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EL ESTADO DE ÁNIMO DE LOS DEL ELCHE CLUB DE FÚTBOL, Por Pere Vicente Agulló

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http://www.diarioinformacion.com/opinion/2017/05/25/animo-elche-club-futbol/1898293.html

 

Para opinar sobre algo de lo que opinan todos los expertos (cada aficionado al fútbol suele ser un entendido en la materia, parece saber más que los técnicos de su equipo), a veces, es oxigenante captar el punto de vista del profano (el mío); desde algo de distancia se puede ver una imagen o situación mejor que si tenemos los ojos pegados a ella.
La situación del Elche, por lo que voy percibiendo, es: pésima, preocupante, catastrófica, desastrosa, de estado crítico, de enfermo en la UCI… y demás adjetivos que no incitan precisamente a la alegría. Por lo visto, el asunto es grave y aquí, de lo que se trata es de buscar culpables para saber a quién hay que crucificar.
Pero ¿quienes son -o somos- los responsables de esta tribulación colectiva?, ¿quién es “el Elche”?: ¿Son los dirigentes hipercriticados y maldecidos por su nefasta gestión?, ¿los jugadores, esos presionados, cual gladiadores, a los que les pedimos el sacrificio final para “que nos salven del infierno horrible del descenso”?, ¿o quizá los paganos aficionados (contribuyentes) que no están adiestrados para derrotas ni vacas flacas y que actúan como un tornado emocional que se dispara para la alegría o para lo contrario?; ¿o también los medios, que amplifican la importancia de la temática: la tarea de estos profesionales del deporte (o más bien decir sólo del fútbol; y tampoco del juvenil ni del femenino que apenas lo mientan) está basada en no dejar de echar gasolina (provocarnos alegría o frustración sin apenas término medio; obviando que esto “debería ser” un deporte; oí quejarse a Toril de eso) al incendio emocional colectivo.
Por tanto, si dividimos las culpas, y los del Elche somos todos (o casi)… pues casi nadie nos libramos de una porción de culpa en este drama de finales de mayo de 2017.
¿Porqué percibimos esta realidad de forma tan trágica?, ¿se acaba el mundo si se desciende donde Murcia y Alicante están?, ¿siempre debemos ser de primera? ¿En qué se ha convertido el fútbol actual? Galeano, en sus libros “Su majestad el fútbol” y “El fútbol a sol y sombra”, dijo que esto fue y debe ser un juego para divertirse todos y no un negocio para manipular el sentimiento de las masas. Por lo vista casi ningún hincha de este mundo lo leyó.
Volviendo “al Elche en estado de coma” y a los culpables. Se dice de los jugadores que, como se les paga, se les debe exigir todo. ¿Todo vale? Tal vez, en el teatro, si los actores, nerviosos, fallan y lo pasan mal: el público los alienta con aplausos. En la grada y en la clasificación no hay tanta condescendencia con los que nos decepcionan. No se empatiza con estos muchachos – no olvidemos que son humanos y lo deben estar pasando muy mal- que, a su edad, todavía no son tan fuertes psicológicamente. Ahora nada les sale bien y los denigramos.. y posiblemente en estos días sólo escucharán el mantra: “Reus, Cádiz, Oviedo…. ser o no ser..vida o muerte..”. Nos fijaremos en lo que salga de sus botas pero no en sus caras de ansiedad ni en sus músculos entumecidos por la presión y menos en su corazón agarrotado por tanta responsabilidad… Ignoro cual será este final de liga pero deberíamos reflexionar hacia dónde vamos con esta beligerante forma de tratar a esta joven gente de la cancha (por muy bien pagados que estén); dejar de hacerlos responsables de nuestra frustración.
Concluyo con en el deseo de que no se nos coma tanto el coco con tragedias artificiales, de seguir sería como profesionalizarnos todos/as en la idiocia colectiva y olvidarnos que el fútbol, como el billar o el parchís, también es un juego en el que no basta con tener toda la voluntad (y la presión) de ganar e influyen factores como el azar carambolesco o el fallo humano; si sustituimos a los jugadores por máquinas tal vez eso se solucione pero no quiero dar ideas, ya hay suficientes distopías literarias. Sonriamos a la buena suerte y aceptemos con calma y deportividad la “no suerte” o la de los demás.

