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La primera división literaria en la city. Ciclo La Dignidad de la palabra 2018. Por Francisco Gómez

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Uno no deja de sorprenderse en esta “city” que al cielo mira, más conocida como Elche, donde vive y muere cada día. Han acabado ya las terceras jornadas (tres años consecutivos ya, tres escalones bien trenzados) que la concejalía de Cultura en coordinación con la asociación cultural Frutos del Tiempo ha dedicado a la literatura en la city.

Este año han traído a primeras figuras en el mundo de la poesía y narrativa española. La Primera División de la Literatura en la lengua de Cervantes. El 8 de febrero abrió la jornada el poeta granadino Luis García Montero, no en el vestíbulo del Gran Teatro, no. Por necesidades de aforo, los responsables del espacio tuvieron que abrir el patio de butacas. Trescientas almas escucharon al autor de “Completamente viernes” que habló de la necesidad de recuperar el diálogo entre generaciones y no olvidar la memoria para no despistarnos en estos tiempos inciertos y acelerados. Le siguió estela la poeta Olvida García Valdés que habló de la necesidad de escribir como un acto íntimo, egoísta que a veces se abre al contacto con los demás en forma de libro pero no de una manera inminente sino reposada y reflexiva. El verbo intransitivo.

Siguió el turno el poeta murciano, uno de mis amados, leídos y vividos, Eloy Sánchez Rosillo que presentaba la suma de sus versos en “Las cosas como fueron”. El poeta de la elegía, del recuerdo pero también de la celebración y la alegría de vivir. El buscador de la luz y las pequeñas grandes cosas; el jilguero, la tarde de verano, un día de playa con su hijo, la hacienda manchega en los días de la infancia, el reencuentro con la madre. El tiempo como un eterno retorno circular cuando nada acaba y siempre empieza en la memoria y en el corazón. Curioso. Casi todos se acordaron de la figura de su madre y del padre (¿por qué sera…?).

Después de estos poetas de talla nacional, vino el narrador Luis Landero, el 26 de abril. Mi admirado escritor, del que he leído todas sus novelas, su libro de artículos, su volumen de ensayos. He leído casi todo lo que ha publicado. No podéis imaginar la emoción que me embargaba cuando fuimos a recogerlo a la estación de tren en Alicante. La persona no decepcionó al personaje, como me ocurrió con los poetas, todos cercanos, todos tratables. Cada vez descubro con más certidumbre que cuando más grande es alguien, más humilde, más cercano, más persona es.

Landero habló de su literatura, de la necesidad del asombro para escribir, de buscar la voz propia, los temas que son tuyos para contar tus historias. De la necesidad del silencio y la soledad para concentrarse y escribir. De la huida del fuego mediático que corre el peligro de convertirte en una adicción al éxito si no estás preparado. Premio Nacional de Literatura y Premio de la Crítica en 1990 por su primera obra “Juegos de la edad tardía”. Como los demás, premios nacionales de Literatura. Ya digo, un lujo contar con buenos exponentes de las letras españolas.

El vértigo final lo deparó la presentación de los cuadernos de poesía Lunara Plaquette de los miembros de Frutos del Tiempo; Manuela Maciá, Pedro Serrano, An Yi Campello y Carlos Javier Cebrián. Una fiesta de las letras como culmen de una aventura con el título “La dignidad de la palabra”. La palabra como signo para dignificarnos en estos tiempos de internete, redes sociales y poco espacio para la conversación, el encuentro entre las personas.

Más de mil personas acudieron a estos cinco actos que componían el programa de alta categoría. Todos los encuentros necesitaron celebrarse en el patio de butacas del Gran Teatro al superar el aforo del vestíbulo los asistentes. A mi pesar, he de reconocer que el cambio de ubicación, de la sala cultural La Llotja en Altabix al Gran Teatro, en pleno centro de la city, fue un completo acierto con mayor convocatoria de público que en un barrio.

Reconozco aquí la inmensa labor desarrollada por Carlos Javier Cebrián de Frutos del Tiempo para llevar a buen puerto el programa. Su dedicación y esfuerzo de promoción de las actividades, junto al gestor cultural, Julián Sáez, que ha creído desde el principio en este hermoso proyecto. Sí, al final, tendremos que darte la razón. Persistir. Resistir es vencer.

También mi agradecimiento a Carlos Javier Cebrián por permitirme presentar a uno de mis narradores favoritos. Luis Landero, que no me decepcionó para nada. Al contrario su persona me encantó al igual que ya adoro desde hace tiempo su literatura.

Sé que ya se cuece una nueva edición y promete venir el año próximo con emociones fuertes.

Atentos/as.

Francisco Gómez

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Sobre Malasia en el corazón, de Ángeles Campello, por Javier Puig

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Los Cuadernos imposibles, nº 14, 2010.

