LA BELLEZA AMOROSA, por Francisco Gómez sobre 4º sin ascensor de Esther Abellán y Lágrimas de sombra de Mariano Sánchez Soler.

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El 10 de enero asistí a la presentación en la librería 80 mundos de Alicante de los números 5 y 6 de la colección Lunara plaquette de poesía, dirigida por Carlos Javier Cebrián, de Ediciones Frutos del Tiempo.
Los poemarios “4º Sin Ascensor” de Esther Abellán Rodes y “Lágrimas de sombra” de Mariano Sánchez Soler son de una belleza amorosa suma. El segundo el amor desde el dolor de la pérdida y el duelo y el primero la resurrección por el amor que cambia los caminos. Hasta el espacio que se habita. La ciudad, escenario de los dos textos. Desde la sombra y la luz.
La colección Lunara poesía plaquette comenzó su andadura en mayo del pasado año cuando se cerró el ciclo “La dignidad de la palabra” en el Gran Teatro de Elche con poemarios de los miembros de Frutos del Tiempo, An Yi Campello, Pedro Serrano, Manuela Maciá y Carlos Javier Cebrián. Ahora continúan con estos textos poéticos que encierran mucha verdad y sentimiento amoroso desde las orillas de la esperanza y la pérdida.
Esther me ha sorprendido. Sus poemas están atravesados de abrigo e imágenes desde la ciudad herida por los amaneceres, la luz dorada y la indiferencia.

LA CIUDAD de los buenos días
cómo si no pasara nada.

……..

No sabe que en las calles existe un secreto.
Dos locos que bailan
mientras el tráfico y la soledad
buscan supervivientes en los portales

………..

Las calles seguirán caminando,
el asfalto reclamará nuestros nombres,
sabremos que la eternidad existe
en un pequeño edificio

Arquitectos del paraíso
sobre los huesos,
supervivientes en una ciudad
demasiado fría.

¿Qué decir de Mariano Sánchez que no se haya dicho ya…?
Escritor, con especial dedicación a la novela negra. Periodista, especializado en temas de la transición y la familia Franco y poeta. Su antología “Fuera de lugar”, (1971-2000), publicado por el Gil-Albert permitió descubrirlo como el gran escritor de versos que es. “Lágrimas de sombra” surge tras “Desprendimiento”, un enorme texto elegíaco dedicado a su pareja Ana Paula, como él mismo dice en la dedicatoria, junto a sus hijas, Marina y Júlia.

Contiene poemas que me traspasan, como “Hospital”

Otro golpe brutal,
naufragio que despierta
nuestro dolor más claro.
Solo queda vivirnos
en las horas intensas
sin hablar del mañana

……….

De “En silencio”, su final

pues vivir es morir
simulando en silencio

El duelo que vive en su segunda parte, como bien describe “Aprendizaje”

Aprender a vivir
sin tu manera dulce
de decirme te quiero.
Aprender a vivir
con el alma en la piel
de la muerte constante,
con tu ausencia invencible;
después de tanto tiempo
y tanto amor en lucha
………

O la esperanza que se abre paso tras el crudo invierno en la tercera parte, como sugiere “De repente”

Tras derramar
todas las lágrimas,
sin esperar,

de golpe,

inesperadamente,
se abre paso
la vida

El editor de la Lunara poesía plaquette comentó que “publica lo que le da la gana” pero uno sospecha que sabe muy bien lo que hace y a quién publica y el aliento y la calidad poética no los pierde de vista. Anunció que en mayo habrá dos nuevos textos de dos poetas que hace tiempo no publican y a quien uno guarda mucho cariño y devoción por sus versos: Juan Lozano y Juan Ángel Castaño.
La alicantina librería 80 mundos, dirigida con nuevos bríos por Sara Trigueros, Carmen Juan, Marina Vicente y Ralph del Valle estaba llena hasta la bandera para asistir a la presentación de estos poemarios. Muchos amig@s allí. Sergio Gadea, José Luis Ferris, Antonio Zapata, David Matuska, Pedro Serrano, Milagros Maciá y muchos más en una fiesta de la poesía y las letras que no olvidaré.
Seguiremos con atención esta colección que ha empezado con fuerza y calidad.
Por cierto, el vino y los bombones, de categoría. Medio cenao a pesar del catarro salí.

