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TEXTO PRESENTACIÓN BANDERAS DOBLADAS. de Ignacio Fernández Perandones, por Juan Lozano Felices

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10 DE MAYO DE 2018

CENTRO CULTURAL LAS CLARISAS

Buenas tardes:

En primer lugar, agradecerles que hayan acudido a la cita con “Banderas dobladas”, el último libro de Ignacio Fernández Perandones y su primero de narrativa aunque, como explicaré más tarde, “Banderas dobladas” es un libro maduro que de modo alguno parece el primer libro de un autor en un género tan complicado e incomprendido como el cuento literario, y del que Nacho domina todos los resortes y claves para salir más que airoso. Para mí, estar presentándolo hoy es motivo de auténtico júbilo, en primer lugar porque Nacho es un gran amigo y, por otro, porque “Banderas dobladas” es una estupenda colección de relatos breves o cuentos con la que he disfrutado mucho. Para mí “Banderas dobladas” ha sido todo un descubrimiento, porque yo conocía la trayectoria literaria de Nacho como poeta, un extraordinario poeta, pero hasta hace unos meses, en que me dio a leer el manuscrito de este libro, no había tenido ocasión de leer su prosa.

Voy a contar cómo conocí yo a Nacho, y digo bien, cómo yo lo conocí a él y no cómo nos conocimos porque, yo conocía a Nacho ya antes de verle y de que trabáramos amistad. Él, como todos sabéis, es profesor de secundaria en el Instituto de la Asunción, de Historia contemporánea, y en ese momento era el tutor de una sobrina mía en ese instituto. Así que, en reuniones familiares, acudía de vez en cuando el nombre de Ignacio Perandones, así omitiéndose el primer apellido y dando ventaja al segundo y más infrecuente de “Perandones”. Pero entonces yo no sabía que él escribía ni que era poeta. Un tiempo después yo conocí a Nacho en el Instituto, pero no en un acto académico sino con ocasión de un acto cultural. La presentación del libro de poemas, “Vida callada”, la antología que prepararon Antonio Moreno y José María Asensio para Pre-Textos, sobre la poesía del silencio o mejor dicho poemas sobre la experiencia del silencio, con motivo del 50 aniversario del Instituto de la Asunción. Así que nuestra amistad nace bajo el signo de la poesía y no podía haber tenido mejor comienzo ni mejores padrinos. Al principio lo nuestro fue una amistad estacional y digo esto, a sabiendas de que el adjetivo, atribuido a una relación personal, puede sonar raro, pero fue así. Nacho solía convocarme a un encuentro, en fechas de Adviento. Uno acaba asumiendo sus hábitos y así, cuando llegaban esas fechas cercanas a la Navidad, durante dos o tres años, me acostumbré a escuchar la voz de Nacho al otro lado del auricular, invitándome a quedar para conversar…simplemente para conversar frente a sendas tazas humeantes. Y yo salía de aquellos encuentros con la convicción de haber aprendido algo nuevo. Por eso, yo considero que mi amistad con Nacho es una de esas amistades valiosas que tan difícil es encontrar y conservar en estos tiempos. Como anécdota, para aquellos que no lo conozcan, para que ustedes se hagan una idea de Nacho como persona diré que, en nuestro primer encuentro en la tranquila y soleada terraza de una cafetería, sonó de repente un móvil y era el suyo; pero él no interrumpió la conversación, siguió escuchando o hablando sin inmutarse y yo le invité a que atendiera la llamada, pero entonces me dijo algo así, no recuerdo exactamente las palabras, pero bien pudieron ser: “Seguro que el asunto por el que me llaman no es tan importante como el estar hablando aquí y ahora con mi amigo Juan”. Este proceder, que podría pensarse trivial, a mí me dio la medida de Nacho como persona y como amigo. Pero sobre todo, hay una cualidad en Nacho que yo quiero resaltar esta tarde, y que le define como persona y como escritor, y es la honestidad. Su coherencia, su saber estar, su don de gentes admirable y sus profundas convicciones son otras cualidades que lo engrandecen como persona.

Nacho es palentino, es licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Oviedo, como he dicho antes, ejerce como docente de Secundaria en el Instituto de La Asunción y ha sido además, profesor asociado en el CEU de Elche donde ha impartido las asignaturas de Ciencias Sociales, Historia de España e Introducción a la Historia de las Civilizaciones. Ha publicado un manual de historia reciente de España, dos poemarios, “Si del polvo nacemos” y “Mientras siga lloviendo”. Participa desde su llegada a Elche en tertulias literarias, fue coordinador de una revista juvenil inter-institutos y colabora en el programa “Palabras al viento” que dirige Carmen Pomares en la Radio de la UMH, en una sección literaria que se llama “El volcán de lod libros”. Y también mantiene un blog, “Llueve conmigo” con artículos de opinión, de cine, fomento de lectura, reseñas de libros… Además de esto, Nacho es un amante de los espacios naturales, practica el montañismo y las marchas a pie. De la provincia de Alicante, creo que no hay cumbre que se le haya resistido, como el Puig Campana, el Cabezón de oro o Sierra Aitana y en Los Pirineos ha coronado algún que otro 3000. Ha vivido en Roma durante dos años y hay ciudades sin las que no podría pasar como Londres, Viena, Budapest o Brujas. Además, él siente, cosa que comparto con él, una inclinación especial por los escritores ingleses que hicieron de su conversión al catolicismo una postura intelectual y social. Por Tolkien, por C.S. Lewis, por Graham Green, por Dorothy Sayers, por TS Eliot, por Evelyn Waugh y sobretodo mantiene una especie de fascinación por Chesterton… yo también. Somos de los que pensamos, como dijo Borges, que cada página de Chesterton depara una felicidad.

El cuento es un género que no goza del prestigio de la novela. En comparación con la novela, el cuento, injustamente, ha sido considerado un género menor, tanto por un sector amplio de la crítica como por el lector medio. Uno es capaz de meterse entre pecho y espalda el último betseller de moda, pero ante un libro de cuentos, más de uno arruga la nariz. Y no hay que olvidar que “El conde Lucanor”, que no deja de ser un libro de cuentos, es uno de los primeros ejemplos de la literatura castellana, como en Italia “El Decamerón” o en Inglaterra “Los cuentos de Canterbury”. También hay mucho equivoco en el cuento, ya desde su misma nomenclatura porque se designa con el mismo nombre a los relatos de la tradición oral que el cuento literario moderno, que nace con Edgar Allan Poe. Pero hay autores que han dado algunos de sus mejores frutos en el campo de la narrativa breve. En Hispanoamérica, por ejemplo, hay una fértil tradición cuentística, teniendo como cumbres a Borges y a Cortázar. Pero tenemos también a Hemingway, Salinger, Bradbury, Jack London, Raymond Carver, James Joyce, Italo Calvino, John Cheever o Kafka. Pero, pese a ello, todavía en 1978, Andrés Amorós calificaba el cuento como “cenicienta de nuestra letras”. Y Francisco García Pavón decía que “pocas veces, a lo largo de nuestra historia literaria, ha existido un género tan primorosa y pluralmente cultivado, a la vez que tan brutalmente despreciado, como el cuento español”.

