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Presentación Distinta Clara de Alba Ballesta por José Luis Zerón Huguet

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Presentación de Distinta Clara en la librería Códex, 27-12-2018. Foto: Antonio Ballesta.

¿QUIÉN ES CLARA DUBASENCA?

Distinta Clara, Alba Ballesta, Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla. Algaida Editores, Sevilla, 2018.

Hace tres años leí Rari Nantes, la primera novela de Alba Ballesta (Orihuela, 1991) y me sorprendió la destreza narrativa de la jovencísima autora y su talento para tratar con solvencia el conflicto unamuniano entre autor y personaje, creando un brillante juego metaliterario en el que se insertan hábilmente numerosas referencias literarias
Recientemente he leído su segunda novela y tuve el gusto de presentarla el pasado 27 de diciembre en la librería Códex de Orihuela. No ha defraudado mis expectativas.


Distinta Clara, cuyo título (y argumento) rinde homenaje a la célebre canción de Joan Baptista Humer, me parece una novela polifónica, un mecanismo especular o mise en abyme vinculado al debate metaliterario posmoderno, pero también a escritores clásicos del siglo XX como Nabocov y Borges o contemporáneos como Bolaños y Javier Cercas. Cada uno de los numerosos personajes de la novela canta su aria cargada de sentido en el desarrollo de la trama. La dinámica interior está muy calculada, pero al mismo tiempo fluye con una asombrosa madurez expresiva. El argumento parte de un hecho azaroso y se va complicando en una urdimbre misteriosa. Laia Crespo (tiene veintipocos años y es hija única) estudia un máster en la Universidad de Barcelona, adonde se ha mudado, cansada de viajes en tren desde Vilanova; sus padres no terminan de asimilar su ausencia y la presionan para que vuelva a casa. Comparte piso con otra chica y trabaja en una librería-café. Un domingo, mientras echa un vistazo a una caja de libros de adolescencia que su madre le ha apartado, redescubre un pequeño volumen de poemas con un sugestivo título: Obras Completas de Clara Dubasenca (Tomo III), dedicado por la autora a Ramón Egea, el conserje del instituto donde estudió Laia.
La inesperada reaparición del libro desencadena en la chica el recuerdo del día en que su profesora de literatura, Amalia Ros, llegó a clase con unas cajas de libros e invitó a sus alumnos a que cogieran los que quisieran. En un gesto instintivo, vuelve a guardarse el libro y, ya en Barcelona, localiza a la profesora y charla con ella. Más tarde, cuando Laia alarga la mano para situar el libro de Dubasenca en un anaquel de la cafetería donde están los que los clientes dejan o se llevan, se le cae al suelo abierto por el poema “Todo se repite”, y Laia interpreta este hecho insignificante como una señal. Precisamente necesita un tema para el trabajo de fin de máster, y en ese instante decide llevar a cabo una investigación sobre Clara Dubasenca: desea saber quién es la misteriosa poeta y dónde se encuentra el resto de su obra. Su primer contacto será la viuda de Ramón. Es entonces cuando la investigación de la joven estudiante empieza a complicarse.
Ante todo, creo que Distinta Clara es una bildundgsroman (Laia se conocerá mejor a sí misma al final, o al menos va salir reforzada siguiendo los pasos de Clara), pero también un relato metaficticio y detectivesco que comparte el hibridismo genérico de muchas novelas del siglo XXI (reflexión, periodismo, ensayo, crítica literaria, ficción, poesía). Me parece destacable la revisión del tópico del manuscrito encontrado, es decir, el libro de poemas de Clara Dubasenca (el tomo III de sus obras completas), será el verdadero motor de la obsesiva -monomaníaca- investigación de Laia, en un principio como trabajo para el fin de máster, aunque debido a la oposición de su director y de la incomprensión de Diego, compañero de estudios, desechará esta opción y emprenderá una búsqueda en solitario. Diego está enamorado de Laia. Es un muchacho aplicado y bondadoso que aporta dosis de sensatez y pragmatismo tratando infructuosamente de convencer a su amiga para que olvide a Clara Dubasenca y se centre en su trabajo fin de máster, algo así como Sancho Panza tratando de que el Quijote ponga los pies en la tierra.
La estructura de la novela, dividida en tres secciones con capítulos titulados, me parece muy eficaz. La complejidad no está reñida con la amenidad. Considero un acierto las entrevistas de Laia con los personajes que conocieron a Clara y que en su mayoría la idealizan en sus recuerdos, aunque realmente son monólogos, ya que salvo alguna interrupción puntual de Laia, que no aparece reflejada pero se intuye por el cambio de inflexión del discurso, los entrevistados hablan y hablan. Me choca que muchos de ellos le pregunten a Clara, “¿qué dices?” O se disculpen: “Perdona no te he oído”. Esto indica que ellos están ensimismados en su verborrea y en sus recuerdos y refleja asimismo la discreción de Laia.
El azar también es muy importante, fundamental diría, en la trama de esta novela; ese azar que tanto perturba a Paul Auster también es provocado por Laia, algo así como ese azar objetivo en el que creían los surrealistas. Asimismo destaca en esta novela  una visión muy madura e incisiva del mundo que nos rodea, especialmente de la realidad universitaria y de la especulación inmobiliaria que afectó a España en general y a Barcelona en particular, a través de un lenguaje eficaz y preciso, pero rico y hasta poético en el uso de algunas imágenes, símiles y asociaciones insólitas.
