Archivo de la etiqueta: Pedro Serrano

Colección Lunara plaquette, por Javier Puig

Estándar

Estamos ante cuatro pequeños grandes libros que son las diferenciadas muestras de una poesía hecha por hombres y mujeres bregados en el arte de plasmar su sensible visión del mundo.

Recientemente, se han publicado y presentado de forma simultánea cuatro plaquettes de poetas que residen en Elche. La menor amplitud de estos libros, de cuidado diseño pero escuetos en tamaño, podría sugerir, en principio, un aprovechamiento de obra menor, algo así como un cúmulo de salvables excedentes, que se presentaban así, con humildad, en grupo, diluyendo momentáneamente la individual importancia de estos artistas que tienen una valiosa obra aparte. Pero este posible prejuicio no ha podido maniatar mi sorpresa, al ir comprobando en esas páginas una calidad en absoluto lastrada por una desfavorable criba previa. Claro que, de estos cuatro poetas – dos mujeres y dos hombres –, solo conocía la obra de Cebrián y de An Yi Campello. No sé –aún – qué lugar ocupan en la trayectoria de Manuela Maciá y de Pedro Serrano estos intensos libros con los que me he iniciado en su obra.

Vida de poeta me ha supuesto la vuelta a una obra, la de Cebrián (aquí Carlos Javier), que me ha resultado siempre entrañable, por su insobornable autenticidad, y necesaria, por su potencia creadora. Leer a este poeta es siempre avanzar en el conocimiento del hombre que ha compuesto esos versos: “Mis poemas: sangre derramada”. Cada uno de ellos es precisa afirmación de lo que lo constituye, de la configuración personal que, entre el sentimiento y la autorreflexión, va consolidándose en una vida amadamente irresuelta.

Inicia Carlos Javier Cebrián esta plaquette con una primera parte, a la que llama Separata, en la que reúne expresiones poéticas – tangencialmente aforísticas –, aisladas u otras veces agrupadas en forma de breve poema. Aquí aparecen versos aislados, que son promulgaciones de su ser poético, una forma de autorretrato, o de retrato de aquel mundo que lo delata: “Poema: mi confesionario”, “el problema es que la vida no se comprende”, “soy animal herido”.

La segunda parte, Vida de poeta, no alberga poemas menores, sino que añade nuevas piezas capitales a su obra. Aquí prosigue con esas declaraciones personales que dirige – a veces a través de destinatario interpuesto – abiertamente a un público lector del que espera una sensibilidad comprensiva. Aunque no las tenga todas consigo, y mantenga ciertas reservas de rubor, la de aquel que duda de la amplia licitud de su discurso: “Aceptar por fin/ en qué poco estimáis/ esta mi consabida perorata”. Este pequeño libro, el más corto de los cuatro, finaliza con una Coda, unitariamente compuesta por La mirada de Josefina, que es un sentido homenaje a un amado y trascendente paso por la vida.

No conocía la obra de Manuela Maciá, pero estos Brotes que le he leído me han resultado una gratísima sorpresa. Están constituidos por poemas en prosa que me han impactado por su riqueza expresiva. Se componen de una corta, armónica sucesión de frases de ascendencia claramente poética. Su clara densidad está hecha de la captación de preciosas sutilezas que expresan agudas contradicciones. La autora se centra en un tono intimista repleto de imágenes bellamente elocuentes. No hay frase baladí, ni metáfora sin belleza o sin acierto, en estas lúcidas inmersiones en tan perturbadoras vivencias. Cada entrada es una variación sobre el tema del amor – del desamor – y podría ser perfectamente un fragmento de un hermoso diario. Son poemas del desencuentro, de la extinción, de la confrontación sentimental, de la repentina extrañeza del otro. En el desvelamiento de las ocultaciones del sentir, en el aprendizaje del desamor, siempre halla las precisas y rumorosas palabras: “Soy como un párvulo que ha de aprender a no amarte”, “fue hermoso, fue bello, nos amamos con intensidad, con ternura, incorrectamente…”, “estoy en la adolescencia de mi dolor y mi única esperanza es crecer para olvidarte”, “ya no eres tú, hace tiempo que te fuiste y por mucho que lo intento no logro hacerte regresar”.

