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Poetas en la Biblioteca 14, Fina Mari Bonmatí Quesada

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Cada tarde a las cinco de Andrés Guilló Javaloyes en 80 mundos. Alicante

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La Belleza de la Fruta de Julio Soler. Texto de contraportada de Jesús Zomeño.

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Todos tenemos una voz propia, la nuestra, pero eso no sirve para nada. Lo importante es lo que hagamos con ella.

Tampoco sirve de mucho ser caótico, deslumbrante y avasallador, si uno no tiene nada que decir.

Repetir lo obvio, sin destreza ni imaginación, no deja de sorprenderme, aunque no sea una sorpresa agradable.

Julio Soler incumple todo lo anterior.

Lo más evidente de Julio es que oculta lo que no quiere que sepas. El drama, la reflexión y el romance están en lo que no se explica, porque él solo modela los bultos que hay detrás de la cortina.

Su estilo es surrealista, irónico y sorprendente, pero juega a despistar porque tiene un truco que consiste en guardarse un as en la manga, aunque lo curioso es que escribe sin brazos. Búscale la manga, eso sí que no es obvio.

LA BELLEZA DE LA FRUTA es un libro en dos tiempos, primero el asombro y luego el fondo. Hay que leerlo despacio por sus matices y entre tantos destellos, aparentemente descontrolados, cerrar los ojos para reflexionar. Julio Soler no emplea las palabras solo como fuegos artificiales, sino que detrás de cada párrafo que no creas entender –hasta que te fijes- hay un drama, una historia de amor u otra nostálgica. La mano que falta, la del truco donde esconde la carta, es la que está acariciándote.

Un libro esencial que cartografía lo que Zygmunt Bauman ha llamado la realidad líquida.

Jesús Zomeño

 

Sra. Waterproof y Sr. Stainless Steel.
Fernando Ramos Cordero.

 

 

 

La Belleza de la fruta de Julio Soler, Presentación

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Seguimos acercándonos…

ARTIFICIEROS

Love Will Tear Us Apart”, Ian Curtis, Joy Division

Paco Valverde@

Boom boom. Big bang. Expansión. Pasemos lista al cosmos universal. Supernovas venidas a menos, estrellas fugaces con lágrimas de San Lorenzo, constelaciones con nombres de mujer y hombre aderezadas con signos zodiacales pendientes de confirmar su presente y su futuro, masa oscura regada con símbolos químicos como H de Hidrógeno, He de Helio, O de Oxígeno, C de Carbono y varios más hasta llegar al S de Azufre, planetas rojos y no ya tan azules, materia, energía, viajes perdidos en el tiempo, asteroides desengañados, cometas hartos de sus ciclos, satélites aburridos siempre dando la misma órbita y millones de agujeros negros necesitados de rellenar. Pues, universos todos. Aquí estamos presentes. Y de explosión y de expansión y sobre todo de agujeros negros necesitados de rellenar, hoy hablaré. Soy el supervisor de recursos humanos y los que no lo son, de una empresa multigaláctica cuya razón social se halla sita por razones fiscales, en un diminuto planeta: La Tierra. Su nombre es Destino & Love Associates. Nos dedicamos aparte de a ganar dinero en forma de divisas convertibles en aumento de tiempo de vida, calidad incluida, a arreglar asuntos entre parejas. Somos ricos, pero nos retiran antes de que esa riqueza nos convierta en inmortales porque eso ya entra en la materia oscura y la materia oscura no tiene ni leyes ni jurisprudencia ni tradición consuetudinaria. Precisamente en estos momentos iba a realizar una entrevista de trabajo a una bomba, sí como suena, una bomba, antigua y necesitada de explotar para hacer el bien. Una bomba buena. Pero yo solo cumplo mi cometido: encontrar trabajadores idóneos.