Francisco Gómez

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Novedad, Una huida imposible de Toni Montesinos

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Mosaicum 5, por Juan Lozano Felices

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MOSAICUM (5)

WOTANS ABSCHIED

THEO ADAM (bajo-barítono)

Orquesta del Festspielhaus de Bayreuth – Dr. Karl Böhm

Esta semana la entrega de Mosaicum viene marcada por la actualidad. Hace apenas dos días saltaba a los teletipos la noticia del reciente fallecimiento del cantante wagneriano Theo Adam. El óbito había ocurrido el 10 de enero en su ciudad natal, Dresde, a la edad de 92 años en la residencia de ancianos donde vivía. Había debutado en la Sttatsoper de Dresde en 1949 en el papel del ermitaño en “El cazador furtivo” de Weber. Fue uno de esos cantantes, como Hans Hotter, Wolfgang Windgassen, Astrid Varnay, etc… muy vinculado al opus wagneriano y, por ende, al Festival de Bayreuth. Durante los años sesenta y hasta 1980, participó en el Festival de Bayreuth de forma casi ininterrumpida, en distintos papeles. Fue el rey Enrique en “Lohengrin” (1954,1959,1960), hizo el papel del Landgrave de Turingia en “Tannhäuser” (1954), el papel del marinero en “Tristán e Isolda” (1953); el papel de Wotan/Wanderer en la tetralogía de “El anillo del nibelungo” de 1964 a 1975;en “Los maestros cantores de Nuremberg” hizo varios papeles, destacando evidentemente el del zapatero-poeta Hans Sachs (de 1968-1970 y de 1973-1976). También en “Parsifal” cantó varios papeles, los secundarios de Titurel (1954 y 1959) y de segundo caballero de la Orden del Grial (1953, 1954 y 1960); pero también se metió en la piel del sufriente Amfortas (1965, 1972 y 1973) y en la de Gunermanz (1976-1980). Además cantó el “Winterraise” de Schubert, el papel solista de barítono en la Novena sinfonía de Beethoven, el Dr. Schön en “Lulú” de Alban Berg; el de maestro de música en “Ariadna en Naxos” de Richard Strauss y el del barón Ochs en “Der Rosenkavalier”. La historia de la fonografía ha preservado su magisterio en muchos de estos papeles y en otros como en “Cossi fan tutte” y “La flauta mágica”, de Mozart; “Fidelio” de Beethoven; “Hänsel y Gretel” de Humperdinck; varias Cantatas religiosas de J.S. Bach o el Réquiem de Mozart. Destacaremos cuatro grabaciones, tres de ellas wagnerianas: la del Holandés, en “El Holandés errante” de Wagner dirigido por Otto Klemperer; el del barón Ochs en “Der Rosenkavalier” de Richard Strauss, dirigido por Karl Böhm (toma del Festival de Salzburgo en 1969); el Hans Sanchs en la versión en estudio de Herbert von Karajan con la idiomática Staatskapelle de Dresde; y el de Wotan en “Die Walküre” (tomas de 1966-67 del Festival de Bayreuth), también bajo la dirección de Böhm. Y precisamente, escogemos un fragmento hacia el final del acto III de “Die Walküre” en esta versión, que contó con el segundo montaje de Wieland Wagner para “El Anillo” desde la reapertura del Festival, en 1951. Se trata del fragmento conocido popularmente como “Los adioses de Wotan”, en el que el atribulado dios nórdico se despide de su hija favorita, la walkyria Brunnhilde, a la que castiga por desobediente (la walkyria no ha hecho sino ejecutar la verdadera voluntad de su padre), dejándola dormida. Como curiosidad, en este episodio tomado de la mitología nórdica, encontramos el origen remoto de “La bella durmiente”. Pese a tratarse de una grabación en vivo de mediados de los sesenta, la toma que hicieron los ingenieros de D.G. en estéreo (luego se comercializó por Philips) es envidiable, clara, y expansiva y suena estupendamente, con el plus de la calidez teatral que da la toma desde el teatro en la Colina Verde. Hasta la llegada de un Anillo bayreuthiano dirigido por Hans Knappertsbusch en condiciones sonoras óptimas (las ediciones de Golden Melodram y luego en Testament), la edición discográfica de Böhm compitió durante muchos años con las de estudio de Solti con la Filarmónica de Viena y la de Karajan con la Filarmónica de Berlín. Evidentemente, Theo Adam no es Hotter ni es George London. Pero tampoco Böhm es Knappertsbusch ni Furtwängler. La voz de Adam es más ligera y no tiene la extraordinaria riqueza tímbrica ni la versatilidad de un Hotter, capaz de conmover hasta las lágrimas en esta página; pero aún así, Theo Adam fue un gran cantante-actor y conforma un Wotan de gran categoría humana. El video viene acompañado por dos imágenes en las que creo adivinar la línea maestra de Ferdinand Leeke.

