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“No dejemos de hablar” de Ada Soriano (Entrevista a Javier Cebrián)

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Carlos J. Cebrián: ‘Si volviera a nacer querría ser músico. Nada me emociona más que la música’

En su libro titulado Bagatelas, el tema principal y el erotismo.  Asistimos a una celebración plena de la vida, donde se incluyen momentos dolorosos y no falta la crítica a las rutinas académicas de la poesía. Es un libro sereno, equilibrado, sin adornos retóricos y escrito con frescura y honradez. Bagatelas ha sido calificado como un libro fronterizo, pues sus textos se pueden leer como poemas en prosa o como narraciones breves.

Carlos Javier Cebrián nació en Salies de Béarn, Pau (Francia) en 1965. Desde 1975 reside en Elche. Es director de la Asociación Cultural Ediciones Frutos del Tiempo de Elche desde 2011. Coordina para la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Elche los ciclos literarios que organiza la misma desde 2016, con el título de La Dignidad de la palabra, donde han participado hasta 2018: Vicente Gallego, Benjamín Prado, Ana Pérez Cañamares, Katy Parra, Niño de Elche, Marta Sanz, Isaac Rosa, Francisco Gómez, Javier Lostalé, Luis García Montero, Eloy Sánchez Rosillo, Olvido García Valdés y Luis Landero. Y en 2019 participarán Elvira Sastre, Juan José Millás, Antonio Moreno y Manuel Vilas. Dirige las colecciones Frutos Secos de narrativa y las colecciones de poesía Lunara, y Lunara poesía plaquette.

Es autor de seis libros de poesía, dos conjuntos de relatos en libros colectivos y, en digital, de una poesía reunida titulada Humo que se va (1984-2008). También posee una colección de artículos de opinión publicados entre 2004 y 2008 bajo el título Cosas mínimas.

— Javier, hay quienes afirman que escriben cuando se sienten felices. Otros, cuando se encuentran sumidos en el desasosiego.

— En mi caso, ni una cosa ni la otra. Escribo cuando creo que tengo algo que escribir o decir. Tampoco lo creo necesario en su absoluto, es decir, que tampoco es una necesidad. Simplemente escribo porque quiero, pues se trata de una querencia, de un placer o de una expiación de un dolor, de un recuerdo, qué sé yo.

— Tú has escrito que publicar un libro es “un ejercicio de majestuosa contradicción” y “un hecho milagroso”. ¿Qué añadirías a estas afirmaciones?

— Estas afirmaciones son de un artículo que publiqué en 2005, cuando vio la luz mi poemario Celebración del Milagro. Se  referían a la sensación empírica en la arribada de un libro recién editado. No encuentro adjetivos más apropiados: contradictorio y milagroso.

Es lo que creo. Podría haber buscado sentencias más contundentes; me refiero a la heroicidad de escribir y publicar en estos tiempos oscuros, pero eso me aburre.

— De los escritores con los que te identificas y que no has llegado a conocer personalmente, ¿con cuál de ellos preferirías mantener una conversación?

— Con tantos… Por ejemplo con Claudio Rodríguez, con Ángel González, con Herry D. Thoreau y, otra vez, con José Hierro, al que sí conocí.

— Tu libro Bagatelas, recientemente publicado por ediciones Babilonia, se consolidó en 2003. Transcurridos trece años, ¿sigues reconociéndote en su contenido?

— Absolutamente no. Se trata de soltar lastre. Pero sí que atisbo a quien lo escribió y lo vivió, que ya no soy yo, claro.

— Dicho libro está a medio camino entre el poema en prosa y el  diario. ¿Estás de acuerdo?

— Totalmente. De eso se trataba y se trata. Un diario de a bordo. De todos mis poemarios este es el que respira un aliento más clásico, más formalista, y eso precisamente, en el contexto de mi poesía, lo hace el más experimental, porque sin salirme de ese egocentrismo que me caracteriza -hay quien lo llama “autobiografismo”… doctores tiene la poesía…- en él intento una indagación de mayor hondura,  más reflexión. Pero sí, siempre a modo del relato del diario acontecer, sin duda.

— Se percibe en Bagatelas un interés por todo lo que se considera nimio o trivial. De ahí su título. También se puede hallar el misterio en lo mínimo y en la revalorización del tópico.

— Dónde si no…  permitidme ser un poco presuntuoso al autocitarme: En esa prolijidad de lo minucioso reside el enigma de nuestra vida.

— Tu poesía transmite una experiencia íntima y personal a la vez que un deseo de cambiar el mundo…

— Un deseo no… una necesidad, creo.

