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Entrevista a Esther Peñas, por Ada Soriano

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Sólo desde la fragilidad absoluta se cumple el designio y acontece la maravilla”

Para Esther Peñas, la poesía es un acontecimiento sagrado, y resalta que lo sagrado es la respuesta, el asombro, nunca la pregunta. Tampoco el centro.

La poesía de Esther Peñas es absolutamente torrencial y, además, tiene sus propios hitos y tensiones. Al menos así la he percibido yo leyendo El paso que se habita (Chamán Ediciones, Albacete, 2018). Me he acoplado a su paso apresurado, como quien se desliza por altos toboganes, dejándome llevar por una inmensidad de imágenes turbadoras e intensas que conforman una pulsión extrema, como si cada poema quisiera encontrar su final en el siguiente o, sencillamente, no finalizar nunca. Porque aquí cada palabra es una piedra lanzada al agua que, al tocar fondo, produce una catarsis. Así es su poética. Ahí reside su creatividad. ¿No es la poesía un río inagotable, una sucesión de ondas expansivas?

Esther Peñas nació en Madrid en 1975. Es Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense y Doctora por el Departamento de Literatura. Realizó un Máster de Teología en la Universidad de San Pablo CEU. Ha publicado los libros de poemas De este ungido modo (Premio Cervantes, 2002) y Penumbra, ambos en la editorial Devenir. Fue incluida en una recopilación de jóvenes poetas, Los jueves poéticos (Editorial Hiperión) Publicó, asimismo, Hazversidades poéticas (Editorial Cuadernos del Laberinto). Colabora en una compilación de textos solidarios, Desde otro punto de vista, publicado por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Ha coordinado la edición Trovadores del silencio (Calambur). Además, es autora de varios libros de entrevistas, tres novelas y una novela corta.

En la actualidad, dirige el departamento Digital de FSC Inserta, la consultoría de Recursos Humanos de Fundación ONCE e imparte talleres de escritura creativa.

Esther, llama la atención que este nuevo poemario tuyo no vaya introducido por un prólogo o una nota de edición al uso sino por un poema de María Negroni: Saluda.

Contemplo los prólogos como una manera de convocar a alguien a un territorio concreto (el poemario) porque guarda vínculos, íntimos o manifiestos, con los versos que lo componen. Una manera de compartir (lo) de manera física. La fórmula del Saluda, que se empleaba antiguamente, siempre me resultó hermosa; cuando la Negroni me envió algunos poemas inéditos, el que sirve de pórtico a este paso que se habita me pareció que abrigaba una clarísima conexión con el poemario, al tiempo que me permitía hacer explícita mi admiración para con esta inmensa poeta argentina, María Negroni.

Escribes una poesía chamánica, hipnótica. Me trae recuerdos de Carlos Oroza, por ejemplo. ¿Alguna vez has leído a este poeta oral? ¿Qué fuentes te abastecen?

Gracias por lo que dices, ambos adjetivos me son queridos. Este paso que se habita está escrito en condiciones físicas un tanto extremas, con un nivel de conciencia bastante rebajado y, por supuesto, sin intención alguna de estar haciendo algo útil. De ahí, me parece, el carácter hipnótico, un tanto alucinado.

¿Cómo no conocer al único español miembro oficial de la generación beat? Oroza, un delicioso raro, al modo en que clasificaba Darío a los raros, es fascinante. He leído sus poemas, desperdigados, insolentes, dandis… y comparto con él la idea de que la poesía adquiere plenitud leída, y desde luego conduce a otras latitudes anímicas diferentes que si se lee.

Respecto a mis fuentes… aparte de la mencionada Negroni, Menchu Gutiérrez, Chantal Maillard, Rafael Soler, Gamoneda, Isabel González, Julio Monteverde, Valente, Llansol, Juarroz, Larrea, Cortázar, Inés Mendoza, Olga Orozco, Blanca Varela…

¿“Han de ser las manos” en “este pequeño reino de la fiebre”?

Las manos han de trabajar el dolor, el dolor ha de cobrar fisicidad para poder ser sanado. Hay que tocar el dolor, no queda otra, entregarse a él, para que este pequeño reino de la fiebre vuelva a ser fecundo y no nos atrape en su melancolía.

La figura de dios, un dios con minúscula, demasiado humano, está muy presente en El paso que se habita. He subrayado estos dos versos: “Cuando despierta/ el dios parece otro hombre”.

El poemario no deja de ser también una reflexión sobre lo sagrado; desde ahí, es un poemario que no cree, sabe. Para mí lo sagrado es la respuesta, el asombro, nunca la pregunta. Tampoco el centro.

Igualmente destaco la paradoja de estos dos versos que, a mi parecer, constituyen una poética: “No sucede nada distinto/ pero acontece el prodigio”.

El prodigio está ahí mismo, esperando ser hallado. El prodigio es un vaso comunicante, el fulgor de una analogía, la ferocidad de afinidades electivas en las que nos reconocemos, un azar que, siquiera por un instante, hace que el mundo se complete. Hay que tener una predisposición de ánimo para el encuentro con el prodigio, y no ir en su busca, mucho menos disponerle de un perímetro previo. Hay que dejar que se manifieste, estar atento, permitir que nos traspase. Desde ahí surge esa poética: una convencida voluntad del estar en el mundo del lado del prodigio.

Mediante la piedra, “pulmón seguro”, se construyen puentes y se alzan torres. ¿Se forja así, como diría Sylvia Plath, “un alma entre los intensos dolores de parto”?

El dolor es parte de la vida, no un enemigo de ella, del mismo modo que la luz y la oscuridad o la bondad y la maldad son dos momentos de la misma cosa, y que nos situemos en uno u otro lado es cuestión de ángulo. Aceptar eso hace más sencillo todo. Pero hay una cualidad volitiva, la alegría, que no la felicidad, que reivindico una y otra vez como compañía y fuego indispensable.

Con la rotundidad y la avenencia de los versos que cierran El paso que se habita, dejas espacios abiertos para la reflexión…

Bueno, eso es fantástico, al fin y al cabo, el poema no es más que una hendidura. Lo que cada cual encuentre al otro lado espero que resuene, que le vibre de por dentro, que se le incorpore en piel. Más una intuición que una reflexión se persigue.

En Periodista Digital, declaraste hace unos años que “vivimos en un tiempo en que las prisas marcan todo”. ¿La poesía también está siendo afectada por la urgencia y la inmediatez?

La prisa, hija bastarda de la sociedad de consumo, desacraliza lo importante. Me pregunto qué hace con el tiempo esa gente que tiene tanta prisa. Perder el tiempo resulta una manera imprescindible de estar en el mundo, entregarse a la épica de lo inútil, de lo improductivo. Hasta del ocio han hecho mercancía. Por eso me resulta ineludible reivindicar lo lúdico, que no tiene otro propósito que el juego en sí mismo. La prisa nos impide estar en la celebración. Y si uno no celebra, si uno no está presente en lo que está viviendo, ¿para qué vivir? El sistema capitalista también trata de vampirizar la poesía, y desde ahí intenta de imponer el consumo de cierta clase de poesía: la de cadáveres de versos sistematizados. Esto lo explica de un modo hermosísimo Lurdes Martínez en ‘Los inspirados al borde mar’.

¿Cómo seguir “buscando abrigo en lo inhóspito”?

Colocándose en el claro del bosque, allí donde el urogallo, sabiendo que uno ha de exponerse hasta el extremo. Sólo desde la fragilidad absoluta se cumple el designio y acontece la maravilla. Sólo así es posible estar celebrando.

