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Presentación de “Dones del otoño” de Juan Ángel Castaño y “Naturalmente, amarte” de Juan Lozano Felices, Colección Lunara plaquette, cuadernos de poesía

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Sigue creciendo el aparador de bombones…

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NINGÚN CRIMEN TIENE FUNDAMENTOS RAZONABLES.* por Javier Cebrián

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TEXTO DE PRESENTACIÓN DE JAVIER CEBRIÁN

Quienes me conocéis sabéis que me gusta siempre empezar con una cita, y esta de *Tito Livio me sirve para ello, pero no sé por qué, me suena bien para titular mi intervención.

Que yo recuerde mi primera lectura de género negro fue El caso de las trompetas celestiales de Michael Burt, Selecciones del séptimo círculo. Alianza Emecé. Ambientada en Sussex, en la Inglaterra de 1939, una amalgama de novela policial, espionaje, esoterismo, gnosticismo, angeología y aquelarres, con un fino humor inglés, de un elevado nivel literario. Esta novela formaba parte de la selección que hicieron para el Séptimo círculo, nada menos que Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Luego leí en la misma colección Un as en la manga de James Hadley-Chase. Que yo recuerde fueron lecturas muy divertidas que me atraparon y que me llevaron a leer más, pero no precisamente de ese género sino de cualquiera, ayudaron al cabo a fomentar mi amor por los libros y por la literatura.

Ambos libros creo que los compré en unos de los puestos de libros de ocasión que instalaban en el Paseo de la Estación, tendría yo entonces 19 o 20 años, allí también me hice con libros de la editorial Losada de Lorca, Miguel Hernández, Neruda, Las Flores del mal de Baudelaire y Hojas de hierba de Walt Whitman.

Para mí la línea que separa los géneros literarios es muy delgada. Es más, si por mí hubiera sido, no hubiera subtitulado este libro de José Antonio Corrales como Relatos de género negro y criminal. Para mí ese titular de género es la excusa porque creo que hablamos de Literatura, ni más ni menos, el tema criminal o negro o policial es el pretexto para analizar nuestra sociedad, el comportamiento del ser humano, la vida.

En el caso que nos ocupa TE CAMBIO MI VIDA, libro que presentamos hoy de José Antonio Corrales Ponce de León -qué nombre… no me digan, pura literatura, con un nombre así, permítanme el inciso, es imposible fallar, estás predestinado a destacar, Corrales Ponce de León, memorable- en este caso, decía, creo que no nos interesa quién cometió el delito sino por qué lo hizo, y qué lo condujo a hacerlo. El mal no desaparece con la muerte, el asesinato, el crimen, no es el fin sino un efecto secundario.

Como dice nuestro ilustre prologuista, La literatura consiste en contar una pequeña mentira para explicar una inmensa verdad, el ser humano, esto lo añado yo, ilustre editor. Yo también creo que Corrales Ponce de León, como cree Mariano Sánchez Soler -otro nombre potente, no me digan que no- es un humanista que reflexiona acerca de la condición humana, espero que Mariano no crea que le chafo su intervención.

Cuando conocí a José Antonio -yo no sabía su ocupación- me llegó la energía de una buena persona, amante de la literatura, que estaba interesada en saber mi opinión y en mi ayuda para editar un libro de relatos de género negro. Lo conocí en la presentación de otro libro de la colección Frutos Secos de narrativa, CADA TARDE A LAS CINCO de Andrés Guilló Javaloyes. Más tarde supe que este hombre amable y bueno era policía local, Inspector para más señas, algo que no me amilanó ni impresionó, de momento. Me pareció muy bien, más aún cuando leí el manuscrito del libro, sus relatos y pude comprobar su realismo casi costumbrista, su verosimilitud, su conocimiento cabal del medio en el que sitúa sus relatos, debido no solo a su profesión sino también a sus lecturas. Me pareció un libro intenso, de una calidad intrínseca, más allá del género, como decía, alta literatura, literatura de verdad mejor dicho, una prosa poderosa y limpia, concisa, exacta…

Me impactó de inmediato y enseguida empezamos con la tarea de publicar el libro. Como decía antes no me impresionó su profesión hasta que un día en el que quedamos con las labores de corrección del libro, José Antonio vino a la cita vestido de poli, y con el pistolón al cinto… – y me vino a la mente un Proverbio turco de mi diccionario de citas, todos tenemos nuestras trampas o herramientas para parecer más cultivados: UN ARMA ES UN ENEMIGO PARA SU DUEÑO, ese día pensé, hostia Javi, con este no puedes cagarla…