La expresión del decaimiento está muy lograda: “En los bolsillos de la noche se esconden melancolías que las manos clandestinas oprimen”, “regreso con la tristeza pegada a mis espaldas, a donde mis manos no alcanzan, para poder alcanzarla”, “¿por qué crece el llanto dentro de mí y no quiere desbordarse? Rebusco en los rincones de mi alma y descubro un baúl de razones dormidas que no deseo despertar”. En la parte central, también Manuela Maciá incluye unos registros breves: “Cuando el dolor se haya ido ¿me quedará el consuelo de verte feliz?”, “ternuras muertas me rodean ancladas en mi sombra”. En fin, un gran descubrimiento.

La obra de Pedro Serrano también me era desconocida. Sus versos me han parecido la expresión de un carácter insumiso. Si fueran pronunciados en la calle, sin previa advertencia, el tráfico de los viandantes se detendría bajo el peso del sentimiento de una admonición. Se habría roto el consenso de la mentira, se habría osado argüir lo innombrable. Los poemas que componen su Falta de perspectiva son a menudo aforísticos, o bien telegramas de una suavidad muy frágil, presta a diluirse en las contundencias necesarias. La exigüidad en los versos es aquí altamente beneficiosa, concentra los novísimos mensajes, impide fugas del lector presto a eludir esta poesía incisiva. Hay aquí una continua rebeldía contra el silencio o el disimulo de las palabras, una incansable búsqueda de la invención de la verdad insoslayable. Pedro Serrano ha sabido percutir con tiento, desde la resolución de hablar claro, de no apartar la mirada de lo ingrato, algunas formas secretas de lo sagrado: “No caigas en la tentación de morirte antes de tiempo./ Previamente come de la fruta que otros no quieren./ Bebe el vino que toca la piel, sin decoro, /deja que las manos hurguen en tu sombra./ Sí, y tiembla”. O este verso que es fruto de su sabia ironía: “Practica la tardanza en las costumbres”. Pues eso: un decir imprescindible.

Después de Malasia en el corazón, estos poemas de An Yi Campello, reunidos en El vuelo de la grulla, me han reinsertado en ese ámbito de serenidad que sabe establecer la autora con sus nítidos versos. Sus palabras son una pacífica transcripción de las sensaciones más aquietadas, un homenaje a la beatitud, un manifiesto a favor de las dulces bondades de la paz mental. Pero también “una memoria de la emoción”: “Mi madre no es recuerdo,/ es vida en el milagro”. Lo suyo es la devoción por los nexos intensificadores de la vida, los que se establecen entre sus relevantes estancias y un yo que transcurre incitado dentro de su angosta plenitud. An Yi Campello está muy atenta a los mensajes que nacen en las cosas, a las sinestesias, a todo lo sensorial, a los enlaces que promueve la contemplación y, sobre todo, al silencio, en el que vuelve a insistir en la última parte de este grato poemario, donde se consigna esa calma que regenera la pulcritud en el vivir. En el último poema, El gran silencio, que dedica a su madre, se enlaza esa paradójica riqueza sensitiva, la del silencio, con la emoción de la primera parte, y así todo cobra un sentido integrador, una dirección hacia lo esencial que aquí se palpa desde las luminosas palabras.

Estamos ante cuatro pequeños grandes libros que son las diferenciadas muestras de una poesía hecha por hombres y mujeres bregados en el arte de plasmar su sensible visión del mundo.

Anuncios

Presentación de Pasado Propio de David Matuška Olzín en Elche

Vídeo

 

Presentación de PASADO PROPIO de DAVID MATUŠKA OLZÍN,

por Pedro Serrano

47 poemas, 1.115 versos escritos por un músico, por un tipo muy atractivo que sopesa todo cuanto dice.

Decenas de líneas, como nuestras vidas, cayéndose en los tejidos. Un puzle de postales, un todo en movimiento.

Unos poemas escritos por un compositor de extrañezas, traductor, lingüista, bajista, arquitecto de voces, agitador de sentidos, cambiador de pañales, checo, sí, mas checo enamorado.

