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Encuentro con la poesía en la Casa Natal de Miguel Hernández. 27 poetas, libro.

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CARLOS JAVIER CEBRIÁN

Salies de Bearn, Francia, 1965.

 

Director de la Asociación Cultural Ediciones Frutos del Tiempo de Elche desde 2011. Coordina para la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Elche los ciclos literarios que organiza la misma desde 2016, con el título de La Dignidad de la palabra. Dirige las colecciones Frutos Secos de narrativa y las colecciones de poesía Lunara, y Lunara poesía plaquette.

 

Ha publicado los libros de poesía

Poemas de lluvia y alquitrán, Ediciones Inauditas 1987, Heroína, Col. Lunara Poesía 1991, Humo que se va, Col. Diarios de Helena 1999. Seleccionado en el ciclo ALIMENTANDO LLUVIAS del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert. Pliego nº 8 2001. Celebración del milagro, Editorial Celya 2005, Maneras distintas de amar o des-amar, Pequeña editorial, Elche 2006, (Edición limitada, no venal), Estragos, Colección Le Chat nº 1. Edición de Pedro Serrano, 2012, Bagatelas, Pliegos de la palabra. Editorial Babilonia, 2016, y Vida de poeta colección Lunara poesía plaquette, 2018.

Y de prosa:

Las noches de marzo. Ediciones. Inauditas 1989, De belleza perezosa. Col. Temes D’Elx. 2000. Publica desde 2004 hasta 2006 y durante 2008 una columna de opinión semanal en el Diario NOTICIAS ELCHE, titulada COSAS MÍNIMAS.

 

MÚSICA Y POESÍA

La poeta nicaragüense Ana Ilce Gómez, escribió estos versos memorables:

me pregunto para qué escribo, para qué sirven estas líneas, si al leerlas alguien no fue mejor o más piadoso o más confiado…**

 Yo creo que Miguel Hernández con sus poemas nos ha hecho mejores a todos los que lo hemos leído, más piadosos y más confiados, lo creo sinceramente y con emoción.

Mi vinculación con Miguel Hernández se puede decir que fue musical. Yo empecé a escribir porque quería componer canciones, quería formar una banda de rock o de pop, y para ello empecé a cursar Solfeo y Guitarra en el Conservatorio. Para acompañar mis ingenuas melodías empecé a escribir mis letras ingenuas. Pronto me dí cuenta de que se me daba mejor escribir palabras que componer melodías, supe de inmediato que no me bastaba con acertar con la rima y la musicalidad, quería decir cosas, estaba haciendo algo parecido a poesía. Busqué lecturas, poetas, libros y cayó en mis manos Veinte poemas de amor y una canción desesperada y lo devoré, y en casa de mi novia, en el tocadiscos de su padre, descubrí el vinilo que Joan Manuel Serrat grabó con los poemas de Miguel Hernández, y otra vez emocionado supe que apenas había diferencia entre música y poesía, lo importante era la emoción, el sentimiento, el lenguaje, la creación…

Seguramente Serrat, y Hernández y Neruda son los responsables de que yo haya dedicado los últimos 36 años a escribir versitos de amor de esta misteriosa manera que ni yo mismo sé explicar…

Estoy seguro de que nadie es mejor persona después de leer mis poemas, ni tampoco más piadoso o confiado, pero yo cuando leo a Miguel sí me sé mejor, más confiado -pese a todo- con el ser humano, con la vida, con la poesía, sí, definitivamente Miguel Hernández nos hace mejores, con su poesía y con su ejemplo, más tolerantes, más personas de bien, estoy seguro, ese es para mí su legado…

 

Menos tu vientre todos es oscuro, menos tu vientre claro y profundo
Menos tu vientre, Miguel Hernández/Joan Manuel Serrat
 
Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
20. Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Pablo Neruda

 

**Entredicho de la poesía/Telar de duda.
Ana Ilce Gómez.

 

DESNUDEZ (a modo de poética)

Si hablamos del conjunto de principios o de normas que caracteriza mi poesía, o mi obra, o si lo hacemos del conjunto de esos principios que caracteriza a una escuela, o corriente, tendré que decir que no tengo ni idea de mi poética.

Si por el contrario se trata de decir o definir el motivo, el porqué de escribir -que no del cómo, ya lo he dicho-, tengo una sencilla respuesta: escribo porque no comprendo la vida. Mi vida es algo que me ha decepcionado, a estas alturas de mi existencia, por completo. Otra manera cualquiera de decir que he defraudado mis expectativas. Llevo 36 años de escritura, un relato irregular de mi vida, y desde el principio he intentado no hablar de mí mismo con mis poemas, sin conseguirlo, claro está. Al final solo hablo de mí y mis circunstancias, le cuento mi vida a no sé quién, seguramente a mí mismo en particular y en general. Dentro de esta incomprensión también debo añadir que escribo porque tengo un miedo atroz a la muerte, a la inexistencia. No del modo que escribiera Michel de Montaigne: Lo que les atormenta no es la muerte, es morir*. En mi caso es al contrario, lo que me atormenta no es morir, sino la muerte misma, el concepto, la conclusión, la nada, el vacío, la inconsciencia.