En Distinta clara confluyen dos mundos distintos, la época ochentera y optimista de la Movida durante la Barcelona preolímpica, representada por los personajes que frecuentaron a Clara Dubasenca y que Laia va conociendo, y la realidad pesimista de nuestro digitalizado siglo XXI en la que se mueve la joven investigadora obsesionada por la misteriosa poeta. Los personajes maduros con los que se relacionará Laia transmiten una impresión agridulce y melancólica. Muchos viven su madurez como un digno fracaso o un pudo haber sido y no fue.
Sobre todo están muy logrados los dos personajes protagonistas. Sin la verosimilitud que transmiten, la novela fracasaría. Laia es tímida, introvertida, idealista, insatisfecha, aparentemente abúlica. Clara, según los testimonios de quienes la conocieron, era decidida, valiente y descarada, pero también insegura, de ahí sus cambios de humor, sus derivas, su carácter caprichoso y su caída en la adicción. En algunos momentos me recuerda a Nadja, la vaporosa joven que tanto fascinó a Breton hasta el punto de que este la convirtió en la heroína de su novela homónima. Las dos son independientes. Laia vive en Barcelona emancipada de sus padres, que residen en Vilanova y le reprochan su distanciamiento. Comparte alquiler con una compañera, Silvia, y trabaja en una librería-café. Clara también estaba emancipada de su familia, de la que no sabía nada (ni hablaba de ella) desde mucho tiempo atrás y trabajaba en un bar, aunque vivía a salto de mata. A Laia la iremos conociendo a través de un narrador omnisciente y de las notas a pie de página que ella escribe (Confieso que estas notas al principio me chirriaron pues se entrometían en la narración en tercera persona, pero conforme avancé en la lectura me pareció un método reflexivo solvente y una forma de conocer al personaje de primera mano). Mientras que todo lo que sabemos de Clara es a través de los testimonios, en su mayoría idealizados, de quienes la conocieron.
Hay momentos en que Laia se funde con Clara en un juego especular, hasta el punto de que la joven investigadora utiliza un poema escrito por ella misma para promocionar el café donde trabaja haciendo creer que es de Clara Dubasenca. En otra ocasión se enfrenta a su timidez y decide participar en un recital colectivo leyendo un poema de Dubasenca. Y lo recita con tal intensidad y sentimiento que uno de los personajes que conoció a la investigada, Baptista Galtés, se presenta ante Laia asombrado porque es como si hubiera escuchando a la propia autora del poema.
A algunos lectores les molestará la naturaleza egoísta y caprichosa de Clara, pero como yo tengo debilidad por la gente disonante o un poco a la deriva, simpatizo con este personaje. Cierto que tiene un carácter aristado, pero derrocha ternura y desamparo. También he sintonizado con el carácter escurridizo y neurótico de Laia.
Otro elemento muy importante de la trama es la presencia de M. la pequeña ciudad de provincias que así es nombrada y ocultada en la novela. A Laia le choca el nombre no nombrado por el sonoro diptongo que contiene (¿trasunto de Orihuela?). En esta localidad vivió Clara sus años de adolescente y llegó a publicar en la revista Artétrica que editaban unos jóvenes del lugar. Aunque resulta inevitable relacionar M. con Orihuela, también podría ser cualquier pueblo o ciudad de provincias.
Laia viajará a M. conducida por otro hecho azaroso: Elisa, su antigua compañera de piso, es nativa de esta ciudad levantina y ella la invita a casa de sus padres y le facilita el contacto con los editores de la revista Artétrica, Adolfo Collado y Vicente Molinero, este último un escritor mediocre que siente envidia o celos del talento de Clara Dubasenca y le molesta el interés que la poeta desconocida suscita en la joven universitaria. El viaje a M., que en un principio parece un fracaso, abrirá las puertas del desenlace y le permitirá a Laia atar los cabos que necesita para llegar al final de su investigación.
Por último, quiero hacer mención de los poemas de Alba Ballesta-Clara Dubasenca que aparecen insertados en la novela. La autora corría el riesgo de aburrir o descentrar al lector, pero el experimento le sale bien. En mi opinión, los poemas no entorpecen la lectura, al contrario, la refuerzan con una mezcla de inocencia, ironía, ludismo y oculto dramatismo. Me han traído ecos de los surrealistas de los surrealistas Prévert, Péret, Queneau, y también de los argentinos Girondo y Cortázar. Estos poemas hay que leerlos sin grandes pretensiones, solo en el contexto de ligereza y descaro en el que se movía Clara.
En suma, Distinta Clara es una novela escrita (muy bien escrita) con una intensidad atenuada, moderada. El conflicto interior de las dos protagonistas queda patente pero no de una manera aguda, bronca o disonante. Muchas novelas actuales cargan la trama de atrocidad y abyección y parece que todo lo disecciona el escalpelo del horror y el descreimiento. Hay una necesidad de mostrar continuamente un mundo desquiciado donde no es posible hacer pie. Por eso el lector agradecerá esta novela narrada con sobriedad y dosis de creatividad y humor inteligente.
A mí me enganchó desde la primera página. Deseaba llegar hasta el final para saber más de las dos protagonistas. Hasta el punto de que cuando finalicé la lectura me sentí entristecido, y no porque el final resulte fallido, ni mucho menos, sino porque el punto final significaba mi desenganche forzoso de un mundo que me había fascinado, o sea, la vuelta a la realidad, como si un prestidigitador te rapta con sus mejores trucos y vives un momento mágico que desearías se prolongara indefinidamente para seguir viviendo ese momento prodigioso tan diametralmente opuesto al miserabilismo, como denominaba el mencionado André Breton a la perversidad del pensamiento occidental que privilegia la depreciación o infravaloración de la realidad sobre su exaltación.
Así es Distinta Clara, una novela inteligente, rizomática, adictiva. Una narración que admite muchas lecturas.