Bien, hasta aquí el juego de palabras, la fórmula con la que se intenta llamar algo a la atención muy necesaria.

Ahora llega la oportunidad de colar entre las páginas del libro, pero no con el fin de diseccionar los poemas, o analizar los 20 años literarios que han consumido vidas al propio poeta.

No es necesario; en este momento toca oler el poemario, no es nada metafórica esta expresión que estoy utilizando, desde que se empieza a fabricar el papel a partir de la celulosa, comienzan las moléculas químicas a intervenir, empieza la madera a hacerse vieja, no solo vamos a oler la emoción del libro de David, también estamos ante un libro nuevo que nos está provocando, muy sutilmente, adicción.

Adicción por las medusas que saltan entre sus páginas, y adicción provocada en parte por las partículas residuales del pegamento que se usa para encuadernar.

Con solo abrir un libro y oler sus espacios, ya somos seguramente más poéticos dependientes.

Estamos dentro del pasado de David. Vemos la nieve para acabar disparando o preguntando, ¿y ahora qué? no puedo encontrar las huellas que me lleven a casa. Afirma el hombre de silesia.

Ya estamos dentro de un pasado propio. y allí dentro, con las palabras con la que el autor diseña sus poemas, nosotros podemos trazar un mapa donde las geografías palpitan igual que los corazones.

Matuska: eres de un lugar donde todo está perforado y atravesado por un cometa. Un lugar donde existe un saludo secreto, y en la calle, pasean piedras, animales, y a veces personas. o, pasea gente soportando la felicidad hecha a mano.

Bien, y ahora qué, el mar es una luna, tu bebes de la oscuridad, tú, eres David, o eres tól, qué y quien eres. ¿Eres un sonido? ¿Eres el sonido? ¿Eres este sonido?

Antes lo eras, antes de cualquier milagro eras un poeta nocturno, un tipo perdido bajo la lluvia, solo, perdido en el bunker, es más, incluso entonces, al contar tus penas bajo la apariencia de ese peatón nocturno, no apreciabas el detalle: seguías solo, solo, porque allí no había absolutamente

Bien, podemos confesarlo, hubo un pasado propio. Érase una vez, un oficio, un camarero, un ladrón de miradas, un poeta 800 metros abajo donde se escribe sin miedo, o un acaparador de libros que ni siquiera lee.

Hubo pasado propio, y alcohol, y muerte, y serpientes, y fango, y dolor, y lágrimas, y oscuridad, pero de esto, de todo esto queda algo que, como tus párpados, también sigue cosido a un escenario:

Queda el latido, queda la respiración, queda un dios que no está, queda la fe, a tu lado. Queda la fe, en ti.

El dolor ya se fue.

Queda la fe, en ti.

Textos de presentación de la colección Lunara Poesía plaquette.

Estándar

 

 

ÁNGELES por Pedro Serrano

 

 

Regresa de un viaje donde la naturaleza es reposo y las aves son el movimiento, el cambio.

 

En él, hayamos el silencio, la armonía, la memoria, la emoción, un continente. Miramos adentro, son los ejes de una mujer águila convertida en grulla. Es el poemario de lo antiguo, de los reptiles, de los pájaros.

 

Iniciamos el vuelo: maestra, o mejor, quise decir maestra en el corazón, nunca deja de sorprender, a su lado se vuelve al pálpito, ave herida, a veces, pero ave fénix que  ante nuestros ojos, siempre lo hace, renace.

 

Estabilizamos el vuelo: busca sus estados precisos para no perder nunca los estados precisos en el poema. Mujer, peregrina, poeta, esto es lo que propone:

 

observa, la sencillez, luz, fuente, limonero

 

contempla la plenitud de la sencillez, luz, hierba, pies desnudos

 

y por supuesto, escucha, la palabra, su dignidad

 

y experimenta, la palabra del poeta, la dignidad del poeta.

 

Continuamos el vuelo. Como ave que tiene alma, acompasada al ritmo del propio infinito, sigue su viaje, regresa al origen, todos los caminos se tejen en el silencio.

 

El silencio el último acto de amor unido a la despedida de lo antiguo. Abrir la puerta, tocar las paredes, el aire perfumado.