Por todo lo expuesto, mi miedo -mi escritura- se aferra a que en el fondo yo siempre me he creído inmortal, desde niño, no puedo aceptar otra cosa, otra idea, ni siquiera la realidad. No suelo utilizar en mi poesía el plural humilde, no me gusta el uso de generalizaciones y de supuesta sabiduría, nada en mí es firme o sólido, afirmativo o perdurable para hablar por los demás. Yo me creo inmortal porque si no es así, nada de esto tiene sentido. Pero es curioso que pese a todo lo dicho, no es la muerte un motivo de mi escritura, lo es mi vida, escribo porque vivo, porque estoy viviendo, con un viaje hacia la sencillez, con desnudez. Y para ello me he sujetado a la máxima de que para mí en el poema lo importante es lo que no se dice, el subtexto. Así que me he pasado la vida escribiendo poemas de amor, ni más ni menos, desnudándome metafórica y físicamente ante todos ustedes mis queridos, indefensos, desconocidos lectores. Escribiendo, a fin de cuentas, porque me ha dado la gana. Sabiendo además, como escribe Eloy Tizón, que escribir, como vivir, siempre deja cicatrices y además es siempre una traición**.

* Los que en los suplicios vemos correr a su fin y apresurar y empujar su ejecución, no lo hacen por valentía, sino porque quieren quitarse de encima la idea de su fin cercano. Lo que les atormenta no es la muerte, es morir.
DE LA GLORIA. ENSAYOS. MICHEL DE MONTAIGNE.
**Escribir es siempre una traición. Escribir, como vivir, siempre deja cicatrices.
ELOY TIZÓN. ZOÓTROPO (Prólogo) VELOCIDAD DE LOS JARDINES, 2017.

 

IMPRE(CI)SIONES

 

De Diario de un poeta intrascendente 1993-96 (Inédito)

 

I

Las carreteras o las fronteras

donde alguna vez perdí los nombres,

donde dejé fragmentos de mi voz

nombrándote,

donde nunca

encontré respuesta por casualidad.

 

Mi deseo es garganta febril

que te llama, que te llama

y pierde voz.

 

II

 

Por ti he cruzado esa delicada frontera

-más allá de la cordura-

y el delirio no me ha acercado a ti,

no te he encontrado.

 

Me enviaste al infierno

y ahora no sé cómo volver

 

III

 

Tus labios son enemigos fugaces.

 

Creo que soy feliz…

casi me duele confesarlo.

 

La aurora es cruel con mis sueños,

siempre.

 

IV

 

El otoño con su manto de cordura

cotidiana,

por supuesto,

también ha invadido mi patio de luces;

desde mi ventana

mientras me fumo un cigarrillo.

 

Este otoño las aves migratorias,

como de costumbre, han pasado de mí.

 

V

 

Fuiste un golpe de invierno

y como el invierno llega

llegaste a mi vida;

como un invierno desmedido

abrazaste mi vida desmedida.

Tantos andenes, tantas ventanillas,

tantas perspectivas, tantos caminos,

y apareciste tú,

fuiste un golpe de invierno,

siempre eres invierno,

invierno siempre desde los andenes,

lluvia, frío, en las almohadas,

lluvia, frío, en las despedidas.

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Encuentros con la poesía en la casa natal de Miguel Hernández. 27 poetas. Libro

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AN YI CAMPELLO

Elche 1958. Maestra. Ha publicado el poemario Malasia en el corazón , (Los libros imposibles, 2010) y dirigido el audiovisual de su presentación. Ha participado en varios libros colectivos de poesía: Primer Paso col. Balbec (2006), Silencio, col. Lunara Poesía (2017). Su último poemario publicado es El vuelo de la grulla, col. Lunara poesía plaquette, (2018).

Ha realizado lecturas poéticas en centros sociales y culturales en Elche, Alicante y Valencia: Malasia en el corazón, Versos al atardecer, Proporción en armonía y Lectura del Silencio. Es miembro activo de la Asociación Cultural Ediciones Frutos del Tiempo, colaborando en eventos y ciclos literarios.

 

JUVENTUD, REVUELTA Y SENTIMIENTO

Mi relación con Miguel Hernández tiene dos vertientes: una académica y otra sentimental. Mª Dolores Peiró, gran influencia y responsable de mi afición literaria. Recuerdo haber leído entoncesPerito en lunas y Las nanas de la cebolla. Después su poesía siguió presente en las clases de literatura del bachillerato y especialmente en C.O.U. Era el año 1975, ese año terminé el bachiller y comencé los estudios universitarios de Magisterio. Eran tiempos muy vivos, de reivindicación, de revuelta, de apertura, y la figura y vida de Miguel Hernández estaban muy presentes, como ejemplo de lucha, primaba más quizá su personaje que su obra. Disfruté y valoré mucho la lectura de su poesía en mi juventud. Y la cantaba, con las canciones de Serrat. Había una que especialmente se cantaba aquel año. “Vientos del pueblo me llevan, vientos del pueblo me arrastran, me esparcen el corazón y me aventan la garganta…” En mi juventud fui una persona muy tímida y poco dada a mostrar mis simpatías políticas (desde siempre escoradas a la izquierda). Venciendo esa timidez y la autoritaria vigilancia paterna, participé, en mayo de 1976, en una manifestación que reivindicaba la figura del poeta. La concentración se realizó en una pequeña plaza de mi ciudad (Elche), recuerdo perfectamente el escalofrío que recorrió todo mi cuerpo, cuando comenzaron a llegar furgonetas grises y a salir de ellas policías con porras en las manos, las carreras casi sin aliento y las violentas persecuciones. Sí, estos hechos sucedían en nuestro país: uno se la jugaba por reivindicar a Miguel Hernández.

