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Los días Suspendidos de Francisco Gómez. Ciclo: Quien lee vive más. Día del libro 2017

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ya empezamos… nos vemos mañana.

 

ELLOS, por Francisco Gómez

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A Paca y su amor más allá del tiempo

Siempre estaban allí. Soplaran vientos, soles y lunas. Ellos continuaban en el lugar como un homenaje de amor permanente que desafiaba el languidecer del tiempo y la injusticia del olvido.
En aquella calle que soplaba frío y soledad, que auguraba derrota entre las filas de personas que fueron y ya no están, o sólo se encuentren en los desvanes del recuerdo de algún corazón anónimo que naufraga en medio de las arterías de la ciudad rápida y sin amor.
Ellos, una y otra vez, permanecían allí en su desafío sencillo a la arena imperceptible del reloj y al dolor de la memoria. La muerte lo arrebató de su vera un mal día que mejor hubiera sido que desapareciera del calendario. ¿Pero quién puede controlar los designios del destino, el mal capricho de un día cualquiera? ¿quién sería capaz de manejar las hilaturas de la fortuna?
Murió asfixiado en un pozo y sus padres supieron del dolor que no se puede apagar, de penas sin consuelo, de llanto en noches insomnes, de rabia sin entender por qué. Las tardes se llenaron de vacío, de soledad, de evocación con los proyectos por realizar y los sueños que cumplir, que ahora quedaban dormidos bajo descanso eterno.
Ellos, los padres de un jinete que amaba los caballos, estaban allí una y otra vez. Fin de semana sí y otro también. En un ejercicio permanente de memoria que lucha contra el olvido. En una necesidad íntima de proclamar a los cuatro vientos, a quien le importase en aquel promontorio alejado de la ciudad que pronto olvida, que ellos no apagarían la llama de la memoria. Que ellos guardaban un altar en sus corazones para el hijo que se marchó demasiado pronto.
La dignidad y el honradez del hombre vestido rigurosamente de negro impresiona. Es un signo de amor, de su verdad, de constancia. De amor más allá de la muerte. “Yo también seré polvo más polvo enamorado, siempre recordándote, amándote, hasta que nos encontremos donde sea”.
Es un hecho cierto que los grandes amores no puede truncarlos el olvido, el calendario de la fugacidad. Que los amores de piel, de entraña, no se ven aunque el tiempo, concepto relativo donde los haya, trate de restañar heridas, poner árnica sobre la superficie de la piel. Es imposible olvidar cuando el amor es de verdad y más si nace desde dentro. Sucedan inviernos, primaveras o estíos. El recuerdo de lo que es, lo que pudo haber sido, lo que fue, permanece en las fuentes del alma.
Esta pareja, ya mayor, vestidos de negro, con surcos de vida vivida, atravesándoles como ríos de experiencias el rostro, causaban una honda sensación. Respeto. La unión madre-padre-hijo nunca se rompería a pesar del zarpazo de la muerte. Mientras un corazón recordase a aquel que estaba al otro lado, no sería definitivamente difunto. No habría desaparecido del espacio de los vivos, del escenario de la imaginación de sus padres, siempre allí y sus hermanos que recordarían y evocarían con su presente ausencia los días juntos, los días amados cuando la guadaña no los había separado y estaban físicamente unidos.
La madre llevaba aún con más hondo pesar la carencia. Es un lazo que el padre aunque lo intente, no puede alcanzar del todo. Pero esta mayor unión provoca mayor dolor. Un dolor interno que a veces no le permite sugerir los momentos felices transcurridos juntos. Una herida insondable, sin tregua ni final. Un bisturí ilimitado que horadaba sus sentimientos más allá del tiempo.
El padre, también atravesado por el dolor de la ausencia, el golpe del sinsentido, aguantaba mejor la posición. Ël prefería recordar, volver a vivir los momentos felices que había sentido con su hijo. Su amor incondicional por los caballos y los carruajes que sacaba a la calle en las festividades más celebradas de la ciudad, en los momentos claves de la ensoñación colectiva del pueblo, en los instantes dichosos que la familia compartió.
La postura de aquel hombre sabio, vencido por la carrera de la edad y las mareas del tiempo en su piel, asfixiado por el peso del recuerdo, era quizás las más inteligente. Seguir adelante a pesar del dolor, a pesar de la pérdida, de los días dichosos grabados en su mente y corazón hasta que inspirase su último aliento y se uniera al territorio lleno de dudas e incertidumbres con el hijo que, tiempo antes, una fecha aciaga, había partido de viaje para enseñarles el camino que ellos habrían de recorrer más tarde.