En los días previos a este acto, he ido leyendo algunas de las definiciones que distintos autores o analistas han hecho sobre el cuento como género. Se llega a la conclusión de que el cuento es un problema de extensión y de intensidad. Se cuenta que un autor novel le mandó un cuento a Chejov para que le diera su opinión y el maestro ruso le dijo, “una de dos, o quitas personajes o escribes una novela”. Hemingway, uno de los máximos cultivadores del cuento literario, elaboró una curiosa teoría. Comparaba la buena escritura con un iceberg, afirmando que su belleza está en que lo que no vemos, que es mucho más de lo que aflora en la superficie, que solo puede existir si está sustentado bajo el agua por los siete octavos de su volumen.

Soy de los que piensan que un buen libro de cuentos, debe tener una unidad. Ana María Matute decía que los cuentos “son vagabundos solitarios y a veces engrandecen una familia”. Y eso pasa con “Banderas dobladas”, pese al carácter autónomo de cada cuento, el libro tiene una maravillosa coherencia interna; no solo estilísticamente, también de fondo.

Hay una reflexión sobre el cuento como género, de William Boyd, que a mí me gusta mucho. El autor norteamericano dice: “Un buen cuento no puede ser reducido, sólo puede ser expandido. Un cuento es bueno cuando ustedes pueden seguir viendo más y más cosas en él, y cuando, pese a todo, sigue escapándose de uno. Tampoco es una simple cuestión de longitud: hay cuentos de veinte páginas mucho más cargados y grávidos de significados que una novela de cuatrocientas páginas. Hablamos de una categoría de ficción en prosa totalmente distinta”.

Terminaré con otras tres reflexiones acerca del género que nos ocupa. La primera de Eloy Tizón:

Entre el cuento y la novela hay la misma disparidad de criterios que entre un flechazo que dura una sola noche y un matrimonio de décadas […]. Los cuentos, se dice, son intensos y las novelas estables.”

Nuestro Vicente Verdú dirá:

Abomino de los que esbozan novelas escribiendo cuentos, de los cuentos engordados con hormonas.”

Y Javier Marías:

El hecho de que ambos géneros sean narrativos ha favorecido la confusión y ha facilitado la tarea invasora de la novela, hasta el punto de que ha llegado a olvidarse que sus respectivas tradiciones son muy distintas y la del cuento mucho más vieja y más permanente. Pues así como la novela ha aparecido y desaparecido varias veces a lo largo de la historia, el cuento se ha mantenido invariable hasta tiempos muy recientes.”

Y cómo son los cuentos que encontramos en “Banderas dobladas”. Formalmente, yo creo que cumplen con todos los exigencias de tensión y extensión. Algunos nos desvelan lo desatinado de algunas situaciones de la vida cotidiana, en muchos se vislumbra la experiencia de Nacho con los estudiantes, su vida dedicada a la enseñanza. Generalmente hay un realismo condicionado mediante la ironía y el humor, y sobre ese fondo nos desvela el alma del ser humano: el egoísmo, el miedo, la nostalgia, la generosidad o el sacrificio.

El cuento, en la actualidad goza de cierto auge o por lo menos parece estar librándose de la etiqueta de género menor. Contamos aquí hoy con la presencia de Jesús Zomeño que ganó el Premio de la Crítica Valenciana el año pasado, precisamente con un libro de cuentos. Puedo decir, sin temor a equivocarme, que “Banderas dobladas” ensancha hoy el panorama de la narrativa hispánica.

En definitiva Nacho, que muchas gracias por estar ahí y por entregarnos esta magnífica colección de cuentos, estos retazos de vida, estas banderas dobladas que con, como dijo Luis García Montero, el ir viviendo. “Vivir es ir doblando banderas”.

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PRESENTACION “GUERRA Y PAN” EN SINDOKMA, por Juan Lozano Felices

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PRESENTACION “GUERRA Y PAN” – SINDOKMA – CENTRE CULTURAL LA NAU – VALENCIA-   OCTUBRE 2017

Bienvenidos y gracias por asistir a la presentación del nuevo libro de Jesús Zomeño, “Guerra y Pan” que viene a ser como el hermano pequeño o un apéndice de este otro, “De este pan y de esta guerra” y que tiene una cronología un tanto particular, sobre la que luego entraré.Pero antes quiero mencionar que este año se cumplen 30 años de la aparición del primer libro de Jesús, “Cuestión de estética”, que se publicó en el verano de 1987. Y no es baladí, hablando del libro que presentamos esta tarde, esta referencia a “Cuestión de estética”. No lo es   porque Jesús no comienza publicando poesía, como mucha gente piensa; sino que su debut literario tiene lugar con un libro de cuentos, donde ya están presentes los territorios geográficos y sentimentales que ya no le abandonarán y que permanecen a lo largo de toda su obra. Por eso, “Cuestión de estética” es un libro seminal que nos ayuda a reconstruir las señas de identidad del autor excepcional que es Jesús Zomeño y nos permite ser testigos de sus primeros pasos en la literatura, de una trayectoria que acaba de cumplir, como se ha dicho, nada menos que 30 años, desde “Cuestión de estética” a “Guerra y pan”.
Decía antes que este libro tiene una curiosa cronología que podemos rastrear hasta 2014 con la publicación en Lengua de Trapo de “Piedras negras”. Cuando publica “De este pan y de esta guerra” lo hace para dar cabida a todos los cuentos que se habían quedado fuera del libro anterior, porque en aquel entonces trabajaba en otros relatos que quedaron cerrados con posterioridad a la publicación de aquel, bien porque el resultado no le convencía o porque estaban entonces inconclusos o porque no pasaban de ser el embrión de un cuento futuro. Como él mismo dice, la experiencia, el tiempo, el profundizar en la psicología de estos soldados, es lo que le permitió acabarlos.