 

Volví a tener contacto con su figura y su poética, en los actos que se celebraron en Elche, con motivo del centenario de su nacimiento: las charlas de Luis Antonio de Villena y Rosa Regás, la Exposición de su legado: objetos, documentos, pinturas. Y fue entonces cuando se manifestó un hecho curioso en mí, primero en la contemplación de la Exposición y después en la visita a su Casa Museo en Orihuela, una conmoción profunda, venida de no sé donde, que me hacía llorar sin parar, totalmente emocionada, una conexión a través del espacio y del tiempo, con su vida y especialmente, con el sufrimiento por él vivido. Tomándolo con sentido del humor, es como si estuviera pelando cebollas en cada acto al que acudía, como en la dramatización sobre las cartas que escribió a Josefina, realizada por la compañía La Nona Teatro. Y más allá de esta relación personal y sentimental con el poeta, valoro y admiro, el esfuerzo y estudio que realizó para formarse poéticamente, y la fuerza telúrica, la frescura, el compromiso y la autenticidad de su poesía.

POÉTICA

Me sigue resultando sorprendente el hecho de que los demás me consideren y me nombren poeta, así como que soliciten mi presencia para la lectura de mis poemas. Cuando este hecho sucede, me pregunto ¿soy realmente poeta? La siguiente pregunta sería ¿qué es poesía?, y como consecuencia, ¿cómo definir mi poética?

Soy una poeta tardía y con poca obra publicada. Lo que sí es bien cierto, es que fui y soy una gran lectora de poesía desde la preadolescencia. Desde entonces a lo largo de la vida hubo periodos en los que se manifestó la pulsión o necesidad de escribir, creando escritos poéticos, con una temática que demostraba una presencia en el mundo con la que no me identifiqué más tarde, tras estar mucho tiempo guardados los dejé marchar. No eran mi voz.

A los cuarenta y tantos retornó esa necesidad de la comunicación escrita, en la forma poética, y surgió clara, con fuerza, sin pudor, en toda su plenitud, y se manifestó mi voz verdadera.

Con las palabras articulo mis emociones y me comunico conmigo misma, la escritura poética es el único medio que encuentro para expresar lo que quiero decir cuando tengo algo que decir. Como dijo Oscar Wilde “Para escribir es necesario solo dos cosas: tener algo que decir y decirlo”. ¿Qué es lo que me inspira?: Las emociones que me invaden, que surgen, potentes e indescifrables, a veces, en los estados de contemplación y observación de la naturaleza, en la escucha atenta del silencio, en la comunión con el Universo, en la sorpresa y la alegría del hecho de vivir. Cuando atrapo instantes de certeza… Y cómo no, el amor y el transcurrir del tiempo, son fuente de mi inspiración.

El otro rasgo característico de mi escritura, es la influencia de la poesía y la filosofía de Oriente, tanto en el fondo como en la forma. No de una manera pretendida ni como objetivo, sino también por la posición que ha permanecido en mi persona las lecturas y las prácticas de crecimiento y desarrollo espiritual, creadas por estas culturas.

POEMAS DE OTOÑO (INÉDITOS)

 

El cielo se despide

del verano

sábanas de besos

cubren la piel.

 

Jazmín tardío

pausado adiós estival

la luz anuncia.

 

Casi imperceptiblemente

va cambiando el aire

de la noche

el verano en su intensidad

y el otoño se cuela juguetón

En la frescura matinal.

 

La luz entra tímida y calmada,

la cortina se mece con el aire,

en la estancia

lectura reposada.

 

LANGKAWI

(Isla del águila marrón)

 PENANG (Templo de KekLok Si)

(Templo de la Suprema Felicidad)

 

La colina se alza

brumosa ante la vista,

emprendo su ascensión

ilusionada,

una tímida lluvia tropical

salpica nuestras ropas,

alejada del grupo

recorro meditativa

cada rincón del templo

a ella advocado,

comparto rezos y cantos,

ofrendo velas e inciensos,

sigo el peregrinaje

guiada por no sé qué

fuerza sutil y determinante,

los pulmones no reconocen

esfuerzo y

como etéreas alas

me conducen a su presencia:

alzo los ojos y

descubro su imagen

ingrávida en lo alto.

 

De Malasia en el Corazón. Los Cuadernos Imposibles, 2010

 

MEMORIA DE LA EMOCIÓN

El puente

 

Mi puente no destaca

por su arquitectura,

no cruza grandes ríos.

Por él no pasearon

famosos enamorados

ni es fotografiado

Por sus hermosos atardeceres.

Mi puente es simple,

casi feo

pero es fiel guardián

de mi memoria sentimental.

Fue espectador silencioso

de volteretas con pololos al viento,

sujetó hileras de hormigas escolares,

presenció primaveras adolescentes

Impregnadas de golondrinas y poemas.

se estremeció con mañanas frías

de campanas tempranas.

Mas por encima de todo ello

es portador de la imagen amable,

de ternura manifiesta

de dos viejos cogidos de la mano,

con apoyo de muleta,

ella con balanceo altisonante.

 

(De El Vuelo De La Grulla )

CULTURALISMO AMIGO, por Francisco Gómez

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El recién transcurrido 14 de iunius del anno MMXIX en la sala cultural Las Clarisas de la city de Elche tuvo lugar la presentación de los poemarios de dos grandes amigos, Juan C. Lozano Felices y Juan Ángel Castaño, “Naturalmente, amarte” del primero y “Dones del otoño” del segundo, dentro de la colección Lunara poesía plaquette, números 8 y 7 respectivamente de esta colección que ha emprendido mi editor, nuestro editor y sin embargo amigo, Javier Cebrián

Uno tenía muchas ganas de leer las nuevas cosas que salían a la luz de estos dos excelentes poetas culturalistas, uno desde un clasicismo vivencial como pueda ser Juan Lozano y otro desde el surrealismo y la enumeración homenaje a Borges de Juan Ángel y sus eternas dialécticas con sus amigas las pianistas en su imaginario poético ideal frente a la realidad repetida y gris, donde ambos coinciden en su resistencia a claudicar.

