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33 Poemas, La Música de la Memoria, de María Antonia Ortega. Por Ada Soriano.

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“Un poeta debe cuidar, como el jardinero, de sus poemas, pero también de sus lectores”

Llega a mis manos, como un pequeño tesoro, 33 Poemas, La Música de la Memoria, de María Antonia Ortega.
Se trata de una exquisita selección de poemas realizada por la propia autora, una poeta elegante y extraordinariamente auténtica que, con un estilo original y transgresor y un lenguaje magnético, logra atrapar al lector de principio a fin.
Y estos 33 Poemas, esta Música tan íntimamente personal, han sido editados recientemente por ARS POETICA en su preciosa colección BEATUS ILLE. Concebidos por la autora como un libro de libros, nos ofrece además tres poemas hasta ahora inéditos. Feliz aquel, pues, quien se aventure a indagar en estas páginas.

María Antonia Ortega Hernández-Agero nació en Madrid, ciudad en la que reside. Especializada en Derecho civil y penal, opina que es perfectamente compatible su profesión con la poesía puesto que, como ella misma declaró, y con argumentos muy sólidos: “La poesía es para mí como un refugio romántico”.
En poesía ha publicado, entre otros libros: Épica de la soledad, La viña de oro, Descenso al cielo, El espía de Dios, La pobreza dorada, Digresiones y rarezas, Junio López y El emparrado, y en prosa, La vida intranquila y El cuaderno de Liverpool. También son muy destacables sus libros en prosa como La vida intranquila (Ed. Huerga y Fierro, 2016) y El cuaderno de Liverpool, (Ed. Polibea, 2016, con excelente prólogo de José Cereijo).

Buena parte de su obra ha sido incluida en numerosas antologías y ha sido traducida a diversas lenguas. A lo largo de su trayectoria ha participado en congresos internacionales de poesía. También ha ejercido la crítica y el ensayo en Cuadernos del Sur- Diario Córdoba.

-María Antonia, ¿qué ha supuesto para ti la publicación de 33 Poemas, este libro de libros?

Suelo referirme a que sostienen y apoyan mi obra, con la atención que le prestan, la fidelidad de un grupo de lectores y la generosidad de mis editores que siempre se han hecho cargo, en todos los sentidos, de la publicación de mis libros, incluyendo diseño, gastos materiales y distribución, además de su apoyo emocional y psicológico.
Ha sido, en atención a ellos, que he querido preparar un nuevo itinerario y una guía de lectura, seleccionando poemas incluidos en los libros ya publicados y otros inéditos, sin respetar el orden cronológico, pero atendiendo al deseo de ser leída, a ser posible, con intensidad.
Todos los futuros libros en los que, como en éste, se reúnan poemas de los distintos libros, es decir todos los libros de libros, tendrán como subtítulo el de La Música de la Memoria, ya que constituye para mí una definición de la poesía.
Aunque ya disponía de un nuevo libro de poemas, en el momento de publicar 33 Poemas, preferí dar preferencia a reunir y dar antes al lector estos textos, pues el presente de un poeta debe referirse siempre a la totalidad de su obra, y no sólo a los poemas nuevos, y habrá de facilitar siempre a sus lectores leales la lectura de su obra.
Un poeta debe cuidar, como el jardinero, de sus poemas, pero también de sus lectores.
Mantengo la convicción de que la bondad en el hombre actual deberá manifestarse a través de su capacidad de respetar el tiempo de los demás; y el poeta habrá de caracterizarse por facilitar la relación del hombre con el tiempo, garantizando su fluidez, continuidad e intensidad, evitando hacérselo perder, que no es lo mismo que derrochar.

-¿Por qué 33?

Tenía el deseo de poner a alguno de mis libros un número como título; pues ya expresé en El Espía de Dios que busco la palabra exacta, que haga del poema un arte exacto, que convierta a la palabra en número insustituible.
El número 33 es símbolo del amor universal.
Sostengo que el amor del poeta, más que pasional, habrá de ser redentor, el que permite ponerse en el lugar de los demás con todas las consecuencias que ello implica.
En este mismo sentido recuerdo el personaje de Félix, de la novela, o prosa magnífica, de Las Cerezas del Cementerio, de Gabriel Miró, el cual advierte a la mujer de Giner que no la ama por su belleza sino por su desventura.

-¿En qué está basado su diseño, al que tan ingeniosamente denominas Arquitectura de Jardín?

En los siglos pasados ha habido muy buenos arquitectos de jardines, algunos de ellos extranjeros, italianos, franceses.
Dotaban todavía de más fantasía a la naturaleza.
Ahora, algunos de sus jardines, que conozco, dan la impresión de encontrarse abandonados, y sus caminos están cubriéndose de hierba. También puede haber en ellos, como en el caso de otras arquitecturas, muy bellas ruinas.
Concibo la poesía viva. Y hago esta precisión porque observo que algunas composiciones poéticas, en la actualidad, dan la impresión de constituir un ejercicio de disección, o trabajo de taxidermista, que exigen en ambos casos la muerte del cuerpo con el que se trabaja, el cual deberá ser convertido en cadáver previamente.
Según mi opinión, la innovación nace de la tensión entre lo antiguo, la tradición, y lo nuevo.
Por eso mantengo mi fe en un arte de raíz, como la naturaleza, que crece desde la antigüedad viva, a la que una filósofa reciente francesa equipara con el subconsciente de Europa, con motivo del análisis de la obra de Fortuny.

-Dios está muy presente en tu obra, y también hallo cierta inclinación hacia lo crepuscular.