 

Francisco Gómez
Relato incluido en el e-book “Al otro lado”

https://frutosdeltiempo.wordpress.com/al-otro-lado-de-francisco-gomez/

EL CÍRCULO DE LOLA PUNTES

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-Abuelo, abuelo, ¿Lola Puntes quién es?-preguntaba una niña a su yayo momentos después de inaugurar una plaza con el nombre de Lola Puntes Rodríguez por parte del Ayuntamiento de la city con presencia de actual alcalde, Carlos González y parte de la Corporación de todos los colores políticos.

-Cariño, Lola Puntes era una señora muy simpática que quería mucho a Elche y le gustaba vestirse con sombreros muy bonitos y zapatos de dos colores, como los que hay ahí

-¿Y por eso le han puesto su nombre en la plaza donde venimos a jugar?

-Claro, claro, nena. Quería mucho nuestra ciudad y era muy querida y conocida por todo el mundo.

Allí no faltó ni el tato, como diría Lola. Montón de políticos ahora en el poder y de la oposición como la exalcaldesa Mercedes Alonso y Pablo Ruz y mucha, mucha gente que la conocía y quería.

Y sobre todo, su familia que se notaba que estaba emocionada. María Teresa, su hermana y su marido. Sus nietas Mayte, Esther y Pepe Antón y su hijo Arturo que lanzó un discurso digno de un orador. A él se le notaban vislumbres de emoción contenida tras sus gafas y nos indicó a todos los presentes, que con la dedicatoria de esta plaza, situada en la zona de ensanche de El Toscar, próxima a las calles México (tan machacado hoy día el país amigo) y Venezuela, se cerraba un círculo que su madre había iniciado explicando en sus programas televisivos y radiofónicos el significado de las calles de Elche, las vidas e historias que componían el mosaico del callejero de “la city”.

Y aquel día se cerraba precisamente el círculo dedicando una plaza grande, llena de vida, lanzas, plantas y zapatos bicolores con los colores del escudo de Elche, a su madre y a su familia que tanto ha querido y quiere a Elche.

El alcalde, Carlos González, empezó a glosar las cualidades de Lola, una mujer trabajadora en coincidencia con el Día de la Mujer Trabajadora, fecha elegida para bautizar este espacio público. Una mujer solidaria, generosa. Su nieta Mayte corroboraba todos los puntos de esta virtud que adornaba a Lola. “Ella era capaz de regalarte el bolso que más quería si otra persona lo necesitaba”, me dijo.

Y fueron muchos los ilicitan@s que se sumaron a este sentido homenaje. Y como le dije a Mayte: Lola era (es) uno de los últimos símbolos que nos quedaban en esta ciudad que al cielo mira, todos sumidos en la mediocridad de la uniformidad en la sociedad tecnológica y postindustrial del XXI siglo.

Pepe Antón también estaba orgulloso que su pueblo y en su nombre el Ayuntamiento se hubieran acordado de Lola y al final nos hicimos una fotos junto a la plaza conmemorativa en la plaza, como se hizo toda su familia con los políticos y la gente que allí estaba reunida para celebrar este acontecimiento festivo.

Nada, Lola que ya formas parte del callejero que tú, como bien apuntó tu hijo Arturo, desgranabas programa a programa para que el personal supiese el significado y la importancia de las calles y plazas que todos los días pisamos y vivimos.

Estarás contenta, guapa, que esa plaza es un primor, llena de plantas, palmeras y nenes y nenas que se preguntarán. como aquella niña. por qué la plaza donde juegan o toman el sol a mediatarde lleva tu nombre. El círculo cerrado y una reluciente sonrisa en tu boca.

