Archivo del Autor: frutosdeltiempo

Acerca de los diarios de Paul Léautaud, por Javier Puig

Estándar

 

En una primera aproximación al Diario literario de Paul Léautaud, no llegué a interesarme lo esperado; pero, a medida que iba avanzando por buena parte de las novecientas veinte páginas que componen la selección de los diarios de este escritor francés, iba encontrando mayor enjundia y significación en esas anotaciones que fueron iniciadas a los veintiún años y tuvieron una frecuente continuidad, hasta cuatro días antes de morir su autor, a los ochenta y cuatro.

Alguna vez he pensado que los diarios que menos me gustan son los de aquellos autores que me resultan antipáticos o nada aceptables moralmente. Pero me doy cuenta de que eso no es siempre así, pues he acabado entusiasmándome con este de Léautaud, persona, a priori, nada ejemplar ética o espiritualmente.

En las autobiografías encontramos a menudo una visión propia del autor bastante estimable desde su punto de vista. Pero, en los diarios – salvo que se aplique mucho la autocensura y entonces se devalúa en mucho la obra – siempre aparecen las inmundicias, las flaquezas que todo ser humano, en mayor o menor medida, alberga. Lo que tiene de extraordinario Léautaud es que no oculta su forma de ser condenable: “Nunca he tenido, ni siquiera de niño, el amor al prójimo. Estoy incluso un tanto cerrado a la amistad. He tenido dos grandes pasiones, puramente carnales. Ningún sentimiento. Solo el placer. Mi pareja habría podido morirse en el transcurso del ejercicio, indiferencia completa.” Con los años, parece que empeora: “Soy cada vez más impaciente, desagradable, hostil, agresivo, insociable, y lo que es más, con una especie de gozo.” Sabe lo que opinan de él pero no le importa: “Otra cosa que me han contado: tengo fama de egoísta empedernido, que no quiere nada ni a nadie, poco inclinado a la amistad, indiferente ante la muerte de quien sea, nada amable, nada generoso, nada compasivo, en absoluto bueno, y que todo esto junto, esta es la maravilla, crea un gran atractivo con respecto a mí, hace que interese e inspire simpatía.” Quizá es esto último lo que lo mantiene en su postura. Busca la soledad pero conoce a bastante gente como para distraerlo cuando está necesitado de ello.

Aparte de sus artículos en el Mercure de France, la única obra de Léautaud que tuvo cierto reconocimiento fue El pequeño amigo, narración también autobiográfica que describe su infancia y primera juventud. “La literatura ajena a su autor no tiene interés”, decía. No estaba hecho para la ficción: “No sé dar con los temas o encontrar, como Van Bever, ideas para libros que se vendan.” Y se convencía a sí mismo: “No debo tener recelos en escribir mis historias personales.” Además, decía escribir no para los lectores sino solo para él mismo. Era su idea de la pureza literaria: “Nunca he escrito por obligación. Considero la literatura alimentaria despreciable. Es por lo que toda mi vida he sido un empleado. Para asegurar mi libertad y no escribir más que cuando me apetecía.”

Sus temas más recurrentes son la literatura que le gusta, la de los demás o sus relaciones con tantos autores importantes de su época. Admira a Baudelaire, a Stendhal, pero, de este último, más que sus famosas novelas, le seducen sus textos autobiográficos – como sus Recuerdos de egotismo o su Vida de Henry Brulard – , de los que, a lo largo de los años, no se cansa de hablar admirativamente. Y le gustan los autores de máximas: La Rochefoucauld, Chamfort, Litchtenberg. “El sentimiento ha llegado a irritarme”, llega a decir.

Otro de sus temas favoritos es de las mujeres. Durante toda su vida las persigue, aun a costa a veces de hacer el ridículo; las aborda con ímpetu sexual que neutraliza sus problemas de timidez. Pero no ama a las mujeres que incorpora a su vida desde un deseable mantenimiento de las distancias. “¿Para qué cinco años y medio de relación, de ellos tres años y medio viviendo juntos?” Dice de una tal Bl, que es una de sus amantes más constantes. A otra la llama “el azote”. Su relación con ellas es básicamente de dependencia sexual. Su aspiración es: “Pensar en las mujeres del modo en que se debe pensar para obtener de ellas solo placer y ningún pesar, o al menos el mínimo posible.” “Quiero anotarlo siempre. No he hecho el amor desde 1939. Ochos años ya…” dice cuando ya tiene setenta y cinco años. “Tuve ante mí una sola mujer que me amaba, de corazón, con toda el alma, y seriamente: Georgette. Jeanne es una cuestión de piel por ambas partes y Bl es más bien una gran amistad.” Pero Léautaud en estos diarios parece siempre sincero: “Pienso que tengo un gran defecto, y grave, para esta clase de cosas: no les doy placer a las mujeres, al terminar en cinco minutos, y nunca puedo recomenzar“, dice en 1904, cuando aún tiene treinta y dos años.

