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Perplejidades y certezas de José Luis Zerón por Ada Soriano

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El escritor José Luis Zerón presentó en Orihuela su último libro de poemas

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En este libro, el autor maneja instrumentos de la poesía y de la filosofía, del mundo de las ideas y del mundo de los sentidos.

El pasado día 11 de enero tuvo lugar en la librería Códex de Orihuela, en la provincia de Alicante, la presentación del poemario de José Luis Zerón Huguet, Perplejidades y Certezas (Editorial ARS POETICA, Colección Carpe Diem) a cargo de la poeta María Engracia Sigüenza Pacheco.

El acto gozó de una cálida acogida. Artistas, familiares y amigos se dieron cita en esta atractiva librería, regentada por Vicente Pina, que cuenta ya con una larga lista de presentaciones de libros tanto de autores locales como de otras ciudades españolas.

Dicho acto se inició con la lectura de un texto escrito por María Engracia Sigüenza; un texto entrañable y muy reflexivo, en el que demostró su admiración hacia Zerón: “La perplejidad, el asombro y el amor a la vida empujan al autor a meditar, a indagar, con la llama de la poesía, en las eternas cuestiones del vivir, en el mensaje universal de la naturaleza que, como ser vivo, se funde con el ser humano, y en el tiempo y el espacio cósmico donde se inserta todo lo que vive”.

José Luis Zerón, por su parte, declaró que quedó emocionado. De hecho, manifestó su reciprocidad con María Engracia, resaltando las afinidades entre ellos.

Asimismo, agradeció la publicación de su nuevo libro a Ignacio Méndez-Trelles Diaz, editor de ARS POETICA, y a Ilia Galán, director de la misma.

Afirmó que Perplejidades y Certezas no es su último poemario, y que pudo haber sido publicado por una editorial efímera. Aunque el libro no está dividido en secciones, el autor considera que hay tres bloques temáticos fundamentales. El primero sería la presencia constante de la naturaleza como elemento de renovación donde nada dura, pero todo se perpetúa. El segundo, todo lo relacionado con la realidad misma que, para bien o para mal, afecta al autor, y allí encontraríamos, desde la plenitud ya la celebración del nacimiento de su segundo hijo hasta los aspectos más sombríos del mundo contemporáneo y la presencia constante de la propia muerte. Y finalmente, un tercero, que constituiría una reflexión sobre el hecho creador.

A pesar de que el libro no nació con una voluntad unitaria, y tiene una apariencia híbrida (reúne poemas en prosa, aforismos, monósticos, e incluso las notas al final del libro están escritas con una intención creativa), el autor señaló que se puede leer como un libro unitario y no como una selección de piezas líricas.

El acto se cerró con la proyección de un vídeo a cargo del Grupo de Poesía Escénica y Audiovisual AURALARIA, elaborado por Álvaro Giménez y dirigido por Luisa Pastor, en el que se apreciaron imágenes del pintor Pepe Aledo, y en el que se escucharon, a través de la singular voz de Luisa Pastor, los versos que componen el poema La Muralla, uno de los más representativos del libro de José Luis Zerón.

Un caluroso aplauso por parte de los asistentes puso la nota final a un encuentro que resultó verdaderamente hermoso.

Ada Soriano

Ada Soriano

Poeta y escritora. Nacida en Orihuela el 30 de diciembre de 1963. Codirectora de la revista de creación literaria Empireuma y colaboradora de la revista socio-cultural La Lucerna. Es autora de dos plaquetas y cinco libros de poesía. Colabora en MUNDIARIO.
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PRESENTACION “PERPLEJIDADES Y CERTEZAS. ARS POÉTICA, COLECCIÓN CARPE DIEM. LIBRERÍA CÓDEX, ORIHUELA 11 de enero de 2018 Por María Engracia SIGÜENZA PACHECO

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Perplejidades y certezas
El universo poético del pensamiento.

La poesía es un abrirse del ser hacia dentro y hacia fuera al mismo tiempo. Es un oír en el silencio y un ver en la obscuridad.
María Zambrano, Filosofía y poesía.
Lo propio del mundo intelectual es de estar siempre impulsado por el mundo sensible.
Paul Valéry, Cuadernos.

