Archivo de la etiqueta: Juan Lozano Felices

Mosaicum 6, por Juan Lozano Felices

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MOSAICUM (6)

GREENSLEEVES

(Balada tradicional inglesa, atribuida a Enrique VIII)

Versiones:

1º ALFRED DELLER/ DELLER CONSORT/ DESMOND DUPRÉ (Laúd)

2º THE JOHN CONTRANE QUARTET

Esta semana, el Renacimiento inglés y el jazz del siglo XX se dan la mano con la pieza “Greensleeves”. Con la maravillosa voz del contratenor Alfred Deller nos vamos a la verde Inglaterra de la época isabelina. Quiere la leyenda que esta canción la compusiera el mismo Enrique VIII para Ana Bolena, cuando aún estaba casado con Catalina de Aragón y aquella lo rechazaba. Ha conocido versiones de todos los pelajes. La que aquí traigo del maestro Deller debe considerarse excepcional. Deller la grabó al menos en dos ocasiones, la primera en fecha tan temprana como 1955 para el álbum de EMI “Shakespeare songs and lute solos” pero la versión elegida es posterior, la grabó en 1967 para el sello francés Harmonia Mundi en un álbum que se llamó “Shakespeare songs and Consort Music. John Contrane hizo una recreación en clave big band, para el álbum “África/ Brass”, grabado entre el 23 de mayo y el 7 de junio de 1961 y editado por el mítico sello Impulse. Era el sexto disco del sello y el primero que Coltrane grabaría con ellos. El solo de saxo soprano de Coltrane en “Greensleeves” es, como mínimo, igual de emocionante que la voz de Deller, ¿o no?

 

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Mosaicum 5, por Juan Lozano Felices

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MOSAICUM (5)

WOTANS ABSCHIED

THEO ADAM (bajo-barítono)