Hay un crepúsculo de la mañana y otro antes de la noche, ya que el crepúsculo significa tanto la claridad desde que raya el día hasta que sale el sol, y desde que se pone éste hasta que llega la noche.
La claridad está más cerca que la luz de la transparencia. Y Dios no es invisible sino transparente.
Según la antropología del lenguaje, el del ser humano se caracteriza esencialmente porque dispone de capacidad de desplazamiento, es decir que puede referirse a cosas con las que el hablante no tiene contacto inmediato.
Y Dios es la palabra más desplazada de todas.
El problema pertenece a la filosofía, y el misterio a la religión. Y Dios es el mismo misterio inherente al hombre. Y es inconcebible la existencia de un ser humano privado de esta dimensión.
De Dios nos han dado noticia, no sólo los sacerdotes y religiosos, sino también los místicos, los pintores y escultores, los músicos y los poetas; y me han acercado a su misterio Shakespeare, Mauriac, Bernanos, Simone Weil…, y en los últimos días Gabriel Miró y Azorín. Los que le encontraron, y los que le buscaron aunque no lo encontrasen. (Con Dios practico un “leísmo” permitido).

-En tu poesía no hay tristeza por la pérdida, pero si celebración del pasado. ¿Estás de acuerdo?

Sí. Somos lo que hemos sido. El pasado es tiempo convertido en espacio, gozando y disponiendo de la ubicuidad de éste, y abandonando su fugacidad. En el pasado, todo lo que ha sido sigue pasando al mismo tiempo, como en el espacio, en donde hay un lugar para cada cosa, un sitio que puede ser para siempre. El pasado es como la pintura de El Bosco, en donde están representadas al mismo tiempo distintas secuencias del tiempo.
Pero el pasado tiene que estar vivo. Eso es la memoria.
Por otra parte, acabo de oír un proverbio africano que dice: “No te preocupes por los pasos que des sino por las huellas que dejas”. La poesía es una pintura de huellas.

-Sorge es un poema soberbio. Le precede una cita de Gustave Flaubert extraída de La Tentación de San Antonio. ¿Por qué esta cita?

Porque en ella se destaca la piedad.
Sorge es palabra alemana que significa preocupación, inquietud, responsabilidad, alerta por el otro.
Ya escribí, dentro de mi libro titulado DIGRESIONES Y RAREZAS, Postales, Recuerdos, Souvenirs: Un día preferí la piedad, como granado fruto que ardía en mi pecho, y resplandecía alta como una llama, pues es más perfecta que el amor. Con la piedad, aceptamos a los demás como son. Se trata de la realidad iluminando el amor, más bella aún que la luz de un sueño.
En Sorge, sigo desarrollando, levantando su velo, el tema de la piedad; y albergo la sospecha de que la vida carece de ella; y la increpo: Qué tienes, vida, contra el tiempo que pasa, si es el que te da poetas, filósofos, músicos.
Y desearía además que coincidiesen belleza y piedad.

-Has demostrado poseer una excelente capacidad para la crítica, como bien se puede apreciar en tu libro El Cuaderno de Liverpool, en el que hay espacio para el humor.

El humor y la cautela, o prudencia, son ambos consecuencia de la racionalidad, y un modo de ganar en perspectiva, y al poder observar las cosas desde un cierto distanciamiento, poder comparar unas cosas con otras. Todo se puede comparar; si no fuese así, no habría sabiduría, ni sentido del humor, ni lenguaje. ¿Quién ha dicho que hay cosas incomparables?
Más que hacer crítica, lo que he hecho es prestar mucha atención a la obra de muchos autores cuya confianza han depositado en mí, invitándome a que presentase sus libros, o a que los prologase. Y algunas de estas introducciones a las obras de los demás, más no todas, se encuentran recogidas en El Cuaderno de Liverpool, un volumen editado por Polibea, en donde se publicaron por vez primera, reunidos dentro de un libro, algunos textos en prosa de los que soy autora, y que hasta tal momento habían venido apareciendo en publicaciones periódicas, tratándose de “notas de andar y ver” en sentido orteguiano, pequeños ensayos, relatos breves y comentarios sobre libros; y que son aquellos que se editaron, durante un espacio de tiempo que abarcó cerca de un lustro, en el Blog de la Escuela de Letras, después Magaz de Letras; y también los que formaron parte de otra entrega, la que tuvo lugar con motivo de mi participación en unas jornadas que se celebraron en la Universidad de Liverpool, en donde fui invitada para impartir una clase, un seminario, y dar un recital de mis poemas.

-Ahora que se cumplen 25 años del nacimiento del denominado Grupo de la Diferencia, puesto que fuiste considerada la musa de ese movimiento, ¿qué crees que ha aportado a la poesía actual?

La Diferencia fue una acción, en virtud de la cual un grupo de autores, de muy diversas edades y trayectorias, quisieron dar testimonio en favor de unos valores literarios en los que creían, y siguen creyendo. Pero no formaban parte de ninguna escuela, ni sus obras tenían, por lo general, rasgos comunes.
Se trataba de defender el mérito de la originalidad, y de las tradiciones literarias; y de no descartar la genialidad, sino de seguir manteniendo la fe en ella, como sucede en Francia; y de rechazar las obras literarias hechas con plantilla, ajustadas a tendencias dominantes y políticas literarias, impuestas por lo común por las técnicas de mercado y por la metapolítica.
Lo que hace 25 años era una profecía se ha convertido en una realidad.
Los lanzamientos y auto-promociones, las estrategias de marketing, los oportunismos, se han puesto en evidencia de tal modo que ya ni siquiera hace falta denunciarlos.
El movimiento de la Diferencia fue realmente hermoso. Nuestros encuentros se orquestaron, en muchas ocasiones, en las capitales y ciudades andaluzas, y en el entorno de suplementos literarios y publicaciones locales y regionales, con la trascendencia que alcanza siempre la periferia, con su “fuga mundi”, y su capacidad de fascinación.
Guardo, conservo, los mejores recuerdos. Sí, fue una acción; y, como dijo Tristan Tzara, “poesía es acción”.