– Buenos días, adósese cómoda aquí a mi mesa de despacho, por favor. Por su currículum, veo que ha trabajado en el cine. Aquí veo El enigma se llama Juggernaut, Sed mal, Dr. Strangelove, Hiroshima Mon Amour, Blown Away, Armagedon, una de las las partes de La jungla de cristal que no recuerda el nombre y todas las de James Bond, especialmente Goldfinger y el final de Los días contados…Excelente, y por cada premio que ha conseguido se le ha sido añadido un cable de color a su estructura. Tiene un montón. Tiene usted muchísimos cables para que le sean cortados. Le falta algún color, entre otros el rosa palo, el verde liquen, el morado impenitente, el zafiro afilado, el añil inservible, el sepia multiusos y el negro oscuro. Pero en todo caso, enhorabuena. ¿Le gustaría empezar ya?

– ¡……!

– Ah, claro las bombas no hablan, actúan, pero usted es una bomba inteligente y buena y sabe comunicarse aunque sea por signos. Según veo, usted siempre ha sido desactivada. Instinto de supervivencia. Y además quiere hacer feliz a la gente.

– …..

– Ya. Usted ha explotado en varias películas, no en todas, porque tenía dobles especialistas, pero nunca en la vida real. ¿Me equivoco?

– ..

– …y quiere sentir y vivir ahora la experiencia de esa incertidumbre, ¿piensa usted igual que yo?

– =

-Tiene usted suerte. Su primer trabajo va a ser muy importante y todo un reto para un…un… un…

– *********

-… eso, un artefacto como usted. Su primer trabajo es solucionar una crisis conyugal entre dos verdaderos artificieros profesionales. El Sr. Big Bang y la Sra. Boom Boom. Tienen turnos distintos pero en esta misión coincidirán. Intente resolver sus problemas, escuche y calle si es necesario, o sea siempre, que a usted no le resultará difícil. En situaciones límite como esta, o se estropean las cosas para siempre o se arreglan con sexo explícito final incluido. Mañana a las 12:OO P.M. de ese día concreto d. C., usted se adecuará en el escenario y se adosará y se aferrará a la cornisa de la azotea del edificio del acuario municipal de la ciudad costera Poseidón del río. Dicha azotea está a 75 metros de altitud con lo que hay magníficas vistas a la bahía y a la desembocadura. Todo muy romántico. Yo lo veré por la pantalla gigante LED Premium que tengo en mi casa para los grandes eventos. Buena suerte.

12:00 P. M. de este día concreto d. C. Brisa esponjosa marinera. Las algas posidonia mecen su inquietud en el fondo. Los acuarios empiezan a iluminarse. Es hora del despertar. Él y ella irrumpen en la escena. Big-Bang, Boom Boom.

-Teníamos que subir por las escaleras, ¿no? Tú siempre el macho alfa y yo la hembra sumisa.

– Sabes que tengo claustrofobia al ascensor.

-Un artificiero con claustrofobia, bien. Lo que tiene que aguantar una. Menos mal que tenemos cambiados los turnos.

-Pero yo tengo el turno de noche. Para que descanses.

-Y yo el de día que es el peor. Por la noche el peligro destella y se localiza pero por el día ese peligro se camufla entre animales, personas y cosas. No brilla. Todo es peligro porque todo se ve y no se ve. Lo visible y lo invisible.

-***-***, ***- ***, ***- ***…

– He oído un tic- tac, tic-tac, tic-tac… allí en la cornisa.

-Mira el listo del turno de noche. Será una bomba de relojería.

– Aunque antiguas, las de relojería son más destructivas potencialmente pues su implacable tic-tac no descuenta nuestro tiempo perdido.

-Bueno, centrémonos. Tráela aquí para examinarla que las bombas de relojería no estallan aunque las muevas.

-Eso lo dirás tú, pero el que tiene que traerla soy yo.

-Pues claro macho alfa. Y tranquilo que no te he dicho que te la adoses en el pecho.

-Bueno venga… Aquí está. Volvámonos a centrar.

-¿Lleva metralla?

– Sí. Lleva teclas negras de pianos desafinados, cuerdas inflamables de violonchelos de Béla Bartók, púas de solos de guitarras de Frank Zappa, parches ensangrentados de tambores de la rompida de la hora de Calanda, sordinas de trompetas para amortiguar el estruendo y pétalos, pistilos y estambres de narcisos, orquídeas y flores de la pasión para ungir y perfumar las heridas.