Los cuentos que conformaban “Piedras negras” habían visto antes la luz en la revista digital Agitadoras acompañados de las ilustraciones de Fernando Fuentes, Miracoloso, a quien por cierto, Jesús dedica este libro.  Pero la edición de “Piedras Negras” nos escatima las ilustraciones, con lo que el libro pierde su complemento ideal. Cuando la editorial Contrabando, decide publicar, con muy buen ojo crítico, el nuevo libro de Jesús “De este pan y de esta guerra” tiene la intención de restaurar, de unir, lo que el destino editorial había separado, porque las ilustraciones de Miracoloso inspiradas en los relatos de Jesús son inherentes a su propia literatura, en una especie de do ut des, la fórmula de los antiguos contratos romanos, “te doy para que me des”.

Bien, así llegamos al año 2016, como el “annus mirabilis” de Jesús Zomeño. La editorial Contrabando edita, como acostumbra, con muy buen gusto, con sobriedad y elegancia, “De este pan y de esta guerra” y después del verano la editorial mallorquina Sloper edita “Querido miedo” donde Jesús proyecta una mirada entre nostálgica y elegíaca ante la década de los 80 y que tuve la ocasión de presentar también en este mismo lugar. Dos libros de plena madurez en la trayectoria de Jesús pero con registros e intenciones singulares, dos lecturas distintas pero igual de magnéticas. Ambos libros aparecen en 2017, como candidatos a los Premios de la Crítica Valenciana. Yo no sé si esto ha ocurrido anteriormente con algún autor. Evidentemente, debe ser algo bastante excepcional el que dos libros de un mismo autor sean escogidos, y dentro de la misma categoría, a competir por los Premios de la Crítica. Y, a Jesús le es concedido el Premio precisamente por este libro, “De este pan y de esta guerra”. Y ese galardón, de alguna forma hace revivir el libro, que había aparecido un año antes, y lo lleva al primer plano de la actualidad literaria, con nuevas reseñas y nuevas entrevistas a su autor.

Y, llegados a este punto, como si fuera un leitmotiv de sus últimos libros, vuelve a aparecer el nombre de Miracoloso. El ilustrador y el escritor han encontrado ya un acomodo perfecto el uno en el otro y, por otra parte, la editorial le pide de Jesús que haga una especie de separata con tres o cuatro cuentos que sirva como apéndice para acompañar al libro; y que, por supuesto, contenga alguna ilustración de Miracoloso. Pero lo que Jesús le presenta al editor no es esa separata para que vaya unida al libro premiado que va ya con una faja en la portada a modo de condecoración. Lo que Jesús presenta es un libro con nueve relatos nuevos y que tiene más de 80 páginas, lo que viene a ser más de la mitad en extensión de lo que tenía el libro anterior. Como dice el texto promocional de la contraportada, ese anexo ha devenido “un libro autónomo y autosuficiente” y aparece como un libro más en el catálogo de la colección.

En él encontraremos relatos que se sitúan en el frente, en las trincheras; y otros, en la ciudad, donde se proyecta la sombra ominosa de la guerra, aún conclusa. De los nueve relatos, no sabría con qué quedarme, si con el tremendo final de la Balada del soldado Rusty; con  “Hablemos de la belleza”, donde consigue fundir una crudeza a veces difícil de digerir con un penetrante lirismo;  el prodigio estructural y la vuelta de tuerca final de “Máscaras” que tal vez sea mi favorito en esta entrega; el sugestivo planteamiento de “Una noche en el cementerio monumental”;  el suspense ascendente en “Moneda francesa”, donde la atmósfera que consigue originar traspasa el propio estilo o “Botones” que parte, como muchos de sus relatos de una anécdota doméstica. En los relatos de Jesús, muchas veces se aprecia una correspondencia entre el mundo interior y el mundo exterior, como si estuviéramos pasando de un lado a otro del espejo. Y, desde este punto de vista, para Jesús, la literatura, su morfología narrativa, es un banco de pruebas desde donde abordar esa dualidad. Por ello, los seres que aparecen en sus relatos nos parecen lejanos y a la vez tan cercanos y vivos. La grandeza de nuestro autor está ahí, en saber conjugar sabiamente la reconstrucción del escenario histórico por un lado, y lo puramente humano por otro, en la construcción de unos personajes hechos de nuestros mismos desvelos y aflicciones, nuestras mismas dudas, zozobras y deseos.

Y llegamos con este libro, o con este apéndice, al final de una etapa en la trayectoria literaria de Jesús, ¿o no..? Nunca se sabe. Los que tenemos la fortuna de frecuentar su caldero literario, de visitar el taller del hechicero, sabemos que ahora anda en otras cosas, en proyectos novelísticos que, sin duda, van a ser una revelación en el panorama literario español de este siglo XXI. Yo estoy convencido de ello y le auguro un gran éxito en esta nueva etapa. Pero Jesús no abandona del todo el ámbito de las trincheras y la Europa de entreguerras, siempre con Miracoloso

como ilustrador, se han conjurado para volver a colaborar en la producción de algún cuento para, como dice Jesús en la nota inicial, “no dar por terminado el libro”.

JUAN C. LOZANO FELICES.

Octubre de 2017

https://frutosdeltiempo.wordpress.com/2016/03/03/video-de-la-presentacion-del-libro-de-este-pan-y-de-esta-guerra-de-jesus-zomeno/

https://frutosdeltiempo.wordpress.com/2016/05/02/sobre-de-este-pan-y-de-esta-guerra-1916-el-ultimo-libro-de-cuentos-de-jesus-zomeno-por-javier-puig/

https://frutosdeltiempo.wordpress.com/2016/06/20/presentacion-de-este-pan-y-de-esta-guerra-1916-por-jose-luis-zeron/

GLORY DAYS. UNA APROXIMACIÓN A “LO NORMAL” DE RAFAEL CAMARASA. Por Juan Lozano Felices.