-Me reconforta que los poetas, como es tu caso, hablen de lectores y no de público, ahora que cada vez se tiende a asociar más la poesía con espectáculo. ¿No te parece?

Para mí, el máximo reconocimiento que puedo recibir es el de ser leída. Y lo digo porque parece que hoy se da mucha importancia, más que al libro, a lo que se escribe sobre el libro, y a su promoción.
La lectura concentrada, en estado de concentración, que es estado de gracias, en estado físico y espiritual, es la literatura en vena que no puede ser sustituida de ningún otro modo.
Si me dieran a escoger un regalo para hacer a la humanidad, después de haber vivido mucho y acumulado experiencia, yo elegiría un consejo, dar un consejo; y éste consistiría, sin duda alguna, en una invitación a la lectura.
Es cierto que el recital alcanza un puesto preeminente en la poesía, ya que además el origen de ésta es anterior al de la escritura, pues era, y es, el arte de la memoria; en Grecia, el de la memoria de los Dioses.
Los ingleses llaman a recitar de memoria recitar “by heart”, con el corazón. Y es verdad que a veces un recital puede alcanzar gran fuerza expansiva, como una trompeta capaz de derribar murallas; o gran capacidad de recogimiento, como el de quien se concentra escuchando el chorro de una fuente, o la cadencia de las olas; pero ya nada puede sustituir a la verdad y profundidad de la lectura.

En Madrid, a 6 de enero de 2018.

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Entrevista capotiana a Carlos Javier Cebrián

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MARTES, 23 DE MAYO DE 2017

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Carlos Javier Cebrián.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Mi casa o una Biblioteca.
¿Prefiere los animales a la gente?
No.
¿Es usted cruel?
Quiero creer que no.
¿Tiene muchos amigos?
Espero que sí.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Que lo sean, mis amigos.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
A veces.
¿Es usted una persona sincera?
Absolutamente, por desgracia.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Siendo libre y escuchando música.
¿Qué le da más miedo?
La muerte.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La corrupción política y personal.
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
Jugar a Fútbol.
¿Practica algún tipo de ejercicio físico?
Chi Kung, de vez en cuando.
¿Sabe cocinar?
Casi nada.
Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?
A Mozart.
¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?
Esperanza.
¿Y la más peligrosa?
Peligro.
¿Alguna vez ha querido matar a alguien?
No…
¿Cuáles son sus tendencias políticas?
De izquierdas.
Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?
Músico, siempre.
¿Cuáles son sus vicios principales?
El chocolate y la sinceridad.
¿Y sus virtudes?
La Honestidad, creo.
Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?
Su rostro y también, por experiencia lo sé, burbujas y la lejanía de la orilla, o la barandilla…

Semana Bagatelas 2. Entrevista A Carlos Javier Cebrián por Ada Soriano

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Carlos J. Cebrián: ‘Si volviera a nacer querría ser músico. Nada me emociona más que la música’14907148_1801910206751588_6583887468890866894_n

Bagatelas, de Carlos Javier Cebrián, es un libro sereno, equilibrado, sin adornos retóricos y escrito con frescura y honradez.

Carlos Javier Cebrián nació en Salies de Béarn, Pau (Francia) en 1965. Desde 1975 reside en Elche. Además de poeta y escritor, es editor y miembro de la editorial Frutos del tiempo y presidente del blog del mismo nombre que publica esta editorial.

Es autor de seis libros de poesía, dos conjuntos de relatos en libros colectivos y, en digital, de una poesía reunida titulada Humo que se va (1984-2008). También posee una colección de artículos de opinión publicados entre 2004 y 2008 bajo el título Cosas mínimas.

Recientemente se ha publicado su libro Bagatelas, cuyo tema principal es el amor no exento de erotismo.  Asistimos a una celebración plena de la vida, donde se incluyen momentos dolorosos y no falta la crítica a las rutinas académicas de la poesía. Es un libro sereno, equilibrado, sin adornos retóricos y escrito con frescura y honradez. Bagatelas ha sido calificado como un libro fronterizo, pues sus textos se pueden leer como poemas en prosa o como narraciones breves.

He tenido el placer de hablar con Carlos y elaborar esta entrevista junto con José Luis Zerón Huguet.

 

 

— Javier, hay quienes afirman que escriben cuando se sienten felices. Otros, cuando se encuentran sumidos en el desasosiego.

— En mi caso, ni una cosa ni la otra. Escribo cuando creo que tengo algo que escribir o decir. Tampoco lo creo necesario en su absoluto, es decir, que tampoco es una necesidad. Simplemente escribo porque quiero, pues se trata de una querencia, de un placer o de una expiación de un dolor, de un recuerdo, qué sé yo.

— Tú has escrito que publicar un libro es “un ejercicio de majestuosa contradicción” y “un hecho milagroso”. ¿Qué añadirías a estas afirmaciones?

— Estas afirmaciones son de un artículo que publiqué en 2005, cuando vio la luz mi poemario Celebración del Milagro. Se  referían a la sensación empírica en la arribada de un libro recién editado. No encuentro adjetivos más apropiados: contradictorio y milagroso.

Es lo que creo. Podría haber buscado sentencias más contundentes; me refiero a la heroicidad de escribir y publicar en estos tiempos oscuros, pero eso me aburre.

— De los escritores con los que te identificas y que no has llegado a conocer personalmente, ¿con cuál de ellos preferirías mantener una conversación?

— Con tantos… Por ejemplo con Claudio Rodríguez, con Ángel González, con Herry D. Thoreau y, otra vez, con José Hierro, al que sí conocí.

— Tu libro Bagatelas, recientemente publicado por ediciones Babilonia, se consolidó en 2003. Transcurridos trece años, ¿sigues reconociéndote en su contenido?

