Archivo de la categoría: poesía

para Cloti, por Carlos Javier Cebrián

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Mi querida Cloti, hace tiempo te dediqué estos textos, hoy que ya te has ido quiero dedicártelos de nuevo para celebrarte, mi querida y malévola amiga, con el corazón  encogido y con mi maliciosa mirada que a ti tanto te gustaba, todos los besos del mundo querida.

 

ELLA FITZGERALD

a Cloti

 

Ella Fitzgerald

complace al silencio, al romperlo.

Alarga la noche,

le concede beneplácito.

La lluvia azota, persistente

y fina, la balaustrada.

Mientras me resisto a dormir,

el insomnio acontece

como un llanto celebrador.

Sigo vivo

cada minuto que consigo sobrevivir,

cada segundo

que al tiránico Morfeo

le hurto.

De Maneras distintas de amar o desamar

CANSINO.

a mi querida amiga, malévola, Cloti

Recuerdo que la primera vez que visité a un psicólogo (intentábamos entonces una dudosa terapia de pareja), este me preguntó, a modo de presentación, si me importaba la opinión que de mí tenía la gente. Yo fui tajante y con grosera eficacia le respondí: sinceramente, me la suda.

Si les soy sincero está claro que hoy respondería de manera muy distinta. Debo aclarar que aquel terapeuta era de escuela conductista, sin entrar en pormenores de adscripción científica (estudio de la conducta en términos de estímulos y respuestas, tests de personalidad y conducta, etc). Puedo decirles que en ninguna de aquellas visitas este me aclaró cuál era nuestro problema o siquiera si había algún problema. Recuerdo que a mí me dedicaba, a lo sumo, veinte minutos y a mi mujer más de una hora, con lo que deduje que el problema, en verdad, era yo.

Poco tiempo después, aunque sabemos que la medición del tiempo a pesar de ser exacta también es relativa en cuanto a la concepción de la misma, ya en solitario, volví a visitar a otro psicólogo, esta vez a un profesional de afecto más ecléctico. En realidad manejaba una mezcolanza de tendencias de raíz ¿cómo decirlo? más esotérica: Gestalt, terapias sistémicas, cognitivas, constelaciones familiares, etc, etc. Con él entré en las turbulencias de la memoria, en las oscuras aguas de los traumas propios y familiares, el misterioso mundo de los vínculos afectivos, e incluso jugábamos, a modo de representación, con muñequitos de Playmobil ¿Divertido, no? Este terapeuta me aclaró que mi problema era EL ABANDONO, desde la infancia, que no he sido ni soy capaz de asumirlo vaya, y que todo sucede porque tiene que suceder, así es, y así fue. ASÍ FUE hasta que dejé de gastarme los 60 euros de cada sesión. En fin, las nuevas Psicologías de las emociones, las positivas, las sistémicas, las sectarias…

Si les vuelvo a ser sincero ni el uno ni el otro me ayudaron demasiado, me quedó claro que el problema era yo y eso ya lo sospechaba o lo sabía a ciencia cierta. Ahora ya lo sé pero me falta el dinero que he empleado en saberlo.

Debería hacer más caso a mi amiga Cloti, a la que por cierto solo le faltan dos asignaturas para terminar la carrera de Psicología, cuando me dice que soy muy CANSINO, y que no la torture más con mis peroratas sentimentales. Ella sí que me lo deja clarito cada vez que hablamos, me dice que busque las soluciones en mí mismo, que aprenda a vivir, que viva, que siga viviendo, que sepa ver que no todo el mundo gira en torno a mí, que todos los seres humanos tienen problemas y los solucionan como pueden, sin ser tan cansinos como yo.

Así lo haré, lo intentaré, se lo prometo a ella y a Vds., palabra de CANSINO.