Ya para terminar, me permito transcribir el análisis que hizo el maestro Ángel F. Mayo, correspondiente a esta página musical. Es extenso pero vale la pena:

El castigo va a ser terrible: la virgen quedará aquí mismo, dormida e indefensa, a merced del primer hombre que la descubra. Brünnhilde se revuelve. Su deshonra alcanzará también al dios. Tiene entonces una inspiración digna de su nobilísima sangre: rodee a la roca ardiente llamarada,«¡lama su lengua, muerdan sus dientes al cobarde que, insolente, se atreva a acercarse al amedrentador peñasco!». En la orquesta se ha oído el motivo de Loge como fuego, crepitante y abrasador, anticipando así la música de la auténtica muralla ígnea que se opondrá en vano al paso de Siegfried.

La grandeza de su hija ha vencido finalmente a Wotan. Éste arroja la lanza al suelo, levanta a Brünnhilde y la abraza. Comienzan ahora los llamados adioses de Wotan, abiertos con una suntuosa reaparición del motivo de las walkyrias: «¡Ve con bien, osada, magnífica niña! ¡Tú, de mi corazón el más sagrado orgullo! ¡Ve con bien! ¡Ve con bien! ¡Ve con bien!». La primera parte del emotivo parlamento de Wotan confirma la separación inevitable, para siempre, pero también que el padre va a conceder a la hija lo que ésta le ha pedido: «¡Debe arder ahora para ti un fuego nupcial como jamás ardió para novia alguna!». Suena el motivo de Loge igual que apareció durante la súplica de Brünnhilde, pero mucho más desafiante, ya que Wotan va a pronunciar la frase que expresa la magnitud de su drama personal, la soledad definitiva del poderoso.

Separado voluntariamente del clan de los dioses, consentidor -no hacedor, como se ve en escenografias actuales de la muerte del propio hijo, apartado de quien era la ejecutora de su voluntad, de aquélla que cabalgaba a su lado y le presentaba el hidromiel, decidido ya a no comer las manzanas de oro de Freia y, en consecuencia, a envejecer, será en lo sucesivo el Viandante, el espectador de los acontecimientos. Sólo le queda una esperanza dolorosa, pues su cumplimiento significará para él la extinción. Con voz arrogante y a la vez quebrada dice, doblando la línea del motivo de Siegfried: «¡Pues sólo uno pretenda a la novia, el más libre que yo, el dios!».

Sigue un interludio orquestal que, si el director sabe graduar el crescendo para alcanzar todavia un más allá, se convierte en la cima emotiva de La Walkyria. Consiste en la expansión del motivo de la compasión, del sentimiento altruista que ha llenado el alma de y ha vencido a las duras y rigidas leyes divinas. La cadencia descendente que sigue va sosegando el ánimo de Wotan con el motivo, no menos bello, de Brünnhilde durmiente. Ahora, en la segunda parte del parlamento, oímos sólo al padre, no al dios, con la voz casi rota por el llanto. Es el canto a los ojos, luminosos, radiantes, de la sublime criatura, los ojos que el dios cierra con el beso que duerme a su hija y a la vez la priva de la divinidad.

Otro interludio orquestal acompaña la ceremonia con la que Wotan deja a Brunnhilde tendida al pie de un gran abeto y protegida por sus armas. Los violines dibujan el estático motivo descendente del sueño mágico mientras en los violonchelos con sordina, misterioso, se oye la curva ascendente del motivo de Erda, que es la madre de Brunnhilde. El motivo de ésta, dormida ya, pasa por toda la cuerda y por la madera hasta que los violonchelos recogen el dolor de Wotan, oído en el parlamento anterior, en frases nobilísimas. El interludio concluye con repetidas figuras de Brunnhilde durmiente y la interrogación al destino, en pianissimo, en la primera trompa.(1)

Todavía queda, para dar por concluido el Drama Musical, el fragmento conocido como “El fuego mágico” en el que Wotan invoca a Loge, dios del fuego, y le ordena arder alrededor del cuerpo inánime de la walkyria. Pero nosotros lo dejamos ya aquí.

  1. Mayo, Ángel Fernando. La obra de una vida. El anillo del nibelungo. Fundación Teatro Pérez Galdós. Las Palmas de Gran Canaria, 2003.