Quien conozca a José Antonio sabe que esto es solo una exageración, una broma, todo ha resultado de una facilidad amable, pese a su obsesión por las correcciones, a su minuciosidad, a su pulcritud. Creo que entre nosotros ha nacido una gran amistad, incluso hemos podido recordar, somos ambos del 65, que fuimos compañeros en el Instituto de Carrús, debo decir que él era de los buenos… así ha resultado, yo no tanto, así ha resultado también, evidentemente. A partir de ahora cuando tenga algún problema con algún poli podré decir que el Inspector Corrales es mi amigo, por si las moscas…

Yo solo quería introducirles en el acto porque a quien corresponde hablar del libro y sus bondades, que son muchas, es a su presentador, Mariano Sánchez Soler, un maestro del género negro y de la liiteratura en general, de él también soy editor, me rodeo de los mejores… Para mí TE CAMBIO MI VIDA es alta literatura, o mejor, literatura de verdad como he dicho anteriormente y José Antonio con pistola o sin ella, con placa o sin ella, un escritor con mayúsculas y un amigo, también de verdad, espero no necesitar nunca de su ayuda en temas policiales…

Y voy a cerrar con otra cita:

Nunca se entra, por la violencia, dentro de un corazón.

Moliére.

Corrales Ponce de León, José Antonio, ha entrado en mi corazón por el camino de la amistad y de la literatura. TE CAMBIO MI VIDA ha tenido la culpa.

Presentación de “Leer después de quemar” de Rafael Soler, por Jesús Zomeño

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LEER DESPUÉS DE QUEMAR. UNA APROXIMACIÓN AL AUTOR

Precede a este artículo una larga referencia bibliográfica de Rafael Soler:

Nacido en Valencia, Poeta y novelista, en los años ochenta tuvo una intensa producción literaria, que inició con la publicación en 1979 de su novela “El grito”, y el libro de poemas “Los sitios interiores” en 1980, a los que siguieron títulos como “El corazón del lobo”, “El sueño de Torba” o “Barranco”, última de sus publicaciones en Cátedra en 1985, así como dos libros de relatos. Vino luego un largo silencio editorial, que decidió romper en 2009 con la publicación del libro de poemas “Maneras de volver”, al que siguió en 2011 “Las cartas que debía” y en 2012 “La vida en un puño”, antología publicada en Paraguay, y “Pie de página”, publicada también en 2012 por la Institución Alfons El Magnànim. En enero de 2.014 publicó el libro de poemas “Ácido almíbar” y en octubre de 2.016 “No eres nadie hasta que te disparan”.

En abril de 2018 publica su novela “El último gin-tonic”, finalista del premio de la Critica 2019.

Rafael Soler ha sido traducido al francés, inglés, italiano, húngaro y japonés; además ganó el Premio de la Critica Valenciana en el año 2015.

Hasta aquí es donde llega el Wiquipedia; sin embargo, nos deja una visión desolada y confusa de fechas y nombres, totalmente monótona y aburrida.

He enumerado lo que ha escrito -y parte de lo que ha hecho-, pero no he hablado de la persona que lo hecho posible; por eso, dejen que explique ahora quién está detrás de ese nombre.

Precisamente él no destaca por lo que dicen de él las palabras, Rafael destaca en las distancias cortas.

Es sencillo describir a Rafael Soler: PROXIMIDAD, SENSIBILIDAD y PROFUNDIDAD:

-He dicho SENSIBILIDAD, porque es una persona enormemente sensible. Él menciona en un poema su plenitud interior “vivir por una vez entero y ser vivido entero”. No entiende la vida sin plenitud, ni transparencia ni comunicación. Vivir de una vez esta única vida y ser vivido por los demás.

-He dicho PROXIMIDAD, porque es una persona cercana, siempre la encontrarás a tu lado. Como dice en un poema “no beber tan solo un vaso, cuando vienen a la mesa los contrarios, los amigos, los extraños”; o sea, beber con los amigos, los enemigos y los desconocidos.