Presentación de Distinta Clara en la librería Códex, 27-12-2018. Foto: Antonio Ballesta.

José Luis Zerón Huguet

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El cielo de Kaunas de Jesús Zomeño. Presentación en Orihuela.

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Textos de presentación de la colección Lunara Poesía plaquette.

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ÁNGELES por Pedro Serrano

 

 

Regresa de un viaje donde la naturaleza es reposo y las aves son el movimiento, el cambio.

 

En él, hayamos el silencio, la armonía, la memoria, la emoción, un continente. Miramos adentro, son los ejes de una mujer águila convertida en grulla. Es el poemario de lo antiguo, de los reptiles, de los pájaros.

 

Iniciamos el vuelo: maestra, o mejor, quise decir maestra en el corazón, nunca deja de sorprender, a su lado se vuelve al pálpito, ave herida, a veces, pero ave fénix que  ante nuestros ojos, siempre lo hace, renace.

 

Estabilizamos el vuelo: busca sus estados precisos para no perder nunca los estados precisos en el poema. Mujer, peregrina, poeta, esto es lo que propone:

 

observa, la sencillez, luz, fuente, limonero

 

contempla la plenitud de la sencillez, luz, hierba, pies desnudos

 

y por supuesto, escucha, la palabra, su dignidad

 

y experimenta, la palabra del poeta, la dignidad del poeta.

 

Continuamos el vuelo. Como ave que tiene alma, acompasada al ritmo del propio infinito, sigue su viaje, regresa al origen, todos los caminos se tejen en el silencio.

 

El silencio el último acto de amor unido a la despedida de lo antiguo. Abrir la puerta, tocar las paredes, el aire perfumado.

 

Bien, el silencio, arquitectura de espacios, útil en la mirada, en la cocina, en el aseo, en las pausas.