Francisco Gómez

LAS LONTANANZAS DE ZAPATA: UNA MIRADA A LOS SÍMBOLOS CAÍDOS por Francisco Gómez

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zapata0001Amigo, Antonio Zapata, ya te has convertido en cronista y este sambenito no te lo quitará nadie. Llévate cuidado si a partir de ahora eres más conocido por tus artículos sobre la ciudad de las Lanzas y la Festa que se fue (Lontananzas 1952-1974. Crónica sentimental de la posguerra ilicitana), que uno apenas conoció que por tus poemarios y narrativa. Ya sabemos, el tiempo y su desparrame de los días que se escapan por el desagüe de lo cotidiano. Porque una cosa tengo clara; tú quedarás en la literatura y no todos podrán decir lo mismo.
Eres un “cabronazo”. Otro amigo “cabronazo” que tengo en estas adictivas redes de la literatura. Has hecho que me emocione con muchas de tus lontananzas, con tu “estética de la pobreza”, como define tu amigo y estudioso Manuel Valero esta obra tuya. Permíteme decirte que me has tocado con el homenaje final a tu padre. No sabes, bueno sí lo sabes, cuánto…
Has hecho que vea esta “city” que no conocí con sus calles sin asfaltar, sus trabajadores somnolientos al tajo por calles mal iluminadas y trabajos agotadores, codo con codo, como relatas. Los serenos que te daban las “buenas noches” y te acompañaban hasta tu portal y los guardias de tráfico a quienes nuestros paisanos regalaban viandas como preciadas maravillas para tus ojos de niño en las cercanías de la Navidad. Igualito que ahora…Una ciudad que intuyo más humana, más cercana que la actual con sus prisas y sus carencias de personajes definitorios.
Leo tus lontananzas y no hago más que ver símbolos que se han ido; los cines, las peleas de lucha libre en el Victoria antes de ser Simago. hoy también derrotado, los bailes en el Parque Municipal como “prueba de fuego para los chicos y chicas primerizos en el arte de enseñorear las posesiones sobre los huesos”, las bandas juveniles como la famosa del Villena con chicos a los que unía el desarraigo y la necesidad de una identidad común, currantes del calzado y los talleres. Las ferias en el Cuartel Viejo. Las cocas del Llinares también abatido por esta “city” devoradora de sus símbolos y referencias. El asfaltado de Reina Victoria: “el asfaltado de tan magna calle nos vino de perillas a un grupo de chiquillos que, pronto, nos constituimos en patinadores nocturnos; el mítico campo de Altabix con los gloriosos partidos del Elche en Primera División y jugadores como Curro y Serena, Blas, Ballester, Iborra, González, Lezcano, Llompart, Baba, Asensi, Casco, Marcial, Romero. Las excursiones en la Mona al Pantano…
Amigo Zapata, desde un presente que corre sin identidades claras, miramos, miras un pasado devorado y reducido a recuerdos que construyeron tu vida y la de tantos que vinieron o eran nativos de Elche, que armaste tu vida de niño pobre y luego currante para convertirte en un joven lleno de sueños que zarpaba a Benidorm los fines de semana para romper la gris normalidad y ver el futuro como un mar incógnito desde tu escepticismo.
Ahora que el mercado sin corazón y su esbirro el beneficio puro y duro han cerrado el diario La Verdad donde publicaste tantas de estas lontananzas, el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert las ha recuperado para que no caigan en la marea del olvido y el silencio.
Me has hecho soñar con un tiempo que no conocí y espero tu segunda parte hasta los tiempos de la transición y los 80, que a uno le pillaron en plena juventud en el instituto Pere Ibarra y tampoco me enteraba mucho de las movidas sociales, políticas, laborales y sindicales que se cocían en este pueblo que al cielo mira, entre el caucho, la goma, y la producción en la vía.
Advertido quedas. Desde ahora te estamparán el sello de cronista y a ver cómo escapas de esta etiqueta maniquea que no responde a la policromía de tu personalidad curiosa, luchadora y siempre reivindicativa.