— En 1990 nace Frutos del Tiempo de la fusión de dos grupos literarios: Frutos secos y Ediciones inauditas. ¿Cómo surgió esta idea?

— Mejor juntos que separados si somos amigos, ¿no? Éramos dos grupos  distintos, pero todos amigos al fin  y al cabo y, aunque no nos considerábamos una generación ni compartíamos una estética común, decidimos aunar esfuerzos. Eramos jóvenes y valientes.

— No es frecuente encontrar un blog colectivo. ¿Quiénes lo formáis?

— Bueno, en realidad el blog soy yo… suena bien, así tan egocéntrico. Ahora mismo Frutos del Tiempo somos tres personas: Ángeles Campello, Pedro Serrano y yo, que administro el blog, twitter y Facebook, todo enlazado. Me parece asombroso el alcance de todo esto; nuevos tiempos para la lírica… pero el blog somos mis amigos, los colaboradores, todo aquello con relación a la literatura, el arte, el cine, la música,  que me gusta y emociona.

— En el blog hay una gran variedad cultural, y lleva a cabo una labor editorial, con bastantes libros publicados.

— Como decías antes, estamos publicando desde 1990. Ahora esa actividad es menor, pero seguimos editando libros que nos gustan o que nos parecen únicos, por no decir raros… pero estamos más centrados en la realización de eventos -como se dice ahora-culturales: ciclos de lecturas, videoperformances -como también se dice ahora- conciertos, etc.

— Como escritor posees en tu haber varios libros. ¿Cómo surgió tu vocación literaria?

— Si te digo la verdad, no me acuerdo muy bien. En mi casa no había libros. Yo quería tocar la guitarra, y hacía cancioncitas… No leí mi primer libro hasta los 17 años, creo, La Metamorfosis de Kafka, por un trabajo de Lengua y Literatura en el Instituto.

Creo que se lo debo a un incalificable profesor de Literatura que tuve en 3º de BUP, Daniel Ruiz, que me descubrió la poesía, el teatro, la narrativa, de manera ecléctica, alejada de las academias y los laboratorios y cercana a la vida, heterodoxo como él solo. Él lo consiguió, él tuvo la culpa…

Más tarde le debo mi vocación a Gerardo Irles y a Juan Ángel Castaño y a la Universidad  Popular de Elche, y, sobre todo, a las letrillas de mis canciones y a mi incapacidad  total y desafinada, para el solfeo, que me hizo abandonar el Conservatorio y a mi vagancia crónica, por supuesto.

Pero sí. Yo si volviera a nacer querría ser músico, en serio. Nada me emociona más que la música… En fin, eso ha ganado el mundo de la música y ha perdido el de la literatura.

 

POESÍA DEL CONOCIMIENTO
Soy incapaz de hablarte con sabiduría,
ni siquiera puedo hablarte con
conocimiento
-nada en mí es firme o sólido,
afirmativo o perdurable-.
Quizá sí, únicamente, hablarte puedo
de lo que creo saber,
hablarte, podría, por ejemplo,
de la belleza
-de la idea de belleza que yo atesoro
y a ti te conforma, querida mía-,
o decirte, por qué no,
que la vida es hermosa y terrible
como en una conjunción copulativa.
-Esto a ciencia cierta lo sé,
sin el temor infantil a equivocarme
que me acosa,
porque en lo consabido habita la destreza,
querida mía-.
de Vida de poeta Lunara plaquette-cuadernos de poesía número 4, (2018)

 

ADA SORIANO  Poeta y escritora. Nacida en Orihuela el 30 de diciembre de 1963. Codirectora de la revista de creación literaria

 Empireuma y colaboradora de la revista socio-cultural La Lucerna. Es autora de 2 plaquettes y seis libros de poesía. Colabora en MUNDIARIO.

Encuentro con la poesía en la Casa Natal de Miguel Hernández. 27 poetas, libro.

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CARLOS JAVIER CEBRIÁN

Salies de Bearn, Francia, 1965.

 

Director de la Asociación Cultural Ediciones Frutos del Tiempo de Elche desde 2011. Coordina para la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Elche los ciclos literarios que organiza la misma desde 2016, con el título de La Dignidad de la palabra. Dirige las colecciones Frutos Secos de narrativa y las colecciones de poesía Lunara, y Lunara poesía plaquette.

