Manuela, por Javier Cebrián

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(Texto leído por Javier Cebrián en la presentación de la novela “Eternamente Helena” de Manuela Maciá, el 16 de junio de 2010, en el Salón de Acos del CEU San Pablo de Elche)

 

Manuela, bonita, ya sabes, donde hayas pasado el verano, pasas el invierno. Y digo esto porque Manuela nunca está. La llamas y nunca sabes si contestará desde Mallorca o Cádiz o Berlín o Kyoto… de hecho hoy está aquí porque se lo ha permitido su agenda. Porque ha podido espaciar sus compromisos viajeros para conseguir, en medio de ellos, colocar la presentación de su novela.

Creo que envidio a Manuela desde el principio, desde 1985 aproximadamente, y no precisamente por sus viajes, por eso en absoluto, la envidio desde mi incapacidad literaria para la narrativa, el mero hecho de que alguien sea capaz de escribir una novela me parece asombroso, más aún si lo hace con la capacidad que lo hace mi amiga, con esa pulcritud, con su prosa limpia y transparente. Una prosa de los sentimientos como ella dice. Sí, envidiaba a Manuela en su día cuando la conocí y leí sus cuentos tempranos, cuando publicamos juntos en 1987 un libro de relatos junto a nuestra querida Isabel Beltrán, y la sigo envidiando ahora que el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert le publica ETERNAMENTE HELENA,

Eternamente Helena de Manuela Maciá editado por  IAC Juan Gil-Albert 2010

Eternamente Helena de Manuela Maciá editado por IAC Juan Gil-Albert 2010


 y entre otras cosas, también la envidio por eso… expresamente.

A mí me gustan mucho las citas, y citaré, para referirme al insufrible Cirilo Belmonte, personaje principal de la novela de Manuela, a WILLIAM S. MAUGHAM, quien dijo que “el amor más duradero es el amor no correspondido”. Pero, en quién te has inspirado, Manuela, pa retratar a alguien tan apocado, cobarde y sentimental, ¡joder!, menudo mamón y encima poeta y feo, vamos como casi todos nosotros, espero que no te hayas servido de tus amigos poetas para crear al tal Cirilo.

Además de envidiar a Manuela también la quiero, desde el principio, y la respeto y admiro como amiga y como escritora y he de decir que está muy guapa al natural y en la prensa, cómo mejoran algunas personas con la edad, ¿verdad querida? con lo feúcha que eras de jovencita.

JAVIER CEBRIÁN 16 de junio de 2010.

 

 

 

 

Invierno, por Francisco Gómez

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Ahora que se acerca el verano con su luz, calor, los días alargados hasta las nueve con su cenit en la noche de San Juan el 24 de junio, las conversaciones hasta últimas horas de la tarde en las terrazas de calles y plazas como rompeolas del ocio ante al tráfago y la competitividad inhumana, las vacaciones de los niños en el colegio y de los jóvenes en los institutos de la “city”, las ansiadas vacaciones para escapar fugazmente de la rutina diaria, los helados y horchatas, las escapadas a la playa o las estancias en el campo o en el apartamento en la mar hasta el futuro y lejanísimo septiembre, ahora mi corazón se está vistiendo de un invierno pavoroso, terrible, oscuro, incierto.
La vida me regala su racimo de vulgaridad y rutina diarias, la monotonía de los comportamientos repetitivos y mecánicos. Y asoman a mi vera un vacío de esperanzas que ya no sé si voy a llenar.
Veo a los demás y envidio (maldita palabra que detesto) su felicidad convencional enmascarada. ¿Ya nunca cumpliré los propósitos que me marqué? ¿Se está agotando el proyecto de mis días? ¿Hallaré algún día el huidizo pájaro de los instantes de alegría y felicidad?
Ahora en este invierno veraniego asoma el verdadero rostro del hombre estepario. Aquel que ignora hacia dónde le conducirá (si a algún lado le llevan) sus desgastados pasos, las interminables avenidas y calles desiertas de afecto y amor. Este es el invierno triste y el invierno tapona los trazos de luz que pugnan por entrar en mis costados.
Ya sé poco. Más bien nada. No sé si iniciará una etapa de autodestrucción sin retorno, que a nadie importará, ni a usted, por supuesto, estimado lector que ahora está leyendo. Miro adelante y sólo veo oscuridad, incógnitas vitales, misterio. Desierto. Silencio. Soledad.
Las tardes de los findes ya no se visten para un cine, una cena en el italiano o una escapada a la playa. Las tardes de los fines de semana son compañeras pobres de la desesperanza y el desencanto, esas señoritas tristes que deshilachan el vestido de la aurora. Como el poeta: “Mi corazón también espera hacia la luz y hacia la vida otro milagro de la primavera”, pero ya no lo veo nada claro.
Vivimos en un archipiélago de solitarios en colmena, el triunfo de internete, iphones, ipod, washap, móviles, chats, redes sociales, etc, etc, es el triunfo del mundo virtual ficticio, engañoso de las apariencias y la mentira.
Ejércitos de hombres y mujeres saldrán este invernoso verano a la conquista del amor en pubs, discotecas y chiringuitos playeros varios y la mayoría encontrarán (quien lo encuentre) el polvo ocasional y olvidadizo. Un instantáneo encuentro placentero sin recuerdo. La mayoría de las huestes volverán solas y derrotadas a sus cubícolos para lamerse en silencio sus heridas mientras seguirán chateando en internete, washeando a la búsqueda de sueños imposibles. Gentes escudadas en su desconfianza y sus desastres buscarán entre rostros y cuerpos a la persona deseada que tardará en aparecer o no llegará nunca. Y pasarán los días, pasarán las fiestas, pasarán las vacaciones y todos volverán a sus rutinas, a sus quehaceres, a sus desastres cotidianos tras el largo, solitario e hibernado estío.
Uno se prepara ya para el invierno de su vida, ahora que empieza el verano. El frío empieza en cada calle, en cada beso que no llega, en los abrazos imposibles. La derrota del hombre sentimental es un hecho observable.
Ha empezado el duro, terrible y largo invierno. Preparémonos para soportar el frío.