Juan no había publicado su primer poemario hasta cumplidos los 50 años, el meridiano de la vida, donde toda persona carga ya un paquete de frutos dulces y amargos en este caminar incierto de la vida con “Soliloquio del auriga”, publicado en 2013 en la editorial Falsirena de Salamanca.

Nuestro Juan Ángel, fundador de Ediciones Inauditas que daría lugar a Frutos Secos y a las colecciones Lunara y Solara, inspiradas en la movida cultural de Valencia de los 80, hacía 20 años largos que no publicaba nueva obra poética desde que lo hiciera en 1999 con la antología “Seis estaciones” de la editorial Denes.

Muchas lunas sin publicar de estos dos grandes poetas y enormes amigos a quienes tanto debo y estimo, que con buen ojo periodístico sé que tienen obra por publicar a la búsqueda de editor que valore su calidad.

Aquella fue, en buena medida, una reunión de buenos amigos. El editor, Javier Cebrián, destacó que “publicar estas dos plaquettes supone una gran alegría”, desde que iniciara su andadura Frutos del Tiempo hace ya casi 30 años con Ediciones Inauditas, donde también participó el presentador del actor, el escritor y poeta y también buen amigo, Jesús Zomeño.

De Juan Ángel, Cebrián resaltó que “después de largo tiempo de silencio y publicaciones como una persona semioculta, sale a la luz este poemario. Juan Ángel es el culpable de que me haya dedicado a la literatura. Es un referente. Un maestro. Desde que en una librería que estaba en la plaza de sindicatos descubriera su libro “Para bailarinas ambiciosas”. Con él descubrí que había otra forma de escribir poesía; lúdica, culturalista y divertida. Comprendí que la verdad sigue siendo surrealista”

De Juan Lozano, el editor de las plaquettes comentó que “cuando lo conocí me pareció un poco estirado, tan ajeno a mí que escribía por intuición. Con el tiempo advertí que es una de las mejores personas que conozco”.

“Ambos se sirven de un culturalismo en sus poemarios pero sin alejarse de la experiencia y el intimismo. Nuestros autores se sirven de referencias culturales, musicales, cinematográficas, la intertextualidad”.

El presentador del acto, Jesús Zomeño, resaltó que su amistad con Juan Lozano viene de largo, desde 1981, a la edad de 16-17 años en Cau D´art de Elche. “Tengo los esbozos de sus primeros poemas de la mili. No es amistad lo nuestro. Me soporta para callar lo que sé. Nos reunimos un jueves al mes para beber vino y ver una película de Sherlock Holmes”.

Sobre “Naturalmente, amarte”, adelantó que tiene imágenes potentes con cargas de reflexión sobre el amor y el paso del tiempo. “Su poemario se puede dividir en dos partes: sujeto y evocación. Podemos imaginarlo como un hombre que arrastra los pies por la casa y sueña la belleza mientras suena la cadencia de la música en el tocadiscos. Es un personaje que persiste mientras evoca sus recuerdos como si fuera el “Diario de un poeta recién cansado”. En su nueva obra podemos ver poemas en blanco y negro y a todo color. Unos poemas grises y otros de una belleza críptica, bizantina”.

De “Dones del Otoño”, el autor de “El cielo de Kaunas” resaltó que “en 40 años su estilo se ha mantenido. En literatura la decisión repetida es una virtud, el deseo es un deleite intelectual con la música y el cine como telón de fondo”. Zomeño subrayó la importancia histórica de Juan Ángel Castaño en la literatura escrita desde Elche para el mundo, “con el fenómeno literario y editorial que eclosionó en Valencia como hervidero cultural que se vivía con espontaneidad y él importó a Elche. El germen fue Juan Ángel que trajo un modelo de gestión con la creatividad y la dicha como seña de identidad. Apuntó que este poemario, nuevo después de dos décadas en silencio, se divide en cinco partes con dos únicos bloques. En la primera, la conversación con la pianista como deseo entendido como goce intelectual compartido con la mujer amada. Amor-deseo-no convencional. Amor feliz no trágico. El amor perfecto con una mujer. Las cuatro partes restantes son un homenaje a la literatura, a la música”.

Fue una tarde memorable en un día significado para quien escribe. “Naturalmente, amarte” de Juan Lozano y “Dones del Otoño” os esperan, amigos lectores, si queréis de hermosa, inteligente y cultural poesía.

Francisco Gómez

Presentación en Murcia de El ocho de las abejas de Cleofé Campuzano (Editorial Devenir, 2018) , entrevista, por José Luis Zerón

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Cleofé Campuzano Marco (Murcia, 1986), poeta y educadora de museos del ámbito social. Inició sus estudios universitarios en Filología Hispánica, posteriormente se graduó en Educación Social y se especializó en la vertiente sociocultural, a través de estudios de posgrado en educación, mediación y museos, por la Universidad de Zaragoza y por la Universidad de Murcia.  Habitualmente ha colaborado en diversos medios con trabajos científicos y reseñas. Ha participado en revistas de poesía y espacios literarios como La Galla Ciencia, Empireuma, El coloquio de los perros, Círculo de Poesía, Oculta Lit, entre otros. Actualmente compagina la producción literaria con trabajos de investigación en la Universidad de Lleida y el comisariado pedagógico de arte contemporáneo. El ocho de las abejas (Devenir, 2018) es su primer libro publicado hasta la fecha.