Pere Vicente Agulló, miembro de la AGRUPACIÓN LITERARIA “EL PICUDO BLANCO”

LYRICA, por Francisco Gómez

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descargaEn el colegio, en las clases de Lengua y Literatura, nos enseñaron a los de mi generación, aquellos que nacimos en los 60 que los géneros literarios se dividían en lírica, épica y dramática.

Ahora descubro, no sin muchas dosis de asombro, que la industria farmacéutica fabrica un invento en forma de pastilla llamado “Lyrica” (con y), indicado para pacientes con dolor neuropático y trastorno de ansiedad generalizada (TAG).

¡Oh, amigos, qué excelso momento! ¡La industria se ha vuelto sensible y literaria y ha bautizado a una de sus grageas con el nombre de “Lyrica” (con y). Por razones que no vienen al caso, un doctor amigo me las recetó cierta vez y pronto tuve que olvidarlas pues su consumo me provocaba las contraindicaciones que avisa el prospecto: mareas, somnolencia, visión borrosa, aumento del ritmo cardíaco. Parecía que me había tomado un “chute” de pastillas de las rutas discotequeras de aguante y desenfreno y decidí marcar un stop a su digestión.

“Lyrica” (con y), según reza el folleto, “se utiliza en el tratamiento del trastorno de ansiedad generalizada (TAG). Los síntomas del TAG son una ansiedad y preocupación excesivas y prolongadas (¿les suena con el ritmo de los tiempos actuales?) que resultan difíciles de controlar. El TAG también puede producir inquietud o sensación de excitación y nerviosismo, sentirse fatigado fácilmente, tener dificultad para concentrarse o quedarse con la mente en blanco, irritabilidad, tensión muscular o alteración del sueño. Esto es diferente de estrés y tensiones de la vida cotidiana”.

¿Por qué no inventará la farmacopea la “pastilla de la felicidad”, el “soma” de Aldoux Huxley en “Un mundo feliz”? Ya tenemos pastillitas para la tensión arterial, el colesterol, las inflamaciones musculares, diarreicas, diuréticas, la famosa viagra, somníferas, tranquilizantes, anxiolíticos, antidepresivos, etc, etc, etc…

Si el hombre contemporáneo busca ser feliz, aunque sea a tiempo determinado, por qué no se le procura un “potaje” de comprimidos que le transporten a su ataraxia física, mental y hasta espiritual. El hombre contemporáneo que añora el incierto pájaro de la felicidad, como concepto general, ¿aceptaría de buen grado el consumo de la “lyrica” de la felicidad? ¿Sería el síntoma concluyente de que sólo la industria puede llevarle a cotas de dicha y placer que las relaciones humanas y la mirada sobre el mundo actual le niegan? ¿El hombre del siglo XXI está llamado a ser dichoso bajo el influjo de la pastilla o tiene fe o convicción en un mundo mejor, más humano y digno para todos?

Mucho me temo, por desgracia, que la “lyrica” se abrirá paso antes que el ideario humano, ¿o estaré equivocado y viviré en el error, como el hombre de la caverna de nuestro amigo Platón?