 

Bien, el silencio, arquitectura de espacios, útil en la mirada, en la cocina, en el aseo, en las pausas.

 

Maestra en el corazón, pájaro, mujer, poeta, enamorada de la voz de un continente, de los hijos de África, de la simbiosis animal, sol, leones, montañas, marcan también su territorio poético.

 

Allí, se dirige en algunas ocasiones porque es amante de las memorias.

 

El vuelo llega a su fin: palabras, ritmo, versos, música, significado. Llega el momento de escuchar la voz de la tarde, el sonido de la luz, la gramática de sus incendios, a la mujer que contempla inquieta la bóveda.

 

Cerrad los ojos por un instante, sentid la corriente del aire cálido, sentid la brisa del viento frío, notad los primeros rayos del sol, los últimos, ahora somos como ella, seres con alas, enganchados  sin pudor a los cielos vulgares que nos elevan.

 

El vuelo de la grulla, Ángeles Campello.

 

PEDRO, por An Yi Campello

 

Buenas tardes a todos, gracias por venir y compartir este tiempo de versos y amistad con nosotros. Ambos, el sentimiento y la afición son la base y el nexo que nos une.

En primer lugar se da por supuesto la amistad, duradera y enriquecida con el paso de los años. Después, el hecho de compartir afición, amor y respeto por la literatura, tanto como lectores o como humildes hacedores. Cuando Javier propuso la idea de las plaquettes y compartir escenario los cuatro, me pareció muy hermosa. Javi, la eficiente y veloz locomotora que dirige nuestra asociación.

Quiero recordar y agradecer también, el trabajo y entusiasmo que dedicaron otros miembros que formaron parte de la asociación desde sus comienzos a la actualidad. Como Milagros Román, Juan Ángel Castaño, Jesús Zomeño, Juan Lozano, Julio Soler…

Nos hemos repartido las presentaciones, a mí me ha tocado presentar a Pedro y viceversa. Manuela y Javi se presentarán entre ellos.

Qué puedo decir de Pedro, cuál es la característica más destacada de este imprescindible amigo: que es de fácil querer. Y que es un gran abrazador, podría ser nuestra Amma, no sé si conocéis a esta gran mujer india que se dedica a dar abrazos por el mundo. Pues sí, Pedro podría sentarse en una plaza o en un parque y regalar abrazos. Abrazos amorosos que te reconfortan y dejan escapar un suspiro de alivio.

Pasando a su faceta de escritor. Desde un tiempo a esta parte, a Pedro se le caen los versos de las manos, como dice Javi: está afortunadamente inspirado.

Por las tardes, sentado plácidamente en su sillón de terciopelo rojo, al sol de poniente, reflexiona y filosofa, sobre lo observado y contemplado en el diario acontecer, sobre las personas, lo sucedido en el país, el transcurrir del tiempo, en fin sobre la vida. Transforma los hechos cotidianos en belleza. Para mí, sus mejores y más bellos poemas, son los de amor, de ese amor sosegado y pasional a la vez, que comparte con Carmen.

Ah! y no olvidemos su lado friki, pues no sería Pedro. Con ustedes Pedro Serrano, o el padre de los serranitos: Laura, Nuria y Andrés.

 

MANUELA

 

Creo que Manuela y yo nos concemos más de 30 años, yo, que quede entre nosotros, siempre he sido más joven que ella…

Desde los tiempos de La Universidad Popular donde queríamos aprender a escribir. Creo también que nos queremos, creo que sí, un poco, al menos los dos somos del Madrid, que eso une mucho… Pero no nos entendemos, de ninguna de las maneras, discutimos continuamente. Pero creo que nos respetamos, yo al menos la respeto mucho, como mujer, como amiga y como escritora.

De Manuela he leído uno de los mejores cuentos que yo haya leído de cualquier autor, la uña, y también sus cuentos nostálgicos de París o de donde sea, y sus novelas, la publicada Eternamente Helena, y las no publicadas, incluso me he permitido corregir alguna de ellas y darle pequeños consejos. También he leído y publicado algunas crónicas de sus incontables viajes. Manuela está obsesionada con ejercer una prosa límpida y correctísima, con reflexionar y hacernos reflexionar sobre las ocasiones perdidas. Con describir cómo el azar marca la vida de las personas, los amores perdidos y  los amores imposibles, en cómo la ambición de las personas puede perderlas. Con refelxionar acerca de la recuperación no ya del tiempo perdido sino de la autoestima y la memoria.

