viene a pasar con “Historia de una mentira” de Francisco Gómez, periodista, articulista y cronista ilicitano y autor de relatos cortos. “Historia de una mentira” es la primera novela de Gómez y la misma gira alrededor de la crisis de los cincuenta que, debido a las circunstancias sociales y el alargamiento de la esperanza de vida, ha sustituido a la antigua crisis de los cuarenta. Es esa edad en la que mayoritariamente nos quedamos huérfanos y constatamos el fin de nuestras ambiciones juveniles.
Gómez, bajo el disfraz de una mujer en esa etapa de su vida, que de pronto se ve viuda y con los hijos viviendo, como a tantas familias les ocurre hoy en día, en ciudades lejanas, dedica su primera novela a reflexionar sobre esta etapa crucial de las vidas. No es un tema nuevo, pero su enfoque personal nos ayuda a tener una perspectiva enriquecedora sobre ella.

De un lado, el transito del dolor ante la muerte de un ser querido, en especial de la pareja; de quedarse uno en estado cuasi vegetativo. Es complicado no dejarse llevar y considerarse un muerto en vida. Los familiares y amigos que apoyan de modo importante en los primeros momentos van alejándose paulatinamente, ocupados en sus propias vidas. Francisco Gómez aprovecha esta realidad para convertir a su protagonista en una voraz lectora que se encierra en un mundo de ficción que le permite vivir otras vidas. Y con esa excusa Gómez va compartiendo con los lectores sus autores preferidos y obras que más le han significado en un claro homenaje a los mismos. A nuestra protagonista, como a tantos en similares circunstancias, le es difícil asumir que la vida continúa y que a los cincuenta uno puede volver a sentir ilusiones y ganas de vivir, de buscar un nuevo futuro sin renunciar a los recuerdos y alegrías del pasado. Y como no podía ser menos en Francisco Gómez, el final de la historia nos da un mensaje positivo al respecto.

Pero a lo largo de sus páginas Gómez reflexiona sobre otros aspectos de ese cambio de paradigma de los cincuenta. Suele ser el momento en que los padres fallecen o simplemente pierden autonomía o lucidez y Gómez hace un conmovedor relato del padre de la protagonista, cuyo alzhéimer va progresando y complicando desde el punto de vista fisiológico. Ese padre al que, como tantos, a la protagonista no le queda otro remedio que ingresar en una residencia. Es fácil ver en esa parte del relato la experiencia real del autor de “Historia de una mentira”. Al mismo tiempo se suele producir el síndrome del nido vacío, cuando los hijos se han lanzado a vivir su propia vida y que, aunque cercanos en el afecto en el mejor de los casos, se alejan de sus progenitores para pasar a ser los protagonistas de su futuro. Y sobre esto reflexiona Gómez; sin acritud, pero con realismo. Y no solo sobre eso, sino, y dentro de su perspectiva personal, sobre como la nueva sociedad ha colocado a esta generación que ahora está en los cincuenta en un mundo que ha sustituido los valores que se nos enseñó a apreciar por otros que, a estas alturas, no se asumen, sino que forman parte de una frustración añadida. La desaparición de esos mundos de fraternidad vecinal, de solidaridad de barrio que nunca volverán.

Es una novela, en fin, que permite a Francisco Gómez exponer sus reflexiones sobre esa complicada etapa de la vida en la que el final de la vida se comienza a vislumbrar con aterradora nitidez y donde se es consciente por fin de que, en general, nunca podremos alcanzar nuestros sueños juveniles.

Pero la novela tiene un gran valor adicional. Su positivismo puede ayudar a quien se enfrente a esa crisis de los cincuenta y que, en cualquier caso, quedará como exponente de cómo eran los puntales de dicha crisis en el final de la segunda década del siglo veintuno.