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Decía Gil de Biedma que, de casi todo hace ya veinte años. Pero, a medida que van cayendo las calendas y el cabello, incluso el cálculo temporal y nostálgico del poeta se queda corto, y uno se ve en la necesidad de ir cambiando de guarismo. Pronto habrá que comenzar a decir que, de casi todo hace ya treinta o incluso cuarenta años. Me pasa con Rafa Camarasa, con quien poco he tratado hasta ahora pero que conocí en Elche cuando vino a presentar su poemario “Algunos corazones solitarios” al que habíamos concedido el Premio Lunara de Poesía en el año de los fastos olímpicos. Ayer, veinticinco años después, se presentaba en Elche su estupendo libro de relatos “Lo normal” en cuidada edición de la valenciana Contrabando. La presentación estuvo a cargo del editor Manuel Turégano y del escritor Jesús Zomeño. En la larga y distendida conversación que mantuve con Rafa, luego prolongada durante la cena, hablamos de aquella ocasión y de otras cuestiones como la conexión poética Valencia-Elche en los ochenta y noventa, como vasos comunicantes que propiciaron que autores ilicitanos como Gerardo Irles, Juan Ángel Castaño, Julio Soler o Jesús Zomeño editasen sus libros en Valencia y que Uberto Stabile, Fernando Garcín o Rafa Camarasa lo hicieran en colecciones nacidas en Elche. Hablamos de aquella “generación espontánea”i de inspiración beat en la Valencia de los ochenta, paralela a la escuela valenciana que lideró la poesía de la experiencia con autores como Vicente Gallego o Carlos Marzal. El por qué estos triunfaron y aquellos no, como mantiene Rafa, fue una cuestión de visión, de querer “estar ahí” y formar parte del canon, y cuya obra hoy discurre por otros cauces. En todo caso, es de justicia (y no hablo de justicia poética sino de justicia material) el que miembros de esa generación vayan recibiendo el reconocimiento que merecen. Jesús Zomeño y Rafa Camarasa han sido galardonados recientemente con el Premio de la Crítica Valenciana y con el Barcarola de Poesía, respectivamenteii

La dedicatoria que de su libro me hizo Rafa ayer viene a subrayar, a ritmo afilado de tango o de arrebatado bolero, que la amistad es capaz de subvertir convenciones, ya sean temporales o de las otras; y comenzamos a hablar como si el cuarto de centuria que había pasado no fuera más que niebla que desaparece por ensalmo: “A Juan, recuperando con este libro una amistad que viene de los gloriosos ochenta”. No, no voy a continuar hablando de los ochenta, no voy a contar, como diría Bruce Springsteen, historias aburridas sobre los días de gloriaiii, pero ahí queda el título de esta reseña, como metáfora y como símbolo, porque me gusta y porque sí, y porque estoy seguro de que, al autor de “Lo normal”, también le parecerá bien que así sea.

Vayamos pues al libro de Rafa Camarasa. “Lo normal” son diecisiete relatos, de más o menos extensión. Las dos citas que sirven de pórtico al corpus narrativo están muy bien traídas, revelan y dan el tono. Como glosa del libro y del autor, uno tendría bastante con el magnífico prólogo de Cisco Franiv; sin embargo, en esta como en otras ocasiones, uno siente la necesidad de expresar, aunque sea sucintamente, las impresiones de su lectura.

A propósito de la dicotomía que está en el origen de este libro, nos dice su autor en una reciente entrevista que “la gente que se define como normal es extraña y, a los que tienen algo de sentido común, los tildan de raros”. Bien sabemos que, en este mundo globalizado, la independencia queda gravemente comprometida y el que se sale de la norma es, en paradójica inversión de valores, un a-normal, aparte de no salir en la foto.

También nos dice el autor de “Lo normal” que “detrás de cualquier persona, aparentemente equilibrada, hay un caos emocional latente, como una especie de volcán que puede entrar en erupción en cualquier momento. Un fenómeno que quizá está interrelacionado con cómo funciona la sociedad que nos rodea y cómo nos influye”. Encontramos pues, en estas reflexiones, algunos de los resortes de estos cuentos, las claves cardinales que los mueven y el terreno resbaladizo que hollan. En definitiva, lo que hace Camarasa es reflexionar sobre la vida desde su poética, ya sea en forma de cuento o de poema. Algunos de estos cuentos, como huevos de Pascua, deparan sorpresas; otros nos conmueven; otras historias están teñidas de lo mágico cotidiano como emanación de la vida; otros podrían tener una filiación surrealista, pero es un surrealismo controlado y al servicio del relato.

Camarasa, sin duda, ha asumido la tradición del relato fantástico y la lleva incorporada a su cadena de ADN. Quizás, en los niveles más profundos de estos cuentos, podríamos percibir ecos lejanos de Kafka, de Cortázar, de Italo Calvino, de Bradbury, incluso de ese escritor de disciplina shandy que es Vila-Matas. A veces, un relato nos produce el efecto de hallarnos frente a un espejo que nos devuelve la imagen distorsionada del entorno; otras, frente a un puente que nos invita a pasar al otro lado, “un puente hacia la otredad” como dijera Jaime Alazkari de algún relato de Cortázar; en otros anidan emociones y sentimientos como la tristeza, el desconsuelo, la nostalgia o la culpa.

Un estudio analítico del libro, con comentario para cada cuento, aunque fuese de los más destacados dentro del nivel altísimo del conjunto, sobrepasaría con creces el propósito de una reseña. Como solución, me van a permitir una suerte de juego gastronómico-literario, confeccionando un menú nada convencional. Como coctel de bienvenida, ninguno mejor que “Embotellados”, ligero y refrescante. Como aperitivo, propongo el conmovedor “La playa” que, además, es el primer relato que nos sale al paso y, cuyo final, merced al truco del buen ilusionista, te deja tocado. Como primer plato sugiero “Siesta”, el maravilloso cuento de paradojas temporales que todos querríamos haber escrito. Lo regaremos con un tinto de buen cuerpo como “Tristes tigres”. Como segundo ofrezco el extraordinario “Mapas” que es, según su autor, un relato antiguo ahora adelgazado en varias páginas, plato con una original fusión de sensaciones, que deja en la boca un final agridulce. Para este segundo plato propongo un caldo envejecido en barrica de roble francés, pudiendo acudir a “El ataque de los clones” o a “Lo normal”. Como final, sugiero el delicioso postre casero “Correspondencia”. Este relato se incorporó a última hora a petición del editor, que consideraba que el libro quedaba un tanto desnutrido, como el buzón protagonista del relato. No fue algo deliberado, Rafa confesó que lo reservaba para iniciar otro libro, así que su acople aquí es todo un regalo y un lujo. Y, para la sobremesa, nos reservaremos un licor fuerte y fermentado, apenas un chupito, “Sin manos”.

Leer a Rafa Camarasa me produce una gran sensación de libertad, la suya al escribir y la mía al asumir la lectura, pero la libertad siempre conlleva riesgos. Pero qué es la literatura sin riesgos, qué es la literatura sin imaginación, sin disensión, sin magia ni locura. La literatura, o es emoción o no es nada. Y estos relatos transpiran emoción por todos sus poros. Llegado al final, creo haber cumplido mi propósito de no hablar de los ochenta. Pero sé que, la próxima vez que vea a Rafa Camarasa, hayan pasado dos, seis meses u otro cuarto de siglo, el muro de los años volverá a caer y volveremos a hablar de aquellos aburridos días de gloria. Después de todo, acaso los días de gloria no son un mito que sobrevive solo en la memoria de quienes los vivieron.