Francisco Gómez

CALLES DE LA MELANCOLÍA, por Francisco Gómez

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elche-aerea_2846293En estos días que la sombra del escepticismo se acrecienta sobre mis alas derrotadas, evoco más de lo que quisiera el ayer gozoso e incluso feliz que vivían mis momentos desde un tiempo ya ido.
Eran pasajes estelares de un corazón que veía el mundo como un campo de posibilidades hasta que vinieron los desastres que han machacad la conciencia y el pensar que “todo irá mejor”.
Ellas me querían. Y yo a ellas. Lo sé. Lo siento. Sus ojos destilaban ese misterioso dulce llamado amor. Recogerla en la puerta de su casa era una bendición que no sabía cómo podía disfrutarla un hombre perfectamente imperfecto. Todo volvía a ser nuevo, posible y cierto. Sus besos lo afirmaban con su sello.
Hoy, como dice D. Eloy Sánchez Rosillo en su poema “Gratitud”, “desde un presente que es manos vacías, /casa desierta, invierno, turbio pecho, / melancólicamente doy gracias por los dones/ que no aprecié del todo cuando la vida quiso/ que fulgurasen junto a mí, / por los bienes que fueron y no fueron míos/ y que luego perdí sin saber cómo”/.
Certero análisis de un hombre en retirada que ya no sabe casi nada, que observa casi todo como una marea de aburrimiento, silencio y soledad. Que ya no espera casi nada porque los milagros tienen los días y los hechos contados y no cierra los ojos a la terrible y llamada realidad. Un hombre que quisiera creer que su vida volverá a estar en llamas pero lo duda tanto…
Hoy, recorrer sus calles, las calles de la melancolía donde ayer fui dichoso y hasta feliz sin saber que era un líquido delicioso que se escapaba de entre las manos, es un recuerdo entre amargo y risueño de lo que fue y se marchó, de lo que tuvimos y se perdió. Y aunque cueste reconocerlo, no volverán. Las lágrimas caen como plomo derrotado e ignorado por Concepción Arenal, Rastro, Miguel de Unamuno, Llano de San José y Peña de las Aguilas.
En aquellos días que parecían no tener fin, el mundo era nuestro y bebíamos a tragos la copa de la dicha. Nos esperaba un horizonte de posibilidades. Hoy todo tiniebla, derrota, soledad, escepticismo en aquellas calles que eran mi sueño y hoy trato de eludir por mis pasos.
El invierno ha llegado y temo para quedarse por siempre. Aguanto la posición con las fuerzas del maltrecho corazón y las esperanzas de la llegada del milagro cada vez más limitadas. En momentos tan duros, la melancolía devuelve la mirada a las calles del ayer dichoso cuando soñé ser feliz y el tiempo y la vida nos pertenecían.

Francisco Gómez

Y AMAR, UN SIMPLE DEBER. Por Carlos Javier Cebrián

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portada cosas mínimasYa lo dijo SÉNECA, que era un ciudadano del Imperio Romano e hispano muy listo, muy pensador o moralista: “si quieres ser amado, ama tú”. Yo, humildemente, pienso lo mismo, y también estoy de acuerdo con HENRY D. THOREAU, quien dijo que “Solo hay un remedio para el amor: amar más”. O dicho con otras palabras: “En amor, el que ama es un medio seguro para ser amado, hay personas que no se habrían enamorado nunca si no se hubieran enterado de la existencia del amor” cita de ROCHEFOUCAULD. También dijeron cosas parecidas ALBERT CAMUS y HERMAN HESSE, respectivamente: “No ser amado es una simple desventura. La verdadera desgracia es no saber amar”. “Supe que ser amado no es nada; que amar, en cambio, lo es todo”. Supongo que se preguntarán, queridos lectores, a qué viene este ejercicio de falacia literaria al emplear estas citas para componer un escrito propio. No les falta razón, se trata de una falaz apropiación. Me he dado cuenta al querer hablar, una vez más, del amor, de que ellos ya lo han dicho todo. Ellos, entre los que se encuentran PITIGRILLI (pseudónimo del escritor italiano DINO SEGRÉ, 1893- 1975): “El amor es un beso, dos besos, tres besos, cuatro besos, cinco besos, cuatro besos, tres besos, dos besos, un beso y ningún beso”, y WILLIAM SHAKESPEARE: “El amor, como ciego que es, impide ver a los amantes las divertidas tonterías que cometen”. Cosas mínimas Carlos Cebrián No tengan cuidado, amigos, acúsenme de plagio, de falta de originalidad o inspiración, de oportunismo, vuelven a tener razón, en resumidas cuentas se trata de eso. Quisiera tener mi propio fraseo, tan determinante como el de los maestros, pero no lo consigo y yo quiero compartir con Vds. lo que sé del amor, en carne propia, y en voz de los otros. “Tengan los muertos la inmortalidad de la fama, pero sea para los vivos la del amor” que bien dijo RABINDRANATH TAGORE. Porque, pese a todas las advertencias, sigo amando, vuelvo a incendiarme, y ya sabemos que “por lo que tiene de fuego, suele apagarse el amor” TIRSO DE MOLINA. Y también deberíamos saber, yo al menos lo sé, que “el amor más duradero es el amor no correspondido” como dijo WILLIAM S. MAUGHAM. Yo sé, lo aprendí de EDGAR ALLAN POE, que “amar es un simple deber”, y “siempre he visto que en amor el que huye es el que vence” como vio ALPHONSE CARR. Por las vidas y las palabras de los otros podemos vislumbrar las propias. Una vez repasadas las citas subrayadas, acerca de este demonio que es el amor, de mi prolijo diccionario de citas, decido aceptar que estoy enamorado, y asumo también que “el amor es una tontería hecha por dos” como dijo NAPOLEÓN, en este caso hecha solo por uno, por mí.

