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Lugares idos 44, por Francisco Gómez

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La primera división literaria en la city. Ciclo La Dignidad de la palabra 2018. Por Francisco Gómez

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Uno no deja de sorprenderse en esta “city” que al cielo mira, más conocida como Elche, donde vive y muere cada día. Han acabado ya las terceras jornadas (tres años consecutivos ya, tres escalones bien trenzados) que la concejalía de Cultura en coordinación con la asociación cultural Frutos del Tiempo ha dedicado a la literatura en la city.

Este año han traído a primeras figuras en el mundo de la poesía y narrativa española. La Primera División de la Literatura en la lengua de Cervantes. El 8 de febrero abrió la jornada el poeta granadino Luis García Montero, no en el vestíbulo del Gran Teatro, no. Por necesidades de aforo, los responsables del espacio tuvieron que abrir el patio de butacas. Trescientas almas escucharon al autor de “Completamente viernes” que habló de la necesidad de recuperar el diálogo entre generaciones y no olvidar la memoria para no despistarnos en estos tiempos inciertos y acelerados. Le siguió estela la poeta Olvida García Valdés que habló de la necesidad de escribir como un acto íntimo, egoísta que a veces se abre al contacto con los demás en forma de libro pero no de una manera inminente sino reposada y reflexiva. El verbo intransitivo.

Siguió el turno el poeta murciano, uno de mis amados, leídos y vividos, Eloy Sánchez Rosillo que presentaba la suma de sus versos en “Las cosas como fueron”. El poeta de la elegía, del recuerdo pero también de la celebración y la alegría de vivir. El buscador de la luz y las pequeñas grandes cosas; el jilguero, la tarde de verano, un día de playa con su hijo, la hacienda manchega en los días de la infancia, el reencuentro con la madre. El tiempo como un eterno retorno circular cuando nada acaba y siempre empieza en la memoria y en el corazón. Curioso. Casi todos se acordaron de la figura de su madre y del padre (¿por qué sera…?).

Después de estos poetas de talla nacional, vino el narrador Luis Landero, el 26 de abril. Mi admirado escritor, del que he leído todas sus novelas, su libro de artículos, su volumen de ensayos. He leído casi todo lo que ha publicado. No podéis imaginar la emoción que me embargaba cuando fuimos a recogerlo a la estación de tren en Alicante. La persona no decepcionó al personaje, como me ocurrió con los poetas, todos cercanos, todos tratables. Cada vez descubro con más certidumbre que cuando más grande es alguien, más humilde, más cercano, más persona es.

Landero habló de su literatura, de la necesidad del asombro para escribir, de buscar la voz propia, los temas que son tuyos para contar tus historias. De la necesidad del silencio y la soledad para concentrarse y escribir. De la huida del fuego mediático que corre el peligro de convertirte en una adicción al éxito si no estás preparado. Premio Nacional de Literatura y Premio de la Crítica en 1990 por su primera obra “Juegos de la edad tardía”. Como los demás, premios nacionales de Literatura. Ya digo, un lujo contar con buenos exponentes de las letras españolas.

El vértigo final lo deparó la presentación de los cuadernos de poesía Lunara Plaquette de los miembros de Frutos del Tiempo; Manuela Maciá, Pedro Serrano, An Yi Campello y Carlos Javier Cebrián. Una fiesta de las letras como culmen de una aventura con el título “La dignidad de la palabra”. La palabra como signo para dignificarnos en estos tiempos de internete, redes sociales y poco espacio para la conversación, el encuentro entre las personas.

Más de mil personas acudieron a estos cinco actos que componían el programa de alta categoría. Todos los encuentros necesitaron celebrarse en el patio de butacas del Gran Teatro al superar el aforo del vestíbulo los asistentes. A mi pesar, he de reconocer que el cambio de ubicación, de la sala cultural La Llotja en Altabix al Gran Teatro, en pleno centro de la city, fue un completo acierto con mayor convocatoria de público que en un barrio.

Reconozco aquí la inmensa labor desarrollada por Carlos Javier Cebrián de Frutos del Tiempo para llevar a buen puerto el programa. Su dedicación y esfuerzo de promoción de las actividades, junto al gestor cultural, Julián Sáez, que ha creído desde el principio en este hermoso proyecto. Sí, al final, tendremos que darte la razón. Persistir. Resistir es vencer.

También mi agradecimiento a Carlos Javier Cebrián por permitirme presentar a uno de mis narradores favoritos. Luis Landero, que no me decepcionó para nada. Al contrario su persona me encantó al igual que ya adoro desde hace tiempo su literatura.

Sé que ya se cuece una nueva edición y promete venir el año próximo con emociones fuertes.

Atentos/as.