 

Maestra en el corazón, pájaro, mujer, poeta, enamorada de la voz de un continente, de los hijos de África, de la simbiosis animal, sol, leones, montañas, marcan también su territorio poético.

 

Allí, se dirige en algunas ocasiones porque es amante de las memorias.

 

El vuelo llega a su fin: palabras, ritmo, versos, música, significado. Llega el momento de escuchar la voz de la tarde, el sonido de la luz, la gramática de sus incendios, a la mujer que contempla inquieta la bóveda.

 

Cerrad los ojos por un instante, sentid la corriente del aire cálido, sentid la brisa del viento frío, notad los primeros rayos del sol, los últimos, ahora somos como ella, seres con alas, enganchados  sin pudor a los cielos vulgares que nos elevan.

 

El vuelo de la grulla, Ángeles Campello.

 

PEDRO, por An Yi Campello

 

Buenas tardes a todos, gracias por venir y compartir este tiempo de versos y amistad con nosotros. Ambos, el sentimiento y la afición son la base y el nexo que nos une.

En primer lugar se da por supuesto la amistad, duradera y enriquecida con el paso de los años. Después, el hecho de compartir afición, amor y respeto por la literatura, tanto como lectores o como humildes hacedores. Cuando Javier propuso la idea de las plaquettes y compartir escenario los cuatro, me pareció muy hermosa. Javi, la eficiente y veloz locomotora que dirige nuestra asociación.

Quiero recordar y agradecer también, el trabajo y entusiasmo que dedicaron otros miembros que formaron parte de la asociación desde sus comienzos a la actualidad. Como Milagros Román, Juan Ángel Castaño, Jesús Zomeño, Juan Lozano, Julio Soler…

Nos hemos repartido las presentaciones, a mí me ha tocado presentar a Pedro y viceversa. Manuela y Javi se presentarán entre ellos.

Qué puedo decir de Pedro, cuál es la característica más destacada de este imprescindible amigo: que es de fácil querer. Y que es un gran abrazador, podría ser nuestra Amma, no sé si conocéis a esta gran mujer india que se dedica a dar abrazos por el mundo. Pues sí, Pedro podría sentarse en una plaza o en un parque y regalar abrazos. Abrazos amorosos que te reconfortan y dejan escapar un suspiro de alivio.

Pasando a su faceta de escritor. Desde un tiempo a esta parte, a Pedro se le caen los versos de las manos, como dice Javi: está afortunadamente inspirado.

Por las tardes, sentado plácidamente en su sillón de terciopelo rojo, al sol de poniente, reflexiona y filosofa, sobre lo observado y contemplado en el diario acontecer, sobre las personas, lo sucedido en el país, el transcurrir del tiempo, en fin sobre la vida. Transforma los hechos cotidianos en belleza. Para mí, sus mejores y más bellos poemas, son los de amor, de ese amor sosegado y pasional a la vez, que comparte con Carmen.

Ah! y no olvidemos su lado friki, pues no sería Pedro. Con ustedes Pedro Serrano, o el padre de los serranitos: Laura, Nuria y Andrés.

 

MANUELA

 

Creo que Manuela y yo nos concemos más de 30 años, yo, que quede entre nosotros, siempre he sido más joven que ella…

Desde los tiempos de La Universidad Popular donde queríamos aprender a escribir. Creo también que nos queremos, creo que sí, un poco, al menos los dos somos del Madrid, que eso une mucho… Pero no nos entendemos, de ninguna de las maneras, discutimos continuamente. Pero creo que nos respetamos, yo al menos la respeto mucho, como mujer, como amiga y como escritora.

De Manuela he leído uno de los mejores cuentos que yo haya leído de cualquier autor, la uña, y también sus cuentos nostálgicos de París o de donde sea, y sus novelas, la publicada Eternamente Helena, y las no publicadas, incluso me he permitido corregir alguna de ellas y darle pequeños consejos. También he leído y publicado algunas crónicas de sus incontables viajes. Manuela está obsesionada con ejercer una prosa límpida y correctísima, con reflexionar y hacernos reflexionar sobre las ocasiones perdidas. Con describir cómo el azar marca la vida de las personas, los amores perdidos y  los amores imposibles, en cómo la ambición de las personas puede perderlas. Con refelxionar acerca de la recuperación no ya del tiempo perdido sino de la autoestima y la memoria.