— Absolutamente no. Se trata de soltar lastre. Pero sí que atisbo a quien lo escribió y lo vivió, que ya no soy yo, claro.

— Dicho libro está a medio camino entre el poema en prosa y el  diario. ¿Estás de acuerdo?

— Totalmente. De eso se trataba y se trata. Un diario de a bordo. De todos mis poemarios este es el que respira un aliento más clásico, más formalista, y eso precisamente, en el contexto de mi poesía, lo hace el más experimental, porque sin salirme de ese egocentrismo que me caracteriza -hay quien lo llama “autobiografismo”… doctores tiene la poesía…- en él intento una indagación de mayor hondura,  más reflexión. Pero sí, siempre a modo del relato del diario acontecer, sin duda.

— Se percibe en Bagatelas un interés por todo lo que se considera nimio o trivial. De ahí su título. También se puede hallar el misterio en lo mínimo y en la revalorización del tópico.

— Dónde si no…  permitidme ser un poco presuntuoso al autocitarme: En esa prolijidad de lo minucioso reside el enigma de nuestra vida.

— Tu poesía transmite una experiencia íntima y personal a la vez que un deseo de cambiar el mundo…

— Un deseo no… una necesidad, creo.

— En 1990 nace Frutos del Tiempo de la fusión de dos grupos literarios: Frutos secos y Ediciones inauditas. ¿Cómo surgió esta idea?

— Mejor juntos que separados si somos amigos, ¿no? Éramos dos grupos  distintos, pero todos amigos al fin  y al cabo y, aunque no nos considerábamos una generación ni compartíamos una estética común, decidimos aunar esfuerzos. Eramos jóvenes y valientes.

— No es frecuente encontrar un blog colectivo. ¿Quiénes lo formáis?

— Bueno, en realidad el blog soy yo… suena bien, así tan egocéntrico. Ahora mismo Frutos del Tiempo somos tres personas: Ángeles Campello, Pedro Serrano y yo, que administro el blog, twitter y Facebook, todo enlazado. Me parece asombroso el alcance de todo esto; nuevos tiempos para la lírica… pero el blog somos mis amigos, los colaboradores, todo aquello con relación a la literatura, el arte, el cine, la música,  que me gusta y emociona.

— En el blog hay una gran variedad cultural, y lleva a cabo una labor editorial, con bastantes libros publicados.

— Como decías antes, estamos publicando desde 1990. Ahora esa actividad es menor, pero seguimos editando libros que nos gustan o que nos parecen únicos, por no decir raros… pero estamos más centrados en la realización de eventos -como se dice ahora-culturales: ciclos de lecturas, videoperformances -como también se dice ahora- conciertos, etc.

— Como escritor posees en tu haber varios libros. ¿Cómo surgió tu vocación literaria?

— Si te digo la verdad, no me acuerdo muy bien. En mi casa no había libros. Yo quería tocar la guitarra, y hacía cancioncitas… No leí mi primer libro hasta los 17 años, creo, La Metamorfosis de Kafka, por un trabajo de Lengua y Literatura en el Instituto.

Creo que se lo debo a un incalificable profesor de Literatura que tuve en 3º de BUP, Daniel Ruiz, que me descubrió la poesía, el teatro, la narrativa, de manera ecléctica, alejada de las academias y los laboratorios y cercana a la vida, heterodoxo como él solo. Él lo consiguió, él tuvo la culpa…

Más tarde le debo mi vocación a Gerardo Irles y a Juan Ángel Castaño y a la Universidad  Popular de Elche, y, sobre todo, a las letrillas de mis canciones y a mi incapacidad  total y desafinada, para el solfeo, que me hizo abandonar el Conservatorio y a mi vagancia crónica, por supuesto.

Pero sí. Yo si volviera a nacer querría ser músico, en serio. Nada me emociona más que la música… En fin, eso ha ganado el mundo de la música y ha perdido el de la literatura.

FIRMA

Ada Soriano

Ada Soriano

Poeta y escritora. Nacida en Orihuela en 1963. Codirectora de la revista de creación literaria Empireuma y colaboradora de la revista socio-cultural La Lucerna. Autora de dos plaquetas y cinco libros. El último, Cruzar el cielo, ha sido editado recientemente por la editorial Celesta. Colabora en MUNDIARIO
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Entrevista a Carlos Javier Cebrián, por Ada Soriano

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Bagatelas, de Carlos Javier Cebrián, es un libro sereno, equilibrado, sin adornos retóricos y escrito con frescura y honradez.

Carlos Javier Cebrián nació en Salies de Béarn, Pau (Francia) en 1965. Desde 1975 reside en Elche. Además de poeta y escritor, es editor y miembro de la editorial Frutos del tiempo y presidente del blog del mismo nombre que publica esta editorial.

Es autor de seis libros de poesía, dos conjuntos de relatos en libros colectivos y, en digital, de una poesía reunida titulada Humo que se va (1984-2008). También posee una colección de artículos de opinión publicados entre 2004 y 2008 bajo el título Cosas mínimas.

Recientemente se ha publicado su libro Bagatelas, cuyo tema principal es el amor no exento de erotismo.  Asistimos a una celebración plena de la vida, donde se incluyen momentos dolorosos y no falta la crítica a las rutinas académicas de la poesía. Es un libro sereno, equilibrado, sin adornos retóricos y escrito con frescura y honradez. Bagatelas ha sido calificado como un libro fronterizo, pues sus textos se pueden leer como poemas en prosa o como narraciones breves.

He tenido el placer de hablar con Carlos y elaborar esta entrevista junto con José Luis Zerón Huguet.

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— Javier, hay quienes afirman que escriben cuando se sienten felices. Otros, cuando se encuentran sumidos en el desasosiego.

