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Perplejidades y certezas de José Luis Zerón por Ada Soriano

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El escritor José Luis Zerón presentó en Orihuela su último libro de poemas

https://www.mundiario.com/articulo/cultura/jose-luis-zeron-presento-orihuela-ultimo-libro/20180114100227111461.html

En este libro, el autor maneja instrumentos de la poesía y de la filosofía, del mundo de las ideas y del mundo de los sentidos.

El pasado día 11 de enero tuvo lugar en la librería Códex de Orihuela, en la provincia de Alicante, la presentación del poemario de José Luis Zerón Huguet, Perplejidades y Certezas (Editorial ARS POETICA, Colección Carpe Diem) a cargo de la poeta María Engracia Sigüenza Pacheco.

El acto gozó de una cálida acogida. Artistas, familiares y amigos se dieron cita en esta atractiva librería, regentada por Vicente Pina, que cuenta ya con una larga lista de presentaciones de libros tanto de autores locales como de otras ciudades españolas.

Dicho acto se inició con la lectura de un texto escrito por María Engracia Sigüenza; un texto entrañable y muy reflexivo, en el que demostró su admiración hacia Zerón: “La perplejidad, el asombro y el amor a la vida empujan al autor a meditar, a indagar, con la llama de la poesía, en las eternas cuestiones del vivir, en el mensaje universal de la naturaleza que, como ser vivo, se funde con el ser humano, y en el tiempo y el espacio cósmico donde se inserta todo lo que vive”.

José Luis Zerón, por su parte, declaró que quedó emocionado. De hecho, manifestó su reciprocidad con María Engracia, resaltando las afinidades entre ellos.

Asimismo, agradeció la publicación de su nuevo libro a Ignacio Méndez-Trelles Diaz, editor de ARS POETICA, y a Ilia Galán, director de la misma.

Afirmó que Perplejidades y Certezas no es su último poemario, y que pudo haber sido publicado por una editorial efímera. Aunque el libro no está dividido en secciones, el autor considera que hay tres bloques temáticos fundamentales. El primero sería la presencia constante de la naturaleza como elemento de renovación donde nada dura, pero todo se perpetúa. El segundo, todo lo relacionado con la realidad misma que, para bien o para mal, afecta al autor, y allí encontraríamos, desde la plenitud ya la celebración del nacimiento de su segundo hijo hasta los aspectos más sombríos del mundo contemporáneo y la presencia constante de la propia muerte. Y finalmente, un tercero, que constituiría una reflexión sobre el hecho creador.

A pesar de que el libro no nació con una voluntad unitaria, y tiene una apariencia híbrida (reúne poemas en prosa, aforismos, monósticos, e incluso las notas al final del libro están escritas con una intención creativa), el autor señaló que se puede leer como un libro unitario y no como una selección de piezas líricas.

El acto se cerró con la proyección de un vídeo a cargo del Grupo de Poesía Escénica y Audiovisual AURALARIA, elaborado por Álvaro Giménez y dirigido por Luisa Pastor, en el que se apreciaron imágenes del pintor Pepe Aledo, y en el que se escucharon, a través de la singular voz de Luisa Pastor, los versos que componen el poema La Muralla, uno de los más representativos del libro de José Luis Zerón.

Un caluroso aplauso por parte de los asistentes puso la nota final a un encuentro que resultó verdaderamente hermoso.

Ada Soriano

Ada Soriano

Poeta y escritora. Nacida en Orihuela el 30 de diciembre de 1963. Codirectora de la revista de creación literaria Empireuma y colaboradora de la revista socio-cultural La Lucerna. Es autora de dos plaquetas y cinco libros de poesía. Colabora en MUNDIARIO.
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33 Poemas, La Música de la Memoria, de María Antonia Ortega. Por Ada Soriano.

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“Un poeta debe cuidar, como el jardinero, de sus poemas, pero también de sus lectores”

Llega a mis manos, como un pequeño tesoro, 33 Poemas, La Música de la Memoria, de María Antonia Ortega.
Se trata de una exquisita selección de poemas realizada por la propia autora, una poeta elegante y extraordinariamente auténtica que, con un estilo original y transgresor y un lenguaje magnético, logra atrapar al lector de principio a fin.
Y estos 33 Poemas, esta Música tan íntimamente personal, han sido editados recientemente por ARS POETICA en su preciosa colección BEATUS ILLE. Concebidos por la autora como un libro de libros, nos ofrece además tres poemas hasta ahora inéditos. Feliz aquel, pues, quien se aventure a indagar en estas páginas.

María Antonia Ortega Hernández-Agero nació en Madrid, ciudad en la que reside. Especializada en Derecho civil y penal, opina que es perfectamente compatible su profesión con la poesía puesto que, como ella misma declaró, y con argumentos muy sólidos: “La poesía es para mí como un refugio romántico”.
En poesía ha publicado, entre otros libros: Épica de la soledad, La viña de oro, Descenso al cielo, El espía de Dios, La pobreza dorada, Digresiones y rarezas, Junio López y El emparrado, y en prosa, La vida intranquila y El cuaderno de Liverpool. También son muy destacables sus libros en prosa como La vida intranquila (Ed. Huerga y Fierro, 2016) y El cuaderno de Liverpool, (Ed. Polibea, 2016, con excelente prólogo de José Cereijo).

Buena parte de su obra ha sido incluida en numerosas antologías y ha sido traducida a diversas lenguas. A lo largo de su trayectoria ha participado en congresos internacionales de poesía. También ha ejercido la crítica y el ensayo en Cuadernos del Sur- Diario Córdoba.

-María Antonia, ¿qué ha supuesto para ti la publicación de 33 Poemas, este libro de libros?