Estos brotes son sus escritos más personales, los más auténticos. Sinceros, reflexivos, con aliento poético, llenos de verdad. Representan una lucha titánica por recuperar la estima propia y la de los demás, una lucha feroz por conseguir pasar página, aceptando el dolor o el abandono como una circunstancia más de la vida, sin rencor, sin reproche. Un canto al amor verdadero y libre de obstáculos, una lucha por la pervivencia y por la sanación de la memoria.

Un ejercicio de sinceridad, de amor y de poesía. Un homenaje al recuerdo de lo que fue, si fue verdadero, y ya no es, una mirada al frente, para seguir adelante con gallardía.

 

Carlos Javier Cebrián, 3 de mayo de 2018

 

–Buenas noches y muchas gracias a todos por venir.

 

–A mí me corresponde la tarea de presentar a Carlos Javier Cebrián. Y la verdad no estoy yo muy ducha en estos menesteres. Pero voy a intentarlo.

 

—Creo que más del noventa por cien de los que estáis aquí conocéis a Carlos Javier y a su poesía y prosa, así que no me extenderé demasiado en decir que tiene varios libros publicados en solitario entre los que se encuentran………

 

Y otros tantos compartidos con otros escritores.

 

—Como estamos aquí para hablar de poesía y la presentación de estos cuatro cuadernos…

—Voy a atreverme a decir que para mí la poesía de Carlos Javier Cebrián es una poesía intimista, y al mismo tiempo extrovertida pues se desnuda sin ningún pudor y nos muestra sus sentimientos como hombre y como poeta, aunque como él dice a veces miente.

 

—La verdad es que sin la menor intención de ser generosa, opino que Carlos Javier Cebrián es un buen poeta con el que disfruto leyendo su poesía.

 

—De hecho en la página 13 de este cuaderno he tropezado con un verso que me ha llevado a reflexionar y dice así:

 

TODO RECUERDO ES EL RECUERDO DE UNA PÉRDIDA

 

—En él, creo entender, puedo estar equivocada, que Carlos Javier al hablar de pérdida lo hace desde el dolor, y a mí me gustaría decirle que no siempre el recuerdo está unido a una pérdida dolorosa porque creo que el recuerdo no tiene la exclusividad de la pérdida si no que también, en muchas ocasiones, se convierte en un tesoro, o en un rico patrimonio que guardamos con celo en el baúl de nuestra memoria y que a medida pasan los años nos hace sentir afortunados y agradecidos por haberlo vivido y por sentir que un día fue nuestro.

 

En fin esta es una opinión de la que seguramente debatiremos él y yo en otro momento.

 

 

—Ahora y ya para terminar y no extenderme demasiado, voy a reñirle un poco, a llamarle la atención y os aseguro que no es la primera vez que los hago. Creo que Carlos Javier debería escribir más, ser disciplinado y dedicarle un tiempo diario a la escritura. No puede desperdiciar ese don con bagatelas y excusas. Tiene que escribir para que nosotros, sus lectores, disfrutemos de ello.

 

Espero que este toque de atención consiga que en un futuro no muy lejano podamos vernos otra vez en la presentación de un nuevo libro de Carlos Javier Cebrián.

 

Muchas gracias a todos.

 

Manuela Maciá

Colección Lunara Plaquette de poesía.

Imagen

Colección Lunara poesía Plaquette- Cuadernos de poesía.

ejemplares numerados

precio: 6 euros cada una

18 euros si se pide las cuatro

más 2 euros de gastos de envío.

contra ingreso en la cuenta de la editorial.

más información escribiendo a:

frutosdeltiempo@gmail.com

Att de Javier Cebrián


Presentación Lunara plaquette. La Dignidad de la palabra 5

Imagen

La Dignidad de la palabra 5. Presentación de la colección Lunara poesía plaquette.

Imagen