Orquesta del Festspielhaus de Bayreuth – Dr. Karl Böhm

Esta semana la entrega de Mosaicum viene marcada por la actualidad. Hace apenas dos días saltaba a los teletipos la noticia del reciente fallecimiento del cantante wagneriano Theo Adam. El óbito había ocurrido el 10 de enero en su ciudad natal, Dresde, a la edad de 92 años en la residencia de ancianos donde vivía. Había debutado en la Sttatsoper de Dresde en 1949 en el papel del ermitaño en “El cazador furtivo” de Weber. Fue uno de esos cantantes, como Hans Hotter, Wolfgang Windgassen, Astrid Varnay, etc… muy vinculado al opus wagneriano y, por ende, al Festival de Bayreuth. Durante los años sesenta y hasta 1980, participó en el Festival de Bayreuth de forma casi ininterrumpida, en distintos papeles. Fue el rey Enrique en “Lohengrin” (1954,1959,1960), hizo el papel del Landgrave de Turingia en “Tannhäuser” (1954), el papel del marinero en “Tristán e Isolda” (1953); el papel de Wotan/Wanderer en la tetralogía de “El anillo del nibelungo” de 1964 a 1975;en “Los maestros cantores de Nuremberg” hizo varios papeles, destacando evidentemente el del zapatero-poeta Hans Sachs (de 1968-1970 y de 1973-1976). También en “Parsifal” cantó varios papeles, los secundarios de Titurel (1954 y 1959) y de segundo caballero de la Orden del Grial (1953, 1954 y 1960); pero también se metió en la piel del sufriente Amfortas (1965, 1972 y 1973) y en la de Gunermanz (1976-1980). Además cantó el “Winterraise” de Schubert, el papel solista de barítono en la Novena sinfonía de Beethoven, el Dr. Schön en “Lulú” de Alban Berg; el de maestro de música en “Ariadna en Naxos” de Richard Strauss y el del barón Ochs en “Der Rosenkavalier”. La historia de la fonografía ha preservado su magisterio en muchos de estos papeles y en otros como en “Cossi fan tutte” y “La flauta mágica”, de Mozart; “Fidelio” de Beethoven; “Hänsel y Gretel” de Humperdinck; varias Cantatas religiosas de J.S. Bach o el Réquiem de Mozart. Destacaremos cuatro grabaciones, tres de ellas wagnerianas: la del Holandés, en “El Holandés errante” de Wagner dirigido por Otto Klemperer; el del barón Ochs en “Der Rosenkavalier” de Richard Strauss, dirigido por Karl Böhm (toma del Festival de Salzburgo en 1969); el Hans Sanchs en la versión en estudio de Herbert von Karajan con la idiomática Staatskapelle de Dresde; y el de Wotan en “Die Walküre” (tomas de 1966-67 del Festival de Bayreuth), también bajo la dirección de Böhm. Y precisamente, escogemos un fragmento hacia el final del acto III de “Die Walküre” en esta versión, que contó con el segundo montaje de Wieland Wagner para “El Anillo” desde la reapertura del Festival, en 1951. Se trata del fragmento conocido popularmente como “Los adioses de Wotan”, en el que el atribulado dios nórdico se despide de su hija favorita, la walkyria Brunnhilde, a la que castiga por desobediente (la walkyria no ha hecho sino ejecutar la verdadera voluntad de su padre), dejándola dormida. Como curiosidad, en este episodio tomado de la mitología nórdica, encontramos el origen remoto de “La bella durmiente”. Pese a tratarse de una grabación en vivo de mediados de los sesenta, la toma que hicieron los ingenieros de D.G. en estéreo (luego se comercializó por Philips) es envidiable, clara, y expansiva y suena estupendamente, con el plus de la calidez teatral que da la toma desde el teatro en la Colina Verde. Hasta la llegada de un Anillo bayreuthiano dirigido por Hans Knappertsbusch en condiciones sonoras óptimas (las ediciones de Golden Melodram y luego en Testament), la edición discográfica de Böhm compitió durante muchos años con las de estudio de Solti con la Filarmónica de Viena y la de Karajan con la Filarmónica de Berlín. Evidentemente, Theo Adam no es Hotter ni es George London. Pero tampoco Böhm es Knappertsbusch ni Furtwängler. La voz de Adam es más ligera y no tiene la extraordinaria riqueza tímbrica ni la versatilidad de un Hotter, capaz de conmover hasta las lágrimas en esta página; pero aún así, Theo Adam fue un gran cantante-actor y conforma un Wotan de gran categoría humana. El video viene acompañado por dos imágenes en las que creo adivinar la línea maestra de Ferdinand Leeke.

Ya para terminar, me permito transcribir el análisis que hizo el maestro Ángel F. Mayo, correspondiente a esta página musical. Es extenso pero vale la pena:

El castigo va a ser terrible: la virgen quedará aquí mismo, dormida e indefensa, a merced del primer hombre que la descubra. Brünnhilde se revuelve. Su deshonra alcanzará también al dios. Tiene entonces una inspiración digna de su nobilísima sangre: rodee a la roca ardiente llamarada,«¡lama su lengua, muerdan sus dientes al cobarde que, insolente, se atreva a acercarse al amedrentador peñasco!». En la orquesta se ha oído el motivo de Loge como fuego, crepitante y abrasador, anticipando así la música de la auténtica muralla ígnea que se opondrá en vano al paso de Siegfried.

La grandeza de su hija ha vencido finalmente a Wotan. Éste arroja la lanza al suelo, levanta a Brünnhilde y la abraza. Comienzan ahora los llamados adioses de Wotan, abiertos con una suntuosa reaparición del motivo de las walkyrias: «¡Ve con bien, osada, magnífica niña! ¡Tú, de mi corazón el más sagrado orgullo! ¡Ve con bien! ¡Ve con bien! ¡Ve con bien!». La primera parte del emotivo parlamento de Wotan confirma la separación inevitable, para siempre, pero también que el padre va a conceder a la hija lo que ésta le ha pedido: «¡Debe arder ahora para ti un fuego nupcial como jamás ardió para novia alguna!». Suena el motivo de Loge igual que apareció durante la súplica de Brünnhilde, pero mucho más desafiante, ya que Wotan va a pronunciar la frase que expresa la magnitud de su drama personal, la soledad definitiva del poderoso.