Pero la base de sus escritos es la atención a su propia vida, su micromundo: “Me he contemplado siempre vivir, o mejor dicho, siempre he sido consciente de mi manera de vivir. En los menores detalles, circunstancias, hechos, siempre he vivido literariamente.” “La política no me interesa, no comprendo nada de las competiciones entre los partidos. Los robos, los asesinatos, los suicidios me resultan completamente indiferentes. En una palabra, como ha sido siempre en mi vida de hombre solo, con lo que pasa en mi mente me basta.”

Cuando la invasión de los alemanes en 1940, la mayoría de sus conciudadanos abandona París, pero él: “Me quedo. Siempre he estado decidido a quedarme. No quiero sacrificar la compañía de los animales. No sabría dónde ir. Tengo mal carácter: no quiero ir a vivir a cualquier sitio, hacinado, con qué sé yo qué gente.” De hecho, la guerra le viene bien para sus intereses egoístas: “La mayoría de mis vecinos han partido. Los berridos de los niños Guillon, también. Las calles, tranquilas. Pero todo esto pronto pasará. Adiós, tranquilidad ¡Qué corta habrá sido la guerra!” Y en otro momento añade: “Me gustan las catástrofes. Gozo más con las desgracias que con los sucesos felices. La guerra me ha dado siempre una excelente moral: ningún miedo, una gran curiosidad.” Aunque las reacciones de su pueblo no le gusten. Dice en 1940: “Una ceremonia para rezar por Francia… No he podido reprimir un estallido de cólera, considerar que es una vergüenza. El rezo es una debilidad, un desfallecimiento, una desesperación, una renuncia. Se trata de una manifestación lamentable. Ante un peligro, uno no se arrodilla, se yergue. “

Pero acaba la guerra y vuelven los odiosos ruidos a su barrio, la odiosa radio sonando (aunque este medio de comunicación lo hiciera definitivamente famoso a través de unas “Entrevistas” que concediera). Un día, después de oír los jaleos y las broncas de sus vecinos, escribe: “He vuelto a mi casa sin preguntar nada y canturreando sobre los atractivos, comparados con estos, de mi tipo de vida: soltero, solo, sin nadie, paz, tranquilidad, independencia. No hay existencia que pueda rivalizar con esta. Venus en persona no me haría cambiar.” Nunca dimite de su misantropía: “Decididamente, soy incapaz de sentir agradecimiento, verdadero aprecio. En el fondo, no siento apego por nada y por nadie. Creo que a quien más he querido hasta ahora, y verdaderamente, es decir, con enorme afecto, es a mi gato Boule, y a Bl…cuando no me importuna, cosa bastante rara.”

Al inicio del año 1956, el que sería el último de su vida, decía: “Me encuentro en un estado moral espantoso, la sensación de que me voy a morir, de que estoy al final de todo. Al responder a las cartas no he podido evitar el escribir palabras sobre mi desapego de todas las cosas, mi desinterés hacia todas las cosas, mi indiferencia ante la muerte. “Es vital para él llegar al final sabiendo que ya no se le va a arrebatar nada necesario. Ya no siente, ya no hay placer, y para él: “La palabra placer representa para mí el motor de todas las acciones humanas.”

¿EL FIN DE BEATRIZ? Crímenes de lesa majestad, de Joaquín Lloréns, por Francisco Gómez

Estándar

El escritor y co-editor, webmaster y articulista de la revista de literatura y creación Agitadoras.com, Joaquín Lloréns, acaba de publicar la que dice será su última novela sobre las aventuras y desventuras de su detective licenciosa, Beatriz Segura y su mentor y pigmalion, Alberto Medina en su novela “Crímenes de lesa majestad”, editada por Baile del Sol en su serie negra. Una andadura que lleva ya cinco novelas escritas desde que empezó su recorrido con “Citas criminales”.