Cuando conocí a José Luis Zerón Huguet, hace ya algunos años, la admiración que sentía por su obra no hizo sino crecer, pues comprendí al instante que en él se aunaban dos cualidades muy difíciles de encontrar en una misma persona: la excelencia literaria y la humana.
Porque si resulta admirable hallar una obra brillante, honda, dueña de un universo propio y de una ética insobornable, no lo es menos descubrir tras ella a una persona humilde, generosa y empática, poseedora de una extraordinaria sensibilidad y de una gran calidad humana. Valores que siempre he considerado subversivos, y quizá ahora más que nunca.
José Luis posee una trayectoria fundamentalmente poética; la poesía es la fuente principal de la que bebe, tanto su obra como su persona, pero el océano de su creatividad se nutre de otros muchos ríos.
Su ávida curiosidad intelectual y artística, la pasión que siente por el conocimiento y el arte en todas sus manifestaciones le han hecho poseedor de una ecléctica erudición, aunque a mi juicio la luz que ilumina su talento emerge de su profundo humanismo, un humanismo que lo mantiene abierto a todo, íntimamente conectado al mundo y a los seres que le rodean y a salvo de la presunción.
Perplejidad y certeza, las dos palabras que dan título a su nuevo libro, son simiente en el corazón y rayo en la tormenta del conocimiento. De la perplejidad, del asombro ante el misterio parte la labor del poeta y del filósofo, ambos buscadores de certezas; hermanos que han permanecido distanciados a lo largo de la historia, y que a mi manera de ver se vuelven a encontrar en el texto que nos ocupa.
La perplejidad, el asombro y el amor a la vida empujan al autor a meditar, a indagar, con la llama de la poesía, en las eternas cuestiones del vivir; en el mensaje universal de la naturaleza que como ser vivo se funde con el ser humano, y en el tiempo y el espacio cósmico donde se inserta todo lo que vive. Y este fértil cavilar, este penetrar con el fuego de la palabra en el exterior y en el interior de sí mismo, lleva al poeta a transcender los límites de la poesía hasta encontrar certezas en el corazón mismo de la incertidumbre.
Nuestro autor empieza su libro con toda una declaración de intenciones en la dedicatoria general: “Para aquellos que balbucean como la espiga expuesta al solano inclemente. (…), estas palabras condenadas a los desiertos del desahucio, pero llenas de fervor”.
Y continúa con dos de los más bellos poemas de amor filial que he leído nunca, de los que extraigo solo unos versos. En Salutación aconseja a su hijo: “Ejercita el asombro, despliégate donde los demás se detienen. No seas estanque sino fuente”, Y en Vínculo a su hija: “No anides. Déjate arrastrar por el torrente y percibe el infinito”.
Así pues, ya desde el principio encontramos la fuerza arrolladora de la poesía, pero también la del pensamiento, la de la razón poética en definitiva.
Una razón poética en la que podemos escuchar ecos de otros grandes poetas, como en Espejismos de la mañana, donde leemos: “Solo las fuentes manan perpetuamente en la memoria”, y después: “Miro la jubilosa dilatación de los brotes y el ojo se adentra y se extravía en la expansión”. Y en Espesuras el autor nos dice: “El desterrado se abisma en el sexo del bosque. Allá en las colinas las cosechas. Aquí hay vértigos de naturaleza ebria.”
Versos en los que parece que resuenan aquellos de Ruben Darío: “ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto”, o estos otros: “Hay un alma en cada una de las gotas del mar”.
Descubrimos, de esta manera, canales subterráneos que unen a nuestro autor con el gran poeta nicaragüense; entre ellos su panteísmo, la visión de la naturaleza como suprema metáfora, como cuna y féretro; salvaje y dulce, enigmática como el corazón humano.
Encontramos ideas, verdad y razón en estos textos difícilmente clasificables y por supuesto metáforas, sinestesias y paradojas, imágenes brillantes, complejas e hipnóticas como estas que citamos: “El mundo se descubre donde no se encuentra”, y también: “Es tiempo de nombrar. Las palabras matan el miedo cuando afirman sin mentir”, o estas otras: “Escribir en el fuego de los contrarios las preguntas que tiemblan de impaciencia.”
El autor maneja instrumentos de la poesía y de la filosofía, del mundo de las ideas y del mundo de los sentidos.
Dialoga dialécticamente con los abismos, se entrega con ardor al misterio de la existencia cumpliendo la función del poeta, como afirma la escritora Susan Sontag en su ensayo Cuestión de énfasis: “La prosa de un poeta es la autobiografía del ardor”.