Suelo referirme a que sostienen y apoyan mi obra, con la atención que le prestan, la fidelidad de un grupo de lectores y la generosidad de mis editores que siempre se han hecho cargo, en todos los sentidos, de la publicación de mis libros, incluyendo diseño, gastos materiales y distribución, además de su apoyo emocional y psicológico.
Ha sido, en atención a ellos, que he querido preparar un nuevo itinerario y una guía de lectura, seleccionando poemas incluidos en los libros ya publicados y otros inéditos, sin respetar el orden cronológico, pero atendiendo al deseo de ser leída, a ser posible, con intensidad.
Todos los futuros libros en los que, como en éste, se reúnan poemas de los distintos libros, es decir todos los libros de libros, tendrán como subtítulo el de La Música de la Memoria, ya que constituye para mí una definición de la poesía.
Aunque ya disponía de un nuevo libro de poemas, en el momento de publicar 33 Poemas, preferí dar preferencia a reunir y dar antes al lector estos textos, pues el presente de un poeta debe referirse siempre a la totalidad de su obra, y no sólo a los poemas nuevos, y habrá de facilitar siempre a sus lectores leales la lectura de su obra.
Un poeta debe cuidar, como el jardinero, de sus poemas, pero también de sus lectores.
Mantengo la convicción de que la bondad en el hombre actual deberá manifestarse a través de su capacidad de respetar el tiempo de los demás; y el poeta habrá de caracterizarse por facilitar la relación del hombre con el tiempo, garantizando su fluidez, continuidad e intensidad, evitando hacérselo perder, que no es lo mismo que derrochar.

-¿Por qué 33?

Tenía el deseo de poner a alguno de mis libros un número como título; pues ya expresé en El Espía de Dios que busco la palabra exacta, que haga del poema un arte exacto, que convierta a la palabra en número insustituible.
El número 33 es símbolo del amor universal.
Sostengo que el amor del poeta, más que pasional, habrá de ser redentor, el que permite ponerse en el lugar de los demás con todas las consecuencias que ello implica.
En este mismo sentido recuerdo el personaje de Félix, de la novela, o prosa magnífica, de Las Cerezas del Cementerio, de Gabriel Miró, el cual advierte a la mujer de Giner que no la ama por su belleza sino por su desventura.

-¿En qué está basado su diseño, al que tan ingeniosamente denominas Arquitectura de Jardín?

En los siglos pasados ha habido muy buenos arquitectos de jardines, algunos de ellos extranjeros, italianos, franceses.
Dotaban todavía de más fantasía a la naturaleza.
Ahora, algunos de sus jardines, que conozco, dan la impresión de encontrarse abandonados, y sus caminos están cubriéndose de hierba. También puede haber en ellos, como en el caso de otras arquitecturas, muy bellas ruinas.
Concibo la poesía viva. Y hago esta precisión porque observo que algunas composiciones poéticas, en la actualidad, dan la impresión de constituir un ejercicio de disección, o trabajo de taxidermista, que exigen en ambos casos la muerte del cuerpo con el que se trabaja, el cual deberá ser convertido en cadáver previamente.
Según mi opinión, la innovación nace de la tensión entre lo antiguo, la tradición, y lo nuevo.
Por eso mantengo mi fe en un arte de raíz, como la naturaleza, que crece desde la antigüedad viva, a la que una filósofa reciente francesa equipara con el subconsciente de Europa, con motivo del análisis de la obra de Fortuny.

-Dios está muy presente en tu obra, y también hallo cierta inclinación hacia lo crepuscular.

Hay un crepúsculo de la mañana y otro antes de la noche, ya que el crepúsculo significa tanto la claridad desde que raya el día hasta que sale el sol, y desde que se pone éste hasta que llega la noche.
La claridad está más cerca que la luz de la transparencia. Y Dios no es invisible sino transparente.
Según la antropología del lenguaje, el del ser humano se caracteriza esencialmente porque dispone de capacidad de desplazamiento, es decir que puede referirse a cosas con las que el hablante no tiene contacto inmediato.
Y Dios es la palabra más desplazada de todas.
El problema pertenece a la filosofía, y el misterio a la religión. Y Dios es el mismo misterio inherente al hombre. Y es inconcebible la existencia de un ser humano privado de esta dimensión.
De Dios nos han dado noticia, no sólo los sacerdotes y religiosos, sino también los místicos, los pintores y escultores, los músicos y los poetas; y me han acercado a su misterio Shakespeare, Mauriac, Bernanos, Simone Weil…, y en los últimos días Gabriel Miró y Azorín. Los que le encontraron, y los que le buscaron aunque no lo encontrasen. (Con Dios practico un “leísmo” permitido).

-En tu poesía no hay tristeza por la pérdida, pero si celebración del pasado. ¿Estás de acuerdo?

Sí. Somos lo que hemos sido. El pasado es tiempo convertido en espacio, gozando y disponiendo de la ubicuidad de éste, y abandonando su fugacidad. En el pasado, todo lo que ha sido sigue pasando al mismo tiempo, como en el espacio, en donde hay un lugar para cada cosa, un sitio que puede ser para siempre. El pasado es como la pintura de El Bosco, en donde están representadas al mismo tiempo distintas secuencias del tiempo.
Pero el pasado tiene que estar vivo. Eso es la memoria.
Por otra parte, acabo de oír un proverbio africano que dice: “No te preocupes por los pasos que des sino por las huellas que dejas”. La poesía es una pintura de huellas.

-Sorge es un poema soberbio. Le precede una cita de Gustave Flaubert extraída de La Tentación de San Antonio. ¿Por qué esta cita?