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AQUELLOS MARAVILLOSOS AÑOS, por Francisco Gómez

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20161223_171459En las tinieblas del presente que corre, contemplo aquellos maravillosos años que viví a principios de la década de los 90 cuando el tiempo nos pertenecía y soñábamos ser por siempre inmortales. El cuadro era un escenario preñado de posibilidades cuando comencé a trabajar en la profesión más amada que pensé sería para siempre y me encumbraría a las metas más altas recreadas. El amor besó mis labios por primera vez e imaginé que para siempre en los días con ella hasta que lo rompí todo y fue imposible recomponerlo.

Hablo con Emilio, que tiene una memoria prodigiosa, ahora que todos rondamos el medio siglo y me desvela recuerdos de una época donde asaltábamos los pubs de la “city”, que tomaron el relevo a las discotecas de los 80 que no viví al cursar destierro voluntario en la capital de las Españas. Tiempos cuando éramos jóvenes y las caricias y los besos nos buscaban los labios, rondábamos la veintena reciente, nuestros cuerpos eran esbeltos y resistentes y las noches etílicas y marchosas se juntaban con nuestros días sin solución de continuidad.
¿Recuerdas cuando íbamos al Parador, al lado del Dum-Dum? Pepe Cuéllar, Jesús, Enrique y tú y allí nos juntábamos con Alberto y su hermano Paco y allí empezábamos la marcha del bebercio entre cervezas, caliches y los vodka con limón que bebíamos como agua que Alberto, Paco y yo fundíamos a velocidad de garganta sedienta mientras tú, Emilio, te inventabas menjunjes imposibles…Ya un poco cargados y bajando aquellas escaleras que parecían la pasarela para subir al barco o al avión de nuestros sueños que rompiesen la rutina, la normalidad, dirigíamos nuestros pasos a los primeros garitos de la “city” de Elche que nos esperaban con sus chicas y labios, sus músicas y ambrosías espirituosas. “Claqué” en la Puerta de Alicante era uno de los primeros puntos de encuentro con sus alargadas barras y los primeros cubatas. Algunos nos dividíamos y marchábamos a “Tente” en Ferrández Cruz donde nos encontrábamos con el grupo de Manolo y sus hermanos Tomás y Fran y Pepe. De allí nos gustaba la música y la división del pub en dos plantas y la belleza de las chicas que por allí rondaban. La visión de la segunda planta desde la primera era melodía para nuestros ojos susurrantes. Imposible olvidar “Subway” al lado de míticas cafeterías como Trompo y su música pop que embriagaba nuestros sentidos en la penumbra.20161223_173407