Elche, 3 de junio de 2017

Juan Lozano Felices.

i Denominación debida a Fernando Garcín, como nos recordó Jesús Zomeño en la presentación.

ii El libro de relatos de Jesús Zomeño es “De este pan y de esta guerra” (Ediciones Contrabando, 2016), el de Rafael Camarasa, aún sin publicar, “Sin noticias de Liliput”.

iii “Glory Days” es una canción de Bruce Springsteen, perteneciente a “Born in the USA” (1984). La canción cuenta una curiosa historia. En un bar de carretera, el cantante encuentra a un amigo de la adolescencia, gran jugador de béisbol cuando ambos iban al instituto. Toman cervezas y hablan de “los aburridos días de gloria”.

iv Vocalista y líder del grupo “La gran esperanza blanca” y también autor del libro de relatos “Barbería”.

Aproximaciones a la poética de Javier Cebrián, por Juan Lozano Felices

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coffee-157458__340APROXIMACIONES A LA POÉTICA DE JAVIER CEBRIÁN O EL CHOCOLATE ESPESO.

El tiempo pasó corriendo,

como un mensajero con una noticia urgente

Wislawa Szymborska

Previamente confabulados por WhatsApp, acudía anoche en compañía de Jesús Zomeño, Pepe Orts y Francisco Gómez a la Sala Cultural La Llotja, a la cita con la presentación de las “Bagatelas” de Javier Cebrián, alumbradas por Babilonia Ediciones. En la puerta ya nos esperaba Julio Soler. Antes habíamos dado cuenta en “Los Barriles” de platos de calamares, patatas con ajo y otras viandas regadas con cerveza. No es sacrilegio ni desvergüenza ir a un acto poético con la panza llena, al contrario. Y más si se va a la presentación de un libro de Javi, porque eso equivale a decir que se va a un evento festivo. Incluso hace años, cuando acudimos al “funeral” de Carlos Cebrián, se trataba de un trance festivo-simbólico. Porque Javi, además de excelente poeta, cantor de las cosas mínimas, es también amigo cumplido y generoso. Creo que lo conocí en el antiguo Café Época, alguna noche de sábado de mediados de aquellos locos ochenta, cuando aún era Carlos y acababa de escribir un poema dedicado a su profesora de Lengua y al ángulo exacto que le permitía descubrir lo que mi discreción omite. Ambos habíamos participado en “Palmeras salvajes” una publicación monográfica dedicada a jóvenes creadores ilicitanos, editada por el Instituto de Cultura Juan Gil Albert. También publicamos al mismo tiempo, en un proyecto que se llamó “Ediciones Inauditas” y de cuya tirada debe haber cajas enteras sin abrir por algún colegio mayor de Valencia.programa de mano.indd

Un artículo en un medio de la época nos emparentaba con sendos mitos, casi paradigmas de la rebeldía con cierta aureola malditista. De él se decía que era un poeta jamesdeaniano y de mí que era un poeta de filiación rimbaudiana. Qué le vamos a hacer, eran los ochenta, época de desajustes y componendas. Quien haya tenido veinte años en los ochenta sabe bien de lo que hablo. En cualquier caso, imagino que los atributos se han quedado en el camino, en un largo camino hecho de alegrías, fracasos, bloqueos, ilusiones, asaltos y desencantos; vividos con la prevención y el aguante que nos da el saber que el día menos pensado el chocolate pueda salir espeso. Hemos compartido cartel en numerosas ocasiones. El último espacio fue hace poco más de un año, en un recital al alimón en la librería Pynchon de Alicante, de tan grato recuerdo. Pese a su breve andadura, Pynchon ha dejado en muchos una huella durable, allí podías encontrar buenos libros y buenos amigos, la combinación ideal. Incluso escuché al maestro José María Álvarez alabar su fondo libresco, experta y amorosamente seleccionado. La librería sigue abierta, pero no he vuelto a cruzar esa puerta desde que, después del verano, perdiese su espíritu benefactor, personificado en Sara y Carmen.

Volviendo a la presentación, tras un introito de espera en el que vimos un fragmento de la película “Brigadoon” (comparto con Javi cierta debilidad por el musical clásico americano) se visionó un video para el que nos había pedido que contestásemos a la pregunta “Qué es para ti la poesía”. Yo había recibido mi correspondiente invitación yendo en el AVE, de Alicante a Madrid. Primero quise grabar el video en El Retiro, pero tuve que desistir por el ruido ambiental. Ahora pienso que tampoco hubiese estado mal como definición de poesía esa intervención en la que sólo se oía el retumbo del viento, palabras sueltas de la gente al pasar y el ladrido de algún perro, y yo moviendo la boca con la estatua del ángel caído de fondo. La presentación acababa con un estupendo recital de piano a cargo del maestro Daniel Rodríguez García, con obras de Beethoven, Brahms y Chopin.

Pese a que las “Bagatelas” de Cebrián son breves textos en prosa, están escritos bajo el signo del poeta. Ahondando más, diría yo bajo la advocación de Juan de Mairena y acaso de la Szymborska. Lo de menos es la línea continua, después de todo los ritmos poéticos son los mismos que marcan los latidos de nuestro corazón. Las coordenadas son un momento vital correspondiente a 2003, un situarse allí y ahora, y una lectura paralela de su colección de textos “Cosas mínimas”, ambos libros de afirmación individualista del yo hacia el tú y hacia el nosotros, sin veladuras. Uno es el reverso poético del otro. Ritmo lento, radiografía emocional del ámbito más cercano al poeta, de los puntos débiles y la agitación común; aunque sabemos también que la tormenta en una taza de té puede tener una proyección universal. Exploraciones de la cotidianeidad y el deseo, del acontecer milagroso de cada día, pequeñas dosis de seducción y contradicción, de rechazo, de erosión, de escepticismo y de recelo. “La domesticidad de la rutina”, en palabras del poeta. Luego, aunque cronológicamente antes si nos atenemos a la edición, aún nos daría “Celebración del milagro” (Ceyla, 2005) y, sobre todo, el que considero su opus magnum, “Estragos” (Le chat, 2012) y que salió del cajón gracias a la porfía de Pedro Serrano.