Silvio Rodríguez y la Cuba que ama, por Javier Puig

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SILVIO RODRIGUEZSilvio Rodríguez, en sus mejores canciones, con sencillez, ha logrado crear una música que es puro sentimiento, artística verdad. Sus textos han sido la carga fundamental de sus canciones, como en todo cantautor. En el documental de la serie Imprescindibles, de La 2, explica que primero compone la música con su guitarra y después le añade la letra. Esta, a pesar de ser críptica alguna vez, o incurrir en algunas soluciones muy libres, es muy comunicativa, ya sea porque toca muy certeramente la fibra sentimental o porque sabe cómo conectar con la sensibilidad popular, escribiendo poco menos que himnos. En este programa se recogen algunos fragmentos de las actuaciones gratuitas con las que, en los últimos tiempos, ha ido obsequiando a los habitantes de los barrios de La Habana. Son los barrios más pobres (la pretensión política de igualdad no llega a suprimir esos desniveles) y más desconocidos. El público baila sus canciones más animadas y las corea todas, en una especie de casi oficio religioso. Nada diferente de lo que ocurre en España con nuestros cantautores señeros. La identificación no se expresa necesariamente a un nivel político pero se intuye una imprescindible afinidad, un concepto de grupo que comparte sensibilidades, rebeldías y adhesiones, amor por unos sueños comunes, por modelos acogedores de sociedad. El público es joven y también entrado en años; es llano, como esa hermosa mezcla de color que se aprecia en ese país único, singular, que es Cuba.
Para Silvio Rodríguez, ser revolucionario es sentir que todo lo demás es mucho más importante que uno solo. El día que se sabe eso, se crece como ser humano. A la hora de cantar, él y los que lo escuchan, son más que ellos mismos. Con su voz quebradiza, casi femenina, los arreglos torpes, conecta con su pueblo, pero también, en los momentos en que esta música ha estado de moda, ha tenido éxito en otros países, como España. Con su aspecto de buen chico, vende la sencillez, la inocencia, la pureza creativa. La música es en él la vibración de la sensibilidad más cercana, impulso de singularidad y motivo de hermanamiento; un cauce para proyectarse, para vivir apasionadamente. Reconoce haber tenido mucha suerte. Ha alcanzado una de esas amplias conexiones que solo permite una exacta confluencia de lugar y de tiempo.
Su destino como músico no puede estar desligado de su posición ante el régimen político de su país. Se declara favorable al mismo, aunque reconoce algunos excesos al principio (la persecución de los homosexuales) y dice que suele exponer algunas críticas, aunque nos las concreta. En 1.997, Jaime Bayly le hace una entrevista que ahora yo encuentro en youtube. El escritor y periodista peruano se muestra amable pero capcioso, cordial pero incisivo, inquisitivo pero con prejuicios. Asisto a un Silvio Rodríguez acorralado por unas preguntas que lo sitúan solo ante el peligro de tener que defenderse de los ataques al controvertido régimen que impera en su país. Entrevistador y entrevistado no están en el mismo plató. El primero está en Miami y el segundo en México. Ambos se ven y se escuchan a través de unos monitores. Observo la gestualidad de Silvio, su lenguaje corporal, y, aunque no soy ningún experto, no parece que denote ninguna postura deshonesta. Con tiento, pero procurando no alejarse de la sinceridad, responde a una primera pregunta comprometida. Pero su respuesta no es satisfactoria como hubiera querido, no lo libera de una indagación profunda, sino que propicia una nueva pregunta tan difícil o más de responder, cuando se pretende aunar la lealtad y la honesta consecuencia. Y así, una y otra vez, en una entrevista corta, continuamente interrumpida por la campana de los anuncios, pero que se le debe hacer interminable al cantante, aunque logre prolongar un recíproco tono amistoso buscando una suavización en los golpes.