De Cosas mínimas, artículos y autorretratos

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40 mares adversos. María Jesús Montía, J. Seafree, Alfonso Aguado Ortuño

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CUARENTA MARES ADVERSOS

Editorial Corona del Sur

Málaga, 2017

AUTORES:

María Jesús Montía

J. Seafree

Alfonso Aguado Ortuño

 

AL OTRO LADO DEL SOL

María Jesús Montía

Pág. 11

Título poema: CULPA

Asumo la culpa de todos mis males,

el trayecto que recorren mis pies.

Asumo la culpa de no creer en Dios,

no rezar ni tan siquiera los domingos,

de seguir exclusivamente

el dictado de mis doce mandamientos

y no pensar en los milagros.

Asumo la bendita costumbre

de amar en otoño

las hojas caídas sobre las aceras

y amar las manos

que me aman.

 

ODA AL HORIZONTE

J. Seafree

Pág. 29

Título poema: LA TERNURA SUEÑA

Algo así como una nube,

como una flor,

algo así como un verso…

La naturaleza, ¿dónde está?

La belleza, arrodillada,

plegaria que abraza la ternura.

Libres las nubes, las flores,

libres para concebir

versos sin ataduras ni cobijo.

 

PREGUNTAS

Alfonso Aguado Ortuño

Pág. 46

Hoy tiene el ánimo decaído.

El otoño que tanto esperaba

llegó demasiado lluvioso.

La felicidad le ha preguntado:

«¿cuántas veces has sido feliz?».

Él, ignorando la pregunta

se acerca a la ventana y la abre.

Entra la lluvia de la mano

del viento. Y le llega una voz

desde el cielo plomizo: «¿qué edad

tienes?». Y cierra la ventana,

se sienta, cabecea y se duerme.

Tres poemas de mujer, o el rescate de tres almas bellas, por Javier Puig

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Los muchos afortunados que el pasado domingo, en el Teatro Circo Atanasio Díe Marín de Orihuela, asistimos a la representación de Tres poemas de mujer, no salimos en absoluto decepcionados de una obra de la que, por sustentarse en las hondas heridas y en la fértil sensibilidad de tres importantes mujeres poetas, tanto se podía esperar. Allí comprobamos cómo el autor ha sabido trasladar al escenario ese diverso sentir que ha quedado unido por lo trágico; y cómo también ha aprovechado esas historias para explorar la incidencia – tanto en el propio creador como en la sociedad que le atañe -de esa otra dimensión vital que es la poesía.

El texto de Fernando Alonso Barahona resulta lo suficientemente rico para trazar unos diálogos de contenido dramatismo y de gran elocuencia. La dirección de Emilio Zaplana es impecable, y las excelentes interpretaciones lograron que intimáramos con al alma de esas tres audaces mujeres. La obra nos presenta su ardua lucha, su necesidad de algo tan sutil, tan difícilmente comunicable, que no es nada fácil que se lo proporcione el mundo. Y las observamos y vemos que se reconocen más veraces cuando adaptadas al ritmo de las palabras que crean; con ellas, autentifican sus sentimientos, erigen una casa propia hecha de materiales inabordables.

El texto se construye desde la división en tres situaciones independientes que se corresponden con los momentos finales de la vida de cada una de las tres protagonistas que, en sus diálogos y en sus monólogos, expresan su lamento ante el mundo, su grito de rebelión contra lo que las consume lejos de una vida lograda. Esas tres mujeres solo entrecruzan sus caminos al principio y al final de la obra, cuando, desde una apariencia espiritual parecen fundirse sus hermanables destinos.

Contemplamos a tres poetas que representan a mujeres dispuestas a liberarse del secundario papel que les asigna una sociedad que es machista y, a la vez, insensible a la magia poética de las palabras. Esto lo vemos muy especialmente en la relación entre Delmira Agustini y su exmarido. Este no comprende y no admite el refugio interior de esa mujer irrespetuosamente deseada, su necesidad de volcarse en lo hondo de un mundo propio desde el que extraer las expresiones más vitales de su sentimiento, esos poemas plenos de erotismo que él no puede consentir, esa libertad inadmisible. “La palabra ha suplantado la realidad”, dictamina él en tono claudicante y hostil. Luego viene la violencia definitiva, fruto de la impotencia para doblegar el indomeñable espíritu de esa mujer.