Separado voluntariamente del clan de los dioses, consentidor -no hacedor, como se ve en escenografias actuales de la muerte del propio hijo, apartado de quien era la ejecutora de su voluntad, de aquélla que cabalgaba a su lado y le presentaba el hidromiel, decidido ya a no comer las manzanas de oro de Freia y, en consecuencia, a envejecer, será en lo sucesivo el Viandante, el espectador de los acontecimientos. Sólo le queda una esperanza dolorosa, pues su cumplimiento significará para él la extinción. Con voz arrogante y a la vez quebrada dice, doblando la línea del motivo de Siegfried: «¡Pues sólo uno pretenda a la novia, el más libre que yo, el dios!».

Sigue un interludio orquestal que, si el director sabe graduar el crescendo para alcanzar todavia un más allá, se convierte en la cima emotiva de La Walkyria. Consiste en la expansión del motivo de la compasión, del sentimiento altruista que ha llenado el alma de y ha vencido a las duras y rigidas leyes divinas. La cadencia descendente que sigue va sosegando el ánimo de Wotan con el motivo, no menos bello, de Brünnhilde durmiente. Ahora, en la segunda parte del parlamento, oímos sólo al padre, no al dios, con la voz casi rota por el llanto. Es el canto a los ojos, luminosos, radiantes, de la sublime criatura, los ojos que el dios cierra con el beso que duerme a su hija y a la vez la priva de la divinidad.

Otro interludio orquestal acompaña la ceremonia con la que Wotan deja a Brunnhilde tendida al pie de un gran abeto y protegida por sus armas. Los violines dibujan el estático motivo descendente del sueño mágico mientras en los violonchelos con sordina, misterioso, se oye la curva ascendente del motivo de Erda, que es la madre de Brunnhilde. El motivo de ésta, dormida ya, pasa por toda la cuerda y por la madera hasta que los violonchelos recogen el dolor de Wotan, oído en el parlamento anterior, en frases nobilísimas. El interludio concluye con repetidas figuras de Brunnhilde durmiente y la interrogación al destino, en pianissimo, en la primera trompa.(1)

Todavía queda, para dar por concluido el Drama Musical, el fragmento conocido como “El fuego mágico” en el que Wotan invoca a Loge, dios del fuego, y le ordena arder alrededor del cuerpo inánime de la walkyria. Pero nosotros lo dejamos ya aquí.

  1. Mayo, Ángel Fernando. La obra de una vida. El anillo del nibelungo. Fundación Teatro Pérez Galdós. Las Palmas de Gran Canaria, 2003.

 

JULIO CON ANTIFAZ. UNA LECTURA DE “LA BELLEZA DE LA FRUTA”, por Juan Lozano Felices

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http://www.agitadoras.com/enero%202019/juan.html

Tenía las llaves de su bosque, pero no abrían el reino de su pensamiento”. Con esta sugestiva frase da comienzo Julio Soler a “El bosque de las pawlonias”, el primer cuento y uno de mis favoritos de su nuevo libro “La belleza de la fruta”, editado en feliz conjunción por Ediciones Frutos del Tiempo y la colección Peces Solubles. Proyecto éste último que gobierna el propio Julio como si fuera una ínsula presidida por la belleza y el misterio hipnótico. Esa primera frase es la puerta o la madriguera del conejo que nos sumerge de lleno el mundo mágico y altamente adictivo de su autor.

En la colección Peces Solubles han aparecido hasta el momento “Compártame en embolsamientos de aire frío” (1998), “Bestias enamoradas” (2014) y “Pues tú me eliges el veneno” (2016). En todos ellos, como en éste, Julio ha contado con la inestimable colaboración del artista plástico Antonio Mora a quien no puedo dejar de citar de aquí, como tampoco a Paco Valverde como pilar audiovisual de sus presentaciones ni a esa extraña pareja, Juan León y Roberto Martínez, con sus performances en las sucesivas lecturas del Manifiesto de los Protectores de los Peces Solubles. También, en los últimos dos años, han ido brotando cuentos de “La belleza de la fruta” en la revista digital Agitadoras y alguno que al final ha quedado inédito. “La belleza de la fruta”, ya en su forma definitiva como libro, consta de dos partes; una con los cuentos y otra gráfica bajo el título “La belleza de la fruta ilustrada” con fotos de ilustraciones, montajes y fotogramas de películas; a manera de correlato visual de la parte literaria.