El pasado 28 de mayo se presentó en la librería Expo-Libro Diego Marín de Murcia El Ocho de las abejas, primer libro de poemas de Cleofé Campuzano, editado por la prestigiosa editorial Devenir el pasado año. En el acto intervinieron el editor del libro, Juan Pastor, el prologuista, José Luis Zerón Huguet, y la autora.
A continuación reproducimos el diálogo que mantuvieron Cleofé Campuzano y José Luis Zerón tras la intervención del editor del libro, Juan Pastor.

Para empezar, háblanos del sugestivo título El ocho de las abejas, que, en mi opinión, no tiene nada de caprichoso, muy al contrario, y como dejo claro en el prólogo, creo que sintetiza magistralmente el contenido del libro. También abordas el conflicto de la existencia del ser humano, cuya facultad para pensar y sumar conocimientos le permite enfrentarse a su sino, pero al mismo tiempo le genera angustia, temor y desasosiego. La capacidad del ser humano de saberse diferente, de reconocer su propia identidad es a la vez un don y una condena, pues también nos hace conscientes de nuestra finitud y nos sitúa en contraposición al mundo natural de las abejas. puramente instintivo, que actúa en beneficio de la colectividad ignorante de su destino y siguiendo con unas reglas innatas.

El título nos remite a la facultad humana de decidir y a la caprichosa condición de estar obligados a hacerlo en un  tránsito muy incierto sobre el que no tenemos control. Desde disciplinas como la lingüística o la antropología del lenguaje, el sistema de comunicación de la abeja se presenta como biológicamente  predeterminado, antitético al humano; por el contrario, el nuestro ha de construirse desde la indefinición, desde esta incompletud de la que hablaba Durkheim que viene a ser compensada con lo que la sociedad aporta al individuo y, a su vez,  exige. En este caso, el título no es un tema baladí, es una parte consustancial en la construcción total de la obra, por su sentido simbólico y de representación.

Manifiestas en una entrevista con Diego Zalgade  en la revista Oculta Lit queLectura y escritura para mí caminan indesligadas. Lectura, escritura y pensamiento forman un triángulo inopinable, se dotan de sentido como un continuum en el que una no puede prescindir de las otras. Pienso que en todo proceso creativo, hay una parte de origen desconocido que nos viene dada y, después, hay otra parte de ejercicio, de esfuerzo”. Precisamente, esto mismo resulta muy evidente en tu primer libro en particular, y en tu obra literaria en general: la fusión entre instinto y reflexión, intuición y conocimiento. Estoy de acuerdo contigo en que no podemos obviar que el poema también nace de un proceso intelectivo, aunque hoy en poesía estén muy valoradas la emotividad y el sentimentalismo y se evite de todo aquello que pueda resultar conceptual.

Sí, estoy convencida de que el poema nace del pensar. Y el pensamiento es el único proceso capaz de aunar razón y emoción. Pensamos cuando nos esforzamos por percibir el mundo, posiblemente desde una ventana incómoda, cuestionante. Podríamos  sugerir que el hecho de autoprovocarnos la pregunta, quizás sea un trabajo muy complejo que nada tenga que ver con la inspiración; pero, sin embargo, sorprende que esta zona de aprendizaje se vea invadida misteriosamente por cierta magia que procede del citado esfuerzo en intentar ver con otros ojos la realidad. Tal y como acertadamente apuntabas en el prólogo, emerge inevitablemente el binomio gracia y esfuerzo…

Otra de las características de tu poemario es la convivencia de elementos corporales, físicos y sensitivos con una dimensión espiritual o metafísica. Digamos que logras una unión entre lo concreto y lo abstracto, entre lo perceptible y lo imaginado; y esta combinación dispar crea extrañeza en el lector.

Siempre imagino que tras las cosas hay una realidad invisible que late. Y esa dimensión puede ser el vestigio más sublime, el descubrimiento de la belleza más inesperada o el dolor más cruento. No sabemos qué se esconde tras los objetos,  qué segmento se nos escapa cuando respiramos; por este motivo, me interesa este carácter sincrético del poema, su capacidad para dar forma a elementos no corpóreos y de atomizar aquello que nos es sumamente familiar.  Ahí surge la búsqueda, ahí está presente esta cualidad de enigma que tanto me gusta del pensamiento poético y que siempre intento cultivar. Me encanta el uso de este verbo para referirnos a la dedicación que exige el poema, “cultivar” remite a la dedicación en la lectura y en la escritura. Es una palabra preciosa que en este contexto ha  ido perdiendo; recuperarla y ponerla de manifiesto implicaría una reflexión profunda sobre la creación literaria, su evolución y sus actuales manifestaciones.

El conflicto humano de ser y estar en el mundo lo aborda y lo intensifica tu yo poético a través de dualidades como inmanencia/trascendencia cotidianeidad/excepcionalidad, arraigo/desarraigo, locura/cordura… Y la mayor de las dualidades: vida/ muerte.  En tu escritura poética se potencia la formidable batalle entre Eros y Tanatos (la carne y la tumba). Me llama la atención porque no incurres en una idealización de la muerte, ni recurres a una visión trascendente, atenta al aquí y ahora y sus contingencias. Tu libro puede perturbar tras una lectura poco atenta por su negatividad, pero si ahondamos debidamente nos damos cuenta de que es un poemario lleno de vitalidad que invita a la esperanza. De hecho Javier Puig lo califica de “caudaloso y vital” en el periódico digital Mundiario.