-He dicho, finalmente, PROFUNDIDAD, porque es una persona disciplinada y con un profundo calado intelectual, pero más reflexivo que retórico. La vida se la ha pensado bien. La ha aprendido y la ha madurado. No hay frases bizantinas, ni dardos sin veneno, ni heridas casuales; por eso él advierte de sus propósitos: “guardar en un cofre los consejos”, “cabal vestido” y, sobre todo, “Entre la duda justiciera y la justicia de una duda”

Son tres valores (Proximidad, sensibilidad y profundidad) que definen su actitud ante la vida, pero curiosamente él suele resumirlas con una palabra: AUDACIA.

En todo caso, no sería una audacia invasiva, conquistadora o impertinente; sino una audacia respetuosa, humana y sensible.

PERO ¿POR QUÉ EL LLAMA AUDACIA A LO QUE NOSOTROS LLAMARIAMOS AMISTAD, TERNURA y GRANDEZA?

Evidentemente, “audacia” es atrevimiento por un ansia de vitalidad, de aprovechar la vida.

Pero también “audacia” queda en otro sentido, mucho más introspectivo. A tal efecto, tengo mi propia teoría, que consiste en entender que lo que él llama audacia es una lucha interior para vencer su TIMIDEZ; porque si algo destaca de la personalidad de Rafael Soler es su enorme y sensible mundo interior.

Por eso, en su poema dice: “hablar si no queda remedio”

El poema icónico del que hablo es “UNA VIDA AUDAZ”

UNA VIDA AUDAZ

Conocer la diferencia

entre uno y cuatrocientos

entre vivir por una vez entero y ser vivido entero

entre la duda justiciera y la justicia de una duda

entre dar cuanto te piden y pedir por si algo dan

jamás pisar la raya

no beber tan sólo un vaso

cuando vienen a la mesa los contrarios

los amigos los extraños

tener unos zapatos un sol y su recambio

hablar si no queda remedio

guardar en un cofre los consejos

y así cabal vestido

entre la espada y tu pared

inmanejable austero firme honrado.

Honradez”, quedémonos con esa palabra.

***

Hoy presentamos una antología de su obra poética, LEER DESPUÉS DE QUEMAR y al respecto solo puntualizar dos cosas que en definitiva son la misma, pues abundan en la personalidad del autor:

En primer lugar, el título pudiera parecer un juego de palabras, pero es mucho mas.

El titulo contiene las instrucciones para la lectura, como si se tratara del prospecto de un medicamente.

Hay que quemar los poemas antes de leerlos porque están escritos a llama viva. No son juegos bizantinos, no son rosarios retóricos, no son imaginaciones a la moda. Por el contrario, son sentimientos, vivos y a veces dolorosos, pero escritos desde el apasionamiento y la reflexión de alguien que ha vivido y que ha vivido mucho.

Quémelos, porque fueron escritos mediando el incendio.

Y en segundo lugar, cuando hace una semanas paseaba con Rafael por Madrid, me preguntó si yo era “un escritor de mapa o de brújula”

Entonces me explicó la diferencia:

EL ESCRITOR DE MAPA, es el que planea todo y cuando lo tiene todo dibujado entonces empieza a andar, a escribir.

EL ESCRITOR DE BRUJULA, es aquel que de pronto siente una orientación, magnéticamente algo le atrae, y comienza a escribir, sin haber planificado la ruta.

Evidentemente, él se identificaba como escritor “de brújula”, porque si el escribe lo hace presa de un impulso vital.

Por todo lo anterior, a Rafael Soler le mueve la necesidad de escribir, pero otras veces le mueve la necesidad de “no”escribir o no publicar.

Eso explica su silencio de veinticinco años sin publicar.

Estar cuando lo necesita y no estar cuando no le es preciso estar, eso es lo contrario al postureo y a eso se le llama honradez y honestidad consigo mismo.

Por eso el poema termina con esa advertencia del carácter suyo y de su poesía:

Inmanejable, austero, firme, honrado”

Si la poesía de Rafael Soler existe es porque es necesaria, cuando no lo es, él no necesita escribir lo que no siente.

Préndale fuego a estos poemas, porque así fueron escritos.