En su intervención, Cebrián nos habló de su pasado magisterio como hacedor del más suculento chocolate cuyo secreto está en el espesado. Y que para conseguir el espesado perfecto se ha de estar en un estado de gracia similar al del buen hacedor de versos. Si como él dice (pero no creo) ha perdido la gracia, es algo que el tiempo se encargará de decir. Yo creo que Javi aún nos hará muy buen chocolate y muy buenos poemas.

Juan Lozano Felices

10-2-2017

EL ENSUEÑO GRIEGO DE JULIO CALVET. Por Juan Lozano Felices

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calvet
es como si sobre las aguas vinieran
antiguos cantos, el ulular de las sirenas
y el brillo de las armas
que avanzan contra Troya
en las cóncavas naves.

SIGNIFYING NOTHING – J. M. Álvarez

Cuando yo era un niño que me preparaba para hacer la primera comunión, alguien me regaló sendas adaptaciones para jóvenes de La Ilíada y La Odisea del vate ciego Homero. Contenían unas magníficas ilustraciones que despertaron en mí el entusiasmo, el asombro y hasta el estupor. Me fascinaban las historias mitológicas, la guerra de Troya y las cuitas de los héroes que tomaron parte en ella, tanto dentro como extramuros de la ciudadela. De los hechos cantados en La Ilíada y La Odisea, los que más me gustaban eran; de la primera, la escena que tiene lugar en el último Canto. Príamo llega, protegido por un sortilegio de Hermes, a la tienda de Aquiles para suplicarle que le devuelva el cadáver de su hijo Héctor, muerto en duelo singular con el semidiós frente a las sagradas puertas de Troya. De La Odisea, sin duda, el episodio de las sirenas con Ulises atado al mástil para escuchar su canto. Entre las numerosas figuras acuáticas que pueblan las mitologías antiguas, la de la sirena, quizás por su singular polimorfismo, creo que es la que mayor fascinación ejerce sobre nuestro cerebro.sirenas-1

Al igual que el niño que yo era en 1970 se sintió fascinado por estos dos primeros textos de la épica grecolatina, ese descubrimiento se ha ido repitiendo, generación tras generación, desde la Antigüedad; conservando todo su poder de seducción mientras que, historias mucho más recientes parecen, a su lado, quebradizas, ajadas y viejas. No en vano, la mitología y la épica griega son el paradigma de la imaginación humana. En realidad, apenas necesitamos nada más. Acaso no dijo otro vate ciego, y porteño para más señas, que todas las historias se resumen en cuatro: una ciudad sitiada, una busca, un regreso y el sacrificio de un dios. Las demás son variaciones de estas cuatro historias seminales.
Mi gran amigo Julio Calvet, que seguro que también descubrió de niño estas historias y jugó en las playas del mare nostrum, acaba de publicar un libro, “La sirena”, que tiene mucho que ver con todo esto que hablamos. Ello no tendría nada de particular porque Julio viene escribiendo textos de diversa naturaleza desde hace años, publicándolos en la alicantina ECU. Pero, en esta ocasión, Julio nos regala un relato que abarca todo un libro que, si bien es corto en extensión es grande en lo que ofrece. “La sirena” de Julio Calvet es un relato verdaderamente encantador que parece brotar de la fuente popular y maravillosa del cuento oral.
A Calvet no parecen importarle las modas. Escribe lo que siente. En el año de 2010, cuando todo el mundo está pendiente de los fastos hernandianos, él publica un monográfico ejemplar sobre Ramón Sijé. En sendos estudios sobre El Quijote y sobre la figura histórica de Jesucristo, aúna Calvet su amor por ambos personajes con su amor por el Derecho. Pero es en el cuento donde Julio se encuentra, nunca mejor dicho, como pez en el agua. En 2013 publica un haz de ellos bajo el título “Cuéntame un cuento, abuelo” donde, en un hermoso ejercicio de arqueología personal, deja cual leña reconfortante, una brazada de relatos destinados a sus nietas, donde les cuenta y nos cuenta, algunos episodios de su juventud.
Pero volvamos al “cuento griego” de Julio Calvet y a las demandas homéricas pues mucho se ha especulado, ya desde la Escuela de Alejandría, sobre la autoría y hasta sobre la propia existencia de Homero en un caso análogo al del bardo del Avon, o sea Shakespeare. Mucho se ha teorizado sobre los distintos estilos que concurren en La Ilíada y la Odisea e incluso sobre la mano femenina que parece encontrarse tras las páginas de la secuela y cómo la una tiene carácter solar y, la otra, carácter lunar. Robert Graves, haciéndose eco de esta hipótesis escribió la maravillosa novela “La hija de Homero” donde atribuye la escritura de La Odisea a la princesa siciliana Nausicaa, metiéndose ella misma en la historia. lasirenaportada
Tras un prólogo como el del doctor Fernando Claramunt López, poco ni mejor se puede decir de este libro ni de su autor. Claramunt hace un recorrido por el mundo de las sirenas en sus diversas encarnaciones a través del tiempo, no solo mítico y literario sino también en el ámbito artístico, citando pintores prerrafaelitas y músicos como Richard Wagner. El coloso germánico tuvo el acierto de crear una gran parábola acerca de la naturaleza del poder y del amor, partiendo del oro custodiado por cuatro sirenas en el lecho del Rin. Todo lo cual no deja de poner en valor el sincretismo de los mitos y su capacidad para reinventarse, sin perder la esencia.
En un principio, Alexandros, el protagonista de la historia, es testigo mudo de las industrias que se narran en el poema homérico hasta que, precisamente, en el episodio de las sirenas se aparta de la historia conocida para mostrarnos la suya propia, la del episodio amoroso con una sirena muy peculiar que posteriormente coadyuvará, con su cola a modo de motor, para que llegue a las playas de Ítaca. A mi entender, bebe Calvet de dos fuentes. Por un lado, el telón de fondo homérico citando los sucesos más conocidos, como pinceladas. En este sentido tiene la obra de Calvet un carácter expositivo, de invitación a la lectura de su referente épico. Por otro lado, la sirena como criatura resurgida del romanticismo alemán cuyo ejemplo más claro podría ser la “Ondina” del barón De la Motte Fouqué y que sirve de modelo a Andersen. Quizás la sirena de Calvet sea la Sirenita, anhelando un alma que sólo conseguirá si un mortal la ama. Y ese es, a mi entender, el mayor acierto de Calvet. El tomar estas dos tradiciones, la épica y la romántica, para fundirlas y adecuarlas de forma magistral a su intención narrativa. Calvet nunca incomoda ni abruma al lector, antes bien establece con él una corriente de complicidad y confianza. Los detalles descriptivos están muy trabajados, acercándose en ocasiones a una prosa poética de una muy bella factura. Sugiero una segunda lectura, más detenida, para deleitarse uno en el fraseo, para paladear cada palabra.
Hay una incógnita que Julio resuelve de forma elíptica y que podría competir, como enigma, con la famosa cuestión de qué canción era la que cantaban las sirenas. Cabría preguntarse cómo se aman el hermoso guerrero itaquense y la sirena enamorada. Haría falta, para contestar, un erudito como Carlos García Gual y por ello traigo aquí su magisterio:25-_draper_ulysses_and_sirens
Hay sirenas que despliegan dos colas, como piernas, lo que les permite tener sexo. Pero en la sirena habitual, pez de la cintura a la cola, lo que atrae no es tanto el sexo como la promesa de placer que se expresa en su largo cabello, sus bonitos pechos, su mirada.