24 de Agosto de 2018

Ada Soriano

Ada Soriano

Poeta y escritora. Nacida en Orihuela el 30 de diciembre de 1963. Codirectora de la revista de creación literaria Empireuma y colaboradora de la revista socio-cultural La Lucerna. Es autora de dos plaquetas y seis libros de poesía. Colabora en MUNDIARIO.

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Entrevista a María Engracia Sigüenza por Ada Soriano

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María Engracia Sigüenza:

Cuando regresan las musas traen con ellas la alegría, pero también el desasosiego

Una vez que lanzas al mundo un poema y alguien lo interpreta, te das cuenta de que siempre ha estado vivo, presto a transformarse.

Llega a mis manos El fuego del mar, (Editorial Celesta, Madrid, 2018) de María Engracia Sigüenza Pacheco, prologado por José Luis Zerón Huguet, con quien la autora mantiene una entrañable amistad. A pesar de que es su primer poemario publicado, me consta que María Engracia escribe desde hace años y puedo afirmar, tras haber leído este libro con verdadero interés, que una cosa es segura: sus poemas no aburren porque hay en ellos pasión, sensualidad, devoción y empeño. Y es que El fuego del mar es un poemario apasionado, repleto de imágenes y metáforas muy logradas.

María Engracia Sigüenza nació en Orihuela en 1963. Es licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación, en la especialidad de Psicología por la Universidad de Murcia. Ha trabajado en psicología clínica y como profesora de filosofía. Actualmente se dedica a la orientación educativa.

Ha participado en libros colectivos como El libro de Plomo (Ediciones Empireuma, Orihuela, 2013) También en antologías y exposiciones. Asimismo, ha publicado artículos y poemas en diversos medios como Cuadernos del Matemático, Opticks Magazine, Las afinidades electivas, Frutos del tiempo y Empireuma.

Hay llamas que ni con el mar”, escribió Ignacio Cano para la célebre canción de Mecano que lleva por título El 7 de septiembre.

María Engracia, observo en tu poemario, especialmente en la segunda sección, que rindes homenaje a la mujer.

Soy totalmente consciente de la invisibilidad que ha sufrido la mujer a lo largo de la historia en todos los ámbitos y, por supuesto, también en los altares del arte y la cultura. De hecho, se nos sigue ninguneando en los museos del mundo y en los grandes premios literarios (las mujeres solo representan el 5% de los Nobel y el Cervantes solo lo han recibido 4 frente a 36 hombres). Por eso, y porque soy una buscadora a la que le encanta indagar y descubrir tesoros más o menos ocultos, me he preocupado de leer a escritoras. Me resultó muy fácil llegar a los escritores que he admirado siempre; eran los recomendados en cualquier libro de texto o crítica literaria. Crecí leyendo a Dostoyevski, Tolstói, Victor Hugo, Stendhal, Camus, Cortázar, Kafka, Cortázar, Poe, Baudelaire, Rilke, Whitman, Paz, Lorca, Hernández, por citar algunos de mis favoritos. En cambio a ellas: Woolf, Dickinson, Flannery O´Connor, Elena Garro, K. Mansfield, Lispector, Beauvoir, las hermanas Brontë, Rhys, Austen, y tantas otras, las fui descubriendo por mi cuenta después de un proceso más costoso, y caí tan rendida a los pies de todas que, llegar a las sucesoras, fue un proceso mucho más fácil.

Las que aparecen en mi libro, y a ti te incluyo, me han ayudado de una u otra forma a construir el poemario, al igual que los escritores que menciono. Que, finalmente, ellas ocupen más espacio, me encanta. Es una especie de justicia poética, un ejercicio espontáneo de sororidad y agradecimiento. Dos ejemplos concretos son los poemas Edith y Pasífae habla; en ellos he querido dar voz a dos mujeres (Edith: la mujer de Lot bíblica y Pasífae: la mujer del rey de Creta y madre del Minotauro), para que a través de mis versos pudieran rebelarse de un destino marcado por los hombres.

Aunque El fuego del mar es un libro esencialmente vitalista y sensorial, aparece constantemente la muerte como contrapeso. De hecho, está dedicado a la memoria de tu padre.

Siempre he sido una persona pasional y vitalista y, a medida que el tiempo pasa, estas características se acentúan. Curiosamente, pienso que esta vitalidad nace de las dos fuerzas, aparentemente contrapuestas, que rigen mi vida: el Amor y la Muerte.

Y efectivamente del amor a mi padre, de su recuerdo y también del dolor de su prematura muerte, brota una parte muy importante de mi fuerza, de mi vitalismo.

Dos rasgos que definen mi estilo poético son las imágenes (telúricas y cósmicas, artísticas y mitológicas) y las paradojas. Quizá porque veo con claridad que nuestro mundo está formado por fuerzas contradictorias que se complementan. Todo lo que existe tiene su contrario, su contrapunto, y en este orden de cosas la muerte es la gran paradoja porque también es generadora de vida.

Cuando pienso en la muerte nace en mi interior un amor a la vida arrebatador; es entonces cuando realmente tomo conciencia del milagro de vivir. Por eso este sentimiento tan fuerte, esta paradoja tan potente, está siempre presente en mi obra, y en este libro ha dado lugar a muchos poemas, sobre todo en la última parte: La mirada de Cronos, pero también en las otras dos: El espíritu de Gea y Atenea y las Musas.

La mitología está muy presente en tu obra. En mi opinión, supone una enriquecedora aportación metafórica.

Me atrae desde siempre. No sé cuándo empezó en mí ese interés, pero fue muy tempranamente. Primero, leyendo La Ilíada y La Odisea, La Eneida, La metamorfosis de Ovidio, etc.; después, las tragedias de Sófocles y Eurípides y a los poetas latinos. Por supuesto, aprendí a amar el mundo griego estudiando filosofía.

Lo cierto es que pronto descubrí que la mitología está presente en todas las artes y disciplinas. Cuando viajas te das cuenta, cada vez que visitas un monumento arqueológico, un museo o a una galería de arte, que todos los artistas se han inspirado y se siguen inspirando en ella.

Creo que la mitología es un mundo fascinante e infinito, creatividad en estado puro; la muestra más clara de que la humanidad siempre ha necesitado la imaginación para sobrevivir.

Aunque obviamente he profundizado mucho más en la grecolatina, que es la que ha conformado nuestra civilización, la que está en nuestros orígenes y la que me ayuda a expresar multitud de inquietudes y sentimientos, lo cierto es que me interesa la mitología en general. Creo que, además de fuente de inspiración, nos ayuda a conocernos y a unirnos como especie.

En el poema titulado El mundo, que dedicas a Emily Dickinson, es la poeta la que habla. ¿Cómo surgió este acontecimiento, tan intenso en su brevedad?

Surgió un verano que dediqué, entre otras cosas, a releer a Emily Dickinson, una de mis poetas de cabecera. Tenía la mente llena de sus imágenes, de su compleja sencillez, de su hermética transparencia, de su profundo amor por la naturaleza y por el mundo (sobre el que reflexionó con una gran penetración sin apenas salir de su habitación). Y me pareció que ella me instaba a escuchar la voz de lo auténtico, de lo que nos rodea con humildad y contiene la esencia de la vida, de todo lo realmente importante que nos pasa desapercibido, enredados como estamos en absurdos y alienantes quehaceres. Me sentía impregnada de ella y por eso decidí dedicarle el poema.

¿Añadirías algún nombre más a esa lista de escritores y escritoras que te acompañan?

