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EJERCICIOS DE INCERTIDUMBRE 18, por Javier Cebrián

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PHÓTOS, KÁTHARSIS, ESPERANZA.

tú sabes que está dedicado a ti

 

Para redactar mi ejercicio, esta vez voy a empezar por introducir las citas que había pensado utilizar en el desarrollo, en la redacción del mismo, a modo de intertextualidad, al montaigniano modo, en claro homenaje a mi admirado Michel de Montaigne1. Pero esta vez he cambiado mi intención primera, como ocurre tantas veces en la vida. Esta vez mi intención era hablar de la esperanza:

 

yo que hago de la sed la despedida

la despedida que hay en toda espera*

 

*Estos versos memorables pertenecen al poeta de Redován, Miguel Ruiz Martínez, fallecido en 2009. Un poeta de verso intenso y barroco, una poesía grandemente simbólica. Oscuridad y luz a partes iguales. Experimentación y una vuelta de tuerca al lenguaje y a la propia poesía. Versos extraídos de su poema LAS HORAS DE CRISTAL, de su poemario LLORA EN EL VELO MORTAL de 1986, incluido ahora en su poesía reunida EL CORAZÓN DEL CLAROSCURO (2019), edición a cargo de la Fundación Cultural Miguel Hernández de Orihuela, coordinada por Ada Soriano, José Luis Zerón, José Manuel Ramón y José María Piñeiro.

Sí, quería hablar de la esperanza, y es verdad que en toda despedida hay una espera. Toda esperanza contiene en sí misma una despedida.

Transcribo, como decía, las citas:

 

largo y arduo es el camino que conduce del infierno a la luz

John Milton2

Quien pisa con suavidad va lejos

Proverbio chino

La esperanza es el sueño de los que están despiertos

Carlomagno3

Detrás de cada noche viene una aurora sonriente

Khalil Gibrán4

la esperanza es el único bien común a todos los hombres; los que todo

lo han perdido la poseen aún

Tales de Mileto5

 

También tenía la intención de hablar de los vocablos griegos Phótos y Kátharsis, el primero: deseo de lo inalcanzable o lo ausente, un deseo que hace sufrir  porque es imposible de calmar. Según Irene Vallejo6  -de vez en cuando uno se topa en su librería, por azar, con algún libro maravilloso; es el caso de “El infinito en un junco. La invención de los libros en el mundo antiguo”. Una maravilla erudita y divertida por igual, poética, una fiesta literaria-, este vocablo es la palabra griega que sirve para describir la obsesión que sufría Alejandro Magno7, el gran conquistador macedonio. Nombra también el desasosiego de los enamorados no correspondidos y la angustia del duelo. Alejandro no encontraba calma en su deseo de ir más allá. El segundo: entre los antiguos griegos es la purificación de las pasiones del ánimo mediante las emociones que provoca la contemplación de una situación trágica; según la RAE, experiencia purificadora de las emociones humanas, (Catarsis) viene de Kátharsis: purga, purificación, y en literatura es el efecto purificador que experimenta el espectador a través de una obra de arte. Un concepto ideado por Aristóteles en su Poética8 por vez primera. En definitiva una liberación o una transformación interior provocada por una experiencia profunda, un cambio.

Mi querido amigo Francisco Gómez9, del que tantas cosas me separan, casi todas, y que otras nos unen: como la amistad franca y sincera y la literatura, publicó en 2009 su libro Sueños de Nadie, (Colección El picudo blanco), libro que se abría con un relato titulado El hombre que llovía, seguramente un relato fallido o no redondo del todo, que introducía una imagen poderosa y bella en su personaje principal, Pedro Cifuentes, un hombre condenado a su destino, en palabras de su autor, la insatisfacción permanente de la condición humana. Este personaje es un hombre al que le persigue una nube lluviosa, es decir solo llueve sobre él, esté donde esté, bajo techo, en casa, en la calle, bajo el paraguas… Pues bien esta imagen… es una foto fija que me persigue últimamente, exactamente así me siento, o me sentía hasta hace poco, perseguido por una lluvia propia y única, solo mía y de nadie más, una imagen evocadora de la tristeza, de esa insatisfacción de la que habla Francisco Gómez, yo condenado a mi destino.

Pero hete aquí, que la vida te depara regalos inesperados, despedidas y esperas, las despedidas que hay en todas las esperas… Y he pasado de esa insatisfacción, de ser perseguido por esa nube, esa lluvia cual si fuera el Phótos griego, el deseo de lo ausente, de lo inalcanzable, a esa Kátharsis, esa purificación, esa liberación, ese cambio, un abrir los ojos a la esperanza, porque detrás de la noche viene una aurora sonriente. Esa aurora sonriente ha visitado mi casa, me ha atrapado, me ha arrasado, se me ha llevado por delante, desatando en mí el deseo de lo presente, de lo alcanzable, de lo realizable. Con alegría y tristeza a partes iguales pero con pasión. Toda catarsis conlleva un cambio, una crisis, un sufrimiento, una asunción de la realidad y de las responsabilidades. ¿Cómo le dices a quien has amado tanto, que representa la mayor decepción que has sufrido en tu vida? Sabiendo que la decepción es hacia ti mismo. ¿Cómo le dices que es el dolor más grande de tu corazón, la mayor desolación, cómo se puede explicar esto sin causar daño? Quizá asumiendo, como escribe Xuan Bello10, en La historia escondida, la conciencia de que puedes infligir dolor, sintiendo, en carne propia, la conciencia del dolor propio y ajeno.

La esperanza, la ilusión, tienen nombre propio, quizás nombres propios, porque observas el mundo con otra perspectiva, sí, atisbas las miradas que antes no percibías, te sientes deseado o amado, te sientes angustiado también, porque toda esperanza tiene en sí una pequeña angustia deseable. Vuelves a vivir, es así de sencillo. También sabes que puedes salir dañado otra vez, pero no te importa.