De allí, nos dirigíamos al carrer Fatxo por la que resultaba casi imposible andar y sus míticos pubs que nunca olvidaré donde pasamos tantas noches gloriosas de chicas y bebidas. ¡Cómo olvidar “Biscuter” y su música al principio de la calle o “Carpe Diem” o “Rompeolas” que se ponía hasta arriba y allí venían los inevitables roces y miradas con mujeres que, en muchos casos, no nos deseaban, princesas altivas en castillos inaccesibles pero alguna paloma cayó ante nuestros encantos. “Rompeolas” es el único templo de la resistencia que permanece altivo, ahora que sólo permanecen muchos recuerdos del ayer vencido y persianas cerradas. Tampoco podíamos olvidarnos de la hamburguesería Yogui a mitad del carrer Fatxo donde Emilio disfrutaba de aquellas hamburguesas que se derretían en nuestras bocas o nos chupábamos aquellos tanques con guindillas picantes de guarnición.
Cuando el carrer Fatxo decayó, no recuerdo bien si a mediados o finales de los 90, la calle San Vicente y sus pubs y calles laterales cogieron el protagonismo del asfalto a rebosar de gentes que iban y venían entre música española, pop y rock inglés y americano y chicas con sus labios y miradas desafiantes como perpetrando la selección natural y competitiva de las especies. Mi amigo Antonio Soriano, que tiene mejor background que uno, evoca conmigo muchos de los garitos que poblaban San Vicente. “Drom” donde me ligué a la chica más problemática con la que he estado hasta ahora. La mítica “Puerta Verde”, que yo rehuía muchas veces ante su enorme popularidad y aglomeración masiva, , “Archy”, “KGB”. “Público” y la inolvidable “Chevy” con su mágica entrada que a través de un pasillo angosto y oscuro nos conducía al jardín de las delicias, salvo aquella vez que Emilio a consecuencia de alguna intoxicación etílica montó alguna movida que casi degeneró en batalla campal. Allí nos reuníamos con Manolo Segarra y otro grupo que nos esperaba.
20161223_173534Enrique siempre deseaba ir al pub “Santa María” estrecho y alargado donde, si no recuerdo mal, conoció a su mujer, Carmen y Emilio pudo tener un affaire con una o varias chicas que sorbían los vientos por él. En esos tiempos, era un apolíneo guerrero nibelungo musculado y sus ojos inundados de alcohol resplandecían en las tinieblas de los garitos como “Santa María” en Traspalacio o en “Blanquivern” en el Paseo Francos Rodríguez, pub inolvidable donde escuchábamos buena música disco y a Duncan Dhu y a Gabinete Caligari entre otras grupos, cantates y músicas en las angosturas de aquel pasillo donde no quedaba más remedio que rozarse con quienes entraban o salían mientras sosteníamos la copa entre las manos, tratando de evitar verterla y evitar movidas a últimas horas nocturnas.
No quiero ni puedo olvidar las tascas que formaron parte de nuestras noches y los calimochos y el juego del “duro” que provocó que más de uno cayese derrotado entre nubes de alcohol. Imposible olvidar la calle Velarde y la tasca de Charlie que mantiene su rótulo y Nuevo México que regentaba mi amigo de armas, Cebrián, antes de meterse en literaturas. ¿O ya empezaba por aquellas jornadas? Tampoco deseo mandar al olvido la tasca del Abuelo, detrás de las Jesuitinas, donde vivimos tantas jornadas al borde de la borrachera. ¿Y cómo desentenderse de las tascas de La Zapatillera, que Emilio adoraba y por dónde se perdía para regresar con los ojos encendidos y los labios ahítos? Eran tantos que ya apenas recuerdo sus nombres, lo que provocó la ira vecinal que consiguió chaparlos. Aquí me resulta inevitable nombrar a “La biblioteca”, un pub que hacía esquina con Miguel de Unamuno y uno se escapaba para escuchar la música de los grupos que me gustaban y ver a chicas inaccesibles, moradoras de torres imposibles de escalar.20161223_172205
La marcha también se escapaba al Dimoni y al Vine-Vine en la calle San Agatángelo y sus laberintos cavernosos como el de Duplex, que luego fue Aire, según creo recordar, cerca también del colegio Ferrández Cruz. Allí también viví noches inolvidables de música, bebida y nocturnos besos.