Muy bien traída la idea del prologuista al emparentar esta obra de Calvet con El sueño de una noche de verano shakesperiano y mendelssohniano; por muchas razones y, entre ellas, la emanación del mundo feérico. Y que sea el mismo Julio el que sueñe este relato en un crepúsculo estival frente a la playa mediterránea, frente a la cuna de todos los azules. Quién sabe si también vería Julio, atalayando el horizonte, los navíos griegos empujados por la brisa feliz, en su ya eterno viaje hacia la Hélade.

 

Juan C. Lozano Felices.

DE EXILIOS Y MORADAS de JOSÉ LUIS ZERÓN (por Juan Lozano) en La Galla Ciencia

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http://www.lagallaciencia.com/2016/09/de-exilios-y-moradas-de-jose-luis-zeron.html

Llámesele destino, albur o coincidencia, el caso es que, en lo que va de año han saltado a la palestra de la poesía en castellano  tres libros cuyos autores, con diferentes voces y presupuestos,  tienen en común un espacio, la ciudad de Orihuela, y el haber sido fundadores en el ecuador de los ochenta de la revista literaria y de pensamiento Empireuma. Esta revista, que alcanzó una importancia inusitada a nivel nacional,  canalizó buena parte de la primera hora poética de estos autores y de otros que hoy están en la primera línea de la creación literaria en España. A saber, estos poemarios y sus creadores son, por orden de aparición: “La senda honda” de José Manuel Ramón (Ed. Devenir), “Cruzar el cielo” de Ada Soriano (Ed. Celesta) y el que ahora nos ocupa, “De exilios y moradas” de José Luis Zerón (Ed. Polibea – Colección El levitador).

Según me dice su autor, los poemas que conforman “De exilios y moradas” están escritos en su mayoría  entre 2014 y 2015; esto es, tras la publicación de “Sin lugar seguro” (Ed. Germania, Valencia 2013). Si bien no todos los poemas son inéditos, pues algunos aparecieron en distintas publicaciones: La Galla Ciencia, Opticks Magazine, el blog de Antonio Gracia “Mientras mi vida fluye hacia la muerte” o la revista El alambique. A última hora se incluyeron, algo remozados,   cuatro poemas más antiguos que estaban exentos y que, por su temática, encajaban en el libro;  “Alto voltaje”, escrito en la década de los noventa y publicado inicialmente en la revista almeriense Batarro; “Un carnero muerto” incluido en la antología Nuevos poetas, ed. Seuba de Barcelona,1994; “El lamento de la Sibila” y “El desconsuelo de Orfeo”  se escribieron para Empireuma, apareciendo en un número doble de 2007.

Una vez establecida la cronología comencemos por el principio, el título. Sin perder de vista la referencia teresiana, muy bien traída por Alberto Chessa en el prólogo y por Rafael González Serrano en una reciente reseña, el díptico que forma el título adquiere una relevancia exegética y constituye el verdadero umbral de nuestra lectura. Conjuga un elemento tradicionalmente usado en positivo como la morada, sinónimo de hogar y de seguridad, de certezas y de confianza con otro en negativo. El exilio representaría  la duda y la incertidumbre, la frustración,  la inseguridad, el desarraigo y la intemperie. Y, enlazando ambos, el paso del tiempo como eje: “Pasa el tiempo con su carga de belleza y veneno” y “No hay cuerdas que aten el tiempo, lo sabes”  dirá en el memorable “Mientras tanto”.

Por muchas razones, este libro, para mí,  tiene valor de síntesis de toda la obra de José Luis Zerón, una obra de gran intensidad, una aventura estética y conceptual en la que va definiendo una mirada lírica caracterizada por el conflicto entre los dos conceptos antedichos. En este sentido cobra un especial significado y quizás una nueva lectura su excelente anterior trabajo, “Sin lugar seguro”. Escuchemos lo que dice acerca del título el propio poeta en una reciente entrevista, pues la dualidad lo es también frente a la experiencia poética:

El título viene a ser una metáfora de la existencia del ser humano, incapaz de renunciar a la intemperie a pesar de los refugios que levanta contra ella, y de la naturaleza paradójica de la poesía misma, tan acogedora como inhóspita.

Tras un prólogo como el de Alberto Chessa, bajo el título “El vértigo de la espesura”, poco ni mejor se puede decir de este libro ni de su autor. Más que prólogo, constituye el de Chessa un extenso y lúcido estudio pormenorizado de la poética de José Luis Zerón, dando a conocer sus resortes y claves cardinales; lo cual en una obra como la que nos ocupa, con un sustrato tan rico en fuentes literarias, filosóficas y simbólicas (el “riquísimo acervo cultural” del que habla el prologuista), es muy de agradecer.

En cuanto a estructura y sin menoscabo de su coherencia interna,  el libro está dividido en cuatro partes encabezadas por una cita de Breton y un largo poema-pórtico “Moloch”.  Los títulos de cada una de las partes son: El ruido del mundoLe dur désir de durer, Razones del corazón y Hic et nunc, respondiendo cada conjunto a unas intenciones y un material temático determinados.