Como poeta, vaga en brazos de la inspiración, su exaltada sensibilidad lo impulsa a la vez hacia el exterior y hacia las profundidades de su propio ser, pero ese estado de delirio creador no le hace perder la lucidez, más bien al contrario, le siembra el pensamiento alumbrándole certezas.
Porque, a pesar de que la poesía es un don, algo que le viene dado al poeta, como dejó escrito María Zambrano en Poesía y Filosofía, también es un tormento que le obliga a merecer la ofrenda que recibe; le obliga a convertirse en arquitecto de poemas, en palabras del poeta Paul Valery, que en la obra Poesía y pensamiento abstracto, dice de su labor como poeta: (…) mi trabajo exigía de mí ( …) cantidad de reflexiones, de decisiones, de elecciones y de combinaciones, sin las cuales todos los dones posibles de la Musa o del Azar se mantenían como materiales preciosos en una cantera sin arquitecto”.
Y es que la inspiración, aunque esencial, nunca es suficiente, ni la inteligencia, ni el conocimiento o la capacidad de trabajo. En esta compleja y misteriosa tarea de construir poemas actúan muchas potencias, y la sensibilidad, aquella que Kant consideraba la primera fuente de conocimiento, es una de las primordiales.
Así, en su espíritu filosófico, hay en este libro, ya desde el título, una dialéctica, un reconocimiento de la razón como motor de la naturaleza humana, aunque en comunión con los sentidos, porque nuestro autor se sirve de ellos, como se sirve del mundo de los sueños o de la vigilia soberana de la ciencia. Todo le es útil, nada desdeña en su camino, en su búsqueda interior, hasta llegar a construir un universo poético original; una poesía humanista que pretende unir a todas las fuerzas creadoras de la vida y del arte, y que apela siempre a nuestra humanidad. Una unión entre palabra y pensamiento que duele a la vez que reconforta.
Hay certezas, amargas en su plenitud, como las del texto titulado En la duermevela: “He comprendido que se vive en la disposición del caos, en la enajenación de unos sentidos maravillados”; y otras, desoladoras, que conducen a la metafísica en Abisal: “El abismo es la proyección de Dios y el hombre siente devoción por el vacío”.
Y de nuevo, se puede escuchar en Perplejidades y certezas el aleteo de las palabras pronunciadas por Paul Valery en el ensayo antes citado: “Si el poeta fuera únicamente poeta, sin la menor esperanza de abstraer y de razonar, no dejaría tras de él ninguna huella poética”.
Porque el pensamiento poético que nos penetra, aquel que permanece vivo en nuestra memoria haciéndonos volver de nuevo a él, lo encontramos por ejemplo en estas palabras de Fuente sellada: “Soy centinela del lugar que abandoné”, o en las de Elogio de la llama: “Qué belleza en el funeral de la luz (….) La cremación es lenta, pero el incendio no se detiene; hay en su temblor, en su convulsión, una parte de mi júbilo y de mi sufrimiento.” Versos turbadores donde sentimos que el lenguaje rompe las ataduras del tiempo y del espacio y se hace infinito.
El libro termina con una serie de imágenes y pensamientos brillantes a modo de aforismos o poemas, de los cuales no me resisto a transcribir uno de mis favoritos: “Venid a nuestros campos luciérnagas extinguidas, alumbrad los márgenes espesos. Es la hora en que las ventanas se encienden y despuntan las tinieblas. Almas encinta de las amapolas. Estamos consagrados al recuerdo.”
Textos que en su belleza y contundencia crean un temblor musical y recuerdan las palabras de George Steiner en el prefacio de La poesía del pensamiento: (…) El argumento, aún analítico, tiene su redoble de tambor. Se hace oda. (…)
La obra de José Luis Zerón es inspiradora, capaz de abrir nuestra mente y nuestros sentidos, de removernos por dentro, como solo lo hacen los grandes de la literatura.
Y permítanme terminar uniendo las palabras de nuestro autor a las de uno de los más grandes escritores de la historia, Albert Camus.
“(…) Así, persuadido del origen plenamente humano de cuanto es humano, ciego que desea ver y sabe que la noche no tiene fin, está siempre en marcha. La roca sigue rodando. (…) La lucha por llegar a las cumbres basta para llenar un corazón de hombre. (…)”. Escribe Albert Camus en El mito de Sísifo.
“En épocas de desamparo rotura tu propia nada y siembra en los surcos hostiles palabras de afirmación. Pero es preciso sentir la convulsión de la siembra, sólo así abrirás caminos de cosechas”. Suscribe José Luis Zerón al final de Perplejidades y certezas.
Pensamientos poéticos que nos inspiran, creadores que nos ayudan en la ardua y maravillosa tarea de vivir.