Se podría pensar que se sostiene sobre un aura pesimista. Pero coincido en que llegaríamos a esta conclusión solo en una primera lectura de carácter más superficial. Posiblemente, veríamos visos de luz en una segunda lectura más profunda en la que gravitaríamos sobre un tipo de extrañeza que  permite un acercamiento acentual a la esperanza, aspecto que respalda el deseo de vivir y de vivir no de cualquier manera, no en un sentido preconcebido sino vivir conscientemente: ante lo impuesto tal y como evidencia el poema “Sitios en nombres propios” o ante lo inasible de la identidad construida, evocación que se recoge en “A eso se refería esa voz del pasado”…

Otra cualidad llamativa de tu poemario es el tratamiento del tiempo. Partiendo del tiempo presente, del aquí y ahora, la voz, en primera persona y ocasionalmente en segunda y tercera, indistintamente, viaja al pasado o se proyecta a un futuro.

El tratamiento del tiempo presenta una significación angular en la concepción del poemario. La invención se nutre de una linealidad que descansa sobre las experiencias que hemos vivido y aquellas que esperamos vivir en el futuro. Y toda esta composición la ejecutamos mentalmente en el presente; de ahí que el poema tenga una licencia especial para experimentar el tiempo de una manera total, dado que en nuestro día a día, no es posible. Pensar la incongruencia es una traducción a un vivir para siempre o a una eternidad inventada que genera una suprarealidad, donde lo subjetivo nos lleva a otorgar un valor añadido a todo aquello que pensamos y a idear un sistema de evasión donde la realidad va mucho más allá de su mera interpretación.

En Revista de Letras, José Antonio olmedo, escribe que el sujeto lírico de El ocho de las abejas se expresa en mayor medida en primera persona, y por ello tu libro podría ser considerado como confesional, pero añade que “conforme vayamos avanzando en la lectura sospecharemos si dicho discurso es en verdad dirigido a una otredad tácita y anónima, o verdaderamente estamos ante un monólogo interior, un flujo de conciencia que deriva su discurso mediante las formas personales para introducir en él la digresión”. ¿Estás de acuerdo?

Sí, del todo. El sentido de una otredad va implícito de una forma casi secreta en el proceso de escritura. Si entendemos el poema –y es así en mi caso- como una vía de expresión/manifestación del pensamiento, hay una entidad que recibe el mensaje. Ritualizamos, por tanto, un trayecto que va a alguna parte o nace con la intención de llegar a otra conciencia.

En una entrevista en Mundiario Ada Soriano resalta el carácter unitario de El ocho de las abejas, ya que, aunque los poemas se pueden leer de manera individual con un grado máximo de autonomía, todos están bien imbricados en el conjunto, como un enjambre, algo así como muchas alas y un solo vuelo. También resalta Ada, y estoy igualmente de acuerdo con ella,  la pertinencia de las citas en tu libro.

Es cierto que la construcción del libro juega a una ambivalencia desencadenada. De un lado, las partes son unidades de sentido y, de otro, el todo es algo así como un sentido añadido a estos átomos individuales –poemas individuales-. Diría por analogía que El ocho de las abejas presenta un fundamento orgánico en su concepción y desarrollo, evoluciona en su propio devenir y se cuestiona así mismo sobre la idoneidad de estar ahí, de cómo ser parte de un cuerpo que se autoabastece de ese destino incierto al que constantemente aludo.

 A propósito de las citas, me gustaría que resaltaras algunos de tus referentes poéticos. Yo nombro en el prólogo a algunos autores que he sentido próximos a tu obra: Darío, Vallejo, Celan, Eliot, Plath…

En casa de mis abuelos, recuerdo que había una humilde selección de libros muy interesante;  algunas lecturas fueron muy importantes en aquel momento, como Azul de Rubén Darío. Más tarde, descubrí el trabajo de autores como Carlos Bousoño, Vicente Aleixandre, Celan o los poetas románticos ingleses, por ejemplo. Los sentí muy cercanos, próximos a una sensibilidad y me sugirieron cosas, claramente una virtualidad sobre la que investigar. Me hubiera gustado leer mucho más y anhelaré tener el tiempo necesario para poder hacer esta tarea mucho mejor y a la altura de mis deseos pero considerando esta limitación, me alegro de haber disfrutado estas lecturas que he tenido la suerte de sentir e integrar y de las que vendrán en el futuro. Lo que leemos conforma nuestra mente y también interviene en nuestra manera de ver el mundo.

Llama la atención el tratamiento del lenguaje en tu libro, muy alejado del uso ordinario, que a mí me parece además sumamente original. No recurres al énfasis para imantar al lector. Tu relación con el lenguaje es tensa pero de una honestidad sin fisuras. Remueves, socavas el lenguaje hasta alcanzar un conceptismo expresivo, a veces antipoético, peculiar y reconocible, que revela tanto como oculta. La sintaxis unas veces es sinuosa, otras abrupta y quebrada, y el ritmo, sincopado, elusivo, entre la ligereza y la gravedad, no es el de la medida eurítmica convencional sino el de la propia respiración del poema, y para ello prescindes de recursos métricos y fonéticos y te basas en el verso blanco y libre alternando secuencias de versos largos y cortos. Por otra parte, reconocemos el uso de imágenes de una gran fuerza simbólica, nada complacientes, que nos impresionan y descolocan, amén de una ironía turbulenta, de corteza áspera, lejos de la ocurrencia amable o el requiebro  ingenioso propios de los realismos poéticos.

El lenguaje poético me permite romper la realidad, doblarla, huir de ella, volver a ella,  extirparla, rasgarla… salir del uso cotidiano del lenguaje me permite esta posibilidad, experimentar el vértigo que el propio lenguaje propone. Sus límites son muy similares a los límites más antiguos del ser humano. Motivo por el cual, siempre pongo todos mis esfuerzos en que la lucha sea honesta y consciente, me enfrento a la escritura con todo el respeto que sus atributos merecen.