 

Ha publicado los libros de poesía

Poemas de lluvia y alquitrán, Ediciones Inauditas 1987, Heroína, Col. Lunara Poesía 1991, Humo que se va, Col. Diarios de Helena 1999. Seleccionado en el ciclo ALIMENTANDO LLUVIAS del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert. Pliego nº 8 2001. Celebración del milagro, Editorial Celya 2005, Maneras distintas de amar o des-amar, Pequeña editorial, Elche 2006, (Edición limitada, no venal), Estragos, Colección Le Chat nº 1. Edición de Pedro Serrano, 2012, Bagatelas, Pliegos de la palabra. Editorial Babilonia, 2016, y Vida de poeta colección Lunara poesía plaquette, 2018.

Y de prosa:

Las noches de marzo. Ediciones. Inauditas 1989, De belleza perezosa. Col. Temes D’Elx. 2000. Publica desde 2004 hasta 2006 y durante 2008 una columna de opinión semanal en el Diario NOTICIAS ELCHE, titulada COSAS MÍNIMAS.

 

MÚSICA Y POESÍA

La poeta nicaragüense Ana Ilce Gómez, escribió estos versos memorables:

me pregunto para qué escribo, para qué sirven estas líneas, si al leerlas alguien no fue mejor o más piadoso o más confiado…**

 Yo creo que Miguel Hernández con sus poemas nos ha hecho mejores a todos los que lo hemos leído, más piadosos y más confiados, lo creo sinceramente y con emoción.

Mi vinculación con Miguel Hernández se puede decir que fue musical. Yo empecé a escribir porque quería componer canciones, quería formar una banda de rock o de pop, y para ello empecé a cursar Solfeo y Guitarra en el Conservatorio. Para acompañar mis ingenuas melodías empecé a escribir mis letras ingenuas. Pronto me dí cuenta de que se me daba mejor escribir palabras que componer melodías, supe de inmediato que no me bastaba con acertar con la rima y la musicalidad, quería decir cosas, estaba haciendo algo parecido a poesía. Busqué lecturas, poetas, libros y cayó en mis manos Veinte poemas de amor y una canción desesperada y lo devoré, y en casa de mi novia, en el tocadiscos de su padre, descubrí el vinilo que Joan Manuel Serrat grabó con los poemas de Miguel Hernández, y otra vez emocionado supe que apenas había diferencia entre música y poesía, lo importante era la emoción, el sentimiento, el lenguaje, la creación…

Seguramente Serrat, y Hernández y Neruda son los responsables de que yo haya dedicado los últimos 36 años a escribir versitos de amor de esta misteriosa manera que ni yo mismo sé explicar…

Estoy seguro de que nadie es mejor persona después de leer mis poemas, ni tampoco más piadoso o confiado, pero yo cuando leo a Miguel sí me sé mejor, más confiado -pese a todo- con el ser humano, con la vida, con la poesía, sí, definitivamente Miguel Hernández nos hace mejores, con su poesía y con su ejemplo, más tolerantes, más personas de bien, estoy seguro, ese es para mí su legado…

 

Menos tu vientre todos es oscuro, menos tu vientre claro y profundo
Menos tu vientre, Miguel Hernández/Joan Manuel Serrat
 
Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
20. Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Pablo Neruda

 

**Entredicho de la poesía/Telar de duda.
Ana Ilce Gómez.

 

DESNUDEZ (a modo de poética)

Si hablamos del conjunto de principios o de normas que caracteriza mi poesía, o mi obra, o si lo hacemos del conjunto de esos principios que caracteriza a una escuela, o corriente, tendré que decir que no tengo ni idea de mi poética.

Si por el contrario se trata de decir o definir el motivo, el porqué de escribir -que no del cómo, ya lo he dicho-, tengo una sencilla respuesta: escribo porque no comprendo la vida. Mi vida es algo que me ha decepcionado, a estas alturas de mi existencia, por completo. Otra manera cualquiera de decir que he defraudado mis expectativas. Llevo 36 años de escritura, un relato irregular de mi vida, y desde el principio he intentado no hablar de mí mismo con mis poemas, sin conseguirlo, claro está. Al final solo hablo de mí y mis circunstancias, le cuento mi vida a no sé quién, seguramente a mí mismo en particular y en general. Dentro de esta incomprensión también debo añadir que escribo porque tengo un miedo atroz a la muerte, a la inexistencia. No del modo que escribiera Michel de Montaigne: Lo que les atormenta no es la muerte, es morir*. En mi caso es al contrario, lo que me atormenta no es morir, sino la muerte misma, el concepto, la conclusión, la nada, el vacío, la inconsciencia.