Francisco Gómez

LAS BANDERAS DOBLADAS DE NACHO, por Francisco Gómez

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Acabo de leer el primer libro de relatos que ha publicado mi amigo Ignacio Fernández Perandones y me ha gustado mucho. De hecho, se me ha quedado corto. Con ganas de más. Contar sin decir. Relatar con el fondo del misterio y los problemas sociales, las inquietudes interiores.

No parece un primer libro de historias cortas. Se nota que es un libro trabajado y depurado en el tiempo, macerado con la revisión y la visión crítica de los días, de tantos domingos sin afán concreto. Sólo elevar la calidad literaria en su primer libro de relatos.

Dice mi amigo en la presentación: “Existe un cierto desapego que el paso del tiempo roba a la ilusión. Las primeras emociones, los proyectos que te hacen palpitar, el idealismo de los 20 declina su luz”. Sus banderas dobladas al decir del verso de Luis García Montero. Tiembla la mirada cuando leo estas palabras. Uno ya ha renunciado a muchas banderas que se han doblado para no desplegarse más. No seré el periodista referencia. Mi literatura no llegará a nada. Sólo a unos pocos y buenos amigos/as comprensivos y atentos. No seré nunca padre, ni tendré familia, ni hijos que alumbren el camino hasta llegar, si el Hacedor quiere, a la vejez y luego a la desaparición y el olvido.

Todos cargamos con nuestras derrotas pero Nacho las convierte en sabiduría, comprensión de lo vivido y ánimo en seguir adelante a pesar de todo. Sus experiencias en la vida, en su fe y en la docencia tienen su poso en este hermoso libro.

El libro se presentó el pasado 10 de mayo en la sala Las Clarisas de la city de Elche. Actuó de presentador mi también buen amigo, Juan Lozano, que glosó a la perfección la vida y el libro de Ignacio, que como bien apuntó, cuenta más de lo que aparenta decir, como el iceberg de Hemingway y no parece su primer volumen de relatos por la exigencia, sugerencia y universo de las historias.

De entre la colección de microuniversos del volumen, uno se queda con “El pescador”, “Lecciones de Teología subterránea” y los dos últimos “Solitario” y “Frente al sol”.

No me resisto a transcribir un párrafo de su cuento “Frente al sol”: La vida a veces te golpea, pero no te escondas, no te rebeles. Aunque no veas nada, busca la luz, vislumbra un horizonte. No bajes a los garajes de la desesperación. Buen amigo, parece que has delineado esas frases para quien escribe. Hace tiempo que no escribía una línea por motivos que no vienen al caso. Leer tu libro y amistad me han invitado a escribir este comentario que no es una crítica. Uno no sirve para esas tareas.

Por último, he fijado la atención de manera extraordinaria en la dedicatoria del libro a tu padre, poeta como tú (que me ve desde su verso eterno en el Cielo), y a tu madre (a la que siento tanto y tan cerca como una bandera doblada). Comparto tu devoción por tu padre y las banderas dobladas de tu madre.

Sólo por la dedicatoria ya me has ganado.

Francisco Gómez

P.D: Si me lo permites, lamento haber escrito una crítica del libro que no es crítica, ni análisis ni nada de nada. He leído el libro con ganas porque deseaba leer tus relatos. Te conozco como el buen poeta que eres. Y si das tu consentimiento, dedico este artículo o lo que sea a Mari Carmen, que leerá tu libro.

La Dignidad de la palabra 4. Luis Landero, presentación por Francisco Gómez

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Entre otros muchos hay tres escritores que me encantaría, me hubiese gustado conocer. Uno de ellos paseaba por el Campo Grande y se escapaba a Sedano a imaginar las historias, los personajes que luego llevaba al papel. Amante de la naturaleza, ojalá hubiese podido pescar truchas con él. Ya no podrá ser. Hablo de Miguel Delibes. Otro de mis narradores fue marino y guardés antes que escritor. Con sus obras penetra con ojos infinitos en la psicología y el corazón de sus obras. Andar con él por Brooklyn, New Yersey. Pasear juntos por la Quinta Avenida y Central Park pero temo que tampoco será. Me refiero a Paul Auster.

El tercer autor, al que guardo devoción y corro a la librería cuando me entero que publica nueva novela, está a mi lado y es un honor y una satisfación presentarlo a Udes, amigos/as. No es otro que Luis Landero, uno de los mejores novelistas de la narrativa española actual.

En su novela “El balcón en invierno”, que convierte en una autobiografía novelada, nos descubre muchas claves de su obra:

“Esos momentos creadores, fundacionales, capaces de torcer el destino, de cambiar o corregir en un instante el curso de una vida, como me ocurrió a mí al descubrir que mi pueblo no era el centro del mundo o cuando me vi vestido con el mono y las alpargatas de mecánico, o cuando me compré El criterio de Balmes, sin sospechar que allí comenzaba una vida nueva. Y eso por no hablar de la muerte de mi padre, fuente de todo afán. En casi todas las novelas aparece alguno de esos momentos estelares y a veces en ellos está la clave para acechar el sentido profundo de la historia”.