A los clásicos que he mencionado antes vuelvo con asiduidad pero, como ya he dicho, siempre estoy buscando. Mi curiosidad intelectual crece con los años, quizá por ser consciente de esa finitud, de esa fecha de caducidad que nos atormenta, como atormentaba a los replicantes de la maravillosa película Blade Runner. Necesito encontrar nuevos tesoros y siempre los encuentro, de hecho, abundan por todas partes, solo hay que saber mirar, buscar en los lugares adecuados y estar alerta. A veces una lectura me lleva a otra, o sigo las recomendaciones de mis amigas y amigos. Como dije en una entrevista anterior, leo a escritores y escritoras de mi entorno, sobre todo de Orihuela y de Murcia. Sigo sus publicaciones, nos vemos a menudo e intercambiamos conocimientos y amistad, por lo que no faltan las ocasiones de aprender, de retroalimentarnos mutuamente.

En poesía releo a menudo a Sylvia Plath, a Ted Hughes (la mítica pareja) y a Anne Sexton, y últimamente he leído con entusiasmo a Sharon Olds, Louise Glück y algo de Mary Oliver (hay poco traducido), a las que llegué a través de los Pulitzer de poesía. También me emocionó descubrir a Alice Munro –creo que fue a raíz de un artículo de Elvira Lindo-, unos años antes de que le fuese concedido el Nobel. Escribí varias reseñas apasionadas sobre ella cuando aún no era muy conocida y lo mismo me sucedió con Flannery O´Connor, Medardo Fraile, Richard Ford o Lucía Berlín, grandes cuentistas que he ido descubriendo gracias a mi predilección por el género del relato.

Another Earth es un poema extremadamente cósmico. ¿En qué instante sentiste dentro de ti la explosión de una supernova de sangre?

Ese poema está inspirado en la película Another Earth (Mike Cahill, 2011),  igual que Un viento salvaje lo está en la canción Salvaje es el viento versionada magníficamente por Nina Simone y David Bowie, artistas homenajeados en ese poema.

Y si la canción me interesa porque habla del poder regenerador del amor, la película me inspiró porque reflexiona sobre el dolor y la muerte, también como potencias que impulsan la vida.

Es una película ambientada en el futuro y la protagonista es una chica recién graduada en astrofísica que, al inicio de la película, comete un error fatal que arruinará su vida; una tragedia que la hunde pero no la vence y que la llevará a luchar sin descanso buscando el modo de reparar lo irreparable. Como soy una apasionada del cine, entendido como séptimo arte y en todos sus géneros, descubrí esta obra de cine independiente y bajo presupuesto y me impresionó por su profundo humanismo y por su interesante reflexión sobre nuestra conexión con el Tiempo y el Universo. Temas que también forman parte de mi poética.

De todo eso y de la identificación con la protagonista nació un poema que habla de una persona en crisis, una mujer que siente que su vida está rota, pero que no se da por vencida. Su sufrimiento la impulsa a luchar para alcanzar la expiación.

Las metáforas cósmicas me llegaron enseguida a través de la película y además eran las que más se acercaban a lo que quería transmitir. Porque cuando sufres una pérdida terrible, el dolor es tan fuerte que sientes que algo explota dentro de ti y llega hasta el universo.

¿Cualquier manifestación puede conducir a un acto creativo?

Sí, absolutamente todo. Todo lo que me rodea, todo lo que forma parte de mí me resulta inspirador. La vida, las personas, el arte, la cultura, la mitología en general y, especialmente, la grecolatina. Y por supuesto la Naturaleza. Porque somos naturaleza, y también seres cósmicos y misteriosos.

Como dice Annie Dillard, una escritora que acabo de descubrir gracias a José Luis Zerón, gran amigo y poeta: “Nuestra vida es una tenue traza sobre la superficie del misterio”. Y de ese misterio nace la poesía, que yo identifico con la fuente ignota de la vida en el poema Escucha y con un universo en expansión al inicio de Another Earth.

Y es que una vez que lanzas al mundo un poema y alguien lo interpreta, te das cuenta de que siempre ha estado vivo, presto a transformarse. Creas en él un universo que nunca está terminado y que otros al leerlo, al imaginarlo y recrearlo, se encargan de expandir.

¿Qué sientes al concluir un poema?

En primer lugar, una paz interior, un estado de bienestar y sosiego, una alegría que es el eco del chute de adrenalina, de la dopamina que se libera durante y después del proceso creativo. Pero este estado dura poco. Enseguida retorna la incertidumbre de no saber si la poesía volverá a llamarte; y cuando regresan las Musas traen con ellas la alegría, pero también el desasosiego, la duda de si serás capaz de crear algo bello, algo que se acerque a lo que sientes y quieres transmitir, algo de lo que puedas estar honestamente orgullosa.

A mí me cuesta mucho sentirme satisfecha, por eso no tenía prisa por publicar, más bien sentía y sigo sintiendo el apremio de continuar aprendiendo. Aunque también he comprendido que los poemas pertenecen al mundo, y que no sirven de nada escondidos en un cajón. Por eso he decidido compartir, desprenderme –como dicen los versos del poema que cierra el libro- y el año próximo publicaré Huellas en el paraíso, un poemario que tengo terminado, y quizá me anime después a sacar un libro de relatos que también guardo en el cajón.

¿Ha llegado el momento de vivir?

Quise terminar el poemario con unos versos que son un recordatorio, con un poema que me recuerda lo que no quiero ni debo olvidar. Creo que siempre es el momento de vivir, de abrir los ojos a todo lo que nos rodea y de exprimirnos, como decía Alberti.

La vida se renueva constantemente y nosotros no podemos quedarnos estancados. Tenemos que aprender a vivir continuamente, adaptándonos a las nuevas situaciones, celebrando los dones que nos vamos encontrando en el camino y entregando lo que tenemos, nuestros frutos. No concibo otra forma de estar viva.

Acabo de terminar de leer el maravilloso ensayo Una temporada en Tinker Creek, de Annie Dillard, la autora antes mencionada, y al acabar la lectura, además de quedarme totalmente fascinada por una autora en estado de gracia, capaz de asombrarte en cada una de las páginas que escribe, me ha quedado claro que en nuestro mundo: “(…) la libertad cultiva la belleza y el horror en la misma rama viva.” Y: “(…) es la muerte quien hace girar el globo”, utilizando sus palabras.

Un libro inolvidable que me ha hecho más consciente, si cabe, del milagro, del regalo que supone la Vida.

Y termino con unos versos del poema Heridas, que dedico a Frida Khalo y Ada Soriano y que creo que recogen casi todo lo que hemos hablado.

(…)

Ante la mirada conmovida de los dioses

la Moira corta los hilos.

Pero nada termina.

La fuente nunca se agota.

Ofelia resplandece de vida

en un río que no cesa.

Ada Soriano, julio 2018.

Ada Soriano

Poeta y escritora. Nacida en Orihuela el 30 de diciembre de 1963. Codirectora de la revista de creación literaria Empireuma y colaboradora de la revista socio-cultural La Lucerna. Es autora de dos plaquetas y seis libros de poesía. Colabora en MUNDIARIO.

Entrevista a Cleofé Campuzano por Ada Soriano

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Cleofé Campuzano: “Mi poesía es un fuerte compromiso con el yo y con el mundo”

La emancipación del pensamiento en el poema es mi herramienta para acercarme a la realidad e intentar comprenderla”

Cleofé Campuzano nació en Murcia en 1986. Es poeta y educadora de museos. Inició sus estudios universitarios en Filología Hispánica y, posteriormente, se graduó en Educación Social, especializándose en la vertiente sociocultural. Es Máster en Antropología social y cultural por la Universidad de Murcia y también en museos, educación y comunicación por la Universidad de Zaragoza.