Francisco Gómez

LOVE MATER, por Francisco Gómez

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Me resulta fácil explicar por qué estoy aquí pero más difícil tratar de desenrollar la madeja que provocó mi comportamiento y desenvocó en la tragedia.love-mother-2
Llevó muchos días sin ver el sol, sin moverme apenas de estos limitados metros cuadrados. No me importa. Tengo suficiente con la luz que irradia desde ella y calienta mi indomable corazón. Aquí apenas tengo amigos pero como dice una canción de mi admirado Loquillo: “No vine aquí para hacer amigos”. Estoy en este lugar por una culpa que cometí y que hoy volvería a realizar una y cien veces. Aquí purgo mi pecado de extrema violencia. La violencia es el único lenguaje que entienden algunos y en este ambiente es el caldo ideal para la supervivencia. Con la educación, la cultura, los tipos que están arriba quieren aborregarnos, amansarnos, domesticarnos pero en el interior del hombre corre desbocada la semilla de la lucha, el germen del animal que habita en nosotros y pugna por salir a la superficie para reconquistar el espacio que le han robado los buenos modos y modales, la tolerancia, la convivencia, la integración y todos esos rollos con los que pretenden engañarnos. Si aquí no eres duro y fuerte, te conviertes en un machaca y te pisotean y pasas a ser el hazmerreír de estos tipos. Y de mí no se ríe nadie si yo no quiero y quien ofenda a mi madre probará el sabor demoledor de mis puños.
Las manos de este hombre son duras y ásperas como su vida. Manos grandes y leñosas con dedos robustos y potentes. Manos que temer si pruebas su contacto. Manos de personaje a quien todo le ha costado mucho. En el reverso de los dedos de su izquierda figura la siguiente inscripción grabada en su piel: L en el meñique, O en el corazón, V en el anular y E en el índice, con un corazón en el pulgar. Es decir: LOVE. El pulgar de su derecha arranca con la M, el índice con la A, el anular con la T, el corazón con la E y el meñique con la R. La frase que corona sus dedos esculpida a fuego sobre su epidermis: LOVE MATER.
Sus compañeros lo saben y conocen el motivo por el que está allí. Entienden que no dice las cosas en vano y lo respetan. Casi todos ellos tienen madre y saben que estos seres dignísimos y humildísimos son las únicas personas que nunca les fallarán, aunque ellos se hayan fallado a sí mismos y ahora estén desvinculados del mundo en aquel rincón perdido. Las madres son las personas que jamás les dejan en la estacada a pesar que el hijo sea el mismo demonio.
Pero veamos algo más del entorno que rodea a este hombre envuelto en sus cavilaciones y soledades. Encima de la pared que habita, ha escrito con letras de sangre una frase que se antoja radical y lapidaria. Sus muñecas están vendadas y cortadas pero él está orgulloso de su acto que se le antoja noble. Auténtico. La sentencia dice así: “Tenlo claro, amigo. Nunca nadie te querrá más que tu madre”.
Lo hice una vez pero lo haría dos, tres, cien veces. Estábamos en un bar, olvidándonos de la monotonía y los sinsabores de la semana y el tipo se empinó más de la cuenta. Se metía con todo el mundo e insultaba como una ametralladora. Hasta que sus procacidades llegaron a mí. Si hubiera insultado a mi persona, me la sudaría. Si me hubiera dicho que me follaban daban por culo veinte negros sería indiferente. Pero se metió con mi madre. Con las palabritas que todos pueden imaginar. Y por ahí sí que  no paso.  Le pedí que retirase sus palabras y el tipo se rió de mí en plena cara. Acercó su asquerosa boca a un palmo de mi rostro y siguió con sus maledicencias. Se lo dije por última vez: “O retiras lo que has dicho o te mato”. Siguió insultando a mi madre delante de mí y empezó la guerra. Le solté una ensalada de hostias, una tras otra. Mis manos, mis nudillos se embadurnaron con su sangre detestable. Le reventé la cara a guantazos. Creo que le rompí el cráneo. Le pegué y pegué y pegué hasta que murió. Quedó tendido en el suelo como un guiñapo.
Llegó la policía. Me esposaron y al calabozo. Declaración ante el juez de guardia y a la cárcel. Meses después, juicio y condenado a quince años de prisión por homicidio. El abogado quiso disculparme con la atenuante de locura transitoria. Lo negué. Sabía lo que hacía y actué en conciencia. Aquí estoy. Lo haría una vez y otra, otra, otra. Nadie se mete con mi madre y sale bien parado. Ella ahora no puede defenderse pero tiene a su hijo para protegerla. Respondo de mis actos y los asumo hasta el final. Aunque traigan silencio, incomprensión y soledad. Los golpes me han hecho fuerte y encajo como un fajador los reveses.
Siempre me ha gustado el boxeo, como una forma igual que otra cualquiera de amansar la bestia que vive en mí. He sido esparring de púgiles que nunca han llegado a nada en el cuadrilátero. Si hubiera tenido más suerte y alguien que confiara en mi talento, podría haber sido alguien en este mundo. Desahogaba la rabia, el inconformismo con mis puños ajados contra el saco. Y luego las pesas, los abdominales, las carreras, los compases para esquivar al contrario en la lona. Para acabar siendo el telonero de tipos que nunca ganaron ningún campeonato. Muñecos rotos que acabaron en la indiferencia y el olvido del público. Yo pude ver mi destino antes de tiempo y escapar a la desolación de mi suerte. De soñar con ver mi nombre en los carteles con chicas que esperasen dispuestas al final del combate, acabé como un lobo estepario más y currando como estibador nocturno para una trasatlántica. Seguí dándole con fuerza y desesperación al puching-ball cada madrugada al salir del trabajo.
Mis manos son martillos pilones y mis brazos palancas en tensión. Los oídos del talego funcionan de maravilla y los presos se enteraron rápido del motivo de estar entre rejas. Y sé que algunos quedaron impresionados pero otros tipos querían comprobar si era tan fuerte como aparentaba. Y los kie de los módulos apostaron a favor y en contra de mí. Reconozco que apenas trato con mis compañeros. Me da igual que sean españoles, extranjeros, talegueros, reincidentes, camellos, psicópatas,asesinos o violadores. No tengo nada que ver con ellos ni me importan sus vidas.
Los poderosos de la trena supieron buscarme las cosquillas. Mi vida se centraba en levantarme, desayunar, recuento, bajar al patio y quedarme aislado en un rincón sin hablar con nadie o hacer pesas para fortalecer mis manos, brazos, tórax y espalda. Pero vino ese tipo, alto como una torre, ancho igual que un puente, musculoso como un adonis guerrero y me increpó. Volvió a insultar con las palabras malditas y escupirme en la cara. Lanzó veneno que me emponzoñó otra vez el alma y me levanté. Le solté un gancho en la barbilla que lo dobló. Machaqué sus costillas, le reventé el tabique nasal y dejé sus ojos hundidos como tomates podridos. Él también me sacudió bien pero ya he dicho que soy un fajador que se olvida del dolor propio cuando busca el ajeno. Nos machacamos en medio del cuadrilátero que era el patio, nos destrozamos, nos despedazamos. Pero yo triunfé. El tipo estará de vacaciones en la enfermería una larga temporada y yo estoy aislado en la celda de castigo. No importa. Soy duro y resisto los embates del destino. Ojalá el kie que apostó sus billetes contra mí se haya dejado una pasta gansa.