Mi amigo Antonio Soriano también me recuerda otros garitos que hoy son pasto de olvido y desaparición, símbolos caídos de esta “city” que corre acelerada. El pub “Pink”, a las espaldas de Vine-Vine en la calle Pizarro, el Bio-Tutú en Maestro Albéniz. O el mítico “Kubix” en las cercanías de la Peña Madridista o los inolvidables Tere Pop, Cresol que aún permanece erguido frente a los vientos del tiempo y el Cala D´Or. O el “Tobogán” y el “Arco Iris” en Filet de Fora, donde estaba La Bodegueta y Alberto, Pepe y el muá jugábamos interminables partidas de ajedrez con buenas pintas arrullando nuestros movimientos.
Eran tantos y tan variados con músicas y humanidades diferentes. Acercarse al “Hipógrifo” era una experiencia diferente con las tribus urbanas que allí se daban cita y su música punk y los movimientos alternativos de protesta. A otros nos gustaba acercarnos a Juan Carlos I y disfrutar de la música de “Directo”. De sus conciertos de jazz y recitales en vivo o las veces que vi allí a Loquillo tocando en directo por primera vez. O la discoteca “Bosse” que estaba a su lado.
No todo era bebercio. También había espacio para el comercio para poder aguantar las noches con tanto líquido en el estómago. Y nos íbamos al McTrex en la calle del Sindicato que regentaba mi amigo Pepe, la cafería África, que sigue resistiendo el curso de los calendarios, el Chimi Churri donde vivimos cenas inolvidables y festeras mientras preparábamos las escaramuzas que nos aguardaban y otra inolvidable, la “Ñam-ñam”.
Éramos jóvenes y pensábamos que podíamos aguantarlo todo y así era. Después de las noches etílicas y aguardentosas de los viernes y sábados con algunos triunfos y el disfrute de escuchar buena música y echarnos buenas risas, llegaban los domingos y todavía estábamos dispuestos a salir en plan más “tranqui”. Ese día mirábamos las carteleras y si nos gustaba alguna peli, a ella íbamos, cuando “la city” de Elche estaba llena de cines y daba gusto poder elegir en la cartelera, antes que se firmase el desastre y desapareciesen casi todas las salas a finales de los 90 y principios del XXI siglo. La calle Alfonso XII era un espectáculo con ríos de gente que daban la vuelta a los cines Aanna o la gente buscase la película más interesante en los inaugurados Odeón y en el veterano Alcázar.
Aunque también la tarde del domingo era en muchas, muchísimas ocasiones, tarde de fútbol y un numeroso y heterogéneo grupo nos dirigíamos a la Ciudad Deportiva, que aún parecía estar al fin del mundo sin edificios a su alrededor y jugábamos en la pista vallada de mármol largos partidos con la banda de Fran, que siempre nos esperaban para el partido del siglo con los balones, sus camisetas y las botas puestas. Eran encuentros memorables donde reinaba la camaradería y los buenos movimientos de uno y otro equipo y nos identificábamos con nuestros jugadores favoritos. Al terminar los partidos que siempre eran más de uno, nuestro grupo; Pepe, Emilio, Enrique, Julio, Paco el electricista, uno mismo y no sé quién más…perdíamos algún que otro kilo y nos dirigíamos al camping de El Palmeral o al Penalty en San Antón para recuperar energías entre tapas y rubias vespertinas.
20161223_172922Eran buenos tiempos y nos creíamos inmortales. El tiempo nos esperaba a nosotros y no al revés. Pensábamos que las posibilidades estaban abiertas y la vida nos besaba en los ojos y en los labios. Seríamos grandes a la altura de nuestras expectativas.
Han pasado muchas hojas y han caído muchas lluvias. Ahora somos nosotros los que tememos el transcurrir de los días y nuestros ojos ya no tienen el velo de la energía y la inocencia de cuanto soñábamos. Sabemos que apenas se cumplirá alguna de nuestras ilusiones, alguno de nuestros sueños y nos sabemos integrantes de la muy ilustre y noble cofradía de los derrotados. Y este quizás no sea más que un mero ejercicio de memoria para luchar contra el olvido y rescatar algunos símbolos en la sociedad de la indiferencia que entre todos hemos construido.