Ha colaborado en diversos medios con trabajos científicos y reseñas, además de haber participado en revistas de poesía como La Galla Ciencia, Empireuma y El coloquio de los perros. En la actualidad divide su tiempo entre investigaciones sobre patrimonio y educación, poesía y el comisariado pedagógico del arte.

Cleofé no tiene prisa por publicar, ya que es consciente de que la poesía, al igual que el río, sigue su cauce. Por tanto, creo que ha sabido escoger el momento adecuado para dar a conocer su primer libro de poemas que lleva por título El ocho de las abejas (Devenir, Madrid, 2018) que, con tanto afecto, dedica a sus padres y a su hermano.

Advierte José Luis Zerón en el comienzo del prólogo que este libro: “no admite lecturas superficiales y unívocas, es decir, no resultará fácil a aquellos lectores no avezados que solo captan lo evidente. (…) su estilo definido surge de la emoción y el cálculo, de la sensibilidad y la inteligencia, de la unión de irracionalidad y raciocinio que García Lorca llamaba gracia y esfuerzo.”

Yo, después de haber leído El ocho de las abejas con verdadero interés, suscribo las palabras del prologuista e invito a los lectores a que indaguen en esta lírica lúcida y profunda.

Cleofé, pienso que en un libro el título es fundamental. El que tú has escogido, El ocho de las abejas, es muy sugerente.

Me pareció que encajaba en el recorrido vital que en 29 años había experimentado. Toda su simbología, que más adelante detallo, está impregnada por una diálisis inacabada. Siempre me acerco a la escritura con sumo respeto y humildad. No creo que haga nada extraordinario, considerando que, a día de hoy, todos tenemos un acceso al proceso de escritura sin precedentes con la comunicación tecnológica. Precisamente por este motivo, siendo consciente de lo que tiene de cotidiano en nuestras vidas, intento acercarme a ella con el respeto que merece, escapando de lo banal y haciendo que tenga un valor de profundidad buscada y consciente. Por otro lado, siempre tomo la realidad como aquello que por su complejidad no puedo comprender en totalidad, pero sí puedo aproximarme y en este ejercicio de aproximación y alejamiento, me resitúo.

A pesar de su carácter unitario, el poemario está dividido en tres secciones. ¿Qué te indujo a estructurarlo de esta manera?

Las secciones representan, a modo de símil retórico, las secuencias naturales que experimentamos ante cualquier situación vital. En un primer momento, las cosas nos vienen como algo externo que parece limitar nuestro control y que parece estar siempre presente sea cual sea el tiempo o la época en la que vivamos. Sabemos que hay cosas del entorno sobre las que no tenemos manera de intervenir: La eternidad que vive en los tejados; después, tenemos tendencia a desaparecer, desterritorializarnos para, con pausa y reflexión, volver a la situación planteada: Por fin la rueda encuentra reposo. En última instancia y con carácter elíptico, problematizamos la realidad para buscar su significado y en el mejor de los casos, nos mimetizamos con ella para darle respuesta: ocho, mímesis, abejas…

Desde Tolstói a Celan, las citas encajan perfectamente en tu obra. ¿Preocupación por la muerte o asimilación de la misma?

Las dos cosas. Tengo miedo a la muerte pero también soy consciente de que ella nos conforma. Me preocupa mucho más ver como la muerte afecta mi entorno, cómo las cosas van muriendo con el tiempo hasta desaparecer; pero, sobre todo, a lo que más temo es a la muerte de mis seres queridos. También creo que naturalizar la muerte revierte en una valoración especial de la vida. Lo antagónico es necesario para la existencia. No sería posible la vida sin la muerte. Entonces: ¿cómo entender la vida evitándola? Me gusta la manera en la que Bousoño ha tratado la muerte en toda su obra; para él, la realidad invadida desde la muerte es más realidad consciente. Seguramente hay algo subyacente a esta idea en los poemas de El ocho de las abejas.

¿La esperanza es un difunto más?

Sí, la esperanza siempre se mantiene como algo adormecido, aletargado e inexistente, hasta que en un momento determinado toma forma casi como un milagro. La esperanza es un difunto más / cuando nada de lo que se es / cuando nada de los que se tiene / de lo que se pretende nos ama (“Arbitrio”). Por eso es que, en esta latencia, hay una frustración ante la convención, una sensación de insatisfacción, de no poder alcanzar los objetivos vitales, las metas. Siempre he tenido la percepción de que la esperanza existe en esta extraña condición de presencia ocasional. Tal vez se signifique en el opuesto de su ausencia y sea el motor de fe que nos permite avanzar.

Tu poema, Sitios en nombres propios, al igual que otros, contiene una carga de desasosiego que resulta conmovedora. Dices que llevamos la incertidumbre en la heredad.

Este poema es paradigmático para mí. Refleja la idea de la deriva personal en la deriva del mundo y retroalimentada por ella. Pero al mismo tiempo es también la lucha entre la imposición social de aquello que debes ser y la dimensión no programada que integra todas las otras posibilidades de ser uno mismo, todas las líneas de fuga que se nos presentan veladas. Y su vivencia llega a convertirse en una persecución que persiste a pesar de ser consciente de este diálogo eterno entre imposición y libertad:

Pues yo me he preguntado tantas veces

si existe un sitio para cada uno;

detrás de cada sufrir encanecido

surge esta persecución.

(“Sitios en nombres propios”)

La emancipación del pensamiento en el poema es mi herramienta para acercarme a la realidad e intentar comprenderla.

¿Qué relación estableces entre la vida de las abejas y la de los seres humanos?

Siempre me ha fascinado, cómo en el ámbito de la lingüística y la Antropología se explica el sistema de comunicación de la abeja como antitético completamente al humano. La abeja hace un recorrido perfecto que viene determinado genéticamente y que no ha de aprender (y además lo hace registrando una especie de círculos que vienen a describir lo que sería un ocho o el signo infinito). Se comunican hasta el final de sus vidas de esta manera ya predeterminada. Sin embargo, el ser humano vaga desde el principio teniendo que aprender a comunicarse con su entorno y consigo mismo desde la experiencia y en caída libre a su sino. El libro viene a reunir una serie de poemas que hablan de ese aprendizaje experiencial, trazando un ocho nuevo -no predeterminado- que engarza con la vida y la muerte, en el que éstas transcurren sucesivas en cada momento de caída y remonte de la luz. La complejidad aparente comporta la sencillez de sobrevivir, la necesidad de continuar contra el destino indescifrable y apelando a la voluntad de construir el itinerario propio que nos obliga a estar vivos.

La abeja, como apunta en el prólogo José Luis Zerón, es símbolo de abundancia, lirismo y conocimiento, entre otras virtudes. ¿Cómo se refleja todo esto en tus poemas?

Recogiendo todos estos referentes que Jose Luis Zerón ilustra magníficamente en el prólogo, la abeja representa para mí todo el caudal de aprendizajes vitales que conforman nuestra identidad y generan nuestro relato individual. Haciendo un símil con su vuelo podemos entender como esta realidad supone una diálisis continua entre lo que el mundo nos da y lo que nosotros le ofrecemos a él. La insatisfacción con lo que está creado y con lo que creamos. Ir y volver a la incompletud. Hay un fuerte compromiso con el yo y con el mundo y su rastro está presente en todo el poemario, pero concretamente se hace más visible en Arbitrio y en Deber…

Teniendo en cuenta que se trata de tu primer poemario publicado, ¿qué satisfacciones te ha reportado?