-Entonces, ¿qué es, una bomba de relojería, musical, floral o una bomba trampa?

-No sé. La llamaremos Mr. Miedo.

-Miedo es el que tengo cuando te vas por la noche y no sé si será tu postrer noche.

-¿Yo soy el postre?

-Tú siempre con tus chistes malos en situaciones límite pero me haces sentir Boom Boom.

-Y tú me haces sentir Big-Bang.

-&&&&&&&

-Mira hemos hecho llorar a la bomba Mr. Miedo.

-Que no se mojen los cables con las lágrimas. Entonces sí que estalla.

-Mira, Boom Boom, ¿por qué no hacemos un trío con Mr. Miedo. Cortemos todos los cables y sintamos el vértigo de la expansión en un solo cosmos.

-Hecho. ¿Corto los cables?

-¿Expansión?

-Expansión.

Boom Boom, Big Bang y Mr. Miedo. El triángulo detonado. El universo se expande hasta ocuparlo todo. Lo visible y lo invisible. Los agujeros negros rellenados.

Novedad. CADA TARDE A LAS CINCO de Andrés Guilló Javaloyes

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Colección Frutos Secos de Narrativa núm 21

ISBN: 978-84-88170-90-3

género: relato corto.

precio: 14 euros + 3 euros de gastos de envío

pedidos: frutosdeltiempo@gmail.com

envío: previo ingreso en núm de cuenta.

 

 

CADA TARDE A LAS CINCO.

Son las cinco de la tarde en este frío y triste lugar. Mientras intento calentar mis manos con una taza de té no puedo evitar evocar esta historia que ha ocupado en mí vida un sitio privilegiado. Aún hoy la recuerdo a diario de manera intensa. Fueron treinta años maravillosos, ilusionados y colmados de un amor no correspondido.

Rosa Montes, más conocida como «Dana Lois», fue muy amiga de mi madre, «de las de siempre», como solía decirse. Rosa pasó la mayor parte de su vida viajando de ciudad en ciudad, trabajando en sus espectáculos. Yo la conocía por fotos y también gracias a todo lo que mi madre contaba de ella. Me aseguraba que sí la conocía en persona, pero yo era muy pequeño y su recuerdo muy vago.

Al cumplir sesenta años, alcanzando la misma edad que mi madre, se puso en contacto con ella, comunicándole que dejaba el mundo del vodevil y volvía al pueblo a descansar y vivir su jubilación. Esta noticia llenó de entusiasmo a mi madre, que revolvió cielo y tierra para encontrar una casa para ella. Su regreso se convirtió en un gran acontecimiento para todos. Yo en aquel entonces acababa de cumplir los veinticinco.

Tras años de inseparable amistad las vidas de ambas tomaron rumbos diferentes. Mi madre encontró novio y se casó. Rosa se dedicó al «Teatro de variedades» y llegó a convertirse en una cotizada artista dentro de ese mundo. A pesar de la distancia ellas no perdieron el contacto y telefónicamente o por carta siempre supieron la una de la otra.

Mi madre coleccionaba las fotos que ella le mandaba, la mayoría firmadas y dedicadas a mis padres. También hacía acopio de revistas, recortando las noticias donde aparecía y pegándolas en un bonito álbum de terciopelo rojo. Tampoco faltaban en casa los discos que grabó con las canciones de sus espectáculos musicales. Recuerdo que los domingos por la mañana nos levantamos todos a ritmo de samba, cha cha cha y pasodoble.

El día de su llegada mi madre me pidió que la acompañara a la estación para recibir a Rosa. Yo accedí encantado, tenía mucha curiosidad por verla. Lo cierto es que en secreto siempre la admiré mucho. Cuando me quedaba solo en casa me ponía sus discos y bailaba con la seguridad de que nadie me sorprendería. Mientras sonaba la música también aprovechaba para mirar una y otra vez sus fotografías, algunas ligeras de ropa, otras llenas de coloridas plumas y otras de su rostro donde dejaba ver sus espléndidos ojos verdes.