Por un lado ves alejarse a ese amor que creías el amor de tu vida, cada minuto más distante, más lejano, más desconocido, ese lugar al que creías haber llegado; por otro lado te llega el amor de siempre, ese que nunca has olvidado, ese deseo inalcanzable que se entrelaza en tu respiración, que te respira, al que respiras, y por otro en la lejanía, buscas el sol, la luz, esa flor nombrada… otra puerta liberadora, la catarsis, el sueño del que sigue despierto, la esperanza… y sonríes, por fin sonríes, sigues aquí, otra vez la canción de Sondheim11 I’m still here, del musical Follies de 1971. Sigues aquí, sonríes. Atrapas la suerte. Como la leyenda del Ave Fénix, nuestros finales fueron principios.**

 

 

** Get Lucky, Daft Punk, feat Pharrel Williams and Nile Rodgers
1-Michel de Montaigne. 1533-1592, político y escritor francés, creador del género literario conocido en la Edad Moderna como ensayo.
2- John Milton (1608-1674), poeta y ensayista inglés, conocido especialmente por su poema épico El paraíso perdido (Paradise Lost).
3-Carlomagno, Carolus [Karolus] Magnus; 742, 747 o 748 – 814) fue rey de los francos desde 768, rey nominal de los lombardos desde 774 e Imperator Romanum gubernans Imperium ​desde 800 hasta su muerte.
4-Khalil Gibrán (1883-1931) fue un poeta, pintor, novelista y ensayista libanés; conocido como el poeta del exilio.
5-Tales de Mileto, (624 a.C.- 546 a.C.)​ fue un filósofo, matemático, geómetra, físico y legislador griego.
6-Irene Vallejo (Zaragoza, 1979), Premio Ojo Crítico de narrativa (2019). Premio Los Libreros Recomiendan (2020), en categoría de no ficción, por El infinito en un junco.
7-Alejandro Magno, Alejandro III de Macedonia (Pela, Grecia; 20 o 21 de julio de 356 a. C.​ – Babilonia; 10 o 13 de junio de 323 a. C.), más conocido como Alejandro Magno o Alejandro el Grande, fue rey de Macedonia (desde 336 a. C.), Hegemón de Grecia, Faraón de Egipto (332 a. C), Gran rey de Media y Persia (331 a. C), hasta la fecha de su muerte.
8-Poética de Aristóteles, La Poética o Sobre la poética es una obra de Aristóteles escrita en el siglo IV a. C. Su tema principal es la reflexión estética a través de la caracterización y descripción de la tragedia. Aristóteles se propone hablar «del arte poético en sí mismo y de sus formas, de la potencialidad que posee cada una de ellas, y de qué modo se han de componer las tramas para que la composición poética resulte bella».
9-Francisco Gómez, Elche 1966. Escritor y periodista ha publicado varios libros de relatos y de artículos periodísticos (la trilogía Crónicas de la city) En 2019, publica su primera novela Historia de una mentira, colección Frutos secos, Ed. Frutos del Tiempo.
10-Xuan Bello, Paniceiros, Asturias, 1965, uno de los escritores más destacados de la literatura española contemporánea, en lengua asturiana.
11-Steve Sondheim, 1930; compositor y letrista estadounidense, especializado en el género musical.

 

 

 

 

Ejercicios de incertidumbre 17, por Javier Cebrián

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LA ESCRITURA

a ti, que sabes quién soy y quién eres

Últimamente vivo un fenómeno extraño. Observo mi vida como un espectador. Un yo omnisciente se sitúa fuera de mí y observa el transcurrir anárquico de este sujeto llamado Javier Cebrián, como un espectador anónimo y no intervencionista. Observo, espío, a un tipo extraño en su diario acontecer. Llego, por tanto, a la conclusión de que soy ficción, parte de otra ficción más radical a la que llamamos vida. Sé que soy un farsante y la verdad es que me gustaría adentrarme en la espesura, perderme de vista por un tiempo. Soy la consecuencia de mis errores y muy probablemente también la causa.  Si hay algo que detesto es la autocompasión, la autoindulgencia, en la vida y en la literatura.

Creo que me dedico a escribir estos de ejercicios de incertidumbre porque me apresto a abandonar la escritura. No es exhibicionismo, al menos no del todo. Desconozco el alcance de mis artículos aunque sí sé que mi aportación a la literatura es nimia. Es verdad que en el mundillo literario de mi ciudad debo de ser algo, no mucho, pero alguien. He hecho cosas, he publicado algunos libros, he organizado “eventos”, como se dice ahora… Son 30 años dedicándome a esta insensatez, y 37 años de escritura solitaria y autobiográfica. Toda mi historia literaria es una batalla contra el yo, en realidad lo es toda mi vida. Debo de ser un tipo raro, tengo una rara propensión a situarme cerca del abismo, a ir hacia él, es una pulsión extraña, cada decisión que tomo o he tomado me ha conducido al desastre. No hay sabiduría en mí, no hay solidez, nada que sirva a nadie para ser mejor… pienso ahora en estos versos de la poeta nicaragüense Ana Ilce Gómez1, me pregunto para qué escribo/ para qué sirven estas líneas/ si al leerlas alguien no fue mejor/ o más piadoso/ o más confiado.

Como decía antes, desde afuera me observo y me sé un falsario, no cuento, pese a que lo parezca, mi verdadera historia en mis escritos, son pura ficción. Manejo unos preceptos literarios que solo son justificaciones, metaliteratura, es decir literatura sobre la propia literatura, una meditación especular, profunda, puramente teórica y sin ánimo práctico, hacer suposiciones sobre algo que no se conoce con certeza. Métodos, conceptos aprehendidos de otros, sólidos, firmes, para saltármelos a la torera. Convierto en relato confesional aquello que es solo falacia. Porque no lo cuento todo, me guardo cosas, callo más de lo que digo, que es otra manera de mentir. Digo que lo he perdido todo cuando la realidad me dice que nada he perdido porque nada era mío. Todo es miedo, miedo a perder lo ya perdido, miedo a la inconsistencia, miedo a dañar a no sé quién… Porque la verdad daña, la verdad duele y yo no puedo afrontarla sin mecanismos de defensa.

¿Cómo se puede comprender que te dejen de amar? …

Es imposible separarse sin horror de alguien al que íntimamente has estado unido, alguien con quien se han compartido alegrías, alguien que te ha enseñado a ver el mundo de otra manera…

Ese horror solo pocas veces se mira de frente: te hace daño y te recuerda, quizás, que solo en el olvido hay consuelo; que solo no estando solo no estarás con ese monstruo que usa tu nombre y viste tus trajes, ese que es, sí, el diente de tiburón que ha desgarrado, con torpeza, el alma de quien más te quería.*

Como decía antes detesto la autocompasión, la autoindulgencia: el sentimiento de pena hacia uno mismo que experimenta un individuo en situaciones percibidas como adversas. En términos psicológicos no son lo mismo autocompasión y autoindulgencia, esta última es considerada como positiva por las ramas psicológicas más eclécticas, estas tendencias pseudocientíficas que nos empujan al abismo de la felicidad, esa otra falacia, y que nos dicen que ser autoindulgente significa tratarnos a nosotros mismos con la bondad, el cariño y la comprensión con que trataríamos a un amigo. Y no es lo mismo que ser autocompasivo, ya que este concepto se relaciona con las personas que se tienen lástima, que evitan las críticas y que no quieren interiorizar ningún concepto negativo sobre su persona. Ya lo decía Esquilo2: Es una ley sufrir para comprender, y a lo que yo aspiro es a comprender…

Ya lo he dicho, no soy tan confesional, ni tan autobiografista como algunos creéis, no lo digo todo en mis escritos, que es, como ya he dicho, otra manera de mentir, o de adulterar la realidad, en todo caso no es verdad, mi amigo ilustre Mariano Sánchez Soler3, dice que la poesía solo sirve para decir verdad y dice también que la literatura existe para que podamos explicar la verdad. Yo no estoy tan seguro de ello, para mí la literatura siempre ha sido el intento baldío de conocer y comprender el mundo, y también ha sido un camuflaje.