Detengámonos unos momentos para reflexionar acerca del poema que sirve de pórtico, pues nos da una de las claves de su poética, la revisión de los mitos. Moloch es un dios sacrifical pero también símbolo del fuego purificante, el alma. A esta cruel divinidad cananea, que vino a enseñorearse de los pueblos mediterráneos, también le dedicó un texto nuestro admirado Rafael Argullol, como símbolo de la sociedad moderna. “Lo que exige este nuevo orden al hombre actual es la inacción”. Nuestra inacción, la obediencia, la comodidad frente al pensamiento único, el mirar hacia otro lado, nos convierte en cómplices y constituye el actual tributo de sangre a la bestia. Instalados en nuestras casas, protegidos por los objetos caros que nos rodean, Alepo es sólo un punto que ni siquiera sabríamos situar en el mapa.  Por ello, la auténtica poesía estaría también del lado del exilio y la intemperie. La poesía es resistencia frente al nuevo orden. También me viene a la memoria el pensamiento de Hölderlin a través de Heidegger: “poéticamente hace el hombre, de la tierra su morada”.

José Luis Zerón posee una de las voces más personales y ricas del actual panorama de la poesía escrita en castellano, una voz hecha y personal que ha alcanzado su plenitud vital, temática y expresiva.  Sentado esto, también digo que el poemario de Zerón no es para todos los paladares. Al contrario de lo que suele ocurrir con  un determinado tipo de poesía muy en boga donde abunda lo previsible y lo plano,  no es el de José Luis un libro de  cómoda ni fácil lectura. En un tiempo donde se le exige a la poesía que sea legible y se acomode a alguno de los modelos imperantes, el poeta oriolano es plenamente consciente de haberse situado en un espacio difícilmente abordable, pero es su espacio. Él mismo se definía como un poeta que siempre ha estado a la intemperie. Habrá quien diga, en forma negativa, que la poesía de José Luis es “demasiado hermética”, “que no se entiende”. No han de preocuparnos esas voces. Como dejó dicho el gran Juan Ramón Jiménez: “La gran poesía “difícil” comunica por soplo, imán, majia, fatalismo, como fue creada, y no por análisis metódico, su secreto profundo.” Pese a lo dicho, cuando escribo estas líneas me dice el poeta que, prácticamente, la primera edición está agotada y está en vías de salir una segunda, lo cual se traduce en que la poesía, cuando es auténtica y no lo que comúnmente pasa por ser,  tiene la virtud de conectar con el lector y de  ser reconocida por los suyos.

Desde el punto de vista formal es una poesía de acabada factura, perfectamente  modulada,  de un fraseo elegante y fluido que en ocasiones deriva hacia la salmodia; “Insomnio”  o “Cantata para un poeta naufrago”, dedicada a L.Mª Panero, serían el ejemplo más claro de la inflexión versicular. Una poesía que ha asumido la tradición y la lleva incorporada en su cadena de ADN.  Por otra parte, si vamos al fondo, es una poesía trascendente, de honda raíz elegiaca  y existencial, conectada a la sensibilidad romántica. Una poesía del conocimiento que intenta, al decir de Caballero Bonald, dar forma a lo invisible. O mejor, citando otra vez a Juan Ramón, “suma conciliadora de realidad visible e invisible”.

Un estudio profundo del libro, con comentario de los poemas, aunque fuese de los más destacados dentro del nivel altísimo del conjunto, sobrepasaría con creces el propósito de una reseña. Baste decir que no he encontrado poemas de los llamados de relleno. Todos, prácticamente, rayan, como he dicho,  a una altura poética muy alta. La primera parte, “El ruido del mundo”, quizás sea la parte más arriesgada, donde se adentra en un territorio apenas balizado y  donde encontraremos los poemas más conectados con la revisión de los mitos, significativamente de origen hebreo y con ideas-espejo muy sugestivas. Estamos ante la mitología “creativa” de la que hablaba Joseph Campbell:

Los símbolos mitológicos tocan y excitan centros vitales que están fuera del alcance de los vocabularios de la razón y la coacción.

También, en este primer segmento, encontramos el poema “Aún somos” que prorroga la entonación del libro anterior, al decir: “No hay lugar seguro/ni centro, solo fauces”.

En la segunda parte, nominada con el eluardiano título “Le dur désir de durer” el tema principal podría ser la temporalidad de la existencia y el Misterio de lo sagrado; lo numinoso, lo que no se concibe ni se entiende, salvo por alguna fulguración mística;  con poemas dedicados a Novalis, Juan de la Cruz, la voz oracular de la Sibila y con referencias también a la obra del teólogo protestante Rudolf Otto en “Mysterium tremendum et fascinans”, autor que influyó de forma notable en el pensamiento religioso de una jovencísima María Zambrano. También encontramos en este segmento uno de los poemas más hermosos del libro, “Vida”:

Cualquier nombre resulta inexacto

para definir aquello que nos acaricia

mientras nos destruye

En  “Razones del corazón” encontraremos los poemas que hacen referencia a su entorno más cercano, quizás sobresaliendo en esta parte los “Cuatro poemas para Ada” escritos con un lirismo intimista que resuena en nuestro interior. En la cuarta parte, como su nombre indica, “Hic et nunc”, hace un replanteamiento del momento presente, el poeta siente la necesidad de situarse aquí y ahora frente a la realidad temporal, particular y social. Es la parte más celebratoria, poemas de tono hímnico de muy hermosa factura que vivifican como sol de invierno. Destaco “Palabra no dicha”, “Apoyados en la ventana” o, cerrando el libro, el poema “Celebración”:

Nombra la imagen que te nombra, nómbrala

Nombra los jardines de su piel sin dioses

y concédele eternidad.

Hemos de estar de enhorabuena. La anacrónica pervivencia de la poesía en el siglo XXI nos depara sorpresas como la este libro. José Luis Zerón  no es un poeta que se prodigue en demasía y es que, un poeta, cuando lo es de verdad,  cuando ser poeta es una forma de vida y de conocimiento, no pueden ni deben ser muchos los libros de poemas escritos. Cada libro ha de tener su justificación y su periodo de maceración, en lo personal y en lo poético. La historia de la poesía está llena de pasos en falso. José Luis Zerón camina con paso seguro y luminoso por terrenos pantanosos en los que otros se hundirían fácilmente. Para terminar, la edición de Polibea constituye un digno continente para un contenido extraordinario. No quisiera cerrar este texto sin hacer una mención al artista José Luis Rayos, cuya obra forma parte inherente de este poemario. Encontramos tanto en la portada como en las guardas, magníficamente reproducidas, fotografías de sus maravillosas  esculturas de alambre  con el motivo de las manos alzadas o extendidas, significando, “la llamada a la acción”.  El anterior trabajo de José Luis Zerón,  “Sin lugar seguro”, siendo un poemario de gran voltaje, resultaba lastrado por una edición que no le hacía justicia, por lo que ya, desde aquí, sugiero a quien corresponda, una nueva y digna edición de este, tan hermoso como fundamental libro en la producción del poeta oriolano.