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Los Días suspendidos 2ª edición. Francisco Gómez

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Los Días suspendidos, 2ª Edición

Francisco Gómez

ISBN: 978-84-88170-74-3

Ediciones Frutos del Tiempo.

Colección Frutos Secos de Narrativa nº 18

15 euros + gastos de envío.

pedidos: frutosdeltiempo@gmail.com

Presentación de Los Días suspendidos de Francisco Gómez.

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Presentación del libro Los días suspendidos de Francisco Gómez, colección Frutos Secos de Narrativa de Ediciones Frutos del Tiempo. La Llotja Sala cultural Elche. Jueves 20 de abril de 2017, dentro del ciclo Quien lee vive más organizado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Elche con motivo del Día del libro 2017, coordinado por Ediciones Frutos del Tiempo.

Y AMAR, UN SIMPLE DEBER. Por Carlos Javier Cebrián

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portada cosas mínimasYa lo dijo SÉNECA, que era un ciudadano del Imperio Romano e hispano muy listo, muy pensador o moralista: “si quieres ser amado, ama tú”. Yo, humildemente, pienso lo mismo, y también estoy de acuerdo con HENRY D. THOREAU, quien dijo que “Solo hay un remedio para el amor: amar más”. O dicho con otras palabras: “En amor, el que ama es un medio seguro para ser amado, hay personas que no se habrían enamorado nunca si no se hubieran enterado de la existencia del amor” cita de ROCHEFOUCAULD. También dijeron cosas parecidas ALBERT CAMUS y HERMAN HESSE, respectivamente: “No ser amado es una simple desventura. La verdadera desgracia es no saber amar”. “Supe que ser amado no es nada; que amar, en cambio, lo es todo”. Supongo que se preguntarán, queridos lectores, a qué viene este ejercicio de falacia literaria al emplear estas citas para componer un escrito propio. No les falta razón, se trata de una falaz apropiación. Me he dado cuenta al querer hablar, una vez más, del amor, de que ellos ya lo han dicho todo. Ellos, entre los que se encuentran PITIGRILLI (pseudónimo del escritor italiano DINO SEGRÉ, 1893- 1975): “El amor es un beso, dos besos, tres besos, cuatro besos, cinco besos, cuatro besos, tres besos, dos besos, un beso y ningún beso”, y WILLIAM SHAKESPEARE: “El amor, como ciego que es, impide ver a los amantes las divertidas tonterías que cometen”. Cosas mínimas Carlos Cebrián No tengan cuidado, amigos, acúsenme de plagio, de falta de originalidad o inspiración, de oportunismo, vuelven a tener razón, en resumidas cuentas se trata de eso. Quisiera tener mi propio fraseo, tan determinante como el de los maestros, pero no lo consigo y yo quiero compartir con Vds. lo que sé del amor, en carne propia, y en voz de los otros. “Tengan los muertos la inmortalidad de la fama, pero sea para los vivos la del amor” que bien dijo RABINDRANATH TAGORE. Porque, pese a todas las advertencias, sigo amando, vuelvo a incendiarme, y ya sabemos que “por lo que tiene de fuego, suele apagarse el amor” TIRSO DE MOLINA. Y también deberíamos saber, yo al menos lo sé, que “el amor más duradero es el amor no correspondido” como dijo WILLIAM S. MAUGHAM. Yo sé, lo aprendí de EDGAR ALLAN POE, que “amar es un simple deber”, y “siempre he visto que en amor el que huye es el que vence” como vio ALPHONSE CARR. Por las vidas y las palabras de los otros podemos vislumbrar las propias. Una vez repasadas las citas subrayadas, acerca de este demonio que es el amor, de mi prolijo diccionario de citas, decido aceptar que estoy enamorado, y asumo también que “el amor es una tontería hecha por dos” como dijo NAPOLEÓN, en este caso hecha solo por uno, por mí.

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Cuándo la realidad, cuando el sueño: autorretrato del demiurgo, por Luisa Pastor

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http://www.mundiario.com/articulo/sociedad/cuando-realidad-cuando-suenho-autorretrato-demiurgo/20161026170009070844.html

La poesía se torna un lugar sedicioso donde confluyen, en franca algarabía, cruciales conceptos tradicionalmente sometidos a oposición: armonía (luz)- espanto (tenebrosidad); fe (paz) -incertidumbre (caos).

Mucho es lo que ha visto Zarathustra,  mucho es lo que ha sufrido.
Pero solo ha aprendido una cosa, sólo tiene una sabiduría, un orgullo.
Ha aprendido a ser Zarathustra.

Herman Hesse

 

¿Por qué comemos y bebemos otra cosa
que luz o fuego?