 

Presentación Distinta Clara de Alba Ballesta por José Luis Zerón Huguet

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Presentación de Distinta Clara en la librería Códex, 27-12-2018. Foto: Antonio Ballesta.

¿QUIÉN ES CLARA DUBASENCA?

Distinta Clara, Alba Ballesta, Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla. Algaida Editores, Sevilla, 2018.

Hace tres años leí Rari Nantes, la primera novela de Alba Ballesta (Orihuela, 1991) y me sorprendió la destreza narrativa de la jovencísima autora y su talento para tratar con solvencia el conflicto unamuniano entre autor y personaje, creando un brillante juego metaliterario en el que se insertan hábilmente numerosas referencias literarias
Recientemente he leído su segunda novela y tuve el gusto de presentarla el pasado 27 de diciembre en la librería Códex de Orihuela. No ha defraudado mis expectativas.


Distinta Clara, cuyo título (y argumento) rinde homenaje a la célebre canción de Joan Baptista Humer, me parece una novela polifónica, un mecanismo especular o mise en abyme vinculado al debate metaliterario posmoderno, pero también a escritores clásicos del siglo XX como Nabocov y Borges o contemporáneos como Bolaños y Javier Cercas. Cada uno de los numerosos personajes de la novela canta su aria cargada de sentido en el desarrollo de la trama. La dinámica interior está muy calculada, pero al mismo tiempo fluye con una asombrosa madurez expresiva. El argumento parte de un hecho azaroso y se va complicando en una urdimbre misteriosa. Laia Crespo (tiene veintipocos años y es hija única) estudia un máster en la Universidad de Barcelona, adonde se ha mudado, cansada de viajes en tren desde Vilanova; sus padres no terminan de asimilar su ausencia y la presionan para que vuelva a casa. Comparte piso con otra chica y trabaja en una librería-café. Un domingo, mientras echa un vistazo a una caja de libros de adolescencia que su madre le ha apartado, redescubre un pequeño volumen de poemas con un sugestivo título: Obras Completas de Clara Dubasenca (Tomo III), dedicado por la autora a Ramón Egea, el conserje del instituto donde estudió Laia.
La inesperada reaparición del libro desencadena en la chica el recuerdo del día en que su profesora de literatura, Amalia Ros, llegó a clase con unas cajas de libros e invitó a sus alumnos a que cogieran los que quisieran. En un gesto instintivo, vuelve a guardarse el libro y, ya en Barcelona, localiza a la profesora y charla con ella. Más tarde, cuando Laia alarga la mano para situar el libro de Dubasenca en un anaquel de la cafetería donde están los que los clientes dejan o se llevan, se le cae al suelo abierto por el poema “Todo se repite”, y Laia interpreta este hecho insignificante como una señal. Precisamente necesita un tema para el trabajo de fin de máster, y en ese instante decide llevar a cabo una investigación sobre Clara Dubasenca: desea saber quién es la misteriosa poeta y dónde se encuentra el resto de su obra. Su primer contacto será la viuda de Ramón. Es entonces cuando la investigación de la joven estudiante empieza a complicarse.
Ante todo, creo que Distinta Clara es una bildundgsroman (Laia se conocerá mejor a sí misma al final, o al menos va salir reforzada siguiendo los pasos de Clara), pero también un relato metaficticio y detectivesco que comparte el hibridismo genérico de muchas novelas del siglo XXI (reflexión, periodismo, ensayo, crítica literaria, ficción, poesía). Me parece destacable la revisión del tópico del manuscrito encontrado, es decir, el libro de poemas de Clara Dubasenca (el tomo III de sus obras completas), será el verdadero motor de la obsesiva -monomaníaca- investigación de Laia, en un principio como trabajo para el fin de máster, aunque debido a la oposición de su director y de la incomprensión de Diego, compañero de estudios, desechará esta opción y emprenderá una búsqueda en solitario. Diego está enamorado de Laia. Es un muchacho aplicado y bondadoso que aporta dosis de sensatez y pragmatismo tratando infructuosamente de convencer a su amiga para que olvide a Clara Dubasenca y se centre en su trabajo fin de máster, algo así como Sancho Panza tratando de que el Quijote ponga los pies en la tierra.
La estructura de la novela, dividida en tres secciones con capítulos titulados, me parece muy eficaz. La complejidad no está reñida con la amenidad. Considero un acierto las entrevistas de Laia con los personajes que conocieron a Clara y que en su mayoría la idealizan en sus recuerdos, aunque realmente son monólogos, ya que salvo alguna interrupción puntual de Laia, que no aparece reflejada pero se intuye por el cambio de inflexión del discurso, los entrevistados hablan y hablan. Me choca que muchos de ellos le pregunten a Clara, “¿qué dices?” O se disculpen: “Perdona no te he oído”. Esto indica que ellos están ensimismados en su verborrea y en sus recuerdos y refleja asimismo la discreción de Laia.
El azar también es muy importante, fundamental diría, en la trama de esta novela; ese azar que tanto perturba a Paul Auster también es provocado por Laia, algo así como ese azar objetivo en el que creían los surrealistas. Asimismo destaca en esta novela  una visión muy madura e incisiva del mundo que nos rodea, especialmente de la realidad universitaria y de la especulación inmobiliaria que afectó a España en general y a Barcelona en particular, a través de un lenguaje eficaz y preciso, pero rico y hasta poético en el uso de algunas imágenes, símiles y asociaciones insólitas.