Por todo lo expuesto, mi miedo -mi escritura- se aferra a que en el fondo yo siempre me he creído inmortal, desde niño, no puedo aceptar otra cosa, otra idea, ni siquiera la realidad. No suelo utilizar en mi poesía el plural humilde, no me gusta el uso de generalizaciones y de supuesta sabiduría, nada en mí es firme o sólido, afirmativo o perdurable para hablar por los demás. Yo me creo inmortal porque si no es así, nada de esto tiene sentido. Pero es curioso que pese a todo lo dicho, no es la muerte un motivo de mi escritura, lo es mi vida, escribo porque vivo, porque estoy viviendo, con un viaje hacia la sencillez, con desnudez. Y para ello me he sujetado a la máxima de que para mí en el poema lo importante es lo que no se dice, el subtexto. Así que me he pasado la vida escribiendo poemas de amor, ni más ni menos, desnudándome metafórica y físicamente ante todos ustedes mis queridos, indefensos, desconocidos lectores. Escribiendo, a fin de cuentas, porque me ha dado la gana. Sabiendo además, como escribe Eloy Tizón, que escribir, como vivir, siempre deja cicatrices y además es siempre una traición**.

* Los que en los suplicios vemos correr a su fin y apresurar y empujar su ejecución, no lo hacen por valentía, sino porque quieren quitarse de encima la idea de su fin cercano. Lo que les atormenta no es la muerte, es morir.
DE LA GLORIA. ENSAYOS. MICHEL DE MONTAIGNE.
**Escribir es siempre una traición. Escribir, como vivir, siempre deja cicatrices.
ELOY TIZÓN. ZOÓTROPO (Prólogo) VELOCIDAD DE LOS JARDINES, 2017.

 

IMPRE(CI)SIONES

 

De Diario de un poeta intrascendente 1993-96 (Inédito)

 

I

Las carreteras o las fronteras

donde alguna vez perdí los nombres,

donde dejé fragmentos de mi voz

nombrándote,

donde nunca

encontré respuesta por casualidad.

 

Mi deseo es garganta febril

que te llama, que te llama

y pierde voz.

 

II

 

Por ti he cruzado esa delicada frontera

-más allá de la cordura-

y el delirio no me ha acercado a ti,

no te he encontrado.

 

Me enviaste al infierno

y ahora no sé cómo volver

 

III

 

Tus labios son enemigos fugaces.

 

Creo que soy feliz…

casi me duele confesarlo.

 

La aurora es cruel con mis sueños,

siempre.

 

IV

 

El otoño con su manto de cordura

cotidiana,

por supuesto,

también ha invadido mi patio de luces;

desde mi ventana

mientras me fumo un cigarrillo.

 

Este otoño las aves migratorias,

como de costumbre, han pasado de mí.

 

V

 

Fuiste un golpe de invierno

y como el invierno llega

llegaste a mi vida;

como un invierno desmedido

abrazaste mi vida desmedida.

Tantos andenes, tantas ventanillas,

tantas perspectivas, tantos caminos,

y apareciste tú,

fuiste un golpe de invierno,

siempre eres invierno,

invierno siempre desde los andenes,

lluvia, frío, en las almohadas,

lluvia, frío, en las despedidas.

La Belleza de la fruta de Julio Soler. Vídeo de Paco Valverde. Texto de Javier Cebrián

Vídeo

EL CORRELATO OBJETIVO de Julio Soler.

Para Thomas Stearn Eliot -aquél poeta-, el arte no debe ser una expresión personal, debe funcionar a través de símbolos universales. Buscaba, con el fin de suscitar en el lector la emoción y la idea elegidas, un objeto o grupo de objetos con gran poder evocador, mostrando para ello, de la manera más gráfica posible, determinadas imágenes o realidades. Una cadena de acontecimientos que habrán de ser la fórmula de esa emoción concreta, de modo que cuando los hechos externos, que deben terminar en una experiencia sensorial, se den, se evoque inmediatamente la emoción. Una adecuación completa de lo externo a la emoción, en eso radica la inevitabilidad artística.

El correlato objetivo o cómo narrar para emocionar.

Las emociones están por encima de las culturas, son universales, el miedo, la esperanza, la alegría, el enamoramiento, la muerte, son comunes al ser humano y la literatura debe ser, o es, el reflejo artístico de dichos sentimientos.

En definitiva el correlato objetivo es una técnica, una sucesión de imágenes, encadenadas una tras otra, que, en su conjunto, evocan un sentimiento. Una emoción que por motivos artísticos se la calla el escritor, pero que el lector la reconoce, mediante esos símbolos…

Y por qué digo todo esto… porque Julio lleva toda la vida buscando su puñetero Correlato Objetivo, quizá para justificarse… y yo le digo ¿eso pa qué, frutero mío? Si a nosotros no nos hace falta creerte ni siquiera entenderte, te sentimos, nos emocionas con tus juegos del lenguaje, con tus fuegos de artificio, con tus alucinaciones, con tu efervescencia, con tu pasión.