Lo he contado alguna vez, el día en que conocí a Julio Soler, él tocaba el piano. El tiempo ha ido añadiendo detalles a la escena, Julio con esmoquin, Julio con antifaz, Julio a la débil luz de las velas y golpeando con el dedo índice el borde de una copa de borgoña… A veces, el piano es de cola y otras, si afuera llueve, puede que no sea un piano sino un clavicordio. La copa de borgoña emite una vibración semejante a la prolongación de una nota pedal sobre la que Julio improvisa diversos acordes. Todo ello es auténtico y, a la vez, entra en el mundo de lo onírico. Vamos ahora con “La belleza de la fruta” y su poética.

La génesis de “La belleza de la fruta” es lejana, colindante con “El balcón de Laura” (Frutos Secos, 1987), pero han tenido que pasar más de treinta años para que el libro vea la luz. A veces, Julio nos hacía partícipes de alguno de sus cuentos, unas veces decía que eran cuentos de amor cortés y otras que pertenecían al ciclo de la belleza de la fruta. Intuyo que, al final y de forma natural, ambas categorías han terminado por fusionarse, anexionarse o fagocitarse para dar forma a este corpus narrativo, a esta delicatesen que estamos a punto de degustar. Envidio sanamente a aquellos que aún no han entrado en el mundo juliano, porque están a punto de franquear puertas que, de otro modo, continuarían cerradas o ni siquiera serían visibles. O de cruzar espejos para, al otro lado, seguir las pistas que a modo de migas de pan, Julio ha ido dejando aquí y allá: referencias musicales, cinéfilas y literarias. Si estas pistas llevan a algún lado, solo al lector le corresponde averiguarlo. Puede que, el sendero a través del bosque, conduzca a cada lector a lugares distintos o, como en “El ángel exterminador”, acabemos en una sala de la que no podamos salir. Como también he dicho alguna vez, el juego es el alcaloide en la obra de Julio Soler. Uno hará bien dejándose seducir por la plasticidad sensorial de su lírica, por el juego verbal, por el fabulador nato, por la alta imaginería de su creación poética. Porque de sinergia poética y no de otra cosa, estamos hablando aquí. Y también, claro, de amor, los cuentos de “La belleza de la fruta” son siempre cuentos de amor. Pero en Julio, es como si la herida nos doliera antes de producirse. Más allá de lo dicho, no voy a caer en el tremendo error de intentar explicar la lírica de Julio Soler, si es que tal cosa fuera posible. Como bien dice Jesús Zomeño en el texto de contraportada, “la reflexión y el romance están en lo que no se explica, porque él sólo modela los bultos que hay tras la cortina”. Además, intentar revelar lo que está oculto llevaría a quebrantar el artículo 15 del Manifiesto de los Protectores de los Peces Solubles, que dice: “Nunca preguntarse ¿Qué significa esto? ¿Qué ha querido decir con esto?”.

He hablado de un territorio mágico donde Julio toca el piano. En otra versión, el antifaz de Julio no tiene huecos para los ojos. Es un antifaz para dormir y Julio hace vibrar a ciegas la copa de borgoña. Me pregunto si será el mismo antifaz que utiliza para escribir.

Mosaicum 4, por Juan Lozano Felices

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MOSAICUM 4

AFTER YOU’VE GONE

1ª VERSION.- ELLA FITZGERALD

2ªVERSION.- JEREMY TAYLOR/ SIMON RATTLE/ LONDON SINFONIETTA.

Como contrapunto a la anterior entrega, vamos a escuchar “After You’ve Gone”, una conocida canción compuesta en 1918 por Turner Layton (1894-1978) que además de compositor era cantante y pianista. La canción es lo que en jazz se llama un estándar y ha conocido infinidad de versiones, desde Louis Armstrong a Benny Goodman, pasando por Judy Garland, Nina Simone, Sinatra o Frankie Avalon.