ARRABALERÍA, por Francisco Gómez

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Mis pasos dirigieron sus andares el otro día por una zona de la “city” a la que le tengo extrema precaución porque en ella se agolpan los recuerdos dulces y amargos que castigan un corazón en retirada. Cada vez son más los lugares que traen recuerdos y crujen como estrellas rotas con pantalla a la melancolía y el desconsuelo.

Desde la Plaça de Baix dirigía mis zapatos al mítico barrio donde, según cuentan las inciertas leyendas, el Conqueridor destinó tiempo ha a los moros y judíos tras la conquista de Elche con un tiro de arcabuz. Mi mente empezaba a transitar entre un laberinto de cavilaciones mientras descendía al mítico y mágico barrio donde el valenciano sigue siendo seña de identidad, donde antes se escuchaba el cántico alegre de los talleres de aparado y cortado como bellas melodías en el trepidar de la mañana.

Invitado estaba a un acto cultural que se celebraba en el Centro Municipal de Exposiciones y allí me dirigía. Un lugar que me trae tantos recuerdos, tantos amig@s, tantas situaciones, tantas experiencias, tantos momentos, tantas y tantas cosas en un periodo de mi vida…Bajar hacia el Arrabal de Sant Joan me producía por momentos una vacilación en la andadura, viviendo, recordando, emocionándome entre paisanos a los que no importaba mientras mi corazón se anegaba en mil vacilaciones. Bajaba por Alfonso XII donde tantas veces hablé con Lola Puntes que siempre tenía una palabra de ánimo, de aliento, de esperanza, de alegría en sus ojos radiantes de amor a la “city”. Nunca olvidaré tus palabras de apoyo en momentos oscuramente inciertos. Me dirigía por las callejuelas por donde está el Casal hasta la Plaça de Sant Joan, y contemplé una vez más la fachada modernista, una de las escasas bellezas arquitectónicas que siguen asentándose en la “city”. Recordé la antigua sede de La Carátula que no conocí pero de donde surgieron tantos actores, tantas obras teatrales, tanta cultura en tiempos de páramo y silencio. Dejaba atrás el Casino que lucha por salir adelante en circunstancias difíciles.

Llegaba a los territorios de ella y un nudo se hacía en la garganta, en las ventanas del alma. Recordando, pensando, sintiendo, rememorando un tiempo en que fuimos felices y la dicha nos esperaba entre los ojos. Y un maldito día ella dejó romper con todo para crear puentes que ya no comunican, muros que ahogan los encuentros. Todo perdido en un baile de ruinas y desconfianza. Escuchaba mi mente el sonido de la máquina mientras aparaba y escuchaba la radio o hablaba con su familia. Sus pasos por las calles con nombres evocadores del arrabal embrujado. Las cafetería de la Plaça que frecuentaba. Se llenaron los ojos de socavones al recordar el Museo de Arte Contemporáneo y la presencia aún viva y constante en mí de mi amiga y compañera del alma, Rosario Riquelme Calatayud, que un buen día nos dejó para visitar las veredas celestiales y sus espacios de paz, calma y tranquilidad que ella tanto amaba, yo que era torbellino en movimiento y ella tan amable me recriminaba.
La mente no cesaba de navegar en recuerdos de un tiempo amable, bueno y en muchas ocasiones venturoso cuando cruzaba el Vinalopó, otrora Alebus caudaloso, para ir a la Biblioteca y recrear mis ojos con lecturas. Las charlas en las cafeterías y el recuerdo de ella, esperándola con mi caballo blanco a la puerta de su casa para navegarnos por las rutas de la noche.
Estuve en el acto, escuchando y sintiendo los poemas de Pedro al tiempo que mi corazón y pensamientos iban y venían por calles, plazas, espacios que fueron durante un tiempo que se marchitó, escenarios hermosos de un hombre que hoy caminaba derribado por esos mismos lugares que le depararon días de vino y rosas. Mientras las imágenes y las vivencias bailaban arriba y abajo al compás de hermosos y sugerentes versos.
Conmigo vas, mi corazón te lleva, Arrabal de San Joan, igual que otros sitios de la “city” que conforman la geografía sentimental de un hombre en llamas.