Hace años escribí, como decía Herman Hesse4, supe que ser amado no es nada; que amar, en cambio, lo es todo. O como dijo Albert Camus5 No ser amado es una simple desventura. La verdadera desgracia es no saber amar. Y hoy, siento, sé, que estas citas y mi pensamiento de entonces no son más que falacias. Ser amado es hermoso, hoy más que nunca. Sentirse amado te induce a saber amar, así lo creo. Pero, en otro más de mis embustes, no os voy a hablar de este amor que me desangra, este amor prohibido que me revive y deshace al mismo tiempo… Saber que solo en el olvido hay consuelo; que solo no estando solo no estarás con ese monstruo que usa tu nombre y viste tus trajes. Otra vez el miedo a estar solo pese a que sabes que siempre lo has estado, miedo a perder lo ya perdido, a no estar sujeto y en el vacío. Así me siento, amado y miedoso, deseado, vivo, perdido, triste. Vuelvo a no comprender y a saber que saldré dañado otra vez, esta rara querencia por el abismo, aquí donde esperan todas las palabras que no he escrito, donde te pido que cures con un beso las angustias de mi aliento, desde esta lejanía que nos tiene de rival, donde te pido que me digas con un abrazo que la vida fue una espera y que ya no tengo que esperar, donde te pido que me beses y me regales las mieles del olvido, donde te pido que me beses porque quiero recordar**.

 

1-Ana Ilce Gómez (1944-2017) Poeta y periodista nicaragüense, miembro de la Academia Nicaragüense de la Lengua desde el 2006.

2-Esquilo, (525-526 a. C.- 456-455 a. C) dramaturgo griego. Predecesor de Sófocles y Eurípides, es considerado como el primer gran representante de la tragedia griega

3-Mariano Sánchez Soler (Alicante, 1954) autor entre otros muchos libros de los poemarios Lágrimas de sombra (Lunara poesía plaquette 2018), Para los que brillan con el beso eléctrico (ECU 2019) y del libro de investigación La familia Franco S.A. (Roca libros 2019)

4-Herman Hesse, (1877-1962) escritor, poeta, novelista y pintor alemán, naturalizado suizo en 1924.

5-Albert Camus, (1913-1960) novelista, ensayista, dramaturgo, filósofo y periodista francés nacido en Argelia.

 

  • Extracto de La Historia escondida de Xuan Bello, Xordica 2019

** canción: Llévame en un beso de Paté de fuá feat Lila Downs, 2016

 

 

 

 

Ejercicios de incertidumbre 16, por Javier Cebrián

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DESAPARECER

a Pepi

a An Yi

y al amor que eres

 

Cuando publiqué el ejercicio anterior, el número 15, me escribió mi amigo Gabi para decirme que tenemos gustos comunes, haciendo referencia, en este caso, a nuestro gusto por la canción Being Alive de Stephen Sodheim de la que hablaba en el artículo, y me sugería que podría escribir un nuevo ejercicio sobre otra canción del compositor norteamericano I’m still here, perteneciente al musical Follies, estrenado en 1971, de la que me decía que es una de sus canciones favoritas. Le contesté que era una bonita posibilidad ya que para mí también es una canción memorable, pero que estaba preparando ya, mi ejercicio número 16, este, o no exactamente este, que trataba sobre la desaparición.

La desaparición, en todas sus vertientes, es un tema que me obsesiona. Mi admirado Enrique Vila-Matas1, ha escrito mucho sobre esto, sobre todo en sus novelas Bartleby y compañía (Anagrama 2000), donde escribe sobre escritores reales que dejaron de escribir, bien por el silencio o bien por la muerte, y en Dr. Pasavento (Anagrama 2005), donde hace ficción de su propia vida para indagar en primera persona sobre este fenómeno que obsesiona o acecha a muchos escritores, que en algún momento de sus carreras se plantean dejar de escribir.

En mi caso se trata de una literaturización de la vida, quizá cargada de un excesivo idealismo. Podríamos preguntarnos aquí ¿dónde comienza la realidad y termina el subjetivismo de un ser humano, de un escritor en este caso, sabemos dónde está el límite entre ficción y realidad, al menos en literatura? Friedrich Nietzsche2, el filósofo y filólogo y poeta y músico alemán, considerado uno de los filósofos más importantes de la Filosofía Occidental, se preguntaba: ¿Qué dosis de verdad puede soportar un ser humano? Y Jean Rostand3,  escritor, filósofo y biólogo francés dijo: El que pone demasiado de su vida en su literatura, con frecuencia pone demasiado de su literatura en su vida.

Para Vila-Matas, la desaparición es muy complicada, casi incomprensible porque el yo se resiste “sospecho que, paradójicamente, toda esa pasión por desaparecer, todas esas tentativas, llamémoslas suicidas, son a su vez intentos de afirmación de mi yo”. Como veis volvemos sobre el yo y su problemática, como siempre. En cambio Sergio Pitol4, otro de mis escritores favoritos, maestro del cuento contemporáneo, lo define como “la idea del descenso, el viaje a uno mismo, el deseo de viajar sin retorno”. No puedo estar más de acuerdo con el maestro mexicano.

Efectivamente desaparecer es muy complicado, al menos si hablamos de desaparecer por decisión propia en cuanto a la idea de escribir o dejar de escribir, también lo es si se quiere desparecer sin más, si no hablamos de algo trágico. “Desapareció sin más… como un puño al abrir la mano”, como escribió Dashiel Hammet5, en El halcón maltés. A veces uno no es responsable de determinadas desapariciones, de ese desvanecimiento al que las circunstancias lo obligan. Volviendo a la película Historia de un matrimonio (2019), de la que hablaba en mi anterior ejercicio, en ella hay una escena que me tocó profundamente, y que puede explicar, sin palabras, tan huecas a veces, tan sobrevaloradas otras, tan intangibles casi siempre cuando no estamos dotados de su dominio, lo que quiero expresar: Charlie vuelve a la casa de la que fue su familia política y observa cómo la vida ha vuelto a la normalidad sin él, a las ilusiones, a la alegría y cómo alguien ha ocupado su lugar en el amor de todos; en un momento mira las fotos, colocadas en el aparador del recibidor, de la familia, y observa que él ya no aparece en ninguna de ellas, lo han desvanecido, desaparecido, como síntoma de pervivencia y de que la vida sigue su curso, ya no es parte, no solo de la vida, sino del recuerdo, de la que fue su familia.