Mª Engracia Sigüenza pacheco

Perplejidades y certezas, otro gran ejercicio poético de José Luis Zerón Huguet, por Javier Puig

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Para nuestra satisfacción, José Luis Zerón Huguet sigue sumando libros a su prestigiosa obra, reuniendo homogéneamente sus composiciones poéticas inéditas o antes solo publicadas en revistas. Esta vez, en este Perplejidades y certezas, editado por Ars Poética, nos regala una sucesión de piezas que presentan un carácter fragmentario que las hace distinguibles de la forma clásica del poema. Cada una de ellas alberga, de forma afín y coherente, textos que van desde la mínima frase, al modo aforístico, hasta el párrafo no muy extenso de prosa poética.
Leyendo estos textos, concebidos desde el hondo sentir de la poesía, uno se vuelve a internar en un universo muy rico, muy preciso en sus honestas inconcreciones, en un ámbito que se extiende universal a partir de los íntimos alcances del ser. Su poesía es un acto de conocimiento y a la vez un ejercicio de asunción de la complejidad de aquello que percibimos como extrañamente propio, así como un aprendizaje del vivir en la inclemencia. El poeta, absorto en el sutil receptáculo de la vida, trata de verbalizar lo innombrable y lo que predomina es la intensidad y la enjundia de sus proclamaciones, la profusión de frases esplendentes, susceptibles de ser extraídas y aisladas, como tal vez en ningún otro de sus libros.
Perplejidades y certezas es, sobre todo, y más allá de su última parte, Apuntes para una poética, una declaración de principios que se refieren al arte de la poesía pero también la espiritual marcación de una ruta, a la vez prometedora y dolorosa y siempre fértilmente temeraria. Y es la constatación de las insistencias de la vida, aquí, como casi siempre en la obra zeroniana, reflejadas en la infinita elocuencia de la naturaleza.
En los libros del poeta oriolano intuimos un ejercicio tenaz que no es forzamiento de un sello propio, ni recurrente imitación de sí mismo, sino la sucesiva variación que nace de vivir sin ambages la existencia, buscándola en sus réplicas más esenciales. Es una serena obstinación, un irrenunciable y permanente intento de traspasar los límites de lo obvio y adentrarse en las espesuras de lo inesperado. Y es que nos hallamos ante un poeta arraigado en la realidad, pero no en sus versiones más encontradizas, sino en sus recodos de infinitud, en sus oscuridades más pronunciables.
Tras la Dedicatoria General, el libro prosigue con Salutación, texto con el que el poeta da la bienvenida a su nuevo hijo, realizando lo que sería una descripción impúdica de la vida, una visión que en nada omite las dificultades que le esperan al ser, su mayoritaria condición doliente; aunque también hay recompensas: “Cuanto más ames mayor será tu sufrimiento, pero no temas: la angustia también tiene sus esplendores”. Y hay actitudes que pueden hacer que la vida sea más que una simple rémora o una batalla perdida: “Haz como tu hermana, ejercita el asombro, despliégate allí donde los demás se detienen. No seas estanque sino fuente”.
También en Vinculo, dedicado a su hija, el autor aprovecha para intentar transmitir su poética vital: “No huyas de la pasión, no hay que temer las selvas vírgenes; aléjate, en cambio, de los territorios fijos”, o: “No anides. Déjate arrastrar por el torrente y percibir el infinito”.
En las siguientes piezas, tanto en Preliminar como en Propósitos, hay una resolución de frases cortas que bien podrían llamarse aforismos: “Es tiempo de caída: celebremos las pudriciones”, “vivir es buscar un lugar: hallarlo ya es morir”, “escribir en el fuego de los contrarios las preguntas que tiemblan de impaciencia”.
En La del Alba, como en todo el libro, Zerón se prodiga en esa sucesión de textos de distinta brevedad que podrían tener vida independiente. Hay frases que nos traspasan con su cortante belleza: “Es difícil, en los tiempos del frío, acumular luz en los ojos”. Otras entroncan con sus intuiciones más pertinaces: “Todo debe arder para volver a nacer”. Y en alguna se rinde, pero tan solo ante la final incertidumbre: “Nunca llegaré a desvelar las incógnitas con una intensa afirmación”.
Los siguientes textos son un recorrido por su amada naturaleza, por el ámbito huertano, en el que se encuentran los prodigios, la intemperie, el caos, la pérdida, las más duras realidades: “Nunca estaré al abrigo del tiempo”, “trato de evitar el abrazo de la pérdida”; pero también la posible elevación: “He comprendido que se vive en la disposición del caos, en la enajenación de unos sentidos maravillosos”, “en los espacios del vértigo, reconozco la renuncia como el hábitat más dulce”. Y hay también imágenes plenas de misticismo: “Dejo de ser para espaciarme y así estar en todas partes y en ninguna”. Es la continua renovación de lo imprevisto: “Mi corazón aún late de asombro, pero el lenguaje falla”. Estamos ante el hombre desnudo, entregado a la averiguación del misterio de vivir, que busca las significaciones en los ritmos de la naturaleza, en sus emanaciones indescifrables que nos hacen sensibles a lo oculto, desesperados intérpretes de los pálpitos que destellan vagamente en lo ignoto.
En Secuencia de una caminata del orto al ocaso, esta vez numeradas, seguimos encontrando entradas armonizadas aunque autónomas: “La palabra prolonga la duración del estremecimiento”, “una hermosa reflexión siempre llega acompañada de un presagio de silencio”. Y, en la parte final del libro, hallamos los Apuntes para una poética, en los ya hay una declaración más explícita de las intenciones que originan la escritura. Así este deslumbrante aforismo: “El poema es un pájaro atrapado en el deseo de ascender”, o: “El poeta vive permanentemente en estado de alerta. ¿Cuántas horas dedicadas a remover la ceniza del fuego augural?”, “un poema es la gracia de nombrar lo efímero”, “el camino del poeta está lleno de pozos y estrellas”, “si acaso encuentro abrigo es bajo el techo de la tormenta”, “la cima está siempre por hallar. El alborozo de la búsqueda compensa las zozobras”.
Termina así un libro de distinta conformación, hecho de “fragmentos poéticos”, como dice el autor, latigazos verbales a los que no les falta nada y contienen una sucinta perspectiva del todo; expresiones que se ensamblan perfectamente en una obra cada vez más voluminosa e imprescindible, que nunca desfallece en su calidad ni resulta sobornable en su compromiso de autenticidad y de actitud desveladora de los enigmas.
No me he podido resistir a la transcripción de numerosas citas, pero es que, estas y otras muchas posibles, son la brillante consecución de una tarea largamente atendida, la fidedigna transmisión de los hallazgos alcanzados en una profundizadora reincidencia, en un ejercicio de ósmosis poética. Adentrarse en Perplejidades y certezas es volver a los terrenos decisivos, realizar un ejercicio espiritual acompañados de las señales más verdaderas para un camino que ha de ser difícil. Vivir es seguir una senda que transcurre muy próxima a los despeñaderos, pero también rehacerse en una pulsión que nunca llega a alcanzar el claro vislumbre de lo absoluto. Es esta una poesía superior, que a veces roza lo secreto.