Estos brotes son sus escritos más personales, los más auténticos. Sinceros, reflexivos, con aliento poético, llenos de verdad. Representan una lucha titánica por recuperar la estima propia y la de los demás, una lucha feroz por conseguir pasar página, aceptando el dolor o el abandono como una circunstancia más de la vida, sin rencor, sin reproche. Un canto al amor verdadero y libre de obstáculos, una lucha por la pervivencia y por la sanación de la memoria.

Un ejercicio de sinceridad, de amor y de poesía. Un homenaje al recuerdo de lo que fue, si fue verdadero, y ya no es, una mirada al frente, para seguir adelante con gallardía.

 

Carlos Javier Cebrián, 3 de mayo de 2018

 

–Buenas noches y muchas gracias a todos por venir.

 

–A mí me corresponde la tarea de presentar a Carlos Javier Cebrián. Y la verdad no estoy yo muy ducha en estos menesteres. Pero voy a intentarlo.

 

—Creo que más del noventa por cien de los que estáis aquí conocéis a Carlos Javier y a su poesía y prosa, así que no me extenderé demasiado en decir que tiene varios libros publicados en solitario entre los que se encuentran………

 

Y otros tantos compartidos con otros escritores.

 

—Como estamos aquí para hablar de poesía y la presentación de estos cuatro cuadernos…

—Voy a atreverme a decir que para mí la poesía de Carlos Javier Cebrián es una poesía intimista, y al mismo tiempo extrovertida pues se desnuda sin ningún pudor y nos muestra sus sentimientos como hombre y como poeta, aunque como él dice a veces miente.

 

—La verdad es que sin la menor intención de ser generosa, opino que Carlos Javier Cebrián es un buen poeta con el que disfruto leyendo su poesía.

 

—De hecho en la página 13 de este cuaderno he tropezado con un verso que me ha llevado a reflexionar y dice así:

 

TODO RECUERDO ES EL RECUERDO DE UNA PÉRDIDA

 

—En él, creo entender, puedo estar equivocada, que Carlos Javier al hablar de pérdida lo hace desde el dolor, y a mí me gustaría decirle que no siempre el recuerdo está unido a una pérdida dolorosa porque creo que el recuerdo no tiene la exclusividad de la pérdida si no que también, en muchas ocasiones, se convierte en un tesoro, o en un rico patrimonio que guardamos con celo en el baúl de nuestra memoria y que a medida pasan los años nos hace sentir afortunados y agradecidos por haberlo vivido y por sentir que un día fue nuestro.

 

En fin esta es una opinión de la que seguramente debatiremos él y yo en otro momento.

 

 

—Ahora y ya para terminar y no extenderme demasiado, voy a reñirle un poco, a llamarle la atención y os aseguro que no es la primera vez que los hago. Creo que Carlos Javier debería escribir más, ser disciplinado y dedicarle un tiempo diario a la escritura. No puede desperdiciar ese don con bagatelas y excusas. Tiene que escribir para que nosotros, sus lectores, disfrutemos de ello.

 

Espero que este toque de atención consiga que en un futuro no muy lejano podamos vernos otra vez en la presentación de un nuevo libro de Carlos Javier Cebrián.

 

Muchas gracias a todos.

 