Jesús Zomeño

Elche, 4 de abril 2019

Presentación de “Heredar la nada” de Pedro Serrano en La Montaña mágica librería por Daniel J. Rodríguez

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Hay un hombre, hay una sala, hay siete puertas

Hay una enorme sala en el puerto de esta ciudad de mar y de montaña mágica. Está cerrada. Llega un alma. Su voz es de sosiego, tiene el tono de un hombre recordando el abrazo de su abuela cuando la abuela está muerta: huele a natillas tibias en la encimera, a un perfume antiguo, a lugar del que no te quieres ir aunque ya te has ido. La sala es suya: una herencia vieja ha puesto la llave en sus manos, a centímetros escasos de la punta de sus dedos.

La habitación es diáfana, en el centro siete puertas que no van a ningún lado, pero que son un viaje: invitan al error de cálculo, son lugar aséptico, improvisaciones escritas al pie, un cuaderno de sombras, la posibilidad de la migración (-él no solo sabe, pero no hay otro lugar en su ahora-), rutinas rutinarias… Las puertas suman siete y son como heredar la nada.

El hombre piel natillas accede al espacio; sabemos, por su aspecto, que se trata de un poeta: ese sombrero, su ala corta, la textura amable de algo parecido a la pana…; los ojos no reciben luz: la emiten, son faros, proyectores que apuntan a rincones, que fertilizan espacios para que nazcan uno, dos, tres poemas,… un libro, tal vez. Dos manos delicadas. Un andar sereno, cauto.

El hombre poeta, el hombre piel natillas lleva el libro: lo abren siete puertas y el pórtico graba la ley: Que sea ley, dice, que lo diga le ley, / id a casa, emborrachaos, / besad una boca. De par en par, torrentes de versos que habla de la luz y de su ausencia, de un tacto que toca las ciudades

En el suelo, ante el calendario judío de las puertas, sentado escribe “de manera intuitiva, ignorando la altura, esquivando la verticalidad”, abrazando la raíz de un árbol, sin conciencia del tiempo porque el tiempo es eterno. Mira al fondo y no ve fondo, y llora como lloran los hombres tramposos, debajo de la ducha, con las gotas enfrentando las cuencas de sus débiles ojos. Pero no hay ducha en esa sala, en el espacio diáfano, en los ecos de una herencia que es la nada: el poeta confunde la ducha con la lluvia.

De pronto una pregunta: ¿Y si todo fuese fábula? ¿Y si no hubiera abuela piel natillas ni herencia ni nada? ¿Y si las puertas, las siete, carecieran de marco y, desmoldadas, cayeran continuamente al suelo una, y otra, y otra, y otra, y otra, y otra y otra vez? ¿Si las “lágrimas, los versos, la lluvia, las manos”, la piel que dibuja con las manos, con esas manos que escriben poemas y que sostienen un libro, no son más que un sueño de un hombre dormitando en el muro de una sala diáfana, bañado por el sol ante el que cada día se inclina?

Pero no: está dentro de la sala, las puertas siguen regias en el centro y el hombre ha vencido las ocupaciones que le alejan de los textos y ha escrito un libro, este libro que es su herencia. Lo ha escrito para saber quién es, para atesorar el cielo y las ciudades, para observar el corazón, su latido lento, el sol roto y los luminosos de los comercios que, temprano, levantan la persiana. Entonces lo sabe: él es el fuego, “un bosque gigante de eucaliptos” artificiales convertidos en un cuadro.

Acaba el día. Los ecos de la tarde se cuelan en la sala de la ciudad de mar y de montaña. El poeta asume que el espacio no es su casa: su centro está en otro lugar, palpita. Sale. Cierra las puertas y “desilumina” la estancia: emprende el camino de la verdad y busca ser mortal feliz y difuminarse con la prisa de una sombra, ser corazón del mundo y atrapar el fuego con las manos.

El papel se acaba. Cierra el libro y sus puertas. El poeta hombre piel natillas camina bajo la luz de los astros. La sala sigue cerrada, ya no se abre más hasta que llega a otras manos, manos de lectores que escalan la montaña para robarse la magia. La bandera que corona el pico tiene forma de libro. La patria es heredar la nada. La fundó Pedro Serrano y tú, lector, y yo y aquel que llega tarde y presuroso somos ciudadanos de este libro, o quizá riqueza de este legado.

Adiós, poeta. Adiós, hombre bueno. Adiós, piel natillas. Chao, sombrero de pana, ala corta, casco blando que protege la cabeza de los versos. Y gracias por el libro y la sala y las puertas.