Perplejidades y Certezas de José Luis Zerón Huguet en Ars Poética

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José Luis Zerón Huguet (Orihuela, 1965) fue miembro fundador y director junto a Ada Soriano de la revista literaria Empireuma. Autor de los libros de poemas Solumbre (Ediciones Empireuma, 1993), Frondas (Ayuntamiento de Pie- drabuena y Junta de Comunidades de Castilla La Mancha, Ciudad Real, 1999, Premio Nicolás del Hierro), El vuelo en la jaula (Cátedra Arzobispo Loazes, Universidad de Alicante, 2004, Premio Nacional Ciudad de Callosa 2000), Ante el umbral (Instituto de Cultura Juan Gil Albert, Diputación de alicante, Alicante, 2009), Las llamas de los suburbios (Fundación Cultural Mi- guel Hernández, Orihuela, 2010), Sin lugar seguro. (Germanía, 2013) y De exilios y moradas (Polibea, 2016). Incluido en varias antologías, entre ellas: Los nuevos poetas, Editorial Seuba, (Barcelona, 1994) Alimentando lluvias, (Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, Alicante, 2001), «Pájaros raíces», en torno a José Ángel Valente, (Abada Editores, Madrid, 2010) y Antología actual de la poesía española. La estructura plural. Selección, notas y presentación, Fulgencio Martínez (ISSUU, 2014). En mayo de 2006 viajó a Rumanía invitado por el Ministerio de Cultura español y el Instituto Cervantes de Bucarest, donde participó, como director de la revista Empireuma, en un encuentro de revistas literarias españolas y rumanas en el Centro Cultural de Bucarest y en la Universidad Esteban el Grande de Suceava.

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