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La Dignidad de la palabra 2018. Vídeos íntegros.

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La Dignidad de la palabra 5. Presentación Colección Lunara poesía plaquette

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PRESENTACIÓN  LUNARA POESÍA PLAQUETTE- cuadernos de poesía, por Carlos Javier Cebrián

 

Creo que llevo mucho tiempo, desde siempre diría, intentando encontarle una utilidad práctica a la poesía o a la literatura.  Por eso me empeño desde siempre, también, en la organización de estos ciclos, para que los buenos, los grandes, nos lo expliquen.

Al preparar el ciclo literario de este año, se nos ocurrió cambiar el formato, distanciar y espaciar las lecturas en varios meses, para no cargar al sufrido asistente y para diferenciarlo de los actos lúdicos en torno al Día del libro, que están muy bien, pero no son o es lo que nosotros pretendemos,  y creo que acertamos.

En el ciclo de este año hemos encontrado respuesta, por parte del público, de los medios y también, en parte, de la institución patrocinadora, La Concejalía, en cuanto a comunicación y promoción me refiero, nos alegramos por ello.

Creemos que ha sido un ciclo de altísimo nivel literario, del que hemos disfrutado, del que hemos aprendido. Hemos aprendido que poesía y conciencia crítica pueden ir de la mano, y que la mejor manera de no caer en la vanidad  y de no perder esa conciencia crítica es sentirse lector, cuidar la capacidad de admiración.    (Luis García Montero)

También hemos aprendido que quizá no hay nada más allá de la muerte y que por ello hemos de aprehendernos de todo lo vital y que nuestra existencia no merece la pena por lo que pasa por delante de nosotros, sino que merece la pena por lo que hacemos en ella, con ella. (Olvido García Valdés)

Hemos aprendido que todo poema es un poema de amor, es más si un poema no es de amor, no es. Que hay que celebrar el presente y que los versos verdaderos tienen una implicación más allá de la estética, y van unidos a la ética. (Eloy Sánchez Rosillo)

También hemos aprendido que la escritura y la lectura debemos afrontarlas desde el asombro, que el éxito es una falacia, una droga adictiva en estos tiempos oscuros, que la literatura se nutre de la tradición oral,  de los cuentos de nuestros mayores… (Luis Landero)

Y por último hemos aprendido que cualquier manera de compromiso literario o con la sociedad es legítimo, cualquiera que sea este. Y otra cosa… que, a lo mejor, llevamos una vida demasiado saludable, como escritores quiero decir, no estaría mal hacernos un whisky de vez en cuando o un copazo de coñac ¿verdad Pedrito? como nos lo hemos hecho antes de empezar hoy, aunque nuestras compañeras han preferido el Orphidal y el Diacepán, para leer mejor , más distendidos, y para celebrar juntos la amistad…

La mayor enseñanza de todas, o quizás el mayor aprendizaje mejor, es que cuanto más grande es el escritor, el personaje, el artista, más humilde es, menos vanidoso, más cercano, más amigable… eso que nos llevamos.

Cuando Julián Sáez nos pidió que en el ciclo de este año hiciéramos algo nuestro se me ocurrió hacer algo entre todos nosotros, miembros y colaboradores de Frutos del Tiempo, y nació así el proyecto de las plaquettes.

Pensé que Pedro podría ceder uno de sus múltiples poemarios, de esos que no ha borrado accidentalmnete de la memoria de su ordenador, porque Pedro vive inspirado, es capaz de componer un poemario en una tarde… el mamón.

Que podríamos dar a la luz esos brotes poéticos de nuestra Manuela, tanto tiempo guardados en el cajón, donde se sincera y afronta el dolor y la soledad, el paso del teimpo, con reflexión y valentía.

Que An Yi podría reunir en un volumen todos sus poemas dedicados a la memoria de la emoción, a la contempalción y al silencio, y que emprendieran su vuelo como el vuelo de la Grulla, tan etéreo.

Y finalmente, en mi caso, la publicación con la publicación del peso de un poemario sin fructificar cual vida de poeta, esa que no soy capaz de vivir.

En fin aquí estamos, porque así lo hemos querido … Vivan la poesía, la literatura y los libros y la música y el arte …

 

Carlos Javier Cebrián

Ediciones Frutos del Tiempo. Asociación Cultural.

Elche 3 de mayo de 2018.

Ciclo: La dignidad de la palabra.

 

BREVE TEXTO REIVINDICATIVO

 

2016, Ciclo del Día del libro. Puño y caricia, Poesía desde los extremos:

Ana Pérez Cañamares, Katy Parra, Vicente Gallego, Benjamín Prado y Niño de Elche.

2017, Ciclo del Día del libro. Quien lee vive más:

Presentación de Los días suspendidos de Francisco Gómez, Marta Sanz, Isaac Rosa y Javier Lostalé.