Manuela Maciá

LAS LONTANANZAS DE ZAPATA: UNA MIRADA A LOS SÍMBOLOS CAÍDOS por Francisco Gómez

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zapata0001Amigo, Antonio Zapata, ya te has convertido en cronista y este sambenito no te lo quitará nadie. Llévate cuidado si a partir de ahora eres más conocido por tus artículos sobre la ciudad de las Lanzas y la Festa que se fue (Lontananzas 1952-1974. Crónica sentimental de la posguerra ilicitana), que uno apenas conoció que por tus poemarios y narrativa. Ya sabemos, el tiempo y su desparrame de los días que se escapan por el desagüe de lo cotidiano. Porque una cosa tengo clara; tú quedarás en la literatura y no todos podrán decir lo mismo.
Eres un “cabronazo”. Otro amigo “cabronazo” que tengo en estas adictivas redes de la literatura. Has hecho que me emocione con muchas de tus lontananzas, con tu “estética de la pobreza”, como define tu amigo y estudioso Manuel Valero esta obra tuya. Permíteme decirte que me has tocado con el homenaje final a tu padre. No sabes, bueno sí lo sabes, cuánto…
Has hecho que vea esta “city” que no conocí con sus calles sin asfaltar, sus trabajadores somnolientos al tajo por calles mal iluminadas y trabajos agotadores, codo con codo, como relatas. Los serenos que te daban las “buenas noches” y te acompañaban hasta tu portal y los guardias de tráfico a quienes nuestros paisanos regalaban viandas como preciadas maravillas para tus ojos de niño en las cercanías de la Navidad. Igualito que ahora…Una ciudad que intuyo más humana, más cercana que la actual con sus prisas y sus carencias de personajes definitorios.
Leo tus lontananzas y no hago más que ver símbolos que se han ido; los cines, las peleas de lucha libre en el Victoria antes de ser Simago. hoy también derrotado, los bailes en el Parque Municipal como “prueba de fuego para los chicos y chicas primerizos en el arte de enseñorear las posesiones sobre los huesos”, las bandas juveniles como la famosa del Villena con chicos a los que unía el desarraigo y la necesidad de una identidad común, currantes del calzado y los talleres. Las ferias en el Cuartel Viejo. Las cocas del Llinares también abatido por esta “city” devoradora de sus símbolos y referencias. El asfaltado de Reina Victoria: “el asfaltado de tan magna calle nos vino de perillas a un grupo de chiquillos que, pronto, nos constituimos en patinadores nocturnos; el mítico campo de Altabix con los gloriosos partidos del Elche en Primera División y jugadores como Curro y Serena, Blas, Ballester, Iborra, González, Lezcano, Llompart, Baba, Asensi, Casco, Marcial, Romero. Las excursiones en la Mona al Pantano…
Amigo Zapata, desde un presente que corre sin identidades claras, miramos, miras un pasado devorado y reducido a recuerdos que construyeron tu vida y la de tantos que vinieron o eran nativos de Elche, que armaste tu vida de niño pobre y luego currante para convertirte en un joven lleno de sueños que zarpaba a Benidorm los fines de semana para romper la gris normalidad y ver el futuro como un mar incógnito desde tu escepticismo.
Ahora que el mercado sin corazón y su esbirro el beneficio puro y duro han cerrado el diario La Verdad donde publicaste tantas de estas lontananzas, el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert las ha recuperado para que no caigan en la marea del olvido y el silencio.
Me has hecho soñar con un tiempo que no conocí y espero tu segunda parte hasta los tiempos de la transición y los 80, que a uno le pillaron en plena juventud en el instituto Pere Ibarra y tampoco me enteraba mucho de las movidas sociales, políticas, laborales y sindicales que se cocían en este pueblo que al cielo mira, entre el caucho, la goma, y la producción en la vía.
Advertido quedas. Desde ahora te estamparán el sello de cronista y a ver cómo escapas de esta etiqueta maniquea que no responde a la policromía de tu personalidad curiosa, luchadora y siempre reivindicativa.

Francisco Gómez

Bagatelas por Sara J. Trigueros en Letras de Contestania

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http://librosdecontestania.es/bagatelas/

Bagatelas (Carlos Javier Cebrián)

Portada de Bagatelas, de Carlos Javier CebriánRecién sobrepasado el medio siglo, Carlos Javier Cebrián (Salies de Béarn, 1965) emprende un viaje retrospectivo hacia el centro de su condición de hombre. Se encuentra, como elemento estructural de Bagatelas, la superación de cierta dualidad que se empeña en oponer lo amado al odio desde el siglo I ANE. Y es esta una declaración de amor que halla, en lo cotidiano, la razón de ser y de ser escrita.

Bagatelas es, entre otras cosas, una búsqueda que se sabe desde el principio estéril, «baldí[a] como significar la experiencia». Es una indagación poética que, lejos de resultar fallida (o precisamente por resultarlo), y como le sucede al autor en «Piel y versos», nos reconcilia con esa parte de la existencia que tan fácil es pasar por alto como necesaria para sobrevivir.

Su título remite a lo insignificante y pequeño, prediciendo la brevedad de los textos que lo conforman: ensayos y poemas, como reza el epígrafe, o también ejercicios de prosa poética que aúnan temas propios del cuaderno de bitácora con la experimentación lingüística que conlleva nombrar lo que nos es, de tan conocido, invisible. Así, en cada uno de los 43 textos, se condensa un aspecto de la vida, donde el amor y la escritura son claros protagonistas, aunque también quede espacio para elementos semánticamente vecinos: de un lado, el anhelo insatisfecho, el deseo contenido; del otro, los libros y la piel que los recubre y los escribe, el lenguaje, su ejercicio.