Porque en ella se destaca la piedad.
Sorge es palabra alemana que significa preocupación, inquietud, responsabilidad, alerta por el otro.
Ya escribí, dentro de mi libro titulado DIGRESIONES Y RAREZAS, Postales, Recuerdos, Souvenirs: Un día preferí la piedad, como granado fruto que ardía en mi pecho, y resplandecía alta como una llama, pues es más perfecta que el amor. Con la piedad, aceptamos a los demás como son. Se trata de la realidad iluminando el amor, más bella aún que la luz de un sueño.
En Sorge, sigo desarrollando, levantando su velo, el tema de la piedad; y albergo la sospecha de que la vida carece de ella; y la increpo: Qué tienes, vida, contra el tiempo que pasa, si es el que te da poetas, filósofos, músicos.
Y desearía además que coincidiesen belleza y piedad.

-Has demostrado poseer una excelente capacidad para la crítica, como bien se puede apreciar en tu libro El Cuaderno de Liverpool, en el que hay espacio para el humor.

El humor y la cautela, o prudencia, son ambos consecuencia de la racionalidad, y un modo de ganar en perspectiva, y al poder observar las cosas desde un cierto distanciamiento, poder comparar unas cosas con otras. Todo se puede comparar; si no fuese así, no habría sabiduría, ni sentido del humor, ni lenguaje. ¿Quién ha dicho que hay cosas incomparables?
Más que hacer crítica, lo que he hecho es prestar mucha atención a la obra de muchos autores cuya confianza han depositado en mí, invitándome a que presentase sus libros, o a que los prologase. Y algunas de estas introducciones a las obras de los demás, más no todas, se encuentran recogidas en El Cuaderno de Liverpool, un volumen editado por Polibea, en donde se publicaron por vez primera, reunidos dentro de un libro, algunos textos en prosa de los que soy autora, y que hasta tal momento habían venido apareciendo en publicaciones periódicas, tratándose de “notas de andar y ver” en sentido orteguiano, pequeños ensayos, relatos breves y comentarios sobre libros; y que son aquellos que se editaron, durante un espacio de tiempo que abarcó cerca de un lustro, en el Blog de la Escuela de Letras, después Magaz de Letras; y también los que formaron parte de otra entrega, la que tuvo lugar con motivo de mi participación en unas jornadas que se celebraron en la Universidad de Liverpool, en donde fui invitada para impartir una clase, un seminario, y dar un recital de mis poemas.

-Ahora que se cumplen 25 años del nacimiento del denominado Grupo de la Diferencia, puesto que fuiste considerada la musa de ese movimiento, ¿qué crees que ha aportado a la poesía actual?

La Diferencia fue una acción, en virtud de la cual un grupo de autores, de muy diversas edades y trayectorias, quisieron dar testimonio en favor de unos valores literarios en los que creían, y siguen creyendo. Pero no formaban parte de ninguna escuela, ni sus obras tenían, por lo general, rasgos comunes.
Se trataba de defender el mérito de la originalidad, y de las tradiciones literarias; y de no descartar la genialidad, sino de seguir manteniendo la fe en ella, como sucede en Francia; y de rechazar las obras literarias hechas con plantilla, ajustadas a tendencias dominantes y políticas literarias, impuestas por lo común por las técnicas de mercado y por la metapolítica.
Lo que hace 25 años era una profecía se ha convertido en una realidad.
Los lanzamientos y auto-promociones, las estrategias de marketing, los oportunismos, se han puesto en evidencia de tal modo que ya ni siquiera hace falta denunciarlos.
El movimiento de la Diferencia fue realmente hermoso. Nuestros encuentros se orquestaron, en muchas ocasiones, en las capitales y ciudades andaluzas, y en el entorno de suplementos literarios y publicaciones locales y regionales, con la trascendencia que alcanza siempre la periferia, con su “fuga mundi”, y su capacidad de fascinación.
Guardo, conservo, los mejores recuerdos. Sí, fue una acción; y, como dijo Tristan Tzara, “poesía es acción”.

-Me reconforta que los poetas, como es tu caso, hablen de lectores y no de público, ahora que cada vez se tiende a asociar más la poesía con espectáculo. ¿No te parece?

Para mí, el máximo reconocimiento que puedo recibir es el de ser leída. Y lo digo porque parece que hoy se da mucha importancia, más que al libro, a lo que se escribe sobre el libro, y a su promoción.
La lectura concentrada, en estado de concentración, que es estado de gracias, en estado físico y espiritual, es la literatura en vena que no puede ser sustituida de ningún otro modo.
Si me dieran a escoger un regalo para hacer a la humanidad, después de haber vivido mucho y acumulado experiencia, yo elegiría un consejo, dar un consejo; y éste consistiría, sin duda alguna, en una invitación a la lectura.
Es cierto que el recital alcanza un puesto preeminente en la poesía, ya que además el origen de ésta es anterior al de la escritura, pues era, y es, el arte de la memoria; en Grecia, el de la memoria de los Dioses.
Los ingleses llaman a recitar de memoria recitar “by heart”, con el corazón. Y es verdad que a veces un recital puede alcanzar gran fuerza expansiva, como una trompeta capaz de derribar murallas; o gran capacidad de recogimiento, como el de quien se concentra escuchando el chorro de una fuente, o la cadencia de las olas; pero ya nada puede sustituir a la verdad y profundidad de la lectura.

En Madrid, a 6 de enero de 2018.

Guerra y pan nuevo libro de Jesús Zomeño. Por Ada Soriano y José Luis Zerón.