He escogido dos lecturas muy distintas. La primera, grabada por Ella Fitzgerald en 1962; y la segunda a cargo de Jeremy Taylor y grabada por Simon Rattle con la London Sinfonietta para “The jazz álbum” en 1987.

PROYECTO MOSAICUM (3) Juan Lozano Felices.

Vídeo

Como son las fechas que son, vamos a postear una entrega muy especial. Se trata de la grabación de un ensayo de Carlos Kleiber dirigiendo la obertura de la opereta DIE FLEDERMAUS de Johann Strauss II (además subtitulado en castellano), seguida de una ejecución en concierto. El ensayo, grabado en Stuttgart en 1970, dura algo más de media hora y es una delicia ver como Kleiber, con la fama de director hosco, exigente y huidizo que tenía, consigue, con muy buen humor, transmitir a los músicos la idea de lo que quería… y pocas veces esta música ha sonado tan vienesa. El repertorio de Kleiber, por opción propia, era muy restringido. En Ópera: Wozzeck, de Berg; La Traviata y el Otelo, de Verdi; La Bohème, de Puccini; El caballero de la rosa y Elektra, de Richard Strauss; El murciégalo, de Johann Strauss; El cazador furtivo, de Weber; y el Tristán, de Wagner. En sinfonías, la 5ª y 7ª de Beethoven; la 4ª de Brahms; la incompleta de Schubert y poco más. Vivía prácticamente recluido. Es famosa la frase que le dijo a Karajan, que solo dirigía cuando tenía la nevera vacía. Y a Leonard Bernstein le dijo que su ideal de vida sería: “vivir en un jardín, estar sentado al sol, comer, beber, dormir, hacer el amor, esto es todo”.

Es un día tan extraño, por Juan Lozano Felices

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Es un día tan extraño,

ingresado en el hospital.

Viéndolo todo doble,

que no es vivir dos veces.

Tomando decisiones dobles,

escribiendo el mismo poema dos veces.

Amándote extrañamente.

El hospital está cerca del aeropuerto,

oigo como truenan los aviones

mientras alcanzan altura.

Oigo en el pasillo a las enfermeras

con sus batas blancas,

repartiendo las bandejas de comida.

Dice la radio que estamos en riesgo de gota fría.

Estoy deseando que comience a llover

para descorrer las cortinas del ventanal.

Es un día extraño,

viendo doble

y esperando la tormenta.

18-10-18.

PRESENTACIÓN DE EL CIELO DE KAUNAS, DE JESÚS ZOMEÑO A CARGO DE JUAN LOZANO FELICES.

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LUGAR: CASINO DE ELCHE, 3-12-2018.

Buenas tardes. Gracias por acudir a este acto que tiene por objeto dar a conocer esta novela de Jesús Zomeño, “El cielo de Kaunas”, editada por la editorial Contrabando, de Valencia. Luego mantendremos un coloquio con su autor para que nos explique algunas de las claves de la historia, y que así el lector se haga una idea lo más precisa posible de lo que va a encontrar en la novela. Y gracias al Casino por acogernos en este entorno verdaderamente entrañable, aprovecho para desearle a José Esteban una pronta recuperación.

Voy a comenzar por el principio porque quiero que se entienda lo que voy a decir después, voy a contar cómo conocí yo a Jesús. Sería el año 80 u 81, y yo, con la osadía y la irreflexión que da la juventud más temprana, me autodenominaba poeta y quería ser como aquellos poetas que leíamos en el bachillerato. Como Miguel Hernández, como Lorca, como Blas de Otero que entonces estaba muy de moda. Los leíamos en aquellas viejas ediciones de la editorial Losada que venían de Argentina, las hojas no se desprendían como pasaba con los libros de bolsillo de Alianza pero amarilleaban. El caso es que yo tenía un amigo con el que quedaba para salir los fines de semana y él a su vez conocía a otro chico que, según me decía, también escribía y que había ganado un premio de poesía en el instituto. Su amigo era Jesús Zomeño. Jesús fue, durante algún tiempo, como hubiera dicho Henry James, el amigo de mi amigo. Incluso antes de conocerle, a través de ese amigo común, compartimos un disco. El caso es que nos conocimos, ese otro amigo desapareció de nuestras vidas y Jesús y yo nos hicimos inseparables hasta hoy. Han pasado casi 40 años y ni siquiera tenemos ya el consuelo de aquel verso de Jaime Gil de Biedma que decía “Ahora que, de casi todo han pasado 20 años”. Bueno, pese al tiempo transcurrido, aún recuerdo como si fuera hoy el día en que nos conocimos, el intercambio de poemas casi con valor de hermanamiento de sangre….quizás hablamos de política, de chicas, de la ilusión por publicar, de la escritura como necesidad vital … Estos casi cuarenta años han dado para mucho….hemos compartido vivencias, nacimientos de hijos, momentos dolorosos, lecturas, proyectos literarios y personales, incluso en el día a día profesional también hay una intersección que es el mundo del Derecho donde nuestras vidas se vuelven a cruzar.