2018, Ciclo de literatura La dignidad de la palabra:

Luis García Montero, Olvido García Valdés, Eloy Sánchez Rosillo, Luis Landero y la presentación de Lunara Poesía plaqueta.

La pregunta es ¿Por qué hacemos esto?

Porque creemos que la Cultura nos hace mejores, nos dota de conocimiento, de espíritu crítico. Porque, haciendo mías palabras del malogrado poeta, Eduardo García (en referencia a la poesía), porque es un Acto de conocimiento, sí, pero también de comunicación … sirvió en este caso para referirme a la Cultura en general.

Como viste que llevamos tres ediciones del ciclo, y si llevamos esas tres cosas al comienzo del programa del Teatro del Ayuntamiento de Elche, Julián Sáez, que confió y confió en nosotros para llevarlo a cabo, que nos hizo pensar en la idea de la perseverancia, de la insistencia … porque si no, hubiera podido llegar las velas.

En nuestra opinión, y sin querer dar lecciones a nadie;  debemos diferenciar 3 CONCEPTOS en esto de la Programación cultural desde lo público:

POLÍTICA CULTURAL

PROGRAMACIÓN CULTURAL

GESTÓN CULTURAL

El programador es quien llena de contenido los espacios culturales, el gestor es el que formaliza esa programación, el que trata con agentes, representantes, hoteles, viajes, contratos, el que atiende a los artistas, el que contrata, etc.

La política cultural es un concepto más global y debe cuestionarse algunas cosas:

¿Para qué? ¿Para quién? ¿Cómo? ¿Adónde?

Para qué programamos, para quién programamos. cómo programamos y adónde queremos llevar la programación, la Cultura en definitiva, hasta dónde queremos llegar. Porque no es lo mismo programar Cultura que programar entretenimiento, no todo debería ser Programar.

La política cultural debe marcar las líneas, las pautas, el proyecto.

Debe delimitar los filtros para programar para todos sus ciudadanos, con criterios de interés y calidad, de conveniencia, no de productividad.

Debe coordinar los departamentos y dotar de medios a sus programadores y gestores, a sus técnicos, marcando los objetivos y las líneas de actuación.

También debe proponerse el alcance de esa programación: barrios, pedanías, colegios, institutos, centros sociales…

Y para ello debe potenciar y aunar 3 aspectos fundamentales:

COMUNICACIÓN

PROMOCIÓN

COLABORACIÓN.

Nosotros llevamos 28 años intentado que esa colaboración sea fecunda, llevar la Cultura a los centros educativos, establecer una estrecha colaboración entre Cultura y Educación, trabajar juntos, porque no entendemos una sin la otra.

Programar sí, pero comunicando bien, promocionando, incentivando la presencia de los jóvenes y su interés ante el hecho cultural. EDUCAR colaborando.

Y por último, la política cultural debe acompañar a su gente, sus colaboradores para no convertirnos, como está ocurriendo algunas veces, en meros proveedores.

Para finalizar, estamos interesados ​​en este año, no hemos podido hacer nada mejor, porque el ciclo ha sido un gran nivel literario como lo ha sido, no ha sido ni siquiera ha sido productivo, caro o barato. o trabajoso, sino por la respuesta obtenida, que nos indica que nos hemos cuestionado y respondido bien las preguntas a las que me refería antes …

¿Por qué? ¿Para quién? ¿Cómo? ¿A donde?

EDICIONES FRUTOS DEL TIEMPO ASOCIACIÓN CULTURAL

 

Presentación Lunara plaquette. La Dignidad de la palabra 5

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La Dignidad de la palabra 4. Luis Landero, presentación por Francisco Gómez

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Entre otros muchos hay tres escritores que me encantaría, me hubiese gustado conocer. Uno de ellos paseaba por el Campo Grande y se escapaba a Sedano a imaginar las historias, los personajes que luego llevaba al papel. Amante de la naturaleza, ojalá hubiese podido pescar truchas con él. Ya no podrá ser. Hablo de Miguel Delibes. Otro de mis narradores fue marino y guardés antes que escritor. Con sus obras penetra con ojos infinitos en la psicología y el corazón de sus obras. Andar con él por Brooklyn, New Yersey. Pasear juntos por la Quinta Avenida y Central Park pero temo que tampoco será. Me refiero a Paul Auster.

El tercer autor, al que guardo devoción y corro a la librería cuando me entero que publica nueva novela, está a mi lado y es un honor y una satisfación presentarlo a Udes, amigos/as. No es otro que Luis Landero, uno de los mejores novelistas de la narrativa española actual.