Julio y yo nos conocemos desde hace tanto…, hemos compartido tantas cosas: música, fiesta, incluso compartíamos un nombre, el nombre de nuestra chica, Pepi -algo que, en mi caso, con el tiempo resultó ser una anomalía-, que se me hace difícil explicar qué es La Belleza de la fruta.

La verdad es que no tengo ni pajolera idea, como tampoco tengo ni idea de lo que es la realidad o modernidad líquida de Zygmunt Bauman de la que nos habla nuestro apreciado Jesús Zomeño en la contraportada del libro, pero sospecho que, como siempre, Julio nos está hablando del amor y de su drama, de una realidad adaptable a cada contexto, del oxígeno que necesitamos para respirar, de la sangre…, no busquen verosimilitud, qué extraña palabra, eso afearía esta inverosímil y única Belleza de la fruta, y no hemos dedicado nuestros desvelos en su escritura y maquetación para ello.

En fin, pues eso, Julio nos habla de la variedad hermosa de la fruta, de su sensorial reputación, de su belleza. Y aquí hemos montado nuestro puesto frutero, fruta fresca y bella. Vámonos, todos, ustedes también, de “Mercao”, que tenemos material y cambio.

Javier Cebrián, 15 de Noviembre de 2018

 

Lectura de An Yi Campello y Javier Cebrián, en la casa natal de Miguel Hernández en Orihuela

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Miércoles 24 de octubre

19.30 horas.

Casa natal de Miguel Hernández

Calle Antonio Piniés, 70, 03300 Orihuela.

Cada tarde a las cinco, relatos Andrés Guilló Javaloyes. (Ilustraciones de Tonia Baeza) Presentación. Prólogo de Carlos Javier Cebrián.

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Prólogo

Hay autores cuyo único fin es relatar los acontecimientos; El mío sería escribir,
no lo ocurrido, sino lo que puede ocurrir.
Michel de Montaigne. “De la fuerza de la imaginación”.

Dice la teoría, la Academia, que un relato es un conocimiento que se da, generalmente detallado, de un hecho. Es decir relatar es dar a conocer un suceso. En cambio un cuento es una narración breve de ficción.

Para mí, en literatura, lo importante es lo que no se dice, lo que subyace por debajo del relato o del poema, o de la novela o de la pieza teatral, lo que se le escapa al texto. La sugerencia, lo no explicitado. Lo conciso. Por mi amigo Juan Lozano Felices *, he aprendido la teoría del Iceberg que manejaba Ernest Hemingway sobre la buena escritura. Afirmaba que la belleza del Iceberg está en lo que no vemos, que es mucho más que lo que aflora en la superficie, que solo puede existir si está sustentado bajo el agua por los siete octavos de su volumen. El magma de la tierra, no el fuego del volcán que cuando asciende hacia la superficie, como materia fundida, se denomina lava.

Según decía Julio Cortázar, como en el boxeo, el cuento gana por Knock out, mientras que la novela gana a los puntos. Andrés nos noquea en todos sus relatos. Nos relata su imaginación, sus cuentos, como fogonazos, como deslumbres. Con una gran variedad, no ya de temas sino de tono: suspense, intriga, terror, locura, crimen, muerte, amor, amores rotos, sueños imposibles, sueños cumplidos. Relatos plenos de imaginación, con pocos apuntes autobiográficos, solo en Charlas con Bimba o Eres tú podemos apenas atisbarlos. Algún homenaje cinéfilo y terrorífico como en el relato Amor autómata, donde se permite el lujo de homenajear al gran Chicho Ibáñez Serrador explícitamente: “Quién puede matar a un niño”, película del año 1976.

Hay quienes creemos que lo extraordinario reside en lo ordinario, por el contrario, Guilló nos cuenta que lo extraordinario está ahí precisamente, en lo extraordinario. A veces con elementos de ciencia ficción y casi siempre relatando una realidad paralela pero precisa. Con técnica clásica, introducción, nudo y desenlace casi siempre sorpresivo e impactante.

Narraciones extraordinarias se tituló la colección de cuentos de suspense y terror publicada en 1859, de Edgar Allan Poe, algo así podría haber hecho Andrés Guilló, salvando las distancias claro, con sus cuentos imaginativos, intrigantes, sorprendentes. Un juego literario al que les invito, estimados lectores … Lean y sorpréndase, asústense, diviértanse … Para eso existe la literatura, para emocionarnos.

 

Carlos Javier Cebrián, julio 2018

 

* Texto de presentación del libro de relatos Banderas dobladas de Ignacio Fernández Perandones (Amarante, 2018)