— En mi caso, ni una cosa ni la otra. Escribo cuando creo que tengo algo que escribir o decir. Tampoco lo creo necesario en su absoluto, es decir, que tampoco es una necesidad. Simplemente escribo porque quiero, pues se trata de una querencia, de un placer o de una expiación de un dolor, de un recuerdo, qué sé yo.

— Tú has escrito que publicar un libro es “un ejercicio de majestuosa contradicción” y “un hecho milagroso”. ¿Qué añadirías a estas afirmaciones?

— Estas afirmaciones son de un artículo que publiqué en 2005, cuando vio la luz mi poemario Celebración del Milagro. Se  referían a la sensación empírica en la arribada de un libro recién editado. No encuentro adjetivos más apropiados: contradictorio y milagroso.

Es lo que creo. Podría haber buscado sentencias más contundentes; me refiero a la heroicidad de escribir y publicar en estos tiempos oscuros, pero eso me aburre.

— De los escritores con los que te identificas y que no has llegado a conocer personalmente, ¿con cuál de ellos preferirías mantener una conversación?

— Con tantos… Por ejemplo con Claudio Rodríguez, con Ángel González, con Herry D. Thoreau y, otra vez, con José Hierro, al que sí conocí.

— Tu libro Bagatelas, recientemente publicado por ediciones Babilonia, se consolidó en 2003. Transcurridos trece años, ¿sigues reconociéndote en su contenido?

— Absolutamente no. Se trata de soltar lastre. Pero sí que atisbo a quien lo escribió y lo vivió, que ya no soy yo, claro.

— Dicho libro está a medio camino entre el poema en prosa y el  diario. ¿Estás de acuerdo?

— Totalmente. De eso se trataba y se trata. Un diario de a bordo. De todos mis poemarios este es el que respira un aliento más clásico, más formalista, y eso precisamente, en el contexto de mi poesía, lo hace el más experimental, porque sin salirme de ese egocentrismo que me caracteriza -hay quien lo llama “autobiografismo”… doctores tiene la poesía…- en él intento una indagación de mayor hondura,  más reflexión. Pero sí, siempre a modo del relato del diario acontecer, sin duda.

— Se percibe en Bagatelas un interés por todo lo que se considera nimio o trivial. De ahí su título. También se puede hallar el misterio en lo mínimo y en la revalorización del tópico.

— Dónde si no…  permitidme ser un poco presuntuoso al autocitarme: En esa prolijidad de lo minucioso reside el enigma de nuestra vida.

— Tu poesía transmite una experiencia íntima y personal a la vez que un deseo de cambiar el mundo…

— Un deseo no… una necesidad, creo.

— En 1990 nace Frutos del Tiempo de la fusión de dos grupos literarios: Frutos secos y Ediciones inauditas. ¿Cómo surgió esta idea?

— Mejor juntos que separados si somos amigos, ¿no? Éramos dos grupos  distintos, pero todos amigos al fin  y al cabo y, aunque no nos considerábamos una generación ni compartíamos una estética común, decidimos aunar esfuerzos. Eramos jóvenes y valientes.

— No es frecuente encontrar un blog colectivo. ¿Quiénes lo formáis?

— Bueno, en realidad el blog soy yo… suena bien, así tan egocéntrico. Ahora mismo Frutos del Tiempo somos tres personas: Ángeles Campello, Pedro Serrano y yo, que administro el blog, twitter y Facebook, todo enlazado. Me parece asombroso el alcance de todo esto; nuevos tiempos para la lírica… pero el blog somos mis amigos, los colaboradores, todo aquello con relación a la literatura, el arte, el cine, la música,  que me gusta y emociona.

— En el blog hay una gran variedad cultural, y lleva a cabo una labor editorial, con bastantes libros publicados.

— Como decías antes, estamos publicando desde 1990. Ahora esa actividad es menor, pero seguimos editando libros que nos gustan o que nos parecen únicos, por no decir raros… pero estamos más centrados en la realización de eventos -como se dice ahora-culturales: ciclos de lecturas, videoperformances -como también se dice ahora- conciertos, etc.

— Como escritor posees en tu haber varios libros. ¿Cómo surgió tu vocación literaria?

— Si te digo la verdad, no me acuerdo muy bien. En mi casa no había libros. Yo quería tocar la guitarra, y hacía cancioncitas… No leí mi primer libro hasta los 17 años, creo, La Metamorfosis de Kafka, por un trabajo de Lengua y Literatura en el Instituto.

Creo que se lo debo a un incalificable profesor de Literatura que tuve en 3º de BUP, Daniel Ruiz, que me descubrió la poesía, el teatro, la narrativa, de manera ecléctica, alejada de las academias y los laboratorios y cercana a la vida, heterodoxo como él solo. Él lo consiguió, él tuvo la culpa…

Más tarde le debo mi vocación a Gerardo Irles y a Juan Ángel Castaño y a la Universidad  Popular de Elche, y, sobre todo, a las letrillas de mis canciones y a mi incapacidad  total y desafinada, para el solfeo, que me hizo abandonar el Conservatorio y a mi vagancia crónica, por supuesto.

Pero sí. Yo si volviera a nacer querría ser músico, en serio. Nada me emociona más que la música… En fin, eso ha ganado el mundo de la música y ha perdido el de la literatura.

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Ada Soriano

Ada Soriano

Poeta y escritora. Nacida en Orihuela en 1963. Codirectora de la revista de creación literaria Empireuma y colaboradora de la revista socio-cultural La Lucerna. Autora de dos plaquetas y cinco libros. El último, Cruzar el cielo, ha sido editado recientemente por la editorial Celesta. Colabora en MUNDIARIO

Entrevista a Rafael González por Ada Soriano

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Rafael González: ‘Se escribe para saciar un ingenuo afán de demiurgos, para exorcizar la soledad’

Rafael González reivindica, a través de su editorial, la no dependencia de criterios ajenos, asegurando además que “se sobrevive con bastante trabajo y mucha fuerza de voluntad”2016120922312924468

Portada Siempre la feria.
Portada de Siempre la feria.