Desde luego, Silvio Rodríguez no es un político, ni un polemista. No lleva el discurso aprendido. Da la impresión de pensar sobre esas cuestiones por primera vez, o bien, que quiere ser tan honesto que, lo que hubiera pensado antes, ya no es válido para esta ocasión, porque es preciso renovar las ideas con las últimas informaciones, con el impacto de los últimos encuentros. Y sí, también pronuncia algunos argumentos consabidos, pero lo hace sin rotundidad. Nombra lo de David contra Goliat, aquello de que las limitaciones que padecen los cubanos no se darían si los dejaran vivir en paz. Esgrime que tienen que protegerse de quienes, desde fuera, quieren imponerles una forma de Estado no querida, beneficiosa solo para unos pocos. Y hace una confesión valiente: para él, Fidel es como un padre.
Es duro tener que defender a un país, a un colectivo. No me gustaría estar en su pellejo, a mí, que solo considero coherente pronunciarme sobre cuestiones muy concretas y no sobre generalidades que supuestamente debieran contenerme. En este caso, Silvio Rodríguez, con pocos recursos argumentativos, intenta justificar la pertinencia de una forma de Estado que no es la sacrosanta democracia. Pero se le entiende. Se le siente, porque lo que transmite es una aspiración fraternal basada en ideales de justicia. Aunque también una subordinación a una forma de paternidad: la del Estado. Y como cuando alguien ataca al padre, y el hijo se siente desorientado, llamado a la vez al cariño y a una verdad que se desea limpia, íntimamente verosímil, así vemos al cantante. No niega rotundamente la represión de la libertad expresiva que se le achaca al Estado cubano, pero la reconoce como un mal menor, un defecto omisible; apenas unos silencios oficiales que no afectan a la espontaneidad de los ciudadanos. Es la inoportuna e injusta denuncia de los críticos del régimen, con la que se pretende desfigurar una más amplia realidad admirable.
El orgullo de los revolucionarios cubanos es que, pese a sus inherentes defectos o limitaciones, su régimen preserva al pueblo del retorno de las oligarquías, de la plutocracia, es decir, del desembarco de la colonización norteamericana y del triunfal retorno de los laxos dominadores. En cuanto a la democracia, alegan, con verdad, que en ellas apenas hay capacidad de elección en muchos asuntos decisivos. En Cuba no se puede disentir del régimen totalizador mientras en las democracias occidentales sí, aunque nada fundamental, celosamente defendible por la clase dominante, resulte vulnerable. Lo que ocurre es que, de la realidad de ese país, apenas puede conocerse algo más que visiones cerrilmente antagónicas, la manipulación triple: la que hay dentro y la doble versión extranjera.
Alinearse con una propuesta política absolutista, seguirla hasta la ejecución de su imprecisable realidad, es asumir contradicciones, consentir lo indeseable si es parte de un todo que sirve para reducir al enemigo, para mantener expectativas. Es creer en la nebulosa que borra lo disímil integrando voluntades aproximadas. Los adalides de una ideología esperanzadora, no simplemente pragmática, pretenden la conversión de los indiferentes, la atenuación de los distintos, el despertar de los sumisos. Preguntado Silvio por esos numerosos cubanos que emigran a Estados Unidos buscando una vida mejor, contesta que le parece comprensible que haya quienes no se contenten con una vida austera. Así, los que se van, serían esos hombres y mujeres débiles, agitados por sus deseos banales. Los que se quedan serían los creyentes en una sociedad descontaminada de brutales egoísmos. Es la cándida idea del dictador paternal, de la sociedad homogeneizada en lo bondadoso.
Los muy probables méritos del régimen cubano, la posible justicia social, conviven con la represión de muchas libertades, la opresión de muchas conciencias, con el sectarismo, el adoctrinamiento, la propaganda. La idea – demasiado cierta hasta ahora, demasiado poco combatida con alternativas firmes pero no asfixiantes – es la de que, sin trabas tan contundentes, el constante porcentaje de seres humanos codiciosos restablecería la sociedad injusta. Así, desactivando los brotes inconvenientes, cortándolos de raíz, aunque se confundan las legítimas diferencias, se preserva a la sociedad del Mal Mayor. Es lo que, en esta entrevista, frente a un orondo Jaime Bayly, Silvio Rodríguez candorosamente quiere expresar, lejos de la clara emoción de sus canciones populares.