En Distinta clara confluyen dos mundos distintos, la época ochentera y optimista de la Movida durante la Barcelona preolímpica, representada por los personajes que frecuentaron a Clara Dubasenca y que Laia va conociendo, y la realidad pesimista de nuestro digitalizado siglo XXI en la que se mueve la joven investigadora obsesionada por la misteriosa poeta. Los personajes maduros con los que se relacionará Laia transmiten una impresión agridulce y melancólica. Muchos viven su madurez como un digno fracaso o un pudo haber sido y no fue.
Sobre todo están muy logrados los dos personajes protagonistas. Sin la verosimilitud que transmiten, la novela fracasaría. Laia es tímida, introvertida, idealista, insatisfecha, aparentemente abúlica. Clara, según los testimonios de quienes la conocieron, era decidida, valiente y descarada, pero también insegura, de ahí sus cambios de humor, sus derivas, su carácter caprichoso y su caída en la adicción. En algunos momentos me recuerda a Nadja, la vaporosa joven que tanto fascinó a Breton hasta el punto de que este la convirtió en la heroína de su novela homónima. Las dos son independientes. Laia vive en Barcelona emancipada de sus padres, que residen en Vilanova y le reprochan su distanciamiento. Comparte alquiler con una compañera, Silvia, y trabaja en una librería-café. Clara también estaba emancipada de su familia, de la que no sabía nada (ni hablaba de ella) desde mucho tiempo atrás y trabajaba en un bar, aunque vivía a salto de mata. A Laia la iremos conociendo a través de un narrador omnisciente y de las notas a pie de página que ella escribe (Confieso que estas notas al principio me chirriaron pues se entrometían en la narración en tercera persona, pero conforme avancé en la lectura me pareció un método reflexivo solvente y una forma de conocer al personaje de primera mano). Mientras que todo lo que sabemos de Clara es a través de los testimonios, en su mayoría idealizados, de quienes la conocieron.
Hay momentos en que Laia se funde con Clara en un juego especular, hasta el punto de que la joven investigadora utiliza un poema escrito por ella misma para promocionar el café donde trabaja haciendo creer que es de Clara Dubasenca. En otra ocasión se enfrenta a su timidez y decide participar en un recital colectivo leyendo un poema de Dubasenca. Y lo recita con tal intensidad y sentimiento que uno de los personajes que conoció a la investigada, Baptista Galtés, se presenta ante Laia asombrado porque es como si hubiera escuchando a la propia autora del poema.
A algunos lectores les molestará la naturaleza egoísta y caprichosa de Clara, pero como yo tengo debilidad por la gente disonante o un poco a la deriva, simpatizo con este personaje. Cierto que tiene un carácter aristado, pero derrocha ternura y desamparo. También he sintonizado con el carácter escurridizo y neurótico de Laia.
Otro elemento muy importante de la trama es la presencia de M. la pequeña ciudad de provincias que así es nombrada y ocultada en la novela. A Laia le choca el nombre no nombrado por el sonoro diptongo que contiene (¿trasunto de Orihuela?). En esta localidad vivió Clara sus años de adolescente y llegó a publicar en la revista Artétrica que editaban unos jóvenes del lugar. Aunque resulta inevitable relacionar M. con Orihuela, también podría ser cualquier pueblo o ciudad de provincias.
Laia viajará a M. conducida por otro hecho azaroso: Elisa, su antigua compañera de piso, es nativa de esta ciudad levantina y ella la invita a casa de sus padres y le facilita el contacto con los editores de la revista Artétrica, Adolfo Collado y Vicente Molinero, este último un escritor mediocre que siente envidia o celos del talento de Clara Dubasenca y le molesta el interés que la poeta desconocida suscita en la joven universitaria. El viaje a M., que en un principio parece un fracaso, abrirá las puertas del desenlace y le permitirá a Laia atar los cabos que necesita para llegar al final de su investigación.
Por último, quiero hacer mención de los poemas de Alba Ballesta-Clara Dubasenca que aparecen insertados en la novela. La autora corría el riesgo de aburrir o descentrar al lector, pero el experimento le sale bien. En mi opinión, los poemas no entorpecen la lectura, al contrario, la refuerzan con una mezcla de inocencia, ironía, ludismo y oculto dramatismo. Me han traído ecos de los surrealistas de los surrealistas Prévert, Péret, Queneau, y también de los argentinos Girondo y Cortázar. Estos poemas hay que leerlos sin grandes pretensiones, solo en el contexto de ligereza y descaro en el que se movía Clara.
En suma, Distinta Clara es una novela escrita (muy bien escrita) con una intensidad atenuada, moderada. El conflicto interior de las dos protagonistas queda patente pero no de una manera aguda, bronca o disonante. Muchas novelas actuales cargan la trama de atrocidad y abyección y parece que todo lo disecciona el escalpelo del horror y el descreimiento. Hay una necesidad de mostrar continuamente un mundo desquiciado donde no es posible hacer pie. Por eso el lector agradecerá esta novela narrada con sobriedad y dosis de creatividad y humor inteligente.
A mí me enganchó desde la primera página. Deseaba llegar hasta el final para saber más de las dos protagonistas. Hasta el punto de que cuando finalicé la lectura me sentí entristecido, y no porque el final resulte fallido, ni mucho menos, sino porque el punto final significaba mi desenganche forzoso de un mundo que me había fascinado, o sea, la vuelta a la realidad, como si un prestidigitador te rapta con sus mejores trucos y vives un momento mágico que desearías se prolongara indefinidamente para seguir viviendo ese momento prodigioso tan diametralmente opuesto al miserabilismo, como denominaba el mencionado André Breton a la perversidad del pensamiento occidental que privilegia la depreciación o infravaloración de la realidad sobre su exaltación.
Así es Distinta Clara, una novela inteligente, rizomática, adictiva. Una narración que admite muchas lecturas.