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Anto Soriano

Mis relatos no son bélicos, la guerra es casi una metáfora del sufrimiento y de la naturaleza humana”

El pasado jueves 23 de noviembre se llevó a cabo en la librería Códex de Orihuela la presentación del nuevo libro de Jesús Zomeño, Guerra y pan, editado por la editorial valenciana Contrabando. El acto consistió en un coloquio entre el autor y los poetas oriolanos Ada Soriano y José Luis Zerón Huguet

Jesús Zomeño (Alcaraz, 1964) reside en Elche. Es autor de los siguientes libros de relatos: Lengua azul (Editorial Sloper, 2008), Cerillas mojadas (Editorial Denes 2012), Piedras negras (Editorial Lengua de Trapo, 2014), De este pan y de esta guerra (Ediciones Contrabando, 2016), Querido miedo (Editorial Sloper, 2016). También los siguientes libros de poesía: Del eterno regreso (Malvarrosa, 1989), Diario marroquí (Lunara, 1991), Segundo viaje a Marruecos (La línea de Sombra, 1992), Diario de los nómadas (Ediciones de Nunca Acabar, 1995), El otoño de Montparnasse (Diarios de Helena, 1995) 34 poemas (Diario de Elena, 2001) y Lectura de Estaciones (El árbol Espiral/ LF Estaciones, 2003) Editó la colección de poesía Diarios de Helena. Su libro De este pan y de esta guerra fue galardonado con el Premio de la Crítica Valenciana 2017.

Ada Soriano. ¿Por qué no incluiste los cuentos que conforman Guerra y pan en tu anterior libro De este pan y de esta guerra?

Porque no estaban escritos, todos son relatos nuevos. Miracoloso y yo estábamos ya trabajando en nuevas historias ilustradas y la concesión del Premio de la Crítica Valenciana nos dio la oportunidad de publicarlas. En un principio iban a ser tres o cuatro historias en un folleto conmemorativo del premio, pero la complicidad desplegó una intensidad que hizo posible que completáramos nueve relatos y siete ilustraciones en poco más de dos meses. Eso fue lo que hizo posible este libro, la compenetración y el entusiasmo compartido.

José Luis Zerón. Este año se cumplen 30 años de la aparición de tu primer libro, un conjunto de cuentos, reunidos bajo el título Cuestión de estética. Sin embargo, los años posteriores publicas varios libros de poesía caracterizados por un marcado esteticismo. Pasados los años abandonas la poesía, o esta pasa a un segundo plano, y regresas al relato con estilo y temática completamente diferentes respecto de tu obra anterior. En tus cuentos, dedicados a la I Guerra Mundial no hay precisamente un brillo esteticista, sino un estilo desolado que entronca con el expresionismo o la llamada estética de lo feo de Karl Rosencranz, de la que tanto se ha hablado este siglo. Pese a todo, tus cuentos no están exentos de un lirismo de fondo un tanto espectral, ¿no crees?

Los relatos están a mitad de camino entre la prosa y la lírica. Hace muchos años dejé de escribir poesía, pero aquel poeta siguió escribiendo, aunque fuese prosa. Ahora el objetivo de mis relatos –antes de mi poesía-, es transmitir sensaciones e ideas. Juego bastante con el estilo narrativo, porque mis personajes no son cabezas que cuentan cosas, sino que intento situar al lector en la posición del personaje. Es decir, no quiero que el lector escuche, me gustaría que el lector sienta lo mismo que el personaje y para eso nada mejor que los recursos líricos.

Juan Carlos Lozano

AS. Dices en la introducción de tu nuevo libro que “no tiene sentido seguir ahondando en historias de la Gran guerra, literalmente es un suicidio, me limita el desarrollo de nuevos libros y me encasilla como escritor excéntrico y marginal; si tuviera un agente literario me resolvería el contrato”. ¿Temes haber quedado atrapado en esta guerra de la que tanto se ha hablado en los últimos años?

La Primera Guerra Mundial es solo el escenario donde se analiza la naturaleza humana. Esa guerra es como Nueva York para Paul Auster o Macondo para García Márquez. El protagonista no es la guerra, sino una referencia que ata a los personajes, el espejo donde se refleja lo bueno y lo malo. Cada vez me preocupa menos repetir el escenario. Según avanzas en la lectura, comprendes que la guerra no tiene importancia en la trama del relato.

AS. ¿Qué te supuso ganar el Premio de la Crítica Valenciana? ¿Ha cambiado algo tu trayectoria literaria?

Los premios emocionan y, sobre todo, te motivan para seguir. En este caso, en concreto, me motivó para escribir algunos cuentos nuevos, reunirlos con algunos anteriores y presentar este breve libro, Guerra y Pan, a modo de celebración, como he dicho.

JLZ. Nos resulta chocante la atención continua que prestas a los detalles en tus relatos. Detalles aparentemente irrelevantes, pero que tienen su importancia, ya que arman la trama y urden el tejido textual. Dos ejemplos de la importancia del detalle los encontramos en los relatos “Botones” y “Moneda francesa”.

Son un ejemplo de que estos relatos no tratan de la guerra. Los detalles son la máxima reivindicación del ser humano, mis personajes no se dejan arrastrar por los nacionalismos ni por las grandes doctrinas. El botón de la hermana de un amigo le cambia la vida al protagonista de mi relato. Con ese botón sobrevivirá, atravesará la postguerra, el nazismo y la guerra fría, se convertirá en héroe del nazismo, protegerá a judíos y terminará prisionero de los aliados, pero él seguirá siempre aferrado a ese botón, solo a eso y, a pesar de todo, con optimismo.

JLZ. Dijo Juan Carlos Lozano en la presentación de tu libro en Valencia que de los nueve relatos que conforman el volumen, “Máscara” es su preferido. Coincidimos con él y añadimos otro que, además, creemos es uno de los mejores relatos que has escrito. Nos referimos a “Una noche en el cementerio Monumental (Milán,1916)”.

El relato del Cementerio Monumental de Milán debería leerse de dos formas: Primero, solo el diálogo del recluta a punto de marcharse a la guerra y después, en una segunda lectura, intercalando las intervenciones del compañero de viaje. La primera lectura es la de un relato profundo y trágico, la segunda lectura presenta un relato irónico. Como le dice el embalsamador: “La felicidad tiene un truco y siendo usted italiano debiera conocerlo. Lo que tiene que hacer, muchacho, es pensar siempre en dos cosas a la vez “. Eso mismo es lo que ha estado haciendo el embalsamador, cortarle constantemente el flujo de la conversación al recluta. Háblame de una cosa triste y te cambio el tema. Irónicamente, es un truco para distraer y superar los traumas, por eso acaba con ese ofrecimiento: “¿Se lo demuestro?”, no hace falta, ya ha estado haciéndolo desde el principio.

