Soledad de alma de Francisco Alonso Ruiz

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LA NOCHE

coleccíon Lunara Poesía nº 15,  2001

coleccíon Lunara Poesía nº 15, 2001

 

Mi dolor es semejante a la noche.

 

¿No habéis sentido la desesperación de la noche

por llenarlo todo, por habitarlo todo

con su música

o con sus garras asesinas?

 

¿No habéis sentido cómo los cuerpos

se golpean contra la noche?

 

Todos quieren librarse del poder de la noche,Logo Lunara 2

del dominio viscoso de su sábana oscura

rodeándolo todo, como inmensa muerte.

 

Mi dolor es compañero en la lucha

de la noche contra sí mismo,

es un triste leopardo que me araña los ojos,

que derrama mi sangra viva como una fuente.

 

Hay otros animales dentro de mí

pero nada temo más que la oscuridad

de la noche,

como el animal más terrible y desconocido.

 

EPÍLOGO. A MÍ MISMO

 

No me hables de la noche, que la noche no es nada,

prefiero que me hables de la inquietud del día,

que la puerta me abras de mi propia alegría

y yo salga a la calle y a la vida soñada.

que tú eres el poeta que soy yo y la mirada

que pones en las cosas, tuya es siendo mía.

Que tú eres el que fui y el que soy todavía,

y el que será en la última noche desamparada.

No me hables de la noche, de la muerte y el frío,

sino de todo aquello que aún considero mío,

de aquella inmensurable felicidad sentida.

Si tú eres el poeta que yo fui y que no ha muerto,

di que se fue la noche, que está el mundo despierto,

y nos está esperando, a ti y a mí, la vida.

 

LA TIERRA DEL CIELO, por Francisco Gómez

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cielo y tierraMiraba al cielo. Buscaba respuestas en las caprichosas formas de las nubes. Preguntaba a los enviados alados el sentido de algunas cosas que pudiesen explicar el rumbo de los días. Deseaba encontrar soluciones y sólo hallaba interrogantes: el porvenir, la inmortalidad del alma, el destino de aquellos que se fueron y por quienes hubiera dado, daría su vida, la única que tenía, la arquitectura de sus noches y mañanas.
Los ojos se le hacían agua, buscando, buscando…nubes
Levantaba la vista al cielo. Anhelaba seguir el rumbo de las estrellas, el origen primero de las cosas, el enigma final de sus días, de las jornadas que había de andar todavía por esta dura y hermosa tierra.
Pero mientras más oteaba el cielo más se hundía la tierra a sus pies, en sus cercanías. Y apenas se daba cuenta.
Perseguía las alturas y el suelo se resquebrajaba. Los demás trataban de sobrevivir al hundimiento y él no percibía el desmoronamiento de sus esquemas terrenales.
Seguía mirando el cielo, ensimismado y perdido en el rumbo caprichoso de los cometas.

CUENTO DE OTOÑO, de Alfonso Aguado Ortuño

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bosque

Qué belleza tiene el otoño.

El sol,

cálido y tierno, me cierra los párpados

y me comenta: sentiré

frío cuando la tierra

se extinga.

Las hojas caídas ¿por qué

me conmueven? Al verlas tristes

les explico que la vida es bonita,

pero que el viaje, en ese tren

hacia el otro confín,

es lo más hermoso, porque nos lleva

a la esencia del todo.

Las hojas que penden aún de las ramas

prorrumpen en sollozos

mientras las lagartijas desde el muro

me acusan de cuentista.

Torís, 2014

Poemas del corazón negro, de Sergio Gadea Escudero

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“a veces viene la tristeza…”

J. A. Valente.

 

A veces viene la tristeza

con una caravana de acontecimientos

colección Lunara  Poesía 2002

colección Lunara Poesía 2002

que no localizo en el tiempo,

pero que me causa dolor.

Y no me avergüenzo

-por intolerable que sea-

de darle cobijo en mi cerebro.

Ella establece la nostalgia

de nombres, rostros, y canciones

que van surcando mi cuerpo.

Ella me va dejando seco y sediento

de palabras.

A veces viene la tristeza

como un murmullo que crece

como los brazos de la hiedra.002

 

 

SOLEDAD

 

Se queja la noche de mi lamento,

comienza el frío de tu caricia,

se encienden los ojos de tanta espera.

Solo de ti muero,

solo de ti escribo.

Lame mi lengua las calles del vicio,

comienza el fuego que ya no temo.

se queja de mi lamento la noche.

solo por ella muero.

 

 

TRISTEZA DE TILogo Lunara 2

 

Tus ojos me capturaron

En el vuelo de la timidez,

Cundo sonaba aquella balada de los desterrados;

Pero no quiero ponerme cursi, niña mía,

Carezco de edad y de ingenuidad para eso.

Tú eres mi Severine cuando te beso

Y suenan los vientos del pecado.

Si hubieras parecido en otro lugar en otro tiempo,

Quizá te hubiera amado como se ama lo

(lo inalcanzable.

Sin embargo es tarde pese a tus redes, y tu

(luz blanca

Solo me ciega , pues vengo de algún submundo,

Y del frío de tantas noches sin estrellas.