Cuando llegamos al andén de la estación aún faltaba un poco para que su tren llegara. Le pedí a mi madre que la esperáramos tomando un café y que me contara algo más de ella, su infancia, sus primeros pasos como artista. Yo quería saber más y a mamá siempre se le iluminaba la cara cuando hablaba de ella. Ese mismo día me enteré de que mi madre también quiso dedicarse al espectáculo, pero al conocer a mi padre lo abandonó todo. Mientras me lo contaba percibí una profunda tristeza en su rostro así que decidí no seguir preguntando.

Cuando anunciaron la llegada del tren nos apresuramos hacia el andén y decidimos esperarla en el vestíbulo para no despistarnos entre tanto viajero. Cuando la vi aparecer entre la gente la reconocí inmediatamente. De ese tren no bajó Rosa, de él salió «Dana Lois», como una diosa, envuelta en pieles, con su rojo labial dando color a la estación.

Nada más reconocerse, las dos se fundieron en un largo abrazo, lloraron de felicidad y no dejaban de mirarse riendo al unísono.

Cuando mi madre nos presentó, Dana se volvió hacia mí estrechándome entre sus brazos. Me besó y me dijo palabras gratificantes, yo envuelto en nervios le devolví el beso diciéndole que era muy guapa. Esto le provocó una gran carajada. A pesar de tener la misma edad que mi madre, parecía ser mucho más joven. Jamás podré olvidar el perfume que la envolvía, un aroma que nunca después dejó de usar y que la acompañó siempre como una segunda piel.

Esa noche en casa se preparó una opípara cena en su honor. Reímos mucho y charlamos durante largo rato. Allí empecé a conocer a Rosa, y dejé apartada a «Dana Lois». Al término del banquete mi madre me pidió que la acompañara a casa, a lo que accedí con agrado. Su casa estaba a tres manzanas de la nuestra, me sentía orgulloso de poder estar a su lado. Cuando íbamos por la calle y la gente la miraba y la saludaban yo estaba con Dana y cuando estábamos solos para mí era Rosa.

Nuestra amistad fue creciendo con el tiempo. A mi madre su trabajo la tenía más ocupada que a mí. Yo terminaba mi jornada laborar a las tres, y pasaba tardes enteras con Dana yendo de compras, al cine o a algún bar. Otras las pasaba en casa con Rosa, tomando el té de las cinco, como ella tenía por costumbre, y escuchando de sus labios infinidad de historias.

Desde que apareció en nuestras vidas yo no tuve ojos para ninguna otra mujer, solo para ella. Me enamoré perdidamente, en ocasiones de la artista en otras de la mujer.

Los años se sucedían fugaces, mi madre falleció con setenta y cinco años aquejada de una gravé dolencia. Poco después mi padre la siguió sumido en una pena que no pudo superar desde su marcha.

Rosa dejó su casa y se mudó a la mía, tras recibirla en herencia. La gente murmuraba sobre nuestra posible relación. A pesar de su edad nunca perdió ni un ápice de belleza, yo la veía cada vez más guapa, ella me cuidaba como el hijo que nunca tuvo. Sin embargo, para mí era un amor imposible, un deseo inalcanzable. Soñaba cada noche con Dana, la imaginaba en su escenario bailando y cantando, y por las mañanas me deleitaba con Rosa, mi esposa imaginaria, mi amor escondido.

Falleció con noventa años, en su marcha me dejó solo y desvalido cumplidos los cincuenta y cinco.

En la actualidad tengo setenta y seis años, vivo en una residencia acompañado de mucha gente, pero me siento aislado sin su presencia. En las tertulias que mantengo con mis compañeros, les cuento historias inventadas de mi vida junto a Dana, les cuento lo que ella sufrió por mi amor, lo que padecimos ambos por no poder entregarnos el uno al otro. Sé que ella nunca me vio así, pero esta ilusión que mantengo y que me ronda a diario es lo que me permite sobrevivir y llenar el vació que siento desde que Rosa me dejó.