Y es aquí, en este justo momento, en el que se me escapan, insumisas, las lágrimas, cuando me viene la canción, de la que me habló mi querido Gabi, como un torbellino, como un huracán I’m still here. Sí, encaja, viene a cuento, es este azar de la literatura, de la vida, que lo une o imbrica todo, a la manera de las tejas de los tejados, de las escamas de los peces, de las hojas de los árboles, como escribí en mi ejercicio anterior. Una canción hermosa, que es la proclamación del yo por encima de los avatares y de los embustes, que es un canto insumiso a la supervivencia del yo, una negación de la desaparición…

Good times and bum times,

I’ve seen them all and, my dear,

I’m still here.

Plush velvet sometimes,

Sometimes just pretzels and beer,

But I’m here.

I’ve stuffed the dailies

In my shoes.

 

Buenos tiempos y malos tiempos,

Los he visto a todos y, querida,

Todavía estoy aquí.

Terciopelo de felpa a veces,

A veces solo pretzels y cerveza,

Pero estoy aquí.

He llenado los diarios

En mis zapatos.

Del mismo modo que Charlie, yo sufro esa misma sensación cuando vuelvo a casa y observo que no queda rastro de mi paso por ella, me he desvanecido, he desaparecido, como si nunca la hubiera habitado, y esa extrañeza es lo único que queda de mí en ti. Una vez dije que tus muertos siempre serán mis muertos, y aunque lo siento así, porque el amor por las personas idas no conoce de desavenencias, también sé que, de alguna manera, estoy errado. La verdad es que aquellos muertos fueron mis muertos y ya no lo son…  Sí, es extraño, pero es verdad, porque la verdad es siempre extraña, más extraña que una ficción, como bien dijo Lord Byron6. La realidad es una apisonadora, pero pese a todas estas desapariciones yo sigo aquí, buenos y malos tiempos, los he visto a todos y, queridas, todavía estoy aquí.

 

 

1-Enrique Vila-Matas (Barcelona 1948)

2-Friedrich Nietzsche (1844-1900)

3-Jean Rostand (1894-1977)

4-Sergio Pitol (1933-2018)

5-Dashiel Hammet, escritor norteamericano de novela negra (1894-1961)

6-Lord Byron, George Gordon Byron, 6.º barón de Byron, (1788-1824), poeta del romanticismo británico. Antecedente de la figura del poeta maldito.

Ejercicios de incertidumbre 15, por Javier Cebrián

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“IMBRICADO”

Imbricado es una palabra, un participio, un adjetivo, que me gusta mucho. Cosas superpuestas a la manera de las tejas de los tejados, de las escamas de los peces, de las hojas de los árboles. Imbricar: superponer, solapar, enlazar, conectar, relacionar. Es decir, algo imbricado es algo que está relacionado, intercalado, superpuesto. Por ejemplo, en mi caso, vida y obra están imbricadas, conectadas, relacionadas, superpuestas a la manera de las tejas de los tejados, de las escamas de los peces, de las hojas de los árboles. Quizá, incluso, más que eso, en mi caso, vida y obra son lo mismo, se confunden, en definitiva todo está relacionado, imbricado.

El mundo no es algo, que hoy, me interese. No me resta ilusión a estas medianías de mi vida, creo que he gastado todos los cartuchos de la recámara, he malgastado todas mis balas. Me aplico a vivir, sin más, a sobrevivir, que no es poco, eso es todo. Y lo digo sin pesar, pero con algo de remordimiento. Me pregunto si he traicionado al niño que fui, al niño que sigo siendo… Me pregunto si he traicionado todas mis intenciones primeras. ¿Qué es lo que se nos lleva por delante en este pasar de los días? ¿Es nuestro orgullo, temperamento, egoísmo, fanatismo, incomprensión, falta de empatía, falta de amor, exceso de amor? Yo sé que algo me ha llevado por delante, me ha descarrilado, quizá empleo mal el tiempo verbal, ese pretérito perfecto, en realidad algo se me llevó por delante, me descarriló, en un pasado simple, o quizá en un presente de indicativo, algo me lleva por delante, me descarrila; en realidad todo es muy simple, no requiere de más explicación, es algo que se explica o debería explicarse por sí mismo, con mis escritos, con mis ejercicios de incertidumbre, con mi vida toda. Cosas superpuestas,  a la manera de las tejas de los tejados, de las escamas de los peces, de las hojas de los árboles. Imbricado.

Hace unos días vi en Netflix, la película Historia de un matrimonio de Noah Baumbach1, 2019, interpretada magníficamente, en sus papeles principales, por Scarlett Johanson y Adam Driver. Una especie de actualización o deconstrucción de otra cinta, Kramer contra Karmer, dirigida por Robert Benton2 en 1979 e interpretada, también con maestría, por Meryl Streep y Dustin Hoffman, de la que podemos decir que es su heredera espiritual, como escribe Mireia Mullor en su reseña en la revista Fotogramas. Hay quien la considera una obra maestra, Historia de un matrimonio: una obra maestra rota por dentro, Luis Martínez, Diario El Mundo, otros la creen insoportable, como Carlos Boyero, crítico de El País, insoportable, falsa y pretenciosamente realista, literalmente. Me da a mí que el insigne Boyero, tan egocéntrico, ha amado poco. Pero esto es también una opinión interesada.

Después de ver, disfrutar y sufrir Historia de un matrimonio, con sus sofocantes realismo y atmósfera, creo que todo aquello que yo quería expresar con estos ejercicios… ya está dicho.  Reconozco que me emocioné, que sentí una empatía interesada hacia el personaje masculino, a su forma de romperse, que es también la mía. Como a mí me gusta, en la película, lo importante no es lo que se nos cuenta, que ya nos lo sabemos, de sobra, lo importante es el modo de contarlo, y también lo que no dicen las palabras y esconden las imágenes. Lo importante son las preguntas que nos asaltan, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Dónde perdimos el amor y el respeto? ¿Cuándo dejamos de ver al otro en nuestra mirada? Lo importante es la conclusión a la que llegamos: a veces es imposible seguir juntos pese a que nos queramos, a que sigamos queriéndonos.

