Archivo de la categoría: Literatura

Sobre Atópica, de Álvaro Giménez, por Javier Puig

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Atópica, el poemario de Álvaro Giménez, premiado en el “XXXII Certamen Poético Ángel Martínez Baigorri”, es la proclamación de una mirada que, desde el humor, la ironía, o un suave sarcasmo, no deja de pronunciarse. Tras el nítido dictamen, los poemas parecen esbozar una sonrisa casi conciliatoria. Algunos de ellos rozan la forma del cuento o del monólogo. Usan la palabra diáfana, el ritmo ligero, el discurso grácil pero nunca vacío. Es la poesía entendida como limpia comunicación, como humilde pero firme y armónica plasmación verbal de las impresiones sutilmente adquiridas. Es el claro esfuerzo de deponer la ceguera ante los suficientes destellos. Una búsqueda del decir más que de la epatante palabra. Su temática es la observación de lo que rodea al poeta, lo que le importa. Su postura es la del ciudadano que se sitúa más allá de la percepción inmediata pero evitando la recreación endogámica y oscura.

El libro es amable sin renunciar a lo rotundo, accesible desde su diversa y potente profusión. Sus versos rehúyen la rimbombancia y buscan una sencillez bien nutrida, un coloquialismo efectivo, la cercanía con el lector. Y no se recurre a lo críptico, a lo incomprensible que confiere imágenes brumosas; sino al mensaje sin ambages, seguro de su función. Estos versos, a través de posiciones muy humanizadas, toman indudable partido, señalan a los representantes del afán elitista o a quienquiera que pretenda desnaturalizar los sueños. Encuentran, en la lúdica disensión, lo intensamente defendible. Buscan, desde la necesidad de una verdad casi palpable, el tono del interpelado.

Atópica se divide en capítulos, titulados en latín – si bien con una intención divertida y no culturalista –, que nos sitúan en las diferentes perspectivas por las que opta un poeta enmascarado detrás de unos personajes o unos narradores propiciatorios de la visión más perspicaz. Desde ella, se esgrime una crítica de las vanidosas poses más consentidas, incluso un irónico cuestionamiento de la propia carrera poética, aquella que alguna vez suplanta el terreno de la experiencia.

Los poemas devienen contundentes, apuntan a lo implacable, pero definitivamente se manifiestan desde una magnánima severidad. Y, transversal, recorre el poemario una escueta incertidumbre de lo vivido y de lo que nos llama a resistir. Atópica es un libro muy saludable que no se puede recibir de otra manera que con grata entrega, con las puertas de nuestra sensibilidad abiertas a lo probablemente desvelado, de par en par.

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Presentación de Los días suspendidos de Francisco Gómez

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El próximo sábado tenemos el placer de presentar el libro «Los días suspendidos», del ilicitano Francisco Gómez. Para la ocasión contaremos con Javier Cebrián (Frutos Del Tiempo), que ejercerá de maestro de ceremonias. Os invitamos a que nos acompañéis esta mañana de sábado para disfrutar de esta colección de textos misceláneos (relatos, crónicas y reseñas) sobre la vida cultural en Elche.

para Cloti, por Carlos Javier Cebrián

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Mi querida Cloti, hace tiempo te dediqué estos textos, hoy que ya te has ido quiero dedicártelos de nuevo para celebrarte, mi querida y malévola amiga, con el corazón  encogido y con mi maliciosa mirada que a ti tanto te gustaba, todos los besos del mundo querida.

 

ELLA FITZGERALD

a Cloti

 

Ella Fitzgerald

complace al silencio, al romperlo.

Alarga la noche,

le concede beneplácito.

La lluvia azota, persistente

y fina, la balaustrada.

Mientras me resisto a dormir,

el insomnio acontece

como un llanto celebrador.

Sigo vivo

cada minuto que consigo sobrevivir,

cada segundo

que al tiránico Morfeo

le hurto.

De Maneras distintas de amar o desamar

CANSINO.

a mi querida amiga, malévola, Cloti

Recuerdo que la primera vez que visité a un psicólogo (intentábamos entonces una dudosa terapia de pareja), este me preguntó, a modo de presentación, si me importaba la opinión que de mí tenía la gente. Yo fui tajante y con grosera eficacia le respondí: sinceramente, me la suda.