AS. Los relatos de Guerra y pan están ambientados en las trincheras, pero también reflejan la postguerra y el rastro de desolación que dejó el conflicto en toda Europa, cuyo mapa político se alteró completamente.

Si, la trinchera es un escenario estéticamente increíble, pero también lo es aquella Europa de postguerra. Es otro gran escenario que siempre me ha atraído, precisamente mi libro Lengua Azul tiene como referente esa época de entreguerras. Una época, la de entreguerras, totalmente descreída, decadente, llena de humo azul y soldados que advertían que la tragedia estaba a punto de empezar.

JLZ. Entre la ironía casi sarcástica, la crudeza, el relato descarnado de los hechos, a veces no exento de truculencia, asoma en tus relatos sobre la Gran Guerra una mirada tierna pero resignada ante los verdugos y víctimas (que en demasiadas ocasiones vienen a ser ambas cosas) de una evidencia terrorífica imposible de soslayar.

Mis relatos no son bélicos, repito, la guerra es casi una metáfora del sufrimiento y de la naturaleza humana. Mis personajes no conquistan nada, no luchan por ningún ideal, no existe odio, ya se saben perdedores.

AS. Observamos que hay en los relatos de Guerra y Pan una voluntad mayor de crear una trama de suspense. E incluso en algunos cuentos dejas el final abierto a la interpretación del lector.

El tema de la guerra evoluciona desde el interior, procuro no repetir ambientes ni estructuras. El suspense es un juego. Los finales abiertos existen porque los relatos solo pretenden captar parte de la vida de los personajes, el escritor no les inventa una vida, solo observa lo que ve, eso es lo que pretendo. No somos perfectos y mis personajes tampoco pretenden superar la realidad.

JLZ. Otra peculiaridad de tus relatos sobre la I Guerra Mundial es, como tú bien dices, que no cuentan hazañas bélicas, aunque aparezcan en ellos escenas de combate. Digamos que se centran más en la psicología de los personajes y no precisamente en el ardor guerrero de los mismos. Un ejemplo de tu último libro es “La guerra del soldado Marcel Galliard”. En este relato, contado con un humor agridulce, un sargento francés no muy convencido él mismo de la utilidad de la guerra, intenta inculcar sin éxito a un centinela de su compañía el odio a los alemanes.

Efectivamente, en la guerra asumimos un papel pero, en el fondo, nuestro papel carece de fundamento. Para el soldado Marcel Galliard no había duda de que tenía que matar, pero el problema empieza cuando le ordenan odiar a los alemanes, no tiene ningún motivo para odiarlos. Daos cuenta que Marcel no duda de que tiene que matarlos, no protesta por ello, solo duda de que tenga además que odiarlos. El sargento tiene que convencerlo, darle motivos, pero al otro no le convencen los motivos hasta que le ajustan la guerra a su zapato. Al final, lo convencen de que son los alemanes los que no respetan el calibre de las tuberías para hacerle la vida imposible a Marcel, que es fontanero y tiene problemas precisamente con las tuberías de distinto tamaño. Un motivo ridículo para una guerra sin sentido, eso mismo piensa el sargento.

JLZ. Es característico que los personajes de tus relatos de guerra –también en Guerra y pan– sean tipos de clase obrera, no muy inteligentes ni cultivados, que se dedican a matar el tiempo en las trincheras cuando hay tregua; y sus acciones ociosas suelen ser por lo general absurdas y hasta perversas. También los hay que vagan erráticos al finalizar la contienda. Hombres todos ellos primarios, que, sin embargo, resultan tremendamente sentenciosos con sus verdades de Perogrullo o en sus descarnadas llanezas, ¿no crees?

En las trincheras se reflexionaba mucho, según las crónicas de Gaziel o de Insúa; el silencio era absoluto entre los soldados. Por eso mis personajes desarrollan mucho la mente. La guerra no los hace inteligentes, pero sí obsesivos y metódicos. Tienen una inteligencia universal, una visión reflexiva y un motivo, que el sufrimiento y la condición humana. A pesar de todo, mis personajes son optimistas, siempre lo son, incluso aquel soldado que, pasados los años, advertía a los otros que la guerra es lo peor, cuando viajaban él y los demás en un tren camino de Auschwitz. (“Aquello era un vagón de ganado. “Nada puede ser peor que la guerra”, les explicaba Robico Csorba a los otros, muchos años después, en aquel tren que les llevaba a Auschwitz” –DE ESTE PAN Y DE ESTA GUERRA).

AS. En Guerra y pan alternas la narración brutal y despojada con frases o párrafos más sofisticados creando un estilo sólido y a la vez desconcertante, donde la economía de medios expresivos es un recurso estilístico y no una carencia.

Es una cuestión de estilo. No cuento historias, procuro trasmitir sensaciones. Supongo que jamás podrían llevarse estos relatos al cine, mucho menos a una serie de televisión. En el relato “Cazando moscas” todo se trata del diálogo de un herido, cubierto de moscas, que las espanta como puede mientras piensa. Las moscas irrumpen lo que piensa, una y otra vez, al final no sabe si sigue herido o es ya un cadáver.

JLZ. Por último, es inevitable hablar del ilustrador de tus últimos libros, Miracoloso. Sus turbadoras ilustraciones nos recuerdan al Goya de las pinturas negras, a Solana, a Munch, pero también a los cuatro artistas expresionistas alemanes que forman el grupo Die Brücke (El puente) y a otros que siguieron la corriente expresionista como Emil Nolde, Georges Rouault, Oskar Kokochska, Egon Schiele y George Grosz. Pocas veces hemos visto en un libro tanta compenetración entre el autor y el ilustrador de su obra.