Bueno, pues quiero que ustedes sepan que el hecho de ser amigo del autor y de conocer muy bien el proceso creativo de una novela como “El cielo de Kaunas”, no me afecta a la hora de sostener que la aparición de esta novela es un acontecimiento de primera magnitud dentro del panorama literario español. También para su autor, “El cielo de Kaunas” marca un punto de inflexión en su ya dilatada trayectoria literaria. Tras haber dejado formalmente la poesía con “Un libro llamado 34 poemas” (Diarios de Helena, 2001), durante algo más de quince años Jesús nos ha legado un corpus narrativo de primer orden, con libros de relatos como “Lengua azul” (Sloper, 2008), “Cerillas mojadas” (Denes, 2012), “Piedras Negras” (Lengua de Trapo, 2014), “De este pan y de esta guerra” (Contrabando, 2016) “Querido miedo” (Sloper, 2016) y “Guerra y pan” (Contrabando, 2017). Ahora cambia de tercio y nos ofrece una novela. Esto, evidentemente, no ha ocurrido de la noche a la mañana. Ha entrañado un proceso más complejo que voy a intentar establecer con una sucinta cronología.

Todo comenzó en el verano de 2015, cuando Jesús me dijo que se iba de viaje a Kaunas. Yo no había oído hablar de esa ciudad y Lituania sólo era, para mí, un país báltico que no hubiera sabido situar correctamente en el mapa, igual que si me hubiesen hablado de la tintinesca Syldavia. Yo, ese verano estuve en Roma y, a la vuelta quedamos para hablar nuestras experiencias estivales. No hace al caso la mía ahora. Durante su estancia en Kaunas, Jesús se había alojado en un hotel llamado Santakos, situado en un punto que conecta el centro moderno con el casco antiguo de la ciudad, famoso por sus excelentes muestras del Barroco tardío. Un hotel, según me dijo, anticuado pero cómodo y tranquilo, donde estuvo perfilando los cuentos de “Querido miedo” para su publicación. Si uno hace una consulta en el Google Maps, tomando como punto de partida el hotel Santakos, comprobará que, en un radio de no más de quince minutos encontramos el Gran Museo de la Guerra, la Alameda de la Libertad, la isla Nemunas, el Museo del Diablo o un restaurante llamado “Bella Italia” en la calle Daukanto. Antes de que alguien pueda confundir esto con una guía turística, debo decir que los lugares citados son los que frecuentó Jesús durante su estancia en Kaunas y luego incorpora a su novela, convirtiéndolos en un itinerario sentimental y vital, como si fueran las arterias y las venas por donde circula la narración y le infunde vida. Quizás sea exagerado decir que uno podría visitar Kaunas con el solo apoyo de la novela de Jesús, pero si deciden viajar a la ciudad báltica (yo tengo pendiente mi visita) harían bien en llevar la novela consigo y recorrer los lugares, ya familiares, que aparecen en ella.

Durante ese otoño de 2015, Jesús comienza, por primera vez, a hablar de que está enfrascado en una novela con cierto aire noir. No me extrañó, era la evolución natural de su narrativa, ya anunciada en unos cuentos que, al final, han quedado inéditos. Precisamente yo, en octubre de 2015, en un diario comenzado por esas fechas y que no continué, veo la siguiente anotación:

Jesús sigue con su novela y quiere volver a Kaunas para terminarla. Como sabe que no puede ser, va a hacer que el protagonista de su novela viaje a esa ciudad y se refugie en el mismo hotel donde él estuvo este verano.