Malasia en el corazón, de Ángeles Campello, es un poemario que nace de la espiritualidad de la autora, de su afinidad con la filosofía y las técnicas orientales, lo que se aprecia en los diversos epígrafes de los sucesivos capítulos y en su concepción global más que en los propios versos que, desde su desnudez y autenticidad, no aspiran al proselitismo sino a una serena e intensa auscultación de la vida.

Muchas veces, estos poemas abiertos están formados por unos pocos versos que resultan suficientes para expresar una idea, un sentimiento que no es preciso enlazar, sino que se basta como certeza luminosa que ha advenido en el acto creativo; se sabe parte del todo, pero no precisa inmediata explicación, ya que está ya implícita, clara y diáfana en su profunda cadencia.

Los versos se deslizan con una contundente suavidad, avanzan con la alcanzada facilidad de lo sencillo y propugnan una certeza que no es irrefutable porque sea totalitaria sino porque es una verdad aparte, íntima, que no agrede las convenciones ajenas y se dice a sí misma con extrema levedad.

Estos versos pueden ser simples imágenes, la expresión del contenido de la vivencia interior que comporta la corroboración de las amistosas piezas de una vida, los momentos de comunión con el mundo, los sentidos regocijados en la idea deuna fusión del amplio espectro perceptor. Por supuesto que también hay un canto al bien espiritual, a su penetrante beneficio, pero nunca sueña a engaño, a autoinducción de evasivos pensamientos.

Los poemas sugieren una espontaneidad y una conseguida paz que desmoronan cualquier tensión previa en el lector. Lo que no quiere decir que resulten melifluos, que omitan el reverso de lo que instintivamente deseamos, el fracaso de lo querido. Así, en el apartado referido al amor están muy presentes el desamor y otras decepciones.

A veces, estos versos son una pregunta, como esta a la que lleva a la autora el paso del tiempo, su corroboración a través de la imagen que le devuelve el espejo: “Percepción del tiempo, / espejo que acuchilla/ Ya no existo para el juego?” Pues no omite la autora descender hasta las realidades que son las de la contundencia de la propia naturaleza, como la del declive corporal, que supone el disgusto del propio reconocimiento, el nuevo lugar que se ocupa en el mundo, esas distintas miradas que se reciben, ante las que es difícil admitir la necesidad de nuevas respuestas.

Hay poemas mínimos, como si fueran haikus heréticos, que prácticamente son escuetas evocaciones de una sabia voz interior que se reclama: “No hay viento/ No hay dirección /Dónde voy?” Los poemas a veces se hacen vehementes, alcanzan el grito existencial, interrumpen el afán beatífico y consienten las variantes de la transitoriedad: “Rotundidad de mujer/ que eclosiona, / alma femenina/ que reclama, / hastío de tanto silencio, /hartazgo de tanta contención. / Grito! Lloro!/ Me rebelo/ Clamo! Invoco!/Basta!”

En estas páginas tiene cabida toda expresión de sentimiento que se pueda articular en luminosas palabras. Así, la autora no omite la inclusión de unas pequeñas nanas, que son prodigios de simplicidad, atrevimientos de candor, pulsiones afectivas que también nos configuran, todo ello desde la intención de no ocultamiento, de no escatimarle al lector ninguna cara significativa. Estas nanas son evocaciones de la infancia más sensorial, aquella en la que aún no existe la frecuente distorsión de la palabra: “Sábanas limpias / olor a lavanda / tierna infancia”.

En el apartado titulado Viaje interior, se describen las aproximaciones a un sentir que busca aunarse con el mundo, a una actitud de no confrontación en el infierno de las oposiciones. Es la meditación en la palabra, el apaciguamiento de la sed de encontrar destinos irrenunciables, una forma de quedarse en la proximidad, en el centro donde es posible la inherencia. Aunque, a veces, estos poemas sean una consignación de la lucha: “Será siempre necesario / traspasar el umbral del dolor / para alcanzar la paz?”

Miradas se inicia con una preciosa cita del Maestro Dogen: “Sabed que el corazón se comunica con el corazón en secreto”. Y continúa con esa serie de micropoemas – de tres, cuatro o cinco versos – que expresan un sentimiento hondo que admite muchas aproximaciones.

En Versos de amor, se acerca a ese sentir desde diferentes perspectivas; en primer lugar, como algo positivo: “Dos corazones/ aliviados por un/ oasis de amor”; o desde el punto de vista de la alteración del equilibrio propio a través de la pasión: “Donde podré guarecerme/ de este inesperado/ tsunami de pasión/ que ha roto el dique / protector de mi corazón/ devastando toda paz / y equilibrio alcanzados”; o del dolor de la separación: “Tan solo sé / que no te olvidaré / por cómo se abre la herida / cuando la brisa / más allá del océano / me susurra tu nombre”.