En su novela “El balcón en invierno”, que convierte en una autobiografía novelada, nos descubre muchas claves de su obra:

“Esos momentos creadores, fundacionales, capaces de torcer el destino, de cambiar o corregir en un instante el curso de una vida, como me ocurrió a mí al descubrir que mi pueblo no era el centro del mundo o cuando me vi vestido con el mono y las alpargatas de mecánico, o cuando me compré El criterio de Balmes, sin sospechar que allí comenzaba una vida nueva. Y eso por no hablar de la muerte de mi padre, fuente de todo afán. En casi todas las novelas aparece alguno de esos momentos estelares y a veces en ellos está la clave para acechar el sentido profundo de la historia”.

Así nos revela Luis Landero muchas coordenadas de su literatura, atravesada por personajes corrientes, grises, anónimos que a pesar de sus contingencias quieren prosperar, labrarse un porvenir, un destino mejor. Seres, en apariencia de papel pero que, desde su balcón, donde ha escrito muchas de sus historias, ha ideado, creado, recreado sus vidas, mientras observaba una acacia y dos bombonas de butano.

Extremeño de Alburquerque (Badajoz), allá en 1948, su familia emigró a Madrid al barrio de Prosperidad en busca de mejores horizontes en los 60. Ha desempeñado diversos oficios, incluido guitarrista con un grupo con el que recorrió parte de Europa y dio pie a su novela “El Guitarrista”(2002), hasta acabar como profesor de Literatura en la Escuela de Arte Dramático de Madrid. Con su primera novela “Juegos de la edad tardía” (1989), que según ha contado, reescribió hasta cinco veces, ganó el Premio Nacional de Literatura y el de la Crítica en 1990. Los personajes de sus novelas son seres anodinos que persiguen un afán que casi nunca logran. En la travesía de sus andanzas y

desventuras sueñan mediante palabras precisas, hermosas y sutiles, la quimera de la felicidad, el barco de la utopía que les llevará a otros puertos a los que casi nunca arriban. Gregorio Olías en “Juegos de la edad tardía”, que imagina ser el Gran Faroni, ingeniero y poeta, paradigma de la audacia y el éxito, que embarca en su travesía a Gil, otro pobre soñador. Matías Moro en “El mágico aprendiz” (1999), un oficinista de vida tranquila que se convierte en héroe a su pesar. Dámaso Méndez y Tomás Horcajo de “Hoy, Júpiter” (2007). El primero con la alargada figura del padre y sus ansias de venganza y el segundo con sus sueños de catedrático, escritor y ser el hombre de acción que nunca será. Lino, el protagonista de “Absolución” (2012), que está a punto de casarse y cambia su futuro estado de felicidad por un ambiente de pesadilla o la aventuras y asechanzas de Hugo Bayo en su hasta ahora última novela “La vida negociable” (2017).

Luis Landero nació en el seno de una familia humilde donde apenas había libros (como en mi casa). Su abuela Frasca, su primo Paco, sus seres queridos contaban a la luz de la lumbre historias, leyendas, anécdotas, chascarrillos que irían labrando la mente del futuro escritor, que también escuchaba a los transeúntes, buhoneros y comerciantes que cruzaban la línea entre Portugal y Badajoz por su pueblo y llenaban su conciencia de futuras historias por escribir.

Amigos/as, si ya habéis disfrutado la lectura de las obras de Luis Landero, ¡enhorabuena! Si no, os invito a leerlo. A este amanuense que escribe a mano y dice: “Haz de cada palabra un santuario al que otras palabras vengan en peregrinación” (“Hoy, Júpiter”); “El arte de apurar hasta la evanescencia el significado de las palabras, el delicado y turbulento fluir de la sintaxis, capaz de impulsar y guiar el pensamiento más maduro por los intrincados laberintos que el mundo ofrece a la conciencia”.

Vale la pena leer sus hasta ahora nueve novelas publicadas, su libro de artículos “¿Cómo le corto el pelo, caballero? (2004), publicado en El País o su ensayo “Entre líneas: el cuento o la vida” (2000) o su libro dedicado a Extremadura “Esta es mi tierra” (2000).

Les dejo con un párrafo que me llegó al alma y comparto hasta la última palabra, de su libro “El balcón en invierno”:

“Tantos datos como atesoramos de políticos, militares, escritores, filósofos, científicos, profetas y magnates, y a veces apenas sabemos nada, ni nos preocupamos por saberlo, quizás porque los damos por sabido, de las personas que tenemos cerca y a los que queremos y que un día cuando mueran y transcurran los años y cuando ya es tarde para remendar los rotos del olvido, descubrimos con pena y estupor que no conocemos casi nada de ellos”.

“Mi madre ha ido aceptando todas estas muertes sin protestar, casi sin lágrimas. Así es la vida es todo cuanto dice, y los dos nos quedamos con los ojos perdidos en el aire, viendo apenados ese lento desfile de espectros desvaneciéndose en la distancia”. “Le dije que estaba escribiendo un libro sobre la vida de todos nosotros. Con lo mentiroso que has sido siempre habrá que ver

lo que cuentas ahí”. “No, esta vez no hay mentiras”.

Amigos/as, con todos Uds, Luis Landero