La novela fue terminada en dos meses y, tras una apresurada corrección, pone el punto y final. Era el 31 de octubre de 2015, lo recuerda porque era el último día de plazo para remitirla a un premio literario. No obtuvo ningún resultado, tampoco lo esperaba. Pero, esa primera novela había servido como campo de pruebas para emprender otro proyecto de mayor envergadura y cuyas líneas maestras ya tiene más o menos claras. El 1 de noviembre da comienzo a su segunda novela, que entonces sólo es “la novela de Kaunas” y donde, el mismo protagonista de la primera, un atípico inspector de policía del que no conocemos su nombre, viajará a Kaunas sin un propósito fijo, sólo porque su amante asesinada era de allí. Como quien persigue un rayo de luna, que es lo que le dice Paco, su compañero en la Jefatura. Las dos cabinas de teléfono donde creía haber localizado, por medio del Google Street View a su amante, pese al rostro pixelado, cuando aún vivía en Kaunas, serán el objetivo de su viaje.

El año 2016 será el annus mirabilis de Jesús Zomeño. La editorial Contrabando edita en febrero su libro “De este pan y de esta guerra”, conformado por relatos nuevos que había escrito tras publicar “Piedras Negras” y otros, incompletos entonces o a partir de esbozos, que el tiempo le había permitido retomar y concluir con mejor perspectiva. Tras el verano de 2016, la editorial mallorquina Sloper editaría “Querido miedo” donde Jesús proyecta una mirada entre nostálgica y elegíaca ante la década de los ochenta.  Ambos libros aparecen, entre otros, en 2017 como candidatos a los Premios de la Crítica Valenciana y el galardón se lo lleva “De este pan y de esta guerra”. Luego, en octubre de 2017, aún vendrá “Guerra y pan” que, en principio iba a ser una separata de tres o cuatro cuentos destinada como regalo, tras el premio, a los compradores del libro y que termina siendo un libro con plena autonomía e integrado como tal en el catálogo de Ediciones Contrabando.

Pero durante ese ajetreado año, Jesús no ha dejado de trabajar en su novela. Me habló de que, una vez encontrada la voz y el ritmo, la novela era más lineal y no requería la tensión y concentración del cuento. Según lo entendí era algo así como si uno pusiera el piloto automático. Pero sospecho que, lo que resultaba tan practicable para Jesús, para otros sería un Himalaya inalcanzable. Para Jesús, todo era cuestión de disciplina, de cenar ligero, acostarse pronto y poner el despertador para levantarse siendo aún noche cerrada. Prepararse una taza humeante de café con leche y arrancar el ordenador portátil. Una de sus herramientas, cuyo uso comparte con el protagonista de su novela, es el Google Street View. No voy a desvelar nada más acerca del modus operandi de Jesús. Lo importante es el resultado, y éste es portentoso.

En el otoño de 2016, un año después de haber comenzado, Jesús termina una primera versión de “El cielo de Kaunas”. Todo el 2017 lo ocupan las correcciones, casi frase a frase. Mientras que, para algunos autores, es la idea la raíz de su proceso creativo y para otros el párrafo, Jesús Zomeño tiene en la frase la unidad que vertebra su escritura. Hasta el verano de 2018 vendrá una última fase de pulidos y detalles, donde además se añadieron los títulos de cada una de las partes, escribió el preámbulo y la editorial trabajó con el diseño. La magnífica portada se debe a Carlos Michel Fuentes y también contiene una ilustración interior debida al artista madrileño Raúl, colaborador en los años ochenta en publicaciones como Cairo, Madriz o Complot. El montaje de Raúl, que alguna vez se valoró como portada, está ubicado al final y es fruto de una concienzuda lectura de la novela, ofreciendo detalles y guiños que harán las delicias de los lectores de “El cielo de Kaunas”.