Por otra parte, y como contrapunto, Cebrián se acerca a elementos anodinos para poetizarlos, pues «de naderías y anécdotas, de banalidades, se conforma el ser humano. En la suma de ellas reside el misterio del ser», como reza un texto en el que expresa su rechazo a cierta clase de himenópteros que arruinan la paz del hogar en verano. El catálogo es variado, desde las calles hasta la mascota fiel pero en cuya naturaleza no está sobrevivirnos. El porqué de su empresa nos lo revela en el homónimo: tratar como épico lo que sólo es ordinario. Algo que, contrariamente a lo que sucede con la busca contingente al verso, no es tierra baldía.

Bagatelas
Carlos Javier Cebrián (Babilonia, 2016)

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Autor Sara J. Trigueros
Publicado el enero 9, 2017
Categorías Letras contestanas, Novedades, Reseñas
Etiquetas española, prosa poética, reseña

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Sobre los lúcidos ensayos de José María Piñeiro en “Paisajes escritos”, por Javier Puig

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pasajes-650Cada uno de estos pequeños ensayos es una ventana que se abre y nos invita a una estancia que podremos habitar con el más plácido de nuestros esfuerzos

José María Piñeiro ha dado un paso que celebramos los que seguimos y admiramos su blog Empireuma :: micropoësie. Ha seleccionado una pequeña parte de las entradas que ha ido añadiendo durante los últimos años y nos las ha ofrecido en forma de un libro – Pasajes escritos, editado por Celesta -, por lo que ahora tenemos la ocasión de disfrutar de esos textos, de calidad y enjundia tan inusuales, con el recogimiento mayor que ofrece este formato.

Piñeiro es un apasionado de los libros, un degustador de páginas inopinadas, un buscador sin prejuicios: “Disfruto tanto de los textos que elijo leer, que las teorías que los juzgan me suelen parecer casi siempre juicios sumarísimos con respecto a ese prisma de sugerencias y mundos que percibo.” Es alguien que está alerta y que gusta de explorar las zonas menos iluminadas de la cultura y tantear las promesas de singularidad, las obras genuinas, apartadas del ruido que alberga el acaparador tránsito de lo aceptado, la suma de confluyentes reconocimientos e inercias. Gusta de los textos complejos, de los ensayos más teorizantes, de los estudios más profundos, pero también de aquellos sencillos, cuando estos se ciñen expresivamente a una vida, como la autobiografía de Bertrand Rusell: “Un excelente ejemplo de cómo a través de una escritura sencilla se pueden reflejar con intensidad los episodios más interesantes de una vida.”. Y es que ama los escritos aparentemente accesorios: los diarios, la literatura fragmentaria, las crónicas, el insólito ensayo del novelista. Escribe, no sobre las obras consideradas mayores de cada autor, sino sobre sus trazos más espontáneos y personales. Porque, en estos artículos, hay una fascinación por saber cómo, cada escritor, desde su única ubicación en el mundo, interpreta la vida, la descubre: “Todo libro es un tramo de vivencias, de aventuras, el relato de algo.”

Pero José María Piñeiro no siempre se encierra en su gabinete. A veces, coge el tren o el autobús, abierto a atisbar los signos que la realidad le presente. Y los capta con su cámara fotográfica o los transcribe en sus creaciones literarias. La exterioridad debe ser conectada, asumida, integrada, en un universo mental que requiere una pequeña renovación continua, un alimento que no tan solo venga del arte más nutricional, sino también de los pequeños detalles que van formando una red a través de las percibidas afinidades.

Aunque, muchas veces, no es necesario salir a la calle para acceder a lo más revelador del mundo. Piñeiro se queda en casa, junto al querido y prometedor objeto del libro, inmerso en sus exploraciones: “Cierto es que el estudio y la reflexión también pueden suponer un arduo viaje”, pues: “El viaje es una vivencia sensorial que irriga mente y cuerpo. El pensamiento, un viaje extático.” Nos habla de los “altos placeres de gabinete”, de la seducción de “la aventura cognoscitiva.”