De entre todos sus momentos memorables destaco la interpretación por parte de  Charlie/ Adam Driver, de la canción de Stephen Sondheim3: Being alive –que pertenece al musical Company, estrenado en Broadway en la primavera de 1970- que da significado a la película. Intenso, precioso, emotivo. El protagonista se pregunta en voz alta qué es lo que gana uno casándose y empieza a cantar todas las trampas y peligros que percibe en el matrimonio. Llegado un punto de la canción, Robert (Charlie en el caso de la película) hace una transición y expresa en cambio el deseo de abrazar una relación, de aceptar que quizá sí es posible ganar algo de un compromiso, sea placentero o doloroso.*

En el momento en que Charlie canta esta canción en una reunión con sus amigos y compañeros de compañía de teatro, ya ha firmado los papeles de divorcio. No canta con esperanza, entraña otro significado, melancolía, tristeza por algo que dejó de funcionar, pero también la esperanza de recuperar ese mismo sentimiento con otra persona en el futuro. Sabiendo, también, que su antiguo amor, y él mismo, siempre estarán ahí el uno para el otro, cuidándose, queriéndose y para ayudarse a seguir vivos. Eso es algo muy difícil de explicar, algo a lo que no quiere uno nunca renunciar, el amor que fue, que seguirá siendo. Doy fe.

Todo está imbricado, superpuesto a la manera de las tejas de los tejados, de las escamas de los peces, de las hojas de los árboles. Vuelvo a dar fe.

 

Que alguien me abrace demasiado fuerte

que alguien me haga sufrir demasiado

que alguien se siente en mi silla

y me quite el sueño

y me haga ser consciente

de estar vivo

estar vivo

Que alguien me necesite demasiado

que alguien me conozca demasiado bien

que alguien me haga parar en seco

y me haga vivir un infierno

y me dé ánimos

para estar vivo

ínflame de vida

ínflame de vida

confúndeme

búrlate de mí con elogios

aprovéchate de mí

dale variedad a mis días

Pero estar solo

es estar solo

no estar vivo

Que alguien me sature de amor

que alguien me fuerce a entregarme

que alguien me obligue a dar la talla

Yo siempre estaré ahí

tan aterrado como tú

para ayudarnos a sobrevivir

Estar vivo

estar vivo

estar vivo.

 

 * ‘Historia de un matrimonio’: qué significa que Adam Driver cante ‘Being Alive’

por Emilio Domenech. Vogue.

1-Noah Baumbach, ( 1969) director de cine y guionista estadounidense, ha dirigido entre otras películas The Squid and the Whale (Una historia de Brooklin), 2005;  Mistress América 2015.
2-Robert Benton, (1932) director de cine y guionista estadounidense, ha dirigido entre otras películas Kramer contra Kramer , 1979; Al caer el sol, 1998; La mancha humana, 2003.
3-Stephen Sondheim, 1930; compositor y letrista estadounidense, especializado en el género musical.

Ejercicios de incertidumbre 14, por Javier Cebrián

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PATHOS*      

¿Por qué escribimos? Podría parecer  una pregunta retórica. En todo caso tiene una difícil respuesta, y, casi siempre, a los que nos dedicamos a esta especie de locura o esquizofrenia que es la escritura, nos sitúa ante el vacío.  ¿Qué nos lleva, a algunos sujetos, a escribir? ¿Qué es lo verdaderamente importante en la escritura, de la escritura? Una simple preposición cambia, en su todo, el enunciado, la idea. La verdad sea dicha, la escritura es una querencia absurda, incluso una actividad, diríamos, improductiva. ¿Quién puede expresar la necesidad, la utilidad de escribir y publicar, a qué propósito sirve, así en la práctica, empíricamente? ¿Cuál es el alcance de nuestros escritos? ¿Qué nos induce a escribir, qué nos incita a pensar que lo que escribimos sirve a alguien, tiene importancia, o si quieren… qué nos hace pensar que estamos dotados para hacerlo, por qué, alguien, ajeno, debería leernos o escucharnos?  A mí, lo que me provoca a escribir es el miedo, el silencio. Soy incapaz de convivir con el silencio. Y la vida es tan ilógica que me aterra, me refiero a lo conceptual, a lo esencial, las preguntas de siempre… ¿De dónde venimos y adónde vamos y sobre todo por qué, por qué existimos…? Otra de las razones por las que escribo es la envidia. Es la propia Literatura, las lecturas que me conmocionan, la imitación, la admiración. Y el motivo fundamental, finalmente, es la necesidad de comprensión, la necesidad de explicarme. Es decir, la razón principal de todo esto es la vida y su incertidumbre.

Por todo ello llevo casi toda mi vida dando la tabarra con mis poemas o con mis ejercicios de escritura, como éstos a los que he intitulado Ejercicios de incertidumbre. Por supuesto practico un método, documentación, me sirvo de lo ya escrito, de citas, de escritores vivos o muertos, verdaderos, que ya dijeron con maestría lo que yo apenas balbuceo. Ahora mismo quería escribir sobre ese silencio al que temo, sobre el miedo y el silencio, y para ello he acudido a la lectura del antropólogo y sociólogo francés  David Le Breton1, quien ha publicado El silencio, Elogio del caminar, Desaparecer de sí… Como digo, soy incapaz de convivir con el silencio, he de escuchar u oír siempre algún ruido, música, la televisión, el carrusel de los partidos de fútbol, el ruido de la calle. Para mí El silencio es el ruido más fuerte, quizás el más fuerte de los ruidos como dijo el gran Miles Davis2, el músico que cambió en varias ocasiones el rumbo y la historia de la música contemporánea, desde el jazz, bebop, cool, hardbop, vanguardia jazzística en su vertiente modal y de fusión con el rock. Un genio. Y con respecto al miedo creo firmemente que Nada es tanto de temer como el temor, esto me lo ha enseñado Henry D. Thorau3 , escritor, poeta y filósofo, naturalista, de origen puritano y de tendencia trascendentalista.

Sin embargo el diario acontecer nos mece o nos arrastra, nos conduce por caminos diferentes a los que emprendíamos. En esas estaba, aceptando que para quien tiene miedo, todo son ruidos –Sófocles4 dixit- cuando me he topado con la lectura de esta frase: El amor no lo es todo en la vida del hombre, al hojear un ejemplar del libro “Una pena en observación” de C.S. Lewis5 , comprado de segunda mano por mi compañero de circunstancias y avatares, de piso también, Juan León. Recordaréis mejor la película basada en el libro, interpretada por Anthony Hopkins y Debra Winger en 1993, Tierra de penumbra, dirigida por el gran actor, director y productor de cine Richard Attenborough6.  Y además leo lo siguiente: Y de rechazo cae uno en lágrimas y en el pathos, lágrimas sensibleras, casi prefiero los ratos de agonía, que son por lo menos limpios y decentes. Y sin saber por qué, me viene, de inmediato, una canción, otra canción, otra vez, a la mente, como en un bucle sensiblero:

 

And how can you mend a broken heart?