Jesús Zomeño nos muestra la vida tras el desmoronamiento del modelo soviético, el mundo de los personajes deviene un caos donde la nostalgia será la información que las terminaciones nerviosas están mandando de forma continua al cerebro. Jesús ha escrito una especie de Estación Termino del socialismo real por medio de alegorías y de historias pobladas de unas criaturas que huyen continuamente para seguir tan perdidos como al principio: el francotirador que, como el protagonista, carece de nombre; los personajes convulsos de la segunda parte; el propio inspector de policía…el eje conceptual de la novela, tal como yo lo veo, es la incomunicación y la huida. Sobre el título yo, Jesús, te oí decir el otro día en Orihuela que era un homenaje a El cielo protector, acaso porque los personajes de la novela también busquen el manto protector de un cielo estrellado, sin encontrarlo. Una interpretación literal hace referencia a las condiciones climáticas hostiles y el cielo bajo y plomizo, como amenaza, sobre los personajes. Pero también refiere al techo pintado de nubes de la habitación de los niños, en la casa donde el francotirador sin nombre, pasó su infancia y donde se desencadena la tragedia.

Quizás no sea una novela para todos los paladares, quizás haya asumido Jesús un riesgo excesivo. Quizás en estos tiempos donde impera el fraude de la corrección política, alguien pudiera pensar que estamos ante una historia nada edificante. Nada de eso importa, estamos ante una novela, como dijo Ridruejo de “Si te dicen que caí” de Juan Marsé, de las que nos hacen crecer. Una historia, en cierto modo perturbadora, que habla de la delgada línea que separa al hombre racional de un ser que ya ha roto todos sus vínculos emocionales, intelectuales y culturales con la civilización, capaz de las mayores atrocidades como expresión de dominio. La historia del sanguinario verdugo de Kaunas es una de las más inquietantes del libro.

Alguna vez he dicho, utilizando un símil cinematográfico, que Jesús Zomeño  es un escritor que utiliza el zoom o el travelling de forma absolutamente lúcida; es decir, lleva la eficacia narrativa de los movimientos de la cámara a su literatura. Sus patrones narrativos no han cambiado desde “Piedras Negras” o “De este pan y de esta guerra” y, con “El cielo de Kaunas” lo vuelve a repetir. Si fuera un realizador Jesús no sería Visconti ni John Ford, descubriendo grandes espacios. Probablemente sería el Hitchcock de “La ventana indiscreta” o tal vez Orson Welles, un ilusionista del cine con sus ángulos oscuros y sus contrapicados. Quizás al intentar yo fusionar dos lenguajes distintos, esté planteando problemas de orden semiológico y estético. Admitámoslo si quiera metafóricamente para explicar lo que quiero decir. Un ejemplo, en cada escena del francotirador, eligiendo cuidadosamente a su víctima y preparándose para disparar, la cámara se acerca en un zoom. Cambia incluso el foco. Pasando del narrador omnisciente a un monologo interior, nos ubica directamente en los pensamientos del asesino. El tempo se ralentiza y el autor hace un recorrido para que nos fijemos en todos los elementos de la escena, desde el control de la respiración hasta la caricia del gatillo y por fin la presión del disparo.

A través de su estructura tripartita y con la precisión de un artesanal relojero, Jesús va montando un engranaje perfecto, donde todo encaja al final. O también es posible que esté desmontando el mecanismo, que la narración sea una deconstrucción y al final tengamos las piezas esparcidas sobre la mesa para que sea el propio lector el que las monte.

Hasta aquí la novela, pero este libro nos habla también de la felicidad de escribir, de alguien que disfruta enormemente con lo que hace. Jesús parece haber nacido para contar historias y la escritura deviene él una necesidad vital, tal como me contó en Cau d´Art hace casi 40 años. Ahora comienza para Jesús y para la gente de Contrabando una carrera de fondo que les llevará a presentar la novela en diversas ciudades españolas como Valencia, Alicante, Murcia, Albacete, Cuenca, Palma de Mallorca y Madrid. Solo me resta desearle a Jesús toda la suerte del mundo en este periplo, aunque estoy seguro de que no la va a necesitar si se hace a su novela toda la justicia literaria que merece.