Por último, me gustaría que nos hablaras de Paz primaria, tu nuevo poemario que vas a publicar próximamente.

Paz primaria es el segundo poemario que he conseguido conformar y que verá la luz pronto. Es heredero de El ocho de las abejas. Pero creo que también refleja la intensidad de mi vivencia poética y desde este vórtice, representa una evolución a nivel de maduración de pensamiento y de discurso. Lo fundamental de esta manera de entender el lenguaje como lucha continua sigue estando presente de forma muy referencial. El dolor y la belleza conviven en un maridaje de expresión casi matérica. La actitud ante lo desconocido y la extrañeza sobre la identidad humana siguen inquietando mi pulso, perturbando mi concepción de lo que vivo. Y eso es algo que plantea una glosa de continuidad…

 

 

Presentación. Lunara plaquette, cuadernos de poesía

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EL AMOR, LA POESÍA, JUGAR…

 

El amor, la poesía, jugar a la ruleta

¿qué es lo más noble?

Pregunta de Príncipe, lo reconozco

y comprendo que no hay que hacer

demasiadas preguntas de Príncipe.

Son malos tiempos para las preguntas

de Príncipe (quedan sin contestar

o reciben respuestas contradictorias).

Por lo demás, por una cuestión de honor familiar

me niego a jugar a la ruleta

aunque no creo mucho en las cuestiones de honor,

más bien es que comprendo que el azar y la necesidad

son la misma cosa dos aspectos de lo mismo,

distinguibles pero inseparables,

como el día de la noche –

o digamos que amo mi destino

de soñarte o conocerte

pues ¿cuál es mi verdadero destino

sino soñarte o conocerte?

Algo así como el concepto de libertad en Spinoza,

una bella ecuación:

libertad = conocimiento

que resolvería las dudas iniciales de esta historia;

el amor y la poesía y jugar a la ruleta.

Creo que mi verdadero destino

es soñarte y conocerte.


 

NATURALMENTE, AMARTE.

 

Naturalmente amarte, con el destello

de la escarcha. Con el ruido del alba,

cuando se rompen todos los puentes

y las distancias se quedan al otro lado.

 

 

Audazmente, amarte y seguir el peso

de los sueños que colmen tus esquivos

días de semana. Con la ventaja que da

la radiante insatisfacción con el mundo

 

y tener los ojos colmados de herencias.

Acaso dividir una eternidad en equilibrio

hasta que solo mi codicia a tu plenitud

 

alcance, con la voluntad de los esclavos

que vuelve las heladas en perfecto verano

y la belleza en línea última de defensa.

 

DIPLOPÍA, ESPEJOS, REFLEJOS Y FULGORES. APOSTILLAS A  “NATURALMENTE, AMARTE”  DE JUAN LOZANO FELICES Por Juan Lozano Felices.

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Aunque no sea muy habitual que un poeta se revele a sí mismo; sin parecer, por otra parte, un ejercicio narcisista, de vanidad o de autocomplacencia, he decidido escribir estas líneas,  para que puedan ser leídas desde la web de Frutos del tiempo. En cualquier caso, todos sabemos que el poeta no explica su poesía, entre otras cosas porque, como dijera Eliot, la poesía es más sensible que inteligible. Es decir, se dirige primero al sentimiento sin pasar por el cálculo intelectual. Como decía también Cocteau, “sentir antes de comprender”. Pretender explicar la poesía es una mistificación. Por ello, quiero hablar en estas apostillas del plasma germinativo que está bajo los versos, de la intrahistoria del poemario, unas notas que puedan acaso iluminar algún ángulo oscuro o, siquiera, sirvan al lector para satisfacer su curiosidad sobre el origen de algunos poemas.

En octubre de 2018 estuve varios días ingresado en el hospital, afectado de un cuadro cuyos síntomas más llamativos fueron una diplopía binocular y una persistente y extraña sensación de luminosidad, como la que percibimos, a veces, tras la fuerte lluvia. La actualidad meteorológica, marcada por la inestabilidad, ocupaba la cabecera de las noticias, donde se hablaba de la llegada de una “gota fría” formada en el litoral mediterráneo. El día de mayor riesgo, a mediodía, se formaron negros nubarrones que oscurecieron el cielo. La habitación daba a campo abierto y desde la posición horizontal en la cama, adormecido por una situación de inercia y de tedio vital,  los amplios ventanales permitían una panorámica perfecta.  Esperé toda la tarde la aparición de la tormenta que habría de sacarme del letargo,  pero el pronóstico no se cumplió. Algunas primeras versiones de los poemas aquí recogidos, donde se habla de la visión doble, de la dualidad en las emociones, de los espejos, de los reflejos… fueron escritas durante aquellos días. En este sentido, tal vez los poemas de hospital sean los más explícitos junto a “De reflejos”. Pero también en “Paseando por el Chiado”, donde ese “y no supiera si estoy saliendo de casa o entrando” sugiere también el rebote de la imagen. También en “Tierra quemada” se plantea el dilema de no saber si estás avanzando o retirándote. En todo caso, quiero decir que, muchas veces, estas conexiones son reconocidas por el propio autor, a posteriori. En torno al tema de la imagen dual, se condensa uno de mis mitos preferidos, el de Perseo en su lucha con la Gorgona Medusa. Como el héroe no podía mirar a los ojos de Medusa sin quedar convertido en piedra, idea un ardid. Guiándose por la imagen de la criatura reflejada en un escudo de bronce pulido, a modo de espejo, la decapita sin tener que mirarla directamente. Yo he pensado, a veces, que también el poeta, como Perseo, puede servirse de un escudo donde se refleje la realidad. Los espejos, al duplicar, como en el Arte, también crean un mundo paralelo. Además, como dice Cirlot en su “Diccionario de símbolos”, la imagen en el espejo es un símbolo de la conciencia, un eco de la realidad. Aunque también el espejo puede deformar e invertir la realidad.