How can you stop the rain from falling down?

How can you stop the sun from shining?

What makes the world go round?

 

How can you mend  this broken man?

How can a loser ever win?

Please help me mend my broken heart and let me live again

 

(Y cómo puedes remendar un corazón roto?

¿Cómo se puede detener la lluvia cuando cae?

¿Cómo se puede detener el sol cuando brilla?

¿Qué hace girar al mundo?

 

¿Cómo se puede remendar a este hombre roto?

¿Cómo puede un perdedor jamás ganar?

Por favor, ayúdame a reparar mí corazón roto y déjame vivir otra vez…)

 

A mí me gusta más la acepción de remendar para el verbo to mend: arreglar, es más poético, ¿no creéis? Tremenda canción de los Bee Gees7, escrita por Barry y Robin Gibb en 1970 e incluida en el álbum Trafalgar de 1971.

Así me siento, y de nuevo una canción me lo recuerda. Y como dice CS Lewis, de rechazo caigo en lágrimas y en el pathos, de manera sensiblera y casi indecente. Este vocablo griego pathos* puede tomar varias acepciones y según la filosofía de Aristóteles es uno de los 3 modos de persuasión en la retórica, junto al ethos y el logos. El ethos es la manera de ser, pensar o sentir, la costumbre, la conducta, el carácter, el temperamento, la moral o la moralidad… El logos expresa la razón, la palabra razonada o meditada, reflexionada, el argumento…  Una vez instalado en el pathos, en el empleo de recursos o temas destinados a emocionar fuertemente al lector o espectador, es decir en el patetismo, no es otra cosa por mucha trascendencia lingüística e historiográfica-historiografía quiere decir el arte de escribir la Historia-que queramos darle, ¿cómo puedo detener la lluvia cuando cae, como puedo hacer que el sol deje de brillar…?  ¿Cómo puedes remendar a este hombre roto? Todavía puedo sentir la brisa que susurra por los árboles… Y las memorias brumosas de los días pasados… Nunca pudimos ver el mañana, nadie dijo una palabra sobre el dolor…

I can still feel the breeze that rustles through the trees

and misty memories of days gone by

We could never see tomorrow, no one said a word about the sorrow

El amor no lo es todo en la vida de un hombre, lo sé. Sigo preguntándome por qué escribo, y por qué lloro, y llego a la conclusión de que ambas acciones son lo mismo en estos días de zozobra y patetismo a los que os castigo. ¿Dónde han quedado mis preceptos, el empleo de la ironía, el subtexto, lo importante es lo que no decimos en el texto, huir de la sensiblería, llamar a la reflexión, el respeto por el lenguaje? Creo que he sido a lo largo de mi vida bastante gilipollas… Cuánta tontería. Todo es incertidumbre. Pathos, ¿qué le vamos a hacer? Lágrimas sensibleras, ¿o también preferís por limpios y decentes, mejor, los momentos de agonía? Yo no, yo prefiero llorar, así amablemente, con convencimiento, por el amor perdido, por todo lo que echo de menos, por las canciones, por el recuerdo, por la memoria que es lo único que nos define… lo siento por vosotros mis sufridos e improbables lectores, todo lo demás está por venir…

Porvenir maldita palabra.

 

1-David Le Breton (1953) es sociólogo y antropólogo, profesor en la Universidad de Estrasburgo

2-Miles Dewey Davis III 1926-1991), conocido como Miles Davis, fue un trompetista y compositor estadounidense de jazz.

3-Henry David Thoreau (1817-1862) escritor, poeta y filósofo estadounidense

4-Sófocles (496 a. C. – 406 a. C.) poeta trágico griego, autor de obras como Antígona y Edipo rey

5-Clive Staples Lewis (Belfast, Irlanda del Norte, 1898-1963), popularmente conocido como C. S. Lewis fue medievalista, apologista cristiano, crítico literario, novelista, académico, locutor de radio y ensayista, reconocido por sus novelas de ficción, especialmente por las Cartas del diablo a su sobrino, Las crónicas de Narnia y la Trilogía cósmica. Autor del relato autobigráfico Una pena en observación, 1961

6-Richard Samuel Attenborough (1923-2014) Actor, director y productor de cine británico

7-Bee Gees fue un grupo de tres hermanos británicos, Barry, Robin y Maurice Gibb dicho grupo se originó en Australia en el año 1958, los hermanos Gibb dieron un gran saltó a la fama en 1975 hasta 1979 por el característico falsete del grupo, también conocidos como los «Reyes de la música disco» tras el éxito de álbum doble y banda sonora de la película Fiebre del sábado noche, Saturday night fever

 

EJERCICIOS DE INCERTIDUMBRE 13, por Javier Cebrián

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NO ME LLAMES CARIÑO*

 

  • Libro de relatos de Gerardo Irles (Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, Alicante, 1989)

 

Cada vez que me despido, que me voy, se me rompe un poco más el corazón. Sé que es una frase manida, consabida, incluso cursi. ¿Qué le vamos a hacer, si no tengo el talento que otros tienen para decir lo mismo con maestría y belleza? Cada vez que nos decimos adiós, muero un poco/ Every time we say goodbye I die a Little. Vuelvo a invocar una canción, vuelvo a mi admirado Cole Porter1.  A mí, de sus muchas versiones, me gusta especialmente la que interpretan Ray Charlesy Betty Carter 3, versión de 1961. Ray Charles, con ese estilo percusivo al piano, es decir de tecleo y dedos rápidos, cantante de voz rota, pionero en los años 50 de la música soul, una combinación de blues, rhythm and blues y góspel. Y Betty Carter, maestra de la improvisación, vanguardista, y con propensión a transgredir los límites armónicos y melódicos, su voz llegó a compararse al saxo de John Coltrane4, priorizó sus convicciones artísticas por delante del éxito comercial, reivindicaba el jazz como patrimonio exclusivo de los afroamericanos. Entre los dos, a dúo, interpretan una versión profunda y melódica, llena de color y de un fraseo y una entonación cambiantes. Es una canción luminosa, feliz, aunque para ello recurra su autor a la paradoja extraña de mostrar el dolor que sufren los amantes al separarse, es decir soy tan feliz que cuando nos decimos adiós muero un poco. Una canción que me conmueve… Yo que siempre me he resistido a la emoción, a mostrar mis emociones en público, soy incapaz ahora de controlarla.  Me arremete una emoción fácil, insinuándose siempre el llanto, en mi soledad, paseando por la calle, cuando me voy, cuando paso cerca de casa, en este estado raro en el que sobrevivo, libre pero triste. Uno, tenga la edad que tenga, sigue siendo el niño que fue, en su interior, en su piel. Ahora que uno ya tiene más recuerdos que porvenir sigue perpetuándose en ese sueño infantil, y es el resultado de esta incomprensión del  mundo. Cada vez que nos decimos adiós, muero un poco / cada vez que nos decimos adiós, me pregunto por qué un poco/ Por qué los dioses arriba, que deben estar al tanto, piensan tan poco en mí, permitiendo que te vayas…