No son la mayoría de los que conforman este libro poemas al uso. En algunos, parece como si no hubiera intención de versificar sino de tan solo esparcir palabras, brevemente alienadas, por el blanco de la página, para transmitir la fundamental presencia de lo que importa. La letra ornamentada, los dibujos orientales, los retratos asiáticos, contribuyen a que, con este libro en las manos, recorriendo sus páginas, accedamos, pese a las constataciones de lo triste, a una sensación confortadora. “Pensé que mi espíritu había trascendido la pasión”, nos dice Ángeles Campello describiéndonos una emoción que es reconocida como parte del ser, como necesaria vivencia inusitada. Y hay poemas que denuncian los menoscabos que nos produce la vida: “Mas el tiempo transcurre sin permiso…”

El libro termina con una cita de Thick Nhat Sanh que me parece muy pertinente para acertar en la percepción de este libro tan bello: “El arte es la esencia de la vida. Nuestras palabras y nuestros actos están llenos de arte. Es la plena consciencia.”

Perplejidades y certezas de José Luis Zerón por Ada Soriano

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El escritor José Luis Zerón presentó en Orihuela su último libro de poemas

https://www.mundiario.com/articulo/cultura/jose-luis-zeron-presento-orihuela-ultimo-libro/20180114100227111461.html

En este libro, el autor maneja instrumentos de la poesía y de la filosofía, del mundo de las ideas y del mundo de los sentidos.

El pasado día 11 de enero tuvo lugar en la librería Códex de Orihuela, en la provincia de Alicante, la presentación del poemario de José Luis Zerón Huguet, Perplejidades y Certezas (Editorial ARS POETICA, Colección Carpe Diem) a cargo de la poeta María Engracia Sigüenza Pacheco.

El acto gozó de una cálida acogida. Artistas, familiares y amigos se dieron cita en esta atractiva librería, regentada por Vicente Pina, que cuenta ya con una larga lista de presentaciones de libros tanto de autores locales como de otras ciudades españolas.

Dicho acto se inició con la lectura de un texto escrito por María Engracia Sigüenza; un texto entrañable y muy reflexivo, en el que demostró su admiración hacia Zerón: “La perplejidad, el asombro y el amor a la vida empujan al autor a meditar, a indagar, con la llama de la poesía, en las eternas cuestiones del vivir, en el mensaje universal de la naturaleza que, como ser vivo, se funde con el ser humano, y en el tiempo y el espacio cósmico donde se inserta todo lo que vive”.

José Luis Zerón, por su parte, declaró que quedó emocionado. De hecho, manifestó su reciprocidad con María Engracia, resaltando las afinidades entre ellos.

Asimismo, agradeció la publicación de su nuevo libro a Ignacio Méndez-Trelles Diaz, editor de ARS POETICA, y a Ilia Galán, director de la misma.

Afirmó que Perplejidades y Certezas no es su último poemario, y que pudo haber sido publicado por una editorial efímera. Aunque el libro no está dividido en secciones, el autor considera que hay tres bloques temáticos fundamentales. El primero sería la presencia constante de la naturaleza como elemento de renovación donde nada dura, pero todo se perpetúa. El segundo, todo lo relacionado con la realidad misma que, para bien o para mal, afecta al autor, y allí encontraríamos, desde la plenitud ya la celebración del nacimiento de su segundo hijo hasta los aspectos más sombríos del mundo contemporáneo y la presencia constante de la propia muerte. Y finalmente, un tercero, que constituiría una reflexión sobre el hecho creador.

A pesar de que el libro no nació con una voluntad unitaria, y tiene una apariencia híbrida (reúne poemas en prosa, aforismos, monósticos, e incluso las notas al final del libro están escritas con una intención creativa), el autor señaló que se puede leer como un libro unitario y no como una selección de piezas líricas.

El acto se cerró con la proyección de un vídeo a cargo del Grupo de Poesía Escénica y Audiovisual AURALARIA, elaborado por Álvaro Giménez y dirigido por Luisa Pastor, en el que se apreciaron imágenes del pintor Pepe Aledo, y en el que se escucharon, a través de la singular voz de Luisa Pastor, los versos que componen el poema La Muralla, uno de los más representativos del libro de José Luis Zerón.

Un caluroso aplauso por parte de los asistentes puso la nota final a un encuentro que resultó verdaderamente hermoso.

Ada Soriano

Ada Soriano

Poeta y escritora. Nacida en Orihuela el 30 de diciembre de 1963. Codirectora de la revista de creación literaria Empireuma y colaboradora de la revista socio-cultural La Lucerna. Es autora de dos plaquetas y cinco libros de poesía. Colabora en MUNDIARIO.