Presentación de Distinta Clara en la librería Códex, 27-12-2018. Foto: Antonio Ballesta.

José Luis Zerón Huguet

Texto de presentación de 4º sin ascensor de Esther Abellán y Lágrimas de sombra de Mariano Sánchez Soler, por Javier Cebrián

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PRESENTACIÓN de 4 º SIN ASCENSOR DE ESTHER ABELLÁN RODES Y LÁGRIMAS DE SOMBRA DE MARIANO SÁNCHEZ SOLER. Colección Lunara-plaquette, Cuadernos de poesía. Ediciones Frutos del Tiempo.

“ la delicadeza de lo mínimo”

Francisca Aguirre.

Yo, como dice Francisca Aguirre, creo en lo mínimo, en su delicadeza, y estas plaquettes son por una parte mínimas, pequeñas, y por otra delicadas, como si fueran unas delicattessen, así lo creo y así son los seis números de esta colección.

Creo bastante menos en la poesía con Mayúsculas. Creo en la emoción y en la amistad. En este mundo literario tenemos la tentación de pensar que nos rodean las reyertas, las disputas intelectuales y de estilo, la envidia, el ego, el menosprecio a los demás, a otras maneras de hacer, poniendo en duda no solo su valía sino su propia existencia, un mundo inundado de puristas o de poetas cukis como dice el otro… Pues bien yo en este mundo he conocido a mis mejores amigos, a gente maravillosa como Esther y Mariano, a grandes poetas, medianos, pequeños, malos y rematadamente malos… También he conocido a capullos irredentos y a capullos que no saben que lo son, pero puedo decir que he conocido a más gente estupenda que a cretinos.

Y creo, además, en la poesía, en la literatura, no exentas del yo, que nacen desde el adentro, en la visceralidad, en lo íntimo, pero también en el conocimiento, en la reflexión, en lo universal, creo en toda forma de poesía, si me gusta y si me llega. Creo en la poesía que entiendo, y si no la entiendo en la que me emociona, o conmueve. Creo en estos momentos de celebración rodeado de amigos, de libros, y por supuesto de poesía. Estos momentos que me incitan a seguir aquí, si no escribiendo sí editando, leyendo, escuchando. Me divierte elegir a las personas a las que le voy a publicar, maquetando los libros, eligiendo los colores de las cubiertas y las ilustraciones, incluso me divierte corregir las pruebas de impresión, cazar las erratas, aunque siempre se escape alguna, y disfruto tanto cuando recibo los paquetes de la imprenta con las nuevas criaturas, tanto como si fueran mis propios libros, disfruto de su descubrimiento, de su olor, de su tacto, me emociona.