Leo en La Historia escondida de Xuan Bello5 -un escritor que me gusta mucho-: nuestra vida está hecha de abandonos, de rupturas, y pienso que todo se confabula, las lecturas, las canciones, vuelvo a creer que Porter pensaba en mí al componer su canción, o que Camilo Sesto sabía de mí al componer y cantar Algo de mí: algo de mí se va muriendo. Quiero vivir, yo quiero vivir, saber por qué te vas amor. Te vas amor, pero te quedas porque formas parte de mí, y en mi casa y en mi alma hay un sitio para ti.

Otra vez el maldito correlato objetivo, la subjetivación de lo vivido. En fin, en todo esto rezuma bastante egocentrismo, porque nada hay más egoísta que el dolor propio. Sea falaz o verdadero. Y además es reincidente, un merodeador, siempre listo para dar el salto y morderte en la yugular, o acuchillarte el corazón, detrás de una esquina conocida, en la letra de una canción, en la lectura de un poema, en una mirada, en las palabras que me dices: No me llames cariño, me has dicho, de repente. No me llames cariño… buen título para un libro, lástima que ya esté cogido por Gerardo Irles, que decía ser excritor, mi primer profesor en esto de la escritura, este juguete ególatra que me acompaña.

El dolor, decía, o quizá estamos hablando del abandono, es un animal de costumbres y en su falacia te hace creer que esta vez han acabado contigo, esta vez no vas a superar la cuenta, no te vas a levantar de la lona. Has hincado la rodilla, y tu llanto es necesario y apropiado además, no puedes sujetar tu emoción… Te has convertido en el moña al que detestas. Siempre atrapado en el bucle de la autocompasión. Joder, qué pesadilla. Esta vez ya no, no volverá el deseo, ni el juego pernicioso del amor, no, no volverán, de hecho no les abrirás tu puerta… ya no, si asoman siquiera por tu casa, ya han jugado bastante contigo. No volverás a ser víctima de su disfraz, de sus disfraces, solo quieres sobrevivir… Y al final sabes que todo es mentira, yo quiero pensar como Blaise Pascal 6  (del que sus Pensées, es otro de mis libros de cabecera, lo siento soy así de raro y pretencioso)  que El tiempo amortigua las pesadumbres y las desavenencias, porque en él cambiamos y nos convertimos en cierto modo en otras personas.

¿Por qué escribimos, es una expiación, un consuelo, la expresión del dolor mismo, una reflexión, cómo podría yo expresar con palabras, con literatura, este estado de perplejidad en el que me encuentro, esta tristeza tórrida? Sinceramente no puedo. Solo hay una puta palabra para expresarlo… tristeza. Nada más. No es el final, ni siquiera es un final. Es un frío que recorre la espina dorsal, un aturdimiento. Ya digo, se le suele llamar tristeza. Vuelvo a Pascal: Nos consolamos con poco, porque con poco nos afligimos. Qué pensador, ¿eh? así de sencillo. Teólogo, físico, matemático, filósofo, escritor, polímata: La polimatía, el aprender mucho, es la sabiduría que abarca conocimientos sobre campos diversos de la ciencia, arte o humanidades. Odioso como podéis ver… tan listo, tan sabio. Y es que en los libros está todo queridos amiguitos, en los buenos libros claro, la alegría, el amor, la tristeza, el desamor, la esperanza y la desdicha de los otros, que somos todos.

Ya lo dijo Jacinto Benavente7 que fue Premio Nobel, La única tristeza sin consuelo en la vida es la tristeza que se ha merecido, y se quedó tan pancho, jodiéndonos la vida el mamón. Ya veis todo es mentira, ilusorio, incluso la tristeza. Así que me dispongo a escuchar make someone happy por Jimmy Durante8, por recomendación de Sergi Pámies9 de la lectura de su relato Bonus track (El arte de llevar gabardina, 2018), a ver si también fue escrita, por casualidad, para mí.

 

Es muy importante

It’s so important to

Hacer a alguien feliz,

Make someone happy,

Haz feliz a alguien;

Make just one someone happy;

Haz de un solo corazón el corazón con el que cantas.

Make just one heart the heart you sing to.

Una sonrisa que te alegra

One smile that cheers you,

Una cara que se ilumina cuando se acerca a ti

One face that lights when it nears you,

 

1-Cole Porter, Compositor norteamericano 1891-1964

2-Ray Charles, cantante, saxofonista y pianista norteamericano, 1930-2004

3-Bettu Carter, cantante estadounidense de jazz, 1929- 1998, aunque no se sabe con seguridad la fecha de su nacimiento.

4-John Coltrane, saxofonista sprrano y tenor de jazz, estadounidense, 1926-1967

5-Xuan Bello, escritor de habla asturiana. 1965, En el 2017 fue merecedor del Premio Nacional de Literatura Asturiana, en su primera ediciçón.

6-Blaise Pascal, Teólogo, físico, matemático, filósofo, escritor, polímata, francés, 1623-1662

7-Jacinto Benavente, 1866-1954, Premio Nobel de literatura en 1922

8-Jimmy Durante, actor, cantante, humorista y pianista estadounidense 1893-1980

9-Sergi Pàmies, narrador en lengua catalana, 1960

 

 

 

 

 

 

Ejercicios de incertidumbre 12, por Javier Cebrián.

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AUTOFICCIÓN.

ctxt.es “Manifiesto contra la autoficción”

 

Autoficción: neologismo, creado por el crítico literario y además novelista francés Serge Doubrovsky*, en 1977.  Este neologismo creado por composición del sufijo latino auto aὐtóc (sí mismo), y el nombre femenino ficción, cosa o hecho fingido o inventado, le sirvió a Dubrovsky para definir su novela Hijos. La autoficción es una ficción de acontecimientos y de hechos estrictamente real. Doubrovsky dixit.