La idea de resignificar con el otro, de ser con los demás, y de contribuir de alguna manera al conocimiento, desde una humilde posición. La autoconsciencia de exposición de una intimidad y cosmovisión personal abierta a la crítica, positiva o negativa. Para mí, la poesía es ruptura con lo establecido, es liberación del pensamiento, es experimentación en un sentido contestatario con la realidad. Y esta poesía del pensamiento ha visto la luz con la publicación de un libro, generando su propio recorrido, un recorrido que nace de mí pero que gana la autonomía de ser una entidad diferente. Es una sensación especial en lo que tiene de extraordinario no haberla tenido anteriormente; es la réplica, supongo, a un vacío que siempre me ha acompañado desde la infancia. Pero no un vacío de amor, éste nunca lo he sentido; tengo la suerte de haber nacido y crecido en una familia que ha dado todo por mí y que me ha procurado bienestar y apoyo. Hablo de otro tipo de vacío de origen desconocido al que solo puedo interpelar y transformar con el pensamiento y la escritura, tal y como expresa el poema De los vacíos indóciles:

Pienso en la orografía de un límite

queriendo terminarse y

no creo que haya nadie que controle

su disolución.

Concluyes el libro con un poema denso titulado Progresión que, por ser tan elíptico, a mí me ofrece diferentes interpretaciones. En cualquier caso, me transmite optimismo.

Efectivamente ofrece diferentes lecturas, pero tu percepción encaja con lo que yo sentí escribiéndolo. El peregrino tiene el bagaje de su experiencia y no conoce el porvenir, aunque sabe que lleva consigo la visión de campo que le permitirá aceptar con dignidad el futuro, a pesar de todo. Por eso, está colocado como cierre, precisamente por su carácter aperturista, es un cierre ficticio porque de él se infiere la idea de direccionalidad inacabada y cuestionante ante lo desconocido.

¿Podríamos hablar de la gestación de un nuevo poemario?

El poemario vital, mi propia narrativa, se va componiendo de forma fragmentada en mi día a día. Ahora mismo, estoy disfrutando de la experiencia de esta primera publicación. La idea de saber que algo que he creado tiene su propio recorrido, al margen de que sea buena o mala esta aportación, no deja de ser una comunicación del yo que se comparte con el mundo y, en este sentido, exige un ejercicio de responsabilidad y de reflexión crítica. No tengo prisa para la publicación, ni prisa para la creación. Todas las cosas van encontrando su lugar en este ocho sincrético, compuesto por el destino y la capacidad de decidir.

Gracias, Ada, por tu generosidad.

Cleofé Campuzano

Ada Soriano

Ada Soriano

Poeta y escritora. Nacida en Orihuela el 30 de diciembre de 1963. Codirectora de la revista de creación literaria Empireuma y colaboradora de la revista socio-cultural La Lucerna. Es autora de dos plaquetas y seis libros de poesía. Colabora en MUNDIARIO.

 

 

La Dignidad de la palabra 3. Eloy Sánchez Rosillo, en Diario de Alicante por José Manuel Sanrodri

Vídeo

https://diariodealicante.net/eloy-sanchez-rosillo-no-por-el-hecho-de-publicar-libros-y-escribir-poemas-va-a-ser-uno-un-poeta/

Eloy Sánchez Rosillo: “No por el hecho de publicar libros y escribir poemas va a ser uno un poeta”

“Las cosas como fueron” es una recopilación de cuarenta y tres años de poesía de un poeta que desde que en 1977 ganase el Premio Adonais con su libro “Maneras de estar solo” no ha dejado de seguir publicando

Sánchez Rosillo Diario de Alicante
Josep Manel Sánchez

“Me he perdido en el tiempo. Avanzo y retrocedo,/ y no consigo asir las formas puras/ del asistir en las que me apoyaba/ cuando era firme el mundo y las cosas tenían / principio y fin, definición, contornos. Estos versos son parte de una poesía titulada “Desde Aquí”, del poeta murciano Eloy Sánchez Rosillo, que fue publicada en el poemario “La Vida” en el año 1996 y que ahora, vuelve a recopilarse en un libro bajo el título “Las cosas como fueron”. Sánchez Rosillo no es la primera vez que viene a la provincia alicantina y concretamente a Elche, no obstante, tiene buenos amigos que viven en la ciudad ilicitana como el poeta Antonio Moreno. El portavoz de Frutos del Tiempo, Carlos Cebrián, destacó la luz, como una de las particularidades del poeta murciano, cuya poesía luminosa celebra la vida. “Para escribir poesía, un poeta tiene que estar atento, mirar y escuchar, que esa es la forma de escribir poesía”, así citó Cebrían, unas palabras de Sánchez Rosillo que una vez también le dijo el poeta manchego José Corredor-Matheos. A Sánchez Rosillo no le gustan los falsos poetas, aquellos que realizan versos retorcidos y cuya poesía no se llega a entender. Los asistentes al Gran Teatro de Elche pudieron disfrutar de la lectura comentada y anecdótica de los poemas del propio autor.

Eloy Sánchez Rosillo Diario de Alicante
Josep Manel Sanchez

¿Cuál es la clave para ser un gran poeta?

No por el hecho de publicar libros y escribir poemas va a ser uno un poeta, eso lo tiene que decir el futuro, mi aspiración máxima en la vida ha sido esa y en eso he estado centrado casi siempre.

¿Qué autores tiene como referencia?

En cuanto a los autores, cualquier poeta y más si tienen una cierta edad como yo, pues son tantísimos, que sería imposible mencionar alguno. Serían los grandes poetas que todo el mundo tiene como referencia, aquellos que han existido antes de que yo empezara a escribir y que he tenido y tendré siempre como maestros. Empezando desde Homero, que es uno de mis poetas preferidos y uno de los más antiguos de nuestra tradición, ya que tiene casi tres mil años, pero a mi, me parece el más joven de todos.

Siendo profesor de literatura, ¿tiene tiempo para compaginar sus clases con lo que más le gusta que es escribir poesía?

Si, por supuesto. Lo primero es que las clases en la universidad es un trabajo que a mi me interesa también. Yo soy profesor de Literatura Española y digamos que hablo de lo poco que me gusta cierta literatura y por eso, son tan gratas las clases realmente. Mejor sería tener un trabajo que no tuviera nada que ver con la literatura, pero tampoco es un trabajo fatigoso es más bien una tarea grata.

Eloy Sánchez Rosillo Diario de Alicante
Josep Manel Sánchez

En los años 90, exactamente en 1992, realizó un libro de ensayo titulado “La fuerza del destino”, que fue precisamente su tesis doctoral que hizo para la Universidad de Murcia, ¿las expectativas de aquel libro fueron las que esperaba?

Bueno, la tesis doctoral es un trabajo siempre como de investigación, aunque no soy nada investigador, uno de mis poetas preferidos contemporáneos españoles es Luis Cernuda y entonces lo que hice fue leerlo profundamente, escribí un poco sobre su vida, sobre su obra y así surgió ese libro.

En 2015 publicó su último poemario “Quien lo diría” que lo editó Tusquets Editores, siendo el último poemario, ¿qué podría decir de él?