La luz del crepúsculo cae sobre los barrotes del chabolo. Alguna golondrina emite su melodía de libertad. Las primeras sombras nocturnas se apoderan del cuadrilátero carcelario. Una voz parece hablarle. Una luz surge en un rincón.

-¿Por qué te haces daño luchando contra los demás en mi nombre?
-¿Quién eres?
-Soy quien tú más quieres
-No puede ser cierto. Tú te fuiste hace mucho tiempo.
-Soy tu madre. Su conciencia. Estoy aquí para hablar contigo, hijo mío.
-Esos canallas maldicen tu nombre y yo te defiendo. Lo hice y lo haría una, dos, cien veces.
-Por favor, no derrames más sangre en mi nombre. La violencia vuelve contra ti y nunca cerrarás las heridas de tu vida, de tu corazón.
-¿A quién le importa?
-A mí. A tu madre.
-La vida es lucha, madre, guerra de todos contra todos.
-También es amor, entrega, generosidad, ternura, besos y abrazos.
-Yo no sé lo que es eso desde hace mucho tiempo. Desde que te fuiste una terrible tarde de verano…
-Ya sé que no has recibido en esta dura tierra el amor que buscabas, el afecto que ansiabas pero siempre he estado contigo, dentro de tu corazón y en tu pensamiento para que busques y encuentres el fugitivo pájaro de la felicidad.

-Mamá
-Hijo mío

Y se fundieron en un abrazo definitivo, infinito. Y se fue con ella a otra tierra más azul.
Francisco Gómez

Del libro “Sueños de nadie”

Sueños de Nadie, El picudo blanco, 2009

Sueños de Nadie, El picudo blanco, 2009