Duelo poético Katy Parra e Inma Pelegrín, en sumando voces

Vídeo

El 9-4-2014 se celebró en el Café Libertad de Madrid una excelente lectura poética, mano a mano, entre Katy Parra e Inma Pelegrín. Lo llamaron Duelo poético y fue un ejemplo de buena poesía. 

http://sumandovoces.blogspot.com.es/2014/04/duelo-poetico-entre-katy-parra-e-inma.html

 

Cuaderno de lecturas 5 y (II)

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pujol Cuadernos de escritura, Carlos Pujol http://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Pujol Pre.textos 2009cuaderno de escritura Hay, pues, dos usos del lenguaje, el tribal para decirlo como el poeta*, y el del escritor, que es único o no existe; y dos clases de verdad, la vivida y la imaginada, comunicándose incesantemente entre sí, pero con dos mundos distintos que se completan para iluminarse el uno al otro; lo inmediato y natural, y lo literario, alusivo y artificial (que viene de arte), lo que es por sí mismo y lo que hay que sacar de nuestras quimeras. * MALLARMÉ “Las palabras de la tribu”

pág 94

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Ser libre asusta, nos deja solos con nosotros mismos, y tienta la sumisión, como depender del éxito – vendo, luego existo – o, más grave aún, estar a merced del qué dirán, aunque no signifique más que palabras. ¿Compran o no compran, gusta o no gusta a los que al parecer entienden? Este ya es un oficio que se las trae, solo falta tener que desempeñarlo con encogimiento y servilismo. No hay que escribir para ser alguien, si no se es alguien, mejor que no  se escriba.

pág 104

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El que escribe, como recomienda Voltaire en su CÁNDIDO, que cultive su huerto, y si a la larga da calabazas, qué le vamos a hacer. El problema real no es nunca de mercado, sino de calidad de los productos.

pág 118

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Habría que abandonar los frutos de la literatura a su propia suerte, deseándoles lo mejor, pero dejando que vivan libremente su vida. En realidad el que escribe nunca está solo, siempre lleva dentro al “otro”, que como decía PROUST es el que sabe escribir de veras.

pág 120

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En un escritor nada más peligroso que la facilidad para escribir.

pág 131

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La literatura no se explica, como mucho se subraya.

pág 132

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Nunca aullar con los lobos, los que mandan corrompen toda literatura.

pág 133

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Según COCTEAU, “la poesía ha de ser invisible, esta es su elegancia”.

pág 134

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Vida de los poetas, irrespirables para mayor gloria de sí mismos.

pág 135

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Hay poetas que fabrican una lengua, un esperanto personal, otros extraen de la lengua común la música que les es propia.

pág 137

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Hay que tener la literatura a raya, no sea que nos devore.

Enséñate  a ti  mismo a fuerza de equivocarte ( a ser posible antes de publicar).

Hay que cerrar los ojos para ver mejor lo que se está escribiendo.

pág 139

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Publicar, claro, y enseguida olvidarse de lo publicado.

pág 144

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Escribir no para olvidarse de la vida, sino para vivir más.

Hacer literatura presupone estar más o menos chiflado.

No hay escritores del todo razonables.

pág 146

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