Es considerado un libro independiente o exento y muy cercano a mi yo actual. Lo que pretendo siempre con mis poemas, que es la máxima aspiración que tiene un poeta, es lograr con ellos (con mis poemas), que quien los lea pues participe de las emociones y de la visión del mundo que yo expreso en esos versos. Lo máximo sería que alguno de esos poemas lograra emocionar al lector, si no hay emoción, para mi no hay poesía, es decir, un poema que al lector lo deja indiferente que se queda igual después de leerlo que antes de leerlo, dejándolo con el mismo estado de ánimo, a mi me parece que deja de tener interés.

De los 11 poemarios publicados, ¿de cuál de ellos guarda un recuerdo especial y por qué?

Libros independientes he publicado diez, lo que pasa es que claro, he publicado muchos mas si tienes en cuenta las antologías y las reuniones de poesía completa serían algunos más. Y a todos los poemarios les tengo estima, porque ellos me han hecho ser este ser humano que soy, es decir, si yo me hubiera dedicado a otra cosa pues lógicamente no sería como soy, me llamaría igual, pero seria de otra manera. Ellos me han ido haciendo a mí, en vez de hacerlos yo a ellos y les tengo gratitud por eso. A todos en su momento, me parecían que reunían algunas cosas que quizás pudieran tener algún interés y por eso los publiqué. Pero no tengo preferencia por ninguno de ellos sinceramente. Por eso la recopilación de esos diez poemarios publicados hasta la fecha están en este libro “Las cosas como fueron”, no es una antología si no una poesía completa, es decir, una reunión de todos los libros que he publicado y además, hay alguna poesía inédita que están al final del libro que he decidido añadir.

Sánchez Rosillo Diario de Alicante
Josep Manel Sánchez

Se dice que el poeta es como un pintor, que una vez que ha hecho una obra luego con el tiempo vuelve a modificarla, ¿usted lo ha hecho con algún poema?

Sí, lo he hecho con muchos. La obra que uno va haciendo no es algo inamovible, ni es algo que pertenezca al pasado porque ya la hayamos publicado, si no que, forma parte de nuestro presente. Siempre que tengo ocasión de hacer alguna antología o alguna recopilación amplia o una poesía completa como ahora mismo, aprovecho para hacer las modificaciones, las correcciones y las enmiendas que estimo oportunas. Es como cuando uno lleva viviendo mucho tiempo en una casa, pues cada equis tiempo o cada diez años hay que pintar las paredes, hay que remendar alguna cosa…, pues eso es lo que hago yo cuando puedo.

Usted cree que la poesía es para un gran número de lectores o más bien para una minoría, ¿qué nos podría decir al respecto?

Todo lo que es literatura seria y autentica no es nunca para multitudes, otra cosa son los best sellers, pero la literatura que uno hace con autenticidad y que habla de temas profundos o de temas que no son de evasión, nunca arrastra a las multitudes esa es la verdad. Ocurre esto porque el ser humano no tiene siempre el deseo de enfrentarse consigo mismo y con esos problemas hondos del vivir, si no que, prefiere evadirse y entonces se va a fútbol o se compra una novela de esas de evasión. La poesía, la pintura o la música verdadera nunca arrastran a masas inmensas de personas.

Como profesor de literatura, ¿considera que la poesía es una parte importante dentro de la literatura o siempre se ha tenido un poco al margen y poco reconocida?

Creo que todo lo que merece la pena en literatura es poesía, todo lo que merece la pena en pintura es poesía, todo lo que merece la pena en música es poesía, cada uno de esas artes o géneros se expresan de una manera, unos lo hacen con un pincel, otros con unas notas que tienen sus pentagramas, otros con unas palabras pero siempre vas a desembocar en el mismo lugar, todo lo que no esté impregnado de poesía no tiene verdadero interés. Impregnado de poesía en el sentido en que los griegos usaban ese término, de creación, de consideración de las cosas importantes del vivir y del mundo, todo tiene que estar impregnado por ese impulso de la poesía, si no, no tiene interés.

Con respecto a los acontecimientos actuales que ocurren en España, ¿cree que para un poeta es una buena forma de hacer visible lo invisible?

Los hechos que suceden no tiene nada que ver con la poesía, aunque un poeta satírico si podría hacer poesía de ello. Un ejemplo sería Valle-Inclán en sus esperpentos pues podría hablar muy bien de estos acontecimientos como lo de Cataluña, como lo de la Comunidad de Madrid o la universidad española implicada en estos asuntos, es decir, es una situación esperpéntica, pero casi siempre en España ha sido así. De todas formas, yo creo que España a pesar de todo lo que le ocurre, es un país que está vivo y merece la pena, lo que pasa es que tenemos también este cerrilismo, esta cosa esperpéntica que siempre estará ahí.

La Dignidad de la palabra 3. Eloy Sánchez Rosillo en loblanc.info, por Juan León Fabrellas

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ELOY SÁNCHEZ ROSILLO: “TODOS LOS POEMAS SON DE AMOR O NO SON POEMAS”

Eloy Sánchez Rosillo: “Todos los poemas son de amor o no son poemas”

El ciclo literario “La dignidad de la palabra”, organizado por la Asociación Frutos del Tiempo y la concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Elche, retomó su rutina de actividades con la presencia de Eloy Sánchez Rosillo en el Gran Teatro tras las festividades pascuales . Unos días destinados al recogimiento y la meditación que se vieron alterados de forma sustancial por las noticias que nos hablaban de políticos afectados por el ataque del virus de la titulitis, ministros de ¿educación y cultura? cantando “Soy el novio de la muerte”, vicisitudes varias de políticos presos y/o exiliados, hijos de Dios derribados por semáforos y un tiempo atmosférico absurdamente caprichoso.

Menos mal que la Cultura, más tarde o más temprano, retorna para congraciarnos con la vida. Así, de forma consecutiva este redactor pudo disfrutar el pasado sábado 7 de abril de la magnífica obra “El cartógrafo”, del dramaturgo Juan Mayorga, a quien merecidamente acaban de nombrar académico de la lengua. Para luego el jueves 12, escuchar a uno de los poetas más importantes del panorama literario español, Eloy Sánchez Rosillo.

Se trata de un poeta muy cercano, no solo porque sea de Murcia, así que la charla recital le cogía a mano. Sino porque es un escritor que nos cuenta las cosas cotidianas que nos pasan a todos en la vida, solo que él las observa con el asombro de un adolescente sin edad. Sánchez Rosillo leyó una selección de poemas que recorrían toda su trayectoria, reunida ahora por Tusquets en “Las cosas como fueron. Poesía completa, 1974-2017”, a la par que fue comentado su evolución personal y el contexto en el que surgieron.

La poesía de asombrada celebración de la vida, con tintes elegíacos por la melancolía de la pérdida o la incertidumbre hacia el futuro, ha devenido en una poesía muy reposada que acepta que la vida nos da siempre más de lo que podemos abarcar. Así, el poeta se complace de compartir con nosotros la maravilla de las cosas elementales y puras: la naturaleza, el amor, la llovizna, una vieja acacia, un cantarín jilguero, la luz del Mediterráneo…

Juan León Fabrellas, Helena Vilella, Eloy Sanchez Rosillo, Francisco Gómez y Juaquín Juan Penalva. Foto: José Manuel Sanrodi.

Juan León Fabrellas, Helena Vilella, Eloy Sanchez Rosillo, Francisco Gómez y Juaquín Juan Penalva. Foto: José Manuel Sanrodi.