Alfonsina Storni es la poeta que añora al hombre que se fue, el padre de un hijo que ahora, pese a sus esfuerzos, no puede ser suficiente sostén para una vida agredida por la enfermedad. Alfonsina es a la vez una mujer fuerte y derrotada, la indubitable muestra de la fuerza que traspira en cada fragilidad humana, una poeta que ya no puede seguir escribiendo la pena absoluta del acabamiento invasor.

Alejandra Pizarnik es la mujer encerrada en su laberinto mental, en el que de nada sirven los intentos de esperanza. Una mujer lúgubre en sus escritos que aquí es capaz de ciertos simulacros de alegría, de fugaz jovialidad cuya consistencia deja siempre paso a la atrayente presencia del abismo. Los contactos humanos que implora son insuficientes porque ella siempre vuelve al torbellino de su poesía, a esas palabras que solo le sirven para revolverse y retroceder en el camino de la imposible luz. Nadie puede rescatarla, ni su amiga Olga que se siente impotente para ayudar a un ser tan encerrado en la imperiosa creación de sus oscuridades.

Las tres mujeres mueren trágicamente. Alfonsina y Alejandra se suicidan. Delmira es asesinada. Las tres, antes de morir, dejan en el borde del escenario, una pequeña pila de libros atados, legado de vidas muy intensas, trasposición insuficiente de sus zozobras, de sus búsquedas pertinaces, de las abruptas incomprensiones padecidas. Las tres son mujeres valiosas, singulares, independientes, que tratan de enaltecer y fijar sus extremos sentimientos en unos versos insobornables. Al final, sobreviven sus espíritus, la esencia de su ser traspasado a los dominios de lo posible en el ámbito de lo sobrehumano. Y al espectador de esta magnífica obra le queda la sensación de que esas vidas dolorosas han sido bellamente rescatadas del silencio.

Punto de vista por Ada Soriano.

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P u n t o  d e  v i s t a

                                         Con mi afecto y mi gratitud
                                         a Javier Cebrián

 

El autobús permanece varado
en la dársena como un cachalote
extraviado en la orilla de una playa.
Espera, no cabe duda,
a que el hombre impulse su corazón,
la vieja maquinaria.
Rum, Rum.
Ya se escucha el sonido
con su rastro de humo.
Aprieto entre los dedos
el billete de ida.
Lo deslizo y le doy forma,
otras formas.
¿Debo arriesgarme?
¿Y si a mitad de trayecto
el autobús se agota
y sufre una cardiopatía isquémica?

 

Ada Soriano
Poema inédito

 

Lectura del silencio, por An Yi Campello

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SILENCIOS QUE NUTREN

SILENCIO A LA LLEGADA DE LA NOCHE

Los maduros discípulos

escuchan con atención plena

la charla del joven maestro.

De súbito los pájaros callan,

la luz desaparece

transformando el cielo

en una bóveda azul añil.

El atardecer concluye,

la atmósfera se queda en pausa.

En el cabezo solo respiran los pinos.

EL GRAN SILENCIO

A mi madre, Josefina

 

El tintineo de las llaves

aún familiar,

abre la puerta,

cruzo con timidez el umbral,

una bofetada de silencio golpea el corazón.

Tu dormitorio

vacío de mobiliario

hinca una imagen de desolación en mi retina,

recorro la casa habitación por habitación,

acaricio las paredes,

tu sombra perfuma el aire.

El desvalimiento me aflige,

desapareció la mirada de mi consuelo,

los sollozos resuenan en el eco.

Debo despedirme del hogar familiar,

ya no hay retorno,

un último acto de amor madre:

Dejar que el Gran Silencio

se despliegue entre las dos almas.