Hoy presentamos dos poemarios emocionantes, que celebran la vida, ambos, de manera distinta, desde la pérdida y desde el encuentro, desde el gozo y desde el dolor, con verdad, con sentimiento, con delicadeza, sin ocultar la muerte ni sus consecuencias, que nos hablan del amor, ese artefacto que mueve el mundo…

En el caso de Esther me decidí a pedirle que publicara conmigo, porque sí, porque me dio la gana, solo hay que conocerla para deducirlo, porque enseguida hicimos amistad y supe de su amor por la poesía, de su convencimiento y además supe de su evolución constante, desde el programa de radio que comparte con otra gran amiga Begoña Rodríguez, Conectados en la noche, un milagro, una rareza emocionante, porque junto con Ángeles compartimos los cuatro unos programas maravillosos y en casa un arroz con Costra un poquito chamuscado…

Y porque este 4º sin ascensor, si somos capaces de obviar a quien va dedicado, nos lleva de la mano del amor sin ambages, con delicadeza, con pasión, con piel, con sexo, ya digo hay que abstraerse del destinatario de este amor casi desbocado… él sabrá perdonarme. Todo sin ocultar, sin soslayar las propias decepciones del paso del tiempo y de la vida, del dolor, como ella misma dice, una reflexión sobre una situación donde el amor lo inunda todo, desde la vida real, desde el pasado hacia el presente…

En cuanto a Lágrimas de sombra me decidí a publicarlo después de leer y conmoverme con Desprendimiento y saber que había poemas que se habían quedado fuera de este, porque en su momento eran quizá excesivamente duros… Y me atreví a ofrecer la publicación a nuestro ínclito y afamado escritor, con ese curriculo que podría haber llenado por sí solo esta plaquette. Dice Mariano que si la poesía sirve para algo es para decir la verdad… Un poemario que seguramente removerá el recuerdo, que escarba en el pasado, en la pérdida y que rescata los poemas más desesperados y directos que excluyó de Desprendimiento, como bien dice, poemas que son como si te clavaran un cuchillo, pero de una belleza conmovedora, y con una esperanza que se atisba, donde nos ofrece una salida, donde se vuelve a topar con ese amor que todo lo inunda.

Ya sabemos que la utilidad de la poesía reside en que no sirve absolutamente para nada… aunque sí sirve para decir verdad, o como decía Jean Cocteau, El poeta es un mentiroso que siempre dice la verdad. Jean Cocteau también dijo, como me enseñó mi querido amigo Juan León sé que la poesía es indispensable, pero no sabría decir para qué. Pues bien, sé que Mariano es indispensable, aunque no sé decir para qué. Lo que si sé, es que a partir de ya considero a Mariano como un gran amigo, siempre dispuesto a enseñarme cosas, a darme la charla, a ilustrarme con su pasión y sabiduría.

En cambio la indispensabilidad de Esther es por carta de naturaleza, per sé, si no existiera habríamos de inventarla, aunque solo fuera para que su creatividad y pasión por la poesía nos alcanzara un poquito.

En definitiva presentamos los poemarios de 2 personas a las que quiero mucho, a una más que a al otro… desde luego, por razones obvias, físicas y espirituales, la lógica belleza de la realidad, de lo obvio…

Y porque como dijo Cesare Pavese

Escribir poesía es como hacer el amor, nunca se sabrá si la propia alegría es compartida.

Y esto sirve también para la edición. En todo caso os comunico mi gran alegría, hoy, espero que esta sea totalmente compartida y si no, después tenemos vino, rosquillas y bombones…

Elche y Alicante, Librería 80 mundos, 10 de enero de 2019.

Vídeo de Juanjo Cervetto

 

JULIO CON ANTIFAZ. UNA LECTURA DE “LA BELLEZA DE LA FRUTA”, por Juan Lozano Felices

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http://www.agitadoras.com/enero%202019/juan.html

Tenía las llaves de su bosque, pero no abrían el reino de su pensamiento”. Con esta sugestiva frase da comienzo Julio Soler a “El bosque de las pawlonias”, el primer cuento y uno de mis favoritos de su nuevo libro “La belleza de la fruta”, editado en feliz conjunción por Ediciones Frutos del Tiempo y la colección Peces Solubles. Proyecto éste último que gobierna el propio Julio como si fuera una ínsula presidida por la belleza y el misterio hipnótico. Esa primera frase es la puerta o la madriguera del conejo que nos sumerge de lleno el mundo mágico y altamente adictivo de su autor.