 

Detallo a continuación las últimas publicaciones correspondientes a las  tres colecciones que componen la editorial Celesta:

Colección Piel de sal (Poesía): Arturo Rodríguez-Segade, Farolas. Rafael González Serrano, Leves alas al vuelo. Ada Soriano, Cruzar el cielo.

Colección Hidra azul (Traducción): Francisco de Quevedo, Medulas y ceniza. Fernando Pessoa, Las voces que me dicen.Thomas Stearns Eliot, La tierra baldía.

Colección Letra alef (Narrativa): Manuel A. Martínez, Olaf el blanco. José María Piñeiro, Pasajes escritos.

 

— Rafael, ¿qué te motivó a crear una editorial?

— La idea llevaba rondándome la cabeza desde antiguo, y tras mis primeras experiencias de publicación, poco satisfactorias, me decidí. La independencia, la formalidad y la estética serían mis pautas de actuación. O sea, no depender de criterios ajenos; que los plazos de edición se cumplan (mi primera publicación estaba prevista salir en un año y lo hizo al siguiente); que las medidas, tipo de letra, gramaje, colores, diseño, etc. del libro sean formalmente de mi agrado. Pensé así en editarme adecuadamente, mas también en publicar autores cuyas obras me gustasen (actuales y, sobre todo, clásicos) bajo los mismos supuestos ya indicados.

— ¿Cómo crees que es posible la supervivencia de Celesta en un mundo editorial tan competitivo y, por qué el nombre de Celesta?

— Aunque tengo claras las exigencias en cuanto a la selección de los textos y a la forma de ser editados (lo más perfecta posible), puede decirse que Celesta es una editorial “no profesional” (lo que no implica en absoluto prescindir de la calidad), en el sentido de no vivir de ella y de que es ajena a la competitividad del mundo editorial. Lo que no aceptaría para ella es la definición de “marginal”, pues quiero que mis libros tengan la mayor difusión posible, si bien sé que el circuito por el que se pueden mover los mismos, por su propia condición, es limitado: al no ser “comerciales” no pretendo que se vendan masivamente. Y se sobrevive con bastante trabajo y mucha fuerza de voluntad.

El primer nombre iba a ser otro, pero me topé con la oposición de una poderosísima editorial que, a fin de cuentas, sólo tenía una colección de nombre parecido. Por no pleitear, y acordándome de Béla Bartók, se me ocurrió el término “celesta”, de obvias resonancias musicales (y la poesía en buena medida es música del lenguaje). Así que en esta ocasión la Oficina Española de Patentes y Marcas no puso impedimento a que la registrase como Celesta.

— ¿Qué ofrece tu editorial?

— Creo que un trato bastante personalizado –y paciente– con los autores, obras bastante dignas en cuanto a la calidad (esto es indiscutible referido a los autores clásicos), el máximo de perfección formal para tratarse de pequeñas tiradas. En cuanto a lo editado: la oportunidad ofrecida a autores noveles de valía, la confianza en los más experimentados y la indiscutible apuesta por los clásicos consagrados.

— ¿Qué proyectos tienes de cara al futuro?

— Si jugamos un poco con la superstición esa de que más vale no decir algo no vaya a ser que se tuerza, tendría que callarme; pero diré muy vagamente que sí, que hay varios proyectos: un poeta brasileño, clásicos de los siglos XIX y XX, etc.

— En tu blog De turbio en claro das noticia de poetas poco conocidos a través de reseñas muy elaboradas. ¿Qué satisfacciones te reporta esta labor?

— Empecé hace siete u ocho años reseñando libros de poesía. Me impuse una norma: que fuesen extranjeros (no de lengua española), del siglo XX y ya fallecidos. Han sido autores que había leído –algunos incluso hace veinte o treinta años– pero también hay otros que he ido descubriendo al hilo de esta tarea. Y sí, los ha habido muy prestigiosos (premios Nobel incluidos), u otros minoritarios (pienso en Ponge o Larbaud, por ejemplo). La actividad ha sido enriquecedora por un lado, pero también un tanto laboriosa, pues me obliga a dedicarle bastantes horas todos los meses: la lectura, la búsqueda de estudios (a veces, difícilmente localizables), la propia escritura del artículo. No sé hasta cuándo llevaré a cabo esta ocupación pero, en cualquier caso, me ha servido para tener una visión más amplia y profunda de la producción poética de la cultura occidental.

— ¿Qué opinas de la poesía actual?

— Supongo que te referirás a la española. Pues no tengo una opinión clara: me da igual lo de las capillitas y los grupos, no sé si es un periodo yermo o plagado de genios, lo de las ayudas oficiales me da grima, lo de ciertas promociones asco, lo de los premios… Sólo sé que hay poetas que me gustan y otros que no tanto (o nada). Poetas se llaman –o nos llamamos– cientos (o miles), pero no creo que se estén alcanzando los niveles creativos de los siglos XVI o XVII.

— ¿Cuáles son tus referentes?

— Por mis estudios académicos, primero leí los clásicos españoles con cierta metodología. Luego he leído a bastantes autores de manera mucho menos sistemática (españoles o extranjeros). De mi primer libro –terminado en 1985, y publicado muchísimo después– diría que tiene ciertas resonancias de Salinas y Cernuda; luego he procurado irme apartando de influencias evidentes, aunque seguro que voces ajenas resuenan en mi interior.