Juan Ramón Jiménez

 

Decía Cioran en una entrevista con François Bondy que no se debería escribir sobre lo  que no se ha releído. En mi caso, he de decir que tengo la fortuna no solo de haber leído y releído a José Luis Zerón, sino también de haber disfrutado de una proximidad que me ha permitido tener detenidas y estimulantes conversaciones con él acerca de su obra y su modo de posicionarse ante el hecho creador, su faceta de demiurgo.

De tan distendidas charlas, la idea que se desprende, a mis ojos, es la natural y absoluta correspondencia entre su persona y su creación, la sólida autenticidad de su discurrir poético, que él concibe, y así  lo ha expresado en alguna ocasión, como “un oficio paradójico y fronterizo con dolor, asombro, astucia y mucha intemperie”.

En ‘De exilios y moradas’ (Polibea, 2016), como también en sus anteriores poemarios, la poesía se torna un lugar sedicioso donde confluyen, en franca algarabía, cruciales conceptos tradicionalmente sometidos a oposición: armonía (luz)- espanto (tenebrosidad); fe (paz) -incertidumbre (caos). No hablamos, claro está, únicamente de un quehacer poético, sino del desgarro humano que se interroga acerca de su identidad, su propia naturaleza, arrojada sin voluntad y sin explicaciones a un mundo que no se deja comprender, participando del infructuoso debate entre la realidad y la apariencia.

Una poesía, en definitiva, de carácter cosmogónico y meditativo, con explícita influencia de Oriente, como se deja ver en el poema “La danza de Shiva”, y ello lo ubica en una órbita de intelectuales como Hesse, que quedaron prendados, en el desencantado Occidente del S.XX , tanto de los grandes escritores chinos como de la India de los Vedas. La poesía, en efecto, concebida como una filosofía de vida, una herramienta de conocimiento, aunque imperfecto, del cosmos (incluido el que todos llevamos dentro). Del descalabro occidental, salva Hesse a Goethe, quien por cierto también figura en De exilios y moradas, en lo que podemos considerar un diálogo entre autores, “Palabras para unos versos de Goethe”. En opinión del autor de El lobo estepario, el mundo tendría muy otro aspecto si el hombre estuviese más inclinado a vivir en el reino espiritual de Goethe. “Nada vivo es uno, siempre es muchos”, nos recuerda Zerón reproduciendo parte del poema “Epirrema”, y entrando en debate con él, pero con presentido desaliento.

No se trata únicamente de una reflexión acerca de la liturgia literaria, sino del hecho -en absoluto sereno- de estar vivos, y solos, y confusos, algo desvalidos, sin conclusiones, salvo unas pocas, erróneas en todo caso, y dispersas, con toda certeza inútiles.

Para todo poeta que siente su misión como una especie de sacerdocio (lo es para Zerón como lo fue también para Leopoldo María Panero, a cuya memoria se dedica en este poemario una composición, la Cantata para un poeta náufrago, con bellas resonancias  de la Pavana para un niño difunto) la poesía exige, sin huida posible, un sacrificio, un altar, un fuego, y una víctima…

Pero ¿quién? ¿quién ha dejado dicho que deba ser el poeta, solo porque ve en lo que florece, en lo que crepita, en lo que cruza el cielo en bandada, los signos que contienen el secreto de esta tupida fronda, tan solo en apariencia protectora?

¿Y sacrificarse para qué, y por quién, cuando la verdad es que nadie, nadie, ni aun la Sibila, como una Casandra arrepentida, quiere oír, quiere saber, anticipar la lumbre?

Y los que saben, quienes han aprendido costosamente a desenmascarar, quedan adscritos a la lejanía como premio, anticipándose a los demás en el dudoso privilegio  de testimoniar “el oleaje de deshechos”  que arrastra la vida, su inmarcesible extravío.

Siendo consciente de esto el poeta, ¿por qué no calla? Ésa es la cuestión. ¿Por qué hablar?

¿Debe ser él el carnero, y la mirada última del carnero? Observar lo que es imposible de ver, cuantificar un tiempo que no existe, levantar las piedras, apartar los ramajes, donde el espacio es claro y llano el camino…

Nada de esto parece tener sentido. Ni tiene por qué obedecer a una razón. Pero, dado que el poeta ha sido creado para ser entregado a las aras del lenguaje, a las incandescentes ascuas de Moloch, por humilde y limitada que sea la ofrenda,  su deber es buscar, explorar en el exilio el cúmulo de presentimientos, contradicciones y perplejidades con que ha edificado a porfía su descabalada identidad.

Invoca, hollando la herida, la palabra que sobrevuela el pozo, para poder hallar en su destrucción el germen que le redima de la realidad, que le purifique en el sueño,  a la hora en que es imposible nombrar…

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Luisa Pastor

Luisa Pastor

Licenciada en Filología Hispánica. Profesora de Lengua y Literatura en Enseñanza Secundaria, poetisa y rapsoda. Fundadora y directora del Grupo de Poesía Escénica y Audiovisual “Auralaria” (http://auralaria.blogspot.com.es/). Escribe en MUNDIARIO