En la colección Peces Solubles han aparecido hasta el momento “Compártame en embolsamientos de aire frío” (1998), “Bestias enamoradas” (2014) y “Pues tú me eliges el veneno” (2016). En todos ellos, como en éste, Julio ha contado con la inestimable colaboración del artista plástico Antonio Mora a quien no puedo dejar de citar de aquí, como tampoco a Paco Valverde como pilar audiovisual de sus presentaciones ni a esa extraña pareja, Juan León y Roberto Martínez, con sus performances en las sucesivas lecturas del Manifiesto de los Protectores de los Peces Solubles. También, en los últimos dos años, han ido brotando cuentos de “La belleza de la fruta” en la revista digital Agitadoras y alguno que al final ha quedado inédito. “La belleza de la fruta”, ya en su forma definitiva como libro, consta de dos partes; una con los cuentos y otra gráfica bajo el título “La belleza de la fruta ilustrada” con fotos de ilustraciones, montajes y fotogramas de películas; a manera de correlato visual de la parte literaria.

Lo he contado alguna vez, el día en que conocí a Julio Soler, él tocaba el piano. El tiempo ha ido añadiendo detalles a la escena, Julio con esmoquin, Julio con antifaz, Julio a la débil luz de las velas y golpeando con el dedo índice el borde de una copa de borgoña… A veces, el piano es de cola y otras, si afuera llueve, puede que no sea un piano sino un clavicordio. La copa de borgoña emite una vibración semejante a la prolongación de una nota pedal sobre la que Julio improvisa diversos acordes. Todo ello es auténtico y, a la vez, entra en el mundo de lo onírico. Vamos ahora con “La belleza de la fruta” y su poética.

La génesis de “La belleza de la fruta” es lejana, colindante con “El balcón de Laura” (Frutos Secos, 1987), pero han tenido que pasar más de treinta años para que el libro vea la luz. A veces, Julio nos hacía partícipes de alguno de sus cuentos, unas veces decía que eran cuentos de amor cortés y otras que pertenecían al ciclo de la belleza de la fruta. Intuyo que, al final y de forma natural, ambas categorías han terminado por fusionarse, anexionarse o fagocitarse para dar forma a este corpus narrativo, a esta delicatesen que estamos a punto de degustar. Envidio sanamente a aquellos que aún no han entrado en el mundo juliano, porque están a punto de franquear puertas que, de otro modo, continuarían cerradas o ni siquiera serían visibles. O de cruzar espejos para, al otro lado, seguir las pistas que a modo de migas de pan, Julio ha ido dejando aquí y allá: referencias musicales, cinéfilas y literarias. Si estas pistas llevan a algún lado, solo al lector le corresponde averiguarlo. Puede que, el sendero a través del bosque, conduzca a cada lector a lugares distintos o, como en “El ángel exterminador”, acabemos en una sala de la que no podamos salir. Como también he dicho alguna vez, el juego es el alcaloide en la obra de Julio Soler. Uno hará bien dejándose seducir por la plasticidad sensorial de su lírica, por el juego verbal, por el fabulador nato, por la alta imaginería de su creación poética. Porque de sinergia poética y no de otra cosa, estamos hablando aquí. Y también, claro, de amor, los cuentos de “La belleza de la fruta” son siempre cuentos de amor. Pero en Julio, es como si la herida nos doliera antes de producirse. Más allá de lo dicho, no voy a caer en el tremendo error de intentar explicar la lírica de Julio Soler, si es que tal cosa fuera posible. Como bien dice Jesús Zomeño en el texto de contraportada, “la reflexión y el romance están en lo que no se explica, porque él sólo modela los bultos que hay tras la cortina”. Además, intentar revelar lo que está oculto llevaría a quebrantar el artículo 15 del Manifiesto de los Protectores de los Peces Solubles, que dice: “Nunca preguntarse ¿Qué significa esto? ¿Qué ha querido decir con esto?”.

He hablado de un territorio mágico donde Julio toca el piano. En otra versión, el antifaz de Julio no tiene huecos para los ojos. Es un antifaz para dormir y Julio hace vibrar a ciegas la copa de borgoña. Me pregunto si será el mismo antifaz que utiliza para escribir.