Predomina en todo caso, en el conjunto, el tema amoroso, en poemas como los falsos sonetos “Paseando por el Chiado” y “Naturalmente, amarte”, y en otros como “Piazza di Spagna” y “He puesto a enfriar la belleza”. Incluso habría un anti poema amoroso, en “Carta de amor a Eva Braun”. Tiene su origen en un proyecto fallido, una especie de sainete y, al quedar condensado en un poema, puede haber perdido algo de su mordacidad original.

No es casualidad que haya elegido el poema de Alberto Bevilacqua como frontispicio del poemario. No es un capricho estético, tiene un valor exegético muy concreto, al igual que las dos citas que cierran el conjunto, de T.S. Eliot y Fernando Herrera. “Anima amante” es un poema en el que, precisamente, aparecen, fundidos,  los dos temas que son básicos en mi poesía, el amor y el paso del tiempo. La poesía, para mí, es un intento de detener el tiempo mediante la reflexión y la evocación. En saber, de antemano, que tenemos la batalla perdida está la grandeza, el esplendor trágico que nos anima. Ese tempus fugit está presente en toda mi poesía, incluso en la culturalista. “Por venir a serlo todo” es mi “No volveré a ser joven”. El paso del tiempo también se refleja en la vejez y enfermedad de los padres. Y en el poema “Il mondo nuovo”, donde un casi anciano Casanova recuerda su juventud mientras sus afeites se cuartean al mismo tiempo que se derrumba un mundo bajo sus pies, el del Ancien Régime. Inicialmente, los poemas “Un lugar en el mundo (II)” y “25-12-2018/ 7:30/  AM. 3º ” estaban unidos. Creo que, al separarlos, ambos han ganado en intensidad. El primero precisa de poca explicación. En el segundo, evoco, al pasar con el automóvil de regreso a casa, un recordado paisaje urbano, familiar en la niñez y hoy desaparecido, y ello da pie a la reflexión final: “era cuando queríamos/ cambiar el mundo/ antes de que el mundo/ nos cambiase/ Era cuando queríamos/apurar la vida/ sin pensar que la vida/ acabaría por apurarnos”.

Pablo Neruda no es, para mí, un poeta de cabecera, en el sentido en que lo son Gil de Biedma, Cernuda o Kavafis. En mi juventud sí lo leí mucho, quizás lo que más te gustó entonces fuese su libro de memorias, “Confieso que he vivido”. Me llamó mucho la atención, hace unos años, la noticia de que iban a analizar sus restos para comprobar si había sido asesinado durante los primeros días del golpe de Pinochet en Chile.  Parece que al final encontraron una bacteria en sus huesos, el estafilococo dorado, que pudo haber acelerado el deterioro de su estado, ya precario por un cáncer de próstata. Pero no se pudo determinar si se encontraba en el cuerpo de Neruda antes de su ingreso. El hospital estaba intervenido por los militares e inocularle la bacteria podía haber resultado cosa fácil.  Pero es algo que nunca sabremos. Escribí el poema “Planeta Neruda” a partir de esas noticias y de los recuerdos que plasma en su libro de memorias, donde el poeta habla de su estancia en Rangún, cuando fue cónsul de Chile en Birmania, o de su estancia en Madrid en los años previos al estallido de la guerra civil o de su exilio en Italia. Capri fue uno de los lugares donde se alojó y donde escribió “Los versos del capitán”.

El otro día, el alma mater de Frutos del Tiempo, Javi Cebrián, nos hablaba del agnosticismo en oposición al ateísmo, porque el ateo niega a Dios mientras que el agnóstico lo busca. Una búsqueda que, congruentemente, se despliega en ausencia de dogmas. Así, nuestra vida está presidida por esa tensión entre razón y fe de la que habló Unamuno y nos movemos en un convulso territorio entre el nihilismo y la incertidumbre, como actitud vital. Desde un punto de vista personal e intelectual, este conflicto está también tratado en un par de poemas. En el poema “oración”, que es una oración descreída dirigida a un ser que podría ser la proyección de uno mismo, se podrá leer “Crea un mundo para mí/ desde los clavos duros/ que terriblemente sostienen/ la verticalidad de tu esqueleto” Y en “Poco, apenas nada”: “Es un día para todo negarlo,/ para que entre tú y yo, Señor,/ sólo una primordial orfandad convenga”.

Creo que, con los que cito a continuación, habré mencionado la mayor parte de los poemas de “Naturalmente, amarte”. “Lux et veritas” es el segundo poema que dedico a “Brideshead Revisited”; el primero, en “Soliloquio del auriga” (Ed.Falsirena, Ávila, 2013), fue “Et in Arcadia ego”. En este de ahora, Charles y Sebastian han llegado a Venezia durante las vacaciones de verano, para visitar al padre de Sebastian.  Éste vive con su amante en un palacete asomado al Gran Canal. Al día siguiente, al abrir las ventanas, una esplendente luz lo inunda todo. “Una colina en Turquía”, sobre el arqueólogo Schliemann, que descubrió las ruinas de Troya,  es un descarte; y, por último, “Una cierta idea del otoño” habla de floristerías, días de lluvia y música de jazz. Son “las viejas ideas, que nos protegen donde cubre”.

Elche, 9-Junio-2019.