Francisco Gómez

Bagatelas de Carlos Javier Cebrián

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En 2005 publiqué este artículo cuando salió a la luz mi poemario CELEBRACIÓN DEL MILAGRO, Col. Generación del vértice, 41, Ed. Celya, 2005. Y ahora lo publico de nuevo en la publicación de mi nuevo poemario BAGATELAS, Pliegos de la palabra, 22, Ediciones Babilonia, Octubre 2016. Porque lo que dice es tan aplicable hoy como ayer…001

 

CELEBRACIÓN DEL MILAGRO

A riesgo de parecerles en exceso pretencioso, y solicitando sus disculpas por hacerles esta práctica de autobombo, queridos, desconocidos, invisibles lectores, quiero informarles que acabo de publicar un nuevo libro de poemas. Dicho esto, les digo también que no es esto lo que me induce a escribir el presente artículo, no es lo importante. No es un intento de publicidad gratuita, aunque de paso me sirva para ello. No, lo que quiero comentarles es la sensación empírica que produce la recepción del anunciado, la ansiedad en la espera de su arribada, el hecho inminente de su salida a la venta, de la llegada a tus manos y reconocerlo, acariciar su encuadernación, sus tapas, degustar su tacto, su olor, revisitar tus propias palabras, tus versos ya lejanos.

celebraNunca he igualado, como hacen algunos escritores, un libro a un hijo, no creo en ello, mis libros no son mis hijos, cada libro es o soy yo mismo. Ahí quedo yo, enmarañado en los versos.

Un libro ya publicado se convierte en un ajeno. Sus palabras, sus versos, parecen dichos por alguien ajeno a uno, por un extraño. Se aleja del autor, empieza su recorrido desprendido de su creador, independiente e insumiso. Cuando lo lees ya no es una relectura, pese a sabértelo de memoria, porque lo que lees aparece pervertido por una óptica desconocida, una significación totalmente extraña. El libro se consolida por sí mismo y empiezas a no reconocerte en él. Entonces te sientes, a veces, orgulloso y, en ocasiones, defraudado, decepcionado ante aquello que dijiste en su día, que hoy dirías de otra manera. Descubres, misteriosamente, las faltas gramaticales, las inexactitudes, los errores en las acepciones de los adjetivos, que no descubriste, corregiste o imaginaste cuando se entregaron las últimas galeradas a la imprenta. Y en ese momento crítico, te invade la vergüenza, el sonrojo; te reprochas el improbable despiste, el desconocimiento, la ignorancia, ahora que ya no tiene remedio. Todo a modo de espejismo porque, casi siempre, esas supuestas faltas son apariciones del miedo, creaciones de tu propio terror al desnudo, al exhibicionismo que supone la publicación de un libro. Tu fuero interno al descubierto. Ahora has pasado de ser un voyeur cuando lo escribiste, a ser la víctima, el observado, sujeto a las atentas miradas de los desconocidos lectores.

Y ahora, también, aparece la incertidumbre, el pánico a no llegar a nadie, a que no compren tu libro, a que no te entiendan, a las críticas, a que pase desapercibido, al orgullo herido. Un ejercicio de majestuosa contradicción, créanme, es editar y publicar un libro. Un hecho milagroso.

 

COSAS MÍNIMAS. Artículos y autorretratos, 2004-2015.