Eloy Sánchez Rosillo nos avisa que la magia está en cualquier lado, por ejemplo, en la luz temblorosa que dibuja a través de un vaso de agua el rayo de sol que cae dulcemente a media tarde. Aquí tenéis la entrevista que le hicimos para LOBLANC:

“LA POESÍA, SI ES AUTÉNTICA, PUEDE AYUDARNOS A VIVIR EN LO VERDADERO”

Pregunta: Como poeta de larga trayectoria, ¿te consideras un trabajador de la palabra? ¿Crees que es necesario defender su dignidad en los tiempos que corren? ¿La belleza por sí sola nos dignifica?

Respuesta: Yo no soy en modo alguno un trabajador de la palabra, sino tal vez un poeta. Son cosas distintas. El poeta no es un trabajador como otro cualquiera, ni siquiera un artesano. Su arte no es propiamente un trabajo. Lo que entendemos como trabajo tiene por lo general algo de mecánico y de rutinario, de carga obligatoria.

La poesía es lo imprevisto, asombro, sueño e ilusión, aventura, lo contrario de lo que termina encalleciéndonos las manos y el alma por realizarse de forma reiterada e ineludible. Esto no quiere decir que el poeta no haya de tener voluntad y disciplina, horas largas de estar ante un papel o la pantalla de su ordenador. Pienso, por otro lado, que no es preciso defender la dignidad de la palabra poética ni la del poeta. Ambas resultan evidentes y se defienden por sí solas.

En una sociedad como la nuestra, en la que existen tantos ejemplos indudables de ignominia y degradación, la poesía y el poeta son ejemplos claros de dignidad para cualquier persona de bien. Pero la belleza sin más no dignifica, ni es lo único a lo que el poeta debe aspirar. Decía Juan Ramón Jiménez que no hay estética sin ética; es decir, que la belleza ha de ir unida a la verdad para completarse y llegar a ser poesía genuina.

P: ¿Poeta por nacimiento o poeta por oficio? ¿Cómo trabajas el poema?

R: Poeta con oficio, pero, antes de eso —ojalá—, poeta de nacimiento. El oficio se le supone al poeta, igual que al carpintero o al albañil o al cirujano se les supone que han dedicado largo tiempo a aprender cómo se hace lo que ellos hacen. Nadie dice de sí mismo que es un maestro carpintero (ni será reconocido como tal) si no ha pasado muchos años en una carpintería con el lápiz en la oreja y la garlopa y demás útiles de su oficio en las manos. El oficio resulta indispensable, pero no debería entenderse como un mérito; es lo menos que debe poseer quien se dedica a una actividad. Uno no puede ser poeta si no ha aprendido la parte de oficio que tiene la poesía (aunque hoy existan muchos pretendidos poetas que piensan con insensatez que el oficio es un estorbo y una antigualla).

El oficio, que parece algo tan arduo y árido, lo va adquiriendo el poeta a lo largo de su vida sin darse ni cuenta. No hay que estudiar para aprenderlo; se va obteniendo en la frecuentación constante de la buena poesía, de los poetas que escribieron antes de nosotros, desde el principio de la cadena hasta ahora. El oficio, en suma, se adquiere; el talento para la poesía, no. El poema no se trabaja; nace ante la perplejidad del poeta, que lo ayuda a llegar al mundo y lo limpia con entrega y calma de las impurezas con las que todo lo que nace suele entrar en la vida.

P: Presentas “Las cosas como fueron. Poesía completa, 1974–2017”, la edición con la que Tusquets recopila todo tu trabajo. ¿Era el momento de hacer balance tras casi medio siglo de escritura poética? ¿Es el libro para pasar a la posteridad?

R: Hacer balance de vez en cuando es una actividad provechosa y necesaria. En la consideración pausada de lo ya realizado podemos aprender mucho. No hay que hacer balance, sin embargo, para relamerse con lo cosechado y dormirse en los laureles. En ese proceso conviene tratar de advertir con nitidez aciertos y errores (más que nada, estos últimos) y reunir fuerzas para seguir caminando con la ilusión de siempre.

A estas alturas de mi vida creo que no estaba mal el detenerme un poco, intentar poner las cosas en claro conmigo mismo y a continuación ofrecérselas al lector de la mejor manera posible. El hecho de que la edición anterior de “Las cosas como fueron” estuviera desde hace tiempo agotada proporcionó la ocasión.

Y no, yo no he publicado este libro, ni ninguno de los míos, para pasar a la posteridad. Esa pretensión no puede tenerla nadie en su sano juicio. Si uno escribe con autenticidad, lo hace por fatalidad, porque así debía ser desde el principio de los tiempos, y ni él ni nadie de sus contemporáneos puede saber si va a pasar o no a la posteridad. No podemos albergar en nuestro fuero interno semejante propósito.

Es legítimo que el poeta sueñe a veces con el tiempo venidero, acariciar la idea de estar en el futuro. Pero, sabiendo que lo que imagina es sólo un sueño y que ahí, por tanto, no hay nada asegurado. En realidad, la incertidumbre es, a este respecto, más hermosa que lo tangible y constatable, pues encierra aventura y riesgo no hechos consumados. Hay que apostar desinteresadamente, sin certeza de nada, aunque poniendo al tablero todo lo que poseamos, y después Dios dirá.

Eloy Sánchez Rosillo durante el Ciclo de Literatura "La dignidad de la palabra"

Eloy Sánchez Rosillo durante el Ciclo de Literatura “La dignidad de la palabra”

P: ¿Cómo fueron esas cosas de las que habla el título de tu libro?

R: Fueron “cosas de la vida”, según suele decirse. La poesía procede de la vida, ella misma es vida que se le agrega a la vida, no una imitación o un remedo de lo vivo. No se trata de algo construido, ensamblado o compuesto. Brota o nace de manera natural. En este sentido digo que los poemas son “cosas de la vida”, como un árbol o un río, un hombre y un caballo, una nube o una montaña. Ojalá pudiera afirmarse esto de alguno de los poemas que he escrito.

P: ¿Has mirado hacia atrás al preparar esta edición? ¿Has revisado o corregido tus poemas? ¿Asumes todo lo escrito?

R: He revisado a fondo toda mi obra y he corregido lo que, tras largas cavilaciones (esta labor no puede hacerse a la ligera), pensé que ganaría al ser enmendado. La obra propia, mientras que estemos vivos, no tiene por qué ser intocable; no pertenece al pasado, forma parte del presente, a mi juicio tenemos el derecho y la obligación de mejorarla en lo posible. Para revisar mis libros he tenido que mirar hacia atrás, desde luego. He ido hasta el principio en un largo viaje, he regresado más ligero y libre y muy dispuesto a seguir. Asumo cuanto he publicado, lo cual no quiere decir que me gusten por igual todos mis poemas. Pero lo hecho, hecho está.

No merece la pena escamotear nada u ocultarlo, ya que de ningún modo podremos conseguir que desaparezca lo que algún día se publicó. Pienso, además, que hay que colocar lo que menos nos guste en el lugar que le corresponda, junto al resto de la obra, para que así sea más difícil de localizar y quede más disimulado. El ocultar parte de lo que con anterioridad dimos a conocer es la mejor manera de señalarlo, de ponerlo de manifiesto.

P: ¿Qué temas te son más amables y cuáles más ingratos?

R: Para mí, como poeta, cualquier tema puede resultar interesante. Yo escribo de la vida, y la vida es inagotable. Debemos afrontar lo dulce y lo amargo. Un tema grato no le asegura a nadie un buen poema, un motivo ingrato o doloroso puede dar lugar a un poema impresionante. En un poema cabe cualquier cosa de la realidad, si se le encuentra sitio adecuado en el momento justo.

