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PERPLEJIDADES Y CERTEZAS, de José Luis Zerón Huguet, por José Luis García Herrera

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http://joseluisgarciaherrera.blogspot.com.es/2017/12/perplejidades-y-certezas-de-jose-luis.html

En este nuevo libro de José Luis Zerón Huguet, Perplejidades y certezas (Ars Poética, 2017), el poeta oriolano vuelve a sorprendernos con una obra de gran madurez y versatilidad. Fiel a una concepción poética ajena a cualquier tipo de moda o corriente artística, Zerón Huguet establece una visión de la poesía, de la vida, de la naturaleza… con el sello personal con el que ha ido labrando una sólida obre literaria. Este libro, pues, viene a consolidar esa filosofía de entender el hombre como engranaje del paisaje telúrico que le rodea; esa fusión entre mirar, compartir y proteger; ese pasar por la vida añadiendo luz y vida, respetando los ciclos del ser, estar, amar, recordar y desaparecer.

Los poemas, escritos en una prosa poética que destila más poesía que prosa y que se leen con aliento y alma poética, abarcan, principalmente, tres grandes líneas. Una de ellas, sería la referente a la creación poética, a ese camino doloroso del poeta que ahonda en su interior para plasmar unas emociones, unas ideas, unas emociones… que precisan marcar una manera de ser y de expresarse, una manera de entender la vida y su contexto, un modo de ubicarse en la rueda del mundo.

La segunda sería la celebración de la vida, con todo lo hermoso y lo devastador que supone vivir y sumar años y vida sin sucumbir en los duros momentos que se habrán de enfrentar y superar. En este sentido, son especialmente bellos los poemas dedicados a sus hijos Salutación y Vínculo. En Salutación el poeta le dice a su hijo: “Cuanto más ames mayor será tu sufrimiento, per no temas: la angustia también tiene sus esplendores”. En Vínculo, Zerón Huguet aconseja a su hija que no se acostumbre a la rutina, que no sea una persona conformista: “No huyas de la pasión, no hay que temer las selvas vírgenes; aléjate, en cambio, de los territorios fijos”.

La tercera gran línea sería la admiración y la revelación ante la grandeza de la naturaleza. Amante de la tierra oriolana, Zerón no sólo la canta en sus poemas, si no que la vive con apasionamiento, perdiéndose por sus caminos y gozando de todos sus dones. En ese sentido, un gran número de los poemas de este libro, son parte de ese recorrido. La del alba, Espejismos de la mañana I y II, Espesuras… dan una idea precisa de esta poética donde hombre y naturaleza convergen hacia el interior de los bosques, hacia la búsqueda del sentido de vivir. Hermosos son los versos “Son muchas las moradas que habitamos y ninguna nos cobija” del poema Fuente sellada, o “A ninguna orilla pertenecen los que nunca colman sus deseos” del poema Centinelas.

Sobre estos tres ejes va componiéndose el entramado del libro Perplejidades y certezas. La vida como camino, como culminación de un proceso interior de asimilación de todas las adversidades (la sequía, el fuego, la muerte…); la vida como paso del útero a la nada moviéndonos dentro de la muralla de la muerte, alrededor de la vida misma y sus contradicciones (“Evitas la audacia de una huida imposible: la fuga en el barro es un regreso precipitado”, del poema La muralla). En este paso por los paisajes del mundo el poeta desea y debe dar testimonio de su paso y de sus circunstancias pese a que “Todas las distancias se reducen a un instante regresando del légamo”, como nos dice al final del poema Testimonio. El libro termina con dos poemas Secuencias de una caminata del orto hasta el ocaso y Apuntes para una poética donde José Luis Zerón Huguet, con breves fragmentos, con aforismos, aborda una declaración de principios de sus intenciones a la hora de escribir poesía, a la hora de mirar lo que le rodea (como le enseñó su padre): “La retina es la matriz del hallazgo”. También esa búsqueda del poeta por aquello que no es visible, que requiere la necesidad de ahondar en lo imposible: “El poeta sigue huellas invisibles en el desierto”.

La lectura de Perplejidades y certezas es una singladura por los terrenos espinosos de la vida, un ejercicio de comprensión y de aceptación, la búsqueda de uno mismo entendiendo que la esperanza “es un engañosa amanecida” y que la oscuridad habrá de cerrarnos el camino, como esa muralla que no podremos superar. Y, pese a ello, naturaleza, vida y poesía son motivo de celebración.

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