La cita de Wittgenstein: “Se debe siempre estar preparado para aprender algo totalmente nuevo”, la hace suya. Está fascinado por el pensamiento, por su concepción en la palabra. El pensar es una fructífera variante de la vida inmediata, supone habitar la relativa seguridad de los adentros, concitar el fruto de los hombres que han escrito, que han pensado, para disfrutarlos, para volver a la vida con el espíritu satisfecho, aptos para conciliar lo inoportuno.

En sus aproximaciones a los libros, hay intelectualismo (en alguna ocasión, el divagar por conceptos demasiado alejados de la raíz – visible – del hombre), pero también emotividad. Así lo expresa en uno de los textos más entusiastas, el dedicado a Ramón Sijé: “Cada vez que me he acercado a Sijé he experimentado siempre la misma sensación: un gran entusiasmo velado por la melancolía.” Piñeiro goza de esos descubrimientos, de la apasionada lectura que no está respaldada por un veredicto unánime, sino que contradice tantos juicios o indiferencias que displicentemente se instalan en el panorama cultural. Él sabe encontrar: “En Sijé asistimos, efectivamente, a un jubiloso dominio de la escritura.” Hablando de Sijé, refiere lo que el propio autor oriolano consideraba “pasión crítica”, y añade: “Dos términos que pueden parecer contradictorios, salvo si el talante llega a tal admiración del producto cultural que la pasión no es un obstáculo para que la crítica se ejerza.” El indudable poeta que hay en el autor se emociona al leerlo, al disfrutar de: “Una prosa azuzada en su corazón por lo poético.”

Muchas de las reseñas que hay en la segunda parte del libro, la titulada Pretextos, están dedicadas a los diarios que va leyendo, que no suelen ser los más conocidos, sino algunos con los que felizmente ha dado en alguna de sus expectantes incursiones por las librerías. “El diario me acerca a esa literalidad de la realidad que la ficción metarfosea.”, nos dice. “Todo puede ser registrado, expresado por la escritura porque todo es literaturizable.”

Cada uno de estos pequeños ensayos es una ventana que se abre y nos invita a una estancia que podremos habitar con el más plácido de nuestros esfuerzos. Nos dan la impresión de no haber dejado ningún cabo suelto, de haber conseguido una bella confluencia de la palabra con la idea. Piñeiro consigue ir más allá de la percepción primera, de la adhesión emocional, e indaga en los mecanismos ocultos que erigen las superficies del arte. Describe lo teórico, su elegante fulgor. Lo suyo, lo que persigue, es el descubrimiento. La seducción de la exquisitez cultural, de la personalidad única, de la mirada incontaminada por las redundancias. Escribe con claridad y ahonda con sutileza su pensamiento muchas veces complejo. Su prosa no puede ser para muchos, sus focalizaciones son las propias de quien lleva una vida interior desusada entre los ciudadanos que lo envuelven, de quien está familiarizado con un género ensayístico que tanto placer intelectual alberga.

Dice el autor que disfruta leyendo a Ortega, a Foucault, a Barthes o Paz: “Por la suntuosidad y nitidez con que fluyen sus exposiciones conceptuales.” Autores a los que se les ha reprochado el exhibicionismo de su escritura y a los que él defiende: “La exigencia de una escritura sencilla y clara es tan retórica como la contraria”. En esta colección de ensayos y artículos encontramos aunadas y satisfechas las dos exigencias: por una parte, la conceptual, la del análisis, la búsqueda de los signos y de las interrelaciones; y por otro lado, el cuidado de una forma literaria brillante. No busca lo abstruso pero no renuncia a sus aledaños necesarios. Son textos que alcanzan el máximo de amenidad posible con una prosa vigorosa, segura de sí misma, armónicamente desencadenante.

¿Están algunos temas alejados de lo que verdaderamente importa en el mundo, son un lujo? Lo que busca Piñeiro es la realidad alcanzable, la visión elaborada, siempre impregnada del propio ser. Pasajes escritos impresiona por su fuerza ensayística, por una prosa rica, que no se arredra ante la palabra no oficialmente aceptada. Su impronta entusiasta nos señala nuevos puntos rutilantes en la proyección de nuestras necesidades artísticas. Estos escritos, así reunidos, nos muestran mejor sus virtudes, que no son inferiores a las de cualquier ensayista que pueda ocupar la cúspide de los elegidos. Ya estoy esperando el nuevo libro prometido: otra selección de textos de su blog, otro caudal de lúcida literatura.