De hecho, como explico en el prólogo, fue Miracoloso el que me propuso seguir el proyecto después del libro De este pan y de esta guerra. Nos lo pasamos bien, muy bien, trabajando juntos y ese motivo justifica la existencia de este libro. Espero que las ilustraciones y los relatos no se acaben nunca. En la actualidad seguimos creando nuevos relatos, otra cosa será si editamos nuevos libros o no. No los estamos haciendo para publicarlos, sino solo porque los disfrutamos.

Punto de vista por Ada Soriano.

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P u n t o  d e  v i s t a

                                         Con mi afecto y mi gratitud
                                         a Javier Cebrián

 

El autobús permanece varado
en la dársena como un cachalote
extraviado en la orilla de una playa.
Espera, no cabe duda,
a que el hombre impulse su corazón,
la vieja maquinaria.
Rum, Rum.
Ya se escucha el sonido
con su rastro de humo.
Aprieto entre los dedos
el billete de ida.
Lo deslizo y le doy forma,
otras formas.
¿Debo arriesgarme?
¿Y si a mitad de trayecto
el autobús se agota
y sufre una cardiopatía isquémica?

 

Ada Soriano
Poema inédito

 

Crónica, Mujeres de Orihuela y pedanías, organizada por la Asociación Clara Campoamor de Orihuela, por Ada Soriano

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Asociación de Mujeres Clara Campoamor de Orihuela, diez años de ensalzamiento femenino

Composición J. Luis Zerón Soriano
                             Composición J. Luis Zerón Soriano

El pasado dos de marzo se inauguró en la Sala Museo San Juan de Dios, de Orihuela, en Alicante, la exposición fotográfica Mujeres de Orihuela y pedanías, organizada por la Asociación Clara Campoamor de Orihuela, que se podrá ver hasta el día diecisiete de este mes. Igualmente, quien así lo desee, podrá adquirir el catálogo de la exposición, que contiene opiniones muy interesantes de las mujeres entrevistadas.

Para mí ha sido una satisfacción el haber participado en este proyecto junto a las mujeres que menciono a continuación: Josefina Costa, Dionisia Pacheco, Mª Leonor Sánchez, María Murcia, Carolina Tarancón, Clara María Pardo, Lola Rodríguez, Estefanía Pastor, Eva Ruiz, Isabel Pastor, Mª Victoria Cayuelas, María Montero, Verónica Segura, Fina Escolano, Ana Isabel Rabasco, Asunción Hernández, Mª Ángeles Pérez, María Ortuño, Conchi Asuar, Viviana Laura Hunter, Carmen Díaz, Gertrudis Marcos, Hilda Llievano, Lola Fernández, Lola Tovar, Mª Ángeles Castro, Conchi Andreu y Ángeles Belmonte.

Las entrevistas han sido realizadas por Amparo Blaya, Anunciación Belchí como coordinadora, Mª Dolores Andreu, Concha Bernal, Mª Begoña Fernández, Pascuala Sandoval, Mª Teresa Sánchez, Marta de Ramón y Asunción Montero.

El acto de presentación se inició con una amena y entrañable conferencia, El valor de los cuidados, impartida por Juana Aznar Márquez, profesora de la Universidad Miguel Hernándezde Elche e investigadora, desde hace años, de la realidad socioeconómica y laboral de las mujeres en España.

La Concejala de Igualdad del Ayuntamiento de Orihuela, Sabina Galindo, pronunció unas palabras para ensalzar a las mujeres, tanto a las que aparecen fotografiadas como a las que se encontraban presentes en la sala, y agradeció la labor que hace la Asociación Mujeres Clara Campoamor en su incansable lucha por la igualdad.

Anunciación Belchí, que ha estado al frente de la misma, informó de que este mes se cumplen diez años de su nacimiento, añadiendo al respecto que Pascuala Sandoval, desde el pasado día 21 de febrero, ostenta el cargo de Presidenta.

“Hoy queremos fijarnos en las mujeres de nuestra tierra, independientemente de a lo que se dediquen”, dijo. Asimismo rindió homenaje a Viviana Laura Hunter, que perteneció a la Asociación y falleció en 2016 a la edad de cuarenta y cuatro años, y mencionó a las fotógrafas de Tragaluz, María Martínez Villanueva e Inmaculada Cánovas Sánchez, “por la ilusión que han puesto en este trabajo”.

Tras su intervención, Pascuala Sandoval habló con emoción del momento en que se sumó a esta empresa y aseguró que “este nuevo proyecto les ha permitido conocer mejor las pedanías y a sus mujeres… ha supuesto un nuevo impulso para nosotras”. Seguidamente, presentó a Juana Aznar subrayando que “su investigación ha estado centrada en el estudio del mundo rural” y que “es una de nuestras socias, y hemos aprendido mucho de ella”.

Juana Aznar agradeció el hecho de haber sido elegida para poner voz a una responsabilidad que es, sin duda, una realidad para todos y todas. Explicó, de forma rotunda y no exenta de ironía y sentido del humor, los inconvenientes a los que se enfrenta la mujer para acceder al mundo laboral. Añadió que las industrias agrícolas y ganaderas explotan a la mujer, obligándola a combinar las duras tareas de su trabajo con las labores domésticas, y que son ellas las que mayormente trabajan a tiempo parcial ya que, dada la situación, tienen menos opciones para trabajar a tiempo completo; además, hay una mayor presencia de mujeres en la economía sumergida. “A las personas que no cuentan con un puesto de trabajo se las considera menos valiosas porque no aportan nada”.