Si les soy sincero está claro que hoy respondería de manera muy distinta. Debo aclarar que aquel terapeuta era de escuela conductista, sin entrar en pormenores de adscripción científica (estudio de la conducta en términos de estímulos y respuestas, tests de personalidad y conducta, etc). Puedo decirles que en ninguna de aquellas visitas este me aclaró cuál era nuestro problema o siquiera si había algún problema. Recuerdo que a mí me dedicaba, a lo sumo, veinte minutos y a mi mujer más de una hora, con lo que deduje que el problema, en verdad, era yo.

Poco tiempo después, aunque sabemos que la medición del tiempo a pesar de ser exacta también es relativa en cuanto a la concepción de la misma, ya en solitario, volví a visitar a otro psicólogo, esta vez a un profesional de afecto más ecléctico. En realidad manejaba una mezcolanza de tendencias de raíz ¿cómo decirlo? más esotérica: Gestalt, terapias sistémicas, cognitivas, constelaciones familiares, etc, etc. Con él entré en las turbulencias de la memoria, en las oscuras aguas de los traumas propios y familiares, el misterioso mundo de los vínculos afectivos, e incluso jugábamos, a modo de representación, con muñequitos de Playmobil ¿Divertido, no? Este terapeuta me aclaró que mi problema era EL ABANDONO, desde la infancia, que no he sido ni soy capaz de asumirlo vaya, y que todo sucede porque tiene que suceder, así es, y así fue. ASÍ FUE hasta que dejé de gastarme los 60 euros de cada sesión. En fin, las nuevas Psicologías de las emociones, las positivas, las sistémicas, las sectarias…

Si les vuelvo a ser sincero ni el uno ni el otro me ayudaron demasiado, me quedó claro que el problema era yo y eso ya lo sospechaba o lo sabía a ciencia cierta. Ahora ya lo sé pero me falta el dinero que he empleado en saberlo.

Debería hacer más caso a mi amiga Cloti, a la que por cierto solo le faltan dos asignaturas para terminar la carrera de Psicología, cuando me dice que soy muy CANSINO, y que no la torture más con mis peroratas sentimentales. Ella sí que me lo deja clarito cada vez que hablamos, me dice que busque las soluciones en mí mismo, que aprenda a vivir, que viva, que siga viviendo, que sepa ver que no todo el mundo gira en torno a mí, que todos los seres humanos tienen problemas y los solucionan como pueden, sin ser tan cansinos como yo.

Así lo haré, lo intentaré, se lo prometo a ella y a Vds., palabra de CANSINO.

De Cosas mínimas, artículos y autorretratos

40 mares adversos. María Jesús Montía, J. Seafree, Alfonso Aguado Ortuño

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CUARENTA MARES ADVERSOS

Editorial Corona del Sur

Málaga, 2017

AUTORES:

María Jesús Montía

J. Seafree

Alfonso Aguado Ortuño

 

AL OTRO LADO DEL SOL

María Jesús Montía

Pág. 11

Título poema: CULPA

Asumo la culpa de todos mis males,

el trayecto que recorren mis pies.

Asumo la culpa de no creer en Dios,

no rezar ni tan siquiera los domingos,

de seguir exclusivamente

el dictado de mis doce mandamientos

y no pensar en los milagros.

Asumo la bendita costumbre

de amar en otoño

las hojas caídas sobre las aceras

y amar las manos

que me aman.

 

ODA AL HORIZONTE

J. Seafree

Pág. 29

Título poema: LA TERNURA SUEÑA

Algo así como una nube,

como una flor,

algo así como un verso…

La naturaleza, ¿dónde está?

La belleza, arrodillada,

plegaria que abraza la ternura.

Libres las nubes, las flores,

libres para concebir

versos sin ataduras ni cobijo.

 

PREGUNTAS

Alfonso Aguado Ortuño

Pág. 46

Hoy tiene el ánimo decaído.

El otoño que tanto esperaba

llegó demasiado lluvioso.

La felicidad le ha preguntado:

«¿cuántas veces has sido feliz?».

Él, ignorando la pregunta

se acerca a la ventana y la abre.

Entra la lluvia de la mano

del viento. Y le llega una voz

desde el cielo plomizo: «¿qué edad

tienes?». Y cierra la ventana,

se sienta, cabecea y se duerme.