Así nos revela Luis Landero muchas coordenadas de su literatura, atravesada por personajes corrientes, grises, anónimos que a pesar de sus contingencias quieren prosperar, labrarse un porvenir, un destino mejor. Seres, en apariencia de papel pero que, desde su balcón, donde ha escrito muchas de sus historias, ha ideado, creado, recreado sus vidas, mientras observaba una acacia y dos bombonas de butano.

Extremeño de Alburquerque (Badajoz), allá en 1948, su familia emigró a Madrid al barrio de Prosperidad en busca de mejores horizontes en los 60. Ha desempeñado diversos oficios, incluido guitarrista con un grupo con el que recorrió parte de Europa y dio pie a su novela “El Guitarrista”(2002), hasta acabar como profesor de Literatura en la Escuela de Arte Dramático de Madrid. Con su primera novela “Juegos de la edad tardía” (1989), que según ha contado, reescribió hasta cinco veces, ganó el Premio Nacional de Literatura y el de la Crítica en 1990. Los personajes de sus novelas son seres anodinos que persiguen un afán que casi nunca logran. En la travesía de sus andanzas y

desventuras sueñan mediante palabras precisas, hermosas y sutiles, la quimera de la felicidad, el barco de la utopía que les llevará a otros puertos a los que casi nunca arriban. Gregorio Olías en “Juegos de la edad tardía”, que imagina ser el Gran Faroni, ingeniero y poeta, paradigma de la audacia y el éxito, que embarca en su travesía a Gil, otro pobre soñador. Matías Moro en “El mágico aprendiz” (1999), un oficinista de vida tranquila que se convierte en héroe a su pesar. Dámaso Méndez y Tomás Horcajo de “Hoy, Júpiter” (2007). El primero con la alargada figura del padre y sus ansias de venganza y el segundo con sus sueños de catedrático, escritor y ser el hombre de acción que nunca será. Lino, el protagonista de “Absolución” (2012), que está a punto de casarse y cambia su futuro estado de felicidad por un ambiente de pesadilla o la aventuras y asechanzas de Hugo Bayo en su hasta ahora última novela “La vida negociable” (2017).

Luis Landero nació en el seno de una familia humilde donde apenas había libros (como en mi casa). Su abuela Frasca, su primo Paco, sus seres queridos contaban a la luz de la lumbre historias, leyendas, anécdotas, chascarrillos que irían labrando la mente del futuro escritor, que también escuchaba a los transeúntes, buhoneros y comerciantes que cruzaban la línea entre Portugal y Badajoz por su pueblo y llenaban su conciencia de futuras historias por escribir.

Amigos/as, si ya habéis disfrutado la lectura de las obras de Luis Landero, ¡enhorabuena! Si no, os invito a leerlo. A este amanuense que escribe a mano y dice: “Haz de cada palabra un santuario al que otras palabras vengan en peregrinación” (“Hoy, Júpiter”); “El arte de apurar hasta la evanescencia el significado de las palabras, el delicado y turbulento fluir de la sintaxis, capaz de impulsar y guiar el pensamiento más maduro por los intrincados laberintos que el mundo ofrece a la conciencia”.

Vale la pena leer sus hasta ahora nueve novelas publicadas, su libro de artículos “¿Cómo le corto el pelo, caballero? (2004), publicado en El País o su ensayo “Entre líneas: el cuento o la vida” (2000) o su libro dedicado a Extremadura “Esta es mi tierra” (2000).

Les dejo con un párrafo que me llegó al alma y comparto hasta la última palabra, de su libro “El balcón en invierno”:

“Tantos datos como atesoramos de políticos, militares, escritores, filósofos, científicos, profetas y magnates, y a veces apenas sabemos nada, ni nos preocupamos por saberlo, quizás porque los damos por sabido, de las personas que tenemos cerca y a los que queremos y que un día cuando mueran y transcurran los años y cuando ya es tarde para remendar los rotos del olvido, descubrimos con pena y estupor que no conocemos casi nada de ellos”.

“Mi madre ha ido aceptando todas estas muertes sin protestar, casi sin lágrimas. Así es la vida es todo cuanto dice, y los dos nos quedamos con los ojos perdidos en el aire, viendo apenados ese lento desfile de espectros desvaneciéndose en la distancia”. “Le dije que estaba escribiendo un libro sobre la vida de todos nosotros. Con lo mentiroso que has sido siempre habrá que ver

lo que cuentas ahí”. “No, esta vez no hay mentiras”.

Amigos/as, con todos Uds, Luis Landero