— Eres autor de una novela que lleva por título Siempre la feria, que se puede leer igualmente como crítica satírica y mordaz o un ensayo disfrazado de ficción, cuyo protagonista es un escritor que reflexiona sobre su propia obra y el mundillo literario. ¿Qué hay de Rafael González Serrano en esta novela?

— Aun a sabiendas de que el “Madame Bovary c’est moi” sea apócrifo, a la par que un tanto hiperbólico (mas “se non è vero, è ben trovato”), no puedo negar que hay parte “de mí” y de mis opiniones en esa voz literaria. Pero también hay un homenaje a un autor con quien he disfrutado bastante, un proyecto textual elaborado (estructura, referentes, estilo), una práctica de escritura tan laboriosa como lúdica, etc.

— Concretamente, en la página noventa y ocho, el personaje se plantea cuatro preguntas sobre el proceso de escritura. Yo he seleccionado dos de ellas: por qué se escribe, y para qué se escribe.

— El propio personaje habla de necesidad, vocación o, incluso, vanidad. Pero obviamente lo hace con ironía, pues los califica de tópicos. Y sí, se escribe para expresarnos, para darnos a conocer aún dentro de un reducido círculo (afirmarnos y así refutar la uniformidad), para saciar un ingenuo afán de demiurgos (al tenernos por creadores), para exorcizar la soledad; y, en definitiva, para entender la realidad y conocernos a nosotros mismos, aunque suene demasiado pretencioso.

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Ada Soriano

Ada Soriano

Poeta y escritora. Nacida en Orihuela en 1963. Codirectora de la revista de creación literaria Empireuma y colaboradora de la revista socio-cultural La Lucerna. Autora de dos plaquetas y cinco libros. El último, Cruzar el cielo, ha sido editado recientemente por la editorial Celesta. Colabora en MUNDIARIO

Entrevista a Antonio Enrique por Ada Soriano

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 ‘No quería nada profesoral ni académico, sino algo cercano, apto para un público lector amplio’

‘Antología emocional de poetas andaluces, 70 menos uno’, es la nueva obra de Antonio Enrique, patrocinada por Fundación Unicaja y editada por El toro celeste. Málaga, 2016.

face-retama-1Antonio Enrique es un escritor y poeta granadino que goza de una amplia trayectoria. Cultiva la poesía, la narrativa, el ensayo y la crítica literaria a través de un lenguaje que se caracteriza por una gran riqueza verbal y una sensibilidad extrema, pues es, ante todo, poeta.

Fue impulsor de la “Literatura de la Diferencia”, movimiento al que dio nombre. Asimismo, fue cofundador del “Salón de Independientes”, creado en 1994. Es miembro de la Academia de Buenas Letras de Granada y Presidente honorario del Instituto Iberoamericano de Estudios Andalusíes. Desde su fundación, y hasta 2013, fue vocal de la Asociación de Críticos Andaluces. En 2014, la Diputación de Granada le concedió la Medalla de Oro de la provincia. Recientemente, la Fundación Andrés Bello le ha otorgado el premio por su Obra Narrativa Completa. Reside en Guadix, ciudad en la que ha desempeñado tareas docentes y en la que está al cuidado del aula Abentofail de poesía y pensamiento. Su nueva novela, Boabdil, el príncipe del día y de la noche, editada por Dauro, se presentará en Granada el día 17 de noviembre.

He tenido la satisfacción de aventurarme en esta entrañable antología en la que Antonio Enrique, con un prólogo muy bien elaborado y una acertada nómina de los poetas que aquí constan, ha logrado crear, con el apoyo de los poetas y editores de este libro, Rafael Ballesteros y Juan Ceyles, una atmósfera sobria a la vez que cálida y emotiva.

Este libro abarca cinco décadas de poetas, nacidos todos ellos en Andalucía entre los años treinta y setenta del pasado siglo. Cabe destacar a autores como Pablo García Baena, Julia Uceda, Aquilino Duque, Ángel García López, Juana Castro, Jenaro Talens, Concha García, Luis García Montero, Isabel Pérez Montalbán, Álvaro García, Vicente Luis Mora y José Luis Rey.

Con todo lo expuesto, vamos a conocer más detalles de esta obra en la siguiente entrevista:

— Antonio, según dices en el prólogo, la antología partió de una propuesta que te hizo el poeta y editor Rafael Ballesteros, de la necesidad que ambos compartíais de llevar a cabo un proyecto. Comentas asimismo que debía ser diferente. ¿En qué sentido?, ¿por qué una antología poética andaluza?

— Quedó claro desde el principio que el proyecto debía ser una antología, puesto que ésta fue su propuesta. Ahora bien, ¿qué tipo de antología? ¿Cuál su deslinde cronológico? ¿Cuál su ámbito topográfico? Son tres cuestiones sobre las que hay que deslindar. Puesto que de la antología había de encargarme yo, me decanté por que no fuese la habitual, esto es consultada. No quería nada profesoral ni académico, sino algo cercano, apto para un público lector amplio. No una antología de poetas para poetas. Le propuse que los poetas respondiesen a una sola pregunta, y la justificasen luego con un comentario. La pregunta, por más ingenua y desconcertante que pudiera parecer, era: “¿por cuál de todos tus poemas te gustaría ser recordado?” El deslinde espacial y cronológico vino ya de suyo, dada la forzosa limitación de páginas de un volumen de estas características.

— Actualmente hay una proliferación de antologías de poetas, algunas oportunistas y otras irrelevantes, no tanto por criterios fallidos como por saturación. Teniendo en cuenta que recientemente se han publicado varias selecciones de poetas andaluces, ¿qué crees que aporta esta antología?