P: ¿Qué deseas que encuentren y sientan los lectores que se sumerjan en tu poesía completa? ¿Qué espacio quieres ocupar en su álbum de emociones?

R: Lo que yo querría es que los lectores encuentren en mi poesía verdad hermanada con la belleza, como diría Keats. E intensidad. El lector, al entrar en un poema, ha de sentir en su ser el zarandeo, y hasta el peligro, del viento fuerte y puro de la vida, como si estuviera en la proa de un barco que navega a toda máquina o se hallara en la cumbre de una montaña altísima.

El poema, a pesar de su armónica serenidad, no puede dejarnos indiferentes. Si no nos conmueve, sólo será una sandez grisácea o un jueguecillo más o menos colorido. La madre del cordero está en la emoción. El poeta, en contra de lo que a veces se dice, ha de escribir emocionado. Es testigo de un milagro que va surgiendo ante sus propios ojos y con su ayuda. La emoción, sin embargo, no ha de hacerle perder los papeles y desmelenarse, pues en tal estado no le resultaría posible ayudar al nacimiento del poema, recibirlo en la vida. Pero su tarea está reñida con la frialdad; si no escribe emocionado, le será imposible transmitirle emociones a nadie.

P: ¿Qué te ha dado la poesía? ¿Ha salido todo como soñabas cuando comenzaste a escribir de muy joven?

R: Ha salido mejor aún. Y no me refiero a la calidad de mis poemas, claro está (sobre este asunto no soy yo el que tiene que pronunciarse), sino al hecho de haber podido realizar una obra a lo largo del tiempo, de muchos años, sin desviarme nunca de mi camino. La poesía me ha dado una muy buena parte de lo mejor que tengo. Puede que la totalidad de lo que he hecho no sea más que una equivocación y que no valga para nada. Eso ya se verá.

Pero yo lo he escrito siempre, y ahora también, con el fervor maravilloso que se despertó en mí en la adolescencia, y ese fervor no es, no puede ser, un error. Me ha sostenido y me ha proporcionado ocupación hermosa e ilusión a lo largo de mi vida entera. Esta suerte no la tiene casi nadie. Soy, desde luego, un hombre muy afortunado y estoy por ello lleno de gratitud.

Portada "Las cosas como fueron" de Eloy Sánchez Rosillo. Ediciones Tusquets

Portada “Las cosas como fueron” de Eloy Sánchez Rosillo. Editores Tusquets

P: ¿Cómo es tu relación con la inspiración poética? ¿La buscas o te encuentra?

R: La inspiración te encuentra, pero tú debes estar esperándola. Si te distraes, no acude o no adviertes que llega. Hay que tener la conciencia de la labor pendiente, estar atento las veinticuatro horas del día, aunque a veces haya largos períodos en que no hagas nada. Quizá en los momentos de sequía es cuando más debes ansiar que la inspiración se te acerque, para hacerte merecedor de ella y que al fin acabe viniendo.

P: ¿Qué nos dice tu poesía de ti? ¿Qué le debes a la poesía como persona, como Eloy Sánchez Rosillo?

R: La actividad que uno ejerce configura a quien la lleva a cabo. Si yo hubiera sido un agente de cambio y bolsa contento de su trabajo o un probo corredor de seguros convencido de que eso era lo suyo, me llamaría también Eloy Sánchez Rosillo, pero sería otro sin duda. Es decir, que a la poesía le debo en gran parte mi visión del mundo, el ser como soy. Esto no quiere decir que el personaje que aparece en mis poemas sea idéntico a mi persona. Tal vez se parezca a mí, o coincida punto por punto conmigo, en mis momentos mejores, en mis momentos de serenidad, que es cuando escribo y cuando acaso veo con mayor claridad, pero durante el resto del tiempo uno y otro no somos ni mucho menos iguales. Yo soy, por lo general, un hombre muy poco sereno, nervioso en extremo, y lleno como cada cual de mezquindades y de contradicciones.

P: He leído entrevistas tuyas en las que te muestras muy crítico con la sociedad actual, ¿debe el poeta implicarse en el debate social? ¿Hasta dónde? ¿Puede servirnos de algo la poesía o solo es un refugio para náufragos?

R: He mencionado en esta entrevista lo que Keats afirmó con tanto acierto en un poema memorable: la belleza y la verdad son equivalentes. La poesía, si es auténtica, puede ayudarnos a vivir en lo verdadero, en lo fundamental y esencial, a enfocar con lucidez y rectitud no sólo los problemas más complejos y hondos del vivir, sino hasta las contingencias más cotidianas y superficiales.

El poeta, como ser humano que es, puede implicarse en el debate social y tiene el deber de procurar la justicia y el bien (principalmente en su entorno más próximo, sin irse por los cerros de Úbeda para “arreglar el mundo”). Pero como poeta sólo debe estar comprometido con la poesía, y no poner nunca a ésta al servicio de lo circunstancial o partidista. Quienes lo deseen pueden acercarse a la poesía y tratar de servirla y disfrutarla, pero la poesía misma, por su propia naturaleza, no puede servir los intereses particulares y puntuales de nadie. Esto creo que no tiene discusión, aunque haya sido discutido hasta la saciedad.

P: ¿Eres pesimista respecto al futuro de la cultura en general y de la poesía en particular?

R: Respecto al futuro de la cultura sí soy pesimista. Somos cada vez más globalmente analfabetos e inciviles, y lo malo es que la sociedad a la que hemos llegado les proporciona a los energúmenos armas fáciles de usar, muy poderosas y de mucho alcance. Pero respecto a la poesía, que no tiene nada que ver con la cultura, sino con la vida, soy optimista. “Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía”. Sin poesía, esa poesía que no sólo está en los libros, que se encuentra en el mundo, no es posible vivir ni un solo día. Todo se irá al garete si llega a extinguirse. Gracias a ella respiramos y tenemos espacios de intimidad y de aire puro en los que podemos sentirnos a salvo.

P: La poesía parece estar experimentando un periodo de efervescencia con nuevos y muy numerosos lectores, ¿crees que esta tendencia será un fenómeno pasajero o que se consolidará?

R: El estimar que estamos en un momento de efervescencia poética depende de lo que entendamos por poesía. No se puede pensar que cualquier cosa es poesía. Para mí no hay nada más que una, que puede presentar múltiples rostros, aunque resulta inequívoca en cualquiera de sus comparecencias. De ella he intentado hablar a lo largo de esta entrevista. Pero hay también muchos sucedáneos de poesía, muchas adulteraciones, tanto si tiramos por todo lo alto (la falsa poesía esteticista y abstrusa de los “exquisitos” y de los snob), como si descendemos a lo menos exigente y más a ras de tierra (la de los que se conforman con abaratamientos de lo verdadero; al rebajarla, la poesía se convierte en pacotilla).

P: ¿Qué te queda por hacer? ¿Qué te queda por decir, Eloy?

R: Todo está siempre por hacer y por decir, por más que uno haya intentado hacerlo y decirlo. Resulta imprescindible soñar con ir un poco más allá y no desfallecer. Hay que seguir en la brecha. La vida empieza cada día.

Luis Landero, 26 de abril. La Dignidad de la palabra 4.

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Luis Landero: “Yo empecé a enfermar de literatura a los catorce años”

“Mientras haya una minoría que lea, escribiremos”, asegura el extremeño ante la baja perspectiva lectora

http://www.laopiniondemurcia.es/cultura-sociedad/2018/02/22/empece-enfermar-literatura-catorce-anos/900020.html

 

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