Uno, que ya le ha pillado cariño y admiración a esta mujer independiente y segura de sí misma, echará de menos las andaduras de esta heroína, a mitad de camino entre “Los ángeles de Charlie” y “Crepúsculo”, al decir de su amigo y presentador del volumen en Elche en la librería Ali i Truc, Jesús Zomeño, reciente premio de la crítica valenciana en el apartado de narrativa.

Lloréns nos plantea la siguiente pregunta: “¿Y si la incorporación del Reino de Mallorca a Aragón no hubiese sido legal? En ese caso, Mallorca no formaría parte de España. ¿Cuál sería su destino?”. A partir de aquí, Beatriz Segura encuentra un pergamino que levantará, como hace siglos, una conspiración, intrigas y asesinatos “con todos aquellos que tienen que ver con la búsqueda del pergamino real”.

El presentador de “Crímenes de lesa majestad” en la city ilicitana, Jesús Zomeño, habló de los personajes que integran estas novelas negras; de Beatriz Segura, “chica moderna e independiente de gustos sofisticados que se mueve en la resolución de misterios y conflictos”, de Alberto, “el otro protagonista esencial que protege a Segura y vive en Denia en “El Gurugú, amante de Beatriz y su pigmalion; de sus dos colaboradores; Julio Montero, amigo de la investigadora y guardia civil y Javier, guardaespaldas e hijo del mayordomo de Alberto Medina. Otros personajes secundarios pero no menos interesantes en las tramas novelescas de Beatriz son el mayordomo de “El Gurugú”, Roberto y la cocinera Marta. La gastronomía adquiere toques de sofisticación en todas las entregas así como la moda y complementos de la ropa que viste nuestra protagonista.

Zomeño subrayó de esta última entrega que “todos los personajes buscan y desean el pergamino y cambiar el pasado por una visión nacionalista interesada”, cuestión de candente actualidad en estos tiempos azarosos que vivimos en las Españas. El presentador comentó también que esta serie de novelas negras de Joaquín Lloréns, escritas y pensadas a su divertida y entretenida “maniera” tocan temas de actualidad en esta sociedad española del XXI siglo, acosada por la corrupción, los nacionalismos y el desmoronamiento de las ilusiones y proyectos colectivos. Los personajes principales se mueven en las novelas por distintos ambientes para desenredar las tramas y en este caso por Mallorca (la acción se inicia con una recepción en el palacio de la Almudaina con el rey emérito), Perpiñán, Barcelona y Denia.

El autor de “Crímenes de lesa majestad”, Joaquín Llorén, apuntó en la presentación de su novela en la librería de Elche, Ali i Truc, que ésta será una presentación y despedida de las aventuras de Beatriz. “Pensaba hacer una trilogía y he llegado a una pentalogía. Me apetecía dar un enfoque histórico y dar a conocer el reino privativo de Mallorca que duró unos seis años desde el punto de vista legal”. En este contexto histórico del siglo XIV donde los papas empiezan a perder poder y se cargan a los templarios. Se produce la primera renuncia de un Papa que no hemos vuelto a ver hasta la renuncia de Benedicto XVI. De esta época se podrían escribir muchas novelas”.

Lloréns recalcó también que escribe las novelas que a él como lector le gustaría leer, amenas y con aportes de información para tratar de desenmarañar el complicado tejido en que nos hemos embarcado.

Uno sabe que Joaquín está enredado en la confección de otras historias que nada tienen que ver con Beatriz, Alberto y El Gurugú. Quizás cada escritor necesita descongestionarse y buscar otras miradas, otros enfoques, otras maneras de contar las historias que se cuecen en su magín. Pero uno no pierde la esperanza de que “Crímenes de lesa majestad” no signifique el final de la serie.

Como dato menos positivo, la escasa afluencia de público que tuvo lugar en la presentación de la novela en la city de Elche a pesar de salir una amplia entrevista con el autor el mismo día en el medio hegemónico en papel. Bueno, los autores, los escritores, los poetas, luchamos una guerra desigual con los gigantes. Esas batallas que sabemos de antemano perdidas. Y aún así seguimos. ¡Qué gente tan rara y peculiar esta ralea de escritores que caminan hacia ningún sitio!

Buena suerte en tu gira de presentaciones con “Crímenes de lesa majestad”. La próxima en la Casa de Aragón en Mallorca. Uno sabe que eres hombre perseverante y poco dado a los desánimos.

Avanti, amigo

Francisco Gómez