— Que es una antología emocional. Dada la índole de la pregunta, no se pedía el considerado mejor de sus poemas, ni siquiera el más representativo de los mismos, sino aquel otro que, por razones que sólo el poeta podía aducir, esto es subjetivas, anecdóticas si se quiere, él quisiera que le leyesen, cuando tal vez el poeta ya no esté en este mundo. Cada cual, así, habría de retratarse. Y, en cuanto al comentario justificativo, situar el texto en su contexto. Con ello, lo pretendido es que el lector se acercase mucho más a la comprensión y disfrute del poema.antologiaemocionalportada

— 70 menos uno, subtítulo elegido para este libro, viene a ser un homenaje. Quisiera que explicases a quién o a quiénes va dirigido.

— Los poetas habían de ser 70, nacidos todos en Andalucía, entre 1923 y 1973, 50 años. Soy consciente de la aparente arbitrariedad que esto supone, pero, dentro de las limitaciones, me pareció una decisión razonable. Imagínate, por un momento, que introduzco los residentes; el volumen hubiera sido el doble. Y habían de ser todos vivos, por la obviedad de la pregunta. Ocurrió, sin embargo, que, en el ínterin de su elaboración, murió Rafael de Cózar, al intentar salvar de un incendio los libros de su biblioteca. Cózar fue el primero que me envió su texto. Entonces, y puesto que uno se nos había desgraciadamente ido, éramos 70 menos uno. Viene a simbolizar, así, la “silla vacía” de los que, por falta de espacio, que no de méritos, no han podido ser incluidos.

— Según palabras tuyas, “Un poeta hoy carece de relevancia cívica; no son noticia, sino cuando reciben algún galardón”. Aseguras que “…el poeta se convence del hecho de serlo cuando es noticia…”

— La falta de relevancia social del poeta me parece incuestionable. No pintamos nada en ningún sitio. La sociedad no parece que esté con nosotros. En consecuencia, los medios de prensa nos ignoran, salvo cuando existe la noticia de algún premio o reconocimiento. La publicación de un libro por sí misma no es noticia. Hace años sí, ahora no. No interesamos. Quedamos fuera del mercado, ésa es la razón. Pero también existen otras causas, intrínsecas a la propia poesía, causas que han de ver con el lenguaje. Porque si el concepto ya de sí opaco lo trasladamos en estilo más opaco aún, no es de extrañar que el lector desista. Está en su derecho de hacerlo, pero, entonces, debe ser consecuente con su sequía de lectores, y aceptarlo con plena coherencia y dignidad.

— Empieza a ser una costumbre en las antologías que los autores seleccionados elaboren una poética o un texto sobre el proceso creador. Desde mi punto de vista, muchas veces la teoría está por encima de la práctica. ¿Crees que en esta ocasión están a la par la calidad de los poemas con los respectivos comentarios?

— Las poéticas, que no dejan de ser una declaración de intenciones, son frecuentes, sí, en las antologías al uso. Pero yo no conozco ninguna antología donde se proponga el porqué, cuándo y cómo de la elaboración del poema concreto inserto. Si este comentario no está a la altura del poema, eso también es sintomático del estado de la poesía actual. Y de todas formas, determinar si está o no a la altura es criterio que corresponde al lector. La mayoría de los poetas son, no obstante, del parecer que el poema se explica por sí mismo; debería explicarse, pero no es así, tanto más porque el lector común de nuestros días, además de leer de prisa, no siente ningún interés en indagar en claves ni entresijos.

— Como tú fuiste partícipe de la poesía llamada de la Diferencia y polemizaste con los poetas de la Experiencia, al lector le extrañará, como indicas en el prólogo, la pluralidad y el hermanamiento entre los poetas incluidos en 70 menos uno.

— No entiendo por qué, sinceramente. El que yo me decantara en su momento por una opción diversa a la hegemónica, a la que puse nombre, no quiere decir que desprecie a quienes no comparten mis ideas, muy por el contrario mis relaciones personales con ellos y ellas fueron correctas y en muchos casos afectuosas. Además, si como poeta yo tengo mis propios puntos de vista como todo el mundo, como antólogo y como crítico estoy obligado a la más exquisita imparcialidad. Sin maniqueísmos y sin cordones sanitarios. Si ellos, o adláteres, la practicaron en antologías genéricas, no privativas de la tendencia, es asunto de ellos que no me constriñe.

— A nivel personal, ¿qué satisfacciones te ha reportado esta experiencia?

— El simple hecho de contactar con todos y cada uno y una ha sido una satisfacción, incluidos quebraderos de cabeza, que en proyectos de este tipo son la salsa. Como ensayista, yo he querido dejar un testimonio claro y diverso del estado de la poesía en una comunidad literariamente imprescindible. Mi bandera no ha sido otra que el respeto a la libertad individual.

— Con buen criterio no te has incluido en la antología. Me gustaría saber por cuál de todos tus poemas te gustaría ser recordado.

— Elegancia obliga. Desde el principio quedó claro que tanto el antólogo como los editores, Rafael Ballesteros y Juan Ceyles, poetas ambos con una magnífica obra que los respalda, nos autoexcluíamos. Y ello no solamente por una consideración de decencia, sino de decisión consecuente. Pues ¿cómo excluir a nadie si nosotros nos incluíamos? ¿Con qué derecho? ¿Qué sentido moral puede derivarse de una decisión así? Hubiera sido ridículo, e indignante, existiendo tan excelentes poetas no incluidos. En cuanto a mí, gracias por tu pregunta. No es nada fácil, en 21 libros de poesía. Déjame que lo piense, y en otra ocasión te lo diré.

Ada Soriano

Ada Soriano

Poeta y escritora. Nacida en Orihuela en 1963. Codirectora de la revista de creación literaria Empireuma y colaboradora de la revista socio-cultural La Lucerna. Autora de dos plaquetas y cinco libros. El último, Cruzar el cielo, ha sido editado recientemente por la editorial Celesta. Colabora en MUNDIARIO