Afirmó que, si no se crean suficientes espacios para el cuidado de los bebés, las mujeres, al incorporarse al trabajo, se ven obligadas a pedir ayuda a sus familiares.

Acabó diciendo que el sostén de la economía son las mujeres, y que si todas las madres, abuelas, tías… hicieran una huelga, sería desastroso, ya que la estructura social se derrumbaría.

Al finalizar la emotiva y contundente conferencia, el público, que fue más que numeroso, disfrutó de la exposición.

CRUZAR EL CIELO de ADA SORIANO (por Rosario Troncoso) en La Galla Ciencia

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CRUZAR EL CIELO 

ADA SORIANO

POESÍA Y SORTILEGIO (Celesta, 2016)
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Me quedé dormida y al despertar asistí al alumbramiento.

Este poemario llega a mis manos a través de un poeta magnífico, José Manuel Ramón, cuyo poemario La Senda Honda, también tuve la oportunidad de reseñar. Y Ada Soriano, poeta de Orihuela, ha sido para mí otro descubrimiento muy grato.

Cruzar el cielo, es uno de esos libros distintos, que se recuerdan siempre, no por la calidad de sus poemas, que también, sino porque algunos son verdaderos hallazgos, como el que da nombre al libro, y otros, como De Vuelta, Viaje o Mariposas.

El latido de Sylvia Plath está presente en la forma de escribir de Ada Soriano, y convierten este puñado de bien hilados poemas, en una suerte de conjuro oportuno bien cocinado. Una poética forma de acercarse a una realidad propia, un universo personal, a través de los ojos de la poeta, a cuya poesía me he acercado precisamente por este libro, y a la que procuraré no perder de vista, para asistir a la evolución de su poética.

Construyen Cruzar el cielo, diecinueve poemas mágicos, cosidos a mano. Y aunque no suelen ser de mi agrado personal los poemas excesivamente largos, sí que me ha llamado la atención la coherencia interna, incluso la voluntad narrativa de alguno de ellos. Uno de mis favoritos, El despertar de la memoria, es una evocación onírica del recuerdo. Emocionantes y poderosas imágenes:

Y me hallé de nuevo en aquella casa 

con su escalón de siete pulgadas. (…) 

Recuerdo la vieja escalera, 

la que conducía al altillo, donde yacía 

la pizarra con una ecuación ya resuelta. 

Nosotros, vamos resolviendo ecuaciones, resolviendo la vida, avanzando, quizás, huyendo de ella. Es este el enfoque. Es posible. La búsqueda de un asidero, en la corriente del tiempo. Es justo lo que ofrece Ada Soriano. La invocación de los elementos, de las estaciones, de los ángeles, de la luz y la sombra, el amor, la locura, el miedo en la incertidumbre. Del posible refugio al desvalimiento.

La lectura de este poemario sin duda, provoca en el lector cierto desasosiego. A pesar de no ser precisamente vitalistas, irradian luz desde el interior, y esta claridad aleja a esta autora, radicalmente, de la voz de Sylvia Plath, o Anne Sexton,  aunque se rinda a las poetas suicidas un sincero homenaje en poemas como Te amo, en el que no se esconde una apasionada fascinación por la desesperación, por el anhelo de abandonar un mundo demasiado complicado. Ada, sin embargo, ofrece en sus versos fórmulas para sobrevivir, a la agorafobia, al peso de lo cotidiano, y se me antoja que a la asfixia en el mundillo literario, también.

Lo vemos en el poema Hacia la concreción:

No se ama cuando se hurga en los contenedores de la fama 

para sentir el roce del halago y el sabor de la popularidad.

Desconozco el bagaje de Ada Soriano, sus lecturas de base, pero posee un lenguaje, una voz propia, bien definida, distinguible en el ruido, en la multitud. Y siempre es de agradecer que sea posible encontrar, en una autora, precisamente lo que se busca. Lo que se espera. La imagen de vuelta como en un espejo. La empatía, solícita, que reconforta la existencia.

Cruzar el cielo, es un libro digno. Un buen poemario para degustar con tranquilidad, pues agita los mecanismos internos. Poesía bien estructurada. Formas, bien acabadas, desde el punto de vista de la técnica de una autora que sabe lo que hace y lo que escribe, y ha trazado bien el camino para llegar al momento justo, al lugar deseado. Esos recovecos del alma, donde aún, es posible sentir el calambre, el temblor de la más pura emoción.

Semana Bagatelas 2. Entrevista A Carlos Javier Cebrián por Ada Soriano

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Carlos J. Cebrián: ‘Si volviera a nacer querría ser músico. Nada me emociona más que la música’14907148_1801910206751588_6583887468890866894_n

Bagatelas, de Carlos Javier Cebrián, es un libro sereno, equilibrado, sin adornos retóricos y escrito con frescura y honradez.

Carlos Javier Cebrián nació en Salies de Béarn, Pau (Francia) en 1965. Desde 1975 reside en Elche. Además de poeta y escritor, es editor y miembro de la editorial Frutos del tiempo y presidente del blog del mismo nombre que publica esta editorial.

Es autor de seis libros de poesía, dos conjuntos de relatos en libros colectivos y, en digital, de una poesía reunida titulada Humo que se va (1984-2008). También posee una colección de artículos de opinión publicados entre 2004 y 2008 bajo el título Cosas mínimas.

Recientemente se ha publicado su libro Bagatelas, cuyo tema principal es el amor no exento de erotismo.  Asistimos a una celebración plena de la vida, donde se incluyen momentos dolorosos y no falta la crítica a las rutinas académicas de la poesía. Es un libro sereno, equilibrado, sin adornos retóricos y escrito con frescura y honradez. Bagatelas ha sido calificado como un libro fronterizo, pues sus textos se pueden leer como poemas en prosa o como narraciones breves.

He tenido el placer de hablar con Carlos y elaborar esta entrevista junto con José Luis Zerón Huguet.