Esta palabra tan bonita y enigmática representa un pacto oximonórico. Es decir es un oxímoron, una contradicción, porque asocia dos tipos de narraciones opuestas. El relato de autoficción se crea a partir del principio de las tres identidades, como la autobiografía, el autor es al mismo tiempo, personaje principal y narrador, pero además es ficción, es decir un suceso inventado,  en su modalidad narrativa y así se expresa con el título (inventado) en la portada del libro: novela, cuento etc… A grandes rasgos podría diferenciarse de la autobiografía porque en este caso se presupone que lo que cuenta el narrador, su pacto con el lector ha ocurrido de manera real y en su totalidad, mientras que en la autoficción los nombres de los personajes, de los lugares, pueden estar modificados. A excepción, por supuesto, del nombre del autor.

Según Teo Sanz, doctor en filología francesa, administrador del sitio web: http://teosanz.blogspot.com/,  autoficción designa a todo el espacio entre una autobiografía que no quiere decir su nombre y una ficción que no quiere desprenderse de su autor. En cambio para Julia Mustiano, profesora argentina (Universidad Nacional de Rosario, Facultad de Humanidades y Artes, Post-Doc), la autoficción se mueve entre la retórica de la memoria y la escritura de recuerdos.   LA AUTOFICCIÓN: UNA APROXIMACIÓN TEÓRICA. ENTRE LA RETÓRICA DE LA MEMORIA Y LA ESCRITURA DE RECUERDOS.

https://www.academia.edu/27960382/La_autoficci%C3%B3n_una_aproximaci%C3%B3n_te%C3%B3rica

Adjunto un texto extraído de otro de sus estudios UNA ESCRITURA AUTOFICCIONAL:

Surge una nueva tendencia hacia la asunción del yo, interesada en contar las vidas reales con la voz testimonial del protagonista que hace oscilar más de una vez el orden de la ficción. La insistencia por mostrar públicamente la intimidad de vidas célebres o comunes traza nuevas figuras de la subjetividad contemporánea (Arfuch, 2007:18-31). La literatura funciona alrededor del sujeto que problematiza y dramatiza su subjetividad. El autor se vuelve “personaje de autor” de tal modo que su vida determine el sentido de sus textos.

En realidad no deja de ser un género paradójico, porque no nos permite, como lectores, discernir entre verdad y ficción. Aunque yo soy de la misma opinión que Manuel Vicent1 el que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla. Y eso en literatura es mucho decir y además puede entrañar peligros. Nuestro Séneca ya nos dijo que El lenguaje de la verdad debe ser, sin duda alguna, simple y sin artificios.

Hoy en día está muy de moda la autoficción, sus props y sus contras. Ordesa de Manuel Vilas2, es un ejemplo de sublimación de la autoficción en gran literatura. Pero también tiene detractores, muchos, que nos alertan de sus peligros, del maldito autobiografismo y la autoficción como artefactos literarios de escasa enjundia. Sobre este asunto os recomiendo este texto de 2018 de Iban Zaldua3 : Manifiesto contra la autoficción. Sobre los gravísimos peligros que conlleva la moda de la autoficción cuando la practican los escritores con oportunismo; no porque suscriba o no lo que dice y argumenta sino porque me parece un texto cargado de ironía y mala leche:

la opción de la autoficción como género puede acrecentar sobremanera la natural tendencia del escritor a considerar que su vida es superinteresante, si es que no ocurre justo lo contrario, es decir, que el autor haya escogido la autoficción porque está convencido de que su vida es, de por sí, apasionante. Recuérdese lo que afirmó John Irving: “Un mal escritor es alguien cuya vida resulta más interesante que su obra”. Y si eso resulta cierto, si la vida del escritor es una de ésas plena de peripecias y hazañas, vaya y pase. Pero seamos realistas: la vida de la mayoría de los escritores suele ser más bien tirando a sosa –o debería serlo, atendiendo a la ecuación “1% inspiración, 99% transpiración”–, y en la ausencia de dosis de ficción muy efectivas, o de un estilo literario verdaderamente original, no resulta, per se, la materia prima más atractiva para una novela…

…………………………………………..

¡Autoficcionadores del mundo, por favor, no os unáis! Y, sobre todo, no sigáis multiplicándoos…

https://www.ctxt.es/es/20180124/Culturas/17487/autoficcion-el-ministerio-novelas-libros-critica.htm

 

Esto tampoco es algo nuevo porque ya en la Antigua Grecia, un señor también antiguo decía cosas como estas: Nunca se alcanza la verdad total, ni nunca se está totalmente alejado de ella, nada una pequeña reflexión de un tal Aristóteles4.

Yo para explicarme este asunto, o trasunto… que es una imitación exacta, imagen o representación de algo; siempre acudo a una frase de Pablo Picasso: El arte es la mentira que nos permite comprender la verdad. Pienso que es una definición perfecta del neologismo que estamos tratando. Podría acudir a frases de Michel de Montaigne5 aunque suene pretencioso uno de mis autores de cabecera y al que cito en demasía, que venía a decirnos que sus escritos trataban sobre él mismo, y que sus lectores no deberíamos perder el tiempo en algo tan banal. Yo no sé si hago autoficción cuando escribo o si simplemente hago autobiografismo, es decir que sólo cuento cosas acerca de mí mismo, ¿de quién si no?, ¿si os relato mi vida o mis peroratas, si tiene alcance lo que escribo, es decir lo que vivo, o si os importa un bledo?, que sería lo más lógico. No tengo imaginación para escribir y mi desconocimiento del ser humano, de los otros, de la vida, es tal que me impide inventar, fingir, personajes o sucesos o la propia vida. Para mí la literatura es vida, y no entiendo una sin la otra, y viceversa. Yo escribo porque no comprendo el mundo, para intentar explicármelo, encontrar los asideros, los motivos para seguir adelante. Y sobre todo leo por la misma razón, y en ambos casos, leer y escribir – en ese orden-  que es como decir vivir, lo hago, por encima de cualquier disquisición o impostura, porque me da la gana.

 

  • París, 1928- 2017

1- Castellón 1936, novelista y columnista.

2- Barbastro 1962, autor de “Ordesa” considerada la mejor novela de 2018, y de “Alegría”, finalista del premio Planeta 2019

3- San Sebastián 1966, novelista, ensayista, sobre todo ha trabajado en el ámbito del cuento.

4- Filósofo y científico  de la Antigua Grecia, 384 a.c. –  322 a.c.

5-  1533-1592, político y escritor francés, creador del género literario conocido en la Edad Moderna como ensayo.