 

 

— Javier, hay quienes afirman que escriben cuando se sienten felices. Otros, cuando se encuentran sumidos en el desasosiego.

— En mi caso, ni una cosa ni la otra. Escribo cuando creo que tengo algo que escribir o decir. Tampoco lo creo necesario en su absoluto, es decir, que tampoco es una necesidad. Simplemente escribo porque quiero, pues se trata de una querencia, de un placer o de una expiación de un dolor, de un recuerdo, qué sé yo.

— Tú has escrito que publicar un libro es “un ejercicio de majestuosa contradicción” y “un hecho milagroso”. ¿Qué añadirías a estas afirmaciones?

— Estas afirmaciones son de un artículo que publiqué en 2005, cuando vio la luz mi poemario Celebración del Milagro. Se  referían a la sensación empírica en la arribada de un libro recién editado. No encuentro adjetivos más apropiados: contradictorio y milagroso.

Es lo que creo. Podría haber buscado sentencias más contundentes; me refiero a la heroicidad de escribir y publicar en estos tiempos oscuros, pero eso me aburre.

— De los escritores con los que te identificas y que no has llegado a conocer personalmente, ¿con cuál de ellos preferirías mantener una conversación?

— Con tantos… Por ejemplo con Claudio Rodríguez, con Ángel González, con Herry D. Thoreau y, otra vez, con José Hierro, al que sí conocí.

— Tu libro Bagatelas, recientemente publicado por ediciones Babilonia, se consolidó en 2003. Transcurridos trece años, ¿sigues reconociéndote en su contenido?

— Absolutamente no. Se trata de soltar lastre. Pero sí que atisbo a quien lo escribió y lo vivió, que ya no soy yo, claro.

— Dicho libro está a medio camino entre el poema en prosa y el  diario. ¿Estás de acuerdo?

— Totalmente. De eso se trataba y se trata. Un diario de a bordo. De todos mis poemarios este es el que respira un aliento más clásico, más formalista, y eso precisamente, en el contexto de mi poesía, lo hace el más experimental, porque sin salirme de ese egocentrismo que me caracteriza -hay quien lo llama “autobiografismo”… doctores tiene la poesía…- en él intento una indagación de mayor hondura,  más reflexión. Pero sí, siempre a modo del relato del diario acontecer, sin duda.

— Se percibe en Bagatelas un interés por todo lo que se considera nimio o trivial. De ahí su título. También se puede hallar el misterio en lo mínimo y en la revalorización del tópico.

— Dónde si no…  permitidme ser un poco presuntuoso al autocitarme: En esa prolijidad de lo minucioso reside el enigma de nuestra vida.

— Tu poesía transmite una experiencia íntima y personal a la vez que un deseo de cambiar el mundo…

— Un deseo no… una necesidad, creo.

— En 1990 nace Frutos del Tiempo de la fusión de dos grupos literarios: Frutos secos y Ediciones inauditas. ¿Cómo surgió esta idea?

— Mejor juntos que separados si somos amigos, ¿no? Éramos dos grupos  distintos, pero todos amigos al fin  y al cabo y, aunque no nos considerábamos una generación ni compartíamos una estética común, decidimos aunar esfuerzos. Eramos jóvenes y valientes.

— No es frecuente encontrar un blog colectivo. ¿Quiénes lo formáis?

— Bueno, en realidad el blog soy yo… suena bien, así tan egocéntrico. Ahora mismo Frutos del Tiempo somos tres personas: Ángeles Campello, Pedro Serrano y yo, que administro el blog, twitter y Facebook, todo enlazado. Me parece asombroso el alcance de todo esto; nuevos tiempos para la lírica… pero el blog somos mis amigos, los colaboradores, todo aquello con relación a la literatura, el arte, el cine, la música,  que me gusta y emociona.

— En el blog hay una gran variedad cultural, y lleva a cabo una labor editorial, con bastantes libros publicados.

— Como decías antes, estamos publicando desde 1990. Ahora esa actividad es menor, pero seguimos editando libros que nos gustan o que nos parecen únicos, por no decir raros… pero estamos más centrados en la realización de eventos -como se dice ahora-culturales: ciclos de lecturas, videoperformances -como también se dice ahora- conciertos, etc.

— Como escritor posees en tu haber varios libros. ¿Cómo surgió tu vocación literaria?

— Si te digo la verdad, no me acuerdo muy bien. En mi casa no había libros. Yo quería tocar la guitarra, y hacía cancioncitas… No leí mi primer libro hasta los 17 años, creo, La Metamorfosis de Kafka, por un trabajo de Lengua y Literatura en el Instituto.

Creo que se lo debo a un incalificable profesor de Literatura que tuve en 3º de BUP, Daniel Ruiz, que me descubrió la poesía, el teatro, la narrativa, de manera ecléctica, alejada de las academias y los laboratorios y cercana a la vida, heterodoxo como él solo. Él lo consiguió, él tuvo la culpa…

Más tarde le debo mi vocación a Gerardo Irles y a Juan Ángel Castaño y a la Universidad  Popular de Elche, y, sobre todo, a las letrillas de mis canciones y a mi incapacidad  total y desafinada, para el solfeo, que me hizo abandonar el Conservatorio y a mi vagancia crónica, por supuesto.

Pero sí. Yo si volviera a nacer querría ser músico, en serio. Nada me emociona más que la música… En fin, eso ha ganado el mundo de la música y ha perdido el de la literatura.

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Ada Soriano

Ada Soriano

Poeta y escritora. Nacida en Orihuela en 1963. Codirectora de la revista de creación literaria Empireuma y colaboradora de la revista socio-cultural La Lucerna. Autora de dos plaquetas y cinco libros. El último, Cruzar el cielo, ha sido editado recientemente por